Escudo de Peru

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Hace ya largos años tuve la suerte de pasar algunas horas en Lima. ¡Lima! La ciudad tradicional de la riqueza, de la gentileza y del encanto femenino, la ciudad de Santa Rosa y de D. Ricardo Palma. Y volvía yo de Chile para Centro América. El vapor tenía que permanecer algunas horas en el Callao, y yo aproveché ese tiempo para hacer mi corta visita a ese precioso relicario de la galantería y esplendor coloniales. No sufrí desilusión ninguna, antes bien, creo que hubiera permanecido allí por largos años. Pero noté ya que Lima se modernizaba. Actualmente sí que, si ha perdido algo de su vieja poesía, ha ganado en progreso y sigue siendo la flor del Perú.

Sobre el Perú de hoy se han publicado algunos libros en Europa y Estados Unidos; con todo, es poco sabida su situación presente, su despertamiento. Empieza a conocerse porque tiene laboriosos propagandistas, como el Sr. Carlos Larrabure, que hace en Europa tanto bien a su patria.

El Perú que, bajo el Imperio de los Incas primero, y bajo la dominación española después, ocupaba una enorme extensión territorial, comprendiendo bajo su dominio, además del Perú actual, el Ecuador y parte de los territorios de las Repúblicas de Bolivia y Chile, vió replegarse sus fronteras cuando la emancipación del continente dió vida independiente a las citadas repúblicas. Y aun cuando disminuído nuevamente su territorio por consecuencia de la desastrosa guerra del Pacífico, que hizo pasar a manos del afortunado vencedor el inmenso departamento de Tarapacá, con su ingente riqueza salitrera, cuenta todavía con la considerable extensión territorial de 1.800.000 kilómetros cuadrados, en el que se encuentran todos los climas del mundo, en el que se aglomeran las más variadas y las más ricas producciones de los tres reinos de la naturaleza, y en el que se pasa de las llanuras arenosas y de los valles de prodigiosa riqueza agrícola de la Costa del Pacífico, a las fragosidades de la sierra, cuyos flancos están cruzados por filones de los minerales más variados; y de las altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales, capaces de alimentar millones de cabezas de ganado, a los bosques seculares del Oriente, cruzado por los grandes ríos navegables, el Amazonas y sus afluentes septentrionales y meridionales, recorridos sin cesar por legiones de caucheros, explotadores intrépidos del Hevea y del Castilloa.

La región de la costa se extiende a lo largo del Pacífico, en una extensión de Norte a Sur de 2.270 kilómetros, desde la línea fronteriza con el Ecuador, hasta el territorio de Chile. Su anchura, desde el Océano hasta las primeras estribaciones de la Cordillera de los Andes, es muy variable, alcanzando un máximum de 100 kilómetros.

Esta ancha faja de territorio, dotada de un clima suave que no pasa de los 28° centígrados en verano, ni baja a más de 8° sobre cero en invierno, y en la que es casi desconocida la lluvia, que sólo se presenta bajo la forma de llovizna menuda (garna), está atravesada de Este a Oeste por numerosos ríos, torrentosos en su mayor parte, que bajan de las cumbres de los Andes, y forman una serie sucesiva de valles, en los que se cultivan, sobre todo, la caña de azúcar, el algodón, el arroz y la vid.

Puede calcularse en 321.450 hectáreas la extensión de tierras irrigadas actualmente en la región que nos ocupa. Además, los diferentes proyectos de irrigación en estudio, permitirán aumentar esa superficie en 314.982 hectáreas más.

La producción de azúcar en el año de 1910 alcanzó la cifra de 148.045.033 kilos, de los que 26.400.000 fueron consumidos en el país, y kilos 121.465.033 fueron exportados en su mayor parte a Inglaterra y a Chile, cuyas refinerías se proveen exclusivamente de azúcar peruano.

En lo que se refiere al cultivo del algodón, introducido en el Perú cuando surgió la crisis de la producción, originada por la guerra separatista de los Estados Unidos, las condiciones particularmente favorables de la tierra y del clima, superiores a las de Egipto para esta planta, han mejorado notablemente las clases diversas que fueron introducidas en aquella época, y aun se ha formado una variedad netamente nacional, que se distingue esencialmente de los demás en la aspereza de su fibra, que le da tal semejanza con la lana, que se le emplea para mezclarla con ésta en diversos tejidos, siendo necesario recurrir al análisis químico para distinguirlo.

La producción de algodón en sus diferentes clases, fué el año último de 24.005.144 kilos, de los cuales fueron exportados 21.305.144 kilos, siendo consumida la diferencia de 2.700.000 kilos por las fábricas nacionales de tejidos.

La producción de arroz en el mismo año fué de 39.409.910 kilos, y la de vino y alcohol de uva, de 12.175.639 litros.

La principal producción mineral de la costa es el petróleo y sus derivados, cuya exportación alcanzó la cifra de un millón de toneladas, a la que hay que agregar el consumo nacional.

Las producciones agrícolas de la sierra, susceptibles de recibir un impulso que decuplique su monto, cuando se desarrolle la red ferroviaria que permita la exportación, consisten principalmente en maíz, trigo, cebada y papas. Su producción en 1910, ha sido la siguiente, íntegramente consumida en el país:

Maíz 80.000.000 kilos
Trigo 78.000.000 »
Cebada 60.000.000 »
Papas 85.000.000 »

La ganadería es, sin duda, la principal industria de la sierra, después de la minera, no obstante que, sólo ahora, comienzan a introducirse en su explotación los modernos métodos científicos que, indudablemente, le comunicarán en un plazo más o menos largo, el impulso decisivo que puede convertir al Perú en uno de los primeros países ganaderos del mundo, debido a las excepcionales condiciones que para ello ofrecen las altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales.

No obstante la forma empírica, por lo general, en que se explota esta industria en la actualidad, la exportación de lanas de oveja, llama y vicuña, fué el año pasado de 4.729.460 kilos.

En la actualidad, la principal riqueza de la sierra peruana es la minería. La exportación total del Perú en 1910 ha sido de 650.643 toneladas métricas, con un valor total de 1.922.460 libras esterlinas.

En estas cifras figura la exportación de cobre, ya puro o mezclado con plata, con 497.824 toneladas, con un valor de 1.231.578 libras esterlinas; siguiendo su importancia la exportación de plata, oro, vanadio, antimonio, etc. La producción principal de la región oriental, llamada La Montaña, es la goma elástica y el cauchú. La exportación del año último ha sido de 2.801.567 kilos.

La población actual del Perú está calculada en 4.600.000 habitantes, de los que hay un 64 por 100 de indios, 30 por 100 de blancos y mestizos y 6 por 100 de negros y asiáticos, lo que corresponde a una densidad de 2,6 por kilómetro cuadrado, cifra ínfima, susceptible de adquirir un gran aumento mediante la inmigración europea, dadas las riquezas naturales del país y las ventajas de su clima privilegiado.

Los medios de comunicación adquieren un desarrollo bastante rápido: numerosas líneas de vapores ponen en comunicación con Europa, tanto los puertos peruanos del Pacífico como los fluviales de la Montaña. Iquitos, el gran centro comercial peruano sobre el Amazonas, situado en el corazón de la selva, está unido al viejo continente por una línea de trasatlánticos que hacen el viaje directo desde Iquitos hasta Liverpool, con escala en Manaos, Pará, Lisboa y el Havre.

Gracias a la fundación de la compañía peruana de vapores, cuyas naves rápidas hacen el recorrido del Callao a Panamá y escalas en cuatro días, puede hoy hacerse el viaje de Lima a Londres o París, vía New-York, en diez y nueve días, en magníficos vapores que ofrecen todo género de lujosas comodidades.

El Perú dispone en la actualidad de treinta y cuatro líneas férreas en explotación, una de las cuales, la de Moliendo a Puno, atraviesa todo el territorio de la República de Oeste a Este, empalmando con el ferrocarril boliviano de Guaqui a la Paz, mediante la línea peruana de vapores del lago Titicaca que hace el trayecto de Puno a Guaqui. Siendo particularmente notable la línea férrea del Callao a la Oroya y Cerro de Pasco, por ser el ferrocarril más alto del mundo, y ser una obra maestra de ingeniería. Actualmente están en estudio o en construcción ocho nuevas líneas, de las cuales dos son de penetración: la de Paita al Marañón y la de Oroya al Ucayali.

La red telegráfica alcanza una extensión de 11.381 kilómetros, que pone en comunicación los puntos más extremos de la costa y de la sierra con la capital, empalmando en las fronteras con los telégrafos bolivianos y ecuatorianos. La Montaña está servida por telegrafía inalámbrica, que pone en comunicación directa a Iquitos con Lima. Actualmente se está construyendo en esta última ciudad una estación inalámbrica, capaz de comunicarse con Iquitos, prescindiendo de las estaciones intermedias, en una distancia en línea recta de 1.022 kilómetros.

Pronto se construirá también una red inalámbrica en la parte meridional de la Montaña. Es bueno recordar que el Perú ha sido el primer país que ha establecido la comunicación por telegrafía sin hilos a grandes distancias, a través de las selvas y de altas montañas. Las líneas telefónicas interurbanas tienen una extensión de 791 kilómetros.

El Perú no es, propiamente hablando, un país manufacturero; tiene, sin embargo, fábricas de tejidos de lana y de algodón, de ladrillos y cerámica, de papel, de sombreros, etc., así como grandes usinas de fuerza eléctrica.

Intelectualmente, el Perú ha alcanzado un desarrollo, en concordancia con su tradición de alta cultura en el continente. En la época colonial, Lima era el centro intelectual y universitario de Sud-América, en la que su hegemonía, en tal sentido, era indiscutida. Hoy, sus cuatro universidades, sus escuelas especiales de ingenieros de minas, de ferrocarriles y electricistas, de agronomía, de medicina, de comercio, artes y oficios, normales de maestras y maestros; sus múltiples instituciones literarias y científicas, entre las que se destacan el Ateneo de Lima, la Sociedad Geográfica, el Instituto Histórico y otras, dan gran impulso a los estudios científicos y literarios. Numerosos son los hombres que se han distinguido en todos los ramos del saber humano. Muchos de aquellos hombres han sido estadistas eminentes. Como hombres representativos de la mentalidad del Perú moderno y contemporáneo, se pueden citar, como jurisconsultos egregios, a José Gregorio Paz Soldán, a Francisco García Calderón, autor del monumental Diccionario de la Legislación peruana; en las ciencias médicas y naturales, a Hipólito Unanue y Sebastián Barranea; como historiadores, a Mariano Felipe Paz Soldán, autor de la historia del Perú independiente y de la guerra del Pacífico, y Manuel de Mendiburo que escribió el Diccionario histórico-geográfico del Perú colonial; a Félix Coronel Zegarra, investigador paciente y autor de monografías históricas de mucho mérito; a Eugenio Larrabure y Unanue, presidente del Instituto Histórico del Perú e individuo de la Academia de la Historia de Madrid; a José de la Rive Agüero, crítico de alta cultura y de gran erudición. Su diplomacia se ha honrado con Pando, el renombrado publicista de Derecho Internacional, con Wiesse, miembro del Instituto de Derecho Internacional en Bruselas. La lista de sus literatos y poetas sería interminable, pero entre muchos brillan Corpancho, Pardo y Aliaga, Segura, Luis Benjamín Cisneros, José Gálvez, el vibrante González Prada, y los de universal renombre en tierras de lengua castellana, que hoy sostienen la gloria literaria del Perú, así el ilustre y benemérito anciano, autor de las tradiciones, Ricardo Palma y el renombrado José Santos Chocano. Cultivadores de las ciencias filosóficas ha habido, como ese joven cerebro privilegiado que brilla aquí en París mismo en los centros de Filosofía, y que ha escrito sobre el Perú contemporáneo un libro hermoso y sapiente: me refiero a Francisco García Calderón y Rey; Mariano H. Cornejo, orador, diplomático y filósofo, cuyo tratado de psicología, traducido del francés, ha obtenido brillante acogida en el Continente; como pintores han sobresalido a mediados del siglo pasado, adquiriendo un nombre de primer orden, Montero, Merino, Lazo y Suárez, y más recientemente, Vaca Flor, Hernández, Astete, Jiménez y Castillo.

Las damas, entre sus flores de graciosa belleza, han tenido también flores de intelectualidad. Actualmente, en Europa, la señora Aurora Cáceres justifica los lauros de sus antiguas compatriotas ilustres.

Y el Perú, para concluir con un heroico recuerdo, ha tenido en el siglo xx su Icaro: Chávez.


CHILE

Escudo de Chile

Q

Quien escribe estas líneas ha habitado por algún tiempo en país chileno, hace ya bastantes años, y conserva el recuerdo de una tierra bella y de una gente altiva y cordial. Chile ha sido, desde antaño, tenido como una república seria, laboriosa y culta, y después de la guerra con el Perú y Bolivia, como el pueblo más militarizado de América. Tuvo, antes que otras de nuestras potencias, el tino de buscar o facilitar el acercamiento y relaciones con las otras repúblicas del Pacífico, hasta la América Central, ya estableciendo representaciones diplomáticas y consular, ofreciendo becas, o enviando oficiales de su ejército como instructores, de suerte que la influencia y la simpatía chilenas han sido preponderantes en muchas de esas naciones, por lo menos hasta hace pocos años. Intelectualmente tuvo también cierto predominio en los estudios de ciencias político-sociales, con un Bello y un José Victorino Lastarria. El código civil chileno ha sido muy tenido en cuenta en aquellas legislaciones hispano-americanas.

En Europa, Chile ha sido estimado con gran consideración, en toda época, por el propósito que mantuvieron sus gobiernos, cualesquiera que fuese el partido imperante, de sostener el crédito chileno en todos los mercados, principalmente en Inglaterra, centro de sus grandes operaciones financieras, por la dignidad tradicional de sus hombres públicos, por la superioridad de su experiencia marítima, por la cordura y sentido práctico de sus clases superiores, y por la virilidad de su raza. El carácter chileno en el continente, está claramente definido.

La larga espada de tierra que se extiende desde el Sama hasta el cabo de Hornos, entre el Pacífico y los Andes, es, según los últimos datos publicados en nutrido libro del ministro de Guatemala D. Eduardo Poirier, de unos cuatro mil doscientos treinta kilómetros de longitud, y de una anchura que varía entre ciento setenta y cuatrocientos. Territorio cubierto en gran parte de valles y alturas, de orografía variada, contiene desde el desierto hasta la tierra feraz. Se basa en una copiosa y rica entraña minera. Allí se encontrara el siglo pasado el famoso antro de Chañarcillo, en Copiapó. Antes que ningún país americano, produjo Chile vinos excelentes. «Especialmente en los valles de Copiapó, Huasco y Coquimbo, el cultivo de la vid y de sus variedades, análogas a las de Europa meridional, ha alcanzado una perfección comparable tan sólo a la excelencia del producto. De él obtienen exquisitos vinos de Oporto y de Jerez y las afamadas pasas de Huasco». Tal dice el citado Sr. Poirier en su obra sobre Chile en 1910. En la parte central triunfa la agricultura. Aconcagua y Santiago, provincias ricas en viñas, dan burdeos y borgoñas parecidos a los franceses. Hay en el Sur maderas, pesquerías y ganados. El Norte posee los tesoros, únicos en el mundo, del salitre y los de su subsuelo. La fauna y flora han sido objeto, con sobrada razón, de los estudios de esclarecidos naturalistas del país y del extranjero. Sus termas son célebres y numerosas. El clima es vario en tierra tan extensa. El comodoro Byron, tío del poeta, dice en sus memorias: «El clima de Chile es, según creo, el más hermoso del mundo. Lo que sus habitantes llaman invierno no dura más de tres meses, y aun esta estación es sumamente benigna». El ingeniero belga M. Louis Cousin, ha hecho este resumen halagador y optimista, dirigiéndose a los chilenos: «La Providencia os ha favorecido con lujosa holgura. Por un lado, cuatro mil kilómetros de costa os abren la ruta hacia los demás continentes. Por otro lado, la maravillosa cordillera de los Andes, fiel y seguro centinela de la frontera oriental, constituye a la vez un inmenso condensador de las nubes, que os tributa la frescura, tan agradable en las noches de verano, un acumulador gigantesco de la energía solar sin medidas, capaz de suministrar gratuitamente una fuerza inconmensurable; un depósito inagotable de agua, fertilizando vuestros campos con un funcionamiento automático tan admirable, que cuando más arde el sol mayor caudal llevan los canales de regadío. Y como si lo que está a la vista no fuera bastante para estimular a los habitantes al trabajo, la cordillera encierra en su seno riquezas inagotables: do quiera que penetre el minero saca minerales valiosos, desde el hierro hasta el oro. Más todavía: el carbón, considerado como el pan de la industria, abunda en Chile, sus yacimientos reconocidos corren desde Punta Arenas hasta cerca de Santiago. Sin embargo, su extracción alcanza apenas al cincuenta por ciento de lo que consume el país». Cierto, excelente país para el trabajo, para la industria y la vida comercial. Con la apertura del Trasandino, una nueva puerta da entrada mayormente a nuevos elementos de prosperidad.

La «indómita cruza de potros españoles en vientres de Araúco», según la frase gráfica de Vicuña Mackenna, gracias a los buenos gobiernos, y sin lo que podría llamarse necesidad de la tiranía en otras partes, ha ido a la civilización por medio de la paz.

Chile se ha sustentado en la preponderancia ordenada de su «élite», en el advenimiento de una aristocracia directiva y un pueblo hondamente poseído del orgullo de su nacionalidad. La mestización amacizó la fibra del pueblo, que ha conservado la indomabilidad del araucano; arriba perdura lo que llegó con la sangre vasca principalmente, lo cual es decir que no es difícil encontrar maestros de tenacidad y profesores de energía.

Su historia está llena de páginas heroicas, y la gratitud nacional ha levantado monumentos a los héroes y creadores de la patria. El general José de San Martín se perpetúa en bronce en Santiago, como en Buenos Aires y en Lima.

Chile ha tenido un foro y un parlamento ilustres. Su evolución progresiva ha producido los mejores resultados, a pesar del sangriento intermedio de una revolución, cuyo último acto trágico, principalmente, causara en todas partes una impresión profunda.

En la psicología del chileno prima el ánimo de empresa, y, como lo observa el citado Sr. Poirier, el afecto en el hogar, la hospitalidad en la vida social, el desprendimiento. Hay en él cierta sequedad, cierta rudeza, que son muy poco latinas. Una vez que se penetra en su amistad, se está seguro de ella. Es sabido que se ha llamado a los chilenos «los ingleses de la América del Sur». Y hay en verdad puntos de comparación que dan propiedad a tal decir. Sobre todo, ambas son, Inglaterra y Chile, discípulas del mar. Su soldado tiene fama de bravo y también de cruel. El obrero es resistente, como pocos, mas se quema en el alcohol, a punto de que gobernantes y legisladores se han preocupado de ello. La falta del espíritu de economía que se ha lamentado en él, háse corregido mucho, según los recientes balances de la Caja de Ahorros. En las familias pudientes y de estirpe, se ha corregido la abundancia del «doctor» con la frecuencia del ingeniero y del «gentleman-farmer». Y en cuanto a la beldad femenina, hay dos testimonios de marca. La frase del rey francés Luis Felipe al ministro de Chile:—«Decidme, Cazotte, ¿acaso en vuestro país es todo tan bello como vuestra mujer? Si es así, ¡os felicito!»; y el admirado busto de dama, de Rodin, en el museo de Luxembourg.

En un libro que publicó hará unos dos años el príncipe de Orléans Braganza, se leen estas líneas: «El presente es la crisis, y los nuestros lo deploran. Cuánto habrían querido mostrarnos un Chile diferente: el Chile próspero anterior al terremoto y la revolución anti-balmacedista, el Chile de la política desinteresada y del cambio a 18 peniques, festivo bajo su sol primaveral; o bien a este mismo Chile, tal como será dentro de diez años, cuando las reformas hayan hecho su labor. Se equivocan. Es en estos momentos de evolución violenta como la actual, que un país acredita las reservas de energía que dormitan en él durante los períodos de próspera mediocridad. Atraviesa Chile ahora la edad ingrata, ha crecido demasiado deprisa, pero esta crisis de desarrollo es, en sí misma una prueba de vitalidad. Chile es un país eminentemente dominador, ha nacido para eso; le es indispensable la acción que impulsa a la conquista; tiene el orgullo de la fuerza. Sólo le falta conocer el arte de saber utilizar esta fuerza, aunque es de esperar, o de temer, que este arte lo adquirirá totalmente por la experiencia. En este momento, la antigua armadura, demasiado estrecha para abroquelarle, cruje por todas las junturas, siéntese ya a las nuevas ideas tomar cuerpo, precipitarse la evolución. Dentro de algunos años se habrá Chile asimilado los ritmos de la existencia moderna de las naciones, y fácilmente reconquistará el tiempo que su largo aislamiento y letargo criollo le han hecho perder». Por los decir príncipe, estos «enxiemplos buenos» no están mal, en el desarrollo de un propósito imperialista y combativo. Mas el porvenir de Chile, como el de todas las naciones de nuestra América, está en la paz. Seguramente una paz armada que asiente el equilibrio. Una alta personalidad de la Armada chilena, interrogada últimamente sobre la construcción de acorazados, ha manifestado que tarde o temprano ha de producirse una «entente» entre la Argentina, Brasil y Chile. «Debemos, dijo, acordar de quedar en igualdad de derechos y fuerzas semejantes a estas dos repúblicas».


BRASIL

Escudo de Brasil

T

Tierra de luz, de poesía y de riqueza, tierra prometida para el trabajo y la energía de los hombres, fué bien llamada Canaán por uno de sus preclaros escritores. Todo allí es encanto y lujo de la naturaleza, de tal manera, que los viajeros que por primera vez visitan país tan señalado y singular sobre la tierra, se diría que sufren como un deslumbramiento, por cielos, aguas, bosques, paisajes que se juzgarían ilusorios, y en donde se muestra la gracia y la potencia del universo. «Los mismos insectos,—dice el gran argentino Sarmiento, hablando del Brasil—son carbunclos o rubíes; las mariposas, plumillas de oro flotantes; pintadas las aves que engalanan penachos y decoraciones fantásticas; verde esmeralda, la vegetación; embalsamadas y purpúreas, las flores; tangible, la luz del cielo; azul cobalto, el aire; doradas a fuego, las nubes; roja, la tierra; y las arenas entremezcladas de diamantes y rubíes». Toda expresión, por hiperbólica que parezca, no sobrepuja a la realidad, tratándose de este país que contiene tantas cosas enormes, tantas cosas que parecen de fábula. Una riqueza imponderable de minerales; una variedad infinita en la flora y en la fauna; la bahía más bella y el puerto más bello del mundo, y el río Amazonas, el «Ecuador movible», «inmenso mar dulce, el más grande y admirable de los escenarios soñados para la epopeya». Son una extensión territorial de 8.497.940,6 kilómetros cuadrados, que representa 1/15 de la superficie total del globo y 1/5 del Continente Americano, con una extensión en el Océano Atlántico de 1.351 leguas. Limita con todos los países de la América del Sur, con exceptación de Chile, y los veinte estados y el distrito federal que lo constituyen, si alcanzasen la densidad de población de Bélgica, ¡podrían contener en su conjunto la totalidad de los pobladores actuales del planeta! «Los árboles más corpulentos—dice el escritor chileno Clemente Barahona Vega, a quien seguimos en estas anotaciones,—las plantas más vistosas, las yerbas más medicinales, las flores más bellas, los arbustos más raros, se encuentran ahí con profusión. La vegetación ostenta por doquiera una lozanía, un lujo que pasman al espectador, siendo incontables las maravillas y curiosidades que ofrece. El cedro del Amazonas alcanza la altura de ochenta y dos metros, y diez de diámetro. Abundan los castaños de cinco metros de diámetro y cincuenta y cinco de alto. La Victoria Regia, flor colosal y magnífica, crece en tal grado que uno de sus pétalos constituye por sí solo la carga regular de un peatón. ¿Para qué hablar del árbol del pan y de la leche, del árbol de la goma y de la cera, que parecen concentrar en si la mitad de las propiedades del reino vegetal? Conforme al estado actual de la ciencia, los reptiles del Brasil representan un poco más de 1/12 del total de la tierra entera; contiene más de cincuenta clases de culebras y serpientes, algunas boas de 20 metros de largo, y doce de ellas venenosas, siendo las más terribles las víboras. Entre sus mamíferos se distinguen el tapir, el armadillo, el de mayor tamaño en América, y el hormiguero, que prestan utilísimos servicios para el exterminio de las hormigas y otros bichos que amenazarían la habitabilidad del país en ciertas partes. Hay una infinidad de loros del más brillante y atrayente plumaje, por lo cual, en los primeros tiempos, se llamó a terra dos papagaios; y de insectos, desde el cocuyo luminoso y la mariposa de vivaces y múltiples colores, hasta el mosquito zumbón y terrible que bulle por miriadas, y de monos y macacos. En cuanto a volátiles, según el doctor Goeldi, hospeda casi 1/6 de todas las especies de aves del globo. Se conocen más de mil ochocientas variedades de peces en los ríos y en los lagos. Agassis afirmó que tan sólo en una pequeña laguna cerca de Manaos, se descubrieron 200 distintas, en tanto que todos los ríos de Europa, desde el Volga hasta el Tajo, nutren nada más que 150 especies. Llaman la atención, el pirarucia del Amazonas y el rubin del San Francisco, en condiciones análogas al bacalao, y el pirahna, de 35 centímetros de largo, y tan corajudo, que se bate con los aligatores y las boas. La caza de la tortuga es ocupación muy lucrativa en los estados de Pará y Amazonas; en ese río gigantesco, con su legión de doscientos afluentes, pululan en espeso cardumen, viven los caimanes, y hay dos mamíferos acuáticos, el manati o vaca marina y una calidad de delfín, el ugara o boto del indio, que ocupa largo espacio en la imaginación del pueblo, que se cree que canta, como la sirena antigua, y con su canto seduce. ¡Ay de la doncella que lo oye cantar en noche de luna!»

La raza autoctona está dividida en cuatro naciones, distintas unas de otras por sus mitos, su lenguaje y costumbres: a) los tupys-guaranys, diseminados, y con varias denominaciones locales en la zona del país por ellos ocupada, de Sur a Norte y del litoral atlántico a Hinterland brasilero; b) los tapuyas o ges, feroces cazadores que opusieron resistencia a la civilización; enemigos traicioneros de los blancos, y genéricamente llamados bugres, habitantes de la altiplanicie del Este, enemigos de los tupys y caribes; c) los maipures o nu-aruaks, pescadores fluviales, del Noroeste; y d) los carabybas, caribes o caraïbas, en el alto Amazonas y región de las Guayanas, originarios del Brasil. Se reconocen, además, otros tres grupos generales, etnográficamente clasificados como ramas aparte; los carirys, los waitakas y los panos. La población selvícola, a la llegada de los portugueses, podría fluctuar entre un mínimum de dos y un máximum de cuatro millones. La introducción del negro se inició con la carta regia de 29 de Marzo de 1559, que otorgaba facilidades al tráfico del Congo, y con la celebración del primer contrato para la introducción de etíopes, suscrito en 1563 entre el gobernador Carioca Correira de Sá y Juan Gutiérrez Valerio. El negro ha sido un elemento de muy grande importancia en el Brasil. «El elemento africano, en contacto íntimo con nuestra familia y cruzándose ampliamente en todo el país, forma hoy con los otros dos, el tupy y el portugués, la nacionalidad brasilera», dice un autor. Ultimamente, ha habido mucha inmigración europea. Según datos oficiales de hace unos dos años (1910), la población está de este modo dividida: italianos: 1.300.000; portugueses: 800.000: alemanes: 300; españoles: 100.000; polacos: 80.000; franceses: 10.000; ingleses: 5.000; norte-americanos: 500; de otras nacionalidades: 110.000. Número de indios mansos: 450.000; de indios bravos: 350.000; de negros puros: 300.000.

La potencialidad económica del Brasil es de las más extraordinarias. Calcúlase que posee una superficie de 840.000.000 de hectáreas; 8.000.000 de terreno cultivado y 52.000.000 de floresta, quedando 780.000.000 de terreno inculto. Se calcula que puede contener hasta 30 millones de cabezas de ganado bovino, caballar y mular. El trigo y el centeno dan un rendimiento doble o triple del de Europa y Asia, particularmente en Río Grande do Sul, que en el siglo xviii fué el granero de Estados Unidos, Repúblicas latinas y Cuba. De las 40 variedades de mijo se obtiene desde 150 hasta 400 por uno. La caña de azúcar, que constituyó la principal industria hasta la llegada del café, éste, el algodón, el tabaco, la yerba mate, el cacao, el lino, la cebada, el añil, han adquirido un desarrollo asombroso. El cauchú es uno de los productos de las selvas que más influencia ejercen en la vida económica del país. Hasta 1861, el Brasil ocupaba el segundo lugar entre los productores de borracha del mundo entero; hoy es sin disputa el primero. En lo que se refiere a las industrias fabriles, una de las que han prosperado más es la de los tejidos de algodón, lana, y seda. En 1897 había 50 de éstas. En cuanto a los diamantes, una compañía inglesa, dueña desde 1830 de las Minas de Morro Velho, aplica la electricidad para todas las operaciones del beneficio, y obtiene una entrada mensual de £25,000. El Etoile du Sud, hallado en 1853, pesaba en bruto 254,5 quilates, y tallado, con sus facetas cambiantes y deslumbradoras, 125 quilates y medio; el Diamante de Dresde, en 1857, tenía un peso de 117,5 quilates antes de pulirlo, y después, 63,5. Los dos están en poder de un príncipe de la India, y fueron adquiridos en 1.200.000 pesos el primero, y en la mitad de este precio el segundo.

El movimiento aduanero, siempre refiriéndose a datos de 1910, es como sigue: Exportaciones: 799.670.295 pesos mil reis o sea £53.059.480. Importaciones: 499.286.976 pesos mil reis, o sea £33.204.041. Saldo a favor: 300.383.319 pesos mil reis, o sea £19.855.439. La Deuda Interior es, en en pólizas, títulos de renta: £552.476.600. La Deuda exterior: Empréstitos diversos, con un valor total de 69.608.357 libras esterlinas, que representan en papel moneda al cambio de 15: por mil reis, 1.113.733.712 pesos. Total: 1.666.210.312 pesos mil reis. Siendo la población del Brasil de 22.000.000, se deduce que la deuda que gravita a prorrata sobre cada habitante es de 75,73 pesos por mil reis.

«La República se inició—dice en su citada monografía Barahona Vega—con una junta provisoria de Gobierno, presidida por el mariscal da Fonseca y compuesta de siete miembros más Benjamín Constant, Ruy Barbosa, Quintino Bocayuba, Edmundo Wanden Kolk, Aristides da Silveira Lobo, Manuel Ferraz de Campos Salles y Demetrio Nunes Ribeiro, las más elevadas personalidades representativas del movimiento que habían sido elegidas por los autores de la revolución republicana, como brazo de la idea. La preocupación especial de la Junta de Gobierno fué dictar la nueva Constitución, la cual tuvo una prolongada gestación en el Congreso Nacional. Por fin, en una sesión solemnísima, el 24 de Febrero de 1891, en el viejo palacio de los emperadores, transformado triunfalmente en anfiteatro de una convención republicana se hizo la promulgación del nuevo Código Fundamental del país. El Mariscal da Fonseca «soldado de alma brava y sencilla» resultó electo por el Congreso, y al siguiente día, Presidente Constitucional, hasta el 15 de Noviembre de 1894; pero por el golpe de estado del 5 de Noviembre de 1891, que fué mal visto de la nación, resignó el mando, veinte días después, en el Vicepresidente electo, Mariscal Floriano de Peixoto. Cumplido el período presidencial de da Fonseca por el Vicepresidente Peixoto, subió al poder el doctor Prudente de Moraes Barros. Con la exaltación de este ciudadano, sube con él el civilismo a la alta dirección de la República.

La evolución no podía ser más eficaz ni más rápida. Dos Gobiernos militares con un período de dictadura, habían dado pie a ciertas tendencias hacia el militarismo sectario; pero el primer gobierno civil que tomó el poder acabó con ellas. Para esto hubo que cerrar por tiempo indefinido la Escuela Militar, y se cerró; hubo que destruir la escuadra, y se deshizo. El mérito histórico de aquellos hombres fué saber ver con claridad en la confusión de los sucesos y de los días, y proceder a asegurar la suprema conquista con abnegación y energía. El 15 de Noviembre de 1898 recibió su investidura de jefe del Estado el doctor Manuel Ferraz de Campo Salles, y sin más interrupción que la brevísima del 19 de Octubre al 8 de Noviembre de 1900, en que fué subrogado por el Vicepresidente, doctor Francisco de Assis Rosa e Silva, continuó consagrando sus desvelos de estadista a la ejecución fiel del programa de reconstrucción de las finanzas, sin salirse un punto de esta línea de conducta. Para la magistratura suprema, en el siguiente período de 1901 a 1906, favorecieron los sufragios del pueblo, para Presidente, al doctor Francisco Rodríguez Alves, que no delegó el mando un solo día, y para Vicepresidente al doctor F. Silviano de Almeida Brandao. El Presidente Rodríguez Alves dedicó sus más tesoneros esfuerzos al saneamiento, transformación y embellecimiento de la ciudad de Río Janeiro, y mejoramiento de los puertos del país. El 15 de Noviembre de 1906, el Vicepresidente en ejercicio, doctor Alfonso Augusto Moreira Penna, pasó a ejercer la Presidencia de la República, y a llevar a la práctica, de un modo sostenido, el programa de población y viación del país y la difusión de la enseñanza, que había sido la hermosa y sincera plataforma de su candidatura presidencial. Por la muerte de este hombre de estado sucedióle el doctor Nilo Peçanha, que siguió estrictamente el mismo programa. Por último, fué electo, con aplauso general, el pundonoroso Mariscal Hermes da Fonseca, quien es un esclarecido jefe del Ejército, Exministro de la Guerra de la Administración anterior, y personalidad de rasgos enérgicos y francos, y de altas y atrevidas vistas patrióticas.

Alma y certero brazo director de las relaciones internacionales, fué el recientemente fallecido barón de Río Branco, cuya desaparición ha sido lamentada en todas partes. Puede decirse que, por su tacto y pericia, llegó a ser el primer estadista del continente. Digno heredero de su ilustre padre, aumentó aún más el brillo de su nombre.

El Brasil intelectual es de una fuerza e intensidad dignas de mayor fama en el mundo. La lista de sus hombres eminentes llenaría más de una página nuestra. Básteme con citar a Joaquín Nabuco, Ruy Barbosa, Machado de Assis, Joao Ribeiro, José Verisimo, Araripe Junior, Taunay, Graça Aranha, Galvao, Olavo Bilac, y tantos otros dignos de figuración en cualquier nación europea. Su prensa, con órganos como el Jornal do Comercio y O Pais, es de un gran prestigio. Y Río y Sao Paulo, gozan de un atractivo y de una celebridad ya mundiales. ¡Bello, soberbio, opulento país!


URUGUAY

Escudo de Uruguay

D

Desde los trabajos de Azara hasta las impresiones y datos publicados por diferentes viajeros en épocas recientes, muchos son los libros en donde pueden conocerse la geografía, la historia, las riquezas y el progreso material y moral de la república del Uruguay. Una obra monumental fué publicada en 1910, en Montevideo, por el Sr. D. Carlos M. Maeso, en la cual se contienen variadísimas y detalladas informaciones. Se titula tal libro El Uruguay a través de un siglo, y en él se ve la creciente y brillante transformación, que, a pesar de las agitaciones políticas y luchas guerreras, ha hecho del país «oriental» un plantel de civilización y un emporio de trabajo.

He allí una tierra amable, feraz, con el encanto pintoresco de América, sin muchos de los inconvenientes de otras regiones, y en donde los habitantes, con un afán continuo desde la consecución de su independencia, han procurado, en las disciplinas de la paz, y aun a través de las bregas de las revoluciones, constituirse una patria digna de haber realizado, según la palabra de Anatole France, «un tipo superior de civilización».

¿Qué importan las fiebres del crecimiento, si se llega con vitalidad y empuje al libre desarrollo de un pueblo viril y brillante? Pues hay que advertir la bella aureola de romanticismo nacional que han tenido a los ojos extraños, tierras de lucha, gloriosas y legendarias, como la Grecia moderna en el continente europeo y el Uruguay en la América del Sur.

Uruguay, tierra de heroísmo. Es ciertamente, en su historia, una distintiva, entre las repúblicas de nuestra América, que han sido, en sus esfuerzos por personalizarse en el coro de las naciones, tierras de heroísmo. Es usual y fácil en el viejo mundo achacar un exceso de primitivismo y una irremediable propensión a los conflictos sangrientos, y a las revueltas intestinas a nuestras democracias; «se nos ha juzgado, dice el autor uruguayo que he citado, con un criterio especial, que no es el criterio humano que ha presidido el juzgamiento de los hechos fundamentales a que ha obedecido la evolución sufrida por las naciones europeas para llegar a la hora y al estado presentes. Nosotros habremos pasado por pruebas dolorosas para fundar principios de libertad y justicia, implantar la democracia triunfante y consolidar el derecho propio y el ajeno; pero esas pruebas no han tenido la intensidad terrible y feroz que para alcanzar idénticos fines han sufrido Estados europeos que figuran al frente del avance civilizador de esta época; la sangre que han derramado las revoluciones americanas forman un mísero arroyuelo comparado con los mares de sangre que se han vertido en Europa para satisfacer ambiciones de déspotas, o alcanzar la libertad apetecida». Nada más fuerte en razón, y es el hecho que algunas de esas repúblicas, entre las cuales se encuentra el Uruguay, están, en muchas de las ventajas de la civilización y de la humana cultura, a la par de las naciones principales de Europa, y aun llevan la delantera a otras. Cierto que lo que aquí se ha amalgamado en centurias, allá se ha improvisado en lustros.

Los uruguayos se enorgullecen con justicia de la hermosura de su suelo, de la riqueza que se encierra en él, del encanto urbano de esa joya de capital que se llama Montevideo, en donde al par que las actividades del negocio, florece la intelectualidad y se estimula el estudio, del que es le morceau le plus digne d'envie, le coin le plus admirable du Nouveau Monde par sa topographie, par son climat, par sa géologie et son hidrographie, par sa fertilité; como escribiera, ha tiempo, un sabio y eminente francés. Y si el estado actual de esa república es en extremo floreciente y envidiable, su futuro, cuando la inmigración aumente, al ser más conocidos los veneros de prosperidad y las fuentes de labor proficua que allí esperan brazos y voluntades, su futuro, digo, es de un engrandecimiento y esplendor incalculables.

Muchas son las maravillas con que la naturaleza ha ornado el país oriental, descriptas por notorios escritores y reproducidas por el lápiz, el pincel o la máquina fotográfica; costas vistosas, montes y sierras, llanuras extensas en que pastan miles de ganados, paisajes deliciosos, bellas y fecundadoras corrientes hidrográficas, fauna y flora de mucha variedad y exuberancia. Y si en la historia de la república del Uruguay resalta como signo distintivo, según ya he dicho, la singularidad heroica—Artigas es un personaje representativo y simbólico—en su vida constitucional se hace admirar un culto, desde antaño sostenido, por la libertad, y un deseo siempre constante de mejoramiento y de progreso.

Hay en su Carta asegurados derechos y principios de las modernas conquistas civiles que en otras naciones, a la cabeza de la civilización por muchos conceptos, no han sido todavía conseguidos. Así bien pudo asegurar ha tiempo un eminente abogado belga, M. Stocquart, que «el Uruguay es innegablemente, desde el punto de vista del derecho civil, el país más adelantado de la América del Sur». Una de las últimas y más plausibles leyes a este respecto fué la nueva de divorcio, que garantiza la disolución del matrimonio y deja absoluta libertad para contraer un nuevo vínculo.

Montevideo, de rítmico y sonoro nombre, es ciudad-presea entre las capitales hispano-americanas, y se distingue por la modernidad de su conjunto, por su ambiente de urbana actividad y alegría, y por la singular beldad de sus mujeres. He de insistir en el cultivo mental, en el amor y gusto por las especulaciones del espíritu, al lado del movimiento bancario, y del activo laborar de comerciantes y estancieros. La instrucción pública uruguaya se encuentra a una notable altura y se han ido introduciendo en ella las mejoras que en los países más avanzados del globo han producido resultados superiores, esto desde los tiempos en que José Pedro Varela, «el Horacio Mann uruguayo» hiciera como el gran argentino Sarmiento, viaje a los Estados Unidos, y visitara las escuelas norte-americanas; «y fué tal su admiración y entusiasmo, dice un informe oficial, por los métodos de enseñanza que vió aplicar en ellas, a la organización a que estaban sujetas, que se resolvió a dedicar todas sus energías al estudio de las más acreditadas obras pedagógicas, y al análisis de los múltiples problemas relativos a la enseñanza. Sorprendido a la vista de las instituciones políticas y sociales del pueblo que visitaba, fascinado por el carácter de la prensa, la libertad de los tributos, la organización de los partidos, su sistema electoral y el funcionamiento de todos los resortes de la administración pública, creyó descubrir la base de todo esto en la educación del ciudadano, y decidióse, una vez que hubo regresado al suelo nativo, a trabajar con objeto de introducir en ella cuanto había visto, respecto de instrucción pública, y pudiese contribuir a la regeneración de la patria uruguaya...» José Pedro Varela fué un bienhechor de su país y su nombre brilla entre los que constelan de gloria los anales de la República Oriental.

El movimiento comercial, dado el número de habitantes, supera al de otros estados americanos de mayor población, y los productos del país encuentran cada día mayor mercado en el mundo. «Somos, escribe el Sr. Maeso, actualmente, uno de los pueblos más comerciales de América, pudiendo ostentar con legítima satisfacción los guarismos de nuestra actividad en los negocios, porque ellos evidencian que, a pesar de tener aun poca población en comparación de otros Estados, superamos en mucho las cifras de su vida comercial. Baste con señalar que de 1862 a 1868, la importación y exportación reunidas, eran de pesetas 109.886.156; y de 1904 a 1908, ha llegado a pesetas 338.009.777. Mucho tiene que mejorar la agricultura en tan fecundo país; mas la suma de lo que por año produce en este ramo de sus progresos es ya de más de noventa millones de francos. Sus líneas férreas tienen un valor de trescientos setenta y siete millones de francos, su ganadería cuenta con treinta y siete millones de cabezas. Su porvenir económico, en fin, despierta las más brillantes y legítimas esperanzas. Un notable ingeniero francés ha manifestado su sentir en estas palabras: «El Uruguay tiene en sus tierras valores incalculables y tiene en sus hijos excelentes elementos de trabajo, que sabrán aprovecharlo». Es, pues, un pueblo dueño de su destino.

Montevideo se enorgullece de su espléndido puerto, de sus compañías de navegación y salvataje, en que es famoso universalmente el nombre de Lussich. La red hidráulica uruguaya cuenta con tesoros de «hulla blanca». La ganadería ha logrado un gran adelanto gracias a iniciadores eficaces como el Sr. Reyles y sus émulos; las riquezas del subsuelo sólo esperan el esfuerzo de las empresas; el inmigrante en pocas partes encontrará las ventajas que en el suelo del Uruguay.

¿Y la intelectualidad? Largamente podría escribirse sobre el desarrollo de la cultura y de la producción literaria en aquella nación, desde los tiempos de la colonia hasta nuestros días. Se ha llamado la atención sobre la tendencia a un marcado nacionalismo y al color local. Más allí, como en todas partes de América en que se habla el castellano, no ha habido sino dos grandes influencias en el dominio del pensar y el escribir: la influencia peninsular antaño, y la del movimiento que desde hace algún tiempo ha dado nuevos vuelos y libertades a los talentos, a la idea, a la creación artística. Saludemos los nombres de Acuña de Figueroa, Pacheco y Obes, Berro; a los románticos del tiempo de Juan Carlos Gómez y de Magariños Cervantes. Al fuerte Acevedo Díaz, a otros eminentes. Y luego, a los que representan la vitalidad y la gloria actuales, a la cabeza el conspicuo y alto Rodó; a un gran precursor admirado en su patria y fuera de ella, el noble poeta Juan Zorrilla de San Martín.

En resumen, la República Oriental del Uruguay es uno de los países que con mayor complacencia puede la América latina presentar ante los ojos del mundo civilizado, y uno de los más apropiados refugios para los ejércitos de inmigrantes que a nuestro continente vayan en busca de labor y bienestar.


PARAGUAY