CAPÍTULO VIII
TRIBUS DE LA AMÉRICA DEL SUR
(DIVISIÓN DEL ATLÁNTICO)

1.—Observaciones generales. 2.—La región Amazónica. 3.—La familia Tupi-Guarani. 4.—Los Tapuyas. 5.—Arawaks. 6.—Caribes ó Karinas. 7.—Las tribus del alto Orinoco y alto Amazonas. 8.—Las de las mesetas Bolivianas. 9.—La Región Pampeana. 10.—Las tribus del Gran Chaco. 11.—Pampeanos y Araucanos. 12.—Patagones y Fueguinos. 13.—Los Calchaquies.

Observaciones generales.

1.—Conformes están los modernos etnólogos en circunscribir las culturas aborígenes de la América del Sur, á la zona geográfica llamada Andina, que se extiende desde Chile y las Provincias Argentinas Mediterráneas, hasta más allá de las mesetas de Colombia. Las tribus de esta región llegaron antes del Descubrimiento á los grados superiores del barbarismo; formaron curiosos organismos sociales y construyeron curiosos edificios.

Fig. 256.—La primera representación gráfica conocida de los Aborígenes Americanos (Augsburgo 1497 á 1503).

En cambio, las tribus del Este de la referida Zona Andina, vivieron, salvo raras excepciones, en estado salvaje; construyeron sólo rudimentarias chozas, su vida social fué nula y su existencia física abyecta.

Estos evidentes contrastes nos autorizan á dividir en primer lugar las agrupaciones Sud-Americanas primitivas, en dos grandes Secciones Geográficas, la del Océano Atlántico y la del Pacífico[404], que estudiaremos separadamente.

La clasificación lingüística de la multitud de tribus que poblaron estas dos grandes Secciones ofrece dificultades insuperables. El irritante y extraordinario número de lenguas irreducibles desconocidas ó no estudiadas, su irregular distribución en el Continente, la facilidad de los movimientos emigratorios de las diversas tribus á lo largo de sus enormes vías fluviales, la natural inestabilidad y despreocupación de los primitivos colonos Europeos, etcétera, etc., han hecho hasta ahora infructuosos los admirables esfuerzos científicos de antiguos y modernos filólogos para establecer una clasificación exacta de las Sud-Americanas lenguas[405].

Fig. 257.—Niño Indio (Época actual).

Teniendo esto en cuenta, y con el único fin de sistematizar en lo posible nuestro estudio de la América Aborigen, adoptaremos la clasificación que de las tribus Sud-Americanas hace Brinton, fijando como siempre nuestra atención en aquellas agrupaciones tribales, más cuidadosamente estudiadas y de mayor interés por sus asociaciones históricas.

Distingue el mencionado filólogo en el Grupo del Atlántico dos regiones (Amazónica y Pampeana) y otras dos (Colombiana y Peruana) en el Grupo del Pacífico[406].

Fig. 258.—Danza ceremonial.

La Región Amazónica.

2.—Comprende la Región Etnológica, llamada Amazónica, los inmensos territorios regados por el Amazonas, el Orinoco y sus numerosísimos y caudalosos afluentes, incluyendo los Estados de Santa Cruz y el Beni, en Bolivia, casi todos los del Brasil, los de Venezuela y las Guayanas y las grandes y pequeñas Antillas. Los extensísimos bosques y prodigiosos valles tropicales de estos dos colosales sistemas hidrográficos ofrecían al hombre primitivo abundantísima caza y pesca, sabrosísimos frutos y abundancia de naturales recursos. Tales facilidades de vida, unidas al efecto depresivo de un clima ardiente y húmedo, enervaron, sin duda, las actividades de los aborígenes, haciéndoles perezosos y nómadas. Por otra parte, los miles de kilómetros de vías fluviales navegables que caracterizan esta parte del Continente Sud-Americano, proporcionaron á las tribus comunicaciones naturales y fáciles, que aprovecharon para diseminarse en dilatadas regiones geográficas.

No es extraño, pues, que encontremos en esta Sección algunas familias lingüísticas cuyos miembros llegaron á grandes distancias de su probable lugar de origen. De entre ellas las más conocidas y dispersas son la "Tupi-Guarani", la Tapuya, la Arawak y la Caribe, cuyas peculiaridades etnológicas, etc., indicaremos sucintamente[407].

Fig. 259.—Danza del Escudo "Warraus" (Guayana Británica).

La familia Tupi-Guarani.

3.—La célebre familia lingüística de los Tupis, Guaranis, Baranis, Curios, etc., fué una de las más notables, extendidas y numerosas de toda Sudamérica. Desde las Guayanas al Paraguay y desde las mesetas del Brasil á las costas de Bolivia, se hallaba, con más ó menos variantes, la llamada "Lingua geral do Brasil", derivada esencialmente de la de los Tupis, y una de las más suaves, musicales y flexibles de las conocidas en América.

Vivían estos indígenas en aldeas provisionales, llamadas "Tabas", compuestas de miserables y escasos ranchos, que se abandonaban por conveniencia. Las aldeas abandonadas se denominaban "taperâs ó taboeiras". Cultivaban el algodón, el maíz y la mandioca y eran aficionadísimos al tabaco, que fumaban en pipa, mezclado con otras yerbas. Los Omaguas y Cocamas, de cabezas deformadas "como mitras", enseñaron á los Europeos los usos del "caout-chout", del que hacían vestidos, sandalias, etc.; trabajaron hábilmente los metales y vivieron en aldeas permanentes.

Las demás tribus de la familia Tupi-Guarani, no pasaron de los grados inferiores del barbarismo. Algunas de sus alfarerías, sin embargo, (igasanas) pueden competir con las mejores de Sud-América.

Fig. 260.—Indios Caribes (Akawais).

Su organización social no difería en esencia de la del resto de las tribus Americanas. El "morubixabá" ó jefe de los guerreros tenía autoridad absoluta en tiempo de guerra y limitada en el de paz por las decisiones del Consejo ("nheemougaba"). Las jefaturas eran generalmente hereditarias, formando sus titulares dentro de la tribu una clase social privilegiada y distinta de los "mboyás" ó chusma indígena. Eran antropófagos, polígamos, sin limitaciones ni freno; vivían en común en los recintos tribales, y sabían construir canoas rudas y fuertes. Supieron también algunas de estas tribus defender sus provisiones de las crecientes periódicas de sus grandes ríos, enterrándolas en aquellas cuevas ó silos hondos, peculiares de las tribus Amazónicas. Reconocían un poder superior (Tupá-¿Quién eres?), y multitud de espíritus activos y malignos; conservaban los huesos de algunos magos famosos (pagés-piages ó caraibes) en chozas especiales y aisladas, atribuyéndoles poderes oraculares y rindiéndoles especial reverencia. Su Mitología era rica é imaginativa, y esperaban como la mayoría de las tribus Americanas al redentor ó maestro extraordinario que había de venir de lejanas tierras (Sumé). Con excepción de las tribus próximas á los dominios Incásicos (Omaguas, Chirihuanos, etc.), desconocían todas el vestido, siendo en cambio aficionadísimas al adorno, las músicas y danzas, embriagándose en ellas con rapé de parica (Turas-Río Madeira) ó los zumos fermentados del "curupá" (Omaguas) y otras varias plantas[408].

Fig. 261.—Indios Onas (Tierra del Fuego).

Los Chiriguanos ó Chirihuanos, cuyo valor militar y canibalística fiereza tan profundo terror inspiraban á los guerreros Quechuas, son históricamente célebres por su tenaz resistencia á los diez mil hombres de guerra del Ynca Yupanqui y á los soldados del virrey Toledo[409].

Fig. 262.—Choza Yaghan (Tierra del Fuego).

Los Tapuyas.

4.—Rivaliza en antigüedad y extensión con la familia Tupi ó Guarani la de los Tapuyas (enemigos), cuyas numerosas bandas poblaron y aún pueblan en parte el Continente Sud-Americano, desde los 5° á los 20° de latitud Sur, y desde el Océano Atlántico al Río Xingú (Pará, Matto-Grosso, Goyaz, etc.). Eran también conocidos con los nombres de Crens ó Guerens (antiguos, pueblo antiguo) acaso por suponer que antes de la llegada de los Tupis fueron los Tapuyas dueños de la costa del Atlántico, cuyos depósitos conchíferos (sambaquis) parece ser que construyeron.

La apariencia física de los Tapuyas no era del todo desagradable, y la conformación de sus cráneos es idéntica á la de los descubiertos en los yacimientos declarados pre-glaciales de Lagoa-Santa[410]. Algunas tribus de esta familia como los llamados Botocudos, deformaban de tan horrible manera su labio inferior con "botoques" ó pedazos de piedra ó madera, que ante los ojos europeos no podían menos de aparecer repugnantes.

No pasaron en general estas agrupaciones del salvajismo. Vivían desnudos, sin organización tribal definida ni más habitaciones que los abrigos naturales del bosque. No fabricaron alfarerías ni canoas. Eran caníbales por costumbre y nómadas por temperamento. Fueron, en cambio, cazadores habilísimos y de las raras agrupaciones indígenas que supieron usar antorchas de fibras vegetales, revestidas de cera de abejas. Aunque faltos de ideas religiosas concretas, sepultaban cuidadosamente sus muertos y veneraban con temor las almas desencarnadas de sus jefes.

Fig. 263.—Indio Yaghan, arreglando su arpón (Hyades y Deniker).

La lengua de los Tapuyas es de difícil fonética y contrasta con el resto de las Americanas por su tendencia á las formas aisladas y su escasa proporción de palabras aglutinantes. Habitan actualmente algunas de estas bandas salvajes en las cercanías de los Ríos Madeira, Tapajos, Dulce, etc., en los bancos meridionales del Amazonas (Mundrucus, Paiguizé) y en los boscajes del Yapurá y el Putumayo (Miranhas, etc.)[411].

Fig. 264.—Indios Guaranis ó Carios (Schmide).

Los Arawaks ó Maipures.

5.—La familia lingüística de los Arawak ó Maipures es también una de las más extendidas de Sudamérica. Ocupaban sus tribus parte del alto Paraguay (Guanas, etc.) y las mesetas Bolivianas (Moxos, etc.), y llegaban, casi sin solución de continuidad, hasta las Grandes y Pequeñas Antillas y las Lucayas ó de Baháma.

Fueron los primeros aborígenes Americanos que conocieron los descubridores Europeos. Las palabras indias recojidas por Colón y sus compañeros en Haiti, Cuba, etc., pertenecen á las formas dialectales de esta familia lingüística.

La cultura de los Arawak ó Maipures era, en general, superior á la de los Tupis y Tapuyas. Cultivaban el maíz, el tabaco, y la mandioca. Sabían tejer el algodón en finos paños, y sus armas de piedra tenían notable pulimento. Labraban el oro, hacían máscaras de madera, tallaban ídolos y construían canoas.

Fig. 265.—Topu Calchaqui (Ambrosetti).

Algunos grupos (Guayanas) estaban organizados tribalmente, con matriarcado, clanes y sistema totemístico. Sus casas (no comunales) estaban provistas de hamacas, esteras de fibras y alfarerías, relativamente perfectas. Tenían rica Mitología, danzas y ritos definidos y lugares reservados para cementerios. Las tribus más conocidas y notables de esta familia son la de los Antis ó Campas, del "Gran Pajonal" (Ríos Ucayali, Pachitea, etc.), que sabían domesticar monos, cotorras, tapirs, etc., conviviendo en sus chozas con ellos; los Guanas, del Alto Paraguay, pacíficos é inteligentes; los Tarumas (Guayana Británica), célebres por sus alfarerías y sus hermosos perros de caza; los Maipures, propiamente dichos, y los Moxos, del Alto Mamoré, heroicamente evangelizados por los misioneros Jesuítas[412].

Fig. 266.--Juego del látigo (Arawaks).

Los Caribes.

6.—Los Caribes ó Karinas, vecinos y enemigos implacables de los Maipures, etc., llegaron desde las Guayanas hasta las Antillas y las Lucayas. En la época del descubrimiento Colombino se hablaban sus dialectos en las mencionadas islas y en el Continente, desde la boca del río Esequibo hasta el golfo de Maracaibo y las dichas Guayanas, tierra adentro. Según antiguos misioneros, el dialecto Cumanagoto (Cumaná ó Nueva Andalucía) era corriente á lo largo de estas regiones hasta más allá de Caracas.

Fig. 267.—Chiriguanos y Matacos.

La cultura de la mayoría de estas tribus, cuya ferocidad se ha hecho legendaria (Caníbal, de Karina), era muy semejante, y acaso superior, á la de sus vecinos los Arawak, etc. Sus canoas eran grandes y muy marineras; supieron tejer hamacas de algodón ó pita, con sus torzales y rapacejos, cultivar la tierra y fabricar alfarerías notables. Los célebres petroglifos del Esequibo y la isla de San Vicente se atribuyen á los Caribes por la mayoría de los Arqueólogos. Los ritos mágico-religiosos de estas tribus (Cumanagotos, etc.) eran definidos y complejos. Sacrificaban maíz al sol y á la luna; tenían sus magos (piayes) y sus fetiches y cremaban ceremonialmente sus cadáveres.

La base de su organización social era el grupo ó grupos de parientes (clan exogámico) que convivían en casas grandes, redondas, con particiones, formadas de madera y techadas de palma. En algunos lugares (Deltas del Orinoco, etc.) las levantaban sobre postes en el agua, como los habitantes prehistóricos de los lagos Europeos. Las flechas de guerra de los Caribes eran herboladas, con un veneno tan mortífero y activo que, en rasguñando, la herida era incurable. La antropofagia de estas tribus era sólo ritual y consecuencia de guerreros triunfos. Sus alimentos ordinarios eran el cazabe, los plátanos, el pescado y carne de monte. Eran muy aficionados á músicas y cantos, se pintarrajeaban imitando animales (sus "totems"), se horadaban las orejas y ternillas de la nariz, distinguían los meses por las lunas y observaban por las estrellas los tiempos[413].

Fig. 268.—Indios Macusi (Caribes).

Tribus del Alto Orinoco y el Alto Amazonas.

7.—Forman parte los extensos llanos de Venezuela de la enorme cuenca de los afluentes del Amazonas y el Orinoco. Están cubiertos de altísimos pastizales y espesos bosques, que las llanuras invernales convierten en pantanos y los ardores estivales en insalubres ciénagas. Poblaban y aún pueblan estas inexploradas regiones escasos grupos salvajes de afinidades filológicas inciertas. En las páginas de los viajeros y en las crónicas de las Misiones de esta comarca (antiguo territorio de Caqueta) encontramos un sinnúmero de nombres de tribus desaparecidas ó transformadas, cuya clasificación es imposible.

Fig. 269.—India Ona (Tierra del Fuego).

Otro tanto puede afirmarse de las confusas tribus del Alto Amazonas. No hay regiones en el Continente Americano que más desesperen al historiador y al filólogo. Los datos de que disponemos son tan contradictorios y los cambios tribales tan rápidos y continuos, que es pretensión inútil el concordar las noticias de los cronistas antiguos con las observaciones de los etnólogos modernos.

De tales tribus las más conocidas ó mejor estudiadas son los Otomacos, del Río Meta; los gitanescos Guahibos, del Casanare; los Panos, del Ucayali; los Cashibos, del Aguaitía, repugnantes endocaníbales; los indómitos Jibaros (Río Pastaza, Santiago, etc.), cuyos extraños atambores de guerra y cabezas peculiarmente disecadas se admiran hasta hoy en los Museos y los Maynas ó Mayorunas, etc., sometidos por Diego de Vaca cerca del antiguo San Francisco de Borja (1616), evangelizados con heroicas fatigas por Franciscanos y Jesuítas, y perpetuados por el glorioso mártir Francisco de Figueroa en una preciosa y verídica relación histórica[414].

Las Mesetas de Bolivia.

8.—La región Oriental de la República de Bolivia, bañada por el Beni, el Mamoré y demás tributarios del caudaloso Madeira, estaba poblada por multitud de tribus de diferentes familias lingüísticas. Las más conocidas de entre ellas son las de los Chiquitos, que habitaban principalmente la región de su nombre, entre los 16° y 18° de latitud Sur, desde las fuentes del río Paraguay hasta el territorio de los Incas.

Fig. 270.—Indios Timbues (Schmidel).

Sometidos por Nuño de Chaves (1557), formaron estas tribus el núcleo principal de las Reducciones Jesuíticas de esta comarca, adoptando con relativa facilidad costumbres sedentarias y agrícolas. Su lengua, en extremo flexible, fué medio ó vehículo para la cristianización de las tribus vecinas (Yurucarés, Arounas, Morotocos, etc.), que merced al ardiente y abnegado celo de los Jesuítas, fueron paulatinamente agrupándose en las aldeas permanentes de los Chiquitos, á cuya lengua procuraron los Misioneros reducir sus dialectos bárbaros.

Fig 271.—Indios Querandies (Schmidel).

La gloriosa muerte del P. Arce y sus heroicos compañeros, alma de estas incipientes cristiandades, las invasiones de los Paulistas y mercaderes de esclavos, la disolución de la Compañia de Jesús y los luctuosos acontecimientos posteriores, no llegaron á extinguir por completo las aldeas de Chiquitos, que en número de 20 ó 30.000 viven hasta hoy en parte de sus territorios tribales, y conservan el régimen cooperativo ó comunista que sus Misioneros instauraron[415].

La Región Pampeana.

9.—Al Sur de las altiplanicies que separan las aguas del Bajo Amazonas de las de los afluentes del Plata, se extiende el Continente en llanuras inmensas regadas por numerosos ríos navegables. Comprende de Norte á Sur esta región llamada Pampeana, los territorios del Gran Chaco, las célebres Pampas desde el río Salado al río Negro, y los desiertos rocallosos y estériles de Patagonia y las soledades Antárticas. Está limitada al Este por el Océano Atlántico y al Oeste por la Cordillera de los Andes.

Fig. 272.—Indios Arounas.

Sus tribus indígenas forman una sección etnográfica peculiar distinta de la Peruana y acaso remotamente relacionada con la Amazónica. Para facilitar el estudio de tales tribus y sin pretensión alguna dogmática, podemos clasificarlas en tres grupos geográficos de límites más ó menos definidos. Forman el primero de estos grupos las tribus del Gran Chaco; las Araucanas y Pampeanas propiamente dichas, el segundo, y el tercero, las Fueguinas y Patagónicas.

Tribus del Gran Chaco.

10.—Se conoce con el nombre de Gran Chaco la región que se extiende del río Salado hacia el Norte hasta los 18° próximamente de latitud Sur, limitada al Este por los ríos Paraguay y Paraná, y al Oeste por la Cordillera Andina. Es un país ondulado de grandes llanuras y bosques espesos, abundantemente regado por tres hermosos ríos: el Pilcomayo, el Salado y el Vermejo, que lo dividen de N. O. á S. O., en tres fajas casi paralelas (Chaco Boreal, Central y Austral) aunque de distinta extensión[416]. La suavidad de su clima, la abundancia de caza de sus enmarañadas selvas y la sabrosa pesca de sus ríos y lagos, facilitaron la vida de las tribus indígenas que densamente lo poblaron. Prescindiendo de los grupos tribales relacionados filológicamente con los Tupis ó Guaranis, las principales familias lingüísticas del Gran Chaco, son las de los Matacos, Lules, Charruas y Guaycurus.

Fig. 273.—Cetro de mando (Ambrosetti).

Habitaban los Matacos en populosas rancherías extendidas por las riberas del Vermejo. Eran menos fuertes y altos que la generalidad de los indios del Gran Chaco. Al decir de sus Misioneros, fueron naciones viles, indómitas, salvajes y refractarias á toda cristianización. Viven hasta hoy, aunque muy reducidos en su número, en sus primitivos boscajes, prefiriendo la vida del gitano nómada á la sedentaria del agricultor.

La antiguamente poderosa nación de los Lules habitaba principalmente en las márgenes del Salado y el Tabiriri. Evangelizados primero por el célebre P. Bárcena, huyeron á sus bosques, y sólo reaparecen años después en la historia de las Misiones del Chaco (Colegio de Córdoba de Tucuman), sin que pueda afirmarse con certeza que los Lules ó Tonicotes, estudiados por los Jesuítas del siglo xviii (P. Machoni), sean los mismos que el P. Bárcena evangelizó.

A la nación Charrua, sangrientamente célebre en la historia del Río de la Plata, pertenecían los formidables Yaros, Chanes, Bohanes, etc. Sus tribus eran también muy numerosas. Usaban las bolas arrojadizas y la flecha, con precisión terrible; desconocían en general la fabricación de alfarerías, y vivían en ranchos misérrimos. Eran grandes cazadores, vagabundos incorregibles, sanguinarios y arrestados en la guerra, astutos, inconstantes, vanidosos en extremo é inclinados al juego y la embriaguez. Solos ó aliados con otras tribus resistieron con indomable furia los avances del conquistador.

Fig. 274.—Alfarerías (Alto Amazonas).

A la extendida familia lingüística de los Guaycurus pertenecían, entre otras tribus, las de los Abipones, genialmente estudiados por uno de los misioneros (Dobrizhoffer); los feroces Tobas, que todavía pueblan parte del Gran Chaco, refugiados en sus espesuras; los Vilelas, del Río Salado (25° á 26° latitud Sur), y los célebres Querandies[417], de corta y luctuosa historia.

Con excepción de los Payaguás (Río Paraguay), tribus esencialmente nadadoras, marineras y de curiosa Mitología y costumbres, todos los indígenas del Chaco fueron ginetes admirables. La rápida propagación del caballo en América favoreció sus errantes y guerreras costumbres. Verdaderos Centauros de la selva, sus corceles y sus lanzas de guerra fueron por mucho tiempo para el Europeo motivo de constante inquietud y terror.

Por lo demás, los indios del Gran Chaco no pasaron, en general, de los grados superiores de salvajismo. Encontramos en algunos de sus grupos indicios de totemismo y exogamia. Obedecían á sus caciques, eran fetichistas, veneraban á sus manes y temían á sus magos y hechiceros[418].

Pampeanos y Araucanos.

11.—Al Sur del Gran Chaco, y hacia los 35º de latitud, empieza la Región de las Pampas. No hemos de detenernos á describir la grandiosa belleza de sus llanuras como mares, la inacabable variedad de sus pastos y la honda serenidad de sus desiertos sin término. Útil es, sin embargo, recordar estos rasgos fisiográficos de la Pampa para mejor comprender las peculiaridades de sus aborígenes.

Fig. 275.—Indios Caribes.

Una sola familia lingüística (Auca ó Aucaniana) ocupaba á trechos tan dilatadas tierras. Pertenecen á ella, no sólo los "Pampas", propiamente dichos (Guarpes, Moluches, Pehurenches, Ranqueles, etc.), de la República Argentina, sino también los célebres Araucanos ó Mapuches del Sur de la República Chilena.

Fig. 276.—Mapa de Sud-América de la Edición Latina de Schimdel (1599).

Formaban los "Pampas" hordas nómadas y bárbaras que se estacionaban en míseras tolderías mientras duraban sus subsistencias y emprendían despiadados merodeos cuando el hambre ó la ocasión les incitaba al pillaje y la guerra. Fueron asombrosos ginetes. Sirvióles el caballo de medio de transporte y terrible elemento de guerra; aprovecharon su piel para múltiples usos, y su carne y su sangre para alimento. Fueron siempre indómitos, errabundos, ladrones, borrachos y abyectos. Refractarios á toda cultura, vivieron del saqueo y la matanza, temiendo sólo á sus hechiceros y caciques, creyendo en sus "gualiches" y repugnantes brujerías, degollando sin piedad y peleando sin concierto. Salvo los Moluches ó Manzaneros (Río Limay, etc.), sedentarios y agricultores, las demás tribus "Pampas" sólo supieron cultivar su astucia de serpientes, su temeridad de leones y su crueldad de felinos carniceros.

Fig. 277.—Placa de bronce calchaquie (Coll. Lafone Quevedo).

La "Expedición al Desierto", del dictador Rosas (1833), debilitó un tanto los salvajes bríos de estos indios; pero volvieron bien pronto á asolar los territorios de la República, hasta que el general, J. A. Roca y sus esforzados compañeros Villegas, Lavalle, Winter, Lagos, etc., merced á habilísimo plan de combate, y después de años de fatigas abnegadas (1874-1885), consiguieron aniquilar el feroz poderío de los principales caciques, izar la Bandera Nacional en los últimos baluartes de su irreducible barbarie, y abrir en consecuencia miles de leguas de feraces y hermosísimos campos á su actual estado de civilización y progreso[419].

Los indomables Araucanos, como los llamó Ercilla, ó Mapuches (hombres de la tierra), como ellos mismos se llamaron, ocupaban en el siglo xvi la mayor parte del territorio de la República Chilena, desde la actual provincia de Coquimbo á la de Chiloé inclusive (29° á 45° lat. Sur). Divididos localmente en tribus del Norte, del Sur, etc. (Picunches, Huiliches, etc.), hablaban todos dialectos de la misma lengua (Chilidegu), exageradamente alabada por algunos, pero indudablemente suave, harmoniosa, flexible y apta para la oratoria, á que tan aficionados eran aquellos guerreros. Hasta hoy se habla esta curiosa lengua por cerca de cien mil individuos de raza indígena pura, que habitan en la comarca Chilena del Arauco.

Fig. 278.—Caribe (Guayanas).

Son las tribus Mapuches célebres en la Historia Americana por sus épicas luchas con los conquistadores Incásicos (Huayna Capac, Tupac-Yupanqui) primero, y con los Españoles más tarde, y alcanzaron un grado de cultura indiscutiblemente superior al de sus afines de las Pampas[420].

Vivían los Mapuches en chozas (rucas) de madera ó paja, muy separadas entre sí, y formando rancherías ó pueblos (lov) á la orilla de los ríos y arroyos. En cada ruca vivía una familia; predominaba el patriarcado, y la condición de las mujeres era inferior y penosa. Cultivaban éstas la tierra (maíz, patatas, etc.), tejían durables mantas (chamales), fabricaban ollas y cestos, y desempeñaban en general todos los duros menesteres de la vida bárbara, en tanto que sus maridos, hijos ó hermanos, cazaban, pescaban ó preparaban sus continuas expediciones de guerra.

Fig. 279.—Mapa del Gran Chaco del P. José Jolis (1789).

Tenían los Araucanos jefes supremos y secundarios de paz y de guerra. La autoridad de tales jefes (toquis), casi siempre hereditaria, estaba limitada por el Consejo, y los usos y costumbres tribales (ad-mapos). Los brujos y curanderos eran consultados y temidos. Ante la ruca de las hechiceras (machis) se construían altares (rehué) donde sacrificaban animales y hombres á los manes ú otros espíritus (pillan). Por lo demás, los Mapuches eran muy aficionados á fiestas, juegos (uño) y danzas. La embriaguez y otros vicios más vergonzosos corroían sus agrupaciones. Eran versátiles, crueles en extremo, astutos, orgullosos, incansables en la lucha y antropófagos por venganza. Según antiguos cronistas, superaron á los demás indígenas de Sud-América en valentía, táctica y arrogancia. Resistieron en efecto durante siglos al formidable empuje de los soldados españoles, y pasaron á la posteridad como héroes de epopeya clásica[421].

Fig. 280.—Pictografía de Pederneira (Brasil).

Patagones y Fueguinos.

12.—En las costas Patagónicas del Océano Pacífico, habitaban algunas tribus distintas de las Araucanas ó Mapuches. La más conocida es la de los Chonos ó Concones "de cabello teñido de rojo y cara color de acebuche", visitados por los Misioneros Jesuítas del siglo xvii. Vivían estos indígenas en lucha constante con sus vecinos los "Huiliches"; eran ictiófagos, grandes nadadores, y sabían construir fuertes piraguas.

En las inmediaciones del estrecho de Magallanes vivían los Patagones, Chonek ó Inaken (Hombres), célebres por su aventajada estatura (1,73 metros á 1,83), que ha dado margen á no pocas fábulas y leyendas. Se alimentaban principalmente estas tribus de mariscos, y aprovechaban también la carne y la grasa de las toninas y lobos marinos que tanto abundan en estas regiones. Fabricaban canoas capaces para nueve ó diez indios, y se aventuraban con ellas á respetables distancias. Andaban desnudos ó mal cubiertos con pieles en bruto, carecían de toda organización social y creían en la virtud de sus ensalmadores ó magos. No pasaron de los grados últimos del salvajismo. Su lengua de curiosa permanencia, es en extremo gutural y áspera.

Otro tanto puede decirse de las diversas tribus (Yahgans, Onas, Aliculufs, etc.), que habitan las inhospitalarias costas de la Tierra del Fuego. Tienen todas ellas desde hace siglos el triste privilegio de ocupar sin progresos apreciables, el rango más bajo de la escala cultural de los Aborígenes de Sud-América[422].

Fig. 281.—Indio Tehuelche.

Los Calchaquies.

13.—Para completar nuestro ligerísimo bosquejo de las tribus de la sección Atlántica, réstanos tan sólo mencionar la misteriosa civilización Calchaqui, independiente de la Incásica, anterior á ella, y peculiar del suelo Argentino.

Vivían principalmente los Calchaquies en los territorios actuales de las Provincias Argentinas de Catamarca, Tucuman y Salta. Fueron las únicas tribus de esta Sección Etnológica que supieron construir murallas de piedra (Andalgalá, etc.). Sus tumbas, momias, orfebrerías de oro impuro, cobre y bronce, merecen detenidísimo estudio. Aunque la mayoría de estas reliquias arqueológicas tienen evidentes semejanzas con los productos del arte Quechua, muchas de ellas (campanas, placas, pectorales, topus, etc.) parecen alejarse en absoluto de las influencias Peruanas, y acercarse en cambio al arte de los Zuñis (Pueblos) ó al de los Chiriquis del Darien. La discusión del problema arqueológico que tales observaciones plantean es ajena al objeto de este libro.

Atribuyen los Misioneros á las tribus Calchaquies curiosas costumbres matrimoniales, cultos y ritos complejos (manismo, magia, astrolatría) y habitaciones cómodas y bien ordenadas. Fueron sin duda estas tribus las más cultas de la Sección Atlántica, supieron tejer finas telas, adornarse con plumas y brillantes joyeles, y fabricar preciosas cerámicas. Desgraciadamente, sabemos muy poco de cierto sobre sus caracteres psíquicos y sociales. De su lengua sólo han llegado hasta nosotros algunas palabras. Aceptaron voluntariamente á mediados del siglo xv, la dominación Incásica; resistieron después tenazmente á la conquista Española, hasta que trasladada al actual Quilmes la última de las tribus de este nombre (1670), se extinguió allí paulatinamente[423].