Escudo de Guatemala

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La historia de Guatemala, desde los tiempos de la colonia hasta el advenimiento de la República, está llena de episodios que alentara el mismo ideal libertador de toda la América que conquistó España.

Guatemala, como las otras repúblicas nuestras, tiene libertadores. Y si la conquista de sus derechos republicanos se realizó sin batallas desastrosas, no por ello es menos transcendental la actitud patriótica de varones que, como D. José María Castilla, D. Mariano Gálvez, D. Santiago Milla y D. J. Francisco Córdova, después de oir el memorable discurso de D. Antonio García Redondo, en la Junta convocada por el entonces gobernador D. Gabino Gainza, declararon la independencia nacional.

Fué este acontecimiento un poco tardío—con respecto a la unión centro-americana—pues en los días de la emancipación guatemalteca no existían ya lazos fuertes con Honduras, el Salvador, Nicaragua, ni Costa Rica. Chiapas ya era parte integrante de Méjico, y las tendencias unitarias desaparecieron entre ambiciones y rivalidades. Vinieron los odios locales, y comenzó la era revolucionaria intestina de los pueblos autónomos y nuevos, cuyas masas indígenas se hallaban en la mayor ignorancia.

Después de más de tres siglos de colonia, la libertad nacional de Guatemala fué un hecho el 15 de Septiembre de 1821. Todo el país saludó aquella alborada entusiásticamente.

El programa de los próceres, basado en la libertad lograda, quiso tender al desarrollo de los intereses colectivos, armonizándolos. El país se abrió al comercio universal, y los españoles que habían quedado, gozaron de las garantías que la ley concede a todos los ciudadanos.

Grandes obstáculos, inevitables contratiempos se opusieron al desarrollo del programa. Miras diversas y contradictorias tendencias de los mismos hombres que habían hecho la independencia, dividieron la nación en agrupaciones y bandos. La unidad en la acción no pudo sostenerse para organizar el país. Tal división se recrudeció cuando el Imperio de Iturbide quiso que Guatemala formase parte suya.

Dos fuertes bandos dividieron la opinión, dando pábulo a profundos antagonismos. Los imperialistas, pertenecientes a las clases más ricas y acomodadas, por sus ideas ancestrales y su deseo de que la sociedad continuara en un ambiente monárquico, se inclinaban a que Guatemala entrase a formar parte del vecino Imperio.

Los republicanos y patriotas que habían luchado por la soberanía nacional, inspirados en el ejemplo de los Estados Unidos del Norte, querían establecer un pueblo democrático, alentados—además—por las ideas de la Revolución Francesa. Este bando contaba en sus filas con hombres de pensamiento y de cultura, y con la mayoría del pueblo.

Los dos bandos, en continuo choque de ideas, llegaron a los hechos, y en noviembre de 1821 tuvo efecto el primer episodio de guerra civil.

Después de invasiones imperialistas y combates, la Asamblea se llamó Constituyente, y por decreto de Julio de 1823, quedó declarada la independencia de Guatemala, y el gobierno a cargo de un triunvirato formado por D. Vicente Villacorta, D. Pedro Molina y D. Antonio Rivera Cabezas.

En Abril de 1829 entró victorioso el general Morazán en la capital de Centro-América, iniciándose para Guatemala una época próspera. Después, han gobernado la nación Carrera, Cerna, García Granados y Barrios, Barillas y Reyna Barrios; y actualmente ocupa la presidencia el licenciado D. Manuel Estrada Cabrera.

El famoso Rafael Carrera gobernó veinticinco años. No sabía leer ni escribir. Sus biógrafos refieren que, por su valor de soldado y su amistad con el clero, se sostuvo en el poder. El plan de instrucción pública se limitó en aquel tiempo a escasos rudimentos. El trabajo fué substituído por la holgazanería, y en las chicherías y fondas perdían el tiempo las clases obreras, machete al cinto, como una continua amenaza a la sociedad. El comercio casi no existía. A la agricultura no se prestaba atención de ningún género, y únicamente daban rendimiento las cosechas de cochinilla y de grana. Los caminos de rueda eran muy contados en el interior, figurando en primer término el del Puerto de San José a la capital, pues la carretera a Izamal, que se proyectara en aquella época, había quedado en su comienzo, a pesar de ser la vía del mejor y más cuantioso comercio guatemalteco.

El presidente Carrera emprendió campañas, entre las cuales se recuerda principalmente la de 1863, cuando derrotó al general Gerardo Barrios, que era presidente del Salvador y jefe del partido Unionista de Centro-América. No obstante, en los últimos años del gobierno de Carrera hubo algún progreso de orden material. Fueron construídos entonces el Castillo de San José, el edificio de la Sociedad Económica, que hoy sirve a los Correos y Telégrafos y a la Legislatura, y el teatro Colón.

Al morir Carrera, asumió el mando el mariscal D. Vicente Cerna. Este fué reelecto, y después de una campaña en que se recuerdan las batallas de Totonicapán, San Lucas, Tierra Blanca y «Cochin», fué vencido por el general García Granados, quien el 30 de Junio de 1871 entró en la capital y tomó el mando. El gobierno de esta capital se inició dictando la ley de libre imprenta, abriendo puertos en el Pacífico, derogando decretos monopolistas y alentando la agricultura y el comercio. Pero no tardó la guerra, y el general García Granados sale de la capital, dejando en su puesto a D. Justo Rufino Barrios. A su regreso fué convocado el pueblo para elecciones, y elegido este jefe prestigioso.

El general Barrios gobernó catorce años, siguiendo los propósitos patrióticos de Morazán, en favor del progreso nacional. Creó escuelas en todo el país, fomentó la agricultura, estimuló a las clases laboriosas, y creó democracia consolidando la República. A este respecto dice un guatemalteco eminente, D. Antonio Batres Jauregui: «Demostró Barrios, que el talento y las virtudes no eran el resultado de las aspiraciones de bandería, ni radicaban en las pretensiones de la nobleza. Esta se demostró tal como era entre nosotros, sólo apta para esquilmar al pueblo, y cuando el pueblo se levantó por el empuje de la Reforma, y aquél tuvo que unirse a él, necesariamente, y vinieron las uniones legítimas entre jóvenes educados y cultos, hijos de honrados artesanos, de industriales y agricultores del pueblo, con damas de la nobleza, a demostrar que en Guatemala se había hecho práctica la democracia que radica en la igualdad ante la ley, y que descansa en el apoyo del talento y en las virtudes que son, generalmente, el patrimonio de los pueblos más fecundos y honrados de América».

El general Barrios, sustentando las ideas de Morazán, activó su propaganda, dictó el decreto de 28 de Febrero de 1885 proclamando la Unión de Centro-América, y se puso al frente de un ejército para apoyarlo. En la campaña obtuvo algunos triunfos sobre los enemigos de la Unión, y en el ataque a Chalchuapa recibió la muerte. Fué en verdad una muerte heroica y gloriosa.

Sucedió al general Barrios D. Manuel Lisandro Barillas, que era segundo designado. Durante su gobierno, el país siguió su marcha progresiva. El general Barillas no pudo seguir en el poder, y el pueblo llevó a la presidencia al general José María Reyna Barrios. De su administración han quedado huellas estimables, como el Bulevar 30 de Junio, embellecido por monumentos de caudillos patriotas; el Cuartel de Artillería, el Palacio de la Reforma y el Registro. Además hizo todo esfuerzo por la importante obra del ferrocarril del Norte, que no pudo concluir. En Febrero de 1898, un extranjero, llamado Zollinger, hirió de muerte al general Reyna Barrios, y esto fué causa de una conspiración palaciaga, en que se quiso desconocer al designado por la ley, conspiración sin resultados, porque el licenciado Estrada Cabrera asumió el mando de la República.

Al referirme a la gestión gubernativa del actual presidente de Guatemala, he de prescindir de los ataques que contra él se han hecho en algunas publicaciones y que, desde luego, se ve que son obra de sus contrarios políticos. No me toca inmiscuirme en los asuntos interiores y en las rencillas partidarias de aquella generosa nación.

El presidente Estrada Cabrera, aparece, al contemplársele sin prevenciones, desde lejos, como un intelectual amigo de los hombres de pensamiento y de acción, y prácticamente interesado en asuntos que signifiquen brillo y progreso para su país. Ha llevado a término la grandiosa obra del ferrocarril del Norte interoceánico, que ha dado enorme impulso al comercio garantizando a la nación su porvenir económico. Este ferrocarril ha unido las ricas zonas de Mazatenango, Retalhuleu y Quezaltenango con la capital. El presidente Estrada Cabrera ha creado las fiestas de Minerva, y dedicando especiales esfuerzos y estudios al problema de la instrucción pública, con métodos e ideas modernas, y fomentando las artes y las ciencias ha logrado un florecimiento intelectual apreciable ya. Ha fundado escuelas prácticas, con edificios especiales, en los veintitrés departamentos que componen la República. Un completo sistema telegráfico cruza el país actualmente. Para el desarrollo de la agricultura, el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, ha repartido más de 8.000 caballerías entre gentes laboriosas. En la capital, de 1907 a 1911, se han realizado mejoras de significación, entre las que pueden mencionarse: la pavimentación moderna de calles y avenidas, la formación de parques como el de Jocotenango, edificios para escuelas y un plantel for correccional en la Segunda y Séptima avenidas, Norte y Sur; en el paseo de la Reforma hay nuevos chalets y villas y asilos, y en el Llano del Cuadro se han edificado manzanas de bellas mansiones.

En un reciente mensaje a la Asamblea Nacional, dirigido por el presidente Estrada Cabrera, hay párrafos que acusan un sereno interés patriótico, por ejemplo:

«A iniciativa de muchos escritores guatemaltecos, fué convocado y se reunió en esta capital, durante los últimos días del mes de Octubre recién pasado, el primer Congreso Centro-Americano de Periodistas, agrupación por todos conceptos importante; simpática, que ocupándose, según su programa, en excogitar los medios más civilizados y eficaces para llegar a la pacífica reconstrucción de la antigua patria y de hacer propaganda de ellos, por medio del periodismo, mereció todos los aplausos debidos a la buena fe y sana intención con que se trataron aquellos importantes asuntos.

»El gobierno vió con placer que, efectivamente, salvando unas pocas exageraciones y ardimientos juveniles, los trabajos llevados a cabo por ese interesante Congreso tendieron principalmente al acercamiento pacífico, seguro y estable de las repúblicas del Istmo, que es uno de los puntos del programa de la Administración guatemalteca y se congratula en manifestar que la iniciativa de los escritores fué acogida con general entusiasmo, y que acudió al llamamiento de ella la parte más importante de la prensa de Centro-América.»

Las instituciones de beneficiencia cuentan actualmente en Guatemala con toda la protección del gobierno. Asilos para niños, hospitales, lazaretos, casas de salud, reciben constante apoyo, como lo prueba el siguiente estado de fondos: Producido del año para beneficencia... 2.635.206,70 de pesos, suma de la cual se invirtieron pesos 2.553.705,72, quedando un saldo a favor de las instituciones, ascendente a... 81.500,98 de pesos. Con la suma invertida fueron atendidos en los establecimientos 15.974 enfermos, y recibieron cuidados 800 niños desvalidos. El día 21 de Agosto del año pasado se inauguró en Guatemala un importante edificio, la Casa de Maternidad, y comenzó a funcionar el 21 de Noviembre siguiente.

No he de terminar este artículo, que es un saludo a Guatemala en paz, en trabajo, y por consiguiente en progreso, sin aludir de modo especial a esa falange de poetas y pensadores que, en la historia intelectual del país, exaltan el nombre nacional y son lucida parte de la intelectualidad de nuestra América. Si en lo antiguo cuenta Guatemala con Landivar, con Fray Matías Córdova, en lo moderno puede gloriarse con los peregrinos ingenios de José Milla y Batres Montufar, con Isisarri, Agustín Gómez Carrillo, Fernando Cruz, los Diéguez, Montufar, Saravia, el malogrado Domingo Estrada y otros. Y en la actualidad con el eminente doctor Ortega, con D. Antonio Batres Jauregui, con Salazar, con Falla, con los insignes salvadoreños, a quienes Guatemala adoptara, Joaquín Méndez y Francisco Castañeda, con Enrique Gómez Carrillo y Tible Machado, cuyos nombres, célebre el uno en la literatura, brillante el otro en la diplomacia y en el periodismo, figuran en la prensa de Europa; con una juventud, en fin, que es florida corona de su renacimiento intelectual.


ECUADOR

Escudo de Ecuador

Q

Quien estas líneas escribe ha conocido personalmente a dos de los prohombres ecuatorianos que han tenido recientemente gran resonancia: el general Eloy Alfaro, que ha sucumbido tan trágicamente, y el general Leónidas Plaza. Tiene la idea de que ambos, conforme con sus pensares y decires, han tenido espíritus de patriotas. Han hablado del bien de su patria; han expuesto plataformas de libertad y de progreso. Han llegado al poder, y la revolución ha aparecido, latente o estallante. ¿Es la enfermedad endémica continental, apenas curada en los países grandes del Sur a fuerza de inmigración y de trabajo? El caso es que, ahora mismo, el cable comunica las noticias lamentables de ese país merecedor de situación más brillante.

Sabido es que el Ecuador, en su primitiva época independiente, formó parte del inmenso imperio que el conquistador Huaynacapac legó a sus hijos Huáscar y Atahualpa. Dejó al primero el Perú con las tierras meridionales hasta Chile, y a Atahualpa el Reino de Quito, como lo habían poseído sus abuelos, los Shiris. Pero la rivalidad entre los dos príncipes abrió una guerra desastrosa, en la cual estaban envueltos aquellos reinos cuando llegaron los conquistadores Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Sebastián de Benalcázar. Con la toma de Quito, el 6 de Diciembre de 1534, el antiguo reino de Quito pasó a poder de la Corona española. Hasta 1717 fué regido por un solo Virrey que residía en Lima; su virreinato comprendía las Audiencias de Panamá, Caracas, Santa Fe, Quito, Lima, Cuzco, Charcas, Santiago y Buenos Aires. Lo que hoy forma la República del Ecuador, fué constituído en 1564 con el nombre de Presidencia de Quito, siendo su primer Presidente D. Fernando de Santillán. El Virreinato del Nuevo Reino de Panamá fué fundado en 1717, y a éste perteneció desde entonces aquella Presidencia, hasta el 24 de Mayo de 1822 en que Sucre, vencedor en Pichincha, desposeyó al último Presidente, D. Melchor Aymerich. El Ecuador fué el país de la América española que dió primero el grito de independencia, y el 10 de Agosto de 1809 organizó la primera Junta Revolucionaria, bajo la presidencia del Marqués de Selva Alegre.

Hasta 1830, el Ecuador formó con la Nueva Granada y Venezuela, bajo el gobierno de Bolívar, la República de la gran Colombia. Poco antes de la muerte del Libertador y de la disolución de esta nacionalidad, tropas peruanas invadieron el territorio ecuatoriano, pero fueron vencidas por las colombianas, comandadas por Sucre, en la llanura de Tarqui. Sin embargo, la gran República no pudo consolidarse; apenas duró ocho años. Venezuela se separó en 1829 y el Ecuador en 1830, el mismo año de la muerte de Bolívar. Entonces se constituyó el Ecuador en República independiente, siendo proclamado primer Presidente constitucional, por la Convención de Riobamba, en Agosto de 1830, el general Juan José Flores.

Del régimen conservador militarista de Flores—dice un historiador—, pasó la República al liberal moderado de Rocafuerte, que protegió la instrucción pública y mejoró la hacienda nacional. Volvió Flores al poder y permaneció en él, hasta que en 1845 le derrocó la revolución del 6 de Marzo, que hizo surgir a la Presidencia a un civil, Roca, cuyo gobierno fué respetuoso de la ley y las libertades públicas, económico, honrado y magnánimo. Empatadas las votaciones para Presidente de la República en el Congreso de 1849, entre los candidatos general Antonio Elizalde y Diego Noboa, se elevó este político a la Presidencia en 1851, y fué depuesto por Urbina, que subió al poder apoyado por el liberalismo. Urbina expulsó a los jesuítas. Libertó a los esclavos. A pesar de sus buenos hechos, su gobierno ha sido acusado de desorganizador y militarista. Se levanta después la figura de García Moreno, notable por sus grandes virtudes como por su crueldad. El fanatismo religioso fué ley en su gobierno y le ha hecho célebre en Europa. Su busto está en el Vaticano. Construyó la gran carretera de Quito, inició el ferrocarril de Guayaquil a esa capital, y dió gran impulso a las obras públicas. Le sucedieron Carrión y Espinosa, hombres buenos, pero no políticos de grandes energías. Vuelto a la Presidencia García Moreno, en 1869, gobernó por el terror del patíbulo, que no escatimó, pero administró con pureza e inteligencia los caudales públicos. Asesinado García Moreno en 1875, ocupó Borrego la Presidencia, elegido por gran popularidad; pero antes de que pudiera desarrollar su programa de gobierno, un teniente suyo, Veintemilla, se levanta, y después de sangrientas batallas se hace nombrar Presidente. Al expirar su período quiso reelegirse, dió un golpe de Estado, pero una coalición conservadora liberal dió con él en tierra el 9 de Julio de 1883. La Convención de 1884 nombró a Caamaño, Presidente. En su administración se estableció el telégrafo en toda la República, y se constituyó el ferrocarril de Durán a Yaguachi. Su época fué de lucha contra la revolución liberal encabezada por Alfaro. Pero alcanzó a cumplir su período y a hacer elegir a Antonio Flores (hijo del primer presidente), cuyo gobierno, liberal moderado, se distinguió por su paz, su cultura, su respeto a la ley y a las libertades. Flores eligió a Cordero, que gobernó el país hasta 1895. Dimitió Cordero y sucedióle Alfaro. Bajo este gobierno, la nación reformó sus instituciones desde el punto de vista ampliamente liberal, y se llevó a cabo la construcción del ferrocarril de Chimbo a Quito. Sucedió a Alfaro el general Plaza, cuyo acentuado liberalismo continuó la gran reforma iniciada por aquél. Para el período siguiente fué designado García, hombre de negocios, de honorables antecedentes. Su gobierno fué como los anteriores, de filiación liberal, pero no tuvo tiempo para implantar sus ideales de administración, porque el descontento de algunos elementos del partido liberal derrocó su gobierno, y llevó de nuevo a Alfaro a la Presidencia de la República, desde 1906. Luego ascendió al poder D. Emilio Andrade. Y a su gobierno han sucedido los acontecimientos que, hasta estos momentos mantienen el país en agitación.

Desde el punto de vista legislativo, el Ecuador es uno de los países más adelantados del mundo. Tiene las leyes de Registro y Matrimonio civil, con divorcio por causales que garantizan los derechos del hombre, la mujer y la descendencia; el Fisco administra los bienes de las comunidades católicas, con cuyo producto paga el culto, invirtiendo el saldo en obras de beneficencia. La Constitución garantiza la vida, la honra y la propiedad; en consecuencia, no hay pena de muerte, esclavitud, recluta forzosa, impuestos ni servicios no establecidos por la ley, fueros ni privilegios, juzgamientos por comisiones especiales ni por leyes posteriores, prisión por deudas, incomunicación por más de veinticuatro horas, ni tormentos; hay libertad de conciencia o de cultos, de prensa, de asociación, de enseñanza, de industria, de tránsito, de defensa y petición; es inviolable el domicilio y la correspondencia epistolar y telegráfica; existe la igualdad ante la ley, el derecho que uno sea considerado inocente mientras no se le declare culpado, en debida forma, y de que no se le exija testimonio en juicio criminal contra sí mismo o contra sus parientes, dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad.

La extensión territorial de la República es de 700.000 kilómetros cuadrados, incluyendo las islas Galápagos, archipiélago que, al ser abierto el Canal de Panamá, será de los más ricos centros comerciales del Pacífico. Aunque la población es apenas de dos millones de habitantes, la agricultura y la minería están en un estado floreciente. Los metales que más se exportan son el oro de las minas y lavaderos de la provincia de Esmeraldas; plata, de la provincia de Cañar; cobre, carbón de piedra, lignita, azufre, mármoles, alabastros, piedra pómez y para construcción de edificios, y petróleo. El sombrero de paja toquilla o de Jipi-japa, llamado equivocadamente Panamá, es objeto de un activo comercio con el exterior. Y como esta industria, otras muchas han adquirido gran incremento en el país. Hay ingenios de azúcar que tienen actualmente una capacidad productora de siete mil toneladas anuales, y que puede decuplicarse sin más que apropiar nuevos terrenos al cultivo de la caña, y establecer más maquinaria. Existen también grandes fábricas de cerveza, de lienzos y bayetas, de velas, jabón, fósforos, embarcaciones de madera y hierro, a la vela y a vapor, de cigarros y cigarrillos, de perfumes, de calzado, de chocolates, fundiciones, aserríos de madera, tenerías, etc., etc. Las entradas fiscales se calculan en 15.500.000 sucres, y las constituyen: los derechos de importación a las mercaderías extranjeras, cobrados al peso; los derechos de exportación a los productos nacionales; los estancos de sal y pólvora; contribución general; impuestos de timbres, alcabalas, aguardientes, marcas de fábrica, minas y utilidades de bancos. El total de la deuda pública, al 30 de Junio de 1909, era de 43.142.392 sucres. La antigua deuda externa se convirtió en los llamados Bonos cóndores del ferrocarril de Guayaquil a Quito, que ganan 4 por 100 de interés y 1 por 100 de amortización, y está reducida ahora a 722.000 sucres. La deuda interna asciende a 11.000.000 de sucres, de modo que las obligaciones del país con el exterior son una mera garantía por la diferencia, 32 millones, y esto en forma de garantía subsidiaria por el 6 por 100 de interés y 1 por 100 de amortización de los bonos ferrocarrileros.

La intelectualidad de ese bello país ha tenido príncipes en el continente. Baste con nombrar a Olmedo y a Montalvo. Otros han ilustrado también la mentalidad de la República, entre ellos, los Mera, el tan ingenioso Federico Proaño, el ilustre Numa Pompilio Llona, Marieta Veintemilla y Eudófilo Alvarez.


EL SALVADOR

Escudo de El Salvador

A

A no dudarlo, es el Salvador uno de los países más interesantes, más laboriosos y más bellos de la América española. Sus pobladores, dedicados en su mayoría a la agricultura y al comercio, le han hecho alcanzar un gran desarrollo, no obstante su espíritu revolucionario, por desgracia propio de casi todo el continente.

Fué El Salvador la primera tierra centro-americana que dió el grito de libertad, el 5 de Noviembre de 1811, siendo gobernador español de la provincia D. Antonio Gutiérrez de Ulloa, y capitán general del Reino de Guatemala D. José de Bustamante y Guerra. Las ciudades de Metapán, Zacatecoluca, Usulután y Chalatenango, unidas a la de San Salvador, quisieron rebelarse contra el dominio de España y apoderarse de armas y tesoros reales. Los iniciadores del movimiento fueron los presbíteros D. Nicolás Aguilar y don Matías Delgado, D. Vicente Aguilar, D. Juan Manuel Rodríguez, D. Manuel Aguilar y D. Manuel José Arce, quienes, deponiendo al gobernador Ulloa, realizaron algo del plan libertador; pero no fueron ayudados por las otras ciudades provinciales y se desalentaron. El ayuntamiento de Guatemala envió en Diciembre del mismo año a los regidores D. José M. Peinado y D. José de Aycinena, y ellos pacificaron la capital, quedando el primero al mando de la provincia. Más tarde, en 1814, Rodríguez y Arce quisieron rebelarse de nuevo, pero fracasaron en este segundo intento, siendo encarcelados y permaneciendo presos hasta un año antes de que los demás patriotas coronaran su empeño y quedara hecha la Independencia nacional, el 15 de Septiembre de 1821. El centenario de ese primer movimiento acaba de celebrarse con toda brillantez.

En los últimos tiempos, la nación se ha encaminado por una vía de progresos y de reformas. El doctor Zaldívar, a pesar de sus errores políticos, fué un gobernante civilizador. El general Menéndez ha dejado el recuerdo de su labor patriótica y de su actividad proba; y hoy, el doctor Manuel E. Araujo ha iniciado su gestión gubernativa, inspirado en los mejores propósitos y dando un ejemplo único de desinterés, de voluntad, de concordia y de verdadera comprensión del destino a que está llamado su pueblo valiente y trabajador. No hace mucho emitió, en un mensaje a la Cámara Legislativa de la República, conceptos como los siguientes, en que pueden apreciarse sus bien orientadas miras, siendo El Salvador tierra esencialmente productiva, cuyo continuo desarrollo agrícola se impone como primera condición de grandeza en el porvenir. Decía el presidente Araujo, después de varias consideraciones:

«Estas máximas fecundas de la ciencia agronómica, que he tenido ocasión de meditar y comprobar en las experiencias de mi vida de agricultor, me hicieron pensar que, en un país esencialmente agrícola como el nuestro, uno de los mayores bienes que el poder público puede hacer a la sociedad, es la protección decidida y eficaz y la dirección inteligente y científica de la agricultura nacional. La conservación y el desarrollo de la riqueza pública, y base de la prosperidad general, están a ese precio.

»Por eso fué que al organizar el Gabinete, el día mismo que tomé posesión de la Jefatura suprema del Estado, mi primer cuidado fué la creación del Ministerio de Agricultura, como órgano del Gobierno en sus relaciones con esa industria importantísima, y llamé para su desempeño a un ciudadano distinguido y agricultor muy prestigioso.

»El primer cuidado que se tuvo para la institución de este nuevo centro orgánico del Estado, fué la fijación de su esfera de acción, por el deslinde de sus atribuciones, conforme a los altos fines que, por medio de él, intentó realizar en beneficio del país. A este propósito obedeció el Decreto legislativo de 30 de Marzo del año anterior, atribuyendo las funciones propias de su índole al Ministerio de Agricultura.

»Para procurar mayores fondos aplicables a los servicios agrícolas estaduales, se dictó, con fecha 8 del propio mes de Marzo, el acuerdo que suprime el 6 por 100 que inmotivadamente devengaban los tesoreros municipales por la recaudación de los fondos de agricultura, se suprimieron algunos empleos innecesarios y se rebajaron sueldos desproporcionados.

»Comprendiendo que un país que goza de un suelo tan fértil y apropiado a múltiples cultivos remuneradores no debía limitarse a los ramos de producción ya conocidos, se hizo al Poder Legislativo una iniciativa para que dictara el decreto de 6 de Abril, que declara libre la introducción al país de semillas para el cultivo del algodón, y de maquinaria para la fabricación de tejidos y de otras industrias que se relacionan con ese importante producto agrícola, debiendo celebrarse cada cinco años exhibiciones de tejidos y otros productos extraídos del algodón, y señalando premios a los mejor calificados en los concursos respectivos.

»Por su parte, el Ejecutivo impulsará y acogerá todas aquellas iniciativas tendientes al ensanche y perfeccionamiento de la industria agrícola, que exige, especialmente, abandonar las rutinas y el empirismo que la estacionan y comprimen.

»Para estimular la mejora de ciertas industrias agrícolas, se han dictado disposiciones pertinentes. Para la selección de las razas bovinas se prometió a un particular ayudarle con 50 pesos, por cabeza de ganado de las razas llamadas Holstein o Durban, que introduzca al país; y se ordenó la concesión de otras primas pecuniarias a los introductores de ganado fino, vacuno o caballar.»

Como se ve, el actual gobernante salvadoreño presta lo mejor de su atención al problema agrario, que es la más firme base de engrandecimiento y de fortuna en nuestros países. Seguramente, la paz de que goza el país, a pesar de incomprensibles tentativas de desorden, da campo abierto a las iniciativas y trabajos del presidente. El pueblo salvadoreño tiene razones para estar fatigado de vanas guerras civiles, y es época de que lo dirijan hombres tan sanos y tan bien orientados como el doctor Araujo, conocedores inmediatos de sus necesidades, y que sepan expresar y realizar patrióticamente ideas para el bien colectivo y nacional. Un país cuyo mandatario se funda «en las experiencias de su vida de agricultor» para aconsejar, dirigir y obrar, marcha, desde luego, con decisión, por vías de prosperidad.

En un esbozo de la reciente administración salvadoreña, dice una autorizada pluma: «El doctor Araujo ha empezado una evolución lenta, moderada, sin grandes sacudimientos, pero eficaz. Él, como los ingleses, cree que el ejemplo y la costumbre nos llevarán al orden y a la prosperidad; se desprende de las muchas facultades y prerrogativas concedidas por el uso, aunque negadas por la ley, y uno de sus propósitos más firmes ha sido el de seleccionar, como en efecto lo ha hecho, el alto personal del gobierno, buscando el mérito en todas las clases sociales, hasta encontrarlo tal vez en el apartado y modesto gabinete de trabajo».

En cuanto a instrucción pública, los gobiernos recientes del Salvador han puesto firme empeño en la propaganda de la cultura general, y puede decirse que en este país no hay analfabetos. Con planteles escolares de primera enseñanza para ambos sexos—montados según los métodos de pedagogía más modernos—cuenta la República, y el actual gobierno les presta todo el apoyo necesario, tanto como a la enseñanza secundaria y a la facultativa, y los institutos, los colegios y la Universidad han adquirido nuevos elementos y profesorado selecto, que atiende, sobre todo, a la dignificación de los alumnos. Ultimamente, el gobierno ha pedido a la república del Uruguay profesores, para el establecimiento de una Escuela Normal.

El importante ramo de Obras públicas recibe asimismo en la actualidad el laudable impulso del gobierno, y se trata de formar una asociación de capitalistas del país para que tome a su cargo las obras nacionales. Ello redundará en provecho propio, ejercitando y acreciendo las energías domésticas.

La República del Salvador es el país más rico y más densamente poblado de toda nuestra América, dada la poca extensión de su territorio que mide a lo largo, de Este a Oeste, 160 millas geográficas, y a lo ancho, de Norte a Sur, 60 millas, y lo habitan 1.100.000 almas. Las finanzas de la nación, a pesar de las revueltas civiles que la han envuelto con lamentable frecuencia, demuestran la prodigalidad del suelo y el espíritu de laboriosidad de sus pobladores, puesto que la exportación sobrepuja a la importación, como lo demuestra el cuadro siguiente, que llega hasta hace seis años:

AÑOS Importación.
Pesos plata.
Exportación.
Pesos plata.
1902 6.181.816,43 10.278.315,98
1903 6.949.073,47 10.278.315,98
1904 8.123.348,18 16.588.611,77
1905 9.778.628,22 14.098.833,15
1906 9.368.299,35 16.308.554,32

Del progreso alcanzado por las rentas nacionales dan una idea concisa los siguientes datos: la renta de importación produjo en 1911, 6.909.109,61 de pesos, contra 5.333.600,59 pesos en 1910, lo que acusa un alza de más de un millón y medio de pesos. La renta de exportación en 1911 rindió 989.678,23 pesos, y en 1910, 886.649,55 pesos, lo que demuestra un aumento de cien mil y pico de pesos. La renta de licores montó en 1911 a pesos 2.683.568,89, y en 1910, a 2.602.958,33 pesos, dando un aumento de ochenta mil y pico de pesos. La renta de papel sellado y timbres ascendió en 1911 a 335.575,28 pesos, y en 1910 a 397.912,24 pesos, dando un margen de treinta y siete mil y tantos pesos.

Los aumentos en el producto total de los impuestos, que equivalen al 16,29 por 100 alcanzado en sólo un año, son un guarismo que pone de relieve la potencia productora del país. Mientras Francia en épocas florecientes aumenta sus contribuciones indirectas en 2.30 por 100, Inglaterra en 1,85 por 100, Alemania en 5,50 por 100, y Austria en 5,86 por 100, el Salvador da la alta proporción de 16,29 por 100.

En lo que respecta al ramo de telégrafos y teléfonos, la República salvadoreña está muy bien servida. La red telegráfica, que contaba con 2.386 millas, tiene hoy 187 más, y la telefónica, que tenía 1.783, tiene 329 más. Han sido instaladas estaciones de inalámbrico, con fuerza suficiente para comunicarse a una distancia de 16 a 20 millas, alcanzando en tiempo favorable hasta 80. Por medio de estas instalaciones modernas, el Salvador estará en comunicación directa con las repúblicas de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, que cuentan también con torres potentes. Pronto habrá estaciones, asimismo, en las costas al Pacífico, de Guatemala y de Méjico, siendo todas ellas de gran significación para el comercio internacional de los países centrales.

El sistema monetario salvadoreño también ha sido objeto de modificaciones ventajosas. Ha aparecido recientemente un proyecto de decreto, que regula y establece el talón de oro, teniendo por base la unidad colón.


HONDURAS

Escudo de Honduras

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Honduras es el país centro-americano más sujeto a su tradición. Lo que pudiérase llamar su índole nacional, es inconfundible con la de los otros países del centro de América, que han estado siempre en más frecuente contacto con corrientes y elementos extraños.

Don Bartolomé Colón, hermano del gran Almirante descubridor del Nuevo Mundo, se posesionó del territorio hondureño en Agosto del año 1502, en nombre del soberano español. Desembarcó D. Bartolomé en un punto que llamó Punta Coxinas, que hoy se llama Cabo Honduras. Se piensa, generalmente, que el nombre del país es debido a la profundidad del mar Caribe, que baña sus costas del Norte. Cuando el conquistador de Méjico, Hernán Cortés, realizó su expedición a Honduras, atravesando las selvas de los mayas, los españoles llamaban Hibueras o Higueras a la comarca y, en recuerdo de la metrópoli europea, también la designaron con el nombre de la Nueva Extremadura. Fué ardua la expedición de Cortés. Este conquistador sometió a los indígenas, y fundó la vieja ciudad que hoy es el puerto de Trujillo. Esforzados conquistadores como Córdoba y Cristóbal de Olir continuaron las expediciones, beneficiando la comarca con fuerza civilizadora que, por el año de 1540, contaba con ciudades de significación, y con la Audiencia, que poco más tarde fué trasladada a Guatemala. De aquel tiempo a la época de la Independencia, Honduras fué una provincia de la Capitanía General o Reino guatemalteco, con Nicaragua, Costa Rica y el Salvador. Estas provincias se separaron de España en 1821 y constituyéronse en estados soberanos, adoptando una forma confederal que se llamó República de Centro-América. Después de un revoltoso período, los estados soberanos se separaron en 1839, quedando, como están hoy, constituidos en cinco repúblicas independientes.

El territorio hondureño está situado entre los 83°20' y 89°30' de longitud Oeste y los 13°10' y 16° de latitud Norte, con una extensión de 42.000 millas cuadradas. La zona de la Mosquitia y las Islas de la Bahía de Fonseca son colonias inglesas. Según las alturas siguientes, se puede formar una idea del clima hondureño: Tegucigalpa, 3.015 pies; El Picado, 4.460; Agua Salada, 8.950; Evandique, 7.000; Nacaome, 110. Es un país montañoso, con cimas que alcanzan los 10.000 pies sobre el nivel marino. El llano de Comayagua, que mide 40 millas de largo y de 5 a 15 de ancho, está regado por el río Humuya. Este llano, con el valle del río Goascorán, forman una vasta llanura transversal del océano Atlántico al Pacífico, llanura de clima templado y de asombrosa fertilidad. Los principales ríos que bañan el país son: el Romano, Patuca, Tinto, Segovia, Choluteca y otros, casi todos navegables, y que facilitan el intercambio de productos domésticos. Unos desembocan en la Bahía de Fonseca, que es una de las más seguras de Centro-América, con una extensión de 50 millas en la parte más larga y 30 de anchura. En la Isla del Tigre, situada en la bahía mencionada, está el puerto libre de Amapala. Los demás puertos importantes de Honduras están en la costa Atlántica, y son: Puerto Caballos, Omoa y Trujillo. El país tiene muchas otras bahías e islas que han sido llamadas, por la variedad y riqueza de sus frutos, El Jardín de las Indias Occidentales.

Los principales productos de este país son, en la vertiente atlántica: maderas de cedro, caoba, hule, ceiba y muchas otras, enormes palmares, largas praderas, con fauna extraordinaria. Al Este hay grandes bosques de acacias y pinos. En las montañas que rodean los valles abundan las sábanas sembradas de trigo, con huertas de manzanos y melocotones. Bien puede recordarse este concepto del prócer hondureño D. José Cecilio del Valle, acerca de su patria, y al que alude una pluma autorizada, cuya labor he consultado: «Si Honduras no tuviese más que un territorio plano, el carro del orgullo podría pasearse de un extremo a otro, pero no habría esa escala maravillosa de climas, de animales, de plantas y de producciones de todas las zonas, ni de riquezas propias de cada una de ellas.»

El reino mineral de Honduras es acaso el mejor de Centro-América; y ello parece justificado, dice un autor experto, «si se considera que el suelo centro-americano, conocidamente rico por lo que al reino mineral se refiere, se encuentra virgen casi en su totalidad, debido ello a que sus hijos, opulentamente favorecidos por la naturaleza en otros reinos que le procuran fácil y exuberante riqueza, no se han ocupado allí de arrancar a la tierra los tesoros que oculta, y que ofrece al esfuerzo y al brío de quien quiera arrancárselos.» En Honduras, ese esfuerzo, apenas intentado, ha rendido hasta ahora los resultados que muestra la siguiente estadística:

Minas de oro, 151; de oro y plata, 201; de oro, plata y cobre, 20; de oro, plata y hierro, 1; de oro y cobre, 20; de plata, 274; de plata y plomo, 6; de aluminio, 2; de cobre, 10; de estaño, 1; de plomo y zinc, 1; de níquel, 1; de kaolín, 3; de palo, 6; de cristal de roca, 7; de mármol, 5; de hierro, 4; de antimonio y hierro, 1; de carbón, 7; de plomo, 1; de tiza, 5; de hulla, 1; de asfalto, 1; de azufre, 1 y de litosfito, 1.

Después de los minerales, las maderas preciosas ocupan lugar preferente en Honduras. A más de las que ya dijimos al principio, hay palo-rosa, palo-amarillo, brasil, campeche, copaiba, ipecacuana, algodón y muchas otras, frutales, medicinales, etc.

Según el censo de 1901, la población hondureña llega a 543.741 almas. Las costumbres son sencillas. Sobre la base de una democracia bien entendida, el mérito individual sabe reconocerse, y personas modestas llegan a ocupar altas posiciones.

La instrucción pública toma incremento de año en año. En las universidades de Tegucigalpa y Comayagua cursa sus estudios de medicina, leyes y ciencias, un gran número de alumnos. Existen escuelas normales para ambos sexos, y colegios de segunda enseñanza con matrículas de más de 1.500 jóvenes. El país cuenta, además, con 665 escuelas, a las cuales asisten cerca de 26.000 niños. Entre los hombres que más se distinguen en este importante ramo, como eminentes pedagogos, debo recordar a los licenciados D. Rómulo E. Durán, D. Federico G. Uclés, don Leandro Valladares, D. Marcos López Ponce, y otros importantes jurisconsultos. En la facultad de medicina, a los doctores, D. Genaro Muñoz Hernández, D. Diego Robles, D. Samuel Láinez. En la facultad de ciencias, al licenciado don Manuel A. Reina, al Dr. D. Ceras Bonilla, al ingeniero D. Héctor Medina.

Con motivo de la inauguración de la Universidad Central de la República, y en el mismo acto, dijo en brillante oración el prestigioso D. Adolfo Zúñiga, y al tomar posesión del Rectorado, estas palabras que cita en una monografía el distinguido chileno Sr. Poirier:

«Fecha inmortal será ésta, 26 de Febrero de 1882, en los fastos de nuestra civilización. La inauguración de la Universidad Central de la República, bajo una ley de progreso, de libertad e independencia, y con todos los elementos necesarios para el desarrollo y cultivo de las ciencias en sus más grandes ramificaciones, es un suceso tan notable y trascendental en la vida íntima del país, y en sus relaciones con el mundo culto, que apenas debería encarecerse, pero cuyas lejanas como seguras y beneficiosas consecuencias escapan a la más sagaz penetración.

»La necesidad de la reforma en los estudios universitarios, ha sido generalmente sentida en nuestra América. Las universidades, las academias, los colegios y liceos, y aun las escuelas elementales, no son hoy lo que eran al proclamarse la independencia. La idea democrática no ha podido menos de influir poderosamente en el orden científico y artístico.

»Secularizar la enseñanza, como secularizar el Estado, ha sido una de las grandes miras de la revolución que, a través de las más recias tempestades y de las resistencias y oposiciones seculares, va llenando su misión progresiva y civilizadora en las jóvenes repúblicas del Nuevo Mundo...

»Nuestras universidades coloniales señalaron sin duda, y a pesar de todo, cierto progreso científico. Yo recuerdo y no puedo menos de citar con respeto el nombre del Sr. Quintanilla, tercer Obispo de Honduras, que estableció una clase de latinidad: enseñar el idioma en que Cicerón, el varón más literario que ha archivado la memoria humana, pronunció sus grandes oraciones y cultivó la más alta filosofía; en que Séneca y Epicteto divulgaron la moral más pura y fijaron la ley de la recta razón; en que Tácito imprimió el hierro candente de la historia sobre la carne viva de todos los tiranos, y en que el divino mantuano tradujo los ecos de los cielos, como para hacer de la tierra un idilio o una égloga. ¿No señalará esto un arranque de inteligencia, un grande paso hacia el progreso literario y científico, en el año de 1588, en Comayagua? Yo no tengo más que respeto y simpatías para el Obispo Vargas y Abarca, que fundó el colegio tridentino; ese colegio, a pesar de las nebulosidades teológicas, debe haber despertado alguna inteligencia, derramado alguna luz; hecho vislumbrar alguna verdad, y ofrecido campo y estímulos a la juventud. Y mi respeto y simpatías suben de punto por el obispo progresista, y que debe haber sido hombre de considerable ilustración, D. Antonio Guadalupe, que fundó en 1874 una clase de filosofía. Esta sola palabra fué, a no dudarlo, una resplandeciente aurora en la profunda noche colonial.»

Estos párrafos del discurso memorable del gran orador, muestran con brillo el concepto que se tiene en Honduras, desde sus primeros tiempos, de la ilustración y de su trascendente significado ante el porvenir.


COSTA RICA