CAPÍTULO XII

De los Templos que se han hallado en las Indias.

Comenzando, pues, por los templos, como el sumo Dios quiso que se le dedicase casa, en que su santo nombre fuese con particular culto celebrado, así el demonio para sus intentos persuadió á los infieles que le hiciesen soberbios templos y particulares adoratorios y santuarios. En cada Provincia del Perú habia una principal Guáca, ó casa de adoracion; y ademas de ésta algunas universales, que eran para todos los Reinos de los Incas. Entre todas fueron dos señaladas: una que llaman de Pachacáma, que está cuatro leguas de Lima, y se ven hoy las ruinas de un antiquísimo y grandísimo edificio, de donde Francisco Pizarro y los suyos hubieron aquella inmensa riqueza de vasijas y cántaros de oro y plata, que les trajeron cuando tuvieron preso al Inca Atagualpa. En este templo hay relacion cierta, que hablaba visiblemente el Demonio, y daba respuestas desde su oráculo, y que á tiempos veían una culebra muy pintada; y esto de hablar y responder el Demonio en estos falsos santuarios, y engañar á los miserables, es cosa muy comun y muy averiguada en Indias; aunque donde ha entrado el Evangelio, y levantado la señal de la Santa Cruz, manifiestamente ha enmudecido el padre de las mentiras, como de su tiempo escribe Plutarco[30]: Cur cessaverit Pithias fundere oracula. Y San Justino Mártir trata largo[31] de este silencio que Cristo puso á los demonios que hablaban en los Idolos, como estaba mucho antes profetizado en la divina Escritura. El modo que tenian de consultar á sus dioses los ministros infieles hechiceros, era como el Demonio les enseñaba; ordinariamente era de noche; y entraban las espaldas vueltas al Idolo, andando hácia atrás; y doblando el cuerpo, y inclinando la cabeza, ponianse en una postura fea, y así consultaban. La respuesta de ordinario era en una manera de silvo temeroso, ó con un chillido, que les ponia horror; y todo cuanto les avisaba y mandaba, era encaminado á su engaño y perdicion. Ya, por la misericordia de Dios, y gran poder de Jesu-Cristo, muy poco se halla de esto. Otro templo y adoratorio aun muy mas principal hubo en el Perú, que fué en la ciudad del Cúzco, adonde es ahora el Monasterio de Santo Domingo; y en los sillares y piedras del edificio, que hoy dia permanecen, se echa de ver que fuese cosa muy principal. Era este templo como el Panteon de los Romanos, cuanto á ser casa y morada de todos los dioses. Porque en ella pusieron los Reyes Incas los dioses de todas las provincias y gentes que conquistaron, estando cada Idolo en su particular asiento, y haciéndole culto y veneracion los de su provincia con un gasto excesivo de cosas que se traían para su ministerio; y con esto les parecía que tenian seguras las provincias ganadas, con tener como en rehenes sus dioses. En esta misma casa estaba el Puncháo, que era un Idolo del Sol, de oro finísimo, con gran riqueza de pedrería, y puesto al oriente con tal artificio, que en saliendo el Sol, daba en él; y como era el metal finísimo, volvian los rayos con tanta claridad, que parecía otro Sol. Este adoraban los Incas por su dios, y al Pachayachachíc, que es el hacedor del Cielo. En los despojos de este templo riquísimo dicen, que un soldado hubo aquella hermosísima plancha de oro del Sol; y como andaba largo el juego, la perdió una noche jugando. De donde toma origen el refrán que en el Perú anda de grandes tahures, diciendo: juega el Sol, antes que nazca.