CAPÍTULO VI
TRIBUS DE LA AMÉRICA DEL NORTE

1.—Clasificaciones. 2.—Los Esquimales. 3.—Los Athapascos. 4.—Algonquinos. 5.—Iroqueses. 6.—Muskokis. 7.—Natchez. 8.—Dakotas ó Sioux. 9.—Tlinkits, Haidahs y Yumas.—10 Las tribus de la Región de los Pueblos.

Clasificaciones.

1.—No existe clasificación alguna universalmente aceptada de las tribus Indias de la América del Norte. Los antropólogos fundan sus clasificaciones en criterios físicos, lingüísticos, culturales y geográficos. Los dos primeros criterios son los más exactos, y el lingüístico se considera hasta el presente como el único satisfactorio[304]. Tomando, pues, como base la admirable clasificación lingüística de la Oficina Etnológica de Washington[305], elegiremos entre sus numerosas familias las que consideramos mejor estudiadas, más características y de mayor interés cultural é histórico, á saber: 1.º, Esquimales; 2.º, Athapascos, etc.; 3.º, Algonquinos; 4.º, Iroqueses; 5.º, Muskokis; 6.º, Natchez; 7.º, Dakotas ó Sioux; 8.º, Tlinkits, Haydahs y Yumas; 9.º, Tribus de la Región de los «Pueblos».

Fig. 193.—Mujer esquimal.

Esquimales.

2.—La palabra Esquimal (Eskimo), propiamente Eskimwhan, significa en el dialecto Algonquino "comedor de carne cruda". Se llaman asimismo "Innuit" (pueblo ó gente). Ocupan desde tiempos antiguos las regiones árticas y marítimas de la América Septentrional, desde el estrecho de Belle-Isle, en el Atlántico, hasta el pie del monte St Elías, en el Pacífico, extendiéndose á veces hasta el Smith-Sound (80° latitud Norte). Es probable que algunos de sus grupos hayan llegado y hasta cruzado en épocas remotas el estrecho de Behring. El problema del origen de estas tribus se ha discutido largamente. Algunos autores las hacen descender de los Asiáticos y hasta de los Europeos cuaternarios. La mayoría de los etnólogos é historiadores modernos rechazan estas hipótesis y consideran á los Esquimales en sus rasgos físicos, psíquicos, etcétera, y en sus orígenes mismos como esencialmente Americanos[306].

Fig. 194.—Tipo esquimal (Alaska).

Ofrecen estas tribus Esquimales notable ejemplo de la influencia en la cultura del medio geográfico. Privados por los rigores de su clima de los vegetales y animales terrestres, dependen del mar para su vestido, subsistencia, etc.[307].

Altar de "A'hayuta", Dios de la guerra de los Indios Zuñí
(23. An. Rep. B. A. E., pág. 116.)

Eran los Esquimales muy imaginativos y aficionados á la música. En sus peculiares cantos y baladas melancólicas rimaban los ruidos de la Naturaleza con las palabras. Sus cantores dormían á menudo en las márgenes de los arroyos, para imitar el ritmo de sus murmullos. Como los "payadores" gauchos, decidían á veces sus disputas cantando por turno estrofas poéticas ante espectadores atentos, que otorgaban al más hábil el triunfo y daban así por terminada la querella.

Fig. 195.—Pictografía simbólica.

La organización social de los Esquimales se basaba en la familia y no en el clan. Predominaba la monogamia y el patriarcado. Las familias se agrupan hasta hoy en aldeas muy pequeñas (10 á 15 chozas), separadas por grandes distancias. A pesar de ello, es tan notable la homogeneidad de esta familia Esquimal, que, á pesar del tiempo necesario para la dispersión geográfica de sus miembros, las diferencias dialectales entre ellos son mucho menores que las que existen entre las tribus de cualquier otra familia lingüística del Continente.

La religión de los Esquimales es animista, y en especial manista. Los sacerdotes y hechiceros (angekoks), numerosos y temidos, presidían las danzas rituales, etc., y ejercían los ministerios mágicos y medicinales ya descritos al hablar del sacerdocio y la magia indígenas[308].

Las tribus Esquimales, aun aquellas que no están ni han estado en contacto con el blanco, disminuyen y tienden á extinguirse, debido principalmente á la escasa fecundidad de sus mujeres y á la terrible mortalidad de la infancia[309].

Fig. 196.—Cazando con arpón (Esquimo).

Athapascos.

3.—Pocas familias lingüísticas del Norte de América pueden rivalizar en extensión geográfica con la conocida con los nombres de Athapascos, Chippewas, Tinné, etc. Poblaron casi sin interrupción las regiones comprendidas entre el Mar Ártico y las fronteras de Durango (Méjico), desde la Bahía de Hudson al Mar Pacífico. Estaban divididos en multitud de grupos y bandas incoherentes y de dialectos muy distintos. Pertenecen á esta familia lingüística de los Athapascos los célebres Navajos y los temibles Apaches, que extendieron hasta Méjico sus salvajes guazavaras, destruyendo la incipiente civilización de las márgenes del Río Gila y sus tributarios. Fueron los Apaches guerreros nómadas tenaces y cruelísimos, dando mucho que hacer hasta fines del pasado siglo á los ejércitos Norteamericanos y Mejicanos. El único resto de los Apaches (Mejicanos) hoy existente es el de los Janos ó Janeros de Chihuahua[310].

Fig. 197.—Shaman Tribu Navajos (Athapascos).

El nivel cultural de los dispersos grupos de la familia de los Athapascos es mucho más bajo que el de sus vecinos los Esquimales. La habilidad mecánica de los plateros y tejedores Navajos, parece debida á la captura y adopción de individuos de otras tribus más cultas. En general, los Athapascos son desconfiados, astutos, taciturnos y muy propensos á terrores, alucinaciones, neurosis y manías epidémicas. No se ha encontrado entre ellos forma definida de gobierno. Entre los Navajos y Apaches predominaba el matriarcado, los "totems" animales y la ley de exogamia. Cambiaban mujeres entre las tribus en señal de amistad, siendo la posición de la mujer inferior y abyecta su suerte. Sus expediciones guerreras eran simples algaradas rapidísimas y violentas. Excepto en algunas tribus, la horticultura era desconocida y el canibalismo frecuente. Los Navajos, sin embargo, cultivaban la tierra con fruto. Cuando los Españoles los encontraron por primera vez (1541), eran ya labradores, construían graneros, regaban con acequias sus campos y vivían en chozas fijas. La Religión de los Athapascos en general era animista, con numerosísimas supersticiones mágicas. Los shamanes y hechiceros presidían los Consejos tribales. Los dialectos Athapascos eran duros y dificilísimos. Su Mitología abundante. El "pájaro del trueno" (thunder bird), identificado á menudo con el cuervo, fué el principal de sus mitos[311].

Fig. 198.—Danza del Antílope y la Serpiente (Orabi) U. S.

Algonquinos.

4.—Pueden considerarse los miembros de la familia Algonquina como ejemplares típicos del Indio Norteamericano. Ocupaban en la época del descubrimiento toda la costa del Norte del Atlántico, desde el mar de Hudson al cabo Hatteras, con excepción de los territorios de los Dakotas ó Sioux. Eran altos, bien formados, de labios finos, color cobrizo, pelo negro y recio, manos y pies pequeños y gran longevidad y resistencia física. Prevalecía entre ellos el matriarcado y el totemismo. Habitaban, en general, chozas redondas cubiertas con hojas de maíz y rodeadas de empalizadas. Sus jefes de paz y guerra, se elegían normalmente de un clan determinado. Cultivaban los Algonquinos el maíz, tabaco, etc.; fabricaban ollas, curtían pieles y hacían útiles y ornamentos de cobre golpeado (no fundido), que sacaban de los ricos filones de N. Jersey. Extendieron estas tribus su comercio á grandes distancias. Desde los bosques y praderas del Canadá llevaban á veces sus pipas de piedra hasta las costas del Mar Atlántico[312].

Fig. 199.—Danza ceremonial.

Las pictografías Algonquinas (Lennapés, Chipewas, etc.), siempre simbólicas y empleadas para preservar las tradiciones tribales y los ritos y procedimientos ceremoniales de sus sociedades secretas, que tenían entre ellos especialísimo predominio[313], fueron superiores en factura artística, etc., á todas las del Norte de Méjico. En otro lugar hicimos ligera mención de algunas de las más notables ("Wallum-Ollum", de los Lennapés)[314]. Los principales cultos Algonquinos eran el de la luz, representada por el sol y el fuego; el de los cuatro vientos ó rumbos, como productores de lluvias; el de los muertos y sus espíritus, y el fetichista de los animales totémicos. Su héroe-dios, el "Manibozho" ó "Michabo" de sus mitos, redentor y maestro de las tribus, inauguró, por decirlo así, la edad de oro de su nebulosa historia. Las enseñanzas y carácter del "Manibozho" eran muy semejantes á las del Quetzacoalt, Azteca, etc.[315].

Fig. 200.—Jefe y su banda (Clanes Totémicos) Pictografía Algonquina.

Algunas tribus Algonquinas (Ojibwas, etc.) dependían únicamente para su subsistencia de la caza, la pesca y las abundantes cosechas de arroz salvaje[316] (wild-rice); pero, por regla general, todas las de esta familia eran horticultoras y sedentarias. Los miembros de la de los "Lennapés", de las orillas del Río Delaware (New Jersey), se llamaban á sí mismos "los genuinos", y eran considerados por las demás tribus como los progenitores de la raza[317]. Su dialecto era relativamente suave y armonioso. Los jefes indígenas Norteamericanos más notables, los que, como el astuto "Pontiac"[318], el ambicioso "King Phillip"[319] y el noble "Tecumseh"[320], lucharon con más habilidad y energía con sus dominadores, pertenecían á la familia Algonquina. La actuación de estos guerreros en Norteamérica forma un luctuoso é interesantísimo episodio de su historia. Los restos de las tribus Algonquinas viven hoy repartidas entre el Canadá (40.000) y las reservas indias de Wisconsin, Manitoba, Oklahoma, etc.[321].

Fig. 201.—Indio Chipewa.

Los Iroqueses.

5.—Las tribus de la familia Iroquesa, que interrumpían la extensa continuidad de los territorios Algonquinos, son, bajo muchos puntos de vista, el grupo más notable y estudiado del Norte de América. En cultura general no se diferenciaban mucho de sus vecinos, pero en su desarrollo social y político pueden sólo compararse á las tribus de la familia Uto-Azteca. Ocupaban principalmente las orillas del Río San Lorenzo y el actual estado de Nueva York, en cuyo territorio, las llamadas Cinco Naciones (Mohawk, Onondaga, Oneida, Cayuga y Séneca), formaban poderosa barrera á la influencia y movimientos de la familia Algonquina.

Fig. 202.—King Phillip.

El rasgo característico de los Iroqueses fué la organización, á principios del siglo xv, de su famosa Confederación ó Liga para objetos defensivos y ofensivos[322], que tan importante papel desempeñó en la Conquista y Colonización de Norte-América.

Se atribuyó tradicionalmente la formación de esta Liga al héroe mítico "Hiawata"[323], ayudado por un prestigioso jefe de los "Onondagas". Formaban la Confederación cinco tribus, á las que se unió más tarde, con ciertas reservas, la de los Tuscaroras (1715), formando así un grupo confederado de seis naciones. Cada una de ellas permaneció autonómica en materias de su gobierno local, delegando todas su autoridad para asuntos de importancia general en un Consejo Federal ó Senado de "Sachems" ó jefes civiles, elegidos entre las tribus constituyentes. Los miembros de este Consejo Federal eran limitados en número é iguales en autoridad, derechos y rango, ejerciendo también en sus respectivas tribus el cargo de "sachems" y formando con el resto de los jefes tribales el Consejo Tribal, de autoridad omnímoda en los negocios particulares de la tribu.

Requería el Consejo Federal la unanimidad para sus decisiones, y como los "sachems" votaban por tribus, cada una de éstas venía á tener una especie de veto sobre las demás. El Consejo Federal sólo podía convocarse á instancia de alguno de los Consejos Tribales. Todos los individuos de las tribus Confederadas tenían en el mencionado Consejo voz y libertad para exponer sus opiniones. El voto y decisión de los asuntos era, sin embargo, privativo de los "sachems", que formaban dicho Consejo, previa investidura solemne.

Fig. 203.—Bolsa de caza.

Fig. 204.—Bolsa de caza (Athapascos).

La Confederación no tenía jefe ó poder ejecutivo. Las decisiones del Consejo Federal se cumplían sin discusión ni resistencias. En las grandes operaciones militares contra las tribus vecinas ó contra el Europeo, considerados igualmente como enemigos, el Consejo Federal nombraba dos jefes militares, iguales en el mando, que dirigían la campaña, ayudados por los jefes secundarios de cada tribu.

Las guerras Iroquesas eran crueles, tenaces y frecuentísimas. Al Consejo Federal correspondía también terminarlas, fuese por tratados de paz ó precarias treguas, fuese decidiendo la total destrucción de las tribus hostiles.

Los límites de este Compendio no nos permiten detenernos á estudiar á fondo la índole é importancia política de la admirable Confederación Iroquesa, el carácter y elocuencia de sus oradores, el astuto Maquiavelismo de los "sachems", el funcionamiento interno de los Consejos, las intrigas ambiciosas de algunos de sus miembros para constituir una verdadera oligarquía con apariencias y disfraz igualitario y las causas generales que determinaron en las agrupaciones Iroquesas, el amor al territorio y á la tribu y la perfecta fusión de la vida individual en la nacional, tan admirada en la antigua Esparta.

Debemos, sin embargo, observar que esta curiosa fábrica política se componía en definitiva de antiguos usos é ideas tribales cristalizados en formas permanentes. Sus elementos esenciales son los mismos que los de las demás tribus de América. Los Iroqueses no hicieron más que organizar un pasado caótico, en forma concreta y ajustada al carácter general de su raza.

Fig. 205.—Jefe Sioux.

Este indudable progreso político acaso no hubiera podido consolidarse sin que las condiciones especiales de la vida social Iroquesa le hubieran servido de base lógica. Los rasgos peculiares de este sistema social, más complejo y cohesivo que el de los demás grupos del Continente, fueron la vida en común y la preponderante influencia de las mujeres, que desempeñaban en casi todas las tribus (Cherokees, Iroqueses, Hurones, etc.) importantes funciones de gobierno. Hemos hablado ya de las célebres habitaciones comunales de los Iroqueses (Long Houses), trojes rectangulares de 20 ó 30 metros de largo, divididos en pequeños compartimentos[324]. En ellas vivían generalmente las familias del mismo clan totémico, observando estrictamente las leyes del matriarcado exogámico. Todos los jefes se elegían y mantenían en el mando por los sufragios de las matronas de su grupo, á quienes pertenecía exclusivamente la casa y la tierra. La elección debía confirmarse por el Consejo Federal ó los tribales. La autoridad de las mujeres, dentro de su clan y casa, era simplemente autocrática. El hombre que por su conducta alteraba la buena armonía del hogar común, era expulsado sumariamente.

Fig. 206.—Pueblo de Taos (Nuevo México).

La Confederación Iroquesa cambió por completo el aspecto político de un vastísimo territorio. Los Iroqueses, arrojados por los Algonquinos de las márgenes del San Lorenzo, consiguieron, paulatinamente, vencer á sus enemigos de Norte y Sur, convirtiéndose, merced á su Confederación, en dueños virtuales del territorio comprendido entre la Bahía de Hudson y la Carolina del Norte[325].

Fig. 207.—El primer _Sachem_ Iroques (Pictografía indígena).

Por lo demás, los Iroqueses no se diferenciaban mucho de las demás tribus bárbaras y sedentarias del Norte de América. Los cultos religiosos y mágicos, la influencia de los shamanes y hechiceros, los sacrificios humanos, el canibalismo, la crueldad y la perversión de costumbres eran, con ligeras variantes, las descritas en general para todos los pueblos de América[326]. Eran fuertes, imaginativos, orgullosos y muy sobrios. Fabricaban alfarerías, cultivaban el maíz, tabaco, etc.; fortificaban sus aldeas de calles, comparativamente limpias, con empalizadas y otras defensas; construían excelentes canoas y sepultaban á veces en grandes montículos (Mounds) á sus venerados muertos. Tenían numerosas tradiciones y arengas que, recordadas con el "wampum", pasaban de generación en generación con extraordinaria fijeza. Los mitos personificaban, en una ú otra forma, la lucha constante de la luz con las tinieblas. Los actuales Iroqueses (con excepción de los Cherokees), reducidos á unas 15.000 almas, habitan parte en el Canadá y parte en las Reservas Indias, de Nueva York, Wincousin y Ontario. Los Cherokees, con algunos miembros de distintas familias lingüísticas, forman parte de las llamadas tribus civilizadas de los "Territorios Indios" (Indian Territories) de los Estados Unidos de Norte-América[327].

Fig. 208.—La danza del Espíritu (Pictografía en piel).

Fig. 209.--Manibozho (Algonquinos).

Los Muskokis.

6.—Las varias tribus de la familia Muskoheana ó Muskoki ocupaban los placenteros valles que se extienden desde las estribaciones inferiores de las montañas Apalaches hasta el golfo de Méjico, y desde las márgenes del Missisipí hasta el Océano Atlántico. Las tribus de esta familia vivían en aldeas ó poblados, donde cada linaje tenía su propio territorio, su cementerio y su montículo (mound) para depositar después de limpios los restos venerados de sus muertos. Predominaba también entre los Muskokis el matriarcado, aunque la posición de la mujer, en la familia y el clan, era muy inferior á la que tenía en la familia Iroquesa. Los jefes civiles de los Muskokis (mikos) eran vitalicios y virtualmente hereditarios. Los jefes militares se nombraban de acuerdo con los Consejos de las tribus.

En el año 1540 cultivaban ya los Muskokis extensos campos, vivían en aldeas permanentes, tenían habitaciones de madera peculiarmente construídas, extraían y aprovechaban las arenas auríferas de sus ríos y usaban alfarerías y útiles líticos de curiosa perfección y pulimento. Las investigaciones arqueológicas modernas han venido á confirmar como exactas las descripciones de la cultura de los Muskokis que hicieron sus descubridores en el siglo xv[328]. Las tribus Creeks fueron las más fuertes, numerosas y preponderantes de esta familia lingüística.

Fig. 210.—Símbolos mágicos (Wabernó).

Rodeadas de vecinos hostiles y poderosos, prestaron preferente atención á su organismo militar y dieron á sus guerreros grandes preeminencias. La iniciación, educación, grados y predicamento social de dichos guerreros tienen muchos puntos de contacto con las de los combatientes Aztecas. Los ritos, cultos y fiestas ceremoniales (puskita) de los Creeks[329], sus estimulantes simbólicos (Black-Drink), la disposición topográfica de sus aldeas y la construcción de sus "Casas del Consejo", "Casa Grande", etc., tienen gran interés etnológico. Formaron también los Creeks una Liga parecida á la de los Iroqueses (Creek Confederacy), aunque solamente defensiva, y de su organización laxa y efímera. Las tribus Creeks y sus desmembraciones los Seminolas (Florida) opusieron luctuosa y tenaz resistencia en la primera mitad del siglo pasado (1830-1842) á las tropas de los Estados Unidos, que sólo á fuerza de sangre se consiguió dominarlas para trasladarlas á los Territorios Indios, donde viven hasta hoy con relativa prosperidad é independencia.

Fig. 211.—Pipas ceremoniales.

Yuchis, Natchez, etc.

7.—En el territorio de los Muskokis había algunas tribus de lenguas y dialectos completamente distintos. Entre ellas las más interesantes eran las de los Yuchis, Timaquanos y Natchez. Los Yuchis (Río Savanah) se llamaban á sí propios "hijos del sol", considerando al astro como femenino y madre de sus linajes.

Eran "gente muy limpia y muy polida, y naturalmente bien acondicionada". Tenían á las mujeres en gran estima. Cuando Hernando de Soto les visitó por primera vez, "la caçica, Señora de aquella tierra... moça y de buen gesto", le recibió con grandes agasajos. (Abril, 1540)[330].

Fig. 212.—Indio Cherokee.

Los Timaquanos, que ocupaban los valles del Río San Juan (Florida) y la costa del Océano Atlántico hasta el Río Santa María, se extinguieron hace más de un siglo. Conocemos su lengua por las obras de los Misioneros. Los célebres Natchez, cuyo recuerdo preservaron los colonizadores franceses de Luisiana, vivían cerca de la actual ciudad de su nombre, en las márgenes del Missisipí. Se consideraban como representantes del sol, á quien adoraban preferentemente, sacrificándole cautivos y conservando en su honor el fuego perpetuo. Construyeron "mounds" artificiales, sobre los que edificaron casas y templos; fueron habilísimos en tejer fibras vejetales y en la fabricación de alfarerías y adornos. Sus caciques, considerados "hijos del Sol", eran reverenciados como tales. Su oficio fué hereditario y su gobierno absoluto y despótico[331].

Dakotas ó Sioux.

8.—En la historia de los Estados Unidos las bandas ó grupos de la familia de los Dakotas ó Sioux son tan interesantes acaso como las tribus Algonquinas ó Iroquesas. Fuertes, activísimos, libres é indómitos, se les considera también por los etnólogos como ejemplares arrogantes y típicos de la raza india.

Fig. 213.—Apache.

Vivían los Sioux en la región de las grandes llanuras, al Oeste del Missisipí, desde el Río Saskatchewan, en el Norte, al Arkansas, en el Sur, llegando á veces hasta Virginia y el golfo de Méjico.

Estaban divididos en siete grupos principales ("los Siete fuegos del Consejo"), subdivididos á su vez en numerosas bandas y sub-bandas locales. Prevalecía el patriarcado y la poligamia. Los jefes eran electivos y su autoridad estaba limitada por los Consejos de las bandas ó sub-bandas. Los ancianos en sagacidad y experiencia eran muy respetados en tiempos de paz, cediendo, sin embargo, toda su autoridad á los jefes militares en tiempo de guerra.

El factor principal que modeló la vida, creencias, artes, industrias y gobierno de estas tribus ó bandas Sioux fué la caza del bisonte, descrito por primera vez en 1530 por los conquistadores españoles y sus cronistas[332]. De aquí la ausencia de agricultura y la vida nómada de los ágiles y errabundos Siouanos, que perduró siglos después del descubrimiento, aumentando con la llegada del caballo, que facilitó grandemente sus expediciones de caza y guerra.

Antes de conocer el caballo, usaban los Sioux el perro para su alimento, arrastres y hasta para sus ceremonias y rituales sacrificios. Los Sioux fabricaban armas y útiles de piedra, madera, cuerno y hueso, rudas alfarerías y utensilios domésticos de madera y pieles de bisonte. Su habitación característica era el movible «tipi», ya descrito en anteriores capítulos.

Fig. 214.—Indio Creek.

Las tribus Mandanes, pertenecientes á esta familia, fueron los constructores de las casas comunales circulares (circular-houses), también descritas, que rodeaban de empalizadas, prácticamente infranqueables para los guerreros indígenas.

Fig. 215.—Preparando el Blaek-Dimk.

Las pictografías de los Sioux, en pieles de bisonte, sus pipas simbólicas («calumet»), de arcilla roja y tubo largo y adornado de plumas, y sus preciosas y abigarradas aljabas han servido para esclarecer muchos problemas relativos á la evolución del arte Americano.

Las concepciones religiosas de estas bandas ó tribus fueron, en general, animistas y basadas en la creencia en el «Wakanda» ó misterio primitivo y omnipresente, diferenciado en innumerables seres, espíritus y formas. Predominaban los cultos de carácter mágico, tenebroso y violento. En las célebres fiestas anuales de invocación al sol (sun-dance), peculiares de estas bandas indígenas, todos los individuos del grupo, presididos por sus hechiceros é iniciados en las sociedades secretas de la «gran medicina» se reunían en la cabaña ceremonial y danzaban días enteros, pintarrajeados, desnudos, y al son de destemplados atambores y silbatos de hueso, alrededor de los postes sagrados, de donde pendían misteriosos amuletos. Los últimos días de estas ceremonias se dedicaban generalmente á las más cruentas torturas penitenciales ó propiciatorias. Algunos devotos se traspasaban las capas musculares del pecho y los hombros con palos de madera, y se hacían colgar con ellos de las vigas de la cabaña hasta que, desgarradas brutalmente sus carnes, caían desangrándose en tierra.

Fig. 216.—Indio de las Montañas.

Las bandas Sioux han dado también mucho que hacer á los ejércitos Norteamericanos. En su célebre sublevación de Minnesota (1862), dirigida por el sanguinario jefe «Little Crow»[333], más de 100 soldados y 700 colonos perdieron sus vidas entre cruelísimos tormentos. Actualmente, los Dakotas ó Sioux viven dispersos y pacíficos en diversas Agencias y Superintendencias escolares de los Estados Unidos. Su número alcanzaba en 1904 á 29.000, pero tienden, paulatinamente, á extinguirse[334].

Tlinkits, Haydahs y Yumas.

9.—La escarpada cadena de las montañas Roquizas se extiende de Norte á Sur, dejando una estrecha línea de costa desde el Monte San Elías al Golfo de California, á lo largo del mar Pacífico, sembrada de valles fértiles y profundos. Habitaban en ellos numerosas tribus, distintas entre sí por sus lenguas, pero muy semejantes por sus caracteres físicos y psíquicos, que las diferenciaban de las tribus de las costas del mar Atlántico.

Fig. 217.—Indio de las Llanuras.

Las más notables familias lingüísticas de esta región son la de los Tlinkits, de Alasca y costas adyacentes, la de los Haydahs y similares (Islas Queen Charlotte, Columbia Británica, etc.) y la de los Yumas, que poblaban la península de California hasta los valles del Río Colorado, colindantes con el Estado de Arizona y el Norte de Méjico.

Los Tlinkits eran acaso las tribus más inteligentes de la costa Norte del Pacífico. Tenían ideas definidas sobre el derecho de propiedad privada, desconocido en la mayoría de las tribus salvajes. Basaban en tal concepto la elección de sus jefes. Los más ricos ocupaban los puestos más altos. El resto del sistema social de esta curiosa plutocracia Americana reposaba en el matriarcado y los linajes exogámicos. Ocupaban los Haidahs casas sólidas de madera, á cuyas puertas erigían postes altísimos cuajados de esculturas totémicas. Fabricaban admirables canoas de cedro rojo, lámparas, morteros y utensilios de piedra y preciosos adornos de plata y cobre. Eran comerciantes activísimos. Los primeros navegantes Europeos que los visitaron (1741) encontraron en su poder cuchillos de hierro, obtenidos acaso en sus expediciones hacia el Sur. Usaban conchas como moneda y compraban esclavos á las tribus vecinas. Formaban estos esclavos clase aparte, y eran tratados por sus compradores con crueldad y profundo desprecio. El principal personaje mitológico de los Tlinkits era el cuervo, considerado como raptor del fuego sagrado y libertador del sol, la luna y las estrellas.

Fig. 218.—Pictografía simbólica.

Los usos y costumbres de los Haidahs son semejantes á los de sus vecinos. Tienen en mucho aprecio la riqueza personal, considerando como fin único y primordial de su vida el adquirirla y acumularla. Honran á las mujeres por su castidad é industria y á los hombres por su astucia y comercial ingenio. Prevalece entre ellos el patriarcado, dividen sus comunidades en estratificaciones sociales distintas y sus cultos son en general zoolátricos y totémicos. La lengua general de toda esta costa es una de las jergas comerciales (Chinook jargon), mencionadas en otro capítulo.

Los Yumas de Arizona y Norte de Méjico fueron, en su mayor parte, tribus salvajes, errabundas y tenazmente rebeldes. Algunas de ellas, sin embargo, fueron horticultoras y sedentarias, y acaso construyeron en tiempos lejanos fuertes estructuras de adobe y de piedra[335].

Fig. 219.—El bisonte según Gomara.

Las tribus de los Pueblos.

10.—Describimos en otro lugar las habitaciones y restos arqueológicos (Cliff Houses, etc.) de la región de los Pueblos, y procuramos demostrar que las varias tribus allí encontradas por los soldados españoles del siglo xvi, fueron sus constructores indiscutibles. Concuerda esta opinión científica con las tradiciones de dichas tribus y las descripciones que de sus usos y costumbres hicieron los primitivos cronistas.

Fig. 220.—Ceremonia religiosa (Dakotas).

La llamada región de los Pueblos se extendía desde los límites Occidentales del estado de Tejas hasta California, y desde el centro del estado de Utah hasta el de Zacatecas, en Méjico, y estaba poblada, á mediados del siglo xvi, por cuatro grupos lingüísticos principales (Hopis, Zuñis, Querés y Tehuas), dispersos, aproximadamente, en 65 aldeas ó pueblos, distantes entre sí de 30 á 100 kilómetros[336].

Las casas de estas aldeas eran todas del mismo tipo, ya descrito en otro lugar, y de tres ó cuatro altos. Había algunas de siete pisos ó altos que servían de fortalezas y salían por encima de las otras como torres, con sus troneras y saeteras, para defenderse en caso de ataque.

Las mujeres preparaban la comida, acarreaban agua, las más de las veces de muy lejos, y labraban en común las habitaciones mencionadas, haciendo y secando las pellas y la mezcla de cenizas y arcilla de las paredes, mientras los hombres traían y asentaban las traviesas y los postes. Fabricaban también las mujeres aquellas "ollas y lozas muy hermosas, vidriadas y de extremadas labores y hechuras", que tanto sorprendió á los Conquistadores Españoles y han hecho arqueológicamente famosas las alfarerías de la región de los Pueblos[337].

Fig. 221.—Jefe Sioux.

Los hombres cultivaban los campos, tejían mantas y arreos en telares más ó menos primitivos, discutían los intereses de su aldea en tiempo de paz y preparaban sus expediciones militares en caso de guerra. Las casas comunales de los Pueblos, en general muy limpias y bien repartidas, tenían todas su estufa ó kiva, donde dormían los mancebos y se reunían los ancianos y sacerdotes. Se excavaban estas estufas en los patios ó lugares de fácil acceso, eran redondas ó cuadradas, bajo tierra, con pilares de pino y suelo de losas grandes y lisas, donde se encendía un fogón para que sustentara el calor del recinto y se pudiera estar dentro como en un baño caliente. El techo, visible sobre la superficie de la tierra, tenía un agujero de entrada y otro más pequeño para que salieran los humos. En las murallas estaban pintados animales y seres legendarios, con colores brillantes y simbólicos.

Fig. 222.—Jefe Sioux.

Los habitantes de los Pueblos eran monógamos. Los jóvenes, antes de contraer matrimonio, servían á la Comunidad, y sólo tomaban mujer cuando así lo disponía el Consejo de ancianos en discusión solemne. Las mujeres casadas se cubrían con capotes de cuero pulidos y mantas anudadas en el hombro izquierdo y atadas con cinturones de algodón y hebilla de turquesas. Los hijos pertenecían al clan ó linaje de la madre (matriarcado) y las hijas heredaban sus efectos personales. Los linajes eran muy numerosos y estaban reunidos por aldeas y no por tribus. En cada aldea había un jefe de paz ó gobernador, al que asesoraba el Consejo de ancianos, y un jefe militar, nombrado por sus proezas. No se conocía la propiedad privada de la tierra, aunque se respetaba mientras duraba, la ocupación individual ó familiar de las parcelas cultivables.

Cultivaban cuidadosamente estas tribus el maíz, el algodón, el tabaco, las judías, etc., y regaban sus campos con acequias bien construídas, que también utilizaban para los servicios domésticos.

Fig. 223.—Indio de los Pueblos (Cochiti).

Fig. 224.—Mujer Seri (Isla Tiburón) con su pintura característica.

Eran excesivamente religiosos. Los sacerdotes y hechiceros, agrupados casi siempre en sociedades secretas, tenían á su cargo todas las ceremonias y ritos. Los cultos religiosos ó mágicos eran largos y complicados. Entre los Hopis, por ejemplo, se dedicaban mensualmente 10 y hasta 15 días á las prácticas religiosas, dirigidas por una ó por otra de las sociedades rituales. La parte secreta de estas ceremonias se celebraba en las estufas ó kivas, construyendo en ellas altares, semejantes á los Navajos, de arenas multicolores, y la parte pública de las mismas terminaba casi siempre con un regocijo espectacular y ruidoso, en el que los juglares (koshare ó delight-makers) exhibían sus habilidades dramáticas y lanzaban como dardos sus chanzas intencionadas y malévolas. En algunas ceremonias, y para hacer más eficaces las oraciones á los antepasados de los clanes ó linajes (katcinas), se personificaban sus espíritus con trajes y máscaras simbólicas. El principal objeto de todos estos ritos religiosos era el atraer la lluvia para obtener buenas cosechas. Dada la aridez de las regiones en que estas tribus vivían[338], la lluvia para ellas era cuestión de vida ó muerte.