Provincias Extranjeros
en 1857
Cifra
en 1857
Total
en números
redondos
en 1860
Entre Ríos 12.044 79.282 82.000
Corrientes 2.006 85.447 86.000
Santa Fe 4.304 41.261 43.000
Córdoba 380 137.079 140.000
San Luis 153 37.602 38.000
Mendoza 3.181 47.478 49.000
San Juan ? ? 50.000
La Rioja ? ? 34.000
Catamarca ? ? 60.000
Santiago del Estero ? 77.575 80.000
Tucumán 273 84.044 85.000
Salta ? ? 70.000
Jujuy ? ? 33.000
Buenos Aires ? ? 330.000
Total 1.180.000
Indios del Sud 10.000 ?
  —  del Norte 20.000 ? 30.000
Indios de la Patagonia ?
Total 1.210.000

Todos estos elementos debían traer en el transcurso de algunos años grandes cambios; un día sería una nueva idea, un edificio de formas distintas, el de más allá una industria nueva; así de continuo, en modo que cuando se efectúa el censo de 1869, la población y los caracteres generales del país habían cambiado; el carácter hospitalario de la familia colonial, debía continuar, continúa todavía sobre todo en las provincias; el gaucho con sus caracteres raros, mezcla de menestral y del peregrino de la edad media, como lo ha considerado un distinguido autor, atravesaría los años, cambiaría posiciones, mas seguiría existiendo; la haraganería, que ya en 1853 había hecho fortaleza principal en los empleados de las oficinas públicas[36], seguía conservando su sitio inexpugnable en 1869, lo conservaría en 1880, sería dueña de sus hombres en 1895, cuando el censo revelara cómo había extendido sus fronteras, y el primer centenario de la revolución, invencible en sus asientos la encontraría.

La cria del ganado, que tanto papel desempeñara anteriormente, continuaba predilecta, sobre todo en un principio. Los extranjeros mismos, en algún número se dedicaban á ella, abandonando el comercio[37].

2. Pero los cambios de costumbres también son grandes aun en los detalles, y este hecho curioso lo señala: la siesta, la famosa siesta colonial, desaparece en el Rosario en 1864, debido al trabajo y á las ideas y costumbres traídas por el elemento extranjero[38]. En las ciudades en que el incremento de la población extranjera no ha sido tan considerable, aquélla se ha mantenido más tiempo y en algunas se mantiene aún.

Se introducen métodos nuevos para el cultivo de los campos: las colonias de Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y Corrientes, muestran las ventajas de la agricultura; los nacionales empiezan á tener afición á ella; en las ciudades, desde 1856 aparecen las luminarias á gas, los empedrados adelantan, el valor de la tierra sube, las modificaciones se propagan al interior, los capitales afluyen; en 1865 los serenos se declaran en huelga, «signo de progreso»[39]; en 1866, se funda la sociedad rural, de la que es iniciador con otros, el inglés don Ricardo Newton que poco antes había inventado los alambrados y ensayado la introducción de animales finos. Se le llamó loco porque pretendía con débiles alambres, sujetar la fuerza de formidables toros, y gastaba en un carnero traído de afuera, cinco veces más de lo que gastaría en el mejor carnero argentino; no importaba, sabía lo que hacía.


De los extranjeros que llegaban, muchos quedaban en las ciudades, algunos avanzaban sobre el litoral donde otros les habían precedido, otros pocos se expandían por el resto de la nación; era la mayor ó menor facilidad de vida lo que determinaba sus movimientos. Algunos pensarían retornar al país de origen, enriquecidos; otros dejaban aquel pensamiento, se vinculaban, se casaban con hijas del país, se establecían definitivamente, daban descendientes argentinos.

Las uniones naturales entre extranjeros é hijas del país, eran muy comunes; la reproducción era abundante; un cálculo de treinta y ocho años, hecho considerando los libros parroquiales de Córdoba, ha dado el resultado de siete hijos para cada matrimonio de blancos[40].

En el cálculo de matrimonios en el litoral se llega á que aproximadamente, de cada cien extranjeros que contraen matrimonio, sesenta y seis lo hacen con hijas del país y treinta y cuatro con extranjeras; en el interior, el porcentaje es mayor.

Algunos documentos antiguos traen noticias interesantes á este respecto: como muestra y confirmación de lo que digo, puedo recordar estos datos tomados del registro estadístico para el estado de Buenos Aires, que dirigió Maeso primero, y luego Trelles: trae el tomo correspondiente al primer semestre de 1856 una estadística de matrimonios de la ciudad de Buenos Aires por parroquias, estadística primitiva, indudablemente con errores y de la que se excluyen del sistema con que se dan los números, los de la parroquia del Socorro, «por cuanto el señor cura no los ha enviado en la forma que correspondía». Para no enumerar todo aquello, he hecho este resumen:

Matrimonios de argentinos con argentinas 125
con orientales 2
franceses con argentinas 13
con francesas 57
con orientales 1
con españolas 1
italianos con argentinas 19
con italianas 71
con inglesas 1
con orientales 2
españoles con argentinas 23
con españolas 25
con italianas 1
portugueses con argentinas 8
con africanas 1
ingleses con argentinas 3
con inglesas 16
alemanes con argentinas 2
con inglesas 1
con francesas 1
austriacos con argentinas 1
suizos con argentinas 1
brasileros con argentinas 1
con brasileras 1
paraguayos con argentinas 1
orientales con argentinas 7
con orientales 5
bolivianos con argentinas 1
chilenos con argentinas 1
africanos con argentinas 1
con africanas 5

En congregaciones extranjeras 26, entre protestantes, ingleses, alemanes, americanos y escoceses.

Estos datos son sin duda defectuosos, pero interesan del punto de vista de la cantidad de nacionalidades que comenzaban ya á formar la nueva nación. Y estos matrimonios tienen hijos que nuestra ley considera argentinos y que lo son también en sus sentimientos. Pero ¿tienen los mismos caracteres que tendría la población si hubiera continuado siendo española ó descendiente de española? ¿no vale entonces de nada la herencia? Indudablemente son argentinos, pero distintos de los otros; no son ni parecidos á los primitivos argentinos ni á los compatriotas de sus padres; tienen de uno y de otro; el medio los modifica: los cruces los modifican más; no son, serán; son argentinos en un sentido; tienden á ser, en otro: su unidad como raza no está hecha, será, está en el futuro.

Así se llegó al censo de 1869, hecho bajo la dirección del señor Diego G. de la Fuente; obra muy buena; primer censo nacional, cuyo capítulo de población futura (pág. 22) da esta curiosa previsión, ejemplo de como el método estadístico puede algunas veces dar resultados para el futuro. La República Argentina tendrá aproximadamente, dice, en 1879, 2.464.000 habitantes; en 1889, 2.444.000; en 1899, 4.778.000; en 1909, 6.591.000. Como se ve, el error ó no existe ó es pequeño y el dato curioso. La ilusión se perdería si se leyera como se lee poco más allá, el cálculo para la ciudad de Buenos Aires en que da para 1909, 650.000 habitantes; por más que dice como condición, «si se conserva en sus límites», y Buenos Aires se ha excedido y se ha apoderado de los alrededores; pero con todo, el cálculo resultó reducido en cuanto al desarrollo de la gran ciudad, como han resultado todos los que se han hecho sobre dicho crecimiento para épocas más ó menos distantes.

Dejando ésto, veamos la estadística de nacionalidades. Existían dentro de la nación, en la época del censo, 1.531.360 argentinos y 211.993 extranjeros divididos como lo expresa el cuadro siguiente:


Distribución
Geográfica
Total Argentinos Otros hispano
americanos
Brasileros Norte-
americanos
Alemanes Austriacos Españoles Franceses Ingleses Italianos Portugueses Suizos Otros estados Africanos
Buenos Aires 495.107 343.866 12.062 1.118 863 3.192 657 28.534 27.141 9.052 60.686 1.228 2.369 3.672 1.067
Santa Fe 89.117 75.178 1.253 121 76 1.146 27 1.559 1.728 690 4.223 127 2.272 712 5
Entre Ríos 134.271 115.963 5.379 800 39 358 54 3.025 2.421 451 4.258 167 1.020 219 117
Corrientes 129.023 120.198 2.050 3.823 13 118 65 432 462 100 1.513 121 62 45 21
Córdoba 210.508 208.771 381 22 19 67 17 225 262 174 396 10 80 81 3
San Luis 53.294 52.761 399 6 20 35 49 3 19 1 1
S. del Estero 132.898 132.763 35 2 2 5 1 26 16 25 7 15 1
Mendoza 65.413 59.269 5.625 9 23 16 2 75 78 11 75 6 20 4
San Juan 60.319 58.007 2.087 1 8 26 3 38 45 26 54 3 6 10 5
La Rioja 48.746 48.493 216 1 1 3 10 11 1 8 1 1
Catamarca 79.962 79.551 270 40 11 5 21 12 17 27 1 6 1
Tucumán 108.953 108.602 160 8 4 12 1 39 73 3 43 2 6 1
Salta 88.933 85.959 2.784 7 15 2 40 34 5 65 3 9 3 7
Jujuy 40.379 37.353 2.993 1 1 2 9 4 12 1 3
Chaco 45.291
Misiones 3.000
Pampa 21.000
Patagonia 153 47 1 104
  Id. pobl. ind. 23.847
Ejércitoen opes 4.579 608 146 5 6 12 47 79 39 304 20 100 338
1.830.214 1.531.360 35.663 6.065 1.095 4.997 834 34.080 32.382 10.709 71.442 834 34.080 32.382 10.709

El total de extranjeros que dió aquel censo, correspondía á una población de 1.830.214. Es así que la proporción fué de 121 por 1000. Mas, de aquel número de extranjeros, 28.000 aproximadamente son hispano-americanos no brasileros, es decir, de igual sangre que la que aquí se iba formando. Este número modifica en algo el porcentaje de individuos de sangre nueva, pero las líneas generales permanecen las mismas y los datos citados son suficientes para indicar cuál podría ser el grado de formación de la raza y cómo la transformación era desigual, pues mientras en Buenos Aires la población extranjera era tan numerosa como se ha visto, en algunas provincias, San Luis por ejemplo, su número era tan reducido que podía considerarse insignificante. Esto quiere decir, que la superposición ó mejor dicho, la transformación va en progresión decreciente de la capital al litoral, y del litoral al interior. No obstante, debe tenerse presente que en cuanto á industrias, artes y costumbres, llegaban á algunas regiones, aun cuando el número de extranjeros fuera escaso; las ideas llevadas por unos pocos, tenían en sí fuerza expansiva y se propagaban.

Hay que tener presente que para establecer la cifra exacta de los individuos de sangre argentina y los de sangre extranjera, debe recordarse el número que da la inmigración en los años anteriores, lo que aumentaría en un 20 por 100 por lo menos, para la ciudad de Buenos Aires y para el Rosario, el número de los individuos-elemento extranjero y en un 10 por 100 para toda la nación. Es verdad, también que en ese elemento hay mucho español que aunque con modificaciones impuestas por los tiempos, trata en su naturaleza de continuar la constitución étnica argentina de 1853.

Por otra parte, las condiciones geográficas, físicas y económicas del país, el camino más corto de Europa, la mayor población desde siglos establecida en las regiones del Plata, el mayor conocimiento de las mismas, la facilidad de los cultivos, del abundante riego, eran todas circunstancias que hacían preferir el establecimiento en las provincias del litoral con relación á las del interior. Como era con la inmigración que los progresos se acentuaban, se explica de por sí la forma en que ellos se desarrollaron.


En lo que á educación se refiere, las dos universidades de antaño, continuaron desempeñando su cometido, y no obstante las deficiencias y los malos momentos porque á veces pasaran, lo cierto es que de sus aulas salían la mayor parte de los hombres que con su pensamiento tuvieron influencia en la marcha del país. En la enseñanza secundaria, este período cuenta con la fundación del colegio del Uruguay, la implantación de nuevos métodos, planes y organizaciones, en todo lo cual descuella la figura de Amadeo Jacques. Se fundan también los colegios nacionales de Buenos Aires, Mendoza, San Juan, Tucumán, Salta y Catamarca. La enseñanza primaria, encomendada á las provincias era, tal vez por aquella misma circunstancia, la más deficiente, aun cuando su existencia fuera condición para la garantía que la nación daba y da á las provincias, del libre goce de sus instituciones. Las provincias llenaron sus deberes como pudieron, y los adelantos en la materia fueron lentos.

2. La libertad de transmitir ideas había impulsado el desarrollo de las empresas de diarios: la Ilustración Argentina, Los Debates, La América, La Nación Argentina, El Nacional, La Reforma Pacífica, pertenecen á este período; entre los extranjeros, El Español, La Nazione Italiana, L’Eco d’Italia, Le Courrier de la Plata; The Standard, primer periódico inglés que se publicó en sudamérica, y que tuvo subvención nacional hasta 1891 y provincial hasta 1869. Del mismo modo, el periodismo se expandía en el interior: Córdoba, por ejemplo, tenía varios diarios: El Imparcial, La Bandera Católica, El Eco, El Diario. Buenas ó malas, estas publicaciones prueban por lo menos un hecho: que eran posibles; y gran adelanto es para un pueblo, la posibilidad de emitir libremente sus opiniones.


Las ideas generales también cambiaban y se ansiaba el progreso. La vista de los adelantos que los extranjeros traían, y las noticias de que algunos naturales eran portadores á su regreso de Francia, Italia ó Inglaterra, causaban admiración. Se compararía el hábito de trabajo de los italianos ó suizos, la inteligencia de los franceses, las máquinas é inventos de los ingleses, con la nada que el país tenía. Se buscó la causa de esta inferioridad y se la encontró en aquella España que no es ciertamente la de hoy. Los escritores de aquella época pensaron que no le había bastado mantener siglos enteros á las colonias en la ignorancia y desprecio; su acción continuaba porque los argentinos llevaban en su sangre mucha sangre española; aconsejaron como supremo remedio la desespañolización. El país se mantendría en la obscuridad y se revolvería en luchas sin fin si no se desespañolizaba: «la España conquistó la América. Los ingleses conquistaron el norte. Con la España vino el catolicismo, la monarquía, la feudalidad, la inquisición, el aislamiento, el silencio, la depravación, y el genio de la intolerancia exterminadora, la sociabilidad de la obediencia ciega. Con los ingleses vino la corriente liberal de la reforma: la ley del individualismo soberano, pensador y trabajador en completa libertad. ¿Cuál ha sido el resultado? Al norte, los Estados Unidos, la primera de las naciones antiguas y modernas. Al sur, los Estados Des-Unidos, cuyo progreso consiste en desespañolizarse»[41]. Aquella obra era cuestión de vida ó muerte. Había que llevarla á los elementos todos de la vida, al hogar y á la escuela, á la materia y al alma. «Es necesario tener muy presente que la obra de la desespañolización no consiste solamente en abolir las leyes é instituciones de la conquista. No es eso sino una parte, que podemos llamar la desespañolización exterior. La grande obra, el trabajo magno, consiste en el nuevo espíritu que debe animar á la nueva personalidad del americano. La desespañolización del alma, es pues lo principal»[42]. Á España se le reputaba la culpable, y procurando explicar el fenómeno, se llegó á ver que no pudo aquella nación proceder de otro modo. España no trató mal á sus colonias y á los habitantes de ella con un fin de maldad; aun más, este maltrato no debió parecer tal á los españoles. Y esa sumisión en cuerpo y alma no era sino la consecuencia de las ideas dominantes y por hábito convertidas en principios á los que se les tenía por verdaderos: desde la caída del imperio romano, datan las guerras religiosas, con la que emprendió Clovis para la conversión de los visigodos. El clero asumía autoridad importante, que era tomada un siglo más tarde por el clero católico visigótico; los reyes dieron gran importancia y autoridad á las decisiones y mandatos de los concilios, que vinieron á formar parte de la legislación. Y la guerra mora, de independencia y religión volvió nuevamente á hacer que la autoridad de los príncipes y de los obispos fuera grande. Para triunfar era necesaria la sumisión á los jefes, sumisión absoluta; y en cuanto á la sumisión religiosa se encargaban de mantenerla, la religión unas veces, el fanatismo y la superstición otras[43]. Esta obediencia y superstición, este dominio del espíritu se grabó en el alma de los hijos y los descendientes lo heredaron para hacerlo con el transcurso del tiempo, parte integrante de su personalidad. El principio dominó en España y pasó á América donde también dominó. Aquí mezclóse con otras ideas. Los españoles, aun de peor ralea, creyéronse amos de los nativos y comenzó la lucha sorda unas veces y tempestuosa otras, que debía, convertida en factor preponderante, decidir la lucha emancipadora. Mas la sumisión espiritual dominó, atravesó la época de Rozas y dominaba después; en las otras naciones de América siguió con mayor ó menor potencia, según las circunstancias favorables ó contrarias; en algunas, domina quizás en la actualidad; pero en todas originaba la expresión de pensamientos é ideas, y adquiría fuerzas la afirmación de que «la emancipación del espíritu, ese es el gran fin de la revolución hispano-americana... La civilización española consagraba y mantiene todavía en la península el principio contrario. Toda ella reposaba sobre la base de la esclavitud del espíritu humano. La política y la religión, la legislación y las costumbres anonadaban al hombre, como sér inteligente y como sér moral, porque el poder absoluto no podía existir sino sobre ese aniquilamiento. Jamás se ha visto en el mundo cristiano un poder espiritual más fuertemente organizado, más omnipotente, más completo, más invasor, más voraz, más universal que el poder constituído en la monarquía española: el hombre le pertenecía completamente, sin excepción. No tenía iniciativa ni espontaneidad y sus facultades intelectuales sólo podían concebir las ideas que aquel poder le transmitía; pero sin dar al hombre el derecho de juzgarlas; su corazón sólo podía adherir... la verdad estaba prescripta de antemano... los sentimientos, las afecciones tenían también su ley... una ley arbitraria, que no era otra que la voluntad de los hombres que tenían el privilegio de administrar el poder espiritual»[44]. Aquellos hombres que deseaban un país libre y grande, en quienes la vida del campo y las luchas civiles habían exaltado el sentimiento del valor, al ver que los hechos y la historia de los hechos señalaban á España como causa dominante del malestar, quisieron, no por rencor sino por patriotismo, desespañolizarse; no odiaron á la nación española sino á los métodos de gobierno, y no tendrían sus hijos inconveniente, cuando el sistema cambió aun en España, en recibir con los mayores afectos á la representante del trono español, al que tanta culpa se le daba en nuestras desgracias.

3. El período político transcurrido desde 1853 á 1869, comprende la separación de la provincia de Buenos Aires del resto de las provincias; la sanción de la constitución nacional de 1860, la reforma de 1866, la presidencia del general Mitre y el comienzo de la de Sarmiento.

El rechazo del acuerdo de San Nicolás por Buenos Aires, dió motivo á la lucha próxima. Urquiza intentó imponerse; lo consiguió en un principio. La tea incendió. Mitre levantó las milicias contra «el nuevo tirano»; se desconoció toda autoridad nacional y se retiró á Urquiza el encargo de mantener las relaciones exteriores. En 1854 se sancionó la constitución provincial para Buenos Aires, y la separación se mantuvo hasta después que las batallas de Cepeda y Pavón, sirviendo de derivativo á las energías nerviosas y á los enconos, permitieron tratar la cuestión con razones más estudiadas y en términos más pacíficos.

En 1859 la convención de Buenos Aires propuso las reformas que creía necesarias á la constitución de 1853.

Las reformas que se sancionaron fueron de poca importancia no alterando las líneas generales de aquella y consistieron en la determinación de residencia de las autoridades nacionales en la ciudad que se declarare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión de la provincia á que pertenezca el territorio á federalizarse; en resoluciones respecto á derechos de exportación y comercio, á la libertad de los esclavos que por cualquier modo se introdujeren en la república; á la prohibición de las ejecuciones á lanza y cuchillo; á la libertad de imprenta, á las cuestiones de competencia de la suprema corte, y algunas otras más. Se aclararon principios contenidos en la constitución y se buscaron soluciones á algunos reclamos posibles entre la provincia de Buenos Aires por un lado y la Confederación Argentina por el otro.

En cuanto á la reforma de 1866 consistió sólo en la supresión de la cláusula que determinaba entre los fondos del tesoro nacional los derechos de importación y exportación sólo hasta 1866; quedó establecido que aquella contribución correspondiera siempre al tesoro nacional. Y como consecuencia, la supresión en el inciso 1o del artículo 67, la parte en que atribuía al congreso el establecimiento de «los derechos de exportación hasta 1866, en cuya fecha cesarán como impuesto nacional, no pudiendo serlo provincial». Quedó redactada esta parte así: «establecer igualmente los derechos de exportación».


La vida financiera de una nación contribuye con notable coeficiente en sus progresos, como que es la síntesis de la vida económica, base aceptada por Marx como estructura de la sociedad, de lo que las instituciones, derecho, religión, son sólo la superestructura variable con las variaciones de aquella.

La vida financiera argentina, sin embargo, no sería suficiente para darnos á conocer la marcha de nuestra historia; los progresos y adelantos argentinos en diversos órdenes de actividad de 1853 á 1869, avanzaron al movimiento financiero que quedó un tanto en retardo porque las circunstancias así lo impusieron.

De 1853 hasta el 1860, la historia financiera argentina marcha desdoblada en dos: el estado rico, el hermano mayor, Buenos Aires, por este lado: la confederación de los otros, por aquél.

El primero no se arredró por los cuantiosos presupuestos con enormes déficits; no importaba; las necesidades los exigían y el sentimiento de la grandeza futura de la patria los autorizaba; las emisiones de papel moneda y la emisión de fondos públicos eran cosas que á diario se sucedían y las resoluciones sobre el modo de amortización de todo aquello, eran más para el papel que para ser cumplidas: la lógica de los sentimientos y el razonamiento de justificación de que Ribot nos habla en su obra La logique des sentiments, ocuparía un lugar prominente, dada su utilidad.

No obstante se hicieron adelantos y grandes: bastando para ejemplo, el Banco de la provincia de Buenos Aires, antigua casa de moneda, que tuvo gran prosperidad, que prestó grandes servicios al comercio y que ayudó al estado á desenvolverse en las redes de deudas y fardos de papel moneda.

La confederación por su parte, debió también pensar en el gran problema, que se presentaba para ella en las peores condiciones; los grandes remedios ideados no siempre atacaron en sus raíces los grandes males, y por eso fué un fracaso la famosa junta que se creó para regir todo lo económico-financiero de la nación, desempeñando á un tiempo mismo las funciones de crédito público, contaduría, tesorería, banco nacional, ministerio de obras públicas, dirección de correos, intendencia, etc. No dió mayores resultados la ley de derechos diferenciales, y Buenos Aires siguió dominando la situación comercial. El gobierno de la confederación se encontraba así sin créditos, sin dinero, sin bancos, sin recursos para accionar: y no podía ser de otro modo, desde que hoy mismo Buenos Aires sostiene en gran parte la nación y ayuda en mucho al sinnúmero de subvenciones que se otorgan á las provincias. Su aduana, con sus entradas que le dan diariamente sumas que alcanzan y pasan de 500.000 pesos moneda nacional, es una potencia colosal que mantiene en sus espaldas muchos de los gastos que el progreso nacional ó el sistema parasitario argentino imponen á los presupuestos.

De 1860 en adelante, Buenos Aires y la confederación tienen una vida común y como consecuencia, su historia financiera vuelve á unirse; hecha la paz, porteños y provincianos juntos pensaron en lo económico; se reconocieron como una, las deudas respectivas, se nacionalizó la rica mina de la aduana de Buenos Aires y se consiguió dar alguna estabilidad al papel moneda, fijándole un precio ó por lo menos disminuyendo su agio.

Para organizar el tesoro se debió partir literalmente de la nada. Recuerda el doctor Terry en su trabajo citado, que el doctor Vélez Sarsfield, ministro de hacienda en la época, manifestaba en sus conversaciones particulares, que el gobierno había encontrado por único numerario existente en las cajas de la confederación dos pesos plata.

Entre empréstitos, garantías, impuestos, mejoraba la situación, cuando la guerra del Paraguay, vino á renovar el desequilibrio, siendo necesario recurrir á nuevos empréstitos. Más este desequilibrio es inferior al que las luchas interiores causaban, y los dineros que se iban para defender á la patria, dejarían recuerdos menos ingratos que los que se habían ido para estériles luchas intestinas.

Como síntesis y como prueba de que no obstante ésto, la marcha financiera era buena, tomo de aquel trabajo estos datos bien demostrativos que nos dan también las cifras del estado económico argentino al iniciarse el año 1869, época en que se realiza el primer censo nacional:

Renta
pesos
Presupuesto
pesos
1863 6.478.000 1864 8.900.000
1868 12.496.000 1869 9.620.000

Al iniciarse aquel año se tenía pues, por lo menos dentro de las cosas probables, un superávit en el presupuesto.

4. En lo referente á vías de comunicación, debe recordarse que en los primeros años de este período, á las galeras de que hemos hablado en el capítulo anterior, se agregaron en 1855, las «Mensajerías argentinas». Prestó esta empresa servicios inmensos, unió lugares y sirvió para la conducción de pasajeros, correspondencia y noticias con un horario más ó menos fijo según el tiempo lo permitiera. El sistema se extendió, y en 1865 eran muchas las empresas de semejante transporte que existían en la provincia de Buenos Aires, con nombres particulares que querrían arrancar alguna evocación: «La favorecida», «La brisa del desierto», «La protegida», «Los peninsulares», y así muchas otras, que sirvieron mientras el ferrocarril no las substituyó[45].

Los ferrocarriles, acortando las distancias desalojaban las carretas. El 30 de julio de 1857, fué el primer día de júbilo que originó á la Argentina la locomotora; el servicio de trenes inaugurado aquel día, sólo recorría 24.000 varas, del Once á Floresta; en 1860 el espacio cruzado por los rieles alcanzó á 36 kilómetros; en 1865 llegaba á Mercedes, en 1866, Chivilcoy también quedó unido á Buenos Aires y fué entonces de 134 kilómetros la extensión total de las vías del ferrocarril del Oeste, al mismo tiempo que el ferrocarril del Norte permitía desde 1865 trasladarse sobre sus vías de Buenos Aires al Tigre. Poco después y mientras se acercaba por el lado de Buenos Aires el momento en que las vías llegaran á Chascomús, un suceso de importancia mayor para la república entera, de importancia inmensa para el interior, de lujo para el litoral, acaba de realizarse: en 1870—y llegamos á esta fecha, adelantándonos un tanto al límite de este capítulo,—Córdoba y Rosario, las dos ciudades poderosas, la docta y la laboriosa, quedaban unidas para siempre por las cintas de acero propulsoras del progreso. Indudablemente no todas fueron rosas en estas empresas; los capitales no siempre abundaron; fué necesario hacer grandes concesiones de tierras como la que se hizo á la empresa del ferrocarril de Córdoba al Rosario; el público tardó en acostumbrarse á los ferrocarriles, y no sólo en las clases bajas, sino hasta en las cultas; el mismo directorio del primer ferrocarril tuvo necesidad de ver viajar ensayando, al doctor Vélez Sarsfield, para animarse á imitarlo, y que los temores no eran infundados lo probó el descarrilamiento acaecido mientras viajaban las personas que lo componían[46]. Y recordemos por fin el notable signo de progreso que dice Onelli[47]: en 1864 acaece el primer choque de trenes.

Á este período pertenece también la instalación de tramways en la ciudad: el primero, accesorio del ferrocarril del Sud se estableció en 1865; el segundo en 1868, por el ferrocarril del Norte; poco después, en 1869, don Mariano Billinghurst, inauguraba el primer tramway urbano.

El correo estableció el servicio urbano en 1852; se creó en 1862 la dirección general de correos de la República. El telégrafo llegaba en 1860 hasta Moreno; en 1869 hasta el Rosario.

En fin, débese recordar que también corresponde á este período, el desarrollo de las comunicaciones marítimas directas con Europa, debido á la compañía general de transportes marítimos creada con capitales franceses.

5. En todas las industrias los cambios verificados en el corto espacio de años fueron grandes, y puede decirse, en general, que los progresos seguían á la inmigración, y donde ella se establecía allí se implantaban aquéllos.


En agricultura, la investigación general realizada por la inspección de colonias, permitió la reconstrucción del cuadro de la superficie cultivada en la República Argentina en el año 1872. En un total de 580.000 hectáreas cultivadas en la república, Buenos Aires cuenta 117.000, es decir, casi una tercera parte; Santa Fe con 62.548; Entre Ríos con 34.000; es cierto que Mendoza y San Juan cuentan también con cifras elevadas, debido al extenso cultivo de la viña que ya entonces se hacía en aquellas provincias. Por ser estos datos más precisos, los he tomado para referirlos á la época que trato, pues dos años de diferencia no pueden alterar profundamente las deducciones que permiten las cifras comparadas[48].

La agricultura estaba estrechamente relacionada á la fundación de colonias; Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba vieron surgir en su territorio numerosas colonias y los gobiernos se apresuraron á ayudarlas. En Santa Fe se fundaron con franceses, suizos é italianos, las colonias Esperanza (1856), San Jerónimo (1856) y San Carlos (1857) para llegar en 1870 á contar 31 colonias agrícolas. Buenos Aires, tuvo por primera colonia á Baradero, en 1856 con suizos y alemanes y poco después, nueve pueblos agrícolas, dieron muestra de vida potente. En Entre Ríos, Urquiza fundó la colonia San José en 1857 con italianos, franceses, suizos y alemanes y poco después le siguió Villa Urquiza (1858) en que se establecieron agricultores alemanes, franceses, españoles, belgas, italianos y suizos juntamente con cincuenta familias argentinas[49]. En Córdoba, la primera colonia, Tortugas, es de fecha posterior: fué establecida en 1870; no obstante, la importancia agrícola de la provincia era ya grande entonces, y mucha la extensión dedicada á la agricultura; los alfalfares que introdujera de un modo casual Patricio Oyolas en 1861, se habían extendido y comenzaban á adquirir el buen nombre que conservan.

En el informe del señor Wilken, sobre las colonias agrícolas que visitó en 1872[50], se encuentran interesantísimas noticias sobre la vida, educación, modos y útiles de trabajo de todos aquellos pobladores; y todas esas gentes de diversas razas históricas, puestas en contacto y unidas también á los nacionales, debían forzosamente producir descendientes con nuevos caracteres, que heredarían sus costumbres y que podrían tener al lado de la inclinación á los trabajos ganaderos y del sentimiento de desprecio de la ley, los sentimientos de orden y respeto y la convicción de que la agricultura puede ser también fuente de riqueza particular y pública.

Todo el desarrollo de las colonias está íntimamente relacionado con las medidas y propósitos para atraer la inmigración á que antes hemos hecho referencia.


Los productos de la ganadería mejoraban: algunos estancieros renovaron las iniciativas del tiempo de Rivadavia tendientes á mejorar el ganado con el cruzamiento de otros de clases superiores, traidos de Europa. En un principio se tuvo poca confianza y pocos fueron los que se dedicaron á tal empresa, prefiriendo la mayor parte dejar obrar á la naturaleza sin preocuparse del mejoramiento. Poco á poco el ensayo, que correspondió á algunos estancieros ingleses establecidos en Buenos Aires, tuvo imitadores en los argentinos. Por otra parte, el ganado lanar, había mejorado desde 1824, con las iniciativas de Pinto, Capdevila, Bell, Harrat, Sheridan. Todo esto permitió en 1859 al gobernador de Buenos Aires, alabar los adelantos de la Argentina y alzar en discurso memorable un himno de felicitación á los pioneers de la agricultura y ganadería argentina[51].


No hay datos abundantes sobre las industrias de la época. No obstante, por los nombres de las profesiones que da el censo de 1869, como por algunas investigaciones particulares en determinadas industrias, puede llegarse á la conclusión que aun en esa fecha aquellas eran pocas relativamente y que primaban las que se referían á alimentación, vestido, construcciones, talabartería y herrería; y en cada región las que hacían posibles las circunstancias y la mejor condición del suelo: en Mendoza y San Juan la vinícola, en Tucumán la azucarera, etc. Más entonces todavía aquellas industrias producían en reducida escala: así, por ejemplo, hacia la época del censo, la importación de azúcar alcanzaba á 22.000 toneladas por año; la de vino á 600.000 hectólitros.


Con todos esos progresos, con la mayor producción, con las mayores facilidades para las comunicaciones, con las franquicias constitucionales, con la afluencia de extranjeros que dejaban lazos de amistad y relaciones financieras en Europa, fácil es comprender, que el comercio nacional y extranjero, interior y exterior, aumentó considerablemente.

Las naciones con quienes se comerciaba en mayor escala, estaban en el siguiente orden: Inglaterra, Francia, Estados Unidos y España. Es así que en 1869 pudo considerarse como extremadamente pequeño el movimiento de navíos efectuado en 1856 y que había asombrado en aquel año por su cantidad: llegados 616: salidos 613.

La profesión de comerciante, contaba entre las principales, y jóvenes distinguidos no se ruborizaban porque se les viera midiendo piezas de género detrás de un mostrador ó dirigiendo las maniobras de desembarque de los fardos de mercaderías.

Este estado de cosas originó diversas leyes y medidas de gobierno. Dos hay que deben ser recordadas por su importancia para el comercio del mundo entero: la ley de 1o de septiembre de 1863, que hizo obligatoria la adopción del sistema métrico decimal, tan útil y conveniente que hace cada vez más risible la terquedad anglo-sajona á su respecto; la segunda es la ley de 1864 sobre patentes de invención, reglamentada en 1866.

6. La constante transformación del país, la llegada continua de inmigrantes portadores de ideas, la nueva vida que el país adquiría, hicieron necesarias nuevas leyes que acordaron con las nuevas modalidades. Incidentalmente he indicado ya al hablar de la inmigración, educación, etc., las consecuencias institucionales que los cambios originaban. Mas, aun debo recordar el hecho de que además de esas leyes especiales se vió la necesidad de leyes generales, códigos destinados á regir las relaciones civiles y de comercio.

Desde el gobierno de Urquiza, se comprendió aquella necesidad de fáciles compilaciones de códigos que reglaran derechos; en 1854, por ley se determina para aquel fin, el nombramiento de una comisión de jurisconsultos; la constitución de 1853 y la de 1860, dan al congreso la facultad de dictar los códigos civil, penal, comercial y de minería.

El único que tuvo sanción en este período fué el de comercio: en 1862 se declaró nacional el vigente en la provincia de Buenos Aires. Sus reformas, así como la sanción de los otros códigos pertenecen á época posterior.

7. Entiendo haber aportado suficiente cantidad de datos para que se admitan como establecidas: en primer término la rápida transformación del país en el período de que tratamos; en segundo lugar, que aquellos cambios y adelantos han sido debidos principalmente á la inmigración europea no española, que llegó en abundancia á nuestras playas.

Se nos presenta el país en 1853 como una nación rutinaria y sin embargo llena de individuos de grande inteligencia; de sangre ardiente como lo es la española, llenos de valor y exaltados en el sentimiento del honor, dispuestos á defenderlo al primer menoscabo real ó supuesto. Llenos de alma y al mismo tiempo sometidos de espíritu, sin darse cuenta de ello. Á fuerza de sentirse luchadores, pelean y cuando no tienen enemigos exteriores, los buscan en otras provincias, en otros partidos políticos y aun en otra vecindad. Aptos para el trabajo, lo desprecian y lo dejan á extranjeros, y las ventajas de la industria es cosa que no los preocupa.

De continuo llegan extranjeros, individuos de otras tierras, más acostumbrados al trabajo porque en su país la vida es más difícil. Se insinúan en la sociedad, aportan ideas y sentimientos; la ley de la imitación ejerce función importante. Se establecen en la capital, en el litoral y comienzan á llegar al interior. Adquieren vínculos de familia, con los naturales, transmiten ideas á sus hijos, que serán modificadas por las de la otra herencia, por las del medio y la educación. La ciudad empieza á cambiar de aspecto: hay mayor luz, hay tramways y empedrados; los progresos son continuos; el ferrocarril substituye á la carreta; se fundan colonias, los campos también cambian de aspecto: el verde claro de los pastizales, es substituído por el amarillo de los trigales, ó verde vivo de los campos de alfalfa; los animales mejoran; las costumbres evolucionan y la transformación continúa. Arriban inmigrantes y producen argentinos de la nueva raza que será. El país se pacifica, y los resultados del censo de 1869 y de las investigaciones en los diversos aspectos de la actividad, traen á los corazones grandes esperanzas y se cree en la futura realidad de las mejores ilusiones.


CAPÍTULO III
1895: EL SEGUNDO CENSO NACIONAL