1.—Alonso de Ojeda. 2.—Viajes de Alonso Niño y Vicente Yáñez Pinzón. 3.—Viajes de Lepe y de Bastidas. Segundo viaje de Ojeda. 4.—Vasco de Gama. 5.—Pedro Alvarez Cabral. 6.—El cuarto viaje de Colón. 7.—Santo Domingo. 8.—El Continente. 9.—Jamaica. 10.—Últimos años de Colón y su muerte. 11.—Américo Vespucio. 12.—Sus viajes. 13.—Sus escritos. 14.—El nombre de América.
1.—Mientras Colón luchaba en La Española, otros exploraban los confines de su célebre «Paraíso Terrestre». La esplendorosa descripción de estas regiones y el mapa de las mismas enviado á los Monarcas, decidieron al audaz Ojeda, que tanto se había distinguido por su valor y pericia en La Española, á intentar una expedición á la Costa de las Perlas, que pronto armó ayudado por los comerciantes sevillanos. Acompañábanle en esta aventura dos hombres notables: el famoso piloto y cartógrafo Juan de la Cosa y Américo Vespucio, ó «Morigo Vespuche» como le llamaba el mismo Ojeda, y que, como más adelante veremos, estaba destinado á dar su nombre al Nuevo Mundo. La flota de Ojeda, compuesta de cuatro buques, se hizo á la vela en Mayo de 1499, siguiendo el derrotero de Colón en su tercer viaje.
Avistaron al Continente cerca de Paramaribo en Surinam, costeando después al Norte y al Oeste la actual Guayana Británica y Venezuela (Pequeña Venecia), que Ojeda llamó así al ver en el Golfo de Maracaibo una agrupación de chozas indígenas levantadas en el agua sobre postes, que le recordaron los canales de la Reina del Adriático.
Los resultados geográficos de este viaje están expresados gráficamente en el mapa de Juan de la Cosa (1500). Recogió Ojeda cuantas perlas y pedazos de oro le fué posible obtener, y se dirigió á La Española. Allí permaneció dos meses, volviendo á España no sin invadir en son de guerra dos de las Pequeñas Antillas y capturar cerca de 200 indígenas (Arawak) para venderlos como esclavos[532].
2.—Poco después de salir Ojeda de Cádiz, Alonso Niño, experto piloto de Moguer, que había acompañado á Colón en su segundo y tercer viaje, salió de Palos con una pequeña carabela (50 toneladas), é hizo rumbo á la Costa de las Perlas, donde llegó días antes que Ojeda. El éxito de su viaje, considerado como el más beneficioso de su tiempo, avivó el deseo de seguir explorando la parte septentrional de Sud América.
Fig. 381.—Grabado de la portada de la Edición Alemana de la primera Carta de Colón.
El descubrimiento de la parte del Continente situada al Sur de la Línea Ecuatorial, que debía corresponder á Portugal, según la línea de demarcación fijada por el tratado de Tordesillas (1494), se hizo casi simultáneamente por los navegantes Españoles y los Portugueses. En Noviembre de 1499, Vicente Yáñez Pinzón, compañero de Colón en el primer viaje, obtuvo de los soberanos permiso para armar una expedición descubridora. Salió de Palos el 18 de Noviembre, hizo primero rumbo al Sur hasta las islas de Cabo Verde y luego al Sud Oeste. Desvióle una tempestad de su derrotero, haciéndole derivar más al Sur de lo que se proponía. El 20 de Enero avistó la costa oriental del Brasil. Después de repetidos é inútiles intentos de traficar con los naturales (Guaranis), siguió costeando hasta la boca del Amazonas que, á semejanza de Colón, creyó ser el Ganjes Indico. De los tres buques que componían la flota descubridora sólo volvió uno á España (Sep. 30, 1500), donde Yáñez Pinzón dió cuenta de su viaje legado á la posteridad por Juan de la Cosa, en su mapa, y por Mártyr de Anglería en sus crónicas[533].
Fig. 382.—Colón en la Isla Margarita (Grabado en las Décadas de Herrera).
3.—La ruta de Pinzón fué seguida unas semanas más tarde por Diego de Lepe, que llegó en la costa Brasileña hasta más allá del Cabo San Agustín (Lat. Sur). Volvió á España antes que Pinzón (Junio, 1500). En Octubre del 1500, Rodrigo de Bastidas, notario de Sevilla, y Juan de la Cosa, armaron otra expedición que salió de Cádiz y recorrió las costas septentrionales de Sud América desde el Cabo de la Vela hasta Nombre de Dios, la provincia de Santa Marta, las bocas del Magdalena, la Punta Caribana, el puerto de Cartagena y el Golfo de Urabá (Darien). Forzados á arribar á la Española por el mal estado de sus buques que allí se fueron á pique, Bastidas fué preso por orden de Bobadilla por supuestos tratos comerciales ilícitos con los indígenas. Llegó procesado á España (Sep. 1502), donde pronto fué absuelto de las injustas acusaciones[534].
Fig. 383.—Fascímil de la carta de D. Bartolomé Colón en 1503, para interesar al Papa en su proyecto de colonizar y cristianizar á Veragua (Gaylord Bourne—Spain in América).
4.—En Enero de 1502 el incansable Ojeda, asociado con Juan de Vergara y García de Ocampo, armó otra pequeña flota, llegando al Golfo de Paria, desde donde recorrieron la costa (Boca del Dragón) traficando con los indígenas hasta una tierra regada que éstos parecían llamar Curiana, y que Ojeda llamó Valfermoso. Vergara fué desde allí á Jamaica por provisiones, y Ojeda, después de visitar la Isla de Curaçao, llegó á Coquibacoa, objeto de su viaje, fundando allí un pequeño establecimiento que llamó Santa Cruz, probablemente en la actual Bahía Honda. Vergara volvió pronto de Jamaica sin provisiones suficientes. Surgió entonces una desavenencia entre los copartícipes. Predominó Vergara que llevó á Ojeda preso á la Española. Pronto fué puesto en libertad, pero la expedición resultó un completo fracaso. En esta forma, y en el intervalo transcurrido entre la llegada á España de la carta de Colón anunciando su descubrimiento de la Costa de las Perlas (1498) y la salida del mismo para su cuarto viaje, quedó explorada la costa Atlántica de Sud América desde el Cabo San Agustín (8° Lat. Sur) hasta el Istmo de Panamá[535].
Fig. 384.—Sepulcro de Colón (Sevilla).
5.—Entre tanto, el Rey don Manuel de Portugal, celoso de los éxitos y actividades de los descubridores españoles, se propuso rivalizar con ellos continuando la exploración de la ruta Oriental, hacia las Indias, abandonada desde la hazaña de Bartolomé Díaz en el Cabo de Buena Esperanza (1486). En el verano de 1497, un joven de singular audacia y voluntad de hierro, llamado Vasco de Gama, se hizo á la vela con cuatro buques desde el puerto de Lisboa. Después de detenerse en las islas de Cabo Verde, se lanzó hacia el Sur por el Atlántico, hasta llegar al paralelo 30° desde donde derivó hacia la costa Africana, deteniéndose en la Bahía de Santa Elena, después de noventa y tres días de no ver sino cielo y agua, y hacer, por tanto, la navegación, sin escalas, más larga de su época. Dobló después el Cabo de Buena Esperanza y cruzó el Océano Indico hasta Calicut, en la costa Malabar del Indostán. Llevó á Lisboa las primeras noticias del estupendo viaje de Vasco de Gama su asociado Coelho (Julio 10-1499). Pocas semanas más tarde volvió á Lisboa Vasco de Gama mismo. Seis años antes Colón anunció orgulloso al Rey Juan que, navegando hacia el Oeste "había llegado á las Indias". Al volver Vasco de Gama, y mientras declinaba la estrella de Colón, el Rey D. Manuel tuvo á su vez la satisfacción de comunicar cortésmente á los Reyes Católicos que "un noble de su corte, llamado Vasco de Gama, y su hermano Pablo habían llegado por el Oriente á las verdaderas Indias, y que habían encontrado en ellas grandes ciudades, ríos, edificios y pueblos abundantísimos en especias y piedras preciosas, que los buques portugueses seguirían trayendo á Europa en cantidades inmensas". Si comparamos los hechos relatados en esta comunicación (Julio 1499) con los desgraciados sucesos de la Española y los escasos resultados comerciales de los viajes de Colón, podremos darnos cuenta exacta del efecto que produjo en España y en sus reyes[536].
Fig. 385.—El testamento de Isabel la Católica (Cuadro de Rosales).
6.—A principios del siguiente año (1500) salía del puerto de Lisboa, con destino á la India, una poderosa flota, compuesta de 12 grandes naves y una carabela, bajo el mando de Pedro Alvarez de Cabral. Después de salir de las Islas de Cabo Verde siguió Cabral la ruta y, probablemente, los consejos de Vasco de Gama, navegando en el Atlántico con dirección Sud-Oeste. Arrastrado, acaso, por la corriente occidental ecuatorial, desvióse de su derrotero, arribando á las costas del Brasil (Abril 21), cerca del actual Porto Seguro (18° lat. Sur). Cabral llamó Santa Cruz á la tierra descubierta, despachó á Portugal uno de sus buques para dar cuenta del suceso y siguió su viaje hacia la India. Cabral no se dió cuenta de la importancia de su descubrimiento, ni creyó haberse desviado gran cosa de su derrotero al Cabo de Buena Esperanza, como lo prueba el hecho de haber anunciado el Rey D. Manuel á los soberanos españoles, después de la vuelta de Cabral á Lisboa, que la tierra por él descubierta era "muy conveniente y necesaria para el viaje á la India"[537].
Fig. 386.—Américo Vespucio (Montanus).
7.—Nada nos dice Colón en sus escritos de la impresión que produjeron en su ánimo los viajes de Cabral y de Vasco de Gama. En los meses que siguieron á su tercer viaje dedicó el Almirante gran parte de su tiempo en escribir el célebre «Libro de las Profecías», curiosa recopilación de pasajes bíblicos, que suponía profetizaban el rescate de la Ciudad Santa y el Monte Sión, y el descubrimiento y conversión de las Indias. En Febrero del 1502 todavía dirigió al Papa Alejandro VI una corta relación de sus viajes, identificando á la Española con el Tarshish y el Ophir de la Sagrada Escritura y anunciándole que emprendería, en nombre de la Santa Trinidad, viaje nuevo, el cual será á su gloria... y con el fin de gastar lo que se hobiese en presidio de la Casa Santa á la Santa Iglesia...[538].
Fig. 387.—Mapa de Walseemüller del 1507, que fué el primero en que se dió al Nuevo Mundo el nombre de "América".
Sin embargo, el objeto inmediato de este cuarto y último viaje Colombino fué el encontrar un estrecho en la tierra firme, revelada por los viajes de Ojeda, Pinzón y Bastidas, que le permitiera pasar al Océano Indico. Los monarcas españoles se apresuraron á ayudar á Cristóbal Colón para este viaje, y en Mayo 9 del 1502 salió de Cádiz con cuatro embarcaciones, acompañado por su hermano D. Bartolomé, su hijo menor D. Fernando y dos ó tres intérpretes de lengua arábiga por si, encontrándose el estrecho, eran necesarios en las Indias. El tiempo favoreció al Almirante, que llegó en veintiún días de las Canarias á la Martinica (Junio 15).
Fig. 388.—La Isla de Jamaica y parte de La Española (Isolario de Santa Cruz).
8.—Aunque los Reyes Católicos, deseosos de evitar disturbios, no le habían dado permiso para tocar en la Española sino en su viaje de vuelta, como una de las embarcaciones que llevaba hacía mucha agua, determinó el Almirante cambiarla en la referida isla por alguna de las naves que Ovando, sucesor de Bobadilla, había llevado á la Española cuando fué á tomar posesión de su gobierno (Abril 1502). El Comendador Ovando, obedeciendo las instrucciones de los Reyes, prohibió al anciano Virrey la entrada en sus dominios. Estaba en esta ocasión reunida en el puerto de Santo Domingo una flota de 28 buques, con la que Bobadilla, el rebelde Roldán y muchos de sus compañeros se disponían á volver á España, llevando consigo algunos caciques cautivos (Guarionex, etc.) y buena cantidad de oro nativo en pepitas de considerables tamaños. Parece ser que el Almirante aconsejó á Ovando que detuviese la salida de esta flota, pues preveía una violenta borrasca. Se despreciaron sus pronósticos, y apenas zarparon los referidos buques se desencadenó un terrible huracán que echó á pique á más de 20, sin que pudiera salvarse ni uno solo de sus tripulantes. Bobadilla, Roldán y sus cómplices, que iban en la nave capitana, perecieron también en el naufragio. Colón tuvo la suerte de escapar sin pérdidas sensibles. No es extraño que su hijo D. Fernando, al relatar esta catástrofe, tuviese por cierto "que fué providencia divina, porque si arribaran éstos (Bobadilla, Roldán, etc.) á Castilla, jamás serían castigados como merecían sus delitos..."[539].
9.—Abandonó el Almirante la Española, dirigiéndose al S. O.; pero las calmas que sobrevinieron, impidiéndole vencer la fuerza de las corrientes, le hicieron derivar hasta los llamados Cayos de Morant, y desde allí, empujado en otra dirección, hasta las isletas del Sur de Cuba, visitadas ya en su segundo viaje (Jardines de la Reina). Aprovechando un buen viento volvió á su primer rumbo, descubriendo la Isla de los Pinos (Guanacoa ó Guanacos), donde vieron los expedicionarios una canoa indígena, de 25 remeros, cargada con varios objetos de utilidad y adorno, destinados, sin duda, al tráfico con las tribus Mayas de Yucatán y Honduras, como lo demuestra el hecho de llevar almendras de cacao, que si se les caían "procuraban todos, dice D. Fernando Colón, cogerlas con el mayor ahinco, como si se les hubiera caído un ojo"[540]. Obstinado Colón en sus ideas, creyó entender por los gestos de los indígenas que se encontraba á "nueve jornadas de andadura de una rica provincia (Ciguare), desde donde, á diez jornadas, es el río Gangues"[541]. De haber puesto proa á Occidente, en pocos días de navegación hubiera descubierto el Imperio Mejicano. No lo hizo así, despreciando ó no entendiendo las indicaciones de los indígenas, sino que, prosiguiendo en busca del ansiado estrecho, puso rumbo al Sur para tierra firme. Al segundo día descubrió el hoy Cabo de Honduras, y desde allí, después de ochenta y ocho días de espantable tormenta, "que los navíos tenía yo abiertos, dice el Almirante, e las velas rotas y perdidas anclas y jarcia y cables... la gente muy enferma, todos contritos... y esmortecidos los que teníamos por esforzados...", llegaron á un cabo en que la costa volvía rápidamente, formando un ángulo casi recto, encontrando, al cambiar la dirección, mar más bonancible y vientos favorables, por lo que el Almirante denominó esta punta Cabo de Gracias á Dios. Siguieron desde allí su rumbo por lo que hoy forma la República de Costa Rica, y vieron algunos indios (Chiriquis) con láminas de oro puro colgadas al cuello, que los españoles les trocaron por baratijas insignificantes.
Fig. 389.—Isla de la Trinidad, Boca del Dragón, etc. (Isolario de Santa Cruz).
Fig. 390.—Costa del Brasil (Isolario de Santa Cruz).
Los informes obtenidos en estas costas de la existencia de un rico país, al que, por la manera de pronunciar los indios, dieron en llamar Veragua, decidieron á Colón á reconocerlo. Seguro de que había llegado al Aureo Quersoneso de los antiguos, y que no debía estar lejos el paso á la India, siguió la costa hasta la parte más estrecha del Istmo de Panamá, llegando el 2 de Noviembre á la abrigada bahía de Porto Belo. Después de explorar la llamada provincia de Veragua, luchar con los indígenas y reconocer el caudaloso río de Belén (B.ª Limón) donde pretendió fundar una colonia, desanimado, enfermo de gota, y escaso de provisiones, puso proa al Norte (Mayo 1503) abandonando el Continente. El día 10 fueron á dar otra vez á Jardines de la Reina. Sufrieron allí terribles privaciones y borrascas muy recias. Como las tablazones de las carabelas parecían «un panal de abejas», y era imposible llegar á la Española con tan desvencijados cascos, aprovechó Colón un buen viento y partió para Jamaica. Con grandes trabajos, y achicando el agua que llenaba las embarcaciones, hasta con cubas y calderas, dieron fondo en las cercanías de Puerto Bueno (Dry Harbour).
10.—Varó el Almirante en aquella playa sus carcomidas embarcaciones, las ató fuertemente, y apuntalándolas por ambos lados para evitar todo movimiento, hizo construir sobre su cubierta, en los castillos de popa y proa, habitaciones para toda la gente[542]. No nos detendremos á relatar las extraordinarias y románticas aventuras de los náufragos en el año que pasaron en Jamaica. Los dramáticos incidentes del maravilloso viaje á la Española de los heroicos Méndez y Fieschi, en una frágil canoa; el anuncio del eclipse total de luna, que tanto aterrorizó á los indígenas; la llegada de Diego de Escobar, comisionado de Ovando, defraudando las anhelantes esperanzas de todos; y el canallesco motín de Francisco Porrás, sofocado con sangre, pertenecen á la biografía de Colón más bien que á la historia de sus descubrimientos. Rescatados por las carabelas enviadas por Ovando á instancias de Méndez, Colón y sus asendereados compañeros, llegaron á Santo Domingo el día 13 de Agosto de 1504.
11.—El día 12 de Septiembre salió el Almirante para España, y después de un viaje largo y difícil desembarcó muy enfermo y achacoso en Sanlúcar de Barrameda (Noviembre 4). Supo al llegar la gravedad de su protectora la reina Isabel, que falleció el 24 del mismo mes en el castillo de la Mota de Medina del Campo. Cuando le fué posible, pasó á la Corte para relatar á D. Fernando su último viaje. Recibióle el Regente con bondadosa indiferencia. Todos estaban ya cansados de las célebres Indias, por las que durante catorce años de descubrimientos tan grandes sacrificios había hecho España, sin obtener las decantadas riquezas del ensoñado Ophir del Almirante, que agoviado por sus pesares y dolencias no pudo ni siquiera ponerse en camino para recibir á D. Felipe y D.ª Juana, hija de los Reyes Católicos. Comisionó, sin embargo, para ello á su hermano Bartolomé, entregándole una carta súplica para los nuevos reyes. Sus fuerzas siguieron decayendo. Hizo su testamento, dió á su hijo saludables consejos y espiró en Valladolid el día 20 de Mayo del año 1506, oscura y cristianamente[543].
Fig. 391.—Vasco de Gama.
12.—La persona de Colón aparece rodeada de nebulosidades. No se conoce retrato auténtico suyo. El cronista Mártyr de Anglería que estaba en Valladolid en el momento de su muerte, no se ocupa de ella en sus cartas. Aquel «Cristóbal Colón de la Liguria» de cuyo maravilloso descubrimiento daba cuenta al caballero Borroneo (Mayo 14-1493), ¡no le mereció al morir ni la mención más insignificante!... ¡El marino genial, el virrey de las Indias, el que dió á Castilla y á León un Nuevo Mundo, desapareció del escenario de la vida ignorado y en silencio!
Pocos hombres de acción, sin embargo, nos han descubierto con más ingenuidad las interioridades de su espíritu. Sólo conocemos á Vasco de Gama, á Magallanes y demás caudillos de la época, por lo que hicieron; ignoramos lo que pensaron. Colón, en cambio, nos legó su alma en sus escritos, y sabemos por ellos cuáles fueron sus ilusiones, sus esperanzas, sus entusiasmos de cruzado, sus tribulaciones, sus amores y sus desvaríos.
Las crónicas, por otra parte, nos lo presentan como leal y magnánimo, amante de la justicia, fiel á sus soberanos, sobrio, tenaz, temerario é incansable.
Tuvo graves errores. Dominado por místicas exaltaciones y febriles ensueños, fué terco y antojadizo, apasionado y orgulloso. Gravó á los indígenas con trabajos excesivos, y tuvo al gobernar españoles parcialidades y preferencias irritantes. Fuese por su falta de tino político ó por su calidad de extranjero, siempre dió lugar á reclamaciones y disturbios. Pero tales defectos desaparecen ante la magnitud de sus adversidades. Su resignación y sus dolores, grandes como su genio, borraron sus manchas con el poderoso disolvente de las lágrimas.
Como marino práctico, es, sin disputa, el mayor de su siglo; muy observador y compulsador de los fenómenos naturales, vigilantísimo y, con todo, en todo desgraciado, bien por los buques que perdió, bien por lo largo y penoso de sus viajes.
El mundo le es deudor de la empresa más fecunda en resultados grandiosos que han visto los tiempos. Su nombre y sus hechos marcaron el principio de la Historia Moderna. Murió sin saber que había descubierto el Nuevo Mundo. No sospechó la gloria que la posteridad había de darle[544].
Fig. 392.—Un desembarco de Ojeda.
13.—El lugar que ocupa el célebre Florentino, Vespucio, en la historia del descubrimiento de América, es un curioso ejemplo de la posibilidad de conquistar un nombre con el auto-anuncio y el auxilio de la imprenta. Américo Vespucio (Amerigo Vespucci)[545], había nacido en Florencia, en Marzo de 1452. En el 1492 pasó á España como agente comercial de los Medici. Aparece su nombre en los documentos españoles de la época como empleado del contratista Berardi, que armaba y equipaba por cuenta de los gobiernos las expediciones marítimas á Indias. Parece ser que se contagió con el entusiasmo de los que partían y se embarcó en una de estas expediciones con el deseo de "ver mundo" y hacer "algo famoso y duradero". Y aquí empiezan sus imposturas, pues afirma que hizo este viaje en el año 1497, siendo así que no existe mención ni oficial ni particular de la existencia de tal viaje en ningún documento, registro ni libro de la época. No existió, pues, más que en la relación del pretencioso Florentino, que antidató su primera salida de Sevilla con el único objeto de atribuirse la prioridad del descubrimiento del Golfo Mejicano y las costas de Honduras, es decir, de la tierra firme, que Colón tocó en su tercer viaje[546].
Fig. 393.—Corriendo un temporal.
14.—A pesar de las eruditas y apasionadas tentativas de algunos historiadores que mantuvieron la veracidad del referido viaje de Vespucio en 1497, la sana crítica histórica lo rechaza como apócrifo. El primer viaje que hizo Vespucio fué acompañando á Ojeda en 1499; el segundo, con Diego de Lepe, que descubrió, como dijimos, la costa Sud Americana, hasta los 8° de latitud Sur; el tercero, con un capitán portugués (1501) que se proponía explorar las tierras descubiertas por Cabral, y recorrió la costa del Brasil hasta cerca de Porto Alegre y el Atlántico hasta la isla de Nueva Georgia, y el cuarto (1503), que no pertenece á la Historia Americana, con otra expedición portuguesa destinada á explorar "una isla en el Este llamada Malaccha", cuya riqueza había ponderado Cabral al volver de Calicut después de haber descubierto el Brasil (1501)[547].
Fig. 394.—Página de la Cosmographiae Introductio, donde se da al Nuevo Mundo el nombre de América. (Edición 1507).
Américo Vespucio no fué el iniciador ni el jefe de ninguna de estas expediciones, y su nombre ni siquiera se menciona en ninguna de las crónicas y numerosos documentos relativos á estos viajes, existentes en los Archivos Españoles y Portugueses. Si sus célebres cartas no se hubieran publicado en latín y circulado profusamente entre los estudiosos de la época, la historia apenas si recordaría á Vespucio como cartógrafo en Portugal ó, cuando más, como examinador de pilotos en España.
15.—Las cartas que determinaron la celebridad de Vespucio fueron dos. Una, escrita desde Lisboa, á Lorenzo Piero Francesco de Medici (Marzo ó Abril 1503) y publicada á principios del año 1504 (Mundus Novus), y otra, escrita también en Lisboa y dirigida á su compañero de colegio Pietro Soderini, más extensa que la de Medici. La versión francesa de la carta de Soderini, hecha por Rene II, Duque de Lorena, fué traducida á su vez al latín y publicada (1507) en un apéndice de la «Cosmograpiae Introductio», de Martín Wadseemüller, profesor de Geografía en el Colegio de S.t-Dié (Lorena). Estas dos cartas, en las que Vespucio no vaciló en forjar ó anti-datar viajes y atribuirse toda la gloria de ajenos descubrimientos, circularon en numerosas ediciones y profusamente[548].
Fig. 395.—Mapa de la provincia de Veragua (Según Helps).
Ahora bien, como la relación del tercer viaje Colombino no se publicó en latín hasta el año 1508 (Paesi Novamente Ritrovati), y las de Vespucio circulaban desde los años 1504 y 1507, claro es que la fama del cartógrafo Florentino, como descubridor del Continente Sud Americano, eclipsó la de Cristóbal Colón, que hasta en esto fué desgraciado. Nada había de original en las tales relaciones de Vespucio, pues el mismo calificativo de Nuevo Mundo (Mundus Novus) que dió á las tierras descubiertas, había sido usado en análogo sentido (región ignota del globo) por Cristóbal Colón en una de sus cartas, por su hermano Bartolomé en uno de sus mapas ó bosquejos, y por Pedro Mártyr de Anglería en sus Décadas Oceánicas[549].
Fig. 396.—Mapa del primer viaje de Ojeda (según Helps).
16.—Considerado Vespucio por los geógrafos extranjeros de su época como el descubridor del Nuevo Mundo, era lógico que dieran á tal región su nombre. Así Martín Wadseemüller, al enumerar las diferentes partes del mundo en su Cosmographiae Introductio (1507), dice: "En el sexto clima hacia el polo antártico están situadas, etc... y la cuarta parte del globo que, habiendo sido descubierta por Americus, puede llamarse Amerige, tierra de Américo ó "América". En otro lugar de la misma obra insiste en que debe darse á esta cuarta parte del globo el nombre de "tierra de Américo, su descubridor, ó "América", desde que también Europa y Asia derivan sus nombres de mujeres". Como entre los nombres de "Amerige" y "América" el último era más eufónico y tenía cierta analogía con los de Asia y Europa, preponderó sobre el primero, y los numerosos mapas y geografías alemanas se encargaron de propagarlo é imponerlo, á pesar de que el mismo Waldseemüller, cuando supo la verdad de los hechos, dejó de usar el nombre de América, designando en su mapa del año 1513 á Sud América con el nombre de "Terra incognita", y reconociendo claramente que había sido descubierta por Colón. En España el nombre de América no se usó hasta mediados del siglo xviii[550]. Hasta entonces todos los documentos, crónicas, historias, etc., conocieron las tierras Americanas con el nombre de "Las Indias". El célebre Miguel Servet, que Calvino condenó á la hoguera, fué el primero que se opuso á que se diera al Nuevo Mundo el nombre de Américo Vespucio, en vez del de Colón, su verdadero descubridor. La costumbre pudo más que su protesta, y quedó consumada esta injusticia histórica[551].
Fig. 397.—El Geógrafo Gerardo Mercatore.