ÉPOCA PRIMERA.
AMÉRICA INDÍGENA.

TÍTULO PRIMERO.
Antigüedad del hombre en América.

CAPÍTULO I.
EL HOMBRE CUATERNARIO Ó PALEOLÍTICO

1.—Lo Prehistórico. 2.—Materiales para su estudio. 3.—Las edades geológicas. 4.—Los períodos glaciales. 5.—La ley de Asociación 6.—Los criterios arqueológicos 7.—Útiles paleolíticos en América. 8.—El hombre cuaternario en América del Sur. 9.—En América del Norte.—10 Insuficiencia cronológica de estas investigaciones.

Lo Prehistórico.

1.—Desde la creación del hombre[10] hasta el primer testimonio escrito de su vivir histórico, hay un período obscuro y de duración variable, que designar podemos con el nombre de Prehistórico[11].

Fig. 1.—Corte estratigráfico. Hancock (Virginia E. U.)

No existe crónica alguna de lo acaecido en América antes de ser descubierta por Colón. Las inscripciones y códices indígenas que han llegado hasta nosotros, no han podido todavía descifrarse con certeza. La historia del Continente Americano empieza, pues, al finalizar el siglo xv. Todo lo anterior á dicha fecha pertenece en América al campo de lo prehistórico[12].

Hay un hecho cierto que sirve de punto de partida para investigar tan obscuras épocas. Al llegar los conquistadores europeos á las costas de América encontraron en ellas hombres que creyeron distintos de los del Continente Antiguo, pueblos extraños de organización peculiarísima. ¿De dónde venían? ¿Cuál fué su origen y cuál su antigüedad? Los guerreros del siglo xv y xvi no pudieron averiguarlo. Los datos obtenidos hasta hoy por la ciencia son también insuficientes para esclarecer el enigma.

Fig. 2.—Formación glacial. Isla Sebree (Alaska).

Nos limitaremos, pues, á plantear tan obscuros problemas sin pretender resolverlos, y á relacionar sumariamente los datos ó fragmentos de dato que la Arqueología y la Etnología[13] pueden proporcionarnos.

Materiales para su estudio.

2.—La fuente principal para el estudio de lo prehistórico está en los monumentos, útiles y objetos paleográficos que de los primitivos Americanos han llegado hasta nosotros. Como productos indiscutibles de sus actividades nos ayudan á conocer sus ideas, costumbres y cultura. El estudio y comparación de las lenguas y dialectos Americanos nos permite también determinar la afinidad de tribus separadas geográficamente y trazar el probable curso de sus emigraciones y movimientos. Las tradiciones y leyendas nos proporcionan, por último, valiosos datos que corroboran conclusiones dudosas ó aniquilan teorías inciertas.

Fig. 3.—Precipicios y glaciares del Aconcagua (Chile).

Las edades geológicas.

3.—Los materiales que componen la corteza terrestre no están amontonados en caprichoso desorden, sino dispuestos en lechos ó estratos sucesivos colocados en el orden en que se fueron formando.

Basados en esta ley de superposición estratigráfica, aplicable á todas las regiones del globo[14], han dividido los geólogos el proceso de formación de la tierra en edades y períodos de duración cronológica incierta, caracterizados por la estructura de las rocas que componen los estratos superpuestos[15].

Los períodos glaciales.

4.—El más interesante de los episodios geológicos de la edad cuaternaria, única que interesa á nuestro estudio, es el avance y retroceso de las enormes sábanas de hielo que en períodos sucesivos, llamados glaciales, invadieron las regiones septentrionales de Europa y América[16], allanando los montes, transformando los valles, arrastrando, estriando ó pulimentando las rocas y acarreando piedras y arenas, para amontonarlas al retroceder en depósitos geológicos de estructuras complejas y formas características[17]. Acumuláronse tales depósitos en algunos ríos á manera de bancos, y convirtieron en extensos lagos los primitivos valles. Desviaron otros ríos su curso, buscando nuevos cauces y formando gargantas profundas. La humedad atmosférica, el descenso de la temperatura y la acción misma de los glaciales, ocasionaron también extraordinarios cambios en la faz de la vida orgánica, haciendo desaparecer algunas especies animales y vegetales y emigrar á otras á regiones diversas.

Fig. 4.—Formaciones fósiles (Pentacrinus Hiemeri) Museo Británico (Nat. Hist.)

Las causas[18], fecha y duración de los períodos glaciales, no se conoce con certeza. Parece, sin embargo, demostrado, que el principio y fin de los mismos es relativamente reciente[19] (cuaternario-pleistoceno), y que el avance de los hielos sobrevino en dos épocas distintas y separadas por largos intervalos de más alta temperatura que estacionaron los glaciales en las altas mesetas y en las regiones árticas y antárticas[20].

Fig. 5.—Formación fósil carbonífera de Iowa (E. U.) Museo Británico (Nat. Hist.)

Fig. 6.—Esqueleto fósil del Jetiosauro marino (Ichthyosaurian termirostris). Museo Británico (Nat. Hist.)

La ley de Asociación.

5.—La sucesión, emigración y evolución de los organismos animales fósiles ha podido asociarse con las edades geológicas en que predominaron y en general caracterizan, llegando al convencimiento de que el conjunto de fósiles de un estrato geológico dado, difiere del de los estratos inferiores ó más antiguos y superiores ó más modernos. En tales principios científicos se funda la llamada Ley de Asociación.[21]

Fig. 7.--El dinosauro unicornio (Triceratops-Prorsus de _Marsh_).

Limitándonos á los fósiles cuaternarios[22], podemos en general afirmar que en la misma edad geológica en que vivieron el oso y el león de las cavernas, el mastodonte, etc., en el continente Europeo, existieron en el Americano el megaterio, el mylodon, el glyptodon, el megalonix[23] y demás especies animales gigantescas, ya extinguidas[24], cuyos esqueletos reconstruídos admiramos en los Museos[25].

Criterios arqueológicos.

6.—El hombre, ser dotado de razón y libertad, aparece sobre la tierra en la edad geológica cuaternaria[26]. Para satisfacer las necesidades físicas y defenderse de las fieras é inclemencias atmosféricas[27], necesitó valerse de herramientas y útiles y buscar ó construir refugios más ó menos invulnerables.

Fig. 8.—El Allosaurus (Reconstrucción C. R. Knight) American Museum (U. S.)

La observación del estilo y forma de estas herramientas, útiles y refugios, concordada con la de los estratos geológicos en que se encuentren (superposición), y los restos humanos y de animales extinguidos que en dichos estratos les acompañen, (asociación), son los únicos cánones que pueden conducirnos á esclarecer en lo posible el intrincado problema de la antigüedad del hombre en América[28].

Situación geográfica actual de las diferentes ruinas prehistóricas de los Estados Unidos de la América del Norte.

Fig. 9.—Esqueleto reconstruído del Allosaurus sobre el del Brontosaurus (Am. Mus. U. S.)

Los arqueólogos Europeos,[29] basados en el estilo y material de los restos arqueológicos, distinguen en los tiempos prehistóricos las tres célebres edades de la piedra, del bronce y del hierro[30], subdividiendo la primera, ó lítica, en varias épocas. Eolítica, ó de la piedra cortada, paleolítica, ó de la tallada y neolítica, ó de la pulimentada, según el grado de perfección que alcanzaron en las diversas localidades los referidos útiles líticos.

Fig. 10.--Reptil Dinosaurio (Diplodocus carnegii de Wyoming U. S. A.) (Museo Británico).

La ausencia del hierro y en general del bronce entre los indígenas Americanos, excluyen hasta hoy de su prehistoria las dos últimas edades. América no conoció el hierro hasta la llegada de Colón. Los indios de América del Norte y gran parte de los de la del Sur no conocieron el bronce[31], y la edad del cobre que algunos arqueólogos han querido equiparar en América á la del bronce Europea, no ha podido determinarse con certeza[32].

Fig. 11.—Dinosauro Acorazado (Stegosaurus ungulatus) O. C. Marsh. (Universidad de Yale. E. U.)

Por otra parte, aun existiendo en el Continente Americano pruebas abundantes de las culturas líticas, no es posible aplicar estrictamente la división en épocas paleolíticas y neolíticas. Aceptaremos, pues, tales términos sólo como descriptivos, procurando alejar de nuestra mente toda idea de tiempo para sustituirla con la de sucesión ó progreso[33].

Útiles paleolíticos.

7.—Llamaremos útiles paleolíticos, á aquellos objetos rudos de piedra de variados tamaños y grosera talla que hayan sido encontrados en lechos geológicos indudablemente pleistocenos ó cuaternarios[34]. En tales depósitos, generalmente de gran espesor, al lado de tan rudimentarios productos de la industria humana, suelen encontrarse fósiles de varias especies animales extinguidas. Semejantes descubrimientos pueden establecer la convivencia del hombre con las referidas especies, única prueba de su antigüedad, universalmente aceptada por los científicos. A estos hombres que tales útiles emplearon y en tales épocas existieron, los designaremos con el término genérico de cuaternarios ó paleolíticos.

Fig. 12.—Esqueleto del Glyptodon Clavipes (Formación pampeana). Rep. Arg. (Mus. Brit.)

Fig. 13.—Piel de oso hormiguero (Grypotherium Listai). Patagonia (Rep. Argent.) (Mus. Brit.)

El hombre cuaternario en la América del Sur.

8.—Las investigaciones modernas nos permiten afirmar la coexistencia del hombre en América del Sur con el megaterio, el mylodon, el megalonix y demás especies animales que corresponden en la Zoología fósil Americana á los grandes mamíferos extinguidos del antiguo Continente.

En las cavernas de Lagoa Santa y Sumidero (Dep. Minas Geraes), el sabio Lund, que dedicó muchos años de su vida á estos estudios, pudo reunir hasta 115 especies de animales fósiles, asociados con restos humanos y numerosos útiles paleolíticos[35].

Fig. 14.—El "Toxodon Platensis" (Buenos Aires. Formación pampeana). Mus. Brit.

A las orillas del Carcarañá recogió Seguin, en 1872, osamentas fósiles de megaterio asociadas con restos humanos[36]. En 1875 Ameghino descubría cerca de Mercedes, á orillas del Arroyo Frías y en formaciones geológicas cuaternarias, gran cantidad de osamentas de animales fósiles asociados con restos humanos, y más tarde y en formaciones geológicas también pleistocenas[37] (Pampeanas), encontró la concha gigantesca de un glyptodon[38], acompañada de instrumentos de silex y dientes de toxodon y mylodon trabajados por la mano del hombre[39]. Los hallazgos de Moreno en Patagonia, los de Burmeister, Carles, etc., etc.,[40] confirmaron los de Lund y Ameghino, estableciendo científicamente la existencia del hombre cuaternario ó paleolítico en América del Sur y especialmente en la República Argentina[41].

Fig. 15.—Cráneo supuesto terciario. (Ameghino). Rep. Argentina.

Fig. 16.—El mismo visto de frente. (Rep. Arg.)

El hombre cuaternario en América del Norte.

9.—No obstante los numerosos trabajos de los Arqueólogos Norte-Americanos, los vestigios del hombre cuaternario en América del Norte no son tan claros como los de la América del Sur. Si Haynes[42] considera innegables las conclusiones de Abbot[43] sobre sus hallazgos en los barrancos del Río Delaware (Trenton Gravels), otros investigadores eximios[44] niegan su importancia científica. Son aún más discutibles las pruebas de la existencia del hombre glacial y cuaternario en el Ohio[45], en Minnesota[46] ó Kansas[47] aceptadas por algunos autores sin mayor examen crítico[48], y las caprichosas elucubraciones de Whitney sobre el pretendido cráneo plioceno de California (Calaveras County), rechazadas hoy definitivamente por la ciencia[49]. Debemos, pues, suspender nuestro juicio sobre estos hallazgos, hasta no verlos confirmados por pruebas más convincentes[50].

Fig. 17.—Punta de flecha márgenes río Delaware (E. U.)

Fig. 18.—Instrumento de silex (Col. Ameghino) Río Lujan Rep. Argent.

Insuficiencia cronológica de estas investigaciones.

10.—La indudable coexistencia del hombre en América del Sur con las especies animales cuaternarias, única afirmación aceptable en el estado actual de la ciencia, si bien importa un verdadero progreso arqueológico, de poco ó de nada nos sirve para determinar cronológicamente la antigüedad del hombre en América.

Para resolver tan obscuro problema, sería necesario conocer la época de la constitución de los terrenos cuaternarios en América, el siglo en que acaecieron los aluviones glaciales y su duración aproximada; sería necesario saber la fecha y las causas de la desaparición de las especies extinguidas; tener, en fin, una base, un punto de partida, datos fijos en qué fundar nuestros cálculos.

Fig. 19.—Tibia de Mylodon con incisiones hechas por el hombre cuaternario. Río Lujan (Rep. Argent.) Col. Ameghino.

Hasta ahora la cuestión sólo tiene incógnitas. La ciencia ha encontrado una relación de estratos, animales, hombre; pero dicha relación no basta.

Fig. 20.—Hacha paleolítica. Aluviones río Yuchipila (Méjico).

El geólogo[51], no conoce fechas, sino sucesión de cosas. Los fenómenos geológicos que exigen para algunos cientos de miles de años de duración[52] han podido producirse por circunstancias excepcionales en pocos siglos[53]. "Todo lo que la geología puede probarnos, decía Huxley hablando de los períodos geológicos, es el orden local de sucesión; pero si hay que investigar grandes zonas ó estaciones y depósitos separados, la maliciosa confusión (mischief) de la homotaxis, ó semejanza de colocación que puede demostrarse, con el sincronismo ó identidad de fecha sobre el cual no hay ni sombra de prueba, conduce á incalculables equivocaciones y especulaciones sin fundamento".[54]. La verdad es que la ciencia no ha conquistado todavía un cronómetro capaz de medir los períodos de formación de la tierra.

Fig. 21.—Instrumento cortante (paleolítico) y probable modo de usarlo (Mus. Brit.)