[131] El célebre navegante Cook, que ha visitado la Isla de Pascuas ó Vai-Hu, también llamada Rapanui ó de Davis, que se halla á 27° grados de latitud meridional, y 112° de longitud Este, distante como cien leguas de las costás del Perú, dice:
«Esta isla tiene apenas cuatro leguas de largo y tenía en otro tiempo una población de tres mil habitantes, encontrándose en ella huellas de una civilización prehistórica casi grandiosa. Hay en ella, agrega, innumerables estátuas gigantescas de piedra perfectamente labrada, de veintisiete piés de altura, colocadas sobre sus respectivos pedestales, é idénticas á las que se hallaron en Manta, en el Ecuador, suponiéndose que fueron obras de los gigantes que vivieron allí, y que han dejado otros monumentos y estátuas aún más sorprendentes y soberbias que se encuentran en Tiahuanaco, que indudablemente fueron también obras de esos mismos gigantes.» Dicha isla fué descubierta por el célebre navegante inglés Juan Davis, en 1686, reconocido por el almirante holandés Roggewein el día de Pascuas, en 1722, y visitada por Cook en 1774 y por La Pérouse en 1785.
[132] Parece que también en las provincias de Córdova y Rioja han habido gigantes, pues en esos lugares se han encontrado algunos huesos y cráneos de proporciones extraordinarias.
[133] Betanzos en su «Suma y narración de los Incas Capacunas,» le dá el nombre de Taipikala, y Posnauski el de Huiñuymarca. Pero sea el nombre que fuere, esa divergencia de interpretaciones no tiene importancia alguna, siendo estéril entrar en discusión á este respecto, porque nadie sabe cuál fué el idioma de los constructores de estas ruinas; de consiguiente, el primitivo y verdadero nombre que tuvo la ciudad prehistórica ha quedado para siempre perdido.
Empero, no queda duda que el nombre de Titihuahuanaco, (que se supone de origen aymará), como lo pronuncian los indios Aymarás, significa «los hijos del jaguar.»
Además, como lo ha dicho el señor Belisario Díaz Romero (en el diario «La Nacion» de Lima del 17 de diciembre de 1913) es probable que la palabra Tiahuanaco tenga su origen del idioma anti ó andino, que es anterior al Aymará, como también la raza Anti lo es de la Aymará.
[134] «Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima», tom. XV, págs. 280 y 281, correspondiente al 30 de setiembre de 1904.
[135] En los cráneos dolicocéfalos, la cabeza presenta desde arriba la forma oval, truncado por delante, longitud aumentada posteriormente por una protuberancia occipital saliente; su mayor anchura se encuentra algo delante de las fosas parietales que se hallan en la base del cráneo. En los cráneos braquicéfalos, la cabeza, en vez de ser redonda, parece cuadrada, con los ángulos redondeados y la extremidad anterior más pequeña que la posterior.
[136] Desde el siglo XV ha permanecido esa ciudad completamente oculta, por hallarse cubierta de bosques; en ella no ha posado la planta del conquistador, y, por consiguiente, no fué objeto de profanación, destrucción y especulación de la codicia de los aventureros del tiempo de la conquista, ni aún de los especuladores de la larga época del coloniaje. Empero, la existencia de Choqquequirau fué conocida desde algún tiempo á la fecha, pues es notorio que por los años 1870 á 1874, el señor José Benigno Samanez, al frente de una expedición, se propuso llegar á ese sitio; pero su proposito le salió frustrado, porque entonces no pudo abordar á él por las dificultades de los caminos inaccesibles. Posteriormente, el doctor don Julio Césár de Piérolá, prefecto de Apurímac en los anos 1897-98, concibió también la idea de llegar á esas tierras, y, al efecto, hizo abrir un camino y construír una oroya sobre el Apurímac (especie de puente de un solo alambre con una canasta que puede contener tres personas), la que facilitaba el tráfico; pero los acontecimientos revolucionarios de esa época y su separación de la prefectura, ahogó la empresa cuando faltaba poco para tocar á su término. Últimamente, el señor Jorge Alejandro Ballón, formando al efecto una sociedad exploradora, fué quien obtuvo el éxito deseado, pues vencidas las innumerables dificultades que se presentaron, se pudo descubrir esta misteriosa ciudad, y se logró pisarla, quedando deslumbrados todos ante la magneficencia de las construcciones, como, asímismo, por el elegantísimo mobiliario que decoraba sus habitaciones, y con el cual formaban contraste los cadáveres hallados en las actitudes que se encuentran generalmente los de la época incáica. El descubrimiento de esta ciudad antiquísima ha despertado el más vivo interés entre los hombres científicos, por los datos históricos que puede suministrar y por los estudios arqueológicos que en ella sea dable efectuar.
Felizmente, el estudio de las antigüedades peruanas van adquiriendo cada día mayor importancia. Las muchas ruinas diseminadas en los territorios del Perú y de Bolivia, són considerados como verdaderos tesoros de riqueza artística, y quizá, más tarde, esos dos territorios reservan á los exploradores aún mayores sorpresas arqueológicas, que las que se han descubierto hasta el día.
[137] Estas construcciones ciclópeas van destruyéndose poco á poco, por la incuria de las autoridades, quienes no tienen en cuenta que aquellos monumentos son patrimonio de la Historia peruána, y que la civilización universal, por su solidaridad en el arte y en la ciencia, las reclama.
[138] Los etnógrafos opinan que las razas americanas esparcidas en todo el Nuevo Continente pueden dividirse en secciones diferentes.
Así, la parte oriental de este Continente fué poblada por una raza que, según Bory de Saint-Vincent, probablemente salió de las vertientes de los montes Allegany y de los Apaches de la hoya del río San Lorenzo: las emigraciones de estos pueblos pasarían á las Floridas, y de allí al mediodía, ocupando las regiones de México, Antillas, Tierra-Firme, Guayanas, y el territorio de Cumana: esta raza es originaria de los Pieles-Rojas, que se han extinguido por el poder absorbente de los Yankees. Los indígenas de Yucatán y de Honduras, los Caribes y los Galibis tienen analogías marcadas con esta raza oriental, pues como ella, son de cuerpo bien formado, y ágiles; su cabeza prolongada es bien conformada; su cara es ovalada (dolicocéfala), que son los cráneos cuyo diámetro antero-posterior es notablemente mayor que el transversal; la frente deprimida; los cabellos negros, gruesos y lucientes; y el color de la piel cobrizo.
La raza meridional de una parte sud del Contínente Americano, como la hoya superior del Orinoco, la hoya del Amazonas, el Brasil, el Paraguay y la Araucania, tienen, según Augusto de Saint-Hilaire, caracteres que recuerdan la raza china: la cabeza redonda (braquiocéfala), que son los cráneos cuyo diámetro antero-posterior difiere muy poco del transversal, muy voluminosa, hundida en las espaldas por ser el cuello corto, y pesada y aplanada por el vértice; la frente ancha, muy deprimida; los pómulos salientes; los ojos pequeños; la nariz achatada; los labios gruesos; la boca grande; los cabellos negros, lisos y rígidos; y la piel de color de cuero curtido. Los indígenas de las costas occidentales eran diferentes á los del resto del Continente, no solamente por sus caracteres orgánicos, sino también por sus costumbres, y su avanzada civilización, como lo comprueban las naciones de México, del Perú y de los Chibchas, que eran pueblos muy adelantados.
Por consiguiente, según las observaciones craneoscópicas de los etnógrafos citados, éstos demuestran que el tipo originario y común de la América del Norte fué el dolicocéfalo, y en la América del Sud el braquiocéfalo. Aunque esos caracteres craneoscopicos no tienen valor absoluto en las clasificaciones de las razas, son de una grande importancia en el estudio de éstas, unidos á los demás elementos étnicos que las caracterizan.
El doctor Retzius hace de los cráneos humanos la siguiente división:
| Dilococéfálos | { | Puros | índice menor que 75 | por 100. |
| Subdolicocéfalos, | entre 75 y 77·5 | por 100. | ||
| Mesaticéfalos | entre 77·6 y 77·9 | por 100. | ||
| Braquiocéfalos | { | Subdolicocéfalos, | entre 80 y 84·9 | por 100. |
| Puros | entre 85 y más | por 100. | ||
[139] La religión de los indios peruanos preincáicos consistía en reconocer una triada ó trinidad de dioses, que eran:
Con ó Kon.—En los tiempos primitivos del Perú creían los indígenas en un dios, al que dieron el nombre de Con ó Kon, que era la personificación del Trueno, del Temblor, de las Tempestades, pues se manifiesta por los sacudimientos de la costra terrestre, á la vez que por las erupciones volcánicas: por consiguiente era, para esos indígenas, un dios malo, que tan solo veneraban para aplacar su ira.
Pachaccamak.—Los indíos de la costa rendían culto á Pachaccamak, que en la mitología peruana fué considerado como un dios misterioso que animaba y fecundizaba la tierra: el templo de este dios, que era considerado como un oráculo, estaba situado en el valle de Lurín, cerca de Lima, y el culto que se le rendía era algo cruento, pues se le hacía sacrificios humanos.
Huirakocha.—Para los indios, era el dios del Agua, y autor de todo lo creado, como el Sol, la Luna, las Estrellas, el Orbe todo, los Hombres y demás séres mitológicos indianos.