Señor director de La Nación: Misterium ha conversado conmigo sobre el artículo que hoy ha publicado en estas mismas columnas el señor Raoul Morlais. Me ha dicho asimismo que puedo comunicar a usted su respuesta.
Misterium ha conocido a madame Blavatsky por las propias obras de ella, por la biografía que escribió la hermana, y por los apologistas del Lucifer, sin contar con el ferviente y apasionado libro de Sinnet, en que se trata de la renombrada y extraordinaria taumaturga.
Pero también ha leído—¡ay, desgraciadamente para su credulidad de poeta, y amigo de lo supra-terrestre!—los escritos de algunos señores que no son teósofos ni poetas, entre los cuales señores Andew Lang y Max Müller.
No es Misterium, por cierto, adorador de la ciencia; pero protestando y todo, a pesar de la sonada reciente bancarrota, se deja aplastar por el carro de Jagernant.
Antes—y ahora, cuando no sale del recinto de sus sueños—creía en una madame Blavatsky completamente maga; una madame Blavatsky que conversaba a millones de leguas con sus amigos y maestros, los mahatmas del Tibet; una madame Blavatsky que hacía materia—, y la más preciosa: oro. Imaginábasela rodeada de sus elementales, como una reina de cuento azul de gnomos.
Quiso ser teósofo, y se dió a estudiar libros y revistas especiales, que tenían en las carátulas cabezas de Gistos sobre estrellas enormes, o frases en hebreo, o misteriosos paragramas. Pronunció muchísimas veces con la unción de un digno catecúmeno, la sagrada y mágica palabra um; y tan a pechos tomó la lectura de autores esotéricos, que, poco más, y le sucede lo que le sucedió al reverendo padre Valdecebro.
Cuando más vigorosamente se entusiasmaba y juraba por el coronel Olcott, bravísimo profeta de madame Blavatsky, y afianzaba más su fe al conocer como sabios de la talla de Crookes, presentaban a Katy King, encantadora difunta, como si fuese una señorita viva; y como la sociedad teosófica aumentaba sus numerosos adeptos, hindús, ingleses, yankees, franceses y españoles, cayeron en sus manos los escritos de los antiteosofistas.
Mucho tuvo que luchar Misterium para no dejarse arrebatar su ilusión, que juzgaba verdadero tesoro.
Calificó de envidiosos y de cobardes a los que se atrevían a llamar vulgar espía político a la Papisa budhista, y, sobre todo, a negarla su potencia maravillosa.
Asistió todavía en espíritu al baile blanco que dió la duquesa de Pomar a la persona astral de María Estuardo, y se refugió en su ensueño para librarse de los mandatos de la ciencia oficial.
Mas hasta allí persiguiéronle los horribles hombres científicos, los cuales fueron los primeros en pronunciar las palabras que han llamado la atención del Sr. Morlais: «Monstruoso charlatanismo».
El Sr. De Morlais debe conocer la campaña emprendida contra madame Blaratsky y la doctrina que propagaba, sobre todo, con motivo de sus milagros y manifestaciones taumatúrgicas.
Mucho han defendido sus discípulos y apóstoles, a la innegablemente simpática e inteligentísima rusa, la cual obtuvo su maravillosa ciencia por don especial, pues sin haber frecuentado los libros, sabía tanto como muchos sabios.
Mas sus contrarios no cesan, a pesar de haber ella muerto; el número y calidad de ellos, sobre todo la calidad, son abrumadores.
¿Quiere el Sr. De Morlais una prueba recientísima?
Abra el último número llegado—número de febrero—de la North American Review, y lea las páginas escritas por Sedwidg Minot sobre «La comedia psíquica». La fuente no es, por cierto, de escasa o sospechosa autoridad.
Se ocupa el escritor en dinamitar esos dos Palacios de Las mil y una noches, que basados en una poética ciencia—¡cómo se entrechocan esas palabras!—son consoladoras y amables academias, para el alma y para la poesía: la Sociedad Teosófica y la Sociedad Psíquica.
Sus ideas son claras y fuertes, y sus frases sin penachos.
¿Cuál es la causa de los recientes entusiasmos hiperespirituales? Según él, está en nuestra atmósfera mental. Algunas personas están satisfechas con el ideal cristiano y con la cristiana aceptación de los límites de la humana vida.
Su objeto es demostrar que la Theosophical Society, no merece una seria consideración, y que la Psychical Society, no observa las necesarias condiciones de investigación científica en sus rebuscas sobre transmisión de pensamiento—telepatía—y fantasmas, o aparecidos.
«Hay un buen número de gentes que creen en las extraordinarias doctrinas conocidas por budhismo exotérico, hacia el cual Mr. Sinnet, fué el primero en llamar la atención del público lector». El poder maravilloso de la Papisa está descrito y testificado en el Occult Nord de Sinnet.
Sedwidg se permite calificar irreverentemente ese poder de «a series of magical performance by a clever woman who called herself madame Blavastky!» El hecho más extraordinario, fué que habiéndose roto una taza, en un pic-nic, al que concurría dicha señora, ordenó ésta cavar en cierto punto del campo, en donde fué encontrada otra taza igual, la cual fué creada por ocultas y mágicas influencias.
Sedwigd pasa muy rápidamente sobre la parte biográfica de la fundadora de la Sociedad Teosófica: su origen ruso, su nacimiento en 1831; su carácter—¿soportará el señor de Morlais?:«—she appears to have been a singullary ill-natured, bad-tempered, injust, unreasonable, and, selfish person». Confesábase ella misma dotada de sobrenaturales virtudes y potencias;—su viaje, por fin, a los Estados Unidos, en 1873, donde escribió su Iesis unveiled. Allí encontró al Coronel Olcott—, «a worthy but seemingly credulons gentleman»—que fué su principal ayudante para el establecimiento de su sociedad.
Siendo la India cuna de la sabiduría esotérica, y en donde madame Blavastky fué principalmente iniciada, la cabeza, la sede teosófica, se trasladó a la India.
Ya establecida allá, «la profetisa» convirtió a muchos, entre ellos, quien sería más tarde uno de sus más sonantes trompeteros: Sinnet. Sinnet, iniciado, logró también la comunicación de los mahatmas. Los mahatmas son seres extraños, dominadores de las fuerzas ocultas de la naturaleza. Pueden hacer caer fresca, en un salón de Buenos Aires, una rosa que acaba de abrirse en París o en Calcuta. Escriben cartas mágicamente, conversan a miles de leguas de distancia, viven cientos de años, tienen ojos misteriosos, fascinadores y profundos. Así los pintan.
En las naciones occidentales, dice Sedwig, y especialmente en los Estados Unidos, han encontrado buen terreno el espiritismo, la clarovidencia, el mesmerismo.
Paul Bourget acaba de darnos en su Ultramar excelentes páginas respecto al espiritualismo yankee.
Las mujeres americanas están más expuestas al contagio.
La superioridad absoluta de las ciencias ocultas de Oriente sobre la ciencia occidental—de que habla uno de los interlocutores del diálogo La esfinge, de Misterium—, está predicada en el Esoteric Buddhism de Sinnett. Esto es causa de que en las obras teosóficas haya afirmaciones que contradicen abiertamente la ciencia oficial. Por ejemplo, afírmase que antes, en tiempos inmemoriables, existía un gran Continente en el lugar que hoy llena el Océano Atlántico. Los geólogos han considerado la hipótesis, pero la han positivamente rechazado. No obstante, Sinnet escribe: «La ciencia ha aceptado, por fin, la existencia del gran Continente, etc.»
«Again he asserts that the vegetable precedes the animal in the process of development, but it is not true. It is true that Mr. Sinnet and his Mahatma are both gloriously ignorant of the elementary truth of nature science.»
La boga adquirida por la obra de Sinnet se debió, según Sedwidg, a que la mayor parte de sus lectores estaban poco familiarizados con las ciencias naturales.
Luego aparecieron los terribles demoledores. Entre ellos, el más implacable: «The most cruel blow to esoteric Budhism.» Mr. Richard Hodgson talentoso y concienzudo investigador.
Hodgson fué el centro teosófico principal para estudiar los fenómenos; fué a la India. Conoció al desde entonces nombrado Coulomb y su mujer; presenció uno de los fenómenos más importantes y estupendos: «el de las cartas enviadas mágicamente por desintegración; vió colocar en el misterioso gabinetito llamado shrine las cartas que debieran desintegrarse. El shrine fué entonces cerrado; las cartas se desintegraron, y aparecieron las respectivas contestaciones.»
Los discípulos creían y creen que las cartas eran quitadas por desintegración, por el poder mágico del oculto introductor o mahatma.
«Vivía éste, asegurábase, en el Tibet, y las contestaciones eran compuestas por él, desintegradas en el Tibet y reintegradas en el Shrine.»
Mr. Hodgson descubrió que el Shrine tenía una falsa entrada, que se comunicaba con el dormitorio de madame Blavastky...
Las cartas que se creían obra del mahatma, eran escritas por ella. De un lado del Shrine había credulidad, del otro fraude.
Después apareció el célebre Molinis, uno de los principales actores de la Comedia Psíquica. Pero todo el honor a la señora «Madame Blavastky was certainly one of the most successful of impostors.»
Y luego: «Madame Blavastky and other charlatans».
Oh, el desolado Misterium no perdona, como el señor de Morlais, seguramente, tamaños epítetos dirigidos a una sacerdotisa del Misterio; mas los hombres de la ciencia no respetan los hermosos sueños ni los poéticos entusiasmos.
Misterium escribió, pues, sustentada en algo más que en una revista de Papús.
Y me ha encargado manifestar al señor de Morlais, junto con su agradecimiento por sus palabras lisonjeras, el deseo que nunca tenga que lamentar la pérdida de sus ilusiones teosóficas.
Creer en algo: he ahí una riqueza.
Ah, es doloroso tener que convencerse de que madame Blavastky no haya podido prolongar su vida quinientos años; que Papús haga negocios con sus facultades mágicas; que Peladan esté en continua berlina, y que Onofroff, el grande y culto Onofroff, tenga que sufrir muy pronto la misma suerte, el mismo triste olvido que la serpentina, el hombre descuartizado y La Verbena de la Paloma.