Salas de las Camas y Baños.

La estructura de este cuarto está indicando que servía para desnudarse y prepararse á la temperatura de las demás habitaciones donde ninguna corriente de aire podía penetrar; la luz era recibida en él desde una altura de doce metros á lo menos. Dos alcobas donde colocaban bordados almadraques para reposar, nos seducen todavía; y por una puertecita que hay en uno de los ángulos se ve la entrada á más estrechos y retirados lugares, cuyo destino se adivina fácilmente.

El sistema de sostener los apoyos de los colgadizos con grandes cartelas sobre los capiteles de las columnas, está aquí desarrollado más que en ninguna parte y recuerda los patios de las casas marroquíes. El pavimento es de sofaisefa ó sea mosáicos vidriados, de los cuales había muchos, y es un ejemplar hermoso con exacta distribución de piececitas de colores. En la fuente hay algo que no es mahometano, y sí moderno.

Pasamos por uno de los ángulos de la sala al departamento de baños, cuyas paredes lisas y estucadas reemplazan con propiedad á un ornato delicado; los pavimentos de mármoles y zócalos ataraceados de azulejos; las atarjeas anchas para que por ellas se pierda el agua sobrante de las purificaciones; las bóvedas sembradas de claraboyas que derraman la luz y dan paso á los vapores de las termas artificiales; las pilas anchas y rebajadas para los baños, dan idea del singular placer de la molicie musulmana. En todos lados, pequeñas alcancías para los surtidores de agua caliente, donde colocaban las amrunas y joyas arrancadas en ese instante de delicioso abatimiento que proporciona el baño. Sobre la pila que se conserva más adornada de labores marmóreas en el último aposento, hay una inscripción, no traducida antes, que dice:

«Lo que sorprende ¿es antiguo ó moderno?»

«Cuando el león descansa en un lugar de bendición ¿quién puede decir que está como él?»

«Y se aprestan á servir á su señor leales servidores».

«Y anuncian las cualidades de su nobleza y arrojo la más perfecta indulgencia y generosidad».

«Preguntad á los hombres conocidos por su bravura si hay alguna que se le asemeje. Suya es la abundancia y la generosidad».

«¿Quién puede igualarse á Abul Hachach, que existe siempre como triunfante y glorioso conquistador»?

Hay otros cuartos ocultos y ruinosos que servían para preparar las aguas, y templar los conductos por donde circulaba el aire caliente. En uno de ellos se encontró en el año de 1623 una gran caldera de cobre para aquel objeto, que desgraciadamente se apresuraron á vender.

Estos baños están construídos de pequeñas proporciones, y como se ve en la planta, forman un paralelógramo en el cual se incluye el Meslouk, que es lo que aquí se llama sala de las Camas, para desnudarse y reposar antes y después del baño; los liwan, que son los nichos donde están los reclinatorios para dormir, en los que los bañistas pasan la mayor parte del tiempo conversando con las mujeres de su harem; en el centro donde se halla la fuente, al parecer moderna, habría un pequeñito pilón para lavados parciales, llamado el Feskich[146]; el estrecho paso desde este aposento que atraviesa el Biyt awwal ó retrete, conduce pasando un pequeñito pilar á la sala llamada Hararah, en cuyos dos lados y sobre el suelo inclinado, se tienden los bañistas á recibir las frotaciones de las tellak ó esclavas del baño; el Hanefych ó cuarto donde están las pilas para el agua templada, y por último, el cuarto de los hornos, que como hemos dicho, calentaba el agua y el pavimento.

Pila árabe.

El sultán siempre estaba servido por mujeres en estos sitios y hasta se hacía traer la comida que tomaba en el primer aposento, donde le desnudaban, le envolvían la cabeza y las caderas con paños muy blancos, y le ponían chinelas de madera. En este estado y seguido de tellak que cada una le llevaba sus jarros y almofares de latón con tohallas y esponjas, le dirigían á la segunda estancia, en la que había una temperatura que no bajaba de 45° Reaumur. El vapor se producía arrojando agua sobre las losas de mármol, que calentaban suficientemente, en cuyo estado atmosférico le frotaban con unos saquitos de crin las coyunturas, haciendo rechinar sin dolor las diferentes articulaciones; después enjabonaban todo el cuerpo, produciendo una grande espuma, que desaparecía metiéndose en las pilas llenas de agua, ó arrojándose ésta con platos en forma de conchas. Últimamente, lo envolvían en un tcherchef de algodón muy grueso, le cubrían la cabeza con una especie de toca de seda, y lo conducían á la primera sala, donde, como hemos referido, saboreaba largo tiempo los manjares en interminable conversación.

Las antigüedades y el Archivo.

Bajo los números 1, 2 y 3 hay tres tableros de mármol blanco de Macael con motes árabes, los cuales, según Argote, fueron cubiertas de las sepulturas halladas en la Ráuda, donde había hasta cinco[147].

Su forma y antecedentes nos obligan á creer que fueron efectivamente parte de los sepulcros citados, supuesto que otras piedras halladas después completan una de las mencionadas tumbas.

El letrero de una de ellas es la sura 24, v. 35, la sura 7, v. 26, y la 33, v. 56.

Con el número 4 hay una pila de mármol blanco de forma paralelográmica, que se trajo á este sitio arrancada del foso de la torre de la Vela, á donde había sido conducida anteriormente, procedente al parecer de la casa de Mondéjar, donde existían fuentes, pilas y columnas en el año 1627, sin uso alguno según consta. (Véase la viñeta.)

En sus dos frentes más largos tiene esculpidos leones en actitud de devorar ciervos, y en los cortos, águilas rapantes guardando bajo sus alas liebres y conejos. Una inscripción africana difícil de leer, guarnece uno de sus lados, y en tanto no podamos señalar el sentido de algunas frases entrecortadas por ciertas palabras que se han desgastado, nos será imposible determinar con exactitud su primitivo destino.

Se distingue bien el arte escultórico de los asirios en este mármol apenas modificado por los árabes al tomarse el trabajo de copiar las figuras en la misma actitud que las antiguas; y nos afirmamos en la opinión que hemos emitido, sobre el modo que tenían de representar las formas naturales los pueblos que levantaron con Mahoma el pendón contra toda clase de idolatría, probando que hicieron en muchos casos traición á su causa, tallando ó esculpiendo en piedra y bronce, á imitación quizá del arte cristiano.

La inscripción de esta pila, en lo poco que conserva, nos da la fecha 704 de la Egira en el mes de Chaowal (1286), reinando el primer sultán Mohamad Algalib Bil-lah.

Con el número 5 hay señalado un tablero que se halló sirviendo de dintel en una estrecha puerta del vestíbulo de los Leones. Por un lado se halla decorado de una pintura hecha sobre superficie dorada á usanza bizantina, ejemplar muy raro que no se encuentra más que en una capilla de la Catedral de Toledo, referente al siglo XIV, muy diferente por cierto de la de la sala de Justicia. Tiene alrededor una inscripción gótica tan mutilada, que no puede leerse, y la mitad próximamente de la dimensión que tuviera en su origen, por lo cual faltan la mayor parte de los cuerpos de las tres figuras que hay en ella, las cuales parecen dos guerreros á caballo en campal desafío. En el fondo se ha copiado de un lado la fortaleza de la Alhambra con la torre de los Siete Suelos, y de otro la Casa Real de Generalife, indicándose una puerta en las murallas, que debía hallarse cerca de la actual huerta de Fuentepeña; los muros están almenados, teñidos de blanco y de rojo, como se hallaba sin duda la Alhambra en aquel tiempo.

Jarro de la Alhambra.

Con el núm. 6, se conservan 14 manillones de bronce y sus argollas, con cabezas de león y de águilas, los cuales se hicieron de fundición para las pilastras del primer cuerpo del Palacio del Emperador, donde están las señales de haberse hallado colocados. Son del año 1594.

Los números 7 y 8 son pedazos de los techos y frisos árabes que se hundieron en 1846, en la sala de las Camas.

El 9 señala una hoja de puerta de las que había colocadas en las dos entradas del patio de la Capilla, la cual se hallaba en su propio sitio el año 1852.

El núm. 10 señala un friso tallado árabe procedente de la galería alta del patio del Estanque, y de la obra que se hizo en el año 1840. Los 11, 12, 13 y 14, las ventanas de alicatados que se quitaron el año 1838 de la sala de las Camas, con lo cual quedó ésta más baja, según lo demuestra un dibujo de Owen Jones, y por último, el 15, es una ventana de celosía casi destruída, del patio del Estanque, cuyo sistema de construcción en pequeñísimas piezas, debe notarse particularmente.

El núm. 16 muestra cuatro fustes árabes de mármol.

El 17 es una de las cuatro lápidas sepulcrales que según Argote se descubrieron (1574), en el panteón citado, en cuyo tiempo, según Mármol, las letras que tiene grabadas se hallaban doradas sobre fondo azul. Dos han desaparecido, las de Ismail I y Yusuf I. La que tenemos á la vista es del sepulcro de Abul Hachach Yusuf III, y se hallaba á la cabecera del sarcófago colocada verticalmente, de modo que podían leerse las dos inscripciones que tenía, una por cada lado. La que estaba en prosa ha sido borrada y queda la de metro tawil, coleccionada por Castillo y muy recientemente corregida.

La otra inscripción, núm. 18, es del sepulcro de Mohamad II, según explica el texto, habiendo sido borrado la mitad ó el reverso, que contenía la biografía, en prosa, de dicho monarca, según la publicó Mármol[148]. Es poco interesante, y por eso no la damos traducida á continuación. Otra inscripción que existía, alusiva á un guerrero muerto en la batalla de la Higueruela, no la hemos visto nunca.

El 19 es una pila ó taza de fuente, de hermosas proporciones, procedente del jardín de los Adarves, y que se sacó de la casa que estaba cerca de la iglesia actual, según un título posesorio del legajo 127, por el que se mandaba entregar la fuente rota de la orilla de la alberca para que no se acabara de romper, etc...

El 20 es un pedazo de piedra antiguo con inscripciones karmáticas usadas en los primeros tiempos del kalifato de Córdoba. Hemos visto ejemplares de escritura nesky en otros pedazos, sobre piedras de esta misma clase. Pueden verse en el Museo de la Comisión de Monumentos.

Desde el 25 al 30 se halla una pequeña colección de capiteles, de diferentes sitios y construcciones. Entre ellos, hay uno exactamente igual á los que hemos visto dibujados del sepulcro de un sultán de Ghazna, anterior al siglo XII. Este hallazgo es un testimonio claro de que las modificaciones del arte árabe en España tenían un origen más oriental que latino, y que más bien prefirieron las tradiciones primitivas, que la imitación del arte cristiano. Otro capitel, núm. 25, es más genuínamente bizantino y bordado por el cincel mahometano, de cuyo género eran los de la mezquita grande que había donde hoy se halla el Sagrario, según hemos visto uno que tenía 85 centímetros de alto.

Vénse también dos capiteles que pertenecían á la decoración de la puerta de los Siete Suelos, los cuales, en unión de varios pedazos de mármol blanco correspondientes á las enjutas del arco, los hemos visto desprenderse de su sitio.

Desde el núm. 31 al 37 hay diferentes fragmentos de madera, árabes y del renacimiento; como los kanes que se hundieron en el alero del patio del Estanque, las pilastras del tiempo del Emperador que se hallaban en el patio de la Reja, y los pedazos que se desprenden de las ensambladuras y almokarbes.

Con el núm. 38 existe un arca de hierro hecha por los arabes con toda la inteligencia que puede exigirse en una obra de este género. Había otra igual que desapareció, según se dice, cuando entregaron el Archivo á la Administración de Hacienda pública, en 1870.

Núm. 39: un vaso de arcilla vidriada y de más de un metro de altura, que debía colocarse en las habitaciones donde no había fuentes, y formar con otros una elegante decoración. Su forma es parecida á la egipcia de la dominación griega, y se aleja de la de los japoneses en la esbeltez del cuello, no así en la disposición de las asas ó brazos, que se acerca á la de los persas antiguos. Su magnitud lo hace de difícil fabricación, y aunque éste está defectuoso, nos da una completa idea del adelanto de la industria más difícil que siempre se ha conocido. Los hacían de relieves ó arabescos realzados que rara vez pintaban, pero los de barniz y lisos los endurecían de una sola cochura, originando dificultades de fabricación que les dan más mérito que á los de porcelana. En 1804 existía otro en este palacio que fué copiado para la Real Academia de San Fernando.

No dudamos que éste fué construído en Granada, porque sus materiales son conocidos en el país y de una fábrica que había en el Campo del Príncipe, donde todavía al abrir cimientos se hallan pedazos ó tiestos vidriados con iguales adornos, de los que tenemos ejemplares. No era Granadino el otro vaso que adquirió Don Mariano Fortuny, procedente de la iglesia del Salar, con inscripciones cúficas, el cual debió ser fabricado á juzgar por su arcilla, en la antigua ciudad de Málaga, donde se hacían como en Valencia y otros puntos, hermosos reflejos metálicos.

Y volviendo al que tenemos á la vista, se ven en él diseñados animales ó especie de jirafas semejantes á las que nos describió Makrizi y recientemente Mr. Bonan en su viaje á Persia, cuya tradición conservaron en Andalucía, según Ebn Jaldum. Su manufactura no tiene semejanza á la de la loza mallorquina, ni á la de Córdoba y Sevilla, ocupando un género especial que lo distingue de aquéllas, y que da á sus reflejos un aspecto diferente del conocido como tal en todas partes.

Con los números 40 y siguientes se señalan restos antiguos de ornato y una multitud de pedazos de azulejos mutilados, al parecer de poca importancia; pero que por ellos se deduce fácilmente la historia en descenso hasta nuestros días de esta industria, la cual no se abandonó en Granada hasta fin del siglo pasado; notándose, que después de la conquista se hicieron alicatados tan finos como los de la Capilla, y se continuaron las trazas hasta mezclarse en ellos el renacimiento con sus caprichos abigarrados de extrañas formas.

El archivo.

Se compone hoy de 279 legajos, según la numeración última, que data del año 1872, echa en poder de la Administración económica de la provincia.

Conviene relatar aquí brevemente que en el año 1625 se perdió por primera vez el inventario de los papeles, y desde entonces estuvo el archivo en un cuarto debajo de la portería, que sirve hoy de paso al patio de la Capilla, donde hay una inscripción alusiva á los Reyes Católicos.

En 1787 se formó otro inventario en pergamino que existía con los núms. 37 y 38, notándose una falta extraordinaria en los papeles cuya numeración no concuerda con aquél.

Tiene, pues, tres numeraciones visibles, lo que hace hoy imposible de todo punto la comprobación de documentos.

Hay legajos de ventas de bienes de moriscos, de nombramientos de alcaides de las torres, de obras en las mismas, alojamientos de soldados y bastimentos de guerra desde 1496, de cabalgatas de soldados y pase de cristianos nuevos á Africa, sobre Monfies, etc.; otros muchos de causas criminales y rescate de cautivos, de todo el siglo XVI al XVII; reconocimientos de castillos y alcázares desde 1509, cabalgatas de moros y confiscación de bienes de sospechosos por herejías, testamentos de moriscos, y por último, gran colección de cuentas del palacio de Carlos V y de las Torres, de aprovisionamientos de guerra, de nombramientos y multitud de otros papeles relativos á presupuestos y títulos de propiedades. Se encuentran en ellos algunas rúbricas de reyes, muchas de nuestros más notables hombres de Estado y otras de artistas que se ocuparon en las mismas obras.

Donde está el archivo hay también unas copias en seis pedazos, ó fac-símiles estarcidos de las tres bóvedas pintadas de la sala de Justicia, que se mandaron hacer por la Comisión de Monumentos en 1871.

Parte más antigua del palacio árabe.

LA ENTRADA DEL ALCÁZAR, PATIO DE LA CAPILLA, MEZQUITA, TORRE DE LOS PUÑALES, LA DE MOHAMAD, Y CONSTRUCCIONES QUE HAN DESAPARECIDO.

Hoy entramos al Alcázar por una puerta construída en tiempo de Felipe V, que choca por su sencillez. No hallamos esos atrios dilatados ni esas plazas ó campos de maniobras que preceden por lo regular á los palacios mahometanos, y en cuyo espacio se recibe á los embajadores, se revistan las tropas y se celebran las solemnes festividades; pero en cambio se halla el terreno preciso que servía para los guardias, juzgados públicos y oficinas de la servidumbre. En la residencia de los sultanes de Ispahan, después de pasar la irregular planicie que precede á los alcázares, se entra por un sinuoso camino abierto entre casernas de guardias negras, departamentos de caballerizas, cocinas y albunes que habitan los alcaides de los diversos recintos encastillados.

En Argel y Tlemecen se ve lo mismo, y en la Alhambra hemos tenido que ir á investigar con grandes dificultades lo que nos ha dejado el tiempo y el Palacio del Emperador. Se encuentra á mano izquierda de la entrada un jardín, ocupado en parte por el palacio de Machuca, nombre del que planteó los cimientos del edificio cristiano, por haberlo habitado, según consta de un reconocimiento facultativo hecho por Ojeda, que vió y obró este patio árabe, por ruínas causadas en sus muros. En él, según Mijares, estaban los talleres, delineaciones y aparejos de los trabajos escultóricos para las dos fachadas del alcázar de Carlos V, y era abierto por el costado de Poniente, porque lo indican así los cimientos que hallamos, demostrando que abría paso al zaguán y puerta que hemos descubierto en 1867, como entrada principal de la más antigua parte del alcázar sarraceno.

Levantando parte de la solería de la capilla contigua á esta entrada, hemos visto cimientos de obra árabe, que debían constituir en esta estancia uno ó más cuartos de recepción, donde estaban las dos salitas pintadas de azul y oro que cita Mármol, y por las cuales se pasaba á las dos chemas ó mezquitas, cuyos restos se ven hoy todavía[149]. Todo lo cual se confirma por el octuwan que hay entrando por la puerta antigua al patio nombrado hoy de la Mezquita, por las formas de sus fachadas, el alero, el corte de los muros y el movimiento de los tejados para derramar las aguas; datos interesantes que justifican la existencia del Mexuar, del cual formaba parte el referido patio abierto de Machuca.

En 1526, Navajero describe el patio del Estanque como el primero que encuentra, y Mármol nos explica un patio más pequeño con dos salitas muy decoradas y una fuente que debía abastecer las demás del palacio. En una de estas salas, dice, daba el monarca, según costumbre mahometana, audiencia á sus súbditos. De modo que se entraba, según dicho autor, por muy cerca de la sala de Embajadores, que cita como la primera que visitó, la principal. Este patio pequeño no puede ser otro que el llamado hoy de la Mezquita, por no haber local donde suponerlo, pues la inclinación del terreno adquiere aquí de repente un desnivel de cuatro metros y no deja lugar para poderlo trazar en ningún otro lado. Entraron, pues, aquellos viajeros, por nuestra antigua puerta á ese pequeño patio, en el que había una fuente y dos salas pequeñas á uno y otro lado, en las cuales se administraba justicia.

Sobre el lintel de esta antigua entrada hay una inscripción tallada en madera, que dice así:

«Oh tú, auxiliador del trono excelso y guardián de su figura ó maravillosa construcción, abre la puerta esplendente y hermosa por la obra y por el artífice para la alegría del imán Mohamad. Cúbralos á todos Dios con sus favores».

Cuya leyenda revela harto bien el importante objeto de esta entrada del antiguo palacio.

Desde fines del siglo XV hasta principios del pasado se entró á la Alhambra por este paraje, con la sola diferencia de que después de colocado el altar de la Capilla, á principios del XVI, se siguió ingresando por una puerta inmediata que existe más pequeña en el vestíbulo mismo donde sitúa la grande, resultando así una porción de estrechos é irregulares callejones que era necesario atravesar para introducirse en la casa de los sultanes, como refiere Hugo de Cesárea que vió cuando fué al Cáiro á visitar al emir, donde halló muy estrechos y sinuosos pasadizos, poblados de guardias y esclavos, antes de llegar á los anchos patios y pórticos, y como se cuenta también de los palacios de Javarnak y de Sedir en el Hiram.

Todavía en nuestros tiempos, y según relatos de los viajeros de Persia, los palacios de origen sasanida aparecen completamente velados en su exterior por una multitud de pequeños y mal ataviados edificios, entre los que nadie puede sospechar que se guarde la entrada de los lujosos aposentos que habitan los monarcas.

Patio de la Capilla.

Entrando en más detalles sobre este departamento que ocupa la parte más antigua del palacio, existe el patio casi cuadrado que tiene en un lado el testero de las dos puertas, guarnecidas de azulejos después de hecha la obra antigua, y coronadas de un frontispicio alintelado de dovelas estriadas. Sobre un ancho friso de agemías hermosamente distribuídas había dos mikkah ó tragaluces con una ventanita central entre ellas, tapadas hoy y ornadas con la inscripción africana, que es una sura del Korán. El arco de este nicho es único en su clase; sobre él descansa una cornisa de colgantes y encima avanzan gradualmente moldurones de una gran escocia, también única en los monumentos árabes de todos los tiempos, la cual termina en un alero de madera admirablemente labrado del más exquisito trabajo; el todo conserva colores primitivos bajo el rojizo tono de su ancianidad.

Es una decoración completa que tenía sus puertas chapeadas con clavos dorados y cintas de bronce, de las cuales se conserva una en el Museo; celosías en las ventanas, ajimeces y basamento de jáiras de colores con alfreizares de mármol, de los que hay uno doblado por la presión de sus extremidades, con la misma elasticidad de un pedazo de madera.

Obsérvase en esta decoración algo de la arquitectura de la puerta del alcázar de Sevilla, reedificada por Don Pedro, y semejanza con las de las épocas de los primeros kalifas de Córdoba y Toledo; lo que nos obliga á asignarle mayor antigüedad, suponiendo que cuando se construyó daba frente y se descubría desde sus ventanas el río Darro, hasta que pocos años después se hizo el otro edificio de enfrente, cuyo ornato es distinto.

En el friso de madera, bajo el alero, hay una inscripción en cuatro tarjetones, que hemos copiado y que traducida dice así:

«Mi posición es cual una diadema. Mi puerta es para un lugar culminante. Imaginan las comarcas occidentales que en mí se halla el lugar donde el sol nace».

«Yo contemplo su aspecto semejante á la luz de la aurora en el horizonte».

«Algani bil-lah me dió el encargo de abrir la puerta».

«Haga Dios de esta obra un beneficio para el sultán como lo hizo bueno en figura y carácter[150]».

Enfrente hay tres arcos de aspecto tan igual al de la obra del patio de la Alberca, que podemos asegurar fueron levantados cuando aquél; lo cual indica que entre la construcción de la entrada que hemos descubierto y del citado patio de la Alberca, pasó un período á lo menos de cincuenta años, y que el referido testero de las dos puertas fué hecho frente á la muralla del Bosque, delante de una pequeña explanada. Después se labró la puerta antigua para dar entrada al patio de Machuca y la Mezquita, con cuyos edificios quedó encerrada la más antigua fachada del palacio.

Nótase un arco sencillo, forma de herradura, que hay delante de la fachada de los tres arcos; éste fué hecho en el año de 1522, con el intento de apoyar un suelo de cuadrado cuyo peso no fiaron á las dos delgadas columnas sobre que descansan aquéllos.

Las dos columnas tienen de notable que sus capiteles son tan raros como los del templo Jain de la India, ó los de los baños árabes de Cefalú en la Arabia; su forma extraña y caprichosa obedece á dos inspiraciones: una siriaca y otra greco-romana[151].

En el centro de este patio había una fuente más elevada, y pasando el intercolumnio se encuentra una pequeña sala que fué reedificada después de la conquista, como lo indica su techo, y en su centro se abre una ventana con trazas góticas, que debía servir antiguamente de puerta de la torre que pudo ser destruída con motivo de la construcción de la de Comareh.

La Capilla.

En el patio anterior hay una puerta moderna, que da paso á la Capilla que pudiéramos llamar mudéjar, porque se reconstruyó en 1537 y se hicieron sus mosáicos por Antonio Rojas, obra primorosa con escuditos alhamares y del primer alcaide cristiano. En aquella reconstrucción se rebajó el pavimento y se aprovecharon tres techos de ensambladuras, haciendo de nuevo los demás y todos los plafones y emplanchados. Su estructura primitiva debía ser á semejanza de la sala de las Camas, más alta del techo en su centro y con tribunas y menacires.

El altar es una composición de mal gusto, de piezas de mármoles que han debido servir para otro objeto muy distinto. Parece que formaron parte de una gran chimenea que se hizo para las habitaciones del Emperador, con otras que ya hemos citado de la sala de las Ninfas.

Por debajo de la tribuna se entra en una pequeña estancia cuyo destino no habría sido fácil explicar, si no se hubiera conservado un arco y un nicho del género que siempre emplean los musulmanes como Kihblah ó santuario de sus aljamas, y del que hay muchos ejemplos en todas partes; cosa bastante singular, porque parece que desde la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba todos los que se hicieron después en España y Africa fueron imitados del arco de herradura adovelado por dos curvas excéntricas, cuya forma aparece original y digna de estudio; y hasta la época más moderna ha continuado la tradición en Marruecos, donde los nichos sagrados en que se guarda el libro koránico tienen allí esta forma. Tanto su disposición como el nombre dado á este cuarto por varios historiadores, además del no menos importante dato de la dirección de los muros ó paredes de Oeste á Este y la situación del nicho perfectamente orientado, son testimonios más que suficientes para suponer que fuese la pequeña Mosala al-aidi ú oratorio[152] del palacio, levantada, como ya hemos dicho, en uno de los ángulos del patio llamado luego de Machuca.

Hemos intentado hacer más indagaciones en este aposento y han dado por resultado nuevos vestigios de arcos y relieves antiguos, los cuales subsistían bajo una gruesa capa de yeso, con la cual los habían cubierto en épocas cristianas. Su pavimento ha sido también rebajado como el de la anterior capilla y nótase la puerta que lo tuvo en comunicación con un estrecho pasadizo, que conduce á la Torre de los Puñales y á la parte arruinada del referido patio de Machuca, en cuya torrecita, muy ruinosa, se nota el techo antiguo, compuesto de pequeñas alfargías, y en un costado las señales de tragaluces de arco redondo donde habría agemías caladas.

Es éste un pequeño cuarto con ornamentos preciosos, diferentes de los del alcázar y con una ancha ventana en su testero principal, donde había una especie de mirador ó menacir de madera, cubierto de celosías, como las que se ven en el Cairo, y de las cuales quedaban todavía muchas en Granada á principios de este siglo. Del otro lado de la torre continúan los pequeños cuartos reservados que servían de viviendas, los cuales terminan con la muralla, en la puerta del Bosque.

Como se observa, desde esta torre se bajaba á un enclaustrado de arcos, hoy cubiertos, que hacían un frente del gran vestíbulo á que nos hemos referido en los últimos párrafos.

Concluye aquí la descripción del más interesante alcázar mahometano que se ha construído.

Armas árabes.

Palacio del Emperador Carlos V[153].

En el centro de la Alhambra se pensó levantar hacia el año 1526 el Palacio del Emperador Carlos V. Para establecer su ancha cimentación en un paraje de los más estrechos que ofrecía el conjunto de baluartes, y que estuviera en relación al mismo tiempo con el palacio viejo de los moros, fué necesario destruir una porción de casas árabes que se encontraban en esta pequeña y antigua población morisca, á la cual se entraba por la puerta del Vino, las cuales se demolieron para hacer este palacio, hermoso y bello en cualquier otra parte que se hubiera edificado, pero no tanto entre estos vestigios oriundos de una civilización completamente extraña á las luces y al movimiento intelectual del siglo.

Carlos V vino á Granada desde Sevilla buscando los recuerdos halagüeños del reinado de Doña Juana, en cuyo tiempo se consideraba este sitio como uno de los más frescos y saludables de Andalucía en la estación de los grandes calores; y extrañando que la corte española se hubiera hospedado en los aposentos de los moros, sin dejarlos de admirar y recomendando su conservación, mandó construir este palacio, encargándolo á artistas especiales y dotándolo de rentas suficientes. Los moriscos pagaban 80.000 ducados entonces, porque les permitieran sus usos y costumbres y por conservar trajes y ceremonias que les era difícil abandonar; de ellos destinó 10.000 para su obra, que se pagaban anualmente, añadiéndole 6.000 de las rentas del alcázar de Sevilla, y el importe de las penas de Cámara de los corregimientos de Granada, Loja y Alhama.

Desde algún tiempo eran innumerables los artistas que, procedentes de Italia, hacían en España, la mayor parte de las obras, los cuales consideraban el arte ojival como bárbaro, y se inclinaban decididamente al greco-romano, copiando sus majestuosos edificios, dotándolos de mayor riqueza de ornamentación y dándoles ese sentimiento pagano que irremisiblemente habían de ostentar. Debía pues, ser este palacio uno de los más ricos y suntuosos que se construyeran en España, rivalizando con el decantado arte traído por los vencidos musulmanes, y era preciso coronar la Alhambra de las glorias del Emperador para que se olvidaran las grandezas del pueblo árabe. Así se hizo con toda la posible arrogancia, derribando cuanto se oponía, hasta que aparentemente desapareció el carácter distintivo del baluarte musulmán[154]. Se buscó la inspiración en el palacio florentino, en la iglesia de Pisa, en Santa María la Mayor de Roma y en el patio del palacio viejo de Arnoldo di Lapo. Su estilo tiene toda la rigidez del panteón, toda la regularidad académica de San Juan de Letrán, toda la exactitud y proporciones de los entablamentos romanos; pero carece de la uniformidad que aquéllos guardan en la colocación de sus órdenes, y se resiente de la influencia del ornato á expensas de las proporciones de sus apilastrados y cornisamentos. Sin embargo, este edificio había de ser en España una preciosa joya sin rival, por la delicadeza de sus dibujos y refinamiento de sus esculturas.

La falta de unidad se nota en la contraposición de estilos que ofrece el primero y segundo cuerpo, pues mientras aquél tiene los modillones robustos de una construcción toscana poco delicada, el segundo es del orden jónico con todas las galas del renacimiento en los tímpanos y molduras, coronado por un cornisamento dórico de hermosa ejecución; y esta diversidad de contrastes está limitada en las portadas de los centros, donde hay uniformidad y clasicismo en el primero y segundo cuerpo, indicando que artífices de muy diverso gusto construyeron el edificio, y que su elaboración se prolongó más de sesenta años. Según los datos existentes en el archivo, si bien fué el año 1526 aquel en que se empezó á construirlo, no aparece la obra en ejecución hasta mucho después, habiéndose empleado largo tiempo en la cimentación que dirigió Pedro Machuca y su hijo Luis (1529), en cuyo año murió; continuando los trabajos bajo la dirección de Juan Orea y Juan de Mijares, hasta Pedro Velasco que se encargó de las obras en 1583. Y no se puede fijar la sucesión exacta de sus directores, porque se encuentran documentos firmados por Nicolás de Corte y Mijares, quienes en 1545 el primero y 1588 el segundo, lo mismo dirigían las obras, que se ocupaban de hacer esculturas, pues los arquitectos de aquella época eran decoradores de origen, al par que grandes prácticos que se encargaban indistintamente de la edificación y del ornato.

La planta cuadrada tiene 220 pies de lado y la altura es de 60, en dos cuerpos. En ambos hay un sistema de apilastrados, entre los cuales quedan los huecos de balcones, claraboyas y tímpanos adornados de esculturas como vasos griegos, guirnaldas de granado, esfinges y tarjetones, obras hechas todas por Morell y Juan de Vera.

En los centros de las fachadas de Poniente y Sur se levantan dos pórticos hermosamente labrados en mármoles de diversos colores, entre los que se notan la piedra serpentina de Sierra Nevada, sin rival por su hermoso color, los blancos de Macael manchados de rojo que hay en los medallones, y los pardos finos de la inmediata Sierra de Elvira. En la puerta cuadrada del centro, sobre el frontón, se ven hermosas figuras recostadas, encima, medallones con cuádrigas y caballeros armados á la flamenca, y sobre los tres balcones del segundo piso, tres medallones labrados por Pedro de Ocampo, escultor sevillano, los cuales representan, uno el escudo real de España, y los otros escenas mitológicas de los trabajos de Hércules. Son admirables en este lado las batallas de bajo-relieve hechas sobre los netos de los pedestales, cuyo croquis publicamos, y las famas ó glorias alusivas al dominio de ambos mundos que hay en otros, las cuales hizo Antonio de Leval en la cantidad de 145 escudos cada uno, suma insignificante que en nuestros tiempos equivaldría á 700 escudos á lo menos. Al mismo se atribuyen los estilobatos, según documento que existe en el archivo, reclamando su valor. Los citados espejos de Hércules costaron 430 escudos; y los escultores Salazar y Pablo de Rojas hicieron las estatuas por la suma de 185 escudos[155]. Entonces se pagaba por la talla de cada una de las cartelas de la cornisa con el florón y cubierta de cada entrecán, la cantidad de 28 rs., según ajuste que firma Juan de Mijares, encargado de estas obras el año 1588.

En la otra portada del Mediodía hay menos clasicismo greco-romano, y su composición es una obra de renacimiento con esculturas más fantásticas y menos perfectas. Cuatro columnas jónicas sostienen el cornisamento, en cuyo friso se lee: Imperator Cæsar Car. V, y en los costados de los pedestales, sobre los que descansan leones sin concluir, se ven trofeos de las guerras contra los árabes, muy interesantes para los estudios arqueológicos.

En su segundo cuerpo hay un pórtico de tres ventanas arqueadas, y en las enjutas se hallan labradas ninfas alegóricas á la historia, escribiendo sobre anchas tablas de mármol. En los netos se ven figuras triunfantes de la mitología, centáuros y escenas paganas, como el robo de Anfitrite por Neptuno, las columnas de Hércules, etc., obras todas de los citados Morell y Juan de Vera.

Bajo-relieve del Palacio del Emperador.

Hay alguna irregularidad en la distribución de ventanas de la fachada de Poniente, lo cual está demostrando que el que hizo el proyecto primero de esta decoración no pudo terminarlo y que los artistas posteriores al año 1564, en cuya época no estaba hecho más que el primer cuerpo, proyectaron después la fachada del centro, y no pudieron arreglarse á los ejes de la construcción primitiva. Lo mismo puede decirse de los muros trasversales interiores, que en lugar de resultar adosados á los mazizos resultan algunos en los claros de los balcones, para cubrirlos sin duda con ventanas fijas de madera que no llegaron á colocarse.

También llamamos la atención hacia los agujeros que hay en el primer tercio de las pilastras almohadilladas, donde estaban clavados los manillones de bronce que se guardan hoy en el pequeño museo del Palacio árabe.

En el ángulo de estas dos fachadas descritas se ve el arranque de un arco que debió construirse para separar la plaza de los Aljibes de la de los Álamos, y constituir en la primera la plaza de Armas haciendo un gran arco de triunfo que quedó en proyecto.

El interior de este edificio ofrece una singular composición reprobada como regla general en el arte de construir. El círculo inscripto en el cuadrado deja cuatro irregulares estancias triangulares que no pueden servir de nada, y aunque aquí se ha aprovechado una de ellas con la escalera principal del palacio, las otras quedan como huecos ó rincones que afean la distribución. Aparte de estos defectos, tiene el patio tan imponente decoración, á causa del cenador circular apoyado sobre treinta y dos elegantes columnas dóricas que sostienen la bóveda en dirección anular, que nos recuerda los magníficos pórticos de la vía Flavia en Roma. Sobre el primer enclaustrado se alza la galería de orden jónico, ceñida por un anillo tallado á dovelas de lintel plano, en las cuales se halla incluído el arquitrabe, friso y cornisa, tan admirablemente unidos, que sin ser entibado este círculo de piedras por ninguna fuerza exterior contra su centro, se ha sostenido durante cuatro siglos sin descomponerse ni que se rompa ninguno de los bloques de la curva.

Todas las demás decoraciones se reducen á los conocidos apilastrados y entablamentos, nichos para colocar estatuas, frontispicios, basamentos y cuantos detalles desarrolla el estilo modulado de esta conocida arquitectura.

La escalera citada ocupa el ángulo Sudoeste, y no tiene más mérito que la magnitud de los peldaños y las bóvedas hornacinadas que trazó Francisco de Pontes, otro de los artistas que se ocuparon en estas obras.

En el ángulo de la planta que mira á Oriente, hay un departamento de forma octogonal y muros de mayores dimensiones, que se destinaba á Capilla del Palacio, y debía cubrirse, según el proyecto, con una bóveda semi-esférica. El suelo de este pabellón se halla sobre una bóveda subterránea, á la cual se entra por el patio del Estanque, y ocupa el terreno que ya hemos estudiado, por donde se extendían las habitaciones que llamaron de invierno en el Palacio árabe, las cuales no pueden indicarse en el plano, porque han desaparecido hasta los cimientos.

En el grueso de los muros y en la forma octogonal ya descrita, hay dos escaleras de las llamadas de caracol, que desde la bóveda subterránea suben hasta el cornisamento del edificio.

Aparte de las imperfecciones de distribución que tiene una obra hecha por diferentes arquitectos, siempre es admirable en el mecanismo de la construcción, el desarrollo de entibaciones y el ajustado corte de piedras. Sus esculturas carecen por regla general de buen dibujo; pero abundan en delicadeza de trabajo, fantasía y riqueza de detalle. Las superficies de los muros están generalmente revestidas de la fina piedra calcárea de Escúzar, y por dentro de la de Alfácar, más dura y grosera. Las columnas y galerías del patio, son de piedra conglomerada, vulgarmente almendrilla, que es muy bella y se trabaja difícilmente.

Hacia el año 1590 se hallaban todavía sin labrar la mayor parte de sus esculturas, y nosotros dudamos si este edificio llegó á cubrirse definitivamente, pues aunque á principios del siglo XVII se hallaba reunida en los almacenes de la Alhambra toda la madera que se había traído con este objeto de los pinares de Segura, en tal caso, creemos que sólo el anillo del corredor circular llegaría á cubrirse.

Por último, los mejores artistas de la época, como Juan de Cubillana, entallador, en 1560, Juan del Campo, en 1565, Landeras, en 1584, Núñez de Armijo y los Machucas ya citados, Ocampo, Leval, Baltasar, Godíos y otros que hemos tenido ocasión de mencionar, tomaron parte en la ejecución de las obras, con sueldos que variaban de 130 á 200 maravedís diarios, según consta de los legajos del archivo.

Pilar del Marqués de Mondéjar.

Fué construído de orden de este segundo Alcaide, según consta del archivo y lo indican los escudos esculpidos en la caliza de Sierra de Elvira, sobre el paraje donde se hallaba el repartimiento de aguas de los barrios de Gomeres y Churra.

Aunque simple en su composición, por hallarse adosado á una muralla que en lo antiguo cerraba delante de la puerta Bib-Xarca, y continuaba luego á enlazarse con el camino de circunvalación de la torre de las Cabezas, es muy bello en sus detalles escultóricos. Está situado en el final de la cuesta ó camino único que desde el barrio de Cuchilleros y cuesta de Gomeres conducía entonces á la Alhambra, paso frecuentado durante cuatro siglos, hasta que se abrió el del centro de la Alameda en 1831. Por las inscripciones, se ve que fué dedicado al Emperador; tiene hermosos adornos del renacimiento sobre sus cornisas, y tres rosetones con cabezas cargadas de frutos, alusivos á los tres ríos que pasan por esta ciudad. Se empezó á hacer en 1557, y aun quedaba algo por concluir en 1624. Sus cincelados son del escultor Alonso de Mena, y algunos van desapareciendo, particularmente donde están esculpidas escenas mitológicas de notable primor. La traza general es el greco-romano del renacimiento, poco esbelto y gallardo, pero propio para el lugar y objeto á que se destinó. En nuestro tiempo han restaurado algunas esculturas decorativas de uno y otro lado del segundo cuerpo, que se confunden con las antiguas.

Los dos últimos monumentos que hemos mencionado de estilo tan diverso del árabe, forman ya en el número de los nobilísimos que se alzaron en este mágico recinto, y por eso no nos podíamos dispensar de citarlos ligeramente, antes de abandonar los tan preciados de la dominación agarena.

Cercas antiguas de Granada, puertas y alcazabas.

Era la primera condición de todas las antiguas poblaciones que se levantaron ó engrandecieron durante los siglos medios, que debían estar situadas en grandes alturas, y rodeadas de muros en dos, tres y cuatro falanges, según su importancia; y aunque esto fuera peculiar también de más antiguos tiempos, nunca se observó con más rigor este sistema de defensa, como en la citada época y particularmente en España, donde si se contaran las fortificaciones destruídas, sería mayor su número que el que cuenta la mitad de Europa. En Granada hubo diversos circuítos amurallados, principiando por el de Hiznarromán, atribuído á los tiempos romanos y fenicios, sin fundamento incontrovertible; y se supone que los árabes encontraron el castillo citado con otros vestigios que destruyeron después, en el sitio llamado hoy placeta de las Minas y carmen de Lopera, con ruínas de un templo pagano. Multitud de inscripciones se descubrieron más tarde, sobre cuyo asunto se formó un célebre proceso que no escandalizó muy poco en aquella época. Parte, pues, desde este sitio el baluarte de estructura árabe que hay á la vista en diversos parajes, construído próximamente cuando las primitivas torres Bermejas que ya hemos citado, el cual dominó en aquella colina, como en su día dominaron los castillos romanos que allí hubiera sobre alguna pequeña población, anterior quizá á los tiempos visigodos, no tal como se encuentran hoy, sino destruídos y vueltos á edificar en forma de alcazaba, que se llamó después Cadima ó vieja; precisamente como sucedió con la de Al-hamrra, donde se construyó una fortificación más antigua y más pequeña que la que hoy existe. Dicha alcazaba apenas podría contener una población de 500 vecinos antes que se hiciera la gidida ó nueva, en cuyo tiempo se trataba ya de abandonar á Illiberis; lo cual nos induce á sospechar si el primer castillo que se construyó en lo más alto de lo que hoy se llama barrio del Albaicín se hiciera para dominar un pueblo que había del lado de Poniente, el cual fué origen de la ciudad árabe que fundó Bidis-ben-Habus, ocupando el Zenete por un lado, y por otro la alcazaba citada. Desde la conquista y particularmente en el siglo XVI se han hecho descubrimientos en Hiznarromán, que con los del Sr. Mendoza (1871), dan á entender que hacia el aljibe grande había un muro que terminaba en la Puerta Nueva, donde Mármol fija el asiento primitivo de la Castela de Ben-Aljatib ó del Castillo de Gazela, como él lo llama, y su construcción es como la de Hiznarromán, fácil de confundir con la romana y cartaginesa.

En dicha Alcazaba Cadima, labrada en tiempo de la primera invasión, sobre otra más antigua, se hallaba una Ráuda, lugar no muy espacioso donde enterraron á Badis y posteriormente al caudillo Aben-Ganía, enterramento que no podía existir sino fuera de este estrecho recinto, en el lado construído por los Ziritas, más espacioso y no menos sembrado de ruínas semejantes á las citadas. Del mismo modo se establecieron los castillos sobre el Mauror y Antequeruela, como se ha visto testimoniado por la existencia de un dilatado cementerio romano, encontrado no hace muchos años por bajo de la muralla y puerta de Niched ó de la altura[156], en la huerta de Zafania[157], cuyo caso se ofrece igualmente en la Alhambra antes del establecimiento de los moriscos, cuando había una población quizá también romana ó fenicia con el nombre de Natívola[158], si hemos de creer la tradición que se pierde en la noche de los tiempos, y que no desecharemos en absoluto.

Siendo simultánea la existencia de Garnata é Illiberis, está averiguado que la ciudad de aquel nombre se hallaba más bien en el lado de la villa de los judíos que en el que se llamó Albaicín ó de los Alconeros, donde parece que se hospedaron unos cuantos yemeníes, guerreros de las invasiones árabes del siglo VIII. Estos estudios ó investigaciones, por más que no ofrezcan novedad, atendiendo lo mucho que se ha discutido y lo poco nuevo que se ha hallado para fortalecer una opinión justa sobre los primitivos castillos de Granada, se reducen á fijar los sitios designados en los planos con más ó menos aproximación, y á situar el primitivo castillo de Romanos entre las puertas de la Señoría y la de los Estandartes, demostrando que la segunda fortaleza de aquel lugar fué completamente de construcción sarracena, y que más tarde todavía, en tiempo de los Ziritas, se reconstruyó y continuó por la placeta del Cristo de las Azucenas, Aljibe grande, convento de San Agustín y cerca de San José ó Antigua mezquita, cuyos cimientos y argamasa es de la clase con que se fabricó lo que hasta aquí era conocido por Alcazaba Gidida ó nueva.

Otra muralla de esta parte de la población acaba de indicarnos el aislamiento desde su origen de aquellas fortalezas, demostrando la existencia de dos grandes suburbios que vinieron á reunirse desde el siglo XII en adelante. Esta está trazada á fragmentos muy visibles todavía sobre la calle de San Juan de los Reyes hasta el Zenete, abrazando el barrio de Badis y de los Morabitos; y quedan por consiguiente murallas de flanqueo y enlace en dirección de la Puerta de Elvira y hacia la casa de la Moneda y convento de Zafra, donde hubo una puerta y muros que señalan un cambio de dirección en la margen derecha del río de Darro, pasado el puente árabe que debió llamarse el del Cadí[159], y alineándose por un lado con la subida y entrada á la Alhambra y su Alcazaba, y por otro siguiendo la orilla hasta un puente que había por bajo de la puerta de Guadix.