Ni aunque me dijesen que era Pasos Largos, ya ve usted.
Pic.
¿Y si fuera tan miserable que hubiese jugado con su amor de usted?...
Flora
¡Oh, eso no es posible!... (Sonriendo.) ¡Pero si no vive más que para mí!... ¡Si no ve más que por mis ojos!... ¿Lo sabré yo?
Pic.
Bueno, pero si a pesar de todo a usted le probaran que ese hombre había jugado vilmente con su corazón, ¿qué haría?
Flora
¡Oh, entonces mataríale, mataríale, sí, lo juro!
Pic.
Pues bien, Florita, lo que va usted a oir es muy cruel, pero hace falta que yo lo diga y que usted lo sepa. Galán no es digno del amor de usted.
Flora
(Aterrada.) ¡Picavea!
Pic.
¡Galán es un miserable!
Flora
¡Jesús! ¿Pero qué está usted diciendo? ¡Miente usted! ¡El despecho, la envidia, los celos, le hacen hablar así!...
Pic.
¡No, no; es un bandido, porque yo le confié el amor que usted me inspiraba y se me adelantó como un miserable!
Flora
¡Pero eso no puede ser! ¡Sería horrible!
Pic.
Además, ese hombre es un criminal que no merece su cariño, porque sépalo de una vez... ¡Ese hombre tiene cuatro hijos con otra mujer!
Flora
(Aterrada, enloquecida.) ¡¡Ah!!... ¡¡Oh!!... ¡Cuatro hijos!... ¡Falso, eso es falso! ¡Pruebas, pruebas!
Pic.
Sí, lo probaré. Traeré los cuatro hijos si hace falta. Esa mujer se llama Segunda Martínez.
Flora
¡¡Oh, cuatro hijos de Segunda!!
Pic.
Vive en Madrid, Jacometrezo, 92. Galán es un canalla. Yo lo sostengo. (Picavea hace señas con la mano para que salga Galán.)
DICHOS, DON GONZALO. Después GALÁN, TORRIJA, GUILOYA y MANCHÓN. Luego DON MARCELINO.
Don Gonzalo sale cautelosamente y cae de un modo fiero y terrible sobre Picavea, cogiéndole por el pescuezo.
Gonz.
¡Ah, granuja! ¡Te has vendido!
Pic.
(Trémulo de horror.) ¡¡Don Gonzalo!!
Flora
¡Por Dios, Gonzalo! ¡No le mates!
Gonz.
Lo que sospechábamos... ¿Lo ves? ¿Lo estás viendo?
Pic.
Pero don Gonzalo, por Dios, que yo...
Gonz.
¡Silencio o te ahogo, miserable!
Flora
¡Ay, Gonzalo, cálmate!
Gonz.
¡Quieres con tus calumnias destrozar la felicidad de dos almas, pero no te vale, reptil! Te hemos descubierto el juego.
Pic.
¡Don Gonzalo, que yo no he dicho... que no era eso!... ¡Ay, que me ahoga!
Gonz.
¡Baja la voz, canalla, y escúchame! No mereces honores de caballero, pero yo no puedo prescindir de mi noble condición. Mañana te mataré en duelo.
Flora
¡Ay, no, Gonzalo!
Pic.
No, don Gonzalo, eso sí que no... en duelo no, que yo soy inocente.
Gonz.
Te mataré como un perro; y ahora a la calle, en silencio, sin escándalo, sin ruido... que no se entere nadie... (Se lo lleva hacia la izquierda.)
Pic.
¡Pero don Gonzalo!
Gonz.
(Dándole un puntapié.) ¡Largo de aquí, calumniador!...
Pic.
¡Pero atiéndame usted!
Gonz.
¡A la calle!... Ni una palabra más.
(Picavea vase despavorido primera izquierda.)
Num.
(Saliendo aterrado.) Pero don Gonzalo, ¿qué es esto? ¿Qué pasa? (Le siguen Torrija, Guiloya y Manchón.) ¡Está usted lívido!
Flora
¡Ay, Nume, Nume!... (Se acerca a él.)
Marc.
(Saliendo.) ¿Qué sucede? ¿Qué ha ocurrido?
Gonz.
Nada, nada, que voy a matar a un calumniador, nada más. Ya lo explicaré todo. Ahora basta que diga delante de todos que mi hermana es para usted. Esto nadie tendrá poder para impedirlo. Y ahora, como desagravio, un abrazo, Galán, un fuerte y fraternal abrazo.
Num.
¡Don Gonzalo!... (Cae desfallecido en sus brazos.)
Gonz.
(Mirándole.) ¿Pero qué es esto? ¡Esa inercia!... ¡Esa palidez!... (Sacudiéndole.) ¡Galán!... ¡Galán!... ¡Se ha desvanecido!
Flora
Nume, Nume... ¡Ay, que no me oye!... (Sacudiéndole.) Nume, escucha... Nume, mira...
Gonz.
¿Pero qué será esto?
Marc.
La emoción, la sorpresa, el disgusto quizá... Hacedle aire...
Flora
¡Llevémosle a la cama!...
Num.
(Recobrándose súbitamente.) No. Nada, nada... ya se me pasa; no es nada. El sombrero, el bastón... Esto se me pasa a mí corriendo... vamos, a escape, quiero decir... El sombrero, el bastón.
Gonz.
De ninguna manera. Usted no sale de esta casa. Va usted a tomar un poco de éter. A mi cuarto, a mi cuarto. Y por Dios, señores... Confío en su discreción. Ni una palabra de todo esto... Silencio, silencio... (Don Gonzalo y Florita se llevan a Galán por la izquierda.)
Marc.
(A los guasones que quedan aterrados.) ¡Picavea ha subido al cielo!
(Telón.)
FIN DEL ACTO SEGUNDO