De la muerte de Motezuma, y salida de los Españoles de Méjico.
En la ausencia de Cortés de Méjico, pareció al que quedó en su lugar, hacer un castigo en los Mejicanos, y fué tan excesivo, y murió tanta nobleza en un gran mitote ó baile que hicieron en Palacio, que todo el pueblo se alborotó, y con furiosa rabia tomaron armas para vengarse y matar los Españoles; y así les cercaron la casa, y apretaron reciamente, sin que bastase el daño que recibian de la artilleria y ballestas, que era grande, á desviarse de su porfía. Duraron en esto muchos dias, quitándoles los bastimentos, y no dejando entrar ni salir criatura. Peleaban con piedras, dardos arrojadizos, su modo de lanzas y espadas, que son unos garrotes, en que tienen cuatro ó seis navajas agudísimas, y tales, que en estas refriegas refieren las Historias, que de un golpe de estas navajas llevó un Indio á cercen todo el cuello de un caballo. Como un dia peleasen con esta determinacion y furia, para quietarles hicieron los Españoles subir á Motezuma con otro Principal á lo alto de una azotea, amparados con las rodelas de dos soldados que iban con ellos. En viendo á su Señor Motezuma pararon todos, y tuvieron grande silencio. Díjoles entonces Motezuma, por medio de aquel Principal, á voces, que se sosegasen, y que no hiciesen guerra á los Españoles, pues estando él preso como veian, no les habia de aprovechar. Oyendo esto un mozo generoso, llamado Quicuxtemoc, á quien ya trataban de levantar por su Rey, dijo á voces á Motezuma, que se fuese para bellaco, pues habia sido tan cobarde, y que no le habian ya de obedecer, sino darle el castigo que merecia, llamándole por mas afrenta, de muger. Con esto enarcando su arco, comenzó á tirarle flechas, y el pueblo volvió á tirar piedras, y proseguir su combate. Dicen muchos, que esta vez le dieron á Motezuma una pedrada, de que murió. Los Indios de Méjico afirman, que no hubo tal, sino que despues murió la muerte que luego diré. Como se vieron tan apretados, Alvarado y los demás enviaron al Capitan Cortés aviso de el gran peligro en que estaban. Y él habiendo, con maravillosa destreza y valor, puesto recaudo en el Narvaez, y cogiéndole para sí la mayor parte de su gente, vino á grandes jornadas á socorrer á los suyos á Méjico, y aguardando á tiempo que los Indios estuviesen descansando, porque era su uso en la guerra, cada cuatro dias descansar uno, con maña y esfuerzo entró, hasta ponerse con el socorro en las casas Reales, donde se habian hecho fuertes los Españoles, por lo cual hicieron muchas alegrias, y jugaron el artillería. Mas como la rabia de los Mejicanos creciese, sin haber medio para sosegarlos, y los bastimentos los fuesen faltando de el todo, viendo que no habia esperanza de mas defensa, acordó el Capitan Cortés salirse una noche á cencerros tapados, y habiendo hecho unas puentes de madera para pasar dos acequias grandísimas y muy peligrosas, salió con muy gran silencio á media noche. Y habiendo ya pasado gran parte de la gente la primera acequia, antes de pasar la segunda, fueron sentidos de una India, la cual fué dando grandes voces, que se iban sus enemigos, y á las voces se convocó y acudió todo el pueblo con terrible furia, de modo que al pasar la segunda acequia, de heridos y atropellados cayeron muertos mas de trescientos, adonde está hoy una hermita, que impertinentemente y sin razon la llaman de los Mártires. Muchos, por guarecer el oro y joyas que tenian, no pudieron escapar: otros deteniéndose en recogerlo y traerlo, fueron presos por los Mejicanos, y cruelmente sacrificados ante sus Idolos. Al Rey Motezuma hallaron los Mejicanos muerto, y pasado, segun dicen, de puñaladas; y es su opinion, que aquella noche le mataron los Españoles con otros principales. El Marqués, en la relacion que envió al Emperador, antes dice, que á un hijo de Motezuma, que él llevaba consigo, con otros nobles, le mataron aquella noche los Mejicanos. Y dice, que toda la riqueza de oro, piedras y plata que llevaban, se cayó en la laguna, donde nunca mas pareció. Como quiera que sea, Motezuma acabó miserablemente, y de su gran soberbia y tiranías pagó al justo juicio de el Señor de los Cielos, lo que merecía. Porque viniendo á poder de los Indios su cuerpo, no quisieron hacerle exequias de Rey, ni aun de hombre comun, desechándole con gran desprecio y enojo. Un criado suyo, doliéndose de tanta desventura de un Rey, temido y adorado antes como Dios, allá le hizo una hoguera, y puso sus cenizas donde pudo, en lugar harto desechado. Volviendo á los Españoles que escaparon, pasaron grandísima fatiga y trabajo, porque los Indios les fueron siguiendo obstinadamente dos ó tres dias, sin dejarles reposar un momento, y ellos iban tan fatigados de comida, que muy pocos granos de maíz se repartian para comer. Las relaciones de los Españoles, y las de los Indios concuerdan, en que aqui les libró nuestro Señor por milagro, defendiéndoles la Madre de misericordia, y Reina del Cielo María, maravillosamente en un cerrillo, donde á tres leguas de Méjico está hasta el dia de hoy fundada una Iglesia en memoria de esto, con título de nuestra Señora de el Socorro. Fuéronse á los amigos de Tlascála, donde se rehicieron, y con su ayuda, y con el admirable valor y gran traza de Fernando Cortés volvieron á hacer la guerra á Méjico, por mar y tierra, con la invencion de los bergantines que echaron á la laguna; y despues de muchos combates, y mas de sesenta peleas peligrosísimas, vinieron á ganar del todo la ciudad dia de San Hipólito, á trece de Agosto de mil quinientos y veinte y un años. El último Rey de los Mejicanos habiendo porfiadísimamente sustentando la guerra, á lo último fué tomado en una canoa grande donde iba huyendo, y traído con otros principales ante Fernando Cortés. El Reyezuelo con extraño valor arrancando una daga se llegó á Cortés, y le dijo: Hasta ahora yo he hecho lo que he podido en defensa de los míos: ahora no debo mas sino darte ésta, y que con ella me mates luego. Respondió Cortés, que él no queria matarle, ni habia sido su intencion de dañarles; mas que su porfia tan loca tenia la culpa de tanto mal y destruccion, como habian padecido: que bien sabian cuantas veces les habian requerido con la paz y amistad. Con esto le mandó poner guardia, y tratar muy bien á él y á todos los demás que habian escapado. Sucedieron en esta conquista de Méjico muchas cosas maravillosas, y no tengo por mentira, ni por encarecimiento, lo que dicen los que escriben, que favoreció Dios el negocio de los Españoles con muchos milagros; y sin el favor del Cielo era imposible vencerse tantas dificultades, y allanarse toda la tierra al mando de tan pocos hombres. Porque aunque nosotros fuésemos pecadores, é indignos de tal favor, la causa de Dios, y gloria de nuestra Fé, y bien de tantos millares de almas, como de aquellas naciones tenia el Señor predestinadas, requería que para la mudanza que vemos, se pusiesen medios sobrenaturales, y propios del que llama á su conocimiento á los ciegos y presos, y les da luz y libertad con su sagrado Evangelio. Y porque esto mejor se crea y entienda, referiré algunos ejemplos, que me parecen á propósito de esta historia.