1.—Juventud del descubridor de América. 2.—Lecturas. 3.—Portugal. 4.—Colón y Toscanelli. 5.—Don Juan II. 6.—Colón en España. 7.—Juntas de Córdoba y Salamanca. 8.—Las Capitulaciones. 9.—Preparativos. 10.—El Primer viaje. 11.—Exploraciones. 12.—Regreso á España. 13.—La Bula de Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas.
1.—Poco se sabe de cierto sobre la juventud del Descubridor de América. Aunque aficionadísimo á escribir cartas, memorias, diarios de navegación, etc., en ninguno de los documentos que legó á la historia hace mención de la fecha de su nacimiento. Su hijo Don Fernando y su amigo Fray Bartolomé de las Casas, tampoco aportan en sus libros datos suficientes para reconstruir una relación ordenada y auténtica de la juventud Colombina. Los triunfadores de hoy se deleitan á veces en recordar su humilde origen. Colón, por el contrario, parece esforzarse en arrojar un velo sobre su nacimiento y familia, afanoso de atribuirse ascendencia ilustre. Su hijo Fernando, con muy buen sentido, se contenta con la gloria de su padre y prescinde de tales sutilezas[502]. Es, sin embargo, opinión generalmente aceptada y comprobada, que Cristóbal Colón nació en Génova alrededor del año 1446. No puede afirmarse con certeza, como hacen muchos de sus biógrafos, que hiciera estudios en la Universidad de Pavía, pero cierto es que, siendo todavía muy joven, no sólo dominaba el arte de la navegación, sino que conocía á fondo el latín, en cuya lengua escribían generalmente los cosmógrafos y filósofos de la época.
2.—Entre las obras que más leyó, estudió y comentó, estaban la "Historia General" y "Geografía" de Eneas Sylvius (luego Pío II), la entonces célebre «Imago Mundi» de Pierre d'Ailly (siglo xv) y sobre todo los ya citados viajes de Marco Polo[503].
Fig. 354.—Monumento de Cristóbal Colón en Granada.
Colón anotaba estas obras con observaciones marginales, que han llegado hasta nosotros, y revelan en el cuidadoso anotador gran curiosidad por el Oriente, y justo criterio crítico para rectificar con su propio saber y experiencia los errores geográficos, etc., de los autores mencionados. Por ejemplo, de las afirmaciones de Pierre d'Ailly, fíjase principalmente Colón en la cita Aristotélica, aducida por el autor para afirmar que "entre el término de España y el principio de la India el mar era pequeño y navegable en pocos días". Entre las palabras Bíblicas llaman poderosamente su atención las del profeta Esdras[504] sobre la conformación de la tierra (1/7 mar—6/7 tierra). Reunía también el estudioso marino cuantas observaciones hacía ó le comunicaban sobre la existencia de tierras más allá de las Azores y Canarias.
3.—La mayor parte de estos trabajos preparativos los hizo Colón en Portugal donde fijó su residencia (1470 ó 71 á 1484) después de haber navegado veintitres años. ("Yo he andado veintitres años en la mar sin salir della").
No es probable que en Portugal fuesen muy abundantes los recursos del futuro Almirante, y posiblemente vivió trazando cartas geográficas que dibujaba primorosamente. Casó allí (1474 á 1475) con Doña Felipa Mogniz Pelestrello, hija de un célebre navegante Genovés al servicio del Príncipe Enrique, y siguió con ahinco sus estudios geográficos.
Fig. 355.—El desembarque de Colón en América. (Grabado de 1493).
Los años posteriores á este matrimonio forman en la historia Colombina un período importantísimo, pues si su pensamiento de navegar la parte desconocida de los mares que se extienden entre Europa y las Indias, y conocer en toda su extensión la redondez de la tierra, había nacido en su alta inteligencia mucho tiempo antes, es indiscutible que en Lisboa adquirió tal pensamiento mayores proporciones y se convirtió en proyecto formal, práctico y demostrable[505].
4.—Por tal lo reputó el sabio físico Florentino Pablo Toscanelli, á quien Colón consultó sus planes, exponiéndole con toda claridad las dudas que aún abrigaba sobre la viabilidad de su empresa. Toscanelli remitió á Colón, como contestación de su consulta, una carta que había escrito (1474) al Canónigo de Lisboa Fernán Martínez, amigo y familiar de Don Juan II, sobre lo posible y fácil que en su sentir era encontrar el país de las especias, siguiendo el derrotero que Colón indicaba. Volvió Colón á escribir á Toscanelli recibiendo nueva respuesta, con un mapa aclaratorio, en la que le daba mayores seguridades aún que en la primera estimulándole á emprender cuanto antes el viaje. Aunque la autenticidad de esta correspondencia ha sido puesta en duda por algunos historiadores, la opinión general acepta su existencia y no cabe duda que, si bien no dió á Colón sobre el Oriente y el Océano Atlántico, más datos que los que ya tenía en las obras de Ailly y Marco Polo[506], fortaleció y definió sus convicciones geográficas.
Fig. 356.—Isla Española (1534).
5.—Animado Colón por estas cartas de Toscanelli, y habiendo reunido mayor caudal de observaciones en los viajes que en servicio de Portugal hizo á los mares del Norte (1477) y á las Costa de Guinea (1482), decidió presentar su proyecto al rey Don Juan II, y solicitar su apoyo para ponerlo en práctica. Oyó el Monarca al genial navegante y refirióle al Obispo de Ceuta D. Diego de Ortiz, y á los médicos Maestre Rodrigo y Maestre Joseph (Judío este último) reputados como los más sabios cosmógrafos del Reino. No informaron bien tan calificados sujetos, antes bien, rechazaron como irrealizable el proyecto, tachando á su autor de presuntuoso y visionario. El Consejo Supremo, convocado por el Monarca, tampoco fué favorable á Colón. El rey, sin embargo, no pareció darse por convencido. Con cautela, é inquiriendo cada día más de Colón por intermedio del mismo Obispo Diego de Ortiz, determinó aparejar, prescindiendo del genial solicitante, una carabela y enviarla al Océano con el rumbo por éste indicado. Después de navegar muchos días y leguas sin hallar nada y padecer terribles tormentas, volvieron á Portugal los tripulantes de la referida carabela maldiciendo del viaje y de los proyectos del genovés Colón. Desengañado éste de Portugal y su rey, envió á Inglaterra á su hermano Bartolomé para que sometiera la idea á Enrique VII, y determinó él mismo solicitar el apoyo de la Francia[507].
Fig. 357.—Isla de Cuba (Helps).
6.—Pero ninguna de éstas naciones debía de llevar á cabo el descubrimiento de América. Antes de emprender Colón su viaje á París, dirigióse á la Ciudad española de Huelva, para dejar allí á su hijo D. Diego, con la familia de su tía materna. A su paso por la villa de Palos, albergóse en el Convento de la Rábida, y trabando plática con su Prior Fray Juan Pérez, expúsole sus proyectos de llegar por el Occidente hasta las Indias, sus visicitudes en Portugal y su intención de acudir á Francia. Entusiasmado Fray Juan Pérez con la idea, instó á Colón para que desistiese de su viaje á Francia y solicitase el apoyo de los Reyes Católicos. Accedió el ilustre marino y á principios del 1486, apoyado por el referido Prior de la Rábida y sus influyentes amigos los Duques de Medina Celi, y Medina Sidonia, propuso por primera vez á los Reyes, sus ideas y designios[508].
7.—Sometieron los Monarcas el asunto á personas peritas, para que presididas por Fray Fernando de Talavera, examinaran las proposiciones de Colón. Reunióse una Junta en Córdoba, ante la cual, parece que Colón receloso de lo ocurrido en Portugal, se limitó á dar explicaciones superficiales. Fuese por ésta ó por otras razones, el caso fué, que la referida Junta de Córdoba, reputó irrealizable lo que el Genovés proyectaba. La Reina, sin embargo, fuese expontáneamente, ó urgida por Fray Diego de Deza, Fray Antonio de Marchena, Quintanilla, Cabrero y demás protectores de Colón, no desahució por completo al futuro Almirante. El mismo Fray Diego de Deza promovió en 1487, nuevas Juntas para reconsiderar los proyectos Colombinos. Formaron parte de tales Juntas, los más conspícuos miembros del claustro Salmantino y reuniéronse en Salamanca, parte en el Convento de San Esteban, parte en la granja de Valcuevo. Parece indudable que Colón fué más explícito en estas Juntas que en las de Córdoba, pues aceptaron sus proyectos aconsejando á los Reyes Católicos que proporcionaran al Genovés los recursos necesarios para el viaje[509].
Fig. 358.—Armas de Cristóbal Colón.
Fig. 359.—Medalla de Alejandro VI.
8.—Transcurrieron cinco años más de paciente espera por parte de Colón, hasta que al fin, después de realizada la Conquista de Granada y á pesar de las vacilaciones de Fernando el Católico, que temía disgustar á sus nobles otorgando al Genovés las prerrogativas que solicitaba, mandó llamar al tenaz marino cuando se preparaba ya éste á abandonar la corte española, y ofreciendo sus propias joyas para costear la expedición, decidió al tesorero Santangel, á adelantar fondos y firmó con su esposa las célebres capitulaciones entre la Corona Española y Colón, por las cuales se nombraba al marino genovés y á sus sucesores, Almirante de las tierras que descubriera, Virrey y Gobernador de las mismas, y se le daba entre otras mercedes, el diezmo de los productos de las referidas tierras. El constante genovés regresó gozoso al Convento de la Rábida. Su fé y su tenacidad, habían triunfado de toda clase de obstáculos[510].
Fig. 360.—Universidad de Salamanca.
9.—Dedicóse en seguida con febril actividad á adquirir y equipar las tres naves de que debía constar la expedición y se asoció con los Pinzón, marinos tan hábiles como valientes, y de autoridad entre la gente de mar de aquella costa, sin cuya ayuda, y á pesar de las cédulas reales, le hubiera sido casi imposible reclutar hombres y obtener buques para su viaje de descubrimiento.
Fig. 361.—El Padre Marchena.
Las dos carabelas, Pinta y Niña, fueron suministradas á la Corona por el pueblo de Palos; la Santa María, perteneciente al piloto Vizcaíno Juan de la Cosa, fué probablemente fletada con el contingente voluntario que dieron los Pinzón. El 2 de Agosto de 1492, la escuadrilla estaba lista para hacerse á la mar provista de víveres para un año. La Santa María era la mayor de todas las carabelas (140 á 180 toneladas) y la única que tenía cubierta. Montábala el Almirante, llevaba en su palo mayor el estandarte de Castilla y en el trinquete la enseña del Almirante (cruz verde sobre blanco). La Pinta llevaba por capitán á Martín Alonso Pinzón, y por piloto á su hermano Francisco. La Niña, que era la menor y más velera, iba mandada por Vicente Yáñez Pinzón. La tripulación total de las tres naves era aproximadamente de ciento veinte hombres[511].
10.—El viernes 3 de Agosto de 1492, antes de salir el Sol, zarparon las carabelas Colombinas del puerto de Palos y tomaron rumbo á las Canarias. El día 4, arreciando el viento, se rompió el timón de la Pinta; remedióse esta avería como se pudo, haciéndose en las Canarias otro nuevo. Se detuvieron unos días. En la madrugada del 6 de Septiembre salió el Almirante de la Gomera, proa al Oeste, bajando algo hacia el Sur, para seguir la zona que Marco Polo llevó en su viaje terrestre hasta la China. Hacia el 13 de Septiembre, Colón, que era vigilantísimo, echó de ver que la aguja magnética se desviaba hacia el Oeste, dejando de señalar fijamente á la estrella polar; los pilotos notaron algo después este fenómeno, que alarmó á los navegantes, y del que aún desconocemos en gran parte la causa. Colón los tranquilizó con la invención de una ingeniosa teoría, que al cabo tuvo él mismo por cierta. Muchos pájaros, hierbas, etc., que venían del Occidente, persuadían á los navegantes de que la deseada tierra no podía distar mucho. En fin, á las dos de la madrugada del día 12 de Octubre (1492), un cañonazo de la Pinta dió la alegre nueva. El vigía Triana fué el primero que vió la tierra del Nuevo Mundo[512].
Fig. 362.—El Triunfo de Colón, bosquejado por el mismo.
En la mañana del 12, Colón, ricamente vestido, y acompañado de los Pinzón y oficiales reales, se dirigió á tierra á banderas desplegadas. Al desembarcar, postróse reverente, y desenvainando la espada y levantando la bandera castellana, tomó posesión, en nombre de los Reyes Católicos, de la isla descubierta que llamó San Salvador ó Guanahani, y creyó ser una de las del mar de la China, descritas por Marco Polo.[513]
11.—El día 14 de Octubre volvió Colón á levar anclas, y navegó durante diez días entre las islas del Archipiélago, llegando el día 28 á las costas de Cuba. La "Pinta", sin órdenes del Almirante, se separó de la expedición en demanda de las riquezas cuya existencia dedujo su comandante Pinzón de las señas de los indígenas de Guanahani. Volvió naturalmente, sin botín alguno, y Colón, aunque dolorosamente impresionado por el hecho, supo disculpar la deserción de su segundo. La flotilla descubrió en seguida la isla de Hayti, que Colón llamó La Española. Naufragó allí la nao "Santa María", edificándose con sus despojos en la costa un pequeño fuerte, que se llamó «La Navidad», en el que dejó el Almirante reducida guarnición á las órdenes de Diego de Arana[514].
Fig. 363.—El Convento de la Rábida.
12.—Con el resto de sus tripulantes, embarcados en «La Pinta» y «La Niña», emprendió Colón su regreso á España (Enero 4, 1493). Experimentó en el viaje recias tempestades, pero pudo al fin llegar á las islas Azores. Hizo desde allí rumbo á Lisboa, donde desembarcó, siendo recibido por los Monarcas portugueses. El día 13 de Marzo salió de Lisboa, y entró por último al Puerto de Palos, el 15, después de siete meses de ausencia.
Fué recibido en el pequeño puerto con aclamaciones entusiastas. Despachó un mensajero á Barcelona, donde se encontraban los monarcas, y marchó á Sevilla á esperar sus órdenes. Pronto fué llamado á la Corte, y después de un viaje triunfal y precedido de los indígenas que consigo trajo á España, compareció, colmado de gloria, á presencia de los Reyes Católicos. Relató con vívidos colores su viaje y descubrimientos, y renovó sus antiguos votos de rescatar de los infieles el sepulcro de Cristo con el producto de sus empresas[515].
Fig. 364.—Patio del Convento de San Esteban de Salamanca.
13.—La noticia de la vuelta de Colón se extendió rápidamente. La Europa entera creyó que los países por él descubiertos eran los mismos que algunos años antes había descrito Marco Polo. Así lo creyó también el Almirante. Las regiones recién visitadas recibieron el nombre de Indias Occidentales, y sus habitantes de entonces el de Indios, que hasta hoy conservan.
De aquí surgió una nueva dificultad. Años atrás, y como antes dijimos, el Papa había concedido á los Portugueses la propiedad de los países que descubrieran; pero como tal concesión, después del viaje Colombino podía lesionar los derechos de la Corona Española, recurrieron también los Reyes Católicos al Papa para confirmarse en la soberanía de las nuevas tierras descubiertas.
Ocupaba entonces la sede pontificia Alejandro VI, quien para evitar toda disputa entre las dos naciones, y de acuerdo con los conocimientos geográficos de la época, trazó por una Bula (4 de Mayo de 1493) una línea de demarcación de un polo á otro, á cien leguas al oeste de las islas Azores. España era reconocida como soberana de todas las tierras de infieles que conquistase al occidente de tal línea: Portugal conservaba igual derecho al oriente de ella.
El Rey de Portugal no se conformó con la división hecha por el Pontífice. Se entablaron negociaciones diplomáticas entre los dos países y por fin D. Juan II aceptó que se desviase la línea divisoria, 370 leguas al occidente de las Azores. Esto fué lo estipulado en el Tratado de Tordesillas, con fecha 7 de Junio de 1494[516].