CAPÍTULO XXVII

De otras ceremonias y ritos de los Indios á semejanza de los nuestros.

Otras innumerables ceremonias y ritos tuvieron los Indios, y en muchas de ellas hay semejanza de las de la ley antigua de Moysén: en otras se parecen á las que usan los Moros; y algunas tiran algo á las de la ley Evangélica, como los lavatorios ó opacúna que llaman, que era bañarse en agua, para quedar limpios de sus pecados. Los Mejicanos tenian tambien sus bautismos con esta ceremonia, y es, que á los niños recien nacidos les sacrificaban las orejas y el miembro viril, que en alguna manera remedaban la circuncision de los Judíos. Esta ceremonia se hacía principalmente con los hijos de los Reyes y Señores: en naciendo, los lavaban los Sacerdotes, y despues de lavados, les ponian en la mano derecha una espada pequeña, y en la izquierda una rodelilla. A los hijos de la gente vulgar les ponian las insignias de sus oficios y á las niñas aparejos de hilar, tejer y labrar; y esto usaban por cuatro dias, y todo esto delante de algun Idolo. En los matrimonios habia su modo de contraerlos, de que escribió un tratado entero el Licenciado Polo, y adelante se dirá algo; y en otras cosas tambien llevaban alguna manera de razon sus ceremonias y ritos. Casábanse los Mejicanos por mano de sus Sacerdotes en esta forma: Poníanse el novio y la novia juntos delante del Sacerdote, el cual tomaba por las manos á los novios, y les preguntaba si se querian casar, y sabida la voluntad de ambos, tomaba un canto del velo con que ella traía cubierta la cabeza, y otro de la ropa de él, y atábalos, haciendo un ñudo; y así atados, llevábalos á la casa de ella, adonde tenian un fogon encendido, y á ella hacíale dar siete vueltas al derredor, donde se asentaban juntos los novios, y allí quedaba hecho el matrimonio. Eran los Mejicanos celosísimos en la integridad de sus esposas, tanto, que si no las hallaban tales, con señales y palabras afrentosas lo daban á entender con muy grande confusion y vergüenza de los padres y parientes, porque no miraron bien por ella; y á la que conservaba su honestidad, hallándola tal, hacian muy grandes fiestas, dando muchas dádivas á ella y á sus padres, haciendo grandes ofrendas á sus Dioses, y gran banquete, uno en casa de ella, y otro en casa de él; y cuando los llevaban á su casa, ponian por memoria todo lo que él y ella traían de provision de casas, tierras, joyas, atavíos, y guardaban esta memoria los padres de ellos, por si acaso se viniesen á descasar, como era costumbre entre ellos; y no llevándose bien, hacian particion de los bienes, conforme á lo que cada uno de ellos trajo, dándoles libertad que cada uno se casase con quien quisiese, y á ella le daban las hijas, y á él los hijos. Mandábanles estrechamente, que no se volviesen á juntar, so pena de muerte, y así se guardaba con mucho rigor; y aunque en muchas ceremonias parece que concurren con las nuestras, pero es muy diferente, por la gran mezcla que siempre tienen de abominaciones. Lo comun y general de ellas es, tener una de tres cosas, que son, ó crueldad, ó suciedad, ó ociosidad, porque todas ellas, ó eran crueles y perjudiciales, como el matar hombres, y derramar sangre, ó eran sucias y asquerosas, como el comer y beber en nombre de sus Idolos, y con ellos á cuestas orinar en nombre del Idolo, y el untarse y embijarse tan feamente, y otras cien mil bajezas; ó por lo menos eran vanas y ridículas, y puramente ociosas, y mas cosas de niños, que hechos de hombres. La razon de esto es la propia condicion del espíritu maligno, cuyo intento es hacer mal, provocando á homicidios, ó á suciedades, ó por lo menos á vanidades y ocupaciones impertinentes; lo cual echará de ver cualquiera que con atencion mirare el trato del Demonio con los hombres que engaña, pues en todos los ilusos se halla ó todo ó parte de lo dicho. Los mismos Indios, despues que tienen la luz de nuestra Fe, se rien y hacen burla de las niñerías en que sus Dioses falsos los traian ocupados, á los cuales servian mucho mas por el temor que tenían de que les habian de hacer mal, si no les obedecian en todo, que no por el amor que les tenian, aunque tambien vivian muchos de ellos engañados con falsas esperanzas de bienes temporales, que los eternos no llegaban á su pensamiento; y es de advertir, que donde la potencia temporal estuvo mas engrandecida, allí se acrecentó la supersticion, como se ve en los Reinos de Méjico y del Cúzco, donde es cosa increíble los adoratorios que habia, pues dentro de la mísma ciudad del Cuzco pasaban de trescientos. De los Reyes del Cuzco fué Mangoínga yupángui el que mas acrecentó el culto de sus Idolos, inventando mil diferencias de sacrificios, fiestas y ceremonias; y lo mismo fué en Méjico por el Rey Izcoált, que fué el cuarto de aquel Reino. En esotras naciones de Indios, como en la Provincia de Guatemala, y en las Islas y nuevo Reino, y Provincias de Chile, y otras que eran como behetrias, aunque habia gran multitud de supersticiones y sacrificios; pero no tenian que ver con lo del Cúzco y Méjico, donde Satanás estaba como en su Roma ó Jerusalén, hasta que fué echado á su pesar; y en su lugar se colocó la santa Cruz; y el Reino de Cristo, nuestro Dios, ocupó lo que el tirano tenia usurpado.