1.—Definición. 2.—Extensión y Objetos. 3.—Divisiones. 4.—Las Fuentes 5.—Archivos y Museos.—6 Colecciones de documentos. 7.—Las Autoridades. 8.—Bibliotecas y Bibliografías. 9.—Mapas y estudios fisiográficos. 10.—Metodología.
1.—Entendemos por Historia General de América, la relación coordenada y auténtica, de la acción progresiva de las Sociedades Americanas á través del tiempo. El arqueólogo que estudia los templos Aztecas ó las Alfarerías Incásicas; el filólogo que desentraña las analogías lingüísticas de las tribus del Sur ó del Norte; el fisiógrafo que determina las influencias del medio ambiente en la formación de las agrupaciones indígenas; el sociólogo que describe las organizaciones coloniales y el paleógrafo que descifra documentos obscuros, manejan hechos históricos, pero no hacen historia. No basta, por ejemplo, saber qué espíritus veneraron los Iroqueses, cómo estaba organizada su Confederación, qué comieron, cómo se vistieron y qué lengua hablaron; necesitamos saber, además, lo que hicieron, la historia de sus trabajos, de sus luchas, de sus heroísmos, de sus crueldades, de su aniquilamiento, de sus acciones, en fin, y de la continuidad de sus efectos y sus causas. La Arqueología, la Filología, la Ciencia política y demás auxiliares de la Historia, dejan de lado aquellos acontecimientos que importan acción, esa cualidad peculiarísima del hombre que usa el lenguaje, el arte, el gobierno, las creencias, etc., como instrumentos para edificar organismos sociales, para darles carácter y sello propio, para producir sus cambios continuos y decidir su progreso ó decadencia[1].
Los especialistas proporcionan los materiales, la piedra, el hierro, la madera para construir el edificio. El historiador lo construye, recoge los estudios de Filología Americana, de Arte Americano, de Etnología, etc.; los reúne en un todo artístico proporcionado y continuo, les da unidad y vida, y hace, en una palabra, Historia de América.
2.—La Historia, no puede confundirse con la Sociología. Estudia esta última la sociedad en general, su evolución y desarrollo, y el verdadero objeto de la Historia, es el estudio de la unidad social, del desenvolvimiento progresivo de la personalidad de un pueblo, raza ó conjunto de pueblos que se desarrollan por el medio y la acción, hasta perecer, ó constituir agrupaciones sociales definidas y resistentes.
Tampoco puede limitarse el estudio de la Historia General de América, á la del Continente Norte Americano, como han querido algunos historiadores. Sud América tiene en la historia de la civilización humana tanta ó más importancia que Norte América, y la Raza Latina que puebla el Continente Sur, nada tiene que envidiar á la Sajona, que en general ocupa el Continente Norte. Las agrupaciones indígenas más cultas y definidas, se formaron por otra parte en la América del Sur. Prescindir del Continente Sud Americano al estudiar la Historia General de América y llamar así á la Historia Particular de los Estados Unidos, es tan ridículo como estudiar, por ejemplo, la Historia de la llamada Edad Antigua, prescindiendo de Roma ó de Grecia[2].
Consideraremos, pues, la Historia de América, en general, estudiando la formación progresiva de las unidades sociales de sus dos Continentes, procurando relacionarlas entre sí y comparar en forma sintética las notas características de su respectivo desarrollo.
3.—Para sistematizar en lo posible nuestro estudio, y sin pretensión alguna dogmática, podemos dividir la Historia General de América en cinco grandes Épocas.
1.ª América Indígena.—Abraza la Pre-historia y la historia de la Raza Americana Primitiva hasta el Descubrimiento Colombino.
2.ª Descubrimiento.—Abraza desde el primer viaje al Continente Americano de Cristóbal Colón, hasta la vuelta á España de Sebastián del Cano, después de su viaje de Circunnavegación (1492-1518).
3.ª Conquista.—Estudia el conflicto de la Raza Indígena con los Europeos, hasta su dominación por éstos y formación definitiva de las diversas Colonias.
4.ª América Colonial.—Estudia el desarrollo cultural y político de tales Colonias hasta los primeros síntomas de su Independencia.
5.ª La Independencia.—Comprende desde estos síntomas de Independencia hasta la formación de las diversas Nacionalidades Americanas[3].
4.—Los materiales originales que sirven á los historiadores para construir sus relaciones, se llaman fuentes. Corresponden á los fósiles en geología, á los casos en los estudios legales, á las palabras en filología, etc., etc. Son restos del pasado, de donde se deriva el conocimiento del mismo. Consisten en la masa de tradiciones, manuscritos, impresos, monumentos, restos, útiles, instituciones, literaturas, etc., en las que una generación, pueblo ó raza se exterioriza tangible y visiblemente. Todo lo que nuestros antepasados nos legaron, sus instituciones, sus creencias, sus leyes, su lengua, sus edificios, sus industrias, etcétera, son fuentes de su historia, que no pueden confundirse con la historia misma que con ellos formaron sus cronistas, omitiendo á veces ó exagerando, lo que creían dañoso ó conveniente para mantener su punto de vista religioso, social ó político. La Historia encuentra en las fuentes, materiales de toda especie siempre utilizables. El contenido y la dirección de la historia, cambian con las generaciones; las fuentes permanecen y perduran. Tienen vividez, sello propio y particular encanto. Son las progenitoras de la historia. Ellas deben resolver toda controversia, y en ellas deben fundarse todas las crónicas.
5.—Así como para estudiar la Botánica, la Zoología, etc., debe acudirse á los Museos de Ciencias Naturales, donde se han reunido ejemplares diversos para estudiar la civilización de las sociedades humanas, es convenientísimo visitar los Museos Etnológicos, Arqueológicos, Históricos, etc., en los que se guardan cuidadosamente clasificados los restos, reliquias, útiles, herramientas, orfebrerías, ornamentos, etc., que juntamente con los monumentos arquitectónicos (edificios, caminos, acueductos, templos, ruinas, etc.), nos dan á veces clarísima idea del vivir cultural de pasados pueblos. Los repositorios más ricos en Antigüedades Americanas son, entre otros, el Peabody Museum, de Cambridge, Mass. (E. U.), las colecciones de la Smithsonian Institution, y de la Oficina de Etnología de Washington (E. U.), el Museo Nacional de Washington, las colecciones Etnológicas del Museo Británico, del Königliche Museum, de Berlín, y del Museo Etnográfico, de San Petersburgo; el Museo Arqueológico, de Madrid; el Museo Nacional, de México; el Museo de la Plata, el Museo Nacional, de Buenos Aires; el de Río Janeiro, Santiago de Chile, etc., etc. Casi todos estos Museos han publicado, y siguen publicando en sus anales, revistas y catálogos, reproducciones artísticas y fieles de sus tesoros Arqueológicos[4].
Las fuentes manuscritas, y en especial las de carácter oficial, se guardan cuidadosamente en sus Archivos por todas las naciones cultas. Estando la Historia Americana íntimamente relacionada con la Europea, apenas hay Archivo importante en Europa que no contenga fuentes manuscritas interesantes para el Historiador de América.
Claro es que los Archivos Españoles, Portugueses, Ingleses y Franceses, son los más ricos de Europa en documentación Americana. Toda la Historia Colonial de las actuales Repúblicas Hispano-Americanas, por ejemplo, puede y debe estudiarse en los Archivos Españoles.
En las Referencias de este Compendio se mencionan especialmente los Archivos que contienen las principales fuentes manuscritas de cada una de sus materias y capítulos[5].
6.—Para que las fuentes manuscritas de la Historia se conozcan sin necesidad de visitar los distintos Archivos, y para hacerlas además fácilmente inteligibles para los profanos en las disciplinas paleográficas, deben coleccionarse y publicarse.
Desde el principio del siglo xviii, todas las naciones Europeas han procurado coleccionar, y han coleccionado y publicado casi todas las fuentes de su historia. Como gran parte de estas colecciones son sólo accesibles en las grandes Bibliotecas, para mayor facilidad del estudioso se han empezado también á publicar en estos últimos años en muchas naciones de Europa y en algunas de las Americanas, colecciones populares de fuentes, clasificadas según su importancia y sus épocas. La utilidad de estos elementales instrumentos de investigación histórica es grandísima, tanto por la facilidad de su adquisición como por la sencillez de su manejo.
El cuidadoso estudio de las fuentes ha dado además origen á disciplinas científicas nuevas (Filología, Paleografía, Eurística, Diplomática, etc.), que exigen á su vez nuevas escuelas y aparatos científicos. El modelo de estas nuevas escuelas ó talleres históricos es el Seminarium alemán, cuyos únicos materiales de trabajo son las fuentes, y en el que los estudiantes investigan por sí mismos, construyendo con las referidas fuentes trabajos históricos originales. Algunas Universidades Norte-Americanas; la Ecole de Cartes, de París; el Centro Arabista, de Madrid y otras instituciones de investigación histórica, han adoptado el acertadísimo sistema del Seminarium, de Alemania, ampliando un tanto su criterio[6].
7.—Entendemos por Autoridades, las monografías, tratados ó libros de historia, basados en las fuentes. Si no se hubiera escrito, por ejemplo, ninguna historia del General San Martín, tendría que recurrir el que la escribiera, á los diversos Archivos, para buscar las fuentes originales de información; más aún, debería mencionarlas en su obra, porque no hay autoridad histórica digna de tal nombre, si no se refiere á las fuentes. Existiendo la obra del General Mitre, escrita en presencia de las fuentes originales, su cuidadosa lectura ahorra al estudioso el ímprobo trabajo de clasificar, depurar y extractar las fuentes originales, bastándole la autoridad histórica mencionada, para conocer con justedad la augusta figura del heroico Libertador de América. Toda autoridad histórica, propiamente dicha, debe relacionar críticamente sus fuentes, añadiendo notas, apéndices ó referencias que permitan al investigador ensanchar su campo de estudio. De la exactitud, sentido crítico, orientación, etc., de estas notas, referencias y Apéndices, depende el valor histórico y autoridad de la obra.
8.—Las autoridades mencionadas son herramientas indispensables para el estudioso; pero le serían inútiles si no tuviesen medios rápidos de conocer su existencia. De nada serviría amontonar libros en las Bibliotecas, si no pudiera saberse fácilmente de qué trataban y dónde estaban. El historiador necesita, antes de escribir sobre determinada época ó cuestión histórica, saber cuáles son los libros que de ella se ocupan directa ó indirectamente, qué autoridades debe consultar, y qué medios de información puede ofrecerle la enorme Biblioteca acumulada por los escritores de todos los tiempos y todos los países, es decir, el patrimonio científico y literario que la humanidad le ha venido legando durante siglos.
De aquí la necesidad de las Bibliografías, repertorios ordenados donde se mencionan el conjunto de libros antiguos y modernos, nacionales ó extranjeros que se han escrito y publicado sobre las diferentes épocas y cuestiones históricas. Además de los Catálogos de las grandes Bibliotecas (Museo Británico, Nacional de París, etc., etc.), las Bibliografías Nacionales, las Bibliografías de Bibliografías y otros instrumentos de Bibliografía General, existen numerosos repertorios de Bibliografía Histórica, en los que se indican las fuentes originales y los trabajos modernos que deben consultarse sobre una época ó punto históricos, (Bibliografía Retrospectiva), ó sólo los trabajos modernos (Bibliografía Corriente), clasificándose estos últimos según comprendan la Historia Universal, la Nacional, la Regional, ó alguna rama especial de la Historia.
Desgraciadamente, no existe un Repertorio General Bibliográfico de la Historia Americana. Los publicados en los Estados Unidos, por todos conceptos notables y útiles, tienen un carácter netamente nacional. El historiador de Sud América tiene necesariamente que formar su propio Repertorio Bibliográfico, y recurrir para ello á los meritorios trabajos aislados de algunos eruditos, que en su lugar se mencionarán, á las antiguas Bibliografías Retrospectivas, á los Catálogos de las Bibliotecas Públicas Sud-Americanas, á los generales de las grandes Bibliotecas Europeas (Museo Británico, Nacional de París, etcétera), á los de las Bibliotecas Españolas (Nacional, Colombina, de Palacio, Escorialense, de la Academia de la Historia, del Museo de Ultramar, etc.), á las publicaciones, Repertorios, Enciclopedias, Boletines y Revistas Históricas y Bibliográficas, etc, etc. A falta de algo mejor y más completo, el conjunto de las "Referencias" de mi Compendio puede servir de Manual ó Guía elementalísima, de la Bibliografía General del Continente Americano[7].
9.—Parece inútil acentuar la íntima y necesaria relación de la Geografía con la Historia. Mal pueden estudiarse el desarrollo y formación de las nacionalidades y pueblos Sud-Americanos, sin conocer exactamente las regiones y lugares que sucesivamente fueron ocupando. La Cartografía Histórica de América, es elemento indispensable para el estudio de su historia. Las relaciones de los primeros exploradores, conquistadores y misioneros, los mapas de los antiguos cartógrafos, las concesiones de las diversas naciones Europeas para fundar colonias, los tratados de límites, las decisiones internacionales sobre límites disputados, las divisiones políticas de los Estados y Naciones, etc., etc., fijan é ilustran los acontecimientos históricos, y son importantísimas fuentes para su conocimiento. De aquí la necesidad de los Atlas y Mapas de Geografía Histórica, de la reproducción de las antiguas cartas corográficas, y del uso constante de mapas mudos ó de contornos para marcar en forma gráfica y patente el resultado de las investigaciones históricas sobre viajes, conquistas, batallas, etc. No hay obra moderna de Historia que no reconozca tal necesidad multiplicando los mapas ilustrativos en su texto, y los de carácter diagramático para dar fijeza y justedad crítica á los acontecimientos históricos que estudia.
Los estudios fisiográficos son también indispensables para el conocimiento claro de la Historia. Es innegable que las condiciones económicas de un pueblo, especialmente en sus principios y antes que el aumento de población, comercio é industria impongan adaptaciones artificiales, están en gran parte determinadas por el medio físico en que se desarrolla. El medio reacciona también sobre la constitución física y mental de los habitantes de un país é influye decisivamente en su cultura. El clima, el suelo, el contorno geográfico que favorece ú obstaculiza las emigraciones y consiguiente contacto de los distintos grupos, afecta también el desarrollo cultural de los pueblos primitivos, cuyas instituciones tienden ó no, según los casos, á evolucionar aislada é independientemente.
La suerte política misma de los pueblos de superior cultura, depende á veces de la fisiografía de su territorio. La Historia General del Continente Americano, debe, pues, basarse en el conocimiento exacto de los variados rasgos fisiográficos de las regiones del Norte y Sur de América. La mayor ó menor cultura de sus primitivas agrupaciones indígenas, el desarrollo de los viajes, exploraciones y conquistas Europeas, la mayor ó menor prosperidad de los organismos Coloniales y la formación misma de las Naciones Independientes, dependen en gran parte de las condiciones del medio. Los caminos, las sendas, los pasos entre montañas, los ríos y lagos, las producciones forestales y agrícolas, la fauna y la flora Americana, han influenciado decididamente su evolución histórica. El estudio de dichos rasgos fisiográficos nos da las más de las veces la clave y la causa de acontecimientos históricos á primera vista casuales ó inexplicables[8].
10.—De lo anteriormente expresado puede fácilmente deducirse los Métodos que deben adoptarse para el estudio de la Historia General de América. Entiéndese por método, el orden que se sigue en las diversas ciencias para hallar y enseñar la verdad. Dependiendo la verdad histórica de la evidencia humana, claro es que para hallarla deben observarse las reglas lógicas que depuran y acrisolan semejante evidencia. El historiador es una especie de Juez de Instrucción, que reúne pruebas documentales, etc., de los hechos que examina. Debe verificar, por tanto, el texto de sus documentos probatorios (Crítica de restitución), saber de dónde proceden, (Crítica de origen), clasificarlos, relacionarlos con otros, y con las autoridades, interpretarlos, y ejercer su sentido crítico para averiguar la sinceridad ó insinceridad de sus autores (Crítica interna). Realizadas estas operaciones analíticas, debe sintetizar sus resultados, agrupar los hechos, llenar las lagunas que dejaren, según su sano razonar crítico, y construir, por fin, su informe ó relación histórica, huyendo de toda parcialidad y filosófico prejuicio.
No es posible establecer reglas generales de interpretación. Depende del sentido crítico de los historiadores, de su erudición, de sus condiciones intelectuales, de su concentración ó de su esfuerzo. Con idénticos métodos pueden llegarse á interpretaciones distintas. El método y las fuentes son para todos iguales; la interpretación es personalísima. "El Criterio", de Balmes, y el "Tratado de las Pruebas", de Jeremías Bentham, son (á mi juicio) normas inapreciables de Metodología. Su atenta lectura basta para enseñarnos la técnica histórica, el modo de investigar y apreciar evidencias. No pueden enseñarnos, sin embargo, á hacer la historia, á componer con brillantez y hondura una monografía ó un libro. Reside tal facultad en el historiador mismo. Si es, por ejemplo, un Parkman, coleccionará primero todas las Relaciones de los Misioneros Jesuítas, elegirá las que al antiguo Canadá se refieren, entre éstas las de los misioneros más celosos, más observadores y que más tiempo estuvieron en aquellas tierras, y depurándolas, relacionándolas é interpretándolas con sinceridad y elevado espíritu, legará al mundo moderno ese modelo de autoridades históricas, esa epopeya de abnegaciones y heroísmos que se llama "Los Jesuítas en Norte América".
La Historia no está ya destinada á dormir, mientras los manuales de cuarta ó quinta mano y los maestros superficiales y dogmáticos cuentan hechos aprendidos de memoria á sus alumnos inatentos. Debe despertar y entrar á la vida. El pasado vive en el presente. Observando con atención lo actual y vivido, discerniremos más fácilmente las formas, ideas é instituciones de lo pretérito. Así como las Ciencias Naturales han salido de los estrechos límites del libro de texto para entrar al mundo de los fenómenos, de los Laboratorios y de los Museos, así la Historia debe independizarse de memorizaciones y viejas disciplinas escolares, entrar al mundo de la naturaleza humana, y abandonar las antiguas aulas por Seminarios especiales, dotados de mapas, colecciones de fuentes, autoridades, etc., etc., en los que cada estudiante, guiado por un Maestro que con él trabaje, interprete por sí mismo los materiales históricos y ejercite su espíritu crítico. Así y sólo así, podrá alcanzarse el ideal de la enseñanza histórica y podrá inculcarse en los alumnos el deseo de ver, sentir y verificar con su inteligencia y su trabajo, lo ético y luminoso de la VERDAD y el PATRIOTISMO[9].