Puerta Bonaita.

Desde este punto los baluartes antiguos toman dirección hacia Generalife, cuyos azuores no se terminaron, y otra al Nordeste, recinto de Don Gonzalo, que fué la más moderna muralla extendida hasta la torre del Aceituno, punto avanzado sobre el valle Mardanix que descendía por las Alcudias de Ainadamar y Aben Saad hasta la Puerta de Elvira. Por el Mediodía y Poniente sólo había un recinto murado que pasaba por medio de los barrios más poblados hoy de Granada, como se indica en el plano moderno de esta ciudad[160] y dividido en tres grandes departamentos: el de la Antequeruela, villa de los Judíos, y el del Centro y parte llana. Hubo proyecto y hasta se hicieron puertas en el último recinto que partía desde las Vistillas por la Loma de Abahul hasta Generalife, cuya cerca debía estar próxima á una mina que hay en dirección del Campo de los Mártires por el callejón del Caedero. Los muros todos medían por lo menos una extensión de 2.200 metros, flanqueados de robustas torres en número de 1.030, y 28 puertas principales de las que sólo quedan muy pocas; sus alturas variaban desde 5 á 9 metros, con el espesor desde 1,20 á 1,85. Las puertas, comenzando por la de Elvira, se nombraban en tiempos árabes y cristianos de esta manera[161]:

La de Elvira, (Elveira Illiberis) al final de la calle de este nombre porque por ella se tomaba el camino de esta antigua población, que debía hallarse á dos leguas de Granada entre Atarfe y Pinos.

Boquete de Darro (puerta de Batrabayon, según Nebrija), estaba en el sitio que hoy se llama Boquerón y que era su verdadero nombre.

De Oneider, de la Erilla, ó de Bibalunata, frente á la calle de San Jerónimo, cerca del altar mayor de la Colegiata.

Bib Almazán, que estaba junto á la Pescadería, aunque su verdadero nombre era de Bibamazda, puerta del Circo donde se hacen juegos, y de la Conversación.

La de Bibarrambla, en la plaza del mismo nombre; después de las Orejas y del Arenal, medio destruída el año 1873.

La Puerta Real, que existía en el siglo pasado, donde colgaron la cabeza de Aben Abó metida en una jaula, último caudillo de la rebelión morisca. Podía ser esta también la del Rastro.

La de Bibataubín ó de los Ladrilleros, cerca del teatro del Campillo, la cual existía todavía en 1808.

Puerta del pescado, Bib-Lacha y también Bib-Mitre y Bebeltee. Creemos que antes de ésta había otra, cerca de la torre del palacio de los Anxares (Cuarto Real).

Puerta de Néched (de la Altura), en las Vistillas.

Bibalfajarin ó puerta de los Alfareros, en el Realejo ó placeta de los Caños.

Bib-Mauror, según Aben Alhamar, y también puerta del Sol, para entrar á la villa de los Judíos y barrio de la Antequeruela.

Puerta de las Granadas, antes Bib-Lauxar.

Puerta de los Panderos, en la Carrera de Darro, ó Bib-Adi-faf, cerca del convento de Zafra, frente á la torre del Almací.

Puerta de Guadix baja, entrada á Albaida, al tomar la cuesta del Chapiz.

Bib-Xomais ó del Solecito, de Guadix alta, llamada por Pedraza, Puerta del Sol, en el camino del Monte Santo, según Alasar[162].

Puerta de Fajalauza ó del collado de los Almendros.

Puerta del Albaicín y de San Lorenzo, que daba paso hacia el otero de Ainadamar, donde está la Cartuja y el mirador de Orlando.

Puerta de la Alacaba ó de la Cuesta; se halla en un dibujo grabado al final del siglo XVI, en el libro «De Bello Granatense», de Lucio Marineo Sículo, el cual representa la ciudad por el lado del Triunfo, y dos puertas en su fortificación entre la Merced y San Ildefonso; se ve en él también una fortificación antigua que ocupaba el actual convento de Capuchinos.

Puerta del León, Bib-Leit, Elezed, cuyos muros se observan en el Zenete.

Bib-Alhazarin ó puerta de los Estereros, según Nebrija, cerca de San José y San Gregorio.

Bib-Adan, puerta del Osario, salida á un cementerio árabe.

Bib-Albonut, de los Estandartes, cerca de las Tomasas.

Bib-Beiz, puerta del Trabajo, según Mármol detrás de la iglesia del Salvador, hacia la calle del Moral y al final del callejón de San Nicolás.

Bib-Siyada, puerta de la Señoría.

Resultan veinticinco puertas cuya memoria ó testimonio se conserva, y además hay las de la Alhambra y Generalife que eran seis, cinco en la primera y una en el último. Estas son: una que había en el Carril donde hoy se halla la moderna que da entrada á los carruajes, y acaso se llamaba de Yacub, citada por Aljatib, sobre cuyos muros estuvo por largo tiempo expuesto el cadáver del príncipe Don Pedro; la del Generalife, que según una pintura del siglo XV estaba cerca de Fuente Peña, la de Algodor ó de los Pozos, sobre el camino de la Sabica por donde salió Boabdil y además las citadas de la Alhambra.

Incluían las referidas murallas, en comunicación por medio de las mencionadas puertas, muchos barrios y cudiat (alcudias) (oteros): El del Albaicín, por fuera de la más antigua alcazaba, el cual no era de origen árabe pues se remontaba á tiempos más antiguos; había fabricantes de paños entre sus moradores y muchos cristianos desde el tiempo de la conquista; el arrabal Blanco, hoy poblado de nopales y cuevas, ó barrio de Albaida, siempre habitado por gente pobre, y muchos judíos en tiempo de la dinastía granadina; el barrio de la Cauracha cubierto de preciosas casas de recreo, hasta San Juan de los Reyes, su antigua aljama ó mezquita de Teibin (Mármol), más abajo el de Hajariz encomiado por los poetas árabes, alrededor de la calle de San Juan y de la Victoria, con suntuosos edificios cuyos restos aún pueden descubrirse; los barrios de la Churra, Gomeres, Mauror, los Gelices en la Alcaicería, de los Judíos, de Cuchilleros, de Hatabín, en la plaza Nueva, del Zenete, tribu africana venida antes de los Nazaritas, los de Badis y de los Morabitos hacia San José y la Lona, y por último[163], los de Haxbin Laxarea y otros no conocidos todavía. Para estos barrios había tres cementerios, dos ya citados y uno muy extenso nombrado de Salh ben Malic, en el Triunfo y Plaza de Toros[164].

Muchos eran los oteros y lugares predilectos de la población é imposible el referirlos. Contamos los más afamados, que son: el de Ainadamar, el de Aben Mordanix con cármenes y almunias suntuosas, donde el guerrero de este nombre aposentó sus tropas para socorrer á su suegro Aben Humush; el de los Anxares, el Jardín de la Reina, pasado el Puente de Genil, el Alcázar Said, de Abaul, Alixares, etc., etc.[165].

La última cerca que alcanza hasta la ermita de San Miguel la costeó Don Gonzalo Stúñiga, obispo de Jaén, por el año 1425, cuando fué hecho prisionero por los habitantes de esta comarca y pidieron por su rescate, que costease esta línea amurallada, para de este modo no volver á ser molestados por las correrías que los cristianos hacían en los alrededores de Granada.

Al lado de la puerta Bibataubín se hallaba un Fuerte árabe cuyos restos se ven todavía detrás del cuartel de la Carrera, el cual formaba parte de aquella alcazaba. Se atribuye su construcción á Mohamad Aben Alhamar, y á mediados del siglo pasado se cedió por el Real Patrimonio al Ayuntamiento para cuartel de caballería, en cuyo tiempo se hizo la obra que hoy se nota en la fachada, de tan mal gusto y caprichoso estilo, con columnas salomónicas.

El Torreón ó cubo que hay en el ángulo es una construcción como la de los Siete Suelos con robustas almenas, y en todo él se cree hizo el primer Capitán general de Granada algunas restauraciones y fosos con baterías para cañones. Esta Puerta de Ataubín se llamaba también de los Ermitaños, y la explanada se denominaba La Rondilla, lugar frecuentado por gente picaresca, juglares y aventureros, hasta que por último se hizo odioso, porque en él se quemaron y empalaron á algunos, víctimas de las discordias religiosas y guerras civiles.


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MONUMENTOS

DE

SEGUNDO ORDEN

Generalife: Antiguamente existía la comunicación directa entre la Alhambra y este palacio, por la Puerta de Hierro y una senda angostosa que hay enfrente, abierta entre líneas de rojos murallones que se hicieron para sostener el terreno inclinado. Una puerta árabe primorosamente labrada de jáiras y alicatados, hoy en desuso, que se halla en el jardín bajo de este sitio de recreo, da paso, subiendo una estrecha escalera, al vestíbulo del dilatado patio que precede á las escasas habitaciones que conserva de los tiempos agarenos.

Se dijo que el Generalife fué mandado construir por el príncipe Omar, cuya vida, sabido es, fué un puro deleite. Así lo hemos creído hasta muy recientemente que se ha presentado un berberisco con documentos árabes bastante comprobados, en los que aparece que esta casa había sido construída por un cautivo, al cual se la arrebató el Sultán traidoramente para su recreo y esparcimiento. La fundación será, pues, del tiempo de los Zeiritas, á juzgar por estos antecedentes.

La palabra Generalife ha sido interpretada como Casa de placer ó de recreo, Jardín de la Alegría y Huerta del Zambrero, por los festines que en este sitio se celebraron[166]. La naturaleza domina en él y el arte en la Alhambra, ha dicho Washington Irving, y esto es tan verdad, que aunque se hallan á cada paso vestigios del arte mahometano, el que lo visita se inclina con preferencia á mirar desde sus corredores ó pasillos el hermosísimo panorama que ofrece la Alhambra en su conjunto, contemplada casi á vista de pájaro. La puesta del sol en los días de invierno, cuando el horizonte se cubre de trasparentes púrpuras, hace encantador este sitio, desde el cual se divisan tres términos panorámicos, igualmente sublimes: la Alhambra y su recinto en primer término, la población con sus huertos y torres en segundo, y en el fondo la vega almenada de remotas montañas bañadas de tornasoles.

Aparte de su deliciosa situación y de los jardines cuidadosamente asistidos, es deplorable que continúen cubiertos de cal los preciosos arabescos de la galería y pórticos, y que no se haya hecho más que una ligera restauración en la espaciosa antesala cuya estructura es tan hermosa y elegante. El antiguo mihráb, hoy capilla, el pórtico de cinco arcos de gusto decadente, la galería citada, la tarbea del centro y algunos esparcidos detalles de las torres y pasadizos, dan completa idea de un monumento donde la minuciosidad destruyó la grandeza, y en el que prolijos y delicados adornos entretienen la monotonía de un claustro rebajado y poco esbelto, semejante á los de las construcciones subterráneas de los panteones siriacos.

Frente al eje central de todo el edificio por donde corren aguas abundantes, y pasados el pórtico, el vestíbulo y nave trasversal, hay una preciosa torrecita algo modificada en su carácter, desde la cual á derecha é izquierda se entra en dos salas sencillas, adornadas con numerosos retratos más ó menos interesantes y en su mayor parte copias.

En una se hallan los de Aben Hud Almotuakel, rival de Alhamar I, y tronco de una estirpe de donde descienden todos los demás personajes que aquí se representan. El de Aben Celim, infante de Almería; el de Cid Hiaya, nieto de Jusef, bautizado en Santa Fé por los Reyes Católicos con el nombre de Don Pedro de Granada; el de su hijo Don Alonso I y su esposa Doña Juana Mendoza; el del hijo de éstos, Don Pedro II; el primogénito de éste Don Alonso II, el descendiente Don Pedro III, y el de Doña Catalina de Granada que casó con Don Esteban de Lomelín.

Claustro de Generalife.

En la otra sala están los retratos de los Reyes Católicos, los de Doña Juana y Don Felipe el Hermoso; los de Felipe II é Isabel de Portugal, esposa de Carlos V; los de Felipe III, Felipe IV, mujer de éste, y el de una dama; el del Gran Capitán, aunque en nada parecido á los que conocemos de este personaje; y cuadros de armas, de carabelas y cartas genealógicas. Repasando por las habitaciones moriscas, debemos ocuparnos de algunas de sus inscripciones, no haciéndolo de todas, porque muchas son motes y salutaciones piadosas que hemos hallado en la Alhambra.

En un friso de la entrada junto al techo de la galería, hay en caracteres africanos una sura del Korán, la 48 desde el vers. 1.º hasta el 10.

En la faja ó recuadro de los arcos, una poesía en metro kamil que dice así:

«Este es un alcázar de incomparable hermosura en que resplandece la grandeza del Sultán».

«Gratas aparecen sus excelencias, brillan sus flores y derraman las nubes de la liberalidad su lluvia».

«En sus costados bordaron los dedos de los artífices dibujos semejantes á las flores del jardín».

«Su estrado se parece á la esposa que se presenta ante la nupcial comitiva con su belleza tentadora».

«Suficiente nobleza de alto precio tiene, si le prodiga sus cuidados el clemente kalifa».

«El mejor de los reyes, Abul Walid, el temeroso de Dios, de lo más selecto de los reyes de Cahtan[167]».

«El que siguió las huellas de sus puros abuelos, los Ansares[168], lo mejor de la estirpe de Aduan».

«Correspóndele (á este alcázar) de parte del kalifa una preferente atención, por cuyo influjo se renovaron las bellezas de sus artificios y construcciones[169]».

«En el año de la victoria de la religión, y del triunfo que ha sido en verdad una maravilla de la fé[170]

«Jamás deje de permanecer en perpetua ventura entre la luz de la recta senda y la sombra de la fe».

La planta del patio largo es puramente de la época primera que se descubre en Córdoba, Sevilla y Toledo. Así, pues, la suposición de que Omar Al-lahmi construyera á Generalife, debe estar fundada en que hizo alguna reconstrucción como la que se cita.

Luego hay otras inscripciones alkoránicas (sura 2.ª, vers. 256) y algunos vestigios de un poema que cita Echevarría; pero hoy están tan mutiladas, que no se han podido traducir con verdad.

Subamos al patio de los Cipreses, donde nada hay artístico, pero se halla en él aquel famoso ciprés de la sultana calumniada por los caballeros rivales de los Abencerrajes, trágicos amores de Aben-Amet, el cual, dícese, fué sorprendido por el rey cuando se hallaba en libianos amoríos, según hemos referido en otro lugar.

Más arriba se vuelven á ver jardines y una preciosa bóveda de laurel, hasta llegar á las glorietas llamadas el camino de las Cascadas, todo lo cual hallamos casi en la misma forma que nos describió Mármol en el siglo XVI.

Después hay un mirador moderno, de mal gusto, pero de vistas excelentes[171].

Silla del moro, darlarosa, los alixares y contornos.—Saliendo por el sitio más alto de Generalife se ve primero el acueducto que surte la Alhambra con las saludables aguas del río Darro. La altura que alcanzan éstas, tomadas del río á poco más de legua y media de distancia, demuestra la inclinación que tiene el lecho de aquél en tan poco trecho. Más altos, en la misma montaña, hay indicios de haber existido otro acueducto que surtía por medio de norias los palacios de los Alixares, Darlarosa y otros.

Del lado de las tapias de Generalife se hallan restos de murallas, cimientos, albercas y aljibes, donde aún se conservan los nombres de Peinador de las Damas, Palacio de la Novia, Albercón del Negro, etc.

Subiendo al cerro á cuyo pie están construídos estos notables vestigios, se ven los cimientos de un fuerte llamado hoy La Silla del Moro. Á alguna distancia, siguiendo la cumbre, se encuentran muros de baluartes y torres con un profundo pozo construído de arcos de ladrillo, por cuyo fondo se hacía pasar el agua de la acequía ya citada, y más alla está el Aljibe de la Lluvia, que es una buena construcción hecha para recoger las aguas de las vertientes, donde se hallan restos de estanques y edificios, con azulejos y mármoles esparcidos en la tierra.

Toda esta montaña tenía el nombre de Cerro de Santa Elena hasta el barranco de las Tinajas, donde en tiempo de los árabes se construían alcatruces ó tubos de arcilla cocida, de los que se han conservado muchos todavía en nuestro tiempo. Al lado de un albercón y cerca de la noria de 160 pies de profundidad, situada en lo alto de la montaña, es donde suponen los cronistas la existencia de un palacio árabe, con jardines suntuosos y preciosas estancias. No hay datos positivos para asegurar ni para negar este supuesto, que ha llegado hasta nosotros por tradiciones más ó ménos verosímiles de los últimos momentos de la dominación agarena; sin embargo, no dudamos que existía en este sitio, entre la Silla del Moro y el Aljibe de la Lluvia, el Palacio de Darlarosa. Hemos seguido, acompañados de nuestro ilustrado amigo el Sr. Eguilaz y de otras personas dignas de crédito, un sendero que sirve de división ó término de un trazado á la espalda de la Silla del Moro, en la dirección de la Noria, y hemos visto copas ó macetas para flores, tejas y ladrillos de fabricación morisca que no pudieron traerse á este elevado paraje sino para adornar un sitio de recreo. Llegamos, subiendo ligeramente, á un estanque de cuarenta y cuatro pasos de largo y nueve de ancho, con unas cuatro varas de profundidad y muros de siete pies de grueso. Uno de los cuatro lados está derruído y sus fragmentos han servido para construir otros cimientos que se cruzan con los antiguos. Algunas ligeras excavaciones nos han descubierto otros pedazos de muros quebrantados, un conducto de agua y millares de ladrillos, algunos de ellos esmaltados por sus aristas. No dudamos, pues, de la existencia del Palacio de Darlarosa y del cultivo de todas estas montañas, pero al mismo tiempo estamos persuadidos de que en la conquista debía hallarse casi abandonado y tan ruinoso que no llamara la atención de los conquistadores.

En tiempo de las rebeliones de los moriscos, los soldados de Don Juan de Austria se albergaron en las ruínas citadas para aguardar á los rebeldes, y más de una vez fueron éstas testigos de horribles algaradas.

Los Alixares.—No queremos dejar de referir aquí lo que se ha escrito sobre el Palacio de los Alixares. Mármol, Pedraza, Navajero, Marineo Sículo, Martínez de la Rosa, Alcántara, etc., dan por seguro que había un palacio de este nombre en la cumbre del cerro. Si así fué ó no, este palacio lo han confundido con la fortaleza que hay hoy arruinada, y que se demolió para quitar este albergue á nuevos y por entonces temidos levantamientos de moriscos. Si nos viésemos obligados á situarlo, lo haríamos á la falda del Sur, cerca del cementerio, donde hay estanques que no se sabe si eran los de la fortaleza citada, ó los del alcázar muy afamado en aquellos tiempos, de los Alixares, que daba vista al Genil y al Darro, á la Alhambra y Generalife á un mismo tiempo.

De cualquier modo, aquellos historiadores se referían á lo que había existido, no á lo que ellos vieron. Los romanceros posteriores escriben que Don Juan de Castilla preguntaba en la Vega á un cautivo:

—¿Qué castillos son aquellos
Altos son y relucían?
—El Alhambra era, Señor,
y la otra la Mezquita;
los otros los alixares,
labrados á maravilla.

Navajero y Mármol dicen: que á la espalda de este cerro del Sol y á la derecha de la Alhambra, se miraban sobre otra altura los Alixares[172], dando vista á las frondosas riberas del Genil y á la amenísima vega. Esta descripción es defectuosa, porque la derecha de la Alhambra no es lo mismo que la espalda del cerro del Sol, pero ambos historiadores ofrecen la seguridad de aproximada exactitud en lo que refieren, y nosotros, acompañados por una comisión de la de Monumentos de la provincia, pasamos á buscar los restos de que tanto se ha hablado. Seguimos la dirección de la cumbre de la montaña hacia el Aljibe de la Lluvia, y por lo que descubrimos, sostendriamos que este era el sitio de los palacios de Dar-Alarusa ó Darlarosa, y que los Alixares debían hallarse en otro lugar. Con efecto, descendimos otra vez hacia donde hoy se halla el cementerio, y á su derecha, vueltos hacia la Sierra Nevada, subimos á una pequeña altura ó punto avanzado sobre el valle del Genil, desde donde se descubren hermosas vistas del lado también de Sierra Elvira, lo cual concuerda con el texto de la historia de las guerras granadinas, y con el pasaje referente á la belleza de las cúpulas de los Alixares, que se descubrían desde la citada Sierra.

Al construir el cementerio se deshizo un acueducto de atanores de piedra, que hemos visto, y que á manera de sifón conducía el agua desde una grande alberca que hay en el cerro opuesto, hasta el estanque de los Alixares cuyos restos se ven todavía. Nosotros hemos hallado pedazos de mosáicos y de mármoles.

Se ven muy bien montones irregulares de tierra de los hundimientos de los muros, cimientos y piedras colosales para sostener el terreno por el lado de la vertiente del río, cuyas piedras allí llevadas desde mucha antigüedad, habrán dado origen al nombre de Alhichar que tenía el palacio. Hemos visto también en un manuscrito, á propósito del reparto de los capitanes que se alojaban en las torres y castillos de la Alhambra, y con motivo de acuartelamientos, que un tal Don Álvaro López vivía en los Alixares con diez guardias lanceros, de los doscientos que en muchas ocasiones se asignaron á la defensa del real sitio.

Sabemos también que toda la falda del cerro donde se encuentran estas ruínas, extendiéndose hasta la cerca de Casa Gallinas[173], se titula en las escrituras de las fincas rurales la Dehesa de los Alixares, que es un testimonio más de la existencia de monumento tan notable, que un romance morisco describe así:

En los castillos dorados
de los ricos Alixares,
crecerán las yerbecillas,
y se anidarán las aves
en las pintadas labores
de sus paredes de encaje.

Una tradición nos cuenta que por todos estos cerros se ocupaban más de cuatrocientos esclavos, la mayor parte cautivos, en lavar las arenas de sus arroyos, para buscar el oro que se halla en diminutos granos esparcido por la tierra. Estos esclavos del monarca producían cada uno el valor de cinco reales diarios, y se dice que los adornos dorados de los palacios, son todavía aquel purísimo oro que se extraía del río, y el cual va al lecho arrastrado por los aluviones que vienen de las montañas.

Campo de los Mártires.Puerta del Sol.Abulnest.—El campo de los Mártires es uno de los sitios mas pintorescos de esta ciudad. En tiempo de los árabes esta cumbre se llamaba Campo de Abahul, en el que había grandes subterráneos, especie de silos, donde según la usanza africana y de muchos pueblos orientales, se encerraban los granos excedentes del consumo, en los años de grandes cosechas. En nuestro tiempo hemos visto llenar de escombros estos anchurosos silos.

Aben Comixa, alcaide de la Alhambra, entregó en este campo la llave de la puerta de los Siete Suelos, que era entonces la principal de este real sitio, á los primeros caballeros que vinieron á tremolar el estandarte cristiano en las torres de la Alcazaba. Aquí, pues, terminaba el camino que los condujo desde la ermita de San Sebastián hasta la Alhambra, donde penetraron sin que se apercibieran los habitantes de la ciudad; pero falta saber si fué por la cuesta llamada de Peña Partida por donde pasaba el camino, pues hemos visto en un legajo del archivo de la Casa Real un acta formada con motivo de haberse mandado derribar la Gran Mezquita de los Reyes, que dice vinieron los conquistadores hasta la Puerta de los Siete Suelos por un camino que pasaba cerca del lugar donde se construyó el convento de Carmelitas, y hoy se encuentra la casa de Don Carlos Calderón.

La barriada que hay por bajo de este campo se hallaba en tiempo de los árabes habitada por los judíos y los cristianos. La iglesia de San Cecilio que hay en ella fué conservada durante la dominación mahometana y se reedificó después. La plaza, delante de esta iglesia, se llama Campo del Príncipe, por la muerte del infante Don Juan á consecuencia de una caída de caballo que sufrió en este sitio. Lleva hoy una gran parte de este barrio el nombre de Antequeruela, porque á él se vinieron á morar los vencidos de Antequera en 1410.

La Puerta del Sol.—Se hallaba al extremo de la calle de los alamillos, cerca de las Torres Bermejas, y abierta en la muralla ó recinto que descendía hasta cerca de la Casa de los Tiros. Hoy no tiene este sitio importancia alguna monumental ni histórica, más que como límite entre la población árabe y judía. La Comisión de monumentos conserva un dibujo de lo que fué.

En el Campo del Príncipe, y en el lugar que hoy ocupa el Hospital de Santa Ana, había una casa árabe muy grande llamada de Abulnest, que se derrumbó, y que era una de las fortalezas principales.

Casa de los Tiros.—Esta era una de las fincas solariegas de arquitectura mudéjar, con el aspecto propio de las casas feudales, con abolengo del tiempo de los árabes y mero y mixto imperio, horca y cuchillo. La construcción está basada en un alcázar árabe cuya torre principal ha sido transformada completamente. En su interior hallamos techos formados de alfaques y casetones, en los cuales hay pintados retratos, y en otros, como sucede en el zaguán ancho y espacioso de la entrada, animales y figuras de fantasia al estilo gótico, raro en Granada. En el interior se encuentran capiteles mozárabes, cartelas ó zapatas bajo aleros agramilados del buen género arábigo, y aun bajo los enlucidos de yeso en las paredes no es raro encontrar estucadas comarraxias y azulejos de suma delicadeza.

Otras casas inmediatas participan mucho del mismo carácter, y aunque menos encastilladas, son dignas de estudiarse porque en ellas se ve la modificación del gusto artístico bajo la influencia del renacimiento, y con cuanta razón hemos dicho en otra parte que el arte mudéjar en Granada tuvo un carácter más próximo del greco-romano, que del gótico hallado en otros pueblos de España.

Cuarto Real.—Dijimos en otro lugar que desde el Castillo de Bibataubín partía un lienzo de muralla que llegaba hasta una torre cuadrada y alta, llamada desde el siglo XVI Cuarto Real, y más antiguamente de Nonsará. Esta debía ser parte de un palacio, porque hemos observado que todos los edificios más ó menos importantes, estaban construídos sobre las murallas ó fortificaciones, y pertenecían á las familias de los monarcas. Así, pues, era un aposento no destinado, como han dicho algunos respetables anticuarios, á la oración, sino habitado por ilustres familias, toda vez que las inscripciones hasta aquí halladas no contienen el nombre de ningún rey moro; de donde se deduce que el Cuarto Real era una casa-palacio de segundo orden, de la cual no se conserva hoy más que un pórtico de ingreso, una sala cuadrada grande como las mayores de la Alhambra, y dos alhamíes, por haberse destruído antes de 1556 la casa que falta, según lo demuestran las inscripciones que había en ella, publicadas por Iranzo. Las que se conservan en el recinto de esta torre son todas leyendas del Korán, suras 112, 48, 11, 2, vers. 1.º, 2.º, 3.º, 90, 10, 257 á 259, alternando, según el capricho del decorador, los caracteres cúficos y africanos.

Nada más bello en su género que los mosáicos de esta torre, y es lástima que no se hayan conservado íntegras como el resto del ornato, las repisas, cenefas y pavimentos. A juzgar por el carácter de la construcción, creemos que pertenezca al final del siglo XIII, pues que la forma del arco y de los almizates, al par que la confección de los mismos azulejos, corresponde al primer siglo de la época floreciente del arte musulmán, poco antes que alcanzara el esplendor y caprichosa desenvoltura del último siglo.

Los mirtos, laureles y antiguos embovedados de los jardines parecen del tiempo de los árabes, y dan una idea de su antigüedad contemplando los robustos troncos y la forma arabesca que se ha trasmitido en Granada, para la distribución de estos singulares sitios de recreo. En los alrededores de este monumento había muchas construcciones moriscas, que se destruyeron para hacer el Convento de Santo Domingo y su huerta.

Alcázar de Said.—Navajero dice: «que de la parte por donde viene el Genil, ya casi en la llanura... hay asimismo palacios y jardines medio arruinados que eran de dichos reyes moros, y aunque es poco lo que de ellos queda, el sitio es muy delicioso y también se ven allí todavía mirtos y naranjos... Más abajo, en lo llano, pasado el Puente de Genil y mucho más á la izquierda que los otros palacios, existe uno conservado en parte, con muy bella huerta y estanque que se llamaba el Jardín de la Reina, etc.»

Hemos estudiado con detención los restos de este alcázar de Said, como lo han titulado los modernos arabistas, y hecho lo posible por conservar los arabescos con el color y carácter que ha impreso un período de siete siglos sobre sus delicados detalles[174]; el pavimento es una de esas solerías que llaman los árabes almorrefas, y el espacio liso, hasta la primera faja de inscripción, estaba destinado para tapizados de tela ó cueros semejantes á los que ponían en la Alhambra, donde hemos hallado muy recientemente hierros en forma de alcayatas para sujetarlos.

Sección de la Torre de Said.

En tiempo de Mohamad I sirvió para alojar una larga temporada al infante Don Felipe, cuando huyendo de los sinsabores de la corte de Alfonso X, vino con otros caballeros á disfrutar las delicias de este pintoresco país, y la galante oferta del rey moro. La arquitectura parece más antigua que la de la Sala de Comareh, y pudiéramos asegurar que es del tiempo de los Almohades, aunque hoy contemplamos una parte muy pequeña de lo que existió.

A algunos pasos de distancia y frente á la puerta, se halla el muro de un hermoso estanque, citado en los romances moriscos por ser este el que podía remedarse á un mar artificial cubierto de embarcaciones donde en más de una ocasión hubo juegos navales, figurando el incendio de los galeones cristianos[175]. No hay vestigios en Granada de un lago artificial más extenso.

Planta de la Torre de Said.

En una casita de labranza que se ve á la cabecera de estos gruesos muros, hay bóvedas subterráneas y fundamentos de construcciones árabes, y según los títulos de posesión de toda la finca, pertenecía á la sultana Aixa, madre de Boabdil, y fué vendida á un rico judío de Granada pocos días antes de la rendición de la ciudad, cuyo judío la vendió á los antecesores de los actuales dueños.

Las inscripciones son cúficas y africanas y no ofrecen interés ninguno, excepto la que guarnece los nichos de la puerta, donde se cita confusamente á un monarca y la fecha de 1204.

Conserva esta sala hoy su carácter antiguo; los apilastrados de las veinte ventanas caladas están compuestos de finos y primorosos detalles; encima una ancha cornisa de boveditas sostiene el artesonado, compuesto de ensambladuras de madera; el cuerpo de la sala lo decora un ancho friso de dobles florones geométricos, y el bajo ostenta tres decoraciones de arcos, con fondo cubierto en dos de ellos, y ajimeces de paso para las alcobas.

El ilustrado dueño de esta finca ha querido que las casas para el labrador que hay al lado del cuarto árabe, tengan el carácter de la misma arquitectura, á lo menos en su exterior, y presentar así un conjunto simétrico de agradable perspectiva.

La cruz de hierro sobre una columna árabe que hay cerca del estanque, no tiene otro significado, que el haber querido conservar la que servía de veleta en la torre desde el tiempo de la conquista.

Puente de Genil.—Cuentan algunas tradiciones que este río había que vadearlo para entrar por este lado en la ciudad, y que el puente se hizo pocos años después de la conquista. Por la configuración y fábrica de los malecones, creemos que había un puente árabe en el mismo sitio donde se construyó el actual con los muchos restos de aquél. La forma romana de los arcos está hecha con materiales usados exclusivamente por los moros, y pudiera muy bien sospecharse que los fundamentos fueron de época más antigua, ó que los árabes imitaron perfectamente aquí las construcciones de aquellos remotos tiempos.

Puerta de las Orejas.Plaza de Bibarrambla.—Hoy ha quedado en uno de los ángulos de la plaza del mismo nombre, y se descubren en ella dos hermosas cartelas, sobre las que se arranca un elegante arco de herradura de grandes dimensiones. Tomó el nombre de Puerta de las Orejas, porque en 1621 se celebraban fiestas en honor de Felipe IV en Bibarrambla, y había un tablado orilla de dicha puerta árabe, el cual se hundió por el peso de la gente que lo ocupaba; en la confusión que produjo, robaron los rateros los ricos zarcillos de las damas que había en él, á tirones ó cortándoles las orejas.

La plaza que lleva este nombre, estaba en tiempo de los árabes más regularizada que hoy, pues contra la costumbre de aquellos pueblos, se hallaban decorados los cuatro frentes con armoniosas líneas de simétricos ajimeces sobre columnitas de mármol, y los claros que hoy se ven todavía, cerrados con grandes y bordadas celosías.

En 1501 dispuso la reina Isabel se derribaran todos los ajimeces que había en las casas granadinas, con el intento de quitar las celosías á las mujeres que se ocultaban tras de ellas.

La puerta citada fué medio destruída en 1873, más por instigación de algunos interesados, que por otras causas á que se atribuyen siempre estos hechos.

Puerta del Carbón.—Detrás de la casa actual del Ayuntamiento, y dando frente á la calle y puerta de la Alcaicería, se halla un edificio bastante extenso, de planta cuadrada, con una puerta que lleva este nombre, por haber sido después de la conquista el sitio destinado para la venta del carbón, y antes casa de comedias, á cuyo uso se consagró durante dos. siglos.

En el claro de entrada y en el zaguán que hay después del ingreso, quedan unos restos preciosos tallados en madera y yeso de la mejor época del arte; y penetrando en el patio, no vuelve ya á encontrarse más que la distribución en tres cuerpos de éste, con pilastras y cartelas como fuertes sostenes de la galería.

Ha habido dudas sobre el objeto que tuvo en su origen este edificio, y no creemos fundada la opinión de que se hiciera para casa de peregrinos, caravanserallo, caserna, etc., porque su construcción, más indica un lugar muy frecuentado por el público, que alojamiento de especial destino, como hospital, caballerizas, oficinas, etc., que escritores de nota han supuesto, sin fundamento plausible, hasta que se ha visto[176] que fué hecha para alhóndiga, y que como tal se llamaba Alhóndiga Gidida, es decir nueva, poco antes de la conquista, y después siguió en el mismo uso, según una real cédula de 14 de Octubre de 1494. Se sabe también que el puente que había frente de ella se llamaba Alcántara Gidida, y que hasta 1531 no principiaron á conocerse estos edificios con el nombre de Casa y Puente del Carbón.

Casa del Carbón.

No tienen interés histórico las inscripciones que hay en esta portada, ni las que se hallan en el pasadizo de entrada á uno y otro lado sobre elegantes arcos, ni tampoco entre las que han desaparecido se encuentra la que pudiera indicarnos la época de su construcción[177] limitándonos á decir que toda la obra de ornamentación es del último período granadino, aunque no exactamente igual, como supone un erudito escritor, á la de la casa de los Oidores. La puerta exterior es un hermoso arco de herradura, y el cuerpo de obra que hay encima no tiene toda la esbeltez que en otros sitios hemos podido admirar.

Almadriza.Alcaicería y contornos.—Almadriza era el edificio destinado por los árabes á Universidad, y ocupaba la casa que hay frente de la puerta de la Capilla Real, la cual ha servido para Municipio desde el año 1500 hasta el 1861.

Sabíamos por Pedraza y otros, que la puerta árabe era de mármol blanco, adovelada y con inscripciones interesantes; pero todo había desaparecido, hasta que por efecto de un reciente incendio se levantaron las losas del pavimento del patio y se encontró que muchas de ellas correspondían á la citada puerta principal, descrita exactamente por nuestros antepasados. Estas losas de mármol blanco fueron adquiridas por el Sr. Riaño, el que las conservó en su poder hasta que pasaron al de la Comisión de Monumentos.

Servía, pues, esta construcción para Academia Alkoránica, instituída por Abdallah Solimán Alcasem, donde se educaron muchos sabios, y entre ellos el Gasanida, que escribió el Collar de Perlas, según Cassiri.

Penetrando en esta casa, hoy convertida en fábrica de tejidos, se ven todavía hermosos artesonados moriscos de la primera época del arte granadino, tirantes caladas delicadamente dispuestas, almizates de raras combinaciones, y aunque no ocupara este monumento un local excesivamente grande, no dejaba de ser un palacio hecho con lujo é importancia, relativamente al escaso impulso que se daba en aquella época al estudio de las ciencias.

Son muchas las inscripciones que tenía y las que infaliblemente se descubrirán cuando se arruinen ó se levanten las gruesas capas de yeso que en sus paredes ocultan los arabescos y labrados moriscos.

Antigua Madriza.

Mármol cita esta inscripción de un escudo:

«Si tienes la dicha de mirar en lo interior de esta casa, labrada para habitación de las ciencias, para firmeza de la grandeza, y para lustre de los venideros siglos, verás que está fundada en dos prerogativas, que son la firmeza en la justicia, y la piedad; prerogativas que lograron los que se emplearon en ella, para la gloria de Dios. Si en tu espíritu hace asiento el deseo del estudio y de huir de las sombras de la ignorancia, hallarás en ella el hermoso árbol del honor. Hace el estudio brillar como estrellas á los grandes, y á los que no lo son los eleva con igual lucimiento. Con él puedes conseguir el camino de la luz cuando desengañado resuelvas huir de la oscuridad del mal. Si buscas la estrella de la razón, verás su claridad sin engaño, aun por entre las nubes de la duda. Pero reducido á la ciencia, para aprovechar en ella has de volver tu cara al bien obrar, y has de desechar toda inclinación al mal. No es el camino de la sabiduría para el que lo anda cargado de malvada codicia. Sigue, pues, este consejo, así hallarás el provecho cuando anciano, cuando mozo serás estimado y te buscarán las dignidades. Vuelve los ojos al cielo del pueblo y verás cuántas estrellas que tenían muy escasa luz, se hallan por este camino llenas de infinitos resplandores. Y si bien reparas, verás que unas de ellas hacen la corona y otras son las columnas de la casa del saber. Ellas alumbran los corazones, ellas guían al bien y nos son verdaderos amigos que nos aconsejan. Acepte Dios tanto bien instituído por Yusuf, estrella del más alto grado, brillante en la ciencia y en la ley».

No sabemos que pueda escribirse cosa más útil en los tiempos de civilización que alcanzamos, pues bien: ¡hemos llamado bárbara á la raza que trazó estas líneas hace seis ó siete siglos!

Como descriptiva del edificio principia otra leyenda.

«Advierte esta maravillosa entrada..... sus bruñidas piedras..... y su artificio singular..... etc.»

Y con efecto, todos los mármoles que hemos hallado están labrados primorosamente.

Se explicaba aquí Teología, Matemáticas, Retórica y Poética, Medicina, Jurisprudencia, Historia y Arte Militar.

Piedra Romana.—Hay una que se encontraba frente de esta casa y hoy está en el Museo Provincial, con una inscripción que dice en latín:

«El aficionado Cabildo del florido Municipio iliberitano puso á costa pública esta Memoria á la Majestad de Furia Sabina Tranquilina Augusta, mujer del emperador César Marco Antonio Gordiano Pío Félix Augusto.»

Fué hallada esta piedra á fines del siglo XVI, abriendo unos cimientos de una casa cerca del Aljibe del Rey, inmediato al convento de Santa Isabel la Real, que es el barrio considerado más antiguo de esta población; y la piedra corresponde á las canteras de la Sierra Elvira.

No lejos se encuentra un bazar de forma y aspecto árabe, cuya decoracion fué hecha en 1844 con motivo de un incendio ocurrido en el año anterior. La Alcaicería, dícese que significa casa del César, y según Mármol, es el sitio donde se almacenan las mercancías de la hacienda pública y de los particulares, según costumbre de los pueblos de Oriente y de los romanos en Africa; pero aquí era recinto cerrado para comerciantes ricos, como se ve en Fez, Marruecos y otras poblaciones musulmanas. Antes del citado incendio, esta Alcaicería conservaba todo su carácter antiguo, pues era un espacio más estrecho todavía que lo es hoy, con tiendas tan pequeñas que algunas no tenían hueco para el vendedor, el cual se situaba sobre el mostrador ó fuera de él. Hoy la decoracion árabe es demasiado simétrica para caracterizar este especial recinto.

El Zacatín ó calle de comerciantes, según Alcántara, participa en parte de ese aspecto de las ciudades africanas. La calle de Abenamar conduce á una plaza pequeña donde estaba el palacio de Aben-Hamar, caudillo de los moros del último siglo; desde ella se encuentra la calle de la Cárcel baja y convento del Angel, á cuyo frente hay una gran casa solariega perteneciente hoy á los poseedores de Generalife, y en la cual pueden hallarse curiosos fragmentos moriscos.

Para el aficionado á los recuerdos de la época árabe conviene citar antes de dejar estos sitios, el lugar donde estaba construída la Gran Mezquita ó Metropolitana de la corte mora, dícese de ella:

«En el sitio que ocupa hoy este templo (el Sagrario), estuvo la Gran Mezquita de los moros, labrada á mediados del siglo XIV, la cual se bendijo por los cristianos conquistadores. Era un edificio cuadrado, bajo de techos, compartido en cuatro naves sostenidas por cuatro órdenes de columnas de jaspe, de modo que cada dos de ellas tenía en su capitel el arranque de cuatro arcos. La techumbre formaba cúpulas ó medias naranjas primorosa y prolijamente labradas. Tenía tres puertas, una al Occidente (donde hoy la principal); otra al Mediodía, junto á lo que es hoy postigo de la Sacristía, y otra al Norte que corresponde al lado de la Catedral. El testero estaba detrás del altar mayor, donde se guardaba el Korán en un alhamí ó nicho con labores delicadísimas. En la puerta de esta mezquita, contigua á la de la Capilla Real, fué donde Hernán Pérez del Pulgar clavó con una daga el mote del Ave María, para lo cual salió de Alhama, se mantuvo oculto en las cercanías de Granada, entró de noche por el cauce del río Darro seguido de muy pocos caballeros, y burlando la vigilancia de los moros, plantó aquel emblema, con audacia y valentía».

Las hazañas de Pulgar han dejado una huella imperecedera en la fogosa imaginación de los cristianos andaluces. También las crónicas moriscas conservaban la memoria de otro héroe, Osmín, famoso por los desafíos con los cristianos, y sus hazañas se cuentan todavía por los descendientes de aquella ilustre raza, que fué á confundirse con las salvajes kabilas de la costa africana.

El Laurel de la Reina.—A una legua de Granada se encuentra la Zubia, pueblo pequeño, hermosamente situado y de los más curiosos y ricos de la vega. En tiempo de los árabes había en su lugar un espacioso bosque de laureles, de los cuales no se conserva hoy más que el que lleva el nombre de la Reina Isabel I.

Las leyendas fantásticas de nuestros poetas modernos, los cuentos de Irving, la novela del inspirado Fernández y González y las canciones y romances, dan acaso testimonios de la tradición que vamos á contar.

El 18 de Junio de 1491, Isabel I se esforzaba en contemplar lo más cerca posible las torres almenadas de blanco, los minaretes y jardines de la última ciudad morisca. Le acompañaba el Rey, sus hijos, sus damas, el marqués de Cádiz, Gonzalo de Córdova, el conde de Cabra, el de Ureña, el de Tendilla, el de Villena, Don Alonso de Aguilar, Don Alonso de Córdova y palafraneros, criados, soldados y lanzas; llegados al bosque de los laureles, vieron venir una tropa de jinetes árabes, al trote, reconociendo los puestos avanzados. Los caballeros cristianos quisieron salirles al encuentro, pero la Reina Isabel les mandó ocultarse en el bosque, y ella misma se escondió en el fondo del espeso ramaje del laurel que hoy se conserva. Durante el tiempo que estuvo oculta se encomendó la Reina al Santo del día, San Luis de Francia, invocándolo para que la salvase, por lo cual prometió erigir luego en aquel lugar un convento.

Los jinetes agarenos pasaron sin ver nada y pudo retirarse la Reina con toda seguridad; pero los caballeros cristianos, afanosos por ganar la gloria que consideraban perdida y por haberse visto forzados á ocultarse, prepararon una sorpresa á los moros cuando salían de noche á retirar los cadáveres que se hacían en los combates diarios, y con efecto, así lo cumplieron; pero en vez de salir victoriosos, fueron derrotados y perseguidos, después de dejarse muchos muertos en el campo. El mismo Gonzalo de Córdova estuvo á punto de caer en manos de los árabes. Todavía conserva en aquellas inmediaciones, el sitio de esta batalla, el nombre de Haza de la Muerte.

Isabel I fundó efectivamente el convento de San Francisco. Un relieve y un cuadro antiguo recuerdan también el suceso de la salvación de la Reina Católica, é Isabel II adquirió después el laurel y la huerta donde radica, como recuerdo del hecho que contamos.

Desde este punto se disfruta una espléndida vista de Granada.

Casa de la Moneda.—Era este un edificio grandioso que hemos conocido, y del cual se conservan restos de carácter enteramente clásico. Su portada[178] estaba compuesta de ladrillos agramilados, por el estilo de los de la Giralda; las esculturas que arrojaban agua en el estanque que había en el centro del patio, y se conservan en la mezquita de la Alhambra, son de aspecto é inspiración babilónica, y la hermosa inscripción de su fachada, dará bastante testimonio de la importancia de este monumento.

Se construyó el año 1376 para hospital de la población, y después de la conquista se destinó á azeca ó casa de acuñación de moneda, porque en los últimos tiempos de la dominación árabe estuvo dedicada á dicho objeto.