ÉPOCA SEGUNDA
DESCUBRIMIENTO
SIGLOS XV y XVI

TÍTULO PRIMERO.
Antecedentes del descubrimiento.

CAPÍTULO I.
EXPLORACIONES PRE-COLOMBIANAS

1.—Viajes dudosos. 2.—Islandia y sus Vikingos. 3.—Las Sagas. 4.—Vinlandia 5.—Importancia de estos viajes. 6.—El Este y el Oeste 7.—Las rutas medioevales. 8.—Los Turcos Otomanos. 9.—La Geografía Medioeval 10.—Viajes italianos. 11.—Los Portolanos. 12.—La brújula y el Astrolabio. 13.—Enrique el Navegante. 14.—El Cabo Bojador. 15.—El Cabo de Buena Esperanza. 16.—Resultados de estos viajes.

Viajes dudosos.

1.—Hay algo de doloroso y solemne en el espectáculo histórico de la vida humana, desarrollándose durante siglos en dos hemisferios distintos, sin que los pueblos del uno tuvieran la menor idea de la existencia de los del otro. El verdadero contacto entre el mundo Europeo y el Americano, empieza á fines del siglo xv. Es posible y hasta probable, que con anterioridad á esta fecha algunas embarcaciones Japonesas fueran arrastradas por las corrientes oceánicas hasta las costas del Oregón ó California; que algún marinero francés, navegando hacia el Africa, fuese á parar á las costas Brasileñas; que los Arabes del siglo xii, llegaran hasta las Canarias y las Azores, ó que arribaran á los bancos de Terranova los audaces balleneros Bascos. No hay razones para negar estos hechos, ni tampoco pruebas ciertas para afirmarlos. No tienen, por otra parte, importancia alguna para la Historia Americana. Pertenece su estudio al campo del diletantismo erudito y no al de las investigaciones útiles y serias[477].

Fig. 317.—Casco en construcción á fines del siglo xv.

Fig.318.—Buque Genovés. Siglos xiv-xv.

Islandia y sus Vikingos.

2.—No sucede lo mismo con los viajes de los Normandos ó Vikingos en los siglos x y xi de nuestra era. No pudiendo soportar algunos señores feudales (jarls) de la Noruega del siglo ix, el tiránico yugo del Rey Haroldo, abandonaron su patria seguidos de sus fieles vikingos (reyes del mar). Familiarizados con el Océano y ansiosos de conquistar con sus hazañas un lugar preferente en la Walhalla heróica, dirigieron sus afiladas proas á lejanas tierras. Atravesaron algunos el Mediterráneo para pelear en Bizancio; singlaron otros hacia Escocia é Irlanda, y se refugiaron los más en las costas septentrionales del Atlántico. Uno de estos guerreros vikingos descubrió la Islandia, fundando entre sus fiords una pequeña aldea (Reikjavik) que, aumentada por inmigraciones sucesivas y enriquecida por las aventuras comerciales y piratescas de sus habitantes, llegó á convertirse después de medio siglo en colonia aristocrática y floreciente.

Fig. 319.—La Islandia de Olaus Magnus (1539).

Las sagas.

3.—Vinculados más ó menos estrechamente con su antigua patria, conservaron estos vikingos sus tradiciones y costumbres. En los obligados ocios de sus largos inviernos árticos, recitaban con fruición sagas ó relatos históricos y poéticos, que escritos con el correr de los siglos (xiii y xiv) por pacientísimos cronistas, nos dan clara idea de la mitología, carácter é historia de la Noruega é Islandia de los siglos medios. Son estas sagas concisas y realistas. Su estilo sencillo y vibrante, refleja la veracidad y rudeza de sus héroes. Se consideran por los estudiosos, como fuentes históricas dignas de crédito[478].

Vinlandia.

4.—Varias de estas crónicas, y en especial la de Erico el Rojo (Eyrikssaga Rauda), nos cuentan que en el año 876 un atrevido navegante llamado Gunnbjörn, descubrió las costas de Groenlandia, donde los hielos le obligaron á invernar.

Fig. 320.—El Príncipe Enrique el Navegante.

Más de cien años pasaron sin que volviera á hablarse de tal suceso, hasta que Erico el Rojo (983), visitó las costas descubiertas por Gunnbjörn, dándolas, por su vegetación, el nombre de tierra verde (Groenlandia), y estableciendo en ellas una colonia. En 986 Bjarni Herjulfson, navegando hacia Groenlandia, entrevió las costas del Sur. El célebre Leif, hijo de Erico el Rojo, impresionado por la conversión del Rey Olaf, de Noruega, introdujo el cristianismo en Islandia y Groenlandia, y deseoso de aventuras marítimas emprendió en el año 1000 una expedición hacia el Sur descubriendo extrañas tierras, á las que dió los nombres de Helulandia (tierra de piedras), Marklandia ó tierra de la madera (Nueva Escocia) y Vinlandia ó tierra de la vid. En la primavera del año 1001 volvió á Groenlandia con un rico cargamento de madera.

En el año 1007, Thorfin Karlsefin, rico comerciante de Islandia, equipó tres ó cuatro naves para reconocer las nuevas tierras, y llegó á las costas de Vinlandia. Trató de establecer allí una colonia, pero la hostilidad de los indígenas (Skrelingos) le hizo abandonar su empresa. Atacados furiosamente en el año 1010, Thorfin, con los que sobrevivieron después de la refriega, volvió á Groenlandia con la escasa madera que pudo recoger.

Prescindiendo de la trágica expedición de Thorvard (1011-1012), no vuelven á mencionar las sagas ninguna otra exploración ó colonización de la Vinlandia de Leif, etc., situada, según la opinión más probable, en las inmediaciones del Cabo Cod (38° lat. Norte)[479].

Fig. 321.—Marco Polo.

Importancia de estos viajes.

5.—Estos viajes de los Normandos nada añadieron al caudal de conocimientos geográficos de la Edad Media. Fuese por la distancia, ó por lo precario de sus resultados comerciales, hasta en Islandia misma se miraron sin interés. No puede, pues, afirmarse en absoluto, que los normandos del siglo x descubrieran América. En el Hemisferio Oriental, las expediciones Islandesas no dejaron más recuerdo que el relacionado de las sagas, y en el Occidental no tuvieron más alcance que el de pelear con algunos grupos indígenas (acaso Algonquinos) y cortar unos cuantos árboles. Es altamente probable que Leif Ericsson y sus Vikingos llegaran con sus naves á costas que hoy sabemos ser las de América, pero es absurdo atribuir á tales aventuras aisladas mayor importancia histórica que la que tienen en realidad. Con y sin los mencionados viajes de los Normandos, siguió Europa ignorando la existencia de América, hasta que descubrió Colón sus primeras costas.

Fig. 322.—Astrolabio de Regio Montanus (1468).

Fig. 323.—Mapa Catalán del 1375.

El Este y el Oeste.

6.—El lujo de la Europa Medioeval se alimentaba principalmente con los productos del Asia menor, India, China, Arabia y Persia. Los diamantes de Golconda, los rubíes del Oxus y Ceylan, los zafiros y amatistas de Cambay y las perlas de la India, eran codiciadísimos en los alcázares y cortes Europeas. Las especias, las drogas, perfumes, tintes y maderas de olor, de Siam y China; el cristal de Samarcanda y Kadesia, los tejidos de Damasco, etc., etc., eran objeto de provechosísimo tráfico. Las ciudades del Oriente (Calicut, Pulicat, etc.) eran en la Edad Media los mayores mercados de objetos suntuarios. Europa entera dependía de ellas para satisfacer sus fastuosos hábitos y en cambio de tales productos, Europa proporcionaba al Oriente sus lanas y sus metales. La balanza de comercio se inclinaba sin embargo al Oriente, y las exportaciones y ventas de la India, Persia y Arabia, dominaron siempre á las importaciones Occidentales.

Desde tiempos antiguos, el Este y el Oeste estuvieron comercialmente vinculados. En los tiempos bíblicos de José, los mercaderes Ismaelitas llevaban ya bálsamos y myrra de Gilead al Egipto. Salomón dominó las rutas de Tadmor al Mar Rojo. El Berenice de Ptolomeo Philadelfo, era importante puerto de mercantiles traspasos. Los caminos Romanos siguieron en Siria y Asia Menor antiguas vías comerciales, y las rutas medioevales aprovecharon á su vez los caminos Romanos. El Continente Europeo anheló siempre las riquezas del Asiático[480].

Fig. 324.—Islas fabulosas según miniatura del siglo xv.

Las rutas.

7.—Por tres principales rutas llegaban hasta Europa los codiciados productos del Oriente. La ruta marítima más meridional arrancaba de China y Japón, concentraba los productos en Malaca, y desde allí, por la costa de Malabar, seguía hasta Ormuz, y por el Mar Rojo hasta el Cairo, de donde pasaba á Alejandría y el Mediterráneo. La más septentrional adquiría generalmente sus productos en las costas occidentales de la India, embarcándolos hasta Ormuz y Bagdad (por el Tigris) y conduciéndolos desde allí en caravanas hasta Tabriz (Persia), el mar Caspio y el Mediterráneo. Además de estas rutas marítimas, que eran las más comunes en la Edad Media, seguían los mercaderes otra terrestre más larga, difícil y erizada de peligros, á través del desierto chino de Obi hasta Kashgar, Samarcanda, etc.; desde allí á Astrakan y el mar Caspio, y luego por el Don y el Volga hasta Crimea y las costas del Mar Negro.

Fig. 325.—Atlas de Santarem. Fines Siglo xv.

Fig. 326.—Parte del Portolano Laurenciano.

Claro es que todos estos caminos eran inseguros y árduos. Había que atravesar desiertos, escalar montañas, luchar con los piratas de mar y tierra, afrontar las tempestades del Océano Indico y sufrir extraordinarias penalidades; pero á pesar de tan gravísimos obstáculos, las ciudades levantinas de Alejandría, Tana, etc., estaban siempre llenas de productos orientales, que las embarcaciones Italianas, Españolas ó Provenzales, llevaban á sus respectivos países. Los Italianos llegaron á tener en Alejandría, Constantinopla, Damasco, Alepo, etc., establecimientos fijos (fondachi), desde donde repartían las mercancías del Oriente á las ciudades del Mediterráneo. La célebre Venecia fué el prototipo de tales ciudades. De su puerto salían numerosas flotas para España, Portugal y Flandes, y bien guardadas expediciones terrestres, que atravesando los Alpes comerciaban en los valles del Rhin y el Danubio. El mayor conocimiento de las riquezas del Este después de las Cruzadas (1096-1291), aumentó este activísimo y provechoso tráfico, y durante los siglos xiii y xiv surcaron el Mediterráneo numerosísimas naves, galeras y argosias que llevaban á Alejandría maderas, metales y otros productos Europeos, y volvían con sedas, especias, piedras preciosas, etc., á las costas Españolas é Italianas[481].

Fig. 327.—Descubrimiento de Groenlandia.

Los Turcos Otomanos.

8.—Al finalizar la Edad Media, las tierras y costas frecuentadas por los comerciantes Europeos, sufrieron cambios políticos que hicieron impracticables las rutas que dejamos apuntadas. Surgieron avasalladores los Turcos Otomanos, y sus feroces caudillos rindieron en poco tiempo y á sangre y fuego hasta Constantinopla y el Bósforo. Sus sanguinarias huestes saquearon ó destruyeron los fondachis, asesinaron ó esclavizaron á los mercaderes y arrebataron el dominio comercial del Mediterráneo á Venecia y á Génova, que pretendieron oponerse á sus devastadores avances. Todos los caminos comerciales entre el Asia y Europa cayeron bajo su tiránico y bárbaro dominio, y los métodos de cambio, los medios de transporte, el sistema comercial entero que traía á Occidente las riquezas del Oriente, quedó interrumpido y aniquilado.

La demanda de tales riquezas persistía y aumentaba. La consolidación de las Monarquías feudales hizo á las naciones Europeas del siglo xv más ricas y prósperas; avivó en sus potentados el afán de lujo y adorno, y acrecentó su deseo de adquirir los codiciados productos del Asia. Se hizo necesario por ello encontrar nuevos caminos para llegar á la India, nuevas vías comerciales que permitieran al Occidente reanudar su activa comunicación con los mercados Orientales[482].

Fig. 328.—El cosmógrafo Martín Behaim.

La Geografía medioeval.

9.—Hasta la mitad del siglo xiii, el conocimiento de tierras y mares de la generalidad de los estudiosos no era mayor que el de los Griegos y Romanos del siglo i.º Las obras de Ptolomeo y Pomponio Mela, eran artículo de fé para los geógrafos de la Edad Media. Ni las visitas de Arabes é Judíos al Oriente, ni las Cruzadas mismas que se desarrollaron en territorio restringido, aumentaron tales conocimientos. El Océano Atlántico (mare tenebrosa) era el nebuloso y terrífico límite del mundo. Creían los ignorantes que el agua hervía en el Ecuador, y que los pavorosos dragones, monstruos y endriagos del mar ignoto, tragarían sin remedio al que osase surcarlo. La idea misma de la esfericidad de la tierra, familiar desde los tiempos de Aristóteles á todos los hombres de cultura, se desconoció por el vulgo de la Edad Media. Los navegantes y cosmógrafos, los hombres como Dante y Colón, no dudaron jamás de tal esfericidad; pero teólogos hubo que, interpretando á su antojo bíblicos textos, la pusieron en tela de juicio. El mundo habitable para la Edad Media se reducía á los tres continentes de Europa, Asia y Africa, que formaban una masa contínua y extendida en parte del globo. El resto del mismo se juzgaba cubierto de mares de navegación imposible. Los tres continentes no se conocían totalmente, y sobre mucho de lo conocido ó explorado sólo se tenían ideas vagas ó fabulosas y erróneas. Los pocos mapas que existían estaban basados en tradiciones y leyendas. Eran códices ilustrados y caprichosos, repletos de tradiciones y referencias literarias, meras descripciones sentenciosas sin justeza alguna geográfica. La revolución intelectual que había de desarraigar estas equivocaciones y prejuicios, fué iniciada y favorecida por el Renacimiento Italiano, continuada por los Portugueses y coronada por el descubrimiento de América[483].

Fig. 329.—El Imperio Veneciano y sus factorías comerciales (siglo xv).

Fig. 330.—Rutas comerciales entre Europa y Asia (siglo xiv y xv).

Viajes italianos.

10.—A mediados del siglo xiii se hicieron en Italia algunos viajes cuyas relaciones circularon rápidamente. El misionero Franciscano Juan de Plano Carpini, atravesó el Sur de Rusia y las estepas del Turkestan, llegando á los territorios del Khan Karakorúm de Mongolia y escribiendo á su vuelta una curiosa relación de su jornada. Años después, Guillermo de Rubruquis fué enviado por Luis XI á visitar al Emperador Mongólico. De su viaje á través del Cáucaso, Persia y Siria, nos legó un relato más amplio y preciso que el de Carpini. Los viajeros Monte Corvino y Pordenone siguieron el ejemplo de los anteriores y, como ellos, escribieron sendos libros.

Los más notables de toda esta pléyade de exploradores medioevales fueron los mercaderes Venecianos Nicolás y Mateo Polo, y su sobrino Marco que en jornadas sucesivas llegaron al Cathay (Norte de China) permaneciendo más de veinte años en la fastuosa corte de Kublai Khan, donde Marco alcanzó dignidades importantes. Volvieron á Italia en 1292, por el Tonkin, Java, Bengala, Ceylan y el Mar Rojo, tardando en el viaje tres años. La celebérrima relación de estos viajes, escrita por Marco Polo en los tristes días de su cautiverio en Génova, impresionó más que ninguna otra las imaginaciones medioevales. El célebre Cathay, con sus riquezas fabulosas y ciudades enormes; el Cipangu (Japón), maravilloso y próspero; las "12.700 islas", del Archipiélago del Océano Indico, etc., etc., preocuparon hondamente á los navegantes de posteriores siglos. Como más adelante veremos, el descubridor de América anotó y estudió estas relaciones con atención predominante y especialísima.

Fig. 331.—El mundo de Fra Manro (1439).

Fig. 332.—Cabo de Buena Esperanza.

Los viajes Italianos hacia el Oeste, contribuyeron también á esclarecer y precisar las ideas geográficas de la época. En 1270, Lancelote Malocello llegó hasta las islas Fortunadas (Canarias). En 1291, Tedisio Dona y Ugolino Vivaldi, pasaron el estrecho de Gibraltar é hicieron rumbo al Sur en demanda de la India, pereciendo en su audaz empresa. Las Azores y Madeira fueron conocidas por los navegantes Italianos (siglo xiv) antes de su definitiva ocupación en el siglo xv[484].

Los Portolanos.

11.—Los geógrafos, astrónomos y experimentadores Italianos, contribuyeron también y muy eficazmente á facilitar las navegaciones medioevales. Los célebres "portolanos" ó cartas marítimas sustituyeron á los antiguos mapas, llegando durante los siglos xiv y xv á sorprendente exactitud geográfica. Produjeron tales portolanos una verdadera transformación de la cartografía de los siglos medios; marcaron en mares y costas con relativa precisión los más frecuentados rumbos, y se hicieron indispensables para los navegantes.

Fig. 333.—El Mundo de Ptolomeo.

Sin embargo, el objeto principal de estos "portolanos", base de los mejores mapas del siglo xv, fué asegurar la navegación del Mediterráneo, y no se extendieron más allá de sus mares y puertos.

La brújula y el astrolabio.

12.—Por consiguiente, todo lo que fuera en el siglo xiv pasar del paralelo 27, en Africa; del 60, en Europa, ó de las Islas Azores, era navegar en lo ignoto y peligroso. Para tales navegaciones de altura se requerían instrumentos náuticos que permitieran calcular con exactitud singladuras y derroteros. Las propiedades de la aguja magnética fueron conocidas en los siglos medios, pero su uso no parece haber sido general en la navegación hasta fines del siglo xiv. Se atribuye tradicionalmente su propagación á los pilotos de Amalfi. A mediados del siglo xv, la brújula, provista de su "rosa de los vientos" y montada en aparatos especiales, era un elemento infaltable en el equipo de los navegantes, y fué conocida y usada por los principales cartógrafos.

El astrolabio, predecesor del quintante y sextante, se usó también en el siglo xv por los marinos Italianos, y en rudimentaria forma los cronómetros y tablas astronómicas necesarias para fijar la longitud por la altura de los cuerpos celestes, y la medida de las diferencias de tiempo. La posibilidad de calcular aproximadamente las latitudes, longitudes y rumbos, hizo factibles las navegaciones extensas y animó á los navegantes del siglo xv, á emprender la serie de exploraciones marítimas que condujeron gradualmente al conocimiento de América[485].

Fig. 334.—Buque del siglo xv.

Enrique «El Navegante».

13.—Los verdaderos iniciadores de las exploraciones referidas fueron los marinos portugueses que, alentados por el Gran Príncipe "Enrique el Navegante", descubrieron las costas Occidentales y Meridionales del Continente Africano.

En el año 1419, el Príncipe Enrique, hijo de Juan II de Portugal, estableció en el célebre promontorio de Sagres un centro activísimo de exploraciones geográficas. Enrique era virrey de los Algarves y Gran Maestre de la Orden del Cristo. Sus talentos militares eran famosos en la Europa de la época. El Papa Martín V, el Rey Juan de Castilla y Enrique de Inglaterra, le ofrecieron el mando de sus ejércitos. Rechazadas tan gloriosas ofertas, se retiró á los Algarves y dedicó sus energías y su genio al progreso de la navegación y los descubrimientos. Su expedición al Africa le hizo conocer las rutas de los mercaderes de Tunez y Gambia; aprendió después todo lo que la geografía medioeval podía enseñarle, estudió el uso de cartas é instrumentos náuticos, atrajo á su corte á los más hábiles marinos extranjeros y convirtió el puerto de Lagos en el punto de partida para viajes lejanos, más célebre del siglo xv. Su ardiente celo de cruzado, su deseo de propagar el cristianismo en tierras de infieles, su voluntad firmísima y bien inclinada (talent de bien faire, era su enseña), su instinto de explorador y su genial curiosidad científica, le hicieron anteponer á todo los intereses de la ciencia geográfica. Consiguió inculcar á sus capitanes su entusiasmo y su espíritu, perfeccionó buques, instrumentos y cartas, equipó y costeó expediciones, y creó y sostuvo hasta su muerte aquella admirable Escuela Náutica de Sagres, donde se formaron la mayor parte de los cosmógrafos, viajeros y pilotos, que transformaron, con sus descubrimientos y sus viajes, la historia y el comercio del Mundo[486].

Fig. 335.—La Mar Tenebrosa (Olaus Magnus).

El Cabo Bojador.

14.—Preocupóse primero el Príncipe Enrique de la exploración y colonización de Madeira, Porto-Santo, etc., que duró algunos años (1418-25), para afrontar el problema del Cabo Bojador que nadie osaba doblar en aquellas épocas. Y no era, por cierto, falta de valor lo que detenía á los marinos portugueses, sino la novedad del caso, porque llegar al Cabo referido era penetrar en la terrible zona tórrida, en la mar tenebrosa de los antiguos, importaba traspasar los límites legendarios del Cabo Non del que, según el proverbio medioeval, se volvía ó no se volvía. (Quem passar ó Cabo de Não, ou voltará ó Não).

En el año 1434, Gil Eannes, uno de los marinos más audaces de Sagres, intentó la temeraria empresa. El éxito coronó sus esfuerzos. Dobló el terrible Cabo, desembarcó en las costas y volvió á Portugal, trayendo á su Príncipe, como símbolo de vida, un manojo de rosas cogidas en la que hasta entonces se creía región del fuego y de la muerte. El viaje de Gil Eannes marcó una era de descubrimientos. Traspasada la secular barrera y desvanecido el terror á lo ignoto, los viajes marítimos hacia el Sur adelantaron rápidamente. En 1441 Nuño Tristán dobló el Cabo Blanco, en 1442 exploró Gonzálvez el Río del Oro (Río d'Ouro), en 1460 descubrió Diego Gómez las islas de Cabo Verde, y en 1462 llegó Cintra á Sierra Leona y entrevió las Costas de Guinea[487].

Fig. 336.—Buque Normando (Tapicería Bayeux).

El Cabo de Buena Esperanza.

15.—El espíritu investigador del Gran Príncipe Enrique no se extinguió con su muerte (1460). La obra iniciada en Sagres fué continuada en los reinados de Alfonso V y Juan II con creciente empeño. En el año 1472 Juan de Santarem y Pedro de Escobar cruzaron el Ecuador desde las costas de Guinea; tres años más tarde descubría Fernando Póo, la isla de su nombre; en 1484 llegaba Diego de Cam á la embocadura del Río del Congo, y en 1485 hasta el grado 22 latitud Sur. Arraigaron estos viajes la convicción geográfica de que navegando hacia el Sur, y á lo largo de las costas de Guinea, se llegaría al fin de la tierra africana y se erigieron en los puntos descubiertos pilares representativos de la posesión é indicadores de las etapas sucesivas del camino á la India.

Fig. 337.—Buque Veneciano (siglos xiv-xv).

Finalmente, en 1486, Bartolomé Díaz partió de Lisboa y dobló la extremidad meridional del Africa. Adelantóse hacia el Oriente, pero su tripulación sublevada rehusó seguir adelante. Bartolomé Díaz tuvo que retroceder. Por las tempestades sufridas en la punta Africana, la puso el nombre de Cabo Tormentoso. D. Juan II, al oir la relación del viaje de su Capitán, cambió tan siniestro nombre por el de Cabo de Buena Esperanza. El suceso conmovió á Portugal y fué inmortalizado por sus poetas. Se había encontrado el ansiado paso que conducía á Cathay y á la India, la ruta marítima hacia el Oriente, que los viajes posteriores de Vasco de Gama (1496), y Alburquerque (1563), abrieron al comercio mundial[488].

Fig. 338.—Descubrimiento de los Portugueses en Africa (siglo xv).

Resultados de estos descubrimientos.

16.—Los resultados políticos y geográficos de estas exploraciones no se hicieron esperar. La extensión de las tierras descubiertas, el oro que en pequeñas cantidades trajeron de ellas algunos navegantes, y acaso los beneficios del naciente tráfico de esclavos negros, cuyo futuro y cruel desarrollo no pudo Enrique el Navegante alentar, y menos preveer, determinaron al Pontífice Eugenio IV á conceder á los Monarcas portugueses el dominio de las tierras que más allá del Cabo Bojador (con inclusión de las Indias) descubrieran.

Desarrollaron, por otra parte, estos viajes, la navegación y la ciencia geográfica. Las embarcaciones portuguesas (barca, barinel, nao, berganttín, etc.) y en especial las carabelas de velas latinas, preferidas por sus condiciones marineras para viajes difíciles, fueron las mejor construídas y equipadas de su tiempo. Los pilotos, cosmógrafos y cartógrafos de Sagres y Lisboa, tanto portugueses como extranjeros, perfeccionaron los instrumentos náuticos conocidos y construyeron portolanos notables. Los monjes del monasterio Murano de Venecia (Fra Mauro, Fra Bianco, etc.), dibujaron, por orden y á expensas del Príncipe Enrique, el célebre mapa Camaldolese, acaso el más completo de su época. El sabio cosmógrafo alemán Martín Behaim, miembro durante años de la "Junta de Matemáticos" del Rey Juan II, introdujo en Portugal las célebres tablas astronómicas (efemérides), impresas años antes en Nuremberg, y construyó su afamado globo terráqueo. Las ideas de Ptolomeo y Pomponio Mela sobre la conformación de tierras y mares, cambiaron radicalmente[489].

Fig. 339.—La tumba de un Jarl Vikingo.

Entre los arriesgados y hábiles marinos que acompañaron al ilustre descubridor del Cabo de las Tormentas ó Buena Esperanza en su célebre viaje, estaba Bartolomé Colón, hermano menor del que luego había de descubrir el Continente Americano. Poco tiempo después y como más adelante veremos, le encontramos en Inglaterra negociando con sus monarcas el proyecto de su hermano Cristóbal que había concebido el genial designio de traficar con el ensoñado Oriente, de monopolizar sus riquezas, de llegar en fin al Cathay de Marco Polo, navegando hacia el Oeste.

Fig. 340.—Buque portugués (siglo xv).

Aquel oscuro navegante Genovés que había vivido año tras año en Lisboa, ignorado del mundo entero, iba á dar fin al período medioeval é incierto de los viajes Italianos y las exploraciones Africanas, iniciando gloriosamente la era de los grandes descubrimientos.