Fig. 251.—Cuchillo de Silice, mango de madera, con incrustaciones de turquesas (Coll. Hertz).

Tanto las pictografías Nahuatl como las Maya-Quiches eran de colores brillantes y se hacían en pieles preparadas al efecto, en tejidos de algodón ó fibras de áloe (magüey) y en las columnas, muros, etc., de los templos y demás edificios públicos. Sus objetos eran generalmente administrativos, ceremoniales, religiosos ó mnemónicos.

El tiempo y las continuas y destructoras guerras por una parte, y por la otra el equivocado celo de algunos eclesiásticos de pasados siglos[395], han destruído casi todos estos preciosos ejemplares pictográficos, imposibilitando hasta hoy la interpretación de los poquísimos é incompletos Códices indiscutiblemente Precolombianos que se guardan en Bibliotecas y Museos y la de las inscripciones talladas con símbolos idénticos en las numerosas ruinas de la América Central y de Méjico.

No pueden, por tanto, considerarse tales Códices, etc., como documentos históricos, propiamente dichos, sino como monumentos arqueológicos, que demuestran por comparación la superioridad cultural de los Mayas sobre las demás tribus de la primitiva América[396].

Arquitectura.

19.—Patentizan también esta superioridad cultural los innegables progresos de su arquitectura, evidenciados por las ruinas de sus templos, palacios, etc. Corresponde á los arqueólogos el detenido estudio de estas ruinas, por lo que nos limitaremos nosotros á mencionar los más notables.

Fig. 252.—El Anahuac según Clavijero.

Partiendo de Zacatecas hacia el Sur, encontramos los murallones y pirámides truncadas de "Los Edificios". Ya en el Anahuac, y en el probable sitio de la histórica Tula, descubrimos fragmentos de cariátides y columnas talladas, entre otras ruinas de casas ó templos. Al N. E. de la ciudad de Méjico, y en la célebre Teotihuacán (Ciudad de los Dioses), divisamos las gigantescas pirámides del Sol y de la Luna y los montículos y restos megalíticos que bordean el "Camino de los muertos".

De la opulenta "Tenochtitlan" ó Méjico del siglo xvi nada queda ni se ha descubierto, exceptuando algunas horribles imágenes y el supuesto calendario de piedra porfírica de que hablamos anteriormente.

En las ruinas de Xochicalco (Nahuas) podemos todavía admirar el cerro perforado, con galerías y túneles, escalonado en amplias terrazas y coronado con una especie de templo-pirámide de granito cubierto de relieves y dibujos emblemáticos. Al Oeste de Puebla de los Angeles está la conocida Pirámide de Cholula, y al entrar en el Estado de Oaxaca las grandiosas é interesantes ruinas de Mitla, con sus enormes recintos de columnas simplicísimas y sus murallas pétreas, cuajadas de pictografías y tallas de abigarradas líneas, colores y formas[397].

Siguiendo hacia el Este, hasta los valles del Río Usumacinta, hallamos las pirámides, teo-callis y palacios ruinosos de Palenque, cuyas talladas losas, numerosas tumbas y colosales estátuas de figuras tranquilas, solemnes y en actitud adorante han hecho pensar á algunos Arqueólogos que la majestuosa Palenque fué tal vez un lugar sagrado ó centro religioso donde se congregaba un pueblo de devotos y residía el alto sacerdocio de los Mayas.

Fig. 253.—Tubería de Terra-cota en Oaxaca.

Al Oeste, y en la región de los Lacandones, encontramos las ruinas de la misteriosa "Lorillard City", y penetrando en la península del Yucatán llegamos á las estupendas construcciones de Uxmal; á la magnífica "Casa del Gobernador", con sus complicadas tallas; al "Palacio de las Monjas" y la "Cueva del Mago"; á las no menos asombrosas de "Chichen Itza", la llamada "Torre del Caracol" y al "Castillo", de hermosas columnas imitando serpientes; á las reliquias, también ophíticas, de "Tikal", etcétera, y, por fin, á los soberbios despojos monolíticos de "Copan" (Honduras-Chorti), la ciudad sagrada de los Mayas, que con las mencionadas ruinas del Yucatán representan la cúspide cultural de la Sección Mejicana, la nota arquitectónica más alta de los artífices y constructores indígenas[398].

Religión y Magia.

20.—Los rasgos esenciales de las creencias mágico-religiosas y de las Mitologías Uto-Aztecas y Mayas son los mismos que los del resto de las tribus aborígenes. Claro es que el transcurso del tiempo y la prolongada residencia en un mismo territorio de grupos tribales populosos, complicaron los cultos y engrandecieron los templos; pero si prescindimos de algunas divinidades características ("Huitzlipochli", "Tlaloc", etc.) y algunas ceremonias peculiares, cuyo estudio excede los límites de este Compendio, poco ó nada tenemos que añadir á lo ya manifestado en los capítulos IV y V de este Título.

Fig. 254.—Tumba cruciforme (Oaxaca).

Las abominaciones de la magia, los sacrificios humanos y la antropofagia ritual, predominaron horriblemente. Las legendarias predicaciones del Suave "Quetzatcoatl" de los Aztecas ó del Votan de los Mayas, no consiguieron moderar la crueldad refinada y la sed de sangre de aquellas muchedumbres bárbaras, que, incitadas hasta al delirio por sus sacerdotes, sacrificaban anualmente millares de víctimas en las repugnantes aras de sus divinidades guerreras, para devorar sus palpitantes miembros en horroroso festín de caníbales[399].

El sacerdocio y su influencia.

21.—Formaban estos sacerdotes, á principios del siglo xvi, una clase social organizada y preponderante. Los "shamanes", magos y hechiceros de las tribus de la América del Norte se convirtieron en la "Sección Mejicana" en un cuerpo definido y de jerarquía complicada y estricta, cuya influencia política fué paulatinamente aumentando y sobreponiéndose á la de los guerreros, hasta adquirir en casi todos los grupos tribales un predominio absoluto y despótico[400].

Fig. 255.—Casa de las columnas de Mitla.

Esta preponderancia política de los sacerdotes, su afán de ostentación en las ceremonias, su prurito de conservar entre unos pocos iniciados el secreto de sus pretendidos poderes míticos (escritura jeroglífica, calendarios, etc.) y su natural deseo de aumentar el tamaño y bárbara suntuosidad de los teo-callis y demás lugares sagrados, influyeron decisivamente en la evolución cultural de las tribus de Méjico y Centro de América[401].

Conclusiones generales.

22.—El sucinto bosquejo que dejamos apuntado de la llamada Civilización Mejicana esclarece un tanto las causas de su rápida decadencia. La falta de unidad nacional en las tribus Confederadas, el odio contenido de los tributarios á sus implacables tiranos y la envidiosa y constante enemiga de los calpullis mismos entre sí, producían un estado público de continua inquietud y desconfianza.

Si á esto se agregan los degradantes vicios que corrroían aquellas colmenas humanas, sus terrores religiosos y sus hechicerías nefandas, no puede extrañarnos que sobre aquellos enormes falansterios, mezcla extraña de cultura y salvajismo, flotara una especie de anatema misterioso, de profecía trágica y terrible, de destino fatal y sangriento[402].

Vivía, en efecto, el indio Mejicano entre mortificantes alarmas, pululaban los espías hasta en el interior de sus hogares comunales, amargaba sus días el miedo de lo desconocido, afligían sus noches quimeras horrendas. El vaso de su paz estaba lleno de rencores; el goce brutal y efímero de sus triunfos guerreros no podía calmar sus lacerantes angustias[403].

Los comunismos teocrático-militares de los Aztecas y de los Mayas habían edificado con sangre sus ciudades y asentado en iniquidad sus templos. No podían perdurar. Brillaron un punto en la historia con fulgores rojizos, y pasaron después "como el polvo que arrebata el viento en la era y como el humo de sus hogares".