He aquí el texto de la inscripción citada:
«Loor á Dios. Mandó construir este hospital, amplia misericordia para los débiles enfermos musulmanes y útil proximidad (si Dios quiere) al Señor del Universo; y perpetúe su bondad publicándola elocuentemente con lengua clara, é haga pasar (la memoria) de su caridad á través del tiempo y á pesar del transcurso de los años, hasta que herede Dios la tierra y lo que sobre ella existe, pues es el mejor de los herederos; el Señor, el príncipe, el sultán valeroso, grande, ilustre, puro, vencedor, el más feliz de su estirpe, el que caminó impetuosamente por el sendero de Dios, Señor de las conquistas, de las caritativas obras y dilatado pecho, el amparado de los ángeles y del espíritu (divino), el defensor de la ley tradicional, asilo de religión, príncipe de los muslimes Algani bil-lah (el contento con Dios), Abú Abdil-lah Mohammah, hijo del Señor, del grande, del exclarecido, del sultán ilustre, elevado, belicoso, justo, dadivoso, feliz, mártir, santificado, príncipe de los muslimes, Abul Hachach, hijo del Señor, del sultán ilustre, exclarecido, grande, magnánimo, victorioso, ahuyentador de los politeistas, y conculcador de los infieles enemigos, el venturoso, el mártir Abul Walid ebn Nasr, el Ansars, el Jazrechi (de la tribu de Jazrech). Haga Dios venturosas sus obras con su beneplácito y le cumpla sus esperanzas con su bondad perfecta y recompensa amplia. Creó una buena obra, que no ha sido sobrepujada desde que el Islam penetró en estas comarcas y por la cual le corresponde una orla de gloria sobre su antiguo traje de guerra, y se dirigió á la faz de Dios en demanda de recompensa. Dios es el Señor de la bondad grande. Anticipó una luz que caminará delante y detrás de él el día en que no aprovecharán las riquezas, ni los hijos, sino á aquél que se presente á Dios con corazón puro. Comenzó su construcción en la segunda decena del mes de Moharram año de 767[179]: terminó su obra (el kalifa) y le asignó bienes para su sostén en la segunda de Xawal año 768[180]. Dios no deja de recompensar á los que obran bien, ni frustra los esfuerzos de los buenos. La paz de Dios sea sobre nuestro Señor Mohamad: sello de los profetas, y sobre su familia y compañeros todos».
Dejando las ruínas de esta muestra de la caridad musulmana desarrollada en la más culta época de la denominación árabe, observemos el aspecto monumental de la mayor parte de las casas que se encuentran recorriendo los estrechos y enredados callejones del barrio situado entre la carrera de Darro y la calle de San Juan de los Reyes. Casas llamadas solariegas construidas con los materiales más antiguos, modificada su estructura para servir á las comodidades de los cristianos, pero dispuestas con anchurosos patios y salas abiertas en sus galerías, cuyos artesonados tienen tanto árabe como renacimiento, modificación especial de difícil estudio: pero cuyo noble aspecto recuerda la soberbia grandeza de sus fundadores.
Antigua Mezquita, hoy San Juan de los Reyes.—La torre y puerta de su costado manifiestan que fué una Djama de poca importancia; pero la primera que bendijo Fray Fernando de Talavera, donde más número de moros se convirtieron al cristianismo, y en la que, según las tradiciones, se convertían también al mahometismo los judíos y pobladores cristianos durante el período arábigo. Se llamaba Taybin. Estaba dotada con pingües rentas de un rico moro, por haber salvado las embarcaciones con que hacía su comercio á Oriente[181], de manos de los cristianos. Los restos de adornos agramilados de la torre, son del estilo mismo empleado en la Giralda de Sevilla, pero más sencillos.
Casa del Chapiz.—Fué el Palacio Real de Albaida, fundado por un príncipe almohade, y se encuentra á la entrada del camino del Sacro Monte. Los escritores del siglo XVII creyeron que este edificio se construyó para aduana de la seda, porque esta floreciente industria estableció en él su contraste oficial después de la reconquista.
Dos hermosos patios cuyas ruínas subsisten, componen las plantas que publicamos á seguida, los cuales corresponden á dos distintas épocas, y particularmente á las construcciones del siglo XI, como se ven en el barrio de San Miguel bajo, cuyos esqueletos de madera son tan esbeltos y las cartelas sobre sus pilares tan elegantes y fantásticas en sus adornos, que pudieran aplicarse con éxito á algunas repisas y aleros de las construcciones modernas, sin chocar al sentimiento del arte cosmopolita de nuestra edad.
Esta casa, habitada hoy por familias pobres, cercenada y próxima á hundirse, fué construída á la entrada de la población por el camino de Guadix, el más importante y estratégico de aquellos tiempos. Desde ella, hasta la orilla del río, había vistosísimos jardines sostenidos con gruesos murallones que terminaban en un puente, por donde iba el camino hasta lo más alto de la Alhambra y Generalife.
Baños árabes de la carrera de Darro.—Hoy son una casa pobre que da paso á un patio cuadrado, alrededor del cual se observa todavía la distribución mural de estos edificios. Pasando el referido patio, donde había en medio una alberca ó estanque, hallamos la más completa repartición de una casa pública de baños. Suponemos la entrada por la última estancia, donde después de un paralelógramo abovedado y hundido, se desciende una ancha escalera, al final de la cual se encuentra otra estancia larga, terminada en sus dos lados cortos por dos alhamíes de reposo. Aquí hay dos cuartos de baños reservados, y continuando por una puerta estrecha se halla el gran baño de ablución, cuyos muros se reconocen perfectamente por los restos de color y dibujo árabe de que se hallaban emplastecidos.
Después del cuarto central con sus bóvedas, sus claraboyas y respiraderos, pasamos á otra sala de dos alhamíes, muy semejantes á la primera, y de allí á otros pequeños cuartos en conexión con la casa de la entrada, cuyo orden es propio de estos establecimientos.
Casa del Gallo y Palacio de los Walíes.—Se hallaba en las alturas que ocupa la parroquia de San Miguel, entre varias casas de origen morisco, están revelando por su construcción que pertenecían al segundo período de la arquitectura árabe española. Veíamos en ellas esos corredores de maderas labradas con primor, balaustres en los antepechos torneados, con boceles y cordones, pilastras de madera que sostienen aleros avanzados, vigas delgadas que se apoyan en las puentes ornadas de lóbulos y boveditas y todo descansando sobre cartelas mudéjares de formas caprichosas, simulando en algunas troncos y cabezas de animales, que no eran muy comunes.
Es curioso visitar este barrio con detenimiento, y enojoso el describir objetos aislados casi siempre, que desaparecen con facilidad, correspondientes á edificios derribados ó que antes de pocos años dejarán de existir.
Entre todos se veían los vestigios de la casa de los Oidores, dignos de estudiarse; el aljibe con su arco de herradura y sus hermosas bóvedas; y el convento de Santa Isabel, que es lo que llamaremos Palacio de los Walíes.
Pedraza pensó que los restos de los torreones que se hallan en este paraje, eran edificios gentílicos, en los que se había celebrado el primer concilio iliberitano, y después, variando de opinión, lo hizo celebrar junto á la Casa del Tesoro; pero lo único que se puede asegurar es, que en este tramo de muralla estuvo la puerta que los moros llamaban Bib-Aleced donde terminaba la primera cerca.
La casa de San Miguel sirvió de recreo á algún arzobispo de Granada, y de ella se dice que el moro Aben-Habuz, walí de esta kora granadina, la hizo para su morada, y que en la parte más alta de una torre puso la veleta de bronce representando un guerrero á caballo con lanza y adarga, y con un letrero árabe en esta forma:
y las gentes que lo veían moverse desde lejos, dieron en llamarle Gallo de viento, de donde tomó el nombre la casa y calle.
Nosotros que hemos tratado de averiguar esta tradición, hallamos que el verdadero palacio de los gobernadores ó walíes estuvo, como era corriente entonces, sobre las murallas y cubos que hay por encima de la Puerta Bonaita en el actual convento de Santa Isabel, en el cual existe una torre ó mirador ornado de arabescos, con altura suficiente para dominar toda aquella barriada, y sobre la que se puede suponer la existencia de la mencionada veleta. Algunas de las inscripciones de este edificio de Santa Isabel la Real, demuestran que era habitado por magnates de los que en tantas ocasiones tomaban el título de reyes, y se rebelaban contra los emperadores de Córdoba. En él se ve un precioso patio con columnas de mármol blanco, bellos capiteles, arcos labrados, y habitaciones que conservan perfectamente las pinturas y dorados de sus finos arabescos. Los techos son de ensambladuras de madera, perfilados con delicadeza en rojo y azul. Lástima que no sea fácil obtener el permiso para penetrar en este patio y estudiar los bellos fragmentos de aquella época. Restos notables para el arte, pues que el haber sido destinado el edificio á convento, ha sido causa de que pueda trazarse hoy la distribución de sus cuartos árabes hasta el tercer piso con todos los pequeños accesorios de construcción que exijen las costumbres mahometanas.
De cualquier modo, la citada tradición de la Casa del Gallo y de que Aben-Habuz era lugarteniente del capitán Tarif, es inverosímil también, por habernos revelado las crónicas de los árabes, que los primeros gobernadores de este territorio habitaron en la ciudad de Illiberis, que se sitúa á dos parasangas de Garnata, y que en esa antigua población permanecieron á lo menos tres siglos antes de trasladar á Granada su residencia.
Recomendamos al viajero las casas y ruínas que se ven en todo este recinto de San Miguel bajo, donde hallarán restos no menos importantes que los de la Casa del Gallo: pero volviendo al palacio árabe de Santa Isabel, citaremos la tradición de que esta casa fué habitada por la madre de Boabdil, y que los moros la titulaban Darlahorra ó casa de la honesta, que en ella se refugió aquél cuando le perseguía su padre; y que estos barrios, con el edificio llamado la Lona, el cual confunden también con la Casa del Gallo, fueron habitados en los años inmediatos á la conquista por los más ricos granadinos[182].
En la casa que fué Convento del Angel en 1812, vivió el conocido pintor Juan de Sevilla, y en la casa Lona, Atanasio Bocanegra.
Casa de Hamet.—Situada cerca de San Nicolás: fué de las más importantes de la dominación mahometana. Todavía podemos hallar algunas leyendas que la suponen embellecida con capiteles de mármol de Elvira, alfreizares y linteles labrados, artesones alicatados, y otras preciosidades que en vano se buscan hoy.
Casa Blanca ó Daralbaida.—Siguiendo estos escombrados recintos, no olvidemos la casa que tenía este nombre cerca del Aljibe Dulce (por la frescura y virtudes de sus aguas) y donde una inscripción en mármol decía:
«Dios, soberano y bienhechor, crió todas las cosas y les dió perfección. Él con su aliento dió vida á Salem Alhamar, que buscando las delicias de esta tierra de paraíso, vino del África. Le trajo el espíritu de Dios y por eso quiere llamarle su padre y ser llamado su hijo».
Nótase en estos edificios, de los que hay á lo menos cuatro en la calle de María la Miel, que tienen arabescos tan delicados como los de la Alhambra. El viajero puede entretenerse algún rato en buscar entre oscuros y mezquinos aposentos, vestigios hermosos de aquella civilización olvidada.
En la calle del Agua había una inscripción procedente de un baño morisco, que entre otras cosas decía:
«Dios extendió las aguas sobre la tierra para que se purificasen los hombres. El baño es saludable y delicioso. El que quiere tener el alma limpia, ha de tener limpio el cuerpo. Las manchas exteriores son signos de las interiores. Dios quiere la purificación y la limpieza, etc., etc.».
Baños y casas de la calle de Elvira.—Existen cerca de la iglesia de San Felipe los restos de unos baños árabes, que no debemos olvidar, porque son de planta cuadrada y un poco diversos, en su distribución, de los otros. Se hallan situados en uno de los barrios más moriscos de Granada, donde se encuentran siempre patios con estanques y pórticos con esbeltas columnas, salas en los bajos con artesonados, y restos de colorido. Muy cerca se halla la Puerta de Elvira, construcción almenada, con barbacanas y pasadizos cubiertos al estilo de aquellas fortificaciones que vemos en otros parajes, pero que aquí han desaparecido.
Volviendo á los baños, son de notar los capiteles, que bien pudiéramos llamar mozárabes, porque se resienten de la influencia gótica y romana, como otros muchos de época no dudosa.
La calle de Elvira es de las más antiguas de la población y la principal en los primeros años de la dominación cristiana. En ella y bajando la calle que hay cerca de San Andrés, había una casa morisca que se destinó á Inquisición, cuyo solar se puede ver hoy todavía.
Terminamos aquí el estudio descriptivo de los monumentos árabes de las tres más importantes poblaciones antiguas de Andalucía, y de su influencia bajo el interés artístico é histórico. Nos propusimos particularmente ordenar la multitud de ideas que asaltan visitando tan preciados restos, sobre la época, influjo y desarrollo de un arte peculiar, que no puede distinguirse en España con la exacta limitación que se determinan otros estilos clásicos, lo cual hemos hecho sin olvidar el influjo que el arte cristiano tuvo sobre el árabe, y el que éste ejerció sobre aquél por espacio de tantos siglos, desvaneciendo el error de muchos modernos historiadores que suponen una civilización no oriental sino puramente africana, en lucha victoriosa con el pueblo visigodo.
Tribus oriundas de los más civilizados países del Oriente cayeron armadas sobre nuestro suelo, pasando ligeramente por las costas africanas hasta llegar á la Península, y ajenas casi siempre al flujo invasor y salvaje que agitó á los pueblos del Maghreb; razas más civilizadas que las que se quedaron en Africa, las cuales pudieron después enseñar muchos de los conocimientos antiguos, que en los siglos medios eran ignorados por los francos, castellanos y gallegos.
Las artes y la poesía de estos árabes españoles, tienen un carácter propio y distinto de la literatura y las artes cristianas. ¿Qué punto de contacto existe entre la Alhambra y las obras góticas, románicas y del renacimiento? Hemos visto que ninguno. Pues esto basta para demostrar lo que ya hemos iniciado en este libro: que el pueblo árabe invasor era más ilustrado y científico que el pueblo visigodo y el que le sucedió en los siglos medios.
Como hemos hecho al tratar de Sevilla y Córdoba, damos una ligerísima reseña de los monumentos cristianos más interesantes, con el doble objeto de ayudar al viajero en su estudio y de que se comparen tan diversas y radicales civilizaciones como la árabe y la cristiana.
La catedral de Granada es un majestuoso templo, espacioso y bien proyectado, sin que sea ni pueda ser de los más magníficos de Europa, como opinan los entusiastas. Su planta es hermosa y su elevación interior tan sublime y bien delineada, que se coloca á buena altura entre los monumentos cristianos del Renacimiento. No es difícil entrever que la disposición de sus robustos pilares repartidos en hileras y formando cinco naves es más una concepción de arquitectura gótica que greco-romana, y que no fué planteada en el estilo que representa, sino que pudo haberse dispuesto como la capilla Real gótica que hay orilla, cuya variación de pensamiento originara el conflicto que hubo con los capellanes reales cuando consiguieron una orden del Rey mandando suspender la obra por no ser gótica y parecida á la de la Real capilla; lo cual obligó al Cabildo á encargar al director que defendiese su trazado y proyecto, y consiguiera el que continuara la obra. No se necesita más que contemplar este edificio para creer en la historia de sus primeros años: el Renacimiento no es el carácter de su distribución; pero aun así, está ejecutado con tal maestría y conocimiento de las proporciones, que hay verdadera grandeza y suntuosidad en el conjunto.
Esta Metropolitana es apostólica por haberla fundado San Cecilio, que según piadosa tradición se estableció en Illiberis. Se perpetuó durante la época mahometana en la iglesia mozárabe, y después de la conquista, Inocencio VIII expidió la Bula concediendo catedral con el título de la Encarnación, y dándole por sufragáneas las Sillas de Guadix y Almería.
Consta que estuvo establecida esta Metropolita iglesia primero en la Sala de Justicia del patio de los Leones, y luego en la Mezquita mayor de la Alhambra, hoy iglesia de Santa María (y no en la del Sagrario, como se ha supuesto), de donde se trasladó á este gran templo, siendo Arzobispo D. Pedro Guerrero. Se había puesto la primera piedra de los cimientos el 15 de Marzo de 1523, y llevaba cuarenta años de obra cuando murió[183] Diego de Siloe, dejando el cuidado de concluirla á su discípulo Juan de Maeda. Queda, pues, averiguado que sólo hasta la altura de cornisas dirigió Siloe; y con efecto, ya en las bóvedas y embocinados se vuelve á sentir el gusto gótico, viciado por la ornamentación plateresca y de Renacimiento decadente.
A Maeda le sucedió en 1571 Juan de Orea, el cual adelantó poco la fábrica por estar ocupado en el palacio de Carlos V de la Alhambra.
En 1590 aparece Ambrosio de Vico, pero ya estaba hecha la notable portada del Perdón, y la mayor parte de la torre y bóvedas del Crucero, sin que hallemos noticia de este arquitecto en ningún acta; pero en 1590 se celebró una reunión de facultativos, con Vico, para resolver la necesidad de calzar de sillería la torre por no creerla muy segura.
Gaspar de la Peña, arquitecto de la catedral de Córdoba, se encargó en 1664 de acabar la obra, para lo cual informó Alonso Cano y el padre Alonso Díaz favorablemente; pero fué nombrado por el Rey director de las obras del Retiro y se fué sin concluirla.
Le sucedió Rojas, que se fué á poco tiempo á la obra de la catedral de Jaén, y con este motivo se encargó Granados interinamente de su dirección; aunque en realidad ésta estaba á cargo del insigne racionero Cano, el cual había ya trazado la fachada principal, obra de mal gusto que no corresponde á la fama del autor.
Hasta 1689[184] no fué elegido Ardemans en certamen con otros doce arquitectos, para echar las aguas á la calle y cerrar la crucería de piedra que cubre el coro. La iglesia, pues, á ser justos, no es una obra clásica del arte, pero es un magnífico conjunto de bellezas artísticas. La altura de la decoración de la puerta es de 139 pies, distribuída en cuerpos, que aunque simétricos, presentan un exterior más grande que proporcionado y bello. Casi todas las esculturas que contiene son de Verdiguier, menos la medalla que representa el Misterio de la Encarnación, que es de Risueño: las dos de los lados, de Uceda, y las de los Evangelistas, de Rojas.
La planta total de la Iglesia tiene 433 pies por 249 en el Crucero sin el espesor de los muros; la altura varía de 90 á 124 pies. El casi círculo de la Capilla mayor tiene 73 pies de diámetro. La cúpula sube á cerca de 170 pies. Tiene ocho entradas, y el pavimiento data de 1775. Veinte pilares ó grupos de columnas corintias distribuyen las cinco naves, y la Capilla mayor apoyándose en más de un semicírculo sobre ocho gruesísimos pilares, es la construcción más suntuosa y más artística en sus proporciones que tiene el templo. Se elogia mucho el rompimiento ó arco toral entre esta capilla y la nave central de la iglesia, que recogido por su clave, es una consecuencia muy natural de la intersección de la circunferencia de la cúpula, con el plano que ofrece el embocinado. Pero aparte del felicísimo y simétrico decorado de esta capilla, se ven las mejores y más notables pinturas de Alonso Cano en siete grandes lienzos que representan la vida de la Virgen; obras sobre las que llamamos especialmente la atención. No son malos los cuadros de los Doctores de la Iglesia, pintados por Atanasio; y son también dignas de mención las dos estatuas de los Reyes Católicos arrodillados, de Pedro Mena y Medrano, las cuales se evaluaron en aquel tiempo en cuarenta mil reales.
Mírense con detención los dos grandes bustos de Adán y Eva, obras de Alonso Cano, que legó á su criada para que los vendiese al Cabildo.
Los cuatro cuadros grandes que hay en los dos altares á derecha é izquierda, cerca de los púlpitos, son dos de Juan de Sevilla y otros dos de Atanasio Bocanegra.
El coro no tiene nada de especial mérito; los dos grandes órganos son de Leonardo Dávila. El altar del Trascoro se hizo en 1733, obra de gusto plateresco y extravagante. Pasemos ahora á recorrer las capillas en el mismo orden que hemos establecido en otras.
Desde la puerta derecha de la fachada hallamos primero, un cuadro que se dice ser de Juan de Sevilla, y representa la Sacra Familia.
La capilla de San Miguel, que costeó el Arzobispo de Granada Moscoso y Peralta, Obispo del Cusco, que trajo á este país inmensas riquezas, y la fabricó para su eterno descanso. La inscripción que se halla en uno de sus costados lo explica todo. Se concluyó en 1807, y se proyectó por Romero Aragón, arquitecto. La medalla de San Miguel la hizo el escultor Adán de un gran pedazo de mármol traído con grandes dispendios desde las canteras de Macael. González hizo las demás esculturas del altar. El notabilísimo y hermoso cuadro de la Soledad es una pintura del célebre Alonso Cano. Las demás de poco mérito, y el conjunto de la capilla es rico en mármoles y bronces, y ostentoso como el Arzobispo que tales muestras dejó en Granada de su amor á las artes. Este mismo fué el que se hizo construir el palacio de recreo en Viznar.
Sigue la puerta del Sagrario, donde hay un cuadro venerado, porque ante él oraba San Juan de Dios.
La Capilla de la Trinidad, por un cuadro de este asunto, probablemente obra de Cano y bosquejo del celebrado de la Chanfaina. Un San José en el retablo, de Maroto, y otros de poco interés. Hay en los altares de los costados una Virgen y un Obispo que se atribuyen á Pedro de Moya, y la Virgencita con el niño en los brazos de origen italiano.
Siguiendo, se halla un gran retablo dorado, dedicado á Jesús Nazareno, y aquí hallará el lector las más notables pinturas de la Catedral: son de José Rivera el San Antonio, la Magdalena, el San Lorenzo y un San Pablo que fué robado de este sitio. La calle de la Amargura, San Agustín, el Salvador y la Virgen son de Cano, el primero interesantísimo. Los de San Pedro, San Pablo y San Francisco, son: los dos primeros del Españoleto, y el último del Greco. Cuadros todos donados en 1722 por el Tesorero Medinilla.
La puerta gótica de la Capilla Real, que daba en su origen á una ancha plaza, es una muestra de este género, que tomó en Andalucía un carácter propio, perdiendo la sencillez germánica y complicándose en sus cresterías y festones, de una manera más ingeniosa que monumental. Es, sin embargo, esta puerta uno de los mejores ejemplares del arte gótico, y del tiempo en que se dejaba sentir la influencia del renacimiento en todas las construcciones de España.
El Retablo de Santiago, de mal gusto, con imágenes de Mena y de Mora. Una Virgencita, que parece del siglo XV, fué un regalo de Inocencio VIII á Isabel I, que le hizo con la Rosa bendita del domingo de este nombre. Dícese que este cuadro sirvió en el Real de Santa Fe y en la Alhambra para formar el altar portátil de los Reyes Católicos.
En la puerta de la Sacristía hay una medalla circular con una Virgen y un niño, que se dice es de Siloe.
Lo mismo un Ecce Homo que hay sobre la puerta inmediata, por el exterior, que conduce al Colegio Eclesiástico, y es, según se cree, del mismo maestro.
La Capilla de Santa Ana: parecen de Raxis varias tablas que contiene; y los dos grandes lienzos de San Juan de Mata y San Félix de Valois, de Bocanegra. Debajo de esta Capilla hay un aljibe.
En la de San Sebastián, un cuadro de este Santo por Juan de Sevilla.
La de San Cecilio, rica en mármoles y pobre de notabilidades. Las de San Blas y del Cristo de las Penas, capillas sin curiosidades artísticas, y la de Santa Teresa, que tiene una Concepción y un Angel de la Guarda, de Juan de Sevilla, con la de Jesús de la Columna donde hay una Santa Catalina y una Coronación, de Risueño.
La Capilla de la Virgen de la Antigua es obra del disparatado ornamentista Cornejo. Los retratos de los Reyes Católicos parecen de Juan de Sevilla.
Llegamos á la Puerta del Perdón cuyo exterior es la obra más perfecta del renacimiento, y en nuestro concepto tiene los detalles más admirablemente trazados y ejecutados que pueden hallarse de este género, tanto en España como en la misma Italia. Si hay algo censurable en esta preciosa portada, es la forma de su estructura, ó sea la repartición de sus proporciones, y el segundo cuerpo que no corresponde con el primero; pero nada puede desear el más escrupuloso adornista, y aún el más severo escultor, delante de esta obra, la más bella de la Catedral.
Luego se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Guía, sin interés alguno. Después la del Carmen, costeada por el Arzobispo Barroeta, y que tiene una cabeza de San Pablo, de Cano.
La Puerta de San Jerónimo, de 1639, y por último: la Capilla del Pilar de Zaragoza, costeada por el Arzobispo Galván, de mediano gusto.
Continuando, hay sobre la puerta de la Sala Capitular una Caridad, del célebre Torrigiano, florentino y rival de Miguel Angel. Este magnífico relieve lo presentó en Granada como muestra de pericia, al saber que se convocaba á los escultores para hacer los sepulcros de los Reyes Católicos. Nótese con la detención de que es digna, tan notabilísima obra de arte.
Un Cristo en la cruz que hay á la izquierda, junto á la puerta, parece de Atanasio.
La torre era magnífica si se hubiera terminado, le falta un cuerpo, y tiene hoy 202 pies de altura. En ella está la Sala Capitular, con un apostolado, italiano; un cuadro de Atanasio y otro de Risueño. Encima habitan los campaneros, y están los cuartos que sirvieron de taller y morada al insigne Alonso Cano.
Pasemos á la sacristía. En la puerta hay un cuadro, representación de la vida de San Juan de Dios, con el retrato del mismo santo. Al frente hay un Crucifijo, de Becerra, bastante bueno. Una Concepción de Cano, una Virgen del Rosario del mismo, obras todas de encantadora expresión, muy bellas y dignas de estudio. Otras de menos valer hay en el Oratorio de los canónigos, con los ternos y alhajas destinadas al culto, objetos ricos que son especialidades en su género.
Ya hemos hablado en el lugar correspondiente de la mezquita que había en el sitio donde se construyó este templo, y que fué bendecida por los Cristianos, para que sirviera de iglesia donde se enterraban arzobispos y grandes señores. El proyecto y dirección fué de Hurtado Izquierdo, y se hizo desde 1705 á 1759, no sin dificultades en la construcción. La portada es elegante, greco-romana, sin gran severidad, y la planta de toda la obra es cuadrada con cuatro grandes pilares en el centro, sobre los que se apoya la media naranja y la bóveda que la circunda. Su aspecto es agradable por la uniformidad del conjunto y excelente composición de líneas simétricas. En el testero del Mediodía se encuentran dos cuadros de Atanasio, algunos altares apreciables, especialmente en el centro, y otras esculturas de su portada y tabernáculo, solo pasaderas.
Nada de notable en el edificio, á no ser que se quiera parar la atención en la puerta y ventanas del lado frente de la Catedral, que son excelentes ejemplares de renacimiento. Posee cuadros regulares y alguno digno de mención entre otros muchos de ningún precio.
El 2 de Abril de 1767, cuando la expulsión de los jesuítas, se le agregó el Colegio Real que estaba adjunto, cuyo edificio fué en parte destruído en 1868, y reedificada su fachada en 1872.
Templo dedicado á sepultura de los Reyes Católicos y construído desde el año 1502. Es de arquitectura gótica y de la más sencilla que se hacía en aquella época, con la marcada degeneración que estaba experimentando, como lo demuestra este edificio, cuyas cresterías exteriores y pináculos son los detalles más bellos que contiene. Hasta ahora no se ha sabido el nombre de su arquitecto. Un Jerónimo Palacios fué veedor de la obra, y el conocido Felipe de Borgoña se cita, pero sin certidumbre.
La iglesia, pues, se construyó con menos grandeza que la que hoy se ve, y fué aumentada luego que el emperador Carlos V, al visitarla, dijo: «que era estrecho sepulcro para la grandeza de sus abuelos».
La puerta humilde que tiene á la calle de la Lonja, de mal gusto plateresco, fué hecha después que por haberse construído la Catedral, quedó su portada principal, que ya hemos indicado, dentro de aquel edificio.
Tiene el templo 179 pies de largo, 78 de ancho y 75 de altura.
Está interceptado por un coro donde había dos órganos muy celebrados. Hoy apenas queda uno.
Leemos la inscripción del friso:
«Esta capilla mandaron edificar los muy católicos D. Fernando y Doña Isabel, rey y reina de las Españas, de Nápoles, Sicilia, Jerusalén; éstos conquistaron este reino de Granada, é lo redujeron á nuestra fé, é edificaron é dotaron las iglesias, é monasterios, é hospitales de el, é ganaron las islas de Canarias, é las Indias, é las ciudades de Oran, Tripol é Bugia, é destruyeron la heregía, é hecharon los moros e judíos de estos reinos é reformaron las religiones. Finó la reina martes veinte y seis de Noviembre año de mil quinientos y cuatro; Finó el rey miércoles veinte y tres de Enero, año de mil é quinientos y diez y seis. Acabóse esta obra año de mil é quinientos é diez y siete años».
Nótase lo bien trabajada que fué la verja que cierra el Crucero, por «MASTRE BARTOLOMÉ me fec» como dice un letrero sobre ella misma; y los excelentes ornatos platerescos en que abunda esta notable obra de cerrajería, que hoy sería dificilísimo ejecutar.
En ninguna descripción de los monumentos granadinos, hemos visto citada la capilla por donde se entra á la sacristía de este templo y las tres tablas de su altar, que consideramos de un mérito notable; parecen de origen alemán, y tienen un carácter especialísimo, particularmente la del centro, que representa un Descendimiento admirablemente pintado, aunque con trajes tudescos, cosa muy usada por los artistas de aquel tiempo.
En la otra capilla, debajo del coro, hay un cuadro de Juan de Sevilla, y otros menos importantes.
Dos magníficos sepulcros de mármol blanco: el uno de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel, y el otro de sus sucesores Doña Juana y Don Felipe I, se levantan majestuosos bajo la cúpula central de la iglesia: el de Doña Isabel y su esposo es de mármol de Carrara, lo cual hace suponer que se encargaran á aquella tierra clásica del arte. El otro parece de mármol de Macael, el cual se haría por alguno de los escultores que labraron los medallones del palacio de Carlos V, que parecen de la misma mano. En el primero hay más delicadeza en el adorno y más corrección en las esculturas; en el segundo, menos seguridad de ejecución, más rudeza en el ornato, pero ambas son obras de arte muy notables.
Dice una inscripción latina que hay en un tarjetón:
«Los postradores de la secta mahometana y los que acabaron con la herética gravedad D. Fernando, rey de Aragón, y Doña Isabel, reina de Castilla, llamados los Católicos, en este marmóreo túmulo se encierran».
Después de lo mucho que se han ocupado los cronistas sobre la procedencia de estos sepulcros, se ha sabido que el escultor Bartolomé Ordóñez fué el autor del de los reyes.
Debajo del pavimento hay una bóveda ó cripta muy pequeña, donde se ven las cajas de plomo barreadas de hierro, donde se guardan los cuerpos. El ataúd más pequeño es el de la princesa María. Se distinguen todos por las iniciales.
El retablo del altar mayor es de gusto plateresco, con tres cuerpos y una buena coronación. Posee esculturas de mucho mérito, pero lo que más llama la atención en él, es el basamento con dos relieves de talla uno á cada lado, que representan la entrada de los reyes cristianos en la Alhambra, y el bautismo de moriscos convertidos.
En el Crucero se ven dos retablos en forma de relicarios, del tiempo de Felipe IV, con relieves de Mexía y pinturas de poco valor. Se encierran aquí muy contadas reliquias. Dos cuadros, uno de San José, de Guevara, y otro de San Juan Bautista, de Sevilla, existen en las capillas laterales del presbiterio.
En la sacristía hay una Concepción que dicen es de Cano; un cuadro que representa el abrazo del rey católico al rey moro vencido; la espada y corona que se considera haber pertenecido á Fernando V; un cetro de plata, un terno dibujado y bordado por Isabel I, según se dice; varias telas, cojín, paños, etc. del altar de campaña; un cuadro raro de devoción, donado por los mismos reyes, que parece de escuela griega, y el misal manuscrito de Francisco Flórez, con 20 dibujos y 151 fojas, que usaba la reina.
Otros cuadros son de poco interés; citaremos uno pequeño que hay al lado de la puerta de la Lonja y el cual representa la hazaña de Pulgar.
En el pasadizo que hay entre la Capilla Real y el Sagrario, se halla una capilla donde está enterrado Pulgar el de las Hazañas. Vése en ella una manopla de un guerrero empuñando una hacha encendida, y al pie esta inscripción:
«S. M. esta capilla mandó dar á Hernando del Pulgar, señor del Salar, por ser el lugar donde con los suyos posesión tomó de esta Santa Iglesia, año 1490, estando en esta ciudad Muley Buadela, rey de ella. Acabóse esta obra año de 1531».
En el frontal del altar que hay con un cuadro de la Sacra Familia, están las armas del caudillo, un mosáico, y en el suelo la lápida sepulcral, donde dice que se le dió enterramento.
Por último, se sabe que Francisco Berruguete pidió en distintas ocasiones al emperador Carlos V que le abonasen su trabajo de pintura, dorado y bulto, hecho en el altar mayor y sacristía y el de los cuadros murales de las dos ochavas de dicho altar, ó sean quince historias á la manera mosaica é italiana con fondo de oro. Parece que estos trabajos han desaparecido casi todos.
Es la fundación católica más antigua de esta ciudad, porque ya en Santa Fé se instaló la orden en 1491, y el 92 se trasladó á este sitio por decreto de los reyes. Comenzóse la obra del claustro y parte de la iglesia en 1496 y estuvo suspendida hasta que Doña María Manrique, viuda del Gran Capitán, solicitó de Carlos V le cediese la capilla mayor para enterramento de su esposo, obligándose por esta merced á acabar todo el templo á su costa. Había muerto en Granada el Gran Capitán después de un retiro de algunos años, enfermo y triste, dice un autor, por la extraña conducta de Don Fernando V, y se le hicieron honras tan magníficas, como las merecía el que contaba setecientas banderas y estandartes ganados en el campo, las cuales se tremolaron para solemnizar sus regias exequias. El 4 de Octubre de 1552 se acabó el edificio y se trasladó á la bóveda el cuerpo de aquel insigne guerrero, poniendo al lado el de su esposa.
Diego de Siloe dirigió la obra después de principiada, y es majestuosa y expresiva de su inmortal objeto; robusta y no pródiga de ornatos inútiles, labrada por el exterior y con las armas de Gonzalo de Córdova y esculturas.
La torre y campanario, con carrillones flamencos, fué mandada derribar por el general francés Sebastiani en 1810, para hacer el puente Verde sobre el río Genil. La iglesia tiene 147 pies de largo y 89 de ancho, lujosa en su ornamentación y estofados de oro y plata, con multitud de flores, hojas y caprichosos adornos, alternando con pinturas al fresco, entre las que se hallan medallones con los retratos de Don Fernando y Doña Isabel y trofeos de guerra modelados con gracia.
En la capilla del presbiterio se ven las armas del Gran Capitán y otros muchos detalles, algunos de los cuales fueron hechos á principios del siglo XVIII. Los apóstoles, en doce cuadros de tamaño natural, parecen de buena escuela.
Fué demolida también la sacristía en tiempo de la invasión francesa.
Delante del altar mayor hay una lápida de mármol blanco, con esta inscripción:
Se ve, pues, que es la sepultura del Gran Capitán, cuya memoria será más imperecedera que los mármoles y fuertes murallas de este mausoleo, tan espléndidamente costeado. Los huesos del caudillo fueron desenterrados en la aciaga época que ya hemos citado de la dominación francesa, y se profanó su tumba rompiendo las cajas de bronce, y robando las banderas y despojos. Desapareció la espada que se conservaba con el cuerpo, y como talismanes se repartieron las vestiduras. Fué un verdadero saqueo, y gracias á las investigaciones verificadas recientemente, se han devuelto algunos huesos á esta respetable mansión[185], los cuales se cuidan hoy con respeto.
Detrás de la antigua Plaza de los Toros, descuella una Cruz, erigida para perpetuar la memoria del suceso que arrancó del mundo al Duque de Gandía, y lo llevó á sepultarse para siempre en un convento. En el lugar que ocupa la Cruz hizo alto la comitiva que conducía el féretro de la Emperatríz Isabel, mujer de Carlos V, para descubrir el cadáver y tomar acta de haberlo entregado al Justicia de la ciudad, que había salido á recibirlo. El Duque de Gandía se consternó tanto al ver aquel hermoso rostro tan desfigurado, que tomó aquella piadosa resolución, y la cumplió tan bien, que la iglesia lo cuenta hoy entre sus santos, con el nombre de San Francisco de Borja.
Hay en el Triunfo otros edificios que fueron conventos y que ya no tienen importancia.
En el circo de la Plaza de Toros, y no á mucha profundidad, se encontraron hace años sepulturas, que debían corresponder al enterramento de los judíos, de que habla Dozy. Ya hemos indicado que el actual Barrio de San Lázaro debía ser una población judía en tiempo de los moros.
De grande extensión, espaciosas naves y multitud de cuartos, este edificio es uno de los mejores que hay en España, y se fundó por los Reyes Católicos. Tiene muy buenos detalles en las ventanas del exterior de la capilla gótica del centro, y su planta es de magnífica distribución, según la higiene y reglas del arte de construir. Reúne local para más de mil asilados, y en él abriga la caridad oficial de la provincia á los dementes, á los niños huérfanos ó abandonados, y á los mendigos en muchas ocasiones.
Subiendo la Calle Real y pasando una Ermita de poco interés monumental, dejando á la derecha una casa en una altura, que se llama el Mirador de Orlando, que lo construyó un rico Genovés, se entra en un ancho camino que conduce á este Monasterio.
Es fundación del año 1513, en cuya época se hizo parte de la fábrica, que vinieron á poblar tres monjes de las Cuevas de Sevilla. Dícese que fueron víctimas de los moriscos porque perecieron en una insurrección. En 1516 se comenzó de nuevo la obra, y se amplió en los siglos sucesivos, hasta 1842 en que se demolió parte del primitivo edificio.
Cuéntase que Gonzálo de Cordova cargó un día contra una partida de moros de los que salían á vigilar el campamento cristiano, y que llegado al sitio que se llama Golilla de Cartuja, antiguo cerro de Ainadamar, descubrió por vez primera desde un punto cercano la ciudad árabe. No le inquietó el ruido de los guerreros que salían al socorro de los fugitivos, puesto que el cristiano permaneció en este lugar algún tiempo, y se arrodilló para dar gracias á Dios por el éxito conseguido. Añádase que se pidió noticia del sitio donde había descansado, y que este lo señaló donándolo para los frailes, con las huertas de la Alcudia.
Desde la Portería se pasa al Claustro, donde se enseña una galería de cuadros de Cotan (copia), figurando la mayor parte martirologios de las guerras religiosas de Inglaterra. Unos son menos malos que otros, muy débiles por el dibujo, color y falta de sentimiento estético. Luego se pasa al refectorio, donde se enseña una cruz pintada que no tiene nada de particular.
La iglesia no ofrece un género especial de ornamentación; están revelando los adornos picados de sus paredes, la obra pacienzuda de frailes ingeniosos. Siete lienzos de Atanasio hay colocados en las paredes de la iglesia y varios cuadritos del mismo Cotan y de Giaquinto. Hay una esculturista pequeña de San Bruno, muy buena, otra de la Concepción, de Mora, y cuadros en el Sagrario, de Palomino, el celebrado no con mucho fundamento.
Hay preciosas puertas en la Sacristía, en el Coro y en los guardaropas, hechas de embutidos á lo mosáico, de concha, nácar, marfil y plata, con molduras de ébano, cuyo trabajo merece atención y fué hecho por un lego llamado José Vázquez.
Sorprende la Sacristía por la limpieza, composición y belleza de sus jaspes y mármoles, yesos, pinturas y muebles. El aspecto es rico y elegante, la ornamentacion plateresca con ribetes de churrigueresco; pero tan bien trabajada y repartida, que sin darse cuenta de un verdadero motivo de encanto, existe en realidad en esta estancia una agradable disposición que no se halla en otros edificios de mayor mérito. De aquí fueron extraídos cuatro cuadros de Zurbarán, y queda una Concepción pequeñita, un Señor de la Espiración, que dicen de Cano, un Ecce Homo que atribuyen al divino Morales, y otras cosas de menos precio. Los pavimentos son dignos de mencion.
Ocupa este edificio el centro de una hermosa huerta que disfruta de saludable temperamento y de encantadoras perspectivas: en ella existían completos los muros de un gran estanque que tenía cuatrocientos pasos de circuíto, construcción árabe con torreones en los ángulos. Esta clase de obras de recreo y regadío se encuentran en casi todos los jardines antiguos de esta población, y suponen siempre la existencia de algún palacio ó casa de campo en sus orillas. Creemos, pues, que habría alguno que se derribó para hacer el Convento, y que tal vez sería el que habitó en este sitio Aben Abiz después de la conquista de Sevilla. El lugar es de los más amenos y deliciosos.
Es el edificio de la antigua Chancillería, construído en la Plaza Nueva desde 1531 á 1587, época de gran desarrollo monumental para Granada. Es uno de los mejores de España, de buen aspecto, majestuosidad y grandeza. En él estuvo la Universidad, según lo declara una inscripción, y se fundó por una Real Cédula del año 1505 que dispuso trasladar á Granada la Chancillería de Ciudad Real.
Situado en el Campillo. Se construyó con la sencillez que se nota á expensas de repetidas suscripciones, hechas por espacio de treinta años, hasta colocársele la estatua de mármol blanco, en 1874. El Ayuntamiento allegó fondos para esta obra.
Uno de los templos de más culto en Granada, al cual se hallaba unido, no hace muchos años, un Hospital para los hermanos devotos. El retablo central y camarín es una costosísima obra en mármoles de colores, de pésimo gusto y digna de mejor trazado.
Ricos en vegetación. El territorio granadino tiene excelentes paseos en los que suple la naturaleza al arte. Los llamados Salón y la Bomba, se hicieron desde 1810 á 1830, y en este largo tiempo se plantaron sus árboles, hoy magníficos, que si se perpetúan adquirirán ese majestuoso y venerable aspecto secular que tienen los bosques de otros países.
El puente de Sebastiani se hizo bajo la dominación francesa, con la piedra de la torre de San Jerónimo, que el general francés de aquel nombre decretó demoler. Nosotros le habríamos aconsejado que respetara la tumba del Gran Capitán, cuya memoria valía más que el escaso importe de haber comprado la piedra en las canteras.
Situada en el paseo llamado del violón. De pobre y mezquino aspecto: no conserva de su origen árabe más que el arco de la entrada, y la planta cuadrada como la de una de esas blancas mezquitas que hay prodigadas en el Africa septentrional, sin ornato y sin belleza. Hay en ella una inscripción; que recuerda el suceso de la entrega de las llaves de la ciudad morisca á los Reyes Católicos, por el mismo Rey en persona, verificada bajo un hermoso árbol que dicen se conservó hasta un siglo más tarde. Debemos dar crédito al testimonio de esta antigua lápida; pero ¿qué haremos con las crónicas que nos cuentan la llegada de Boabdil al campamento cristiano antes de aquel día memorable, ó las de la entrega de las llaves de la Alhambra no lejos de la puerta de los Siete Suelos por el Alcaide Aben Comixa?
En el paseo que conduce á este sitio se celebra la feria anual concedida á esta población.