1.—Concesión á Ojeda y Nicuesa. 2.—Último viaje de Ojeda. 3.—Expedición desgraciada de Nicuesa. 4.—Enciso y Vasco Núñez de Balboa. 5.—Alianzas de Balboa con los Indios. 6.—El descubrimiento del Mar del Sur. 7.—Pedrarias Dávila. 8.—Expediciones en el Istmo. 9.—Ejecución de Vasco Núñez de Balboa. 10.—Juan Díaz de Solís y el descubrimiento del Río de la Plata. 11.—Hernando de Magallanes. 12.—Su viaje y su muerte. 13.—Sebastián del Cano. 14.—Conclusiones generales.
1.—En el año 1508, el célebre Alonso de Ojeda y D. Diego de Nicuesa, acudieron al rey Don Fernando solicitando autorización para fundar colonias en Tierra Firme, en los alrededores del golfo de Urabá (Darien) y el río Atrato. Tanto Ojeda como Nicuesa tenían gran privanza en la Corte española, y aunque la exploración de semejantes territorios pertenecía de derecho á los herederos de Colón, el monarca concedió á Ojeda toda la costa Norte de Sud América, desde el cabo de Vela al golfo de Urabá (Darien), con el nombre de Nueva Andalucía, otorgando á Nicuesa el actual Istmo de Panamá y sus costas, desde el golfo de Urabá al Oeste, hasta más allá del cabo Gracias á Dios, en Honduras, con el nombre de Castilla del Oro, que se transfirió más tarde (1513) á la parte Septentrional de Sud América, llamada comúnmente Tierra Firme. El famoso piloto Juan de la Cosa fué nombrado Alguacil Mayor de Urabá y lugarteniente de Ojeda[573].
2.—Ojeda salió de La Española (Noviembre, 1509) con cuatro embarcaciones y trescientos hombres. Le acompañaba el veterano Juan de la Cosa y el más tarde célebre conquistador del Perú Francisco Pizarro. Desembarcaron los expedicionarios cerca del actual puerto de Cartagena, penetrando en el interior para conseguir esclavos indios. Resistieron encarnizadamente los indígenas á los aventureros españoles, peleando con flechas herboladas[574], que ocasionaron la muerte á más de setenta, incluyendo al piloto Juan de la Cosa. Ojeda abandonó tan inhospitalarios lugares, hizo rumbo al Oeste, y en el límite de su provincia edificó un fuerte que llamó de San Sebastián. Pocos días después fué herido en otro encuentro con los indígenas. Pudo salvarse cauterizando la herida con planchas ardientes, pero su estrella empezó á declinar. De trescientos hombres sólo le quedaban sesenta, los víveres escaseaban y su situación entre tribus hostiles se hacía insostenible. Decidió volver á La Española para conseguir recursos. Después de penalidades sin cuento, murió (1515) agobiado y en la miseria[575].
Fig. 416.—Provincias concedidas á Ojeda y Nicuesa (1508).
3.—Los recursos de Nicuesa, rico plantador de La Española, sus condiciones personales, su popularidad en la colonia, y la fama de la región que se le había concedido, le permitieron reunir setecientos hombres y una escuadrilla de cinco naves y dos bergantines. Diez días después de la partida de Ojeda (1509), hízose á la vela desde Santo Domingo. Fué igualmente desgraciado en su expedición. Después de naufragar en las cercanías de Veragua, fundó un pequeño establecimiento, cerca del actual pueblo de Aspinwall, que llamó Nombre de Dios. Los rigores del clima, la insalubridad de aquellos lugares, la escasez de víveres y las continuas fatigas fueron aniquilando á los soldados de Nicuesa, que quedaron reducidos á setenta ú ochenta. En el mes de Noviembre de 1510, llegaron á Nombre de Dios dos bergantines capitaneados por Rodrigo de Colmenares y enviados desde Urabá (Darien) para socorrer á los exhaustos colonos. Halló Colmenares á Nicuesa "en mayor desdicha que la de hombre alguno, extremadamente macilento y escuálido, con sesenta compañeros..." que "no les tuvo menos compasión que si los hubiere hallado muertos..." Comunicóle que los hombres de Ojeda habían cruzado el golfo de Urabá, estableciendo en el Darien (Santa María de la Antigua), una colonia relativamente próspera. Como el Darien estaba dentro de los límites de la concesión de Nicuesa, y supo que se había encontrado oro, decidió embarcarse con Colmenares esperando imponer en la nueva colonia su autoridad. Sabedores, sin embargo, los Urabenses que pretendía Nicuesa apoderarse del oro que habían ellos conseguido con gran trabajo, rechazaron al desgraciado gobernador en cuanto llegó, y le obligaron á embarcarse con sólo diez y siete hombres en el mismo bergantín que le había llevado al Darien. El 1.º de Marzo de 1511 hizo Nicuesa, con sus diez y siete soldados, rumbo á La Española. Jamás hubo ya noticia de ellos[576].
Fig. 417.—Viaje de Ojeda.
Fig. 418.—La región de "Tierra Firme", á la que el rey Don Fernando trasladó el nombre de "Castilla del Oro" en 1513, según mapa del 1597.
4.—Antes de llegar Ojeda á La Española herido y maltrecho, había salido, con rumbo á San Sebastián, el bachiller Martín Fernández de Enciso, su asociado y amigo. Enciso era valiente, honesto y bien reputado en la colonia, pero no tenía tacto para manejar hombres. Apenas llegó á alta mar vió, con gran sorpresa, salir de un barril de provisiones al audaz hidalgo extremeño Vasco Núñez de Balboa, llamado el esgrimidor que, procesado en Santo Domingo por deudas, había recurrido á tan arriesgado ardid para huir de sus acreedores. No agradó mucho á Enciso la presencia á bordo de tan peligroso huésped, y aun le amenazó con abandonarle en una isla desierta. El atrevido soldado consiguió bien pronto desarmar las iras del bachiller, y juntos siguieron navegando hasta desembarcar en Cartagena. Allí encontraron á Francisco Pizarro acaudillando los hambrientos soldados de Ojeda que, después de haber esperado cincuenta horribles días á su desgraciado jefe, habían decidido abandonar la colonia. Agregáronse á las tripulaciones de Enciso, siguiendo todos viaje hacia el golfo de Urabá. Siguiendo las indicaciones de Vasco Núñez de Balboa, conocedor de aquellas costas por haberlas recorrido con Bastidas, decidieron establecerse en la parte occidental del golfo, donde, según Balboa, no usaban los indios flechas herboladas. Allí fundaron una villa que se llamó Santa María del Darien. Pero las demasías autoritarias y la falta de tino de Enciso sublevaron bien pronto á los colonos. Amotináronse contra él, le negaron obediencia y acordaron ofrecer el mando á Nicuesa, é interinamente á Vasco Núñez. Enciso tuvo que resignarse y abandonar su naciente villa del Darien. Sabemos ya lo acaecido al imprudente Nicuesa cuando llegó á ella. Carecía, como Enciso, de dotes políticas. Balboa las tenía, y fué, por tanto, confirmado en el gobierno. Enciso pasó á España para quejarse al rey de los procederes de Balboa, y á dar cuenta del desgraciado suceso de Diego de Nicuesa[577].
Fig. 419.—Mapa llamado de Lenox (1534).
Fig. 420.—Vasco Núñez de Balboa (según Herrera).
5.—Libre ya Balboa de disensiones y obstáculos, dedicó todas sus energías á obtener provisiones guerreando con los indios. Atacó primero, y contrajo después alianza ofensiva y defensiva con el cacique de la tribu ó región de Careta ó Coiba, cuya hija tomó por mujer. Con sus aliados indígenas emprendió expediciones guerreras contra las tribus de Acla, etc., enemigas de la de Careta, que destrozó subyugando también á los jefes tribales de Poncha, Comagre, etc., con los cuales parece ser que formó una especie de confederación ocasional con fines guerreros, parecida á las descritas al hablar de las guerras indígenas. En una de las expediciones emprendidas por Balboa con sus confederados indios, obtuvieron los españoles más de 50 libras de oro (12.000 pesos). Cuentan las crónicas que al ver cómo lo pesaban y disputaban sobre su reparto, uno de los hijos del cacique de Comagre, perdió la paciencia, dió un fuerte puñetazo á la balanza é increpó á los codiciosos, diciéndoles: "yo os enseñaré una región abundante de oro donde podréis saciar vuestra sed... cruzando estas montañas (y con el dedo señalaba los montes del Sur), desde los promontorios podréis ver otro mar donde hay naves no menores que las vuestras... Todo aquel lado que mira al Sur cría oro en abundancia..."
Balboa en ese momento carecía de provisiones y fuerzas para emprender la exploración indicada por su aliado, pero no olvidó la advertencia, y en el verano de 1513, habiendo recibido noticias de que estaba en camino un nuevo Gobernador nombrado por la Corte para ejecutar la sentencia contra él dictada, decidió parar el golpe acometiendo una empresa que por sus beneficios le congraciara con el Rey.
Fig. 421.—El Río de la Plata (Isolario de Alonso de Santa Cruz).
Reunió en el Darien un elegido contingente de ciento noventa soldados, y el día 1.º de Septiembre salió de Careta con sus fieles amigos indígenas decidido á descubrir el mar y las regiones auríferas descritas por el indio de Comagre, ó á perecer en la demanda[578].
6.—Con guías y taladores, que proporcionó el cacique de Poncha, penetraron los castellanos en las tenebrosas espesuras tropicales y cruzando, con increíbles fatigas y penurias, escarpados cerros, híerbosas ciénagas, grandes ríos, sobre los que echaron puentes de entrelazadas y grandes vigas; realizando, en fin, una expedición que aun hoy sería hazañosa y dificilísima, llegaron á la región ocupada por la tribu de Cuarecua, cuyo lascivo y abyecto jefe recibió á los expedicionarios en actitud hostil. Atacóle Vasco Núñez con fiereza, destrozando á los guerreros Cuarecuanos, poniéndoles en desordenada fuga llegando hasta sus chozas y "echándoles allí los perros, que destrozaron unos cuarenta, para castigar sus nefandos vicios".
Fig. 422.—Parte de Sud América en la edición de Ptolomeo (1522).
Dejando en Cuarecua, ya subyugada, muchos de sus compañeros que, no acostumbrados aún á tantos trabajos y hambre, habían caído enfermos, tomó Vasco Núñez nuevos guías y se encaminó á las cumbres de las montañas. Por fin, el 25 de Septiembre del 1513 los guías Cuarecuanos mostraron á Balboa unas altas cumbres desde las cuales se podía ver el otro mar. "Las miró Vasco atentamente, dice el cronista Pedro Mártyr, mandó parar la tropa, fué delante él solo, y ocupó el vértice primero que ninguno. Postrándose en tierra, hincado de rodillas, y alzando al cielo las manos, saludó al mar Austral (Océano Pacífico)... y dió infinitas gracias á Dios y á todos los santos del cielo que le habían guardado la palma de una empresa tan grande..."
Fig. 423.—Patagón (Estampa del siglo xvi).
En señal de posesión erigieron los descubridores por aras unos montones de piedras y empezaron á descender las montañas. Salióles al encuentro con sus guerreros el cacique de Chiapes[579]. Cayeron sobre ellos los españoles "saludándoles con las escopetas y la jauría de alanos", los atemorizaron, trabaron después con su cacique buena amistad y, guiados por él mismo, descendieron de las cimas de las montañas hasta la anhelada costa, adjudicando al imperio castellano, delante de testigos y de los escribanos reales, "todo aquel mar y todas las tierras adyacentes á él". Con nueve rudas canoas (culchas) facilitadas por los Chiapeños, lanzóse á explorar la Ensenada de San Miguel. Poco le faltó para ahogarse, pues tan pronto como se lanzaron á alta mar, "se vieron embestidos de tal lucha de las olas que no sabían á dónde dirigirse ni parar". Refugiáronse en una isla próxima que casi cubrió durante la noche el flujo del mar. Cuando al amanecer quedó la isla en seco por el reflujo, repararon como pudieron las destrozadas culchas y regresaron á la costa medio muertos de hambre y de sed. Después de penetrar Balboa en los territorios del cacique Tumaco, que obsequió á los conquistadores con 600 pesos de oro y gran cantidad de perlas, deseoso de dar cuenta de su gran descubrimiento, resolvió volver al Darien. Emprendió el viaje de vuelta por tierras de varios caciques (Tecocha, Pacra, Tubanamá, etc.), cuyas tribus dominó de grado ó por fuerza, y después de varios meses de hambres, fatigas, luchas é increíbles trabajos, llegó al Darien (Enero 19, 1514) ufano de su heróica empresa y descubrimiento, sin haber perdido, peleando, un solo hombre, y cargados de un rico botín. Por cartas de Pasamonte y del mismo Vasco Núñez supo el rey Católico la hazaña de su caudillo, le admitió nuevamente á su gracia nombrándole en carta á Pedrarias (Sept. 27, 1514) Adelantado de la región de la costa que tan felizmente había conseguido subyugar[580].
7.—Antes de emprender Balboa su expedición al Pacífico, la corte española, conocedora de los luctuosos sucesos del Darien (Antigua), resolvió enviar un jefe que le quitara el mando que se había arrogado sin mandato real. Fué elegido para el cargo el implacable veterano Pedro Arias de Avila (Pedrarias), protegido de Fonseca y tenido por valeroso y firme. Alistáronse con Pedrarias, llamado «el justador» 1.200 soldados aguerridos de las campañas de Gonzalo de Córdoba, siendo tal el entusiasmo por la empresa, que tuvo necesidad Pedrarias de negar embarque á más de dos mil voluntarios que, aun á su propia costa, querían partir. Acompañaban á Pedrarias su esposa la denodada D.ª Isabel de Bobadilla, de gran privanza en la corte, Diego de Almagro, Hernando de Soto, Benalcázar, etc., más tarde con Pizarro conquistadores del Perú. Era escribano general y veedor de la expedición y la colonia el cronista González de Oviedo, iba como Alcalde el licenciado Espinosa, y el bachiller Enciso como Alguacil Mayor. La llegada al Darien de tan numeroso contingente (Julio, 1514), convirtió la miserable y turbulenta colonia de la Antigua en villa importante. Se edificaron nuevas residencias oficiales y se levantó una iglesia catedral que consagró D. Juan de Quevedo, Obispo nombrado para Castilla del Oro y el Darien.
Fig. 424.—Mapa de Pigafetta (Ed. Amoretti).
Apenas llegó Pedrarias á la Antigua, residenció ó procesó á Balboa por su conducta anterior. Instruyó el proceso Gaspar de Espinosa y, merced á los buenos oficios del Obispo Quevedo y de D.ª Isabel de Bobadilla, fué absuelto Vasco Núñez de toda responsabilidad criminal en el suceso del desgraciado Nicuesa, aunque se le condenó civilmente á indemnizar á su encarnizado enemigo Enciso de los perjuicios que alegó haber sufrido[581].
8.—Despachado este negocio, y como las provisiones almacenadas por Balboa eran insuficientes para mantener á todos, envió Pedrarias tres expediciones con el objeto de buscarlas entre los indios, explorando al mismo tiempo el país. Conforme con sus instrucciones y con los acuerdos del Consejo ó Asamblea Magna que se reunió en la Antigua (Darien), decidióse á abrir un camino á través del Istmo, escalonando fortalezas de Norte á Sur. No hemos de detenernos á describir en detalle los inhumanos hechos de los capitanes de Pedrarias. Sus atrocidades sin freno trocaron bien pronto la amistad de los indios hacia el europeo en odio encarnizado y feroz. Juan de Ayoras saqueó y agotó la región de Comagre; el sanguinario Morales y su compañero Francisco Pizarro llegaron hasta la isla de las Perlas, y después de degollar hombres, mujeres y hasta niños, incendiar bohíos, y recoger oro y perlas, cruzaron el golfo de San Miguel, tratando de volver al Darien por Biru, viéndose obligados á retirarse y desistir de la empresa. Vasco Núñez fué derrotado en Dabaibe con graves pérdidas; Becerra perdió en el Cenu su vida y la de sus soldados; Gonzalo de Badajoz tuvo que apelar á la fuga en las cercanías del golfo de Parita, y lo propio aconteció á Meneses en el efímero establecimiento de Santa Cruz, y á Pedrarias mismo, que capitaneó en persona una expedición al Cenu, y hubo de contentarse con reconstruir la aldea de Acla, término Norte, del camino del Istmo, que llegaba hasta Panamá la Vieja, fundada en la expedición que acaudilló Gaspar de Espinosa[582].
Fig. 425.—El cronista Herrera.
9.—Como los leguleyos y oficiales públicos, que habían ido al Darien con Pedrarias, odiaban á Vasco Núñez de Balboa, que les pagaba con la misma moneda despreciándoles y no regalándoles esclavos indios, como hacían los demás capitanes[583], intrigaron el ánimo del suspicaz y atrabiliario Pedrarias, asegurándole que Balboa quería rebelarse contra él. Vino, en tanto, de la corte el nombramiento de Adelantado en favor de Balboa, y la orden de que prosiguiera sus descubrimientos en las costas del Sur. Tan justo premio á los méritos de Balboa irritó en grado extremo los celos y suspicacias del Gobernador Pedrarias. Guardóse bien de comunicárselo al interesado, marchando, en cambio, hacia Acla con sus intrigantes cortesanos para aprisionar al hidalgo. Por mediación del Obispo Quevedo pudo librarse éste de los insanos furores de Pedrarias. Prometió contraer matrimonio con una de sus hijas, que á la sazón se encontraba en España, permitiendo por su parte el de Avila, que Balboa, como Adelantado Real, continuara sus descubrimientos en el Mar del Sur. Reanudó Vasco Núñez, después de este incidente con Pedrarias, sus interrumpidos trabajos. Como le pareciera difícil encontrar al otro lado del Istmo madera suficiente y apropiada para construir embarcaciones, decidió Balboa transportar á través de las montañas la cantidad necesaria para armar dos pequeñas naves, y hacerse con ellas á la mar. Realizó con ímprobos trabajos su arriesgada empresa, estableciendo su astillero en el Río de las Balsas. Desde allí, y con sus dos rudimentarias embarcaciones, hizo una infructuosa expedición á la Isla de las Perlas. Faltándole, sin embargo, alquitrán y cordajes para seguir sus exploraciones, y habiendo llegado, además, á sus oídos que venía al Darien otro Gobernador (Lope de Sosa) para sustituir á Pedrarias, quiso cerciorarse de la verdad de tales diceres, y envió al Acla á su lugarteniente Garabito con un pequeño destacamento. Si el Gobernador nuevo había llegado, debían volver á informar á Balboa para emprender todos inmediatamente su expedición al Sur, sin contar con su beneplácito. Si Pedrarias continuaba en el mando debían los emisarios de Balboa entrar á Acla, y limitarse á pedir cordajes y alquitrán.
Fuese por una razón ó por otra, el infame Garabito traicionó á Balboa. Avistóse con Pedrarias, comunicándole que Vasco Núñez no pensaba casarse con su hija porque seguía enamorado de la hija del cacique Careta y había decidido embarcarse con ella y constituir un gobierno independiente en las costas del Mar del Sur. Estos y otros astutos chismes de serviles soldados, que el envidioso Gobernador acogía con avidez de perseguido, entenebrecieron hasta tal punto su débil espíritu que, entregándose por completo en manos de sus menguados consejeros, decidió llamar á Balboa con un pretexto, y procesarle, cuando llegara con sus compañeros, por delito de alta traición. Vino Balboa del Acla sin sospechar lo que le esperaba. Francisco Pizarro le redujo á prisión apenas llegó. Instruyó un proceso Gaspar de Espinosa, condenó á los rebeldes, y aunque solicitó para ellos clemencia, Pedrarias fué implacable, é hizo decapitar á Vasco Núñez y sus fieles amigos Valderrábano, Botello y Arguello (1517) en la plaza pública del Acla.
Fig. 426.—Globo terráqueo de Schoner.
Así terminó la rápida y brillante carrera del desgraciado Vasco Núñez de Balboa, una de las personalidades más simpáticas y atrayentes de aquellos luctuosos tiempos. Incansable en el trabajo y los peligros, afable con sus subordinados, prudente, caballeresco, hábil y valerosísimo, supo ganarse amigos entre los indígenas como nadie lo había hecho antes que él. Si hubiera vivido se hubiera anticipado á Pizarro y Almagro en la conquista del Perú. Si las noticias del descubrimiento del Mar del Sur hubieran llegado á tiempo á la corte española, la ciega enemistad de un mandatario violento, y las pérfidas intrigas de unos cuantos fracasados é ineptos, no hubieran privado al mundo de capitán tan gallardo, y tal vez hubiera cambiado por completo la historia de la Conquista española en la sección del Pacífico de la América del Sur.
En el año 1519 trasladó Pedrarias el gobierno del Darien á Panamá, que se hizo villa en 1521. La Antigua fué abandonada. En 1519, Gaspar de Espinosa recorrió al Noroeste y al Oeste las costas del Mar del Sur hasta el Golfo de Culebras, y en el 1522 Pascual de Andagoya penetró con sus soldados unas veinte leguas al interior del país de Biru, obteniendo de los costeños nuevos datos sobre la grandeza del imperio de los Incas.
Un desgraciado accidente le obligó, sin embargo, á volver enfermo á Panamá.
Más tarde, Juan de Basurto siguió el rumbo de Andagoya; pero deseoso de obtener mayores recursos, marchó primero á La Española, muriendo en «Nombre de Dios».
Así, llegó el año 1524 sin haber adelantado en el Mar del Sur más de lo que su inmortal descubridor Vasco Núñez de Balboa adelantó.
Con razón afirmaba el cronista Pedro Mártyr, que nunca bajo el mando de Pedrarias, "se hizo cosa alguna digna de alabanza sino matar y ser muertos, asesinar y ser asesinados..."[584].
10.—Dijimos anteriormente que la noticia del descubrimiento de Cabral fué gran motivo de alarma para la corte española. Deseoso Fernando el Católico de eclipsar á los portugueses, encontrando el estrecho que había de conducir á las islas de Las Especias, después de nombrar á Balboa adelantado del Mar del Sur, con orden de explorar sus costas, eligió al veterano navegante Juan Díaz de Solís, el más hábil, dice Herrera, de los marinos españoles de su época, para que explorara el Océano más allá de Castilla del Oro en una distancia de 1.700 leguas ó más, si le fuera posible, pero teniendo cuidado de no tocar en los territorios que, por el tratado de Tordesillas, pertenecían á la corona portuguesa. Fletó Solís tres pequeñas carabelas (una de 70 toneladas y dos de 30) con setenta hombres de tripulación, embarcó provisiones para dos años y medio, y se hizo á la vela desde Sanlúcar el día 8 de Octubre de 1515. Hizo rumbo al Brasil, llegó á las inmediaciones del actual Río Janeiro, y desde este punto, pasando cerca de las islas de Santa Catalina y de Lobos, entró en el puerto de Candelaria (hoy Maldonado), del que tomó posesión á nombre de su rey (Febrero 2, 1516). Dióse inmediatamente cuenta de que se hallaba en la desembocadura de un inmenso río que llamó de Santa María ó "Mar Dulce". Penetró en él, y con una carabela llegó hasta la isla de San Gabriel primero, y de Martín García después. Desembarcó allí (inmediaciones de Martín Chico) con ocho de sus compañeros y, al alejarse de la orilla, fué furiosamente asaltado por los salvajes (Guaranies), que asesinaron á todos los castellanos, con excepción de uno (Francisco del Puerto), y devoraron sus destrozados cuerpos con canibalística y repugnante avidez. La muerte de su jefe decidió á los marinos á volver á España. Francisco de Torres y el piloto Diego García tomaron el mando de las carabelas. Al emprender el viaje de retorno naufragó cerca de Santa Catalina una de las embarcaciones, viéndose obligados sus tripulantes á permanecer en aquellas playas. Las otras dos carabelas (que se habían adelantado), después de recalar en la costa del Brasil (cabo de San Agustín) y cargar unos cientos de quintales del palo de este nombre, hicieron rumbo á España llegando á Sevilla en los primeros días de Septiembre (1516)[585].
Fig. 427.—Las islas de Los Ladrones.
11.—El virey portugués Alfonso de Alburquerque, célebre conquistador de Malaca (Aureo Quersoneso), despachó una flota en Diciembre del 1511 á las islas de Las Especias que, á principios del 1512, visitó Amboina y Banda, volviendo á Malaca con un rico cargamento de clavo[586]. El hecho de estar tales islas 50° de longitud al Este de Calicut, hizo revivir el antiguo proyecto Colombino de llegar á ellas navegando hacia el Occidente. Fernando de Magallanes resolvió realizarlo. Había nacido este célebre marino en Portugal hacia el año 1480. Fué paje del rey Don Manuel (1495), vió volver triunfante á Cabral y Vasco de Gama, se alistó en la expedición de Almeida (1505), permaneciendo siete años en las Indias Orientales, y tomando parte en la Conquista de Malaca. Al volver á Portugal, y después de pelear en Marruecos, fijo en su idea de llegar á las islas de Las Especias, navegando hacia Occidente, propuso su proyecto al rey Don Manuel, que lo rechazó de plano, negando también á Magallanes algunas otras mercedes que por sus campañas de Azamor (Africa) solicitaba.
Herido Magallanes en su orgullo con las negativas del rey de Portugal, se desnaturalizó con actos públicos y pasó á Castilla á ofrecer sus servicios al Emperador Carlos V, prometiéndole llegar navegando hacia el Occidente, hasta Malaca y Maluco (las Molucas) islas donde crecían las especias y que creían no se hallaban dentro de lo perteneciente á Portugal, según la línea de demarcación trazada por Alejandro VI.
Fig. 428.—Hernando de Magallanes.
Aceptó el Emperador la propuesta de Magallanes, capituló solemnemente con él y su compañero el astrónomo Ruiz Falero, y después de algunas dificultades materiales y, á pesar de los esfuerzos del embajador portugués para impedir la salida de la expedición, consiguió hacerse á la vela desde Sanlúcar de Barrameda el día 20 de Septiembre del 1519[587].
Fig. 429.—Autógrafo de Magallanes.
12.—Componíase la flota de Magallanes de cinco pequeñas naves (Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago) de las que la mayor (San Antonio) apenas cargaba 150 toneladas. Las tripulaciones (270 hombres) eran singularmente cosmopolitas. Había marineros de todas las comarcas del mundo. Iban entre ellos algunos jóvenes ansiosos de aventuras, uno de los cuales (Pigafetta) nos legó en su diario la mejor relación de este viaje.
Rumbeó la escuadrilla el SE., tocando en las Canarias y siguiendo después al S. y cuarta al SO., lo que motivó un altercado entre Magallanes y uno de sus subalternos, Juan Cartagena, perdiendo la paciencia el primero, que mandó poner en un cepo al rebelde, nombrando capitán de la nao San Antonio á Antonio de Coca primero, y á Alonso de Mezquita más tarde.
El 8 de Diciembre llegaron á la costa del Brasil; el 13 fondearon en Río de Janeiro, de donde zarparon el 27, siguiendo á lo largo de la costa con rumbo al Sur.
Avistaron el cabo de Santa María, y reconocieron y navegaron el Río de la Plata hasta convencerse que allí no existía paso alguno.
El 21 de Marzo entró la armada en el puerto de San Julián, y Magallanes demostró su propósito de invernar allí; pero su gente, desesperanzada de encontrar el paso, se resistió, acordando pedirle que volviera á España.
Manifestó Magallanes que no retrocedería, lo que dió lugar á la sublevación de las tripulaciones de los buques San Antonio, Concepción y Victoria, mandadas por Quesada, Mendoza y el ya mencionado Cartagena.
Notificaron los sublevados á Magallanes su resolución de abandonar el viaje, contestándoles éste que para hablar del asunto fueran á su buque, donde les esperaba.
Como era natural, se negaron á obedecer. Magallanes decidió jugar el todo por el todo. Detuvo la lancha de la San Antonio, que fué á llevarle las proposiciones de los sublevados, y envió al alguacil Espinosa á La Victoria con una carta para Mendoza, su capitán. Apenas Mendoza cogió la carta, echóse Espinosa sobre él, dándole una mortal puñalada en el cuello. Muerto Mendoza, Magallanes envió quince de sus fieles que, sin gran resistencia, izaron su bandera en La Victoria. Atemorizados los capitanes de La Concepción y la San Antonio, trataron de hacerse á la mar. Garreó, sin embargo, la San Antonio yendo á dar sobre la nave de Magallanes, que la recibió con fuego nutrido, tomándola luego al abordaje. Dominada así la insurrección, mandó Magallanes descuartizar á Mendoza, degollar á Quesada y abandonar á Cartagena, y al clérigo Sanchez Reina, en aquella tierra desierta. Previos cuatro meses de invernada, continuó viaje la escuadra el día 20 de Agosto (1520). Descubrieron el río Santa Cruz, afirmándose Magallanes en su propósito de seguir costeando aquellas regiones hasta encontrar el estrecho. El 21 de Octubre dobló el llamado Cabo de las Vírgenes.
Antes de seguir más hacia el Sur convocó á sus capitanes á junta para averiguar el estado de los víveres.
Aunque resultó que apenas podían durar tres meses, los capitanes opinaron que era bien pasar adelante y acabar la demanda que se llevaba.
Fig. 430.—Ruta de Magallanes á través del Océano Pacífico (Mapa Winsor. U. & C. H. of A., vol. II).
Sólo el portugués Gómez se opuso, alegando escasez de provisiones, á lo que Magallanes replicó: Aunque tuviese que comer los cueros de las vacas con que van forradas las entenas, he de pasar adelante, y descubriré lo que he prometido al emperador.
Con esto entraron al estrecho que lleva el nombre de su descubridor, surcándolo con mucho trabajo en veinte días, sin ver habitante alguno, avistando sólo de noche hogueras en la costa del Sur, que llamaron Tierra del Fuego.
Durante la travesía, el portugués Gómez, que mandaba la San Antonio, desertó con ella vergonzosamente.
El 27 de Noviembre, y después de doblar el cabo de Todos los Santos, desembocó, por fin, Magallanes en el nuevo Océano, que llamó Pacífico, dejando descubierto el estrecho tenebroso que ciñó á sus sienes la corona de la inmortalidad[588].
Dura fué la travesía de aquel océano jamás surcado, y cuya anchura no podía Magallanes sospechar, porque nadie en su tiempo suponía existente en el globo tan inmensa masa de agua. Navegaron los intrépidos descubridores semanas tras semanas; las provisiones faltaron; llegaron á comerse hasta el forro de cuero de la parte baja del palo mayor, y cuantas ratas había á bordo.
Más de veinte hombres murieron de escorbuto, y otros estaban próximos á perecer, cuando el 6 de Marzo de 1521 avistó Magallanes unas islas que formaban parte de un archipiélago que denominó de los Ladrones (Marianas), en donde se detuvo tres días para buscar víveres.
El 16 de Marzo descubrió otra isla y en seguida muchas más á las cuales dió el nombre de San Lázaro (Filipinas). En ellas trabó relaciones de amistad con varios caciques, cambió presentes y recogió noticias para hacer más tarde su conquista.
Fig. 431.—Tierras del Estrecho de Magallanes (Isolario de Alonso de Santa Cruz).
El señor más poderoso con quien trataron los castellanos, era el rey de la extensa isla de Zebú, que se declaró vasallo del rey de España. No les cabía duda de que habían llegado al principio del Asia, puesto que el esclavo malayo Enrique, que iba con Magallanes, pudo hacerse entender con los indígenas. Llegaron al islote de Mactan. Al amanecer del 27 de Abril de 1521, desembarcó en él Magallanes con un puñado de valientes. Fueron furiosamente atacados por los indígenas, y hubieron de retirarse con grandes pérdidas, siendo la mayor la del mismo Magallanes, que peleando esforzadamente quedó muerto de muchas heridas[589].
13.—El resto del viaje se hizo, en su mayor parte, por regiones ya recorridas por los portugueses. Pocos días después del desgraciado fin de Magallanes, sus sucesores en el mando, Barbosa y João Serrão, fueron también asesinados por los indígenas. Sólo quedaban 150 hombres, y decidieron abandonar La Concepción, que estaba ya averiadísima, y seguir el viaje con la Victoria y la Trinidad. Después de salir de Las Filipinas, tocaron en la costa Oeste de Borneo y bajaron hacia Las Molucas. Cargaron especias en abundancia y se prepararon para volver á España; la Victoria por el Océano Indico y la costa de Africa y la Trinidad por Panamá, cruzando el Pacífico. Tuvo esta última que abandonar su temeraria empresa. De sus 54 tripulantes sólo sobrevivían 19 cuando se abandonó el viaje, y sólo cuatro de entre éstos pudieron, después de años de cautiverio, volver á España.
La navegación de la Victoria fué también peligrosa, no sólo por las tempestades de las costas Occidentales de Africa, sino por la falta de víveres. Viéronse obligados á arribar á Cabo Verde. Sabedores los colonos portugueses de esta isla que la Victoria volvía de la India con especias, retuvieron como cautivos á los tripulantes de una lancha que había ido á tierra á buscar socorros. La Victoria tuvo que hacerse á la mar apresuradamente con sólo 22 hombres. Por fin, después de una ausencia de tres años menos trece días, llegaron á Sevilla el día 7 de Septiembre del 1522. Los cautivos de Cabo Verde fueron pronto devueltos á España por los portugueses, y el emperador Carlos V recibió en su corte, solemnemente, á los 31 heroicos marinos que habían sido los primeros en dar la vuelta al mundo. Al piloto Sebastián del Cano, que los capitaneaba, se le entregaron como premio quinientos ducados; y autorizándosele á usar un escudo de armas coronado con un mundo con la siguiente leyenda: "Primus circundediste me"[590].
Fig. 432.—El estrecho de Magallanes, según Van Speilbergen (East & West Indian Mirtor, Ed. Hakluyt).
14.—Colón y Magallanes son las dos grandes figuras de esta época heróica de la Historia Americana; y, aunque sólo separadas por un cuarto de siglo, pertenecen, en realidad, á distintas edades. No hay en Magallanes nada del medioeval y profético misticismo Colombino. Es un hombre de acción, fuerte, enérgico, sufrido y eminentemente práctico. El viaje Colombino, rompiendo las barreras seculares del Océano, fué un acto de fé sublime. El viaje de Magallanes, sin embargo, era bastante más arduo. Más de la mitad de los navegantes ingleses y holandeses, que lo intentaron á fines del siglo xvi, tuvieron que desistir de sus empresas. El primer viaje Colombino duró treinta y cinco días. La expedición de Magallanes puede decirse que empezó después de la durísima invernada de San Julián. Por estas y parecidas razones, el juicio póstumo de la historia consagra á Magallanes como navegante incomparable, y considera su viaje como el mayor esfuerzo humano que han presenciado los siglos.