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Sobremesa en casa de Quintero.—El Dr. Havá.—Turla. Su muerte.—Sus versos á Rodriguez Galvan.—Quintero. Sus versos.—Traducciones de Poe.—La estatua de Clay.—Soledad.—Dias negros.

En la casa de Pepe Quintero, que veia y me enorgullezco de ver como mia, tuve agradabilísimas reuniones con lo más inteligente y distinguido de la sociedad literaria de Orleans.

Quintero habla y escribe en inglés con pureza y correccion, iluminando su frase con la galanura de los idiomas latinos y el chiste del frances especialmente.

Quintero y Dana son los hombres (entre los que he tratado), que en los Estados-Unidos se pueden entender mejor y más popularmente con los hombres de raza latina.

Quintero es un gran poeta: cierta ternura sombría; cierta filosofía de la escuela de Byron, pero en el fondo llena de nobleza, hacen adorables sus composiciones, principalmente las que se relacionan con sus afectos íntimos.

Conocedor profundo del idioma inglés y de sus más atrevidos giros poéticos, ha podido traducir á Edgar Poe, ese beodo sublime que puso á la misma ciencia al servicio de la locura en su incomprensible idealismo.

Quintero ha traducido brillantemente á Longfellow, reputado como el primero de los poetas americanos, y yo lo creyera si no hubiera aspirado el perfume de los bosques vírgenes en las solemnes composiciones de mi amado William Bryant.

El elogio de las traducciones de Quintero lo ha hecho Longfellow, y yo he visto carta suya en que tributa elogios que envanecerian á cualquiera otro hombre de alma ménos grande que mi amigo.

Como decia, las tertulias de la casa de Quintero eran para mí deliciosas: allí admiré mil veces la instruccion inmensa, la energía independiente, la fé inquebrantable en los principios del viejo leon á quien he dado á conocer con el nombre de Demitrich; allí esclarecí mis dudas históricas con Gayarré, y allí tuve conocimiento con el Dr. Havá, persona muy estimable y simpática.

El doctor tendrá cuarenta y cinco ó cuarenta y seis años; fornido, de color moreno, de altiva frente y de ojos negros que despiden rayos de penetracion y de pasiones tumultuosas.

Desciende de su cabeza á sus hombros, espesa melena de sedosos cabellos que terminan en una rizada extremidad, como el doblez de un cortinaje. Eso le da dureza á su conjunto; pero no solo Havá es hombre sabio sino de una exquisita y sólida educacion, con ciertas originalidades, que sin llegar á la extravagancia, lo hacen singular.

Sabio sin pedantería, humano y generoso, sensible á las bellezas artísticas, á pesar de sus enemigos, es necesario confesarle mérito á este doctor á quien mucho quiere Quintero.

Havá hizo su educacion en Paris, distinguiéndose mucho en su facultad; delira con la preponderancia de la raza latina, y cubano independiente, tiene por México especial predileccion, lo que, como debe suponerse, es un título más á mi cariño.

Hablando de literatura en una sobremesa, se mencionaban las publicaciones periódicas, señalando al Picayune, El Times, El Daly Democrate y L'Abeille de la Nouveell-Orleans, periódico frances en algunas épocas, perfectamente redactado.

Hablándose de instituciones científicas y literarias, Havá habló en los términos más elocuentes de la Academia Médica, ensalzando el mérito de sus compañeros, sin rivalidades ni miserias.

A Quintero tocó el elogio del Ateneo Luisianés, que se puede citar como representante digno de la literatura francesa.

Mercierz, novelista y escritor distinguido, es el secretario perpétuo del establecimiento, y ha dado á luz "La Hija del Sacerdote Delery," y otras obras de sobresaliente mérito.

Con suma complacencia, con verdadero orgullo escuché los elogios á la Sra. Townsed, que ostenta modesta en su tocado de matrona ejemplar, la diadema que ciñeron Saffo y Corina.

Yo lamento como una verdadera desgracia la pérdida de una lindísima poesía dedicada á mis compañeros y á mí, y que se publicó en El Picayune con universal aplauso, como todo lo que sale de la pluma de Xarifa. Lo que es yo, no soy imparcial: la quiero mucho, la admiro y le vivo muy reconocido.

De una palabra en otra palabra, se encadenó la conversacion, como si todos forjaran, cada uno su anillo de oro, para hablar de la literatura habanera.

Resonó primero, en medio de nuestra profunda admiracion, nuestro Heredia.... nuestro, porque aunque la fortuna quiso darle su cuna en Cuba, nosotros le dimos templo á sus glorias y asilo á sus restos.

Milanes, Palma, y Plácido, tan esencialmente cubano como los palmares y los plátanos que sombrean la herida, pero hermosísima frente de la sultana favorita de las Antillas.

Hablando de esa constelacion que refleja su brillo en las aguas de Cuba, forzosamente mencionamos á Turla.

Turla debia morir á los dos ó tres dias de esta conversacion; su infortunio le engrandecia á nuestros ojos; la pobreza consagraba la frente augusta del mártir; á su alma la veiamos desprenderse luminosa de su antro de miseria, para incorporarse como una ola fulgente en el infinito de la eternidad.

Turla era hijo de un sastre; desde sus primeros años, su génio activo y soberbio protestó en favor de las libertades de sus compatriotas.

Ardiente amigo y admirador de Heredia, se complicó en sus trabajos revolucionarios, y vivia hacia cuarenta años desterrado en Orleans.

Quiso dedicarse al periodismo, y no tenia la flexibilidad que ese ejercicio batallador requiere. Daba lecciones y vivia en la miseria. Así estaba muriendo.

Su inspiracion tiene el carácter ácre, incisivo, pero frecuentemente sublime, de Barbier, á quien se le comparó durante el período revolucionario.

Yo recordé las relaciones que contrajeron nuestro Rodriguez Galvan y Turla en la Habana, cuando el uno, siguiendo su sino fatal, tropezó con su tumba, y el otro estaba en vísperas de que la mano del destierro lo robase para siempre del suelo de que puede llamarse honra y orgullo.

Me lamentaba de no poseer la composicion que Turla dirigió á Rodriguez despues que éste asistió conmovido á la lectura del Conde de Alarcos, y cuando concluyó le instaba Rodriguez á que fuese á radicarse en México.

Lamentaba, digo, no recordar esa composicion, cuando Havá, con entonacion verdaderamente magnífica, declamó los versos de Turla, que dicen así:

A RODRIGUEZ GALVAN.

Vate del Anahuac, pues con tu lloro
Honrar quisiste el desgraciado drama:
Esta es la hoja mejor del libro de oro
Que codicioso demandé á la fama:
El bello corazon de la cubana
Pinté no más, si reparar quisistes
En aquella hermosura sevillana
Hija infeliz de mis ensueños tristes.
Lindas son nuestras bellas y este clima
Les da un hablar simpático y suave,
Que fácil entra en la española rima
Y al corazon introducirse sabe.
Donde deja marcada su sandalia
La vil esclavitud, mandan las bellas
Con ternura mayor: así es la Italia
Con su cielo purísimo de estrellas.
La causa debe ser y á ella redimen
La vejacion en que las tristes andan;
Que donde más las hermosuras gimen,
Es donde más las hermosuras mandan.
Oh! yo las amo, y si la lira mia
Su posicion amarga suavizara,
Amor y solo amor resonaria
Miéntras el corazon me palpitara.
———
Mas yo no buscaré, como tú dices,
Playa mejor en donde el libre goza,
Y entre sus hijos nobles y felices
La Santa Independencia se alboroza:
Que aunque supe adorar, por dicha mia,
La libertad augusta, pequeñuelo,
Y siempre detesté la tiranía
Como amo al sol, como bendigo al cielo;
Y aunque odiar supe al mandarin malvado
Que á remachar mis grillos, vil coadyuva,
Nunca comiendo el pan del emigrado
Pensé cumplir con mi adorada Cuba.
Hijo de Cuba soy: á ella me liga
Un destino potente, incontrastable;
Con ella voy, forzoso es que la siga
Por una senda horrible ó agradable;
Con ella voy sin rémora ni traba,
Ya muerda el yugo, ó la venganza vibre;
Con ella voy miéntras la llore esclava;
Con ella iré cuando la cante libre:
Con ella voy en noche procelosa,
Y errar bien puedo la difícil vía;
Mas siempre voy contigo ¡oh Cuba hermosa!
Y apoyado al timon, espero el dia!

Dos dias despues de tributar nuestro homenaje al génio de Turla, asistiamos á su entierro: entierro humildísimo, acompañado de unos cuantos cubanos que llevaban en sus semblantes el lóbrego duelo del emigrado, como si tuvieran que lamentar la más triste de las orfandades, la orfandad de la tumba. La comitiva que asiste á la inhumacion de un compatriota emigrado, es semejante al tormento que algunas legislaciones imponen de que presencien el suplicio de su cómplice....

Aquella soledad, aquel silencio, aquel poeta anciano que soltaba de sus garras la miseria para entregarlo á la muerte en suelo extraño, me hicieron hondísima impresion.

Acaso este incidente, desapercibido para muchos, porque yo me mezclé á la comitiva sin ser invitado y sin que nadie me conociese, determinó en mi ánimo un estado de tristeza imposible de describir.

Noche á noche me aislaba de mis compañeros y me iba á sentar las horas enteras á las escalerillas del monumento de Clay.

Allí, en la oscuridad más completa, sangrando mi corazon de amargura por circunstancias las más acerbas de mi vida, produje una série de composiciones, que no tienen interes alguno para otros; que lo tienen para mí tiernísimo; que semejan á esos objetos que nos los hace preciosos el amor, la gratitud, el peligro ó la muerte, y que maltratados por el tiempo, donde los otros señalan un harapo, nosotros veneramos una reliquia. Perdonen mis lectores mi debilidad, y dispensen su indulgencia á esas fojas arrancadas del Album de los tormentos de mi alma:

DIAS NEGROS.

DESENCANTO.
Yo no sé: ¿qué me importa? El viento airado
Gime en mi barca: el corazon ya muerto
No cuenta si un vaiven la lleva al puerto,
O la va en el escollo á sumergir.
Yo no sé: ¿qué me importa? ¿qué es la vida?
Un sueño, una vision, tal vez la nada,
El canto ó el dolor en la posada;
Pero llanto al llegar.... llanto al partir.
——
El confin de la gloria es el vacío,
Las heces del placer, el desengaño,
Abismos de dolor por bienes, daño,
Y al fin de la jornada, al fin, morir....
Feliz quien mira en lontananza un cielo,
Y entre las nubes de la tumba umbría,
Los blancos rayos apuntar de un dia,
De eterno, de purísimo lucir.
——
El niño que á la márgen del arroyo
Va deshojando pétalos de vida,
Y sigue con mirada entretenida
Anhelante su propia destruccion;
El jóven que la copa de sus años
En el festin de amor procaz derrama:
La vírgen pura que á voluble llama
Da sonriendo su propio corazon,
——
¿Qué quieren? ¿dónde van? ¿por qué esas risas
Si los esperan mares de quebranto?
Pero, ¿por qué tambien acerbo llanto
Por la estúpida farsa de vivir?
A la verdad humilla la impostura;
El desden al saber; á las virtudes
Cercan tenaces fieras inquietudes....
¡Quien quiere descansar, quiere morir!
——
Un tiempo fué que mi ilusion de gloria
Abrió en la tempestad sus alas de oro
Y de mi lira el palpitar sonoro,
Sus ecos entusiastas prodigó.
Expié como delito el noble anhelo
De erguir radiando la altanera frente;
La envidia, con colmillo de serpiente,
Me hirió rabiosa y mi cantar ahogó.
——
Y es bello que el gusano se convierta
En la sombra pintada mariposa,
Y que el pútrido gérmen de la rosa
Dé sobre el tallo engalanada flor;
Y es hermoso mirar que al sol remeda
Al salir de su cárcel el gas puro,
Y que ilumina el horizonte oscuro
Hecho llama vivífica el carbon.
——
Mi alma era luz, de la amistad al beso,
Mi sangre toda de pasion ardia,
El alma era raudal que se esparcia
En gotas luminosas de cristal....
Mi alma era amor.... El mundo en que flotaba
Su blanco velo de orlas purpurinas,
Se desgarró con bárbaras espinas
Y hecho girones por los aires va....
——
Riquezas, ilusion.... contento, gloria,
Patria ¡ay! la patria.... la inconstante suerte,
Todo camina al seno de la muerte:
Feliz ó desdichado, ¿qué más da?
Está negra la luz, negros los campos,
Se extiende dentro el alma negro velo....
¡Dios! ¡oh gran Dios! un rayo de consuelo....
¿Nunca le lograré? ¿Jamás?—¡¡Jamás!!
Guillermo Prieto.
Nueva-Orleans, Marzo 18 de 1877.
————————
SOLEDAD.
Besa mi frente, estréchate á mis brazos,
Empapa con la hiel de tu tormento
Mi labio gemidor, y da á mi acento
Tus quejidos de angustia y orfandad.
Tú fuiste como invierno de mi infancia:
Fuiste en mi corazon eterno duelo,
De tu mano de muerta sentí el hielo
Sobre mi alma, ¡terrible soledad!
——
Sobre la tumba del que el sér me diera,
Que no tiene una cruz, que no decora
Sauce doliente, que adherido llora
Al sepulcro del mísero pastor,
Allí te conocí.... sobre una losa
Estaba reclinada tu cabeza:
Yo admiré con espanto tu belleza
En mi embriaguez acerba de dolor.
——
Despues, cuando mi frente descansaba
De santa madre en el amante seno,
Al levantarlo de tormento lleno
Buscando arrimo, desamparo hallé.
Y ni el cielo con nubes purpurinas,
Ni el viento que murmura entre las hojas,
Dieron luz y consuelo á las congojas
Del corazon que derramaba hiel.
——
Pobre niño! pisando con su planta
Desnuda, los abrojos de la vida,
Dejando sangre de su planta herida
Al saludar la hermosa juventud.
Pasaba la fortuna en su carroza
De púrpuras y armiño, perlas y oro:
Pasaba rauda.... y al través del lloro
En mi desierto te encontrabas tú.
——
Sediento un punto el corazon abria:
Al que pasaba, le tendí la mano,
Vino á mis brazos, le llamé mi hermano,
El corazon se estremeció feliz....
Ansiosa la mirada, alta la copa
Escuché su sarcasmo á mi ternura,
Y en mi hondo desengaño, con tristura
Te hallé.... do tu semblante conocí.
——
De entónces entre el vago torbellino
De glorias, de esperanzas, de ilusiones,
Al volar entre férvidas pasiones,
Al dormirme rendido de inquietud,
¡Oh, soledad! en mi hondo desamparo
A tí se estrecha el corazon vacío,
Y al besarme tu labio, siento el frio
Que marchitó mi triste juventud.
Guillermo Prieto.
Marzo 19 de 1877.
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MI ALMA.
En mis horas acerbas de abandono
Algo dentro de mí padece y llora;
Algo como del ave gemidora
Distante entre las sombras el cantar.
Como oculto raudal que gota á gota
Pierde su vida en la caverna oscura,
Así siento en mis horas de amargura
Mi existencia tristísima acabar.
——
Mi alma percibo como luz incierta
Que en trémulo fulgor las tumbas baña;
Huérfana que llorando me acompaña
En las sombras del tiempo que pasó.
Vibracion vaga de la rota lira
Por cuyas cuerdas atraviesa el viento,
Y remeda sollozos de tormento
En constante y monótona cancion.
——
Vivo como esos árboles que azota
El viento de la mar, que erguidos mueren
Y esqueletos en pié su raíz adhieren
Al suelo ingrato que los vió nacer.
Torcidos, encorvados, extendiendo
Sin vida al suelo los desnudos huesos,
Que de la brisa los amantes besos
Los hieren con su pompa de placer.
——
Van cayendo las sombras dentro mi alma
Cual la noche en el valle; su verdura,
Sus lagos y su mágica hermosura
Parecen las tinieblas sumergir.
Es como tumba en lóbrego vacío
Que envuelve al cielo en el terror sublime,
Y allá á lo léjos.... dolorida gime
El alma como tórtola infeliz.
——
Si fuera dado á la agotada fuente
Que tendió su raudal limpia y serena,
Decir su queja á la inclemente arena
Que le robó sus auras y su sol;
Si fuera dado al pájaro perdido
Que siguiendo la nave extravió el vuelo,
Contar al mar sus ansias y su duelo
Y su hondo desamparo de dolor;
——
Si voz tuvieran las augustas ruinas
Del templo, del palacio, que los lagos
Cual tablazon de nave los estragos
Muestran del tiempo en lúgubre monton,
Esa fuente, ese pájaro, esa ruina,
Cuando del hombre hallaran el acento,
Pedirian sus voces al tormento
Que desgarra mi herido corazon.
——
Héme en mi soledad, héme mendigo
De la luz, de las aguas, del sendero:
Como sombra atraviesa el extranjero,
Como fantasma entre la gente va.
¿Qué dicen esos niños? ¿Esa pompa?
¿A quién espera? se preparan flores:
¿Son para alguna tumba? ¿los amores
Las tejen á la frente virginal?
——
Solo va el extranjero. De los niños
En el rostro de arcángel mira espanto:
Lleva muerte en el alma. De su llanto
Alma ninguna ó Dios se apiadará...
Le muestran las paredes extrañeza,
Las tumbas le repelen, en el cielo
Teme siempre encontrar nubes de duelo....
¡Alma mia! comprendo tu llorar!
Guillermo Prieto.
Nueva-Orleans, Marzo 20 de 1877.
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DESAMPARO.
¡Ay! de mí! del bullicio que en torno
A mi sér turbulento se agita,
No penetra ni un eco en las sombras
Que cubren mi vida.
——
Pasa el gozo cual cruzan las olas
Argentinos los copos de espuma,
Miéntras el mar en sus hondas entrañas
Tinieblas oculta.
——
Como el ave en su jaula contempla
Verdes campos y plácidos cielos,
Y si quiere volar le destrozan
Voraces sus hierros,
——
Así yo, si mis penas olvido,
Y mi copa levanto contento,
La envenenan con mísero llanto
Mis crueles tormentos.
——
Desamparo, tu escuálida mano
A mí tiendes de triste esqueleto;
Al dormir, tus heladas presiones
Comprimen mi pecho.
——
Al volar tras la fama anhelante:
Al ceñirme de lauro y de rosas:
Al cantar al amor y á la patria
Con férvidas notas,
——
Descendí á mi dolor y encontraba
En las sombras á mi alma gimiendo,
Siempre sola, en su pena circuida
De luto y silencio.
——
Una voz.... por los aires sonaba....
¿Qué me dice?.... y sus ecos morian:
¿Fué tal vez que me habló la esperanza
Brindándome dicha?....
——
Yo no sé; mas al triste silencio
Que dejó.... prefiriera la muerte:
Del dolor la amargura, mi labio
Bebió hasta las heces.
——
Fijo el ojo, mirando sin vista,
Como sorda mirada de muerto,
Me quedé contemplando el espacio
Que sube á los cielos,
——
Y en el éter.... miré cintilando
Un mirar de inefable ternura....
¿Un destello de dulce consuelo
Cruzó las alturas?
——
Yo no sé; mas el rastro adorado
De esa luz, era triste y sombrío,
Como en medio de inmenso desierto
La sima de abismo.
——
A la sombra del sauce que inclina
Su cabello de ramas al suelo,
Creí mirar hechicera hermosura
De dulce embeleso.
——
De cristal parecióme su frente:
Al través percibí con espanto
Como cráneo amarillo y desnudo,
De huesos los brazos.
——
¿Dí quién eres, fatal compañera,
A quien mueve la voz de mis ansias?
¿Dí quién eres, mi bien?.... Soy la muerte
Que lleva á la nada....
Guillermo Prieto.
Nueva-Orleans, Marzo 21 de 1877.
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¡¡AYES!!
¡Oh y qué tristes de mi vida,
Qué tristes pasan las horas!
Como corren aguas turbias
Despeñándose en las sombras!
Como atraviesan los aires
Aves negras gemidoras!
Como que se queja el viento,
Como que triste el sol llora;
Las casas como sepulcros,
Como muertas las personas!
Qué triste va el extranjero
En soledad espantosa!
Qué triste recuerda el suelo
Que le sabe hablar su idioma!
Es uno sepulcro que anda
Y lleva bajo su losa,
Enterrada viva el alma,
Pero inerte y silenciosa:
O como en la catalepsia
Dicen que corren las horas,
Oyendo de los que pasan
Las voces.... ó que razonan
Diciendo á la conveniencia
Que nos sepulte en las sombras,
Porque reclama la muerte
En sus fueros engañosa,
El asilo del cadáver
Para el que en su sueño se ahoga!
¡Oh qué tristes van mis dias
Rodando cual secas hojas
Sobre desiertos de nieve
En soledad silenciosa,
O como en fondo de abismo
Gime abandonada tórtola,
Perdiéndose en lo profundo
Los ayes de sus congojas,
Porque el huracan que cruza
Lleva las sentidas notas
Que exhala y piden socorro
Y se extinguen y se borran!
¿Qué es de lo que amo? ¿dó existen
Las prendas que el alma adora?
Es como muerte la ausencia,
Mas que muerte es horrorosa!
Porque en el sepulcro inmenso
En que trascurren las horas,
Nos muestra nuestro cadáver
Como espejo la memoria.
Guillermo Prieto.
Viérnes Santo.—Nueva-Orleans, Marzo 30 de 1877.
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RECUERDOS DE MI HOGAR.
¡Qué frescas cuelgan las sombras
De los chopos y las lilas!
Qué verdes están los campos!
Las fuentes, ¡qué cristalinas!
Qué hermosas las hebras de oro
Del sol poniente se filtran
Por las hojas del arbusto
Que con las auras oscilan!
En el verjel delicioso
Placer y amor se dan cita
Y van dóciles, apuestos,
En pos de jóvenes lindas;
Ellos de entusiasmo ardiendo,
Y ellas vertiendo sonrisas.
De trecho en trecho sus grupos
Aislan contentas familias:
El anciano gravedoso,
La anciana fresca y festiva,
Los esposos satisfechos,
Regañona la nodriza,
El faldero alborotando
Con sus idas y venidas,
Y los niños al conjunto
Dando luz, aliento y vida;
Remolinándose en grupos,
Destendiéndose en cuadrillas,
Dando al viento en sus carreras
Gasas, cabellos y cintas,
Vagan como libres aves,
Como corderillos brincan.
Los grupos dejan buscando
De las madres las rodillas,
Y tornan do sus amigos
En insurreccion se apiñan,
Y cuchichean alegres
Como alegres golondrinas.
Embriagada estaba el alma
Casi olvidó sus desdichas,
Y soñaba de mis hijos
Recreándome con la vista,
En los risueños verjeles
En donde pasé mi vida,
Cuando mis tres serafines
Nietos del pecho delicia,
Con sus tambores marchando
Pretensiosos me seguian,
Marcando el compás la madre
Que es como los cielos linda.
Y ébrio así con mis recuerdos,
Me dirigí á una familia
Donde tres niños jugaban
Con retozona nodriza....
Contento me acerco al grupo,
Voy á repartir caricias,
Y  los niños.... asombrados,
Enmudecen y me miran.
Me acerco.... digo palabras
Para ellos desconocidas,
Y el gozo se torna en llanto,
Me empujan sus manecitas,
Y torno en espanto y duelo
Los cantos y la alegría.
El alma gimió, rompiendo
De mi corazon las fibras....
Oh desdichado extranjero!
Oh mi patria! oh mi familia!....
——
Silencioso torné el paso,
Tomé solitaria vía,
Que yo era la nube negra,
El agua turbia, la espina,
La gota de hiel del cáliz
De la inocencia y la dicha;
Y léjos.... léjos, muy léjos
De aquel cuadro de delicias,
Ví en el llanto de mis ojos
Expirar la luz del dia.
Guillermo Prieto.
Nueva-Orleans, Abril 9 de 1877.
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LAMENTOS.
La luz llegó: quedaron en la noche
Como tristes resíduos mis delirios
Y el llanto de mis ojos.
Como lleva implacable la corriente
Del árbol los inútiles despojos.
Fué mi agitado sueño como un antro
Poblado de fantasmas, y despierto
Como la luz del dia
Al circundar la llama amarillenta
Del triste cirio que acompaña á un muerto.
Va el infortunio asido de mi brazo
Cual si fuese invisible un esqueleto,
Que en perpétuo quejido
En mí extinguiese de la vida el ruido.
Soy como mi prision, como mi sombra;
Como mi propia tumba y mi quebranto
Es la pesada losa que esa tumba
Me cierra con espanto.
¿A quién volverme? El tallo de la yerba
Suele ostentar sus gotas de rocío;
Suele la brisa acariciar la arena
Que huérfana en su curso dejó el rio,
Y solo yo en mi pena
La soledad encuentro y el vacío.
Una por una vuelan mis auroras
Cual los rubios cabellos que en el cráneo
Quedaron de una hermosa, mi esperanza
Es como rama espúria que en la grieta
Del muro su esqueleto balancea,
Y que se pudre con la blanda lluvia,
Y se hace polvo con la luz febea.
Y no arranca los ayes de mi labio
El injusto desden de la fortuna;
No la mano de hierro del destino
Abate de mi pecho la fiereza,
Ni me hace vacilar en mi camino
Con su exígua linterna la pobreza.
No: si tremenda maldicion estalla;
Si airado el sino con terror vibrante
Circunda cual serpiente mi cabeza,
Más quisiera sufrir, mi sér proscrito
Del dolor ambiciona el infinito,
Porque siempre consuela la grandeza.
Pero dejar que el fango pestilente,
Hez de gusanos, de infeccion abrigo,
Derruya de la torre los cimientos:
Dejar que triste se hunda, ser testigo
Del reluchar de abandonada nave
A la que ingrato puerto negó abrigo....
¡Qué horror! ¡qué horror! y la existencia mia
Así relucha en ignorados mares
En eterna agonía....
Una mano, una voz, esa mirada
Con que la luz recrea
Al gusano escondido en la hoja leve,
Al sutil hilo que tendió la araña
Y con el sol naciente centellea....
Una voz, una mano que derrame
Una gota, una sola, de ternura,
En mi honda desventura,
Sin que piedad.... ni compasion se llame,
Y agradecido adoraré mi suerte.
Mirad.... los que pasais, que está al llenarse
En mis manos la copa de la muerte....
Una gota de amor, solo una quiero....
Vereis.... cómo se alivia mi quebranto....
Y la gente.... que pasa.... al ver mi llanto....
Me dicen que clamó: "¡Pobre extranjero!"
Guillermo Prieto.
Nueva-Orleans, Abril 10 de 1877.

Las generosas atenciones de mis compañeros y las bondades de Quintero, atenciones y bondades que vivirán imperecederas en mi gratitud, alejaron de mi alma aquel terrible eclipse en que se produjeron mis dias negros. Desahogado el corazon, vendadas sus heridas, levantemos la frente y empuñemos la péñola parlanchina.... pero que sea despues de unos momentos de descanso. ¿No les parece á vdes., lectores queridos?