| 1888 | 1895 | ||
| Ganado | vacuno | 21.961.657 | 21.701.526 |
| — | caballar | 4.234.032 | 4.446.212 |
| — | asnal y mular | 417.494 | 483.369 |
| — | lanar | 66.706.097 | 74.379.562 |
| — | porcino | 393.758 | 652.766 |
| — | cabrío | 1.894.386 | 2.748.860 |
datos que ponen en evidencia las afirmaciones que acabo de hacer. El ganado lanar y el cabrío habían aumentado sin embargo á pesar del gran consumo y exportación que se hace del primero. Inundaciones, secas y pestes, redujeron después ese número de ganado lanar, haciéndolo entrar también en la regla de la disminución que se notó en las demás especies de ganado.
En cambio el mestizaje y la pureza aumentaron; de una fecha á la otra, el ganado vacuno tuvo un aumento de 1.289.547 en los mestizos y de 34.358 en los puros; el caballar, de 155.976 mestizos y 10,620 puros; el lanar, de 14.103.316 mestizos y disminución en 45.698 puros; en fin el porcino, aumentó en 67.041 mestizos y 10.105 puros.
En cuanto á la distribución geográfica de los animales, el este ó litoral, lleva enormes ventajas al resto de la nación, salvo para el ganado mular y asnal en los que las del oeste ó andinas ocupan el primer puesto á causa de la forma territorial que hace indispensable esa cría en aquellas regiones.
Como resumen, repito, pues, que los progresos en esta materia han consistido en la aplicación de métodos de cuidado de animales, métodos unos traídos de fuera, otros de origen nacional, y en la introducción de animales finos, idea esta última preconizada por Rivadavia y que sólo daría sus resultados esperados, tantos años después.
El estudio de los progresos y mejoras en cada una las industrias, llevado al detalle, sería fatigoso y en parte extraño á este trabajo. Me he detenido algo en los de las industrias ganadera y agrícola por ser éstas las de mayor importancia en nuestro país. Trataré con brevedad lo que á las otras respecta.
La industria vinícola y la industria azucarera que caracterizan regiones continuaron sus progresos en cuanto á mejoras en los métodos y en cuanto á cantidades de productos.
La primera, desde 1890 hizo que la importación de vinos se redujera considerablemente; la segunda, no solo bastó para el consumo nacional (no obstante lo cual hubo una pequeña importación) sino que preparó la plétora que poco después se produjo.
En ambas industrias, los propietarios y trabajadores argentinos, son más numerosos que los propietarios y trabajadores extranjeros. Tienden á ser éstas, industria nacionales por excelencia, y las regiones de su cultivo, muestran al viajero en cuánto adelantan en virtud de tales producciones.
Respecto de las industrias en general, el censo trae un cuadro del que tomo estos datos.
RESUMEN DE LAS INDUSTRIAS DE LA REPÚBLICA
| Industrias | Número de casas |
Nacionalidad de los propietarios |
Personal empleado |
||
| Argentinos | Extranjeros | Argentinos | Extranjeros | ||
| 1. Alimentación | 4.082 | 508 | 3.574 | 8.345 | 18.726 |
| 2. Vestido y tocador | 5.713 | 647 | 5.066 | 10.414 | 22.185 |
| 3. Construcciones | 3.955 | 960 | 2.995 | 12.702 | 17.817 |
| 4. Muebles y anexos | 2.259 | 326 | 1.933 | 4.123 | 8.598 |
| 5. Artísticos y ornato | 949 | 173 | 776 | 803 | 1.757 |
| 6. Metalurgia y anexos | 3.163 | 389 | 2.774 | 4.018 | 10.613 |
| 7. Productos químicos | 317 | 56 | 261 | 2.203 | 2.509 |
| 8. Gráficos y anexos | 427 | 122 | 305 | 2.558 | 2.522 |
| 9. Mixtas y diversas | 1.339 | 317 | 1.022 | 7.190 | 8.567 |
| 22.204 | 3.498 | 18.706 | 52.356 | 93.294 | |
Este cuadro muestra á las claras que la industria argentina está en manos de extranjeros. Los propietarios extranjeros de casas industriales, son seis veces más que los propietarios argentinos. Del personal empleado es extranjero, dos terceras partes. En ninguno de los grupos de industrias hay más propietarios argentinos que extranjeros; y sólo en las artes gráficas y anexos, los trabajadores nacionales exceden en una pequeña cifra á los extranjeros, y en número de alguna consideración en el grupo de «mixtas y diversas».
En algunas industrias en particular, la regla anterior tendrá excepciones; pero en los grupos de industrias, es tal cual se ha expresado.
Quiere esto decir que la nacionalización de las industrias está en plena efervescencia; que tiempo pasará todavía para que se pueda hablar de industria nacional, entendiendo por tal no ya la de productos exclusivamente argentinos, sino con referencia á la nacionalidad de los propietarios. Si la industria es factor determinante en la vida nacional; si propietarios y operarios en la aplicación de los métodos distintos, seguidos en países diversos dan á los respectivos trabajos modalidades características, bien puede decirse que también en esta materia, la nacionalización se prepara, con cantidad de combinaciones y formas, en que todas las anteriores tienen cabida, para dar con el tiempo, su carácter propio, á la que será poderosísima industria nacional.
5. La ciencia en general, no es sino prolongación de la europea, y por tal motivo no me detendré en su estudio. Sigue los movimientos de aquélla, disfruta sus triunfos, se plantea los mismos problemas. Acá y allá es una sola.
El progreso de las bellas artes, en el sentido de nacionalización del arte, es desigual, en una y en otra.
No se puede hablar de arquitectura argentina con referencia á 1895. Era permitido, como es ahora, á simples constructores afear la ciudad con las monótonas casas en forma de tren; les era permitido también, como ahora, idear los más extravagantes modelos, con frentes arlequinescos, grutas á la calle, castillos medioevales con adornos renacimiento ó Luis XV y tantas otras cosas que dañan á la futura arquitectura nacional y acostumbran á los jóvenes á no horrorizarse ante ellas. Costumbre peligrosa porque permite que surjan imitadores... Lo dicho es aplicable á las ciudades grandes: Buenos Aires, Rosario, La Plata, un poco Córdoba también. En las demás, el sistema colonial de construcción con amplios y cómodos patios, domina, y es sin duda preferible á las construcciones á que acabo de referir. Todo esto no impide que se reconozca que en la época del censo existieran y muchos, buenos edificios y que hubiera ya, sobre todo en Buenos Aires, muchas de las hermosas casas que hoy posee.
La escultura, que comenzara con el italiano Camilo Romairone, ha hecho algo más. Algunos argentinos se trasladaron á Europa, adquirieron conocimientos, los difundieron después y el progreso en la materia es evidente.
La pintura, en manos de extranjeros que trabajan acá, tuvo buenas producciones: Agujari, Chartón, Romero, son nombres de extranjeros que entre nosotros trabajaron en esta bella arte, Della Valle, Fernández Villanueva, Rodríguez Etchart, Ballerini y Sivori siguieron sus huellas y honraron las bellas artes argentinas.
En fin, en música, los nombres de Bernasconi, Hargreaves y Aguirre, Berutti merecen especial recuerdo como iniciadores y propulsores.
En todas estas manifestaciones no veo nada que pueda llamarse ya propiamente nacional: son obras de gentes que han hecho estudios en escuelas extranjeras y en ellas han moldeado su gusto. No es posible, por otra parte, que las bellas artes tengan considerables adelantos, en países en formación.
El maestro Williams, en un notable trabajo, afirma que la música argentina, se orienta hacia las fuentes populares, y hace un llamado á los jóvenes artistas, herederos del genio estético de nuestros payadores. No me parece que el ideal del arte argentino sea sólo «extraer la esencia» de aquellas músicas y cantos, como en arquitectura no puede ser conservar las líneas generales de los ranchos de la pampa. Estas primitivas manifestaciones de arte, que la música y cantos de los payadores nos legaron, pueden y deben ser estudiadas, trabajadas y conservadas como patrios recuerdos, y porque en verdad encierran intensas expresiones de sentimientos, pero el ideal debe estar sin duda en algo más, y el arte nacional nacerá cuando estos restos nacionales se hayan asimilado y confundido con lo que llega de afuera y toma patria en nosotros.
En cambio, la poesía sí ha producido obras notables: el genio español, imaginativo por excelencia, ha derramado siglos de poesía en la Argentina, que se han confundido en sus hijos con todas las energías de la poesía italiana y las peculiaridades de las otras, y la nación Argentina ha podido tener una literatura nacional, con producciones tan buenas como las más perfectas de cualquier nación. Así pues, esta literatura que está casi formada y que es argentina, no la constituye la poesía gauchesca seguramente aunque ella también tenga su parte. Me refiero para la poesía á lo dicho respecto de la música.
En estas breves palabras creo dejar establecido cuál era el grado de desarrollo de las bellas artes en 1895, en la Argentina.
6. La educación é instrucción pública en las tres formas ó grados en que nuestro país la da, recibe la acción benéfica de Sarmiento y su ministro Avellaneda, ministro durante cinco años y poco después presidente de la República por seis años más. Deliberadamente hago el recuerdo de que Avellaneda ejerció acción y dió consistencia á sus pensamientos durante once años, con la única interrupción del corto período en que el doctor Albarracin fué ministro de Sarmiento. Para que los planes de enseñanza den resultados, es condición primordial, que el experimento sobre su aplicación y conveniencia no se vea trabado por nuevos planes completamente diversos, creados por otros ministros, con ideas distintas, que generalmente causas políticas llevan al gobierno, y causas políticas lo arrojan de él.
La enseñanza secundaria, sometida más que las otras á sufrir las consecuencias que los cambios ministeriales por el hecho de ser la única que directamente depende del ministro, ha tenido como carácter típico, la inestabilidad. En poco más de cuarenta años se han modificado notablemente los planes de enseñanza secundaria, más de veinticinco veces, lo que ha perturbado mucho la marcha regular de tales estudios.
Ahora bien, si Avellaneda pudo impulsar cuanto lo hizo la educación é instrucción fué en primer lugar, por la feliz circunstancia de haber permanecido tantos años en el gobierno y por la no menos feliz, de haber sido compañero, durante muchos de ellos del gran Sarmiento.
Sarmiento, sobre todo en la enseñanza primaria y en la secundaria, Avellaneda en la secundaria y en la universitaria, ambos en la normal, pusieron la enseñanza en la vía del progreso completando la obra anterior de Urquiza y Mitre. El constante desarrollo continúa después, aun en las malas épocas políticas, y la acción educadora está en todas partes: está en las esferas universitarias con la ley Avellaneda; está en la fundación de los colegios nacionales de Jujuy, Rioja, Santiago del Estero, Corrientes, Santa Fe y San Luis, y las escuelas normales, ó institutos tales, anexos á los colegios nacionales de Concepción del Uruguay, Santiago del Estero, Paraná; está en la creación de cátedras de mineralogía en los de San Juan y Catamarca, de agronomía en los de Salta, Tucumán y Mendoza, todo ello en la presidencia de Sarmiento: está en la acción continuada en las presidencias siguientes. Colegios, escuelas, institutos especiales surgen por todas partes. Está en el llamado de maestros y maestras norteamericanos y alemanes para que enseñaran métodos de pedagogía; está, en fin, en las subvenciones á las provincias,—quizá las únicas subvenciones justas—destinadas á facilitar el desarrollo de la educación é instrucción. Está en la preparación de maestros; está en la ley de educación común de 1884, en la preocupación constante que por la enseñanza mostraron nuestros hombres de gobierno, ó nuestros escritores de ciencia política.
Es claro que quedó mucho por hacer; que el censo de 1895 reveló un considerable número de analfabetos, pero tampoco era posible hacer más en pocos años. No bastan los buenos deseos para instruir una población, y en cuanto á la educación es muchas veces obra de siglos. Los progresos en materia de instrucción, son de los más halagadores que el período encierra.
7. Pasamos á la legislación. Recordé en el capítulo anterior, que desde 1862, existe el código de comercio. Sucesivos proyectos de reforma, de 1870, 1876, 1879, 1887, 1889, este último hecho ley, no revelaron que los anteriores no fueran buenos: indicaron en primer lugar, que las actividades cambiaban á diario, que las nuevas situaciones imponían otras reglas y que preciso era seguir á la costumbre y fundar en ella las leyes. Debo recordar asimismo, aunque pertenezca á época posterior, la reforma de 1902, en la parte referente á quiebras, que responde á causas semejantes. En segundo lugar, revelaron la dificultad en el dictado de leyes para pueblos en formación, con psicología poco estudiada y á la vez difícil de estudiar por sus diarias transformaciones.
El código civil, sancionado en 1872, ha recibido la más buena acogida en la opinión de quienes, dentro y fuera del país, á tales estudios se han dedicado, con pocas y no muy justificadas excepciones. Mezcla de estudio de las costumbres y de aplicaciones de razonamientos abstractos[57], tiene tal vez muchas disposiciones cuya reforma se hace á diario más necesaria; pero en general, es obra digna de los mayores respetos, y que coloca á su autor entre los hombres que con mayor caudal contribuyen á la formación de nuestras instituciones. Ejemplo de las reformas que las transformaciones sociales hicieron necesarias á punto de determinar la modificación de la ley, fué la legislación sobre el matrimonio. El sistema religioso adoptado por el legislador, pudo llenar las necesidades en la época en que fué sancionado; pero las transformaciones del país, impusieron la necesidad del cambio. El poder ejecutivo en su mensaje de 22 de septiembre de 1887, acompañando el proyecto de ley de matrimonio civil, decía en su comienzo: «El creciente aumento de la inmigración europea, ha puesto de manifiesto la necesidad de reformar nuestra legislación sobre el matrimonio. El código civil sólo autoriza el matrimonio religioso, celebrado en conformidad á sus disposiciones y según las leyes y ritos de la Iglesia á que los contrayentes pertenezcan. Muchos habitantes de la república ó no tienen en el país sacerdotes de la comunión á que pertenecen, para que bendiga su unión, ó no profesan culto externo alguno, creyendo en Dios y adorándolo como autor de lo creado.» La discusión que tuvo lugar en el siguiente año, fué larga, y quien la lee ve como las nuevas ideas deben combatir para imponerse á los prejuicios: como de una cuestión de orden, se hace cuestión de fe, y como al fin, triunfa la reforma. Los peligros que se presagiaban por los enemigos de la proyectada ley, no se han producido, y en cambio su sanción ha importado una libertad más á las que nuestra constitución y nuestras leyes aseguran á todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino[58].
El código penal ha sido el más desgraciado. El doctor Tejedor redactó hacia 1865-1867 su conocido proyecto. Veinte años pasaron sin que las cámaras legislativas lo sancionaran, en tanto que algunas provincias lo adoptaban. Después de tanto sueño en las carpetas del congreso, éste sancionó, tomando algunas ideas de él, el código penal, «al cual por falta de respeto á la verdad, los autores llamarían en la ley, código del doctor Tejedor»[59]. Nuevo proyecto se redactó en 1881; se sancionó otra reforma en 1886; de 1891 data otro proyecto. La inercia legislativa malogró siempre estas iniciativas, y cuando alguna cosa hizo, fué mala. Así, y para encerrar aquí lo que á época posterior pertenece, recordaré que en 1903 se sancionó la llamada ley de reformas, tan mala, que á poco andar hizo necesaria la reparación del mal, y en 1905 se terminó la redacción de un nuevo proyecto que el congreso aun no ha considerado... Es de esperar que las leyes que aseguran la propiedad y la vida con la base del estudio del delito y del delincuente, merezcan en adelante un poco de atención.
8. Al terminar este período un nuevo hecho de orden social, se presenta en la Argentina; hecho que es también producto de ideas traídas por los trabajadores de Europa. Es la aparición entre nosotros del socialismo. Comenzó en la capital, hecho que se explica por cuanto en ella tienen residencia, la mayor parte de los obreros industriales extranjeros venidos al país. Afirma que las causas que dieron origen al socialismo en Europa, existen también en la Argentina; que aquí también hay oprimidos; que la clase rica aprovecha la fuerza individual de los trabajadores; que «á pesar de la gran extensión de tierra inexplotada, la apropiación individual de todo el suelo del país, ha establecido de lleno las condiciones de la sociedad capitalista... La aspiración final del partido obrero argentino, es la substitución del régimen capitalista por la sociedad colectivista, y su programa inmediato tiene por fin el mejoramiento económico de la clase proletaria»[60].
No me corresponde hacer un juicio sobre este movimiento. Indico el hecho como demostración general de la influencia determinante en la nueva forma de ser la vida argentina. El movimiento vago al principio, toma fuerzas después y llega á constituír un partido con afirmaciones precisas, que aspira á reformas radicales, netamente determinadas. El acrecentamiento siempre mayor del número de partidarios es un hecho que caracteriza una transformación y obliga á orientar los estudios sociales en el sentido de establecer el grado de justicia y necesidad que pueda tener tal movimiento en nuestro país.
Queda bosquejada la transformación de la Argentina en el tiempo encerrado en el paréntesis que comprenden los dos censos nacionales. El cambio rápido indica que no es ella, la que naturalmente sufriría la nación si estuviera formada. No es el que de un modo natural sufren todos los países. No es el de la joven mariposa que los días envejecen. Es anterior: es el de la larva que se convierte en mariposa.
1. El estado de formación de la raza en 1910. La inmigración.—2. Agricultura; ganadería; otras industrias. Comercio.—3. Cambios políticos y situación económica—4. Vías de comunicación.—5. La educación é instrucción pública.—6. La prensa, bellas artes, religión.—7. El socialismo. El anarquismo.—8. Conclusión.
1. Después del largo viaje que hemos hecho á través de los años para encontrar la formación étnica de la nación nueva y relacionarla con las causas y formas de sus progresos, entramos á estudiar tales cosas en el momento en que la nación deja su primera juventud de guerras, luchas y reconstrucciones, para vivir días más tranquilos: tal es al menos la esperanza común de todos sus hijos.
El capítulo debe ser breve; no es este trabajo una obra de estadística; los datos de tal disciplina, han sido tomados como medio de demostración ó de relación á épocas anteriores; fueron más necesarios en los capítulos que han precedido por cuanto se necesitaba ver lo que ya no es; la actualidad la vemos y la comprendemos más fácilmente.
Desde 1895, época á que en la materia llegamos en el anterior capítulo, la inmigración continúa su aporte de individuos en grandes cantidades. En 1904 la cifra de llegados alcanza á 125.567, con un saldo de 86.644; dos años después, en 1906 esas cifras son: llegados 252.536; saldo 192.412; hay luego un descenso, para aumentar de nuevo en 1910 en que la llegada de los primeros meses permite calcular el total del año en 260.000[61]. Esta cifra debe tomarse con las reservas del caso desde que existe la circunstancia anormal del exceso de trabajo originado por los preparativos para las exposiciones y fiestas del Centenario.
Pueblos de Europa que antes sólo estaban representados por uno que otro hijo audaz que se animaba á venir en busca de mejor fortuna, se encuentran ahora con colonias enteras: tal Rusia, Turquía, etc. Los rusos, por ejemplo, cuyo número era insignificante en 1890, son, en octubre de 1909 en la capital solamente, 13.714. Llegan á ocupar el tercer lugar entre las naciones que dan inmigrantes á la Argentina. En 1909 arriban cerca de 15.000. En los primeros meses de 1910 esta inmigración disminuye. Los turcos y sirios desparramados en todas partes y dedicados casi exclusivamente al comercio del menudeo, forman legión. Unos y otros se ligan poco á nuestra sociabilidad, son en cierto modo inadaptables, pero día llegará en que sino ellos, sus hijos se mezclen y crucen con los hijos de otras razas y naciones y un nuevo factor de importancia numérica se agregará á los tantos que ya concurren á la formación social argentina. La inmigración italiana es la que llega en mayor número; pero en 1910 es desalojada de su posición por la española, que pasa á ocupar el primer lugar. La inmigración italiana compensa la entrada con la salida. No ha de ser causa insignificante en esta disminución la gran propaganda que los diarios y los escritores de Italia hacen en contra de la inmigración á la Argentina, atribuyendo á este país falta de justicia y dificultad para su vida. Por otra parte, el gobierno mismo de Italia tiene interés en que los hijos de aquellas tierras queden allí para cultivar grandes zonas del sur.
El aumento numérico de la inmigración española si es bueno en cuanto á acrecentamiento del número total de la población, no es sin duda, lo mejor que puede llegarnos. Los motivos de mi opinión los he expresado ya en el curso de este trabajo.
La inmigración francesa disminuye un tanto también. Las demás continúan en progresivo aumento.
Los cruces, de que en capítulos anteriores hemos hecho mención, se presentan en proporciones mayores aún: los cálculos de combinaciones, podrían resolver todas las formas en que se presentan: todas las razas se unen y los hijos de extranjeros que se han incorporado á nuestro suelo vuelven á unirse con otros que proceden de otros pueblos, al punto de ser grande el número de personas que pueden recordar que sus ocho bisabuelos pertenecieron á ocho distintas nacionalidades.
También la forma de distribución que adopta es, como fué en épocas anteriores, señalada por causas geográficas: allí donde el cultivo y la vida son más fáciles, allí el inmigrante se dirige: los centros en que sus connacionales están en crecido número, ejercen sobre él invencibles atracciones y sus esperanzas de fortuna y bienestar le empujan á trasladarse y establecerse en tales lugares.
La ciudad capital sigue creciendo: hay en ella grandes comodidades y las dificultades para el trabajo no son muchas: se instalan fábricas, se adoquinan calles, se trabaja en todas formas. El censo de octubre de 1909, le da 1.231.698, que es fácilmente 1.300.000 el 1o de enero de 1910. Conviene tomar esa fecha y no la del 25 de mayo por cuanto el número en tal día es anormal: los paseantes argentinos que á fuerza de vivir en el extranjero han dejado de ser habitantes de estas tierras, vuelven con ocasión de las fiestas; el interior se desborda sobre Buenos Aires: las familias pudientes que desde tiempo concertaban un paseo á la capital, combinan el paseo con el centenario y los hoteles rechazan pasajeros porque hay plétora. Tal situación anormal no puede servir para el estudio estadístico, en que se trata de examinar el conjunto, quitándoles las irregularidades producidas por hechos ajenos á la marcha general del país.
De aquellos 1.300.000 habitantes, 49 por ciento son argentinos y 51 por ciento extranjeros. Esta proporción no se presenta en ninguna provincia, pero es signo indicativo de la constante inmigración; siguen en el orden de importancia Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, orden idéntico al anterior y que sólo se diferencia en el aumento de número.
Con los inmigrantes llegan los capitales: las estimaciones de éstos no pueden ser sino aproximativas y variables todos los días; más de cualquier modo, son enormes, al punto de que ha podido calcularse el capital inglés solamente, empleado en la Argentina, en 12.500.000.000 de francos. El francés ha sido á su vez valuado en 800.000.000 de francos. En el cálculo del capital inglés, los valores de los ferrocarriles hacen en gran parte que las cifras sean tan extraordinarias. La Nación del 15 de noviembre de 1908, traducía un artículo publicado por el South American Journal de Londres: en él se estimaba el valor de las acciones de ferrocarriles argentinos en un total de libras 154.814.472 es decir 3.870.361.800 francos. No sé qué datos sirvieron á Rigby para hacer el cálculo á que he referido, pero creo no obstante, que debe haber alguna exageración.
La preferencia de la inmigración en general, está por la agricultura: los gobiernos se preocupan en dictar medidas, término que no implica que se cumplan. En efecto, y por desgracia, alguna falta de cumplimiento en lo prometido, alguna falta de justicia, unida á algunos desengaños, han hecho como acabamos de decir, que los diarios, autores y aun autoridades europeas, de Italia é Inglaterra sobre todo, se expresen en términos poco amables para la Argentina, y que desgraciadamente parte al menos de tales afirmaciones tengan fundamento serio.
2. La agricultura, ahora como en anteriores épocas, transforma los campos. Se calcularon en enero de 1910, en 18.775.672 las hectáreas destinadas al cultivo: la cifra que dió el censo de 1905 fué 4.892.005; como se ve la diferencia es notable; la tierra inculta se transforma en praderas, trigales y sembradíos de toda especie. Existe sin embargo un hecho, que por lo menos por curiosidad merece ser recordado. No siempre la agricultura conquista los campos de una manera permanente: refiriéndose á Córdoba, dice el señor M. E. Río: «La evolución que se opera en esas fértiles llanuras es interesante y característica. Así que se tiende un nuevo ferrocarril á través de una zona inculta y antes aun tan pronto como la traza queda definitivamente establecida, ya vienen el empresario «colonizador», el comerciante «habilitador» y los colonos «agricultores». Los ranchos se plantan, se prepara el suelo, deposítase la semilla y pocos meses más tarde, humean las trilladoras y corren las chatas, con pirámides de bolsas, hacia la población que se ha improvisado alrededor del cercano apeadero. La avenida continúa creciendo, el perímetro del trigal se ensancha, multiplícanse los comercios, se edifica la capilla, ábrese la escuela; mas de repente, el movimiento disminuye, las casas del pueblo se vacían y los colonos se marchan: ha fenecido su usufructo de cuatro ó cinco años y se van en busca de otra línea nueva y de otra zona virgen. El alfalfar crecido con el último trigo, ha reemplazado al sembradío, la estancia á la colonia. En la misma extensión de tierra en que 500 personas hallaron trabajo y bienestar ó, quizá algunas la fortuna, hase formado el establecimiento ganadero en que subsistiran 15 ó 20 peones y redondeará su millón un terrateniente afortunado»[62].
El cuadro no es en verdad consolador, pues implica que la transformación es ficticia y sólo dura un corto período: afortunadamente lo que el señor Río encuentra para ciertas regiones de Córdoba, no es en general; no se vé en Buenos Aires, ni en Santa Fe, y el número de hectáreas cultivadas es muy grande sin peligro de retroceso, y los territorios nacionales, La Pampa y Río Negro sobre todo, atraen inmigrantes y presentan ya extensas zonas cultivadas.
La ganadería no puede oponérsele como rival con pretensiones de revancha, en la época actual: sobrados campos hay en que pueda ejercitarse la industria ganadera: la tendencia hacia el mayor desarrollo de la agricultura es general en todo el mundo; en fin, la creciente exigencia del consumo interno y del pedido del exterior, hacen que los ganados no aumenten en proporciones grandes. Nuestros productores prefieren al aumento en cantidad, el aumento en calidad.
De 1908 data el último censo ganadero y aunque al parecer no llenó todas las exigencias necesarias para que se le considerase un trabajo sin errores, en conjunto podemos aceptarlo para recordar cifras.
| Total | Puro por ciento |
Mestizo por ciento |
Criollo por ciento |
|
| Bovino | 29.116.625 | 3.4 | 51.7 | 44.9 |
| Lanar | 67.211.754 | 1.8 | 82.5 | 15.7 |
| Equino | 7.531.376 | 0.7 | 22.5 | 76.8 |
| Mular | 465.037 | — | — | — |
| Asnal | 285.088 | — | — | — |
| Caprino | 3.945.086 | — | — | — |
| Porcino | 1.403.591 | — | — | — |
La poca inmigración que se dedica á la ganadería, y la población argentina numerosa que tiene en ella su riqueza, ha conseguido mejorar en cantidad los ganados, sin que sin embargo haya llenado aun su fin de una manera completa.
En cuanto á las otras industrias, sería simple trabajo de enumeración tomar cada una de ellas á fines de recordar cantidades: es innecesario desde que la marcha enunciada en el anterior capítulo, continúa sin mayores variaciones y sólo agregándose á las ya existentes alguno que otro ensayo de industria nueva. De cualquier modo recordaré estas pocas cifras: azúcar, producción, 127.322 toneladas; 20.915.509 litros alcohol; vino: 379.699.708 (segun censo industrial); cerveza, 86.256.062; tabaco, 9.922.286[63].
Pero la industria argentina, exceptuadas la agricultura y la ganadería, produce sólo para el consumo: la línea de exportación durante 1909 dió un valor total de 397.350.528 pesos oro; pues bien, de esa suma 153.548.356 pesos oro pertenecen á productos de la ganadería, y 230.756.095 pesos oro a productos de la agricultura. En cambio la importación está distribuída entre cantidad de productos de industrias distintas; son estas las principales cifras: substancias alimenticias, 23.014.691 pesos oro: materiales textiles y sus artefactos, 59.923.199 pesos oro; hierro y sus artefactos 36.575.232 pesos oro; locomoción y transportes, 31.711.285 pesos oro; materiales de construcción, 28.365.889 pesos oro.
Con todo, el saldo á favor, que en resumen es índice de riqueza nacional alcanzó á 94.594.433 pesos oro, notable cifra tratándose de un país nuevo, y más notable aun si se agrega que la renta aduanera por tales conceptos sumó 73.455.177 pesos oro.
Las naciones que tienen en la actualidad mayores relaciones comerciales con la Argentina, en consideración á los valores de importaciones y exportaciones, están en el siguiente orden: Reino Unido, Alemania, Estados Unidos de América, Francia, Bélgica, Italia[64].
Tanta cifra de riquezas y de comercio, unido á la escasez de reclamaciones de orden comercial internacional, supone otra cosa más: vale decir, que no ha de ser tan malo el régimen económico argentino, que no ha de ser tan corriente la mala fe y los abusos; de otro modo los hechos revelarían algunos datos que en la actualidad no revelan.
3. La tranquila vida política de todos estos últimos años ha influído para que el país prosperara. Sólo un conato de revolución nacional, el del 4 de febrero de 1905 y el cambio de presidencias en los casos determinados por la Constitución, son los hechos notables de la vida política: la interminable serie de revoluciones provinciales y la correspondiente intervención nacional, no deben considerarse sino como restos de algo que se extingue, de los cuales renacerán formas nuevas de organización ó la organización verdadera dentro de la forma actual.
El período de la presidencia del doctor Uriburu, á cuyo final pertenece el principio de la época que estudiamos, tuvo en lo económico las dificultades que origina el mantenimiento de la paz armada.
En 1898, por segunda vez ocupó la presidencia argentina el general Roca: continuaron los gastos y preparativos bélicos que afortunadamente cesaron sin que tuviera lugar la esperada guerra.
El aumento de la población y el desarrollo de la industria, del ejército, armada é instrucción pública, obligó á la reforma de la Constitución nacional, realizada en las postrimerías del anterior gobierno, de modo que desde el comienzo de éste, el poder ejecutivo contó con tres ministros más, y la representación nacional se hace con diferente base.
El agio y la inestabilidad de la moneda dió motivo á que se dictara la ley de conversión que aún subsiste. En fin, y como medida de honor nacional, á esta época pertenece también el arreglo de las deudas externas de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, San Luis, San Juan y Catamarca.
En 1904 comienza el período presidencial del doctor Quintana, que con ideas de orden quería dejar honda huella de su paso por el gobierno. El doctor Quintana falleció poco después de su ascensión al poder.
No me corresponde y no deseo abrir juicio alguno referente á la presidencia del doctor Figueroa Alcorta. No obstante, si para el estudio débense tomar en cuenta los datos que llamaré científicos y los vulgares, ambos parecen demostrar que no podría el juicio ser favorable. Y esto no sólo en la faz política, en el sentido corriente del término. También en la faz económica. El doctor Osvaldo M. Piñero, autoridad insospechable, que en su carácter de presidente de la contaduría nacional ha podido observar de cerca el manejo de fondos públicos y los recursos económicos á que se ha acudido, en un artículo publicado últimamente mostraba cómo la sana práctica gubernativa de no gastar sino lo que se tiene y dejar el uso del crédito externo é interno para los casos de suma necesidad, había sido substituída por la emisión de títulos y colocación de empréstitos, sin ningún cuidado y por cualquier motivo. Apoyaba sus afirmaciones en hechos y cifras, y terminaba con estas palabras: «Hay, pues, que reaccionar francamente contra esta viciosa corruptela á que nos venimos entregando con tanta irreflexión. Debemos volver á la sana y prudente tradición financiera del país, que reservaba la autorización para negociar un empréstito, á casos muy contados; que por eso mismo daban lugar á una amplia deliberación de la representación nacional, y á un meditado estudio de los órganos de la opinión. El país tiene el derecho de ser informado é instruído en todos los casos en que se trate de aumentar el peso de la deuda pública, que él va á servir con sus ahorros; porque él sabe que en los días de tribulación financiera, en todo es posible realizar economías, menos en el servicio íntegro y puntual de la deuda pública. Y nuestro país, más que ningún otro de Sud América, tiene el deber de proceder con tacto, desde que le cabe el honor de haber sostenido ante el concierto de las naciones, en Río Janeiro y en La Haya, el principio de la abolición del cobro compulsivo de las deudas»[65].
Al mismo tiempo, el doctor Montes de Oca, presentaba en el congreso nacional un proyecto destinado á limitar la facultad del congreso de ordenar y autorizar gastos sin estudio ni cuidado alguno.
Quiere ésto decir que ejecutivo y congreso, halagados quizás por la abundante riqueza nacional han ido más allá de lo justo y necesario, obligando á los hombres que alcanzan á ver á alguna distancia, á levantar la voz para detener la corriente.
En cuanto á las manifestaciones diarias de la prensa y del pueblo, que acusaban al gobierno de malos manejos de fondos, injustas concesiones de tierras y algunas otras cosas por el estilo, no es posible tomarlas en cuenta en un trabajo serio, mientras no se consiga reunir los indispensables elementos de juicio.
4. En lo que á vías de comunicación se refiere, las líneas tendidas vinculan de continuo, poblaciones é individuos. Los antiguos sistemas de transporte se alejan cada vez más de los centros de civilización para ir á regiones más apartadas donde las necesidades los reclaman. Nuevas concesiones y líneas en proyecto, valorizan las tierras al solo anuncio de su proximidad. El 1o de abril de 1910 la superficie total recorrida por ferrocarriles en territorio argentino alcanza la cifra de 27.138,1 kilómetros. La red ferrocarrilera toca por el norte con Bolivia y deja concluído con ello un trozo del ferrocarril intercontinental proyectado; en Santa Fe llega á Resistencia; de Buenos Aires se llegará en ferrocarril hasta el Paraguay; por el oeste, Chile y la Argentina, han vencido y perforado los Andes y el tránsito de trenes es diario en el inmenso túnel; por el sur, se llega al Río Negro y en los territorios comienzan las construcciones de ferrocarriles. Nuevos sistemas se ponen en práctica; el ferriboat atraviesa el Paraná, y la exposición ferroviaria con la simple y sencilla muestra de los sistemas nuevos y de los antiguos no solo da á conocer los adelantos inmensos, sino también el carácter de buenos entre los mejores que revisten nuestros ferrocarriles.
El telégrafo se extiende en toda la república y alcanza los últimos adelantos de la materia: el inventor del telégrafo sin hilos visita la Argentina con el deseo de establecer la comunicación directa con Europa. Los teléfonos son comunes en todas las ciudades de alguna importancia.
El correo alcanza las más remotas regiones y necesita para cumplir su misión el trabajo de 10.121 empleados.
Las ciudades todas tienen líneas de tranvías y la electricidad substituye paulatinamente á la fuerza animal.
5. La enseñanza primaria, base de toda democracia, ha continuado el impulso que se le diera en el período anterior: las provincias pobres no pueden costearla y la nación se ve en la necesidad de socorrerlas con subvenciones para que puedan llenar esa misión primordial; desgraciadamente una vez que tienen asegurada una ayuda nacional para tales fines, olvidan que esa ayuda no debe ser regla, la incorporan á sus cálculos y no siempre se les da el destino para el que se las había previsto: la nación entrega las sumas y no interviene en la repartición de ellas. Olvídase que el artículo 5o de la Constitución nacional exige como condición para que el gobierno federal garantice á cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones, que ellas á su vez aseguren la administración de justicia, el régimen municipal y la educación común.
Afortunadamente la ley Láinez invadiendo con suavidad y diplomacia las jurisdicciones provinciales promete asegurar en ellas la educación con escuelas y hechos más positivos que sus constituciones[66].
ESCUELAS DE LA LEY 4874