Sicania (Σικανίη): La isla de Sicilia, XXIV, 307.

Sidón (Σιδονίη y Σιδών): Ciudad de Fenicia, XIII, 285; XV, 425.

Sirenas (Σειρῆνες): Doncellas fabulosas, que moraban en una isla, entre la de Circe y el escollo de Escila, y encantaban con su dulce voz á los navegantes. Advierte Circe á Ulises que llegará á las Sirenas, que hechizan con su sonora voz á cuantos las oyen; le recomienda que tape los oídos de sus compañeros y que, si quiere oirlas, sea atado á la nave; y le indica que después de la isla de las Sirenas llegará á las peñas Erráticas, XII, 39 á 61; refiere Ulises á sus compañeros lo que le había encargado Circe, les tapa los oídos y les manda que lo aten al mástil; al pasar cerca de la isla, las Sirenas cantan y le invitan á detenerse, Ulises hace una seña para que lo desliguen, y Perimedes y Euríloco lo atan más reciamente, XII, 158 á 200; cuenta Ulises á Penélope cómo oyó el cantar de las Sirenas, de voz sonora, XXIII, 326.

Siria (Συρίη): Una de las islas Cíclades, situada al N. de Ortigia. Había en ella dos ciudades y en ambas reinaba Ctesio, padre del porquerizo Eumeo, XV, 403 á 414.

Sísifo (Σίσυφος): Hijo de Éolo, padre de Glauco y abuelo de Belerofonte. Está condenado en el Orco á empujar una enorme piedra hacia la cumbre de un monte; cuando llega cerca de la misma, el peñasco rueda á la llanura, y Sísifo vuelve á empujarlo nuevamente hacia la cumbre, XI, 593 á 600.

Sol (Ἥλιος y Ἠέλιος): Hijo de Hiperión y de Eurifaesa (ó de Tea, según Hesíodo: Teogonía, v. 371 á 374), hermano de la Aurora y de la Luna, y padre de Circe, de Eetes, de Faetusa y de Lampetia. Los compañeros de Ulises perecieron, antes de volver á su patria, por haberse comido las vacas del Sol, hijo de Hiperión, I, 7 á 9; el Sol delata á Vulcano el adulterio de Marte y Venus y, después que Vulcano ha puesto los hilos alrededor de la cama, está en acecho y le avisa cuando Marte entra en la casa, VIII, 270 y 271, 320; Circe y Eetes son hijos del Sol y de la oceánida Perse, X, 135 á 139; recién llegados á la isla de Circe, habla Ulises á sus compañeros diciendo que no saben por dónde el Sol se pone y por dónde vuelve á salir, X, 191 y 192; el Sol no alumbra nunca á los cimerios, XI, 15 á 17; dice Tiresias á Ulises que si en la isla de Trinacria dejan indemnes las vacas de Sol, llegarán á Ítaca y en otro caso el héroe perderá la nave y todos los compañeros, XI, 104 á 113; en la isla de Eea está el orto del Sol, XII, 4; advierte Circe á Ulises que llegará á la isla de Trinacria, donde pacen las vacas y las ovejas del Sol, cuyas pastoras son Faetusa y Lampetia; que si las dejan indemnes volverán á Ítaca y en otro caso el héroe perderá la nave y todos los compañeros, XII, 127 á 141; Ulises funde cera con su fuerza y los rayos del Sol Hiperiónida, y tapa los oídos de sus compañeros para que no oigan á las Sirenas, XII, 173 á 177; Ulises y los suyos, después de pasar por Escila y Caribdis, llegan á la isla donde estaban las vacas y las ovejas del Sol, y ya desde el mar oyen los mugidos y los balidos, XII, 260 á 266; Ulises, acordándose de las advertencias de Tiresias y de Circe, quiere pasar de largo por la isla de Trinacria; pero Euríloco se opone, y el héroe hace jurar á sus compañeros que no matarán ni una vaca ni una oveja, XII, 266 á 303; Ulises exhorta nuevamente á los suyos para que se abstengan de tocar las vacas y las ovejas del Sol, que todo lo ve y todo lo oye, XII, 320 á 323; mientras Ulises se interna por la isla de Trinacria, sus compañeros, aconsejados por Euríloco, matan y asan algunas de las vacas del Sol, XII, 340 á 365; Lampetia lo participa al Sol, éste se queja á Júpiter, amenazándole con descender á la morada de Plutón, y el padre de los dioses le promete despedir un rayo contra la nave de Ulises y hacerla pedazos, XII, 374 á 388; durante seis días los compañeros de Ulises celebran banquetes, comiéndose las mejores vacas del Sol, XII, 397 y 398; cuenta el mendigo (Ulises) á Penélope que Ulises perdió la nave y los compañeros porque éstos mataron las vacas del Sol, XIX, 273 á 276; refiere Ulises á Penélope cómo sus compañeros mataron las vacas del Sol, XXIII, 329; las almas de los pretendientes, conducidas por Mercurio, pasan por las puertas del Sol, antes de llegar al país de los Sueños y á la pradera de asfódelos donde residen las almas de los difuntos, XXIV, 12.

Sunio (Σούνιον): Promontorio del Ática, III, 278.

Tafos (Τάφος): Isla del mar Jónico; la mayor de las llamadas Equínades, I, 417.

Taigeto (Τηύγετον): Monte de Laconia, VI, 103.

Tántalo (Τάνταλος): Rey de Sípilo (Frigia), hijo de Júpiter y padre de Pélope. Fué admitido al banquete de los dioses pero, como revelara los secretos de éstos y hurtara néctar y ambrosía, Júpiter le impuso un castigo que padece en el Orco. Cuenta Ulises á los reyes de los feacios que en el Orco, vió á Tántalo el cual se halla sumergido en un lago cuya agua le llega á la barba y tiene encima de su cabeza variadas frutas que cuelgan de altos árboles; pero, cuando padece sed y se baja para beber, la tierra absorbe el agua, y cuando siente hambre y va á coger las frutas, el viento se las lleva á las nubes, XI, 582 á 592.

Tebas (Θήβη y Θῆβαι):

1) Ciudad de Beocia. Tiene siete puertas y la fundaron y fortificaron Anfión y Zeto, XI, 262 á 265; descubierto el incesto de Epicasta con su hijo Edipo, éste siguió reinando en Tebas por los funestos designios de las deidades, XI, 274 á 276; en Tebas murió Anfiarao á causa de los regalos que su mujer recibiera, XV, 244 á 247.

2) Ciudad de Egipto. Era muy rica y en ella moraban Pólibo y su mujer Alcandra, que dieron á Menelao y á Helena hermosos presentes, IV, 125 á 132.

Tectónida (Τεκτονίδης): Hijo de Tectón. Nombre patronímico de Políneo, VIII, 114.

Telamón (Τελαμών): Rey de Salamina, hijo de Éaco, hermano de Peleo y padre de Ayax y de Teucro, XI, 553.

Teléfida (Τηλεφίδης): Hijo de Télefo. Nombre patronímico de Eurípilo, XI, 519 y 520.

Telémaco (Τηλέμαχος): Hijo de Ulises y de Penélope. Hállase entre los pretendientes cuando ve en el umbral á Minerva, transfigurada en Mentes, rey de los tafios: hácele entrar, lo sienta á la mesa, le pregunta quién es, se lamenta de los pretendientes y escucha los consejos que le da de que reúna el ágora, para echar á aquéllos, y haga un viaje á Pilos y á Esparta en busca de noticias de su padre, I, 113 á 313; la diosa infunde á Telémaco valor y audacia, y Telémaco, que sospecha que ha hablado con una deidad, se queda atónito y se junta con los pretendientes, I, 320 á 324; Telémaco, al oir que Penélope reprende á Femio porque canta la vuelta de los aqueos, dice que no es culpable el aedo, recomienda á su madre que torne á su habitación y dice que de hablar se cuidarán los hombres y principalmente él, I, 345 á 359; Telémaco impone silencio á los pretendientes y les anuncia que en el ágora les dirá que no vuelvan al palacio de Ulises, I, 368 á 380; los pretendientes se admiran de la audacia de Telémaco, y Antínoo desea que no llegue á ser nunca rey de Ítaca, I, 381 á 387; contesta Telémaco que le gustaría serlo, pero que reine cualquiera de los aquivos y él será señor de su casa, I, 388 á 398; Eurímaco dice á Telémaco que nadie le disputará los bienes y le pregunta por el huésped, y Telémaco le responde que es Mentes, rey de los tafios, sin declararle que ha reconocido á Minerva, I, 399 á 420; Telémaco sube á su cuarto, acompañado de Euriclea, se acuesta y pasa la noche pensando en el viaje que Minerva le aconsejara, I, 425 á 444; al descubrirse la aurora, Telémaco se levanta, se va al ágora y Minerva le adorna con gracia divinal, II, 1 á 14; en el ágora, huélgase Telémaco de las palabras de buen presagio que pronuncia Egiptio, quéjase de los pretendientes, pídeles que no sigan yendo al palacio, arroja el cetro en tierra y nadie se atreve á contestarle, salvo Antínoo, II, 35 á 84; respondiendo á Antínoo, dice Telémaco que nunca echará del palacio á su madre, amenaza á los pretendientes con invocar á los dioses y así que concluye de hablar, Júpiter envíale dos águilas como presagio, II, 129 á 147; dice Eurímaco á Haliterses que debía haber muerto como Ulises, porque así no incitaría á Telémaco, II, 183 á 185; aconseja Eurímaco á Telémaco que ordene á su madre que torne á la casa paterna á fin de que le dispongan el casamiento, II, 174 á 197, pues, de lo contrario, no desistirían de la pretensión porque no temen á nadie, ni siquiera á Telémaco, II, 198 á 200; responde Telémaco que no quiere suplicarles más y pide que le proporcionen una nave y veinte compañeros para ir á Pilos y á Esparta, II, 208 á 223; Telémaco se va á la playa, invoca al numen que el día antes se le había presentado en el palacio y se le aparece Minerva, en figura de Méntor, la cual le aconseja que torne á su casa y prepare las provisiones mientras ella elige la nave y reúne los marineros, II, 260 á 295; Telémaco vuelve al palacio, es zaherido por los pretendientes, baja á la habitación donde se guardan el vino y la harina, y encarga á Euriclea que llene doce ánforas de aquél y aparte veinte medidas de ésta, y no diga nada á Penélope, II, 296 á 381; Minerva toma la figura de Telémaco y, recorriendo la población, recluta los tripulantes y pide una nave á Noemón, II, 382 á 387; Méntor (Minerva) llama á Telémaco, se van á la nave, vuelven con los compañeros al palacio, cargan las provisiones, se dan á la vela y hacen libaciones á Minerva, II, 399 á 434; al llegar á Pilos, desembarca Telémaco, precedido por Minerva, ésta le encarga que no sea vergonzoso, y ambos se van á encontrar á los pilios que ofrecen un sacrificio á Neptuno en la ribera del mar, III, 12 á 33; huélgase Minerva de que Pisístrato le dé á ella antes que á Telémaco la copa para hacer libaciones, III, 51 á 53; ruega Minerva á Neptuno que Telémaco no se vaya sin realizar el objeto de su viaje y en seguida da la copa á Telémaco, III, 60 á 63; dice Telémaco á Néstor que ha llegado á Pilos en busca de noticias de su padre, III, 75 á 85; celebra Telémaco la venganza de Orestes y quisiera tener bríos para castigar á los pretendientes, III, 201 á 210; Telémaco no cree que se efectúe lo que dice Néstor acerca de los pretendientes, aunque lo quisieran los dioses; es reprendido por Minerva, insiste en la imposibilidad de la vuelta de Ulises, y pregunta á Néstor cómo murió Agamenón, III, 225 á 252; Minerva y Telémaco quieren irse á dormir á la nave, pero Néstor se opone, y Minerva hace que Telémaco se quede en el palacio y pide á Néstor que lo envíe á Esparta con un hijo suyo, III, 342 á 364; Néstor le dice á Telémaco que sin duda no ha de ser cobarde cuando ya le asiste Minerva, III, 373 á 379; Telémaco duerme en el pórtico del palacio de Néstor, III, 396 á 398; al día siguiente, los hijos de Néstor hacen sentar á Telémaco junto al anciano, III, 412 á 416; encarga Néstor que un hijo suyo conduzca al palacio á los compañeros de Telémaco y así se hace, III, 423 y 424, 431 y 432; lava á Telémaco la bella Policasta, III, 464; manda Néstor á sus hijos que aparejen un carro para que Telémaco emprenda el viaje, hácenlo así, Telémaco y Pisístrato suben al carro, salen de Pilos, pernoctan en Feras y al día siguiente llegan á Lacedemonia, III, 475 á 497; Telémaco y Pisístrato detienen los corceles en el vestíbulo del palacio de Menelao, IV, 20 á 22; después de comer, dice Telémaco á Pisístrato que como aquélla debe de ser la morada de Júpiter, IV, 69 á 75; dice Menelao que seguramente lloran por Ulises el viejo Laertes, Penélope y Telémaco, á quien dejó aquél en su casa recién nacido, IV, 110 á 112; Telémaco, al oir el nombre de su padre, llora y se cubre la cabeza con el manto, IV, 113 á 116; sale Helena y al ver á Telémaco, dice que aquel joven se parece al hijo de Ulises, y Menelao contesta que ya había notado la semejanza, IV, 138 á 154; el hijo de Néstor les confirma lo que sospechaban, refiere Menelao cómo quería mostrarle á Ulises su afecto, y lloran Telémaco, Helena, Menelao y Pisístrato, IV, 155 á 186; dice Menelao que hablará con Telémaco así que aparezca la Aurora, IV, 214 y 215; replica Telémaco á Menelao, que acaba de ensalzar á Ulises, que así es aún más dolorosa la pérdida del mismo, y le ruega que les mande á la cama, IV, 290 á 295; acuéstanse Telémaco y Pisístrato en el vestíbulo del palacio de Menelao, V, 303 y 304; al rayar la aurora, Menelao se sienta junto á Telémaco y le pregunta cuál es el motivo de su viaje á Esparta, y Telémaco le responde que va en busca de noticias de su padre y desea que le cuente cuanto sepa de la muerte del mismo, IV, 311 á 331; Telémaco pide á Menelao que no le detenga en su palacio y que el don que le haga sea algo que se pueda guardar, IV, 593 á 608; pregunta Noemón á Antínoo si sabe cuándo Telémaco volverá de Pilos, IV, 632 y 633; Antínoo dice á los demás pretendientes que Telémaco ha realizado una gran proeza con el viaje, IV, 663 y 664; Penélope habla de los pretendientes, que consumen la herencia del prudente Telémaco, IV, 686 y 687; descubre Medonte á Penélope que los pretendientes quieren matar á Telémaco, IV, 700; Minerva envía á Penélope un fantasma para decirle que Telémaco volverá sano y salvo, IV, 824 á 829; los pretendientes se emboscan en la isla de Ásteris para matar á Telémaco, IV, 842 á 847; Júpiter, contestando á Minerva, le dice que acompañe con discreción á Telémaco, V, 25; el alma de Elpénor suplica á Ulises, en nombre de sus padres y de Telémaco, XI, 68; el alma de la madre de Ulises dice á este héroe que aún no posee nadie su dignidad real, pues Telémaco cultiva en paz las heredades y asiste á decorosos banquetes, XI, 184 á 186; dice Minerva, conversando con Ulises, que va á llamar á Telémaco, el cual se halla en Esparta, XIII, 412 á 415; preséntese Ulises, exclama Eumeo, como yo quisiera y también Penélope, Laertes y Telémaco, XIV, 171 á 173; dice Eumeo que se lamenta por Telémaco, pues se fué á Pilos y los pretendientes le preparan una emboscada para cuando torne, XIV, 174 á 182; Minerva se encamina á Lacedemonia, halla á Telémaco acostado en el vestíbulo de la casa de Menelao y le exhorta á volver cuanto antes á Ítaca y á evitar la emboscada de los pretendientes, XV, 1 á 42; Telémaco despierta á Pisístrato para ponerse en camino, y el hijo de Néstor le dice que aguarde que despunte la Aurora y Menelao les traiga los presentes, XV, 44 á 55; Telémaco, al ver á Menelao, le sale al encuentro y le comunica su deseo de partir en seguida, recibe los regalos que le hacen Menelao y Helena, come, promete llevar á Néstor el saludo de Menelao, y, cuando Helena interpreta un agüero en el sentido de que Ulises se vengará de los pretendientes, le dice que ojalá acertara, pues la invocaría diariamente como á una diosa, XV, 57 á 181; Telémaco y Pisístrato emprenden la marcha, pernoctan en Feras y, al llegar adonde está el bajel de Telémaco, Pisístrato deja en la popa los regalos de Menelao y aconseja á Telémaco que se embarque en seguida, XV, 182 á 214; mientras Telémaco da órdenes á los compañeros y ofrece sacrificios á Minerva, preséntasele Teoclímeno y le pide que lo admita en el barco; accede Telémaco; danse á la mar y, después de pasar á lo largo de la Élide, Telémaco pone la proa del barco hacia las islas Agudas, XV, 217 á 300; desembarcan antes de llegar á la ciudad, comen, Teoclímeno interpreta un agüero, diciendo que la familia de Telémaco reinará siempre en Ítaca, y Telémaco, después de recomendar el huésped á Pireo, manda á sus compañeros que lleven la nave á la ciudad, y se encamina á la majada de Eumeo, XV, 495 á 557; llega Telémaco á la majada de Eumeo, éste lo abraza y lo besa, se entera Telémaco de que su madre sigue en el palacio, no permite que el huésped (Ulises) le ceda el asiento, se lamenta de no poder hospedar al mismo por culpa de los pretendientes, y encarga á Eumeo que vaya á la ciudad para que Penélope sepa que han vuelto de Pilos, XVI, 4 á 134; pregunta Eumeo si ha de dar también la noticia á Laertes, y Telémaco responde negativamente, XVI, 135 á 153; Ulises, á quien Minerva ha devuelto su primitiva figura sin que lo viera Telémaco, se presenta á éste, que se asusta, creyendo que será algún dios; Ulises se le descubre, Telémaco duda, y por fin se reconocen, se abrazan y lloran; pregunta Telémaco á su padre cómo ha llegado á Ítaca y Ulises le cuenta que lo han traído los feacios, y quiere enterarse de cuántos y cuáles son los pretendientes, XVI, 159 á 241; Telémaco enumera los pretendientes, Ulises le declara que tendrán la ayuda de Júpiter y de Minerva para luchar con los mismos, encarga á Telémaco que esconda las armas y que á nadie participe que ha vuelto Ulises, pues ellos dos probarán á las mujeres y á los esclavos para conocer cuáles les son fieles, XVI, 240 á 307; propone Telémaco á Ulises que dejen para más adelante el probar á los esclavos, XVI, 308 á 320; llega á Ítaca la nave que trajera de Pilos á Telémaco y á sus compañeros, XVI, 322 y 323; el heraldo y el porquerizo dan á Penélope la noticia de que ha llegado Telémaco, XVI, 328 á 341; Eurímaco dice que Telémaco ha realizado una gran proeza con el viaje á Pilos, XVI, 346 y 347; Antínoo cuenta cómo acechaban la vuelta de Telémaco y propone á los demás pretendientes matarlo en el campo ó en el camino, cuando vuelva á la ciudad; ó, en otro caso, no comerle ya más sus bienes, XVI, 364 á 392; Anfínomo se opone á que se mate á Telémaco si el mismo Júpiter no lo aprueba, XVI, 400 á 405; Penélope increpa á Antínoo por su propósito de matar á Telémaco, XVI, 421 y 422; Eurímaco, para tranquilizar á Penélope, le dice que mientras él viva nadie pondrá las manos en Telémaco, pero interiormente piensa en matarle, XVI, 434 á 448; pregunta Telémaco al porquerizo si los pretendientes han vuelto de la emboscada y, al oir á Eumeo que cree serían los que vió en una nave que entraba en el puerto, sonríe y mira á su padre sin que lo advierta el porquerizo, XVI, 460 á 477; Telémaco encarga á Eumeo que lleve al mendigo (Ulises) á la ciudad, sale de la majada, llega al palacio, le abrazan y besan las esclavas y luego Penélope, encomienda á ésta que vote ofrecer sacrificios á Júpiter si llega á realizarse la venganza, vase al ágora, se junta con Méntor, Ántifo y Haliterses, dice á Pireo que siga guardando los presentes de Menelao y se lleva á Teoclímeno al palacio, XVII, 1 á 84; Telémaco y Teoclímeno se bañan, comen, y aquél cuenta á Penélope su viaje á Pilos y á Esparta, XVII, 85 á 149; recuerda Teoclímeno el agüero que le interpretó á Telémaco acerca de la vuelta de Ulises, XVII, 152 á 161; desea Melantio que Telémaco sea herido por las flechas de Apolo ó que sucumba á manos de los pretendientes, XVII, 251 y 252; advierte Telémaco la llegada del porquerizo, lo llama á su vera, le da pan y carne para que lo entregue al mendigo (Ulises) y éste, al recibirlo, ruega á Júpiter que á Telémaco se le cumpla cuanto desea, XVII, 328 á 355; Eumeo, respondiendo á una increpación de Antínoo, dice que nada le importa mientras le vivan Penélope y Telémaco, y éste le aconseja que no responda largamente á aquél, XVII, 380 á 395; Telémaco invita á Antínoo á dar algo al mendigo (Ulises), y Antínoo le contesta que si todos le diesen lo que él, se estaría tres meses sin salir de su casa, XVII, 396 á 408; cuando Antínoo le tira un escabel al mendigo (Ulises), Telémaco siente gran pena, mas no se le escapa ninguna lágrima, XVII, 488 á 491; mientras Penélope habla con el porquerizo, Telémaco estornuda reciamente y la reina lo tiene por buen agüero, XVII, 541 á 545; le dice Eumeo al mendigo (Ulises) que le llama Penélope, la madre de Telémaco, y el mendigo le contesta que teme á los pretendientes, pues le han dado un golpe sin que lo impidiera Telémaco ni otro alguno, XVII, 553 á 568; Eumeo se despide de Telémaco para volverse á los puercos, y éste le dice que se vaya después de cenar y que al romper el alba traiga hermosas víctimas, XVII, 591 á 601; Telémaco dice al huésped (Ulises) que, si desea quitar á Iro de en medio, á nadie ha de temer, XVIII, 60 á 65; Minerva no deja que Anfínomo se vaya del palacio, para que sea vencido por las manos y la lanza de Telémaco, XVIII, 155 y 156; Penélope reprende á Telémaco por haber dejado maltratar á un huésped, y él se disculpa y dice que el combate del huésped con Iro no se efectuó por haberlo acordado los pretendientes, y que ojalá se hallaran éstos como Iro después de la lucha, XVIII, 214 á 242; el mendigo (Ulises), oyendo las increpaciones de Melanto, dice que se lo va á contar todo á Telémaco, XVIII, 337 á 339; Telémaco amonesta á los pretendientes, y Anfínomo recomienda que nadie oponga contrarias razones al dicho justo de Telémaco y que el huésped quede al cuidado de éste, ya que ha venido á su morada, XVIII, 405 á 421; Ulises dice á Telémaco que han de esconder las armas, Telémaco manda á Euriclea que tenga encerradas á las mujeres, Ulises y Telémaco quitan las armas de las paredes, alumbrándoles Minerva, Telémaco sospecha que debe estar con ellos alguna deidad, Ulises le recomienda que se vaya á acostar, y Telémaco obedece, XIX, 3 á 50; dice Ulises á Melanto que á Telémaco no le pasará inadvertida la mujer que fuere mala, XIX, 86 á 88; dice Penélope que en adelante el huésped (Ulises) comerá al lado de Telémaco, XIX, 320 y 321; Telémaco se levanta de la cama, pregunta á Euriclea si se han cuidado del forastero, y se va al ágora á juntarse con los aqueos, XX, 124 á 146; los pretendientes maquinan cómo dar muerte á Telémaco, cuando aparece un águila y Anfínomo les dice que aquel propósito no tendrá buen éxito, XX, 241 á 246; Telémaco hace sentar al mendigo (Ulises) junto á la puerta de la sala, y dice á los pretendientes que se abstengan de las amenazas y de los golpes; ellos se admiran de que les hable con tanta audacia; Antínoo propone que se cumpla la orden de Telémaco ya que Júpiter no ha permitido que se le matara; y Telémaco no hace caso de estas palabras, XX, 257 á 275; por orden de Telémaco, se le sirve al mendigo (Ulises) la misma ración que á los demás convidados, XX, 281 á 283, 294 y 295; Telémaco increpa á Ctesipo, cuando éste tira la pata de buey al mendigo (Ulises), y manda á todos los pretendientes que repriman su insolencia, XX, 303 á 319; Agelao dice que nadie oponga contrarias razones á lo dicho por Telémaco y pide á éste que aconseje á su madre que se case, XX, 322 á 337; responde Telémaco que no retarda la boda, pero que no quiere echar del palacio á su madre, XX, 338 á 345; los pretendientes zahieren á Telémaco, burlándose de sus huéspedes, XX, 373 á 376; Telémaco dice que sin duda Júpiter le ha vuelto el juicio cuando, al manifestarle su madre que se irá de la casa, se ríe y se deleita; propone el certamen á los pretendientes, pero antes quiere probar de armar el arco, lo intenta, desiste, por indicación de su padre, y lo ofrece á los pretendientes, XXI, 102 á 139; dice Ulises á Eumeo y á Filetio que, si llega á triunfar de los pretendientes, los considerará á ellos como hermanos de Telémaco, XXI, 212 á 216; dice Penélope á Antínoo que no es decoroso ni justo que se ultraje á los huéspedes de Telémaco, XXI, 311 á 313; dice Telémaco á Penélope que es el único que puede disponer del arco, y le aconseja que torne á su habitación y se ocupe en sus labores, XXI, 343 á 353; Telémaco amenaza á Eumeo, mandándole que entregue el arco al mendigo (Ulises), y todos les pretendientes se ríen, XXI, 368 á 378; Eumeo dice á Euriclea que Telémaco le manda cerrar las puertas de la habitación y que no salga nadie aunque oigan gemidos ó estrépito de hombres, XXI, 381 á 385; el mendigo (Ulises), después de hacer pasar la flecha por el ojo de las segures, le dice á Telémaco que no le afrenta el huésped que está en su palacio, y que todavía tiene las fuerzas sin menoscabo, XXI, 423 á 430; obedeciendo una señal que le hace su padre, Telémaco se ciñe la espada, ase la lanza y se coloca junto á Ulises, XXI, 431 á 434; Telémaco atraviesa con su lanza á Anfínomo y se la deja clavada en el cuerpo por temor á los demás pretendientes, XXII, 91 á 98; Telémaco, por orden de su padre, va á buscar armas, las visten él, el boyero y el porquerizo, y se ponen todos junto á Ulises, XXII, 108 á 115; dice Ulises á Telémaco que alguna de las mujeres ó Melantio atiza la lucha, dando armas á los pretendientes; responde Telémaco que él ha tenido la culpa por haber dejado abierta la puerta del cuarto donde las mismas están depositadas, y encarga á Eumeo que vaya á ver quién es, XXII, 150 á 159; encarga Ulises á Eumeo y á Filetio que le aten las manos y los pies á Melantio, mientras él y Telémaco resisten la acometida de los pretendientes, XXII, 170 á 177; Telémaco mata á Euríades, á Anfimedonte, que lo había herido levemente, y á Leócrito, XXII, 267, 277 y 278, 284, 294; dice Femio á Ulises, invocando el testimonio de Telémaco, que cantaba en el palacio porque le obligaban los pretendientes; Telémaco ruega á su padre que no lo mate y que salve también á Medonte; éste se presenta y abraza las rodillas de Telémaco; y Ulises se abstiene de matarlos, XXII, 350 á 372; por orden de Ulises, Telémaco llama á Euriclea y la anciana sigue á Telémaco hasta llegar á la sala, XXII, 390 á 400; dice Euriclea á Ulises que, como Telémaco hace poco tiempo que llegó á la juventud, su madre no le dejaba tener mando en las mujeres, XXII, 426 y 427; Ulises ordena á Telémaco, al boyero y al porquerizo que hagan trasladar los cadáveres por las esclavas culpables, pongan en orden la estancia y maten á dichas mujeres en el patio, XXII, 435 á 445; Telémaco, el boyero y el porquerizo pasan la rasqueta por la sala, XXII, 454 á 456; Telémaco ahorca con una soga á las mujeres culpables; y luego él, el boyero y el porquerizo dan cruel muerte á Melantio, XXII, 461 á 477; dice Euriclea á Penélope que Telémaco ya sabía que Ulises se hallaba en el palacio, XXIII, 29, y que ellas, durante la matanza de los pretendientes, permanecieron llenas de pavor en lo más hondo de su habitación hasta que Telémaco la llamó, XXIII, 41 á 44; reprende Telémaco á su madre por la frialdad que demuestra ante Ulises, XXIII, 96 á 103; dice Ulises á Telémaco que permita á Penélope que lo pruebe, XXIII, 112 á 114; contestando Telémaco á una pregunta de Ulises, dice que vea él mismo lo que conviene hacer y no les faltará bríos para seguirle, XXIII, 123 á 128; Telémaco, el boyero y el porquerizo dejan de bailar y se acuestan, XXIII, 297 á 299; Ulises hace levantar á Telémaco, al boyero y al porquerizo, ármanse todos, y salen al campo, XXIII, 366 á 372; Anfimedonte cuenta á Agamenón, en el Orco, que Ulises y Telémaco se concertaron para acabar con los pretendientes, que éste último se presentó en el palacio y que luego entró aquél, XXIV, 151 á 155, que Ulises y Telémaco escondieron las armas que había en el palacio, XXIV, 164 á 166, que Telémaco mandó entregar el arco á Ulises, que estaba transfigurado en un mendigo, y que Ulises y los suyos mataron á todos los pretendientes, XXIV, 175 á 181; dice Ulises á Laertes que á Telémaco, al boyero y al porquerizo los ha enviado á la casería para que aparejen el almuerzo, se encaminan ambos á la misma y hallan á aquéllos ocupados en cortar carne y en mezclar el vino, XXIV, 359 á 364; Ulises exhorta á Telémaco á ser valiente en el combate con los itacenses, Telémaco contesta que no deshonrará su linaje, y Laertes se huelga de oirlo, XXIV, 505 á 515; Ulises y Telémaco se arrojan á las primeras filas de los itacenses y los mataran á todos si Minerva no hubiese intervenido suspendiendo la lucha, XXIV, 526 á 530.

Télemo (Τήλεμος): Hijo de Éurimo y antiguo vate de los Ciclopes. Predijo á Polifemo que sería cegado por Ulises, IX, 508 á 512.

Telépilo (Τηλέπυλος): Ciudad de la Lestrigonia, X, 82; XXIII, 318. Algunos creen que Τηλέπυλος es adjetivo y lo traducen de una de estas maneras: de puertas grandes, anchas ó altas, de puertas que están á gran distancia unas de otras, cuyas puertas se hallan lejos, etc.

Témesa (Τεμέση): Ciudad, según unos de Italia y según otros de la isla de Chipre, I, 184.

Temis (Θέμις): Diosa. Telémaco ruega á los pretendientes por Júpiter y por Temis, que junta y disuelve las ágoras de los hombres, II, 68 y 69.

Ténedos (Τένεδος): Isla del mar Egeo, cerca de Troya. Estaba consagrada á Apolo. Al regresar de Troya, Néstor y los que le acompañaban ofrecieron en Ténedos sacrificios á los dioses, III, 159.

Teoclímeno (Θεοκλύμενος): Adivino, hijo de Polifides y descendiente de Melampo. Huyendo de Argos, donde matara á un hombre, se presenta á Telémaco y logra del mismo que pueda embarcarse en su navío, XV, 222 á 286; al desembarcar, pregunta á Telémaco, que se queda en el campo, á cuál casa tiene que ir cuando llegue á Ítaca; interpreta un agüero diciendo que el linaje de Telémaco reinará perpetuamente en Ítaca; y Telémaco lo recomienda á Pireo, para que le dé hospitalidad hasta que él vaya á Ítaca, XV, 508 á 543; comparece con Pireo en el ágora, y Telémaco se lo lleva á su palacio, es lavado y ungido por las esclavas, come con Telémaco, y dice á Penélope que Ulises ya se halla en su patria y maquina males contra los pretendientes, XVII, 71 á 165; al observar á los pretendientes, á quienes Minerva ha perturbado la razón, les pregunta qué mal padecen, vaticina la muerte de los mismos y se va á la casa de Pireo que lo acoge benévolo, XX, 350 á 372; los pretendientes se ríen de que Teoclímeno se haya levantado á pronunciar vaticinios, XX, 380.

Terpíada (Τερπιάδης): Hijo de Terpio. Nombre patronímico del aedo Femio, XXII, 330.

Teseo (Θησεύς): Rey de Atenas, hijo de Egeo. Llevóse de Creta á Ariadna, pero la mató Diana en Día, XI, 321 á 325; Ulises lo deseaba ver cuando fué al Orco, XI, 631.

Tetis (Θέτις): Diosa marina, hija del Océano, mujer de Peleo y madre de Aquiles. Propuso el juicio para adjudicar las armas de Aquiles, fallado por los teucros y por Palas Minerva en favor de Ulises, XI, 546 y 547; salió del mar, acompañada de las diosas marinas, para asistir á las exequias de su hijo Aquiles, y los aqueos cobraron tal miedo que se lanzaran á las naves si no los hubiese detenido Néstor; entregó á los aqueos un ánfora de oro, construída por Vulcano, para que en la misma colocaran los huesos de Aquiles, juntamente con los de Patroclo y también, aunque algo apartados, los de Antíloco, y dió premios hermosísimos para los juegos fúnebres celebrados en honor del héroe, XXIV, 47 á 92.

Ticio (Τιτυός): Hijo de la Tierra. Habitaba en la isla de Eubea, y Radamanto fué á verle, conducido por los feacios, VII, 323 y 324; está condenado en el Orco á que dos buitres le roan constantemente el hígado, porque quiso forzar á Latona, XI, 576 á 581.

Tidida (Τυδείδης): Hijo de Tideo. Nombre patronímico de Diomedes, III, 181.

Tierra (Γαῖα): El poeta llama á Ticio Γαιήϊον υἱόν, hijo de la Tierra, VII, 324.

Tiestes (Θυέστης): Héroe griego, hermano de Atreo, y rey de Micenas. Fué padre de Egisto y le dejó la casa que éste habitaba, IV, 517 y 518.

Tiestíada (Θυεστιάδης): Hijo de Tiestes. Nombre patronímico de Egisto, IV, 518.

Tíndaro (Τυνδάρεος): Hijo de Ébalo, marido de Leda y padre de Cástor, de Pólux y de Clitemnestra, XI, 298 á 300; XXIV, 199.

Tiresias (Τειρεσίης): Celebérrimo adivino tebano. Fué hijo de Everes y de la ninfa Cariclo (Apolodoro, Biblioteca, lib. III, cap. VI, 7). Advierte Circe á Ulises que él y los suyos han de ir al Orco á consultar el alma del adivino Tiresias, el único muerto que tiene inteligencia y saber, X, 490 á 495, 563 á 565; encarga Circe á Ulises que, en llegando al Orco, haga voto de inmolar un carnero negro á Tiresias y no deje beber la sangre á nadie hasta haber interrogado al adivino, pues éste le dirá la manera cómo puede volver á Ítaca, X, 524, 525, 536 á 540; al llegar al Orco, Ulises hace voto de inmolar un carnero negro á Tiresias tan luego como torne á Ítaca, XI, 32 y 33, y no permite que las demás almas, ni siquiera la de su madre, beban la sangre hasta haber interrogado al adivino, XI, 32, 33, 49, 50, 88 y 89; llega el alma de Tiresias, bebe la sangre, le dice á Ulises que, si deja indemnes las vacas y las ovejas del Sol, se salvará con su nave y sus compañeros, y que, en otro caso, perderá aquéllas y éstos; le habla de los pretendientes; le encarga que ofrezca, después de llegar á Ítaca, sacrificios á Neptuno; le vaticina que tendrá una placentera vejez; le manifiesta que cualquier alma á la que permita beber la sangre responderá á sus preguntas; y se vuelve á la morada de Plutón, XI, 90 á 151; dice Ulises á su madre y luego á Aquiles, en el Orco, que ha ido á consultar el alma de Tiresias, XI, 164 y 165, 479 y 480; al oir, desde la nave, las voces de las vacas y de las ovejas del Sol, Ulises se acuerda de las palabras de Tiresias y revela el oráculo de éste á los compañeros, XII, 264 á 276; Ulises refiere á Penélope que, por indicación de Tiresias, ha de ofrecer sacrificios á Neptuno, XXIII, 251 á 284, y le cuenta cómo bajó al Orco para consultar el alma del mencionado adivino, XXIII, 322 y 323.

Tiro (Τυρώ): Hija de Salmoneo, esposa de Creteo y madre de Esón, de Feres y de Amitaón, que tuvo de su marido, y de Pelias y de Neleo, que concibió de Neptuno; pues Tiro se había enamorado del río Enipeo y Neptuno tomó la figura de éste y se unió con ella, XI, 235 á 259.

Titón (Τιθωνός): Hijo de Laomedonte. La Aurora se levanta del lecho, donde reposa á su lado, para alumbrar á los inmortales y á los mortales, V, 1 y 2.

Toante (Θόας): Hijo de Andremón y caudillo de los etolos que fueron á Troya. En una fingida relación, cuenta el mendigo (Ulises) que Toante, puesto en emboscada con Ulises y otros jefes cerca de Troya, corrió hacia las naves para decir á Agamenón que enviara más guerreros, XIV, 499 á 501.

Ton (Θῶν): Egipcio, marido de Polidamna, IV, 228.

Toón (Θόων): Uno de los jóvenes feacios que toman parte en los juegos celebrados ante Ulises, VIII, 113.

Toosa (Θόωσα): Ninfa, hija de Forcis y madre de Polifemo que tuvo de Neptuno, I, 71 á 73.

Tracia (Θρῄκη): Región del Norte de Grecia. Á ella se fué Marte cuando le soltó Vulcano, después de aprisionarle, junto con Venus, en los lazos que colocó alrededor de la cama, VIII, 361.

Trasimedes (Θρασυμήδης): Caudillo griego, hijo de Néstor. Degüella la novilla en el sacrificio que Néstor ofrece á Minerva, III, 414 á 450.

Trinacria (Θρινακίη): La isla de Sicilia, según la opinión casi unánime de todos los intérpretes, de la cual se separa Völcker, XI, 107; XII, 127, 135; XIX, 275.

Tritogenia (Τριτογένεια): Epíteto de Minerva. Interprétase de diferentes maneras por los traductores: nacida junto al lago Tritón, en Beocia, Tesalia ó Libia; nacida en el tercer día del mes, etc., III, 378.

Troya (Τροίη): Región de la Tróade y ciudad de la misma, llamada también Ilión, I, 2, 62, 210, 327, 355; III, 257, 268, 276; IV, 6, 99, 146, 488; V, 39, 307; IX, 38, 259; X, 40, 332; XI, 160, 499, 510; XII, 189; XIII, 137, 248, 388; XIV, 229, 469; XV, 153; XVI, 289; XVII, 314; XVIII, 260, 266; XIX, 8, 187; XXIV, 37.

Ulises (Ὀδυσσεύς y Ὀδυσεύς): Rey de Ítaca, hijo de Laertes y de Anticlea, y padre de Telémaco: II, 2, 415; III, 64, 352, 398; XV, 59, 63, 267, 554; XVI, 48, 118 á 120; XVII, 3, 152; XX, 283. Es el protagonista del poema, que de su nombre Ὀδυσσεύς se llama Ὀδύσσεια, pues toda la acción gira á su alrededor hasta en las escenas en que no interviene. El poeta invoca á la Musa para que le hable de Ulises que, cuando los demás caudillos griegos habían vuelto de Troya á su respectiva patria, hallábase detenido por la ninfa Calipso, I, 1 á 15; todas las deidades, menos Neptuno, se compadecen del héroe, y en el concilio de los dioses propone Minerva que Mercurio vaya á decir á Calipso que le deje partir de la isla Ogigia, I, 19 á 21, 48 á 87; baja Minerva del Olimpo y, transfigurada en Mentes, se detiene en el vestíbulo de la morada de Ulises, I, 103; Telémaco toma la lanza de Mentes (Minerva) y la pone en la lancera de Ulises, I, 129; Mentes (Minerva) le dice á Telémaco que Ulises volverá, le pregunta si es su hijo pues se le parece mucho, I, 196 á 212, se lamenta de la ausencia del héroe, le refiere cómo lo conoció y le asegura que si tornara se vengaría de los pretendientes, I, 253 á 266; Telémaco dice á Penélope que se resigne á oir el canto del aedo sobre la vuelta de los aquivos, pues no fué Ulises el único que perdió en Troya la esperanza de volver, I, 346 á 355; Telémaco, contestando á Antínoo, le dice que reine cualquiera en Ítaca, ya que murió Ulises, y él será señor de los bienes que éste adquirió, I, 396 á 398; un hijo de Egiptio había ido á Ilión con Ulises, II, 17; desde que se fué Ulises no se han reunido los itacenses en el ágora hasta que los convoca Telémaco, II, 26 y 27; laméntase Telémaco, en el ágora, de no tener en el palacio un hombre como Ulises, para arrojar del mismo á los pretendientes, II, 59, y pide á éstos que se retiren, á no ser que Ulises les haya causado algún daño y quieran vengarse, II, 71 á 73; cuenta Antínoo que Penélope dijo á los pretendientes que, ya que había muerto Ulises, no instaran el casamiento hasta que ella acabara un sudario para Laertes, II, 96 á 100; Haliterses vaticina la vuelta de Ulises, II, 163 á 177; responde Eurímaco que Ulises murió lejos de su patria, II, 182 y 183; Ulises, al embarcarse, había encomendado su casa á Méntor, II, 225 á 227; dice Méntor que no tanto aborrece á los pretendientes como á los otros ciudadanos, pues si aquéllos devoran la casa de Ulises, ponen á ventura sus cabezas, II, 233 á 241; responde Leócrito que si Ulises volviera y luchara con los pretendientes, sería muerto por éstos, II, 246 á 250; vanse los pretendientes á la casa de Ulises, II, 259; dice Méntor (Minerva) á Telémaco que, como no le falta del todo la inteligencia de Ulises, realizará el viaje á Pilos y á Esparta, II, 274 á 280; dice uno de los pretendientes que quizás Telémaco morirá en el viaje, vagando como Ulises, II, 333; pide Telémaco á Euriclea que le ponga en ánforas el vino que sea más suave después del que guarda para Ulises, II, 340 á 352; dice Euriclea que Ulises ha muerto en un pueblo ignoto, II, 366; Minerva va al palacio de Ulises y les infunde sueño á los pretendientes, II, 393 á 395; dice Telémaco á Néstor que ha ido á Pilos por si oyere hablar de Ulises, III, 81 á 84, y le ruega que, si el héroe le cumplió algún día una promesa, le relate ahora cuanto sepa del mismo, III, 98 á 101; dice Néstor que, mientras los aqueos permanecieron en Troya, nadie se igualó en prudencia con Ulises y que éste y él siempre estuvieron de acuerdo, III, 121 á 127; desde Ténedos, Ulises y los que le acompañaban volvieron á Troya para complacer á Agamenón, III, 162 á 164; desea Néstor que Minerva proteja á Telémaco como asistía á Ulises, III, 218 á 220; dice Menelao que por nadie llora tanto como por Ulises, IV, 104 á 112; Helena, al ver á Telémaco, nota la semejanza que tiene con el hijo de Ulises, IV, 141 á 146, y responde Menelao que también la había observado, IV, 147 á 154; dice Helena que no podría referir todos los trabajos de Ulises y cuenta cómo penetró en Troya disfrazado de mendigo, IV, 240 á 264; refiere Menelao lo que hizo Ulises, dentro del caballo de madera, cuando Helena llamaba desde fuera á los caudillos griegos, IV, 269 á 289; dice Telémaco á Menelao que, si Ulises le ha cumplido algún día una promesa, le refiera cuanto sepa del mismo, IV, 328 á 331; dice Menelao que Ulises, si vuelve, se vengará de los pretendientes, IV, 340 á 346; solázanse los pretendientes ante el palacio de Ulises cuando va á encontrarlos Noemón, IV, 625, y luego penetran en el mismo, IV, 674; pregunta Penélope á Medonte si le envían los pretendientes para decirles á las esclavas de Ulises que suspendan el trabajo, IV, 681 á 683; dice Penélope que Ulises á nadie hizo agravio, IV, 689 á 691; vase Medonte por la morada de Ulises, IV, 715; desea Penélope que Laertes se queje de que los pretendientes quieran exterminar el linaje de Ulises, IV, 739 á 741; Penélope ruega á Minerva que le salve el hijo, acordándose de los sacrificios que le ofrecía Ulises, IV, 762 á 765; en el concilio de los dioses, Minerva refiere los infortunios de Ulises, y Júpiter envía á Mercurio para que ordene á Calipso que despida á Ulises, V, 5 á 42; llega Mercurio á la gruta de Calipso, sin que encuentre á Ulises dentro de la misma, traslada á Calipso la orden de Júpiter, enfurécese la ninfa, y Mercurio le recomienda que despida pronto á Ulises y no se atraiga el enojo de Júpiter, V, 81 á 147; va Calipso al encuentro de Ulises, le dice que dejará que se vaya, le jura que no maquina nada malo contra él, y le proporciona lo que ha menester para fabricar una balsa, V, 148 á 261; Ulises se hace á la mar, navega diez y siete días y lo ve Neptuno, que promueve una tempestad; deshácese la balsa, Leucotea da un velo á Ulises para que sea insumergible, y por fin sale el héroe por la desembocadura de un río, sube á un altozano y se acuesta en un montón de hojarasca, V, 269 á 493; mientras Ulises duerme, Minerva, pensando en el regreso del mismo á su patria, va á encontrar á Nausícaa, VI, 1 á 14; cuando Nausícaa y sus criadas juegan á la pelota, hace Minerva que ésta caiga en el río para que las mujeres griten y despierten á Ulises, VI, 110 á 117; sale Ulises de la hojarasca, se presenta á Nausícaa y le dirige insinuantes palabras para que le dé un vestido y lo guíe á la ciudad, VI, 127 á 185; las esclavas, por orden de Nausícaa, entregan á Ulises un manto y una túnica y le invitan á bañarse; él les ruega que se aparten; se lava; Minerva le difunde una gracia divinal por la cabeza y los hombros; Nausícaa, que lo contempla admirada, desea tenerlo por marido, y manda á las siervas que le den de comer, VI, 211 á 246; Ulises come ávidamente y luego, por indicación de Nausícaa, sigue el carro en que va ésta con sus esclavas, y, al llegar al bosque de Minerva, se detiene y ora á la deidad, VI, 248 á 331; mientras Ulises ruega, Nausícaa llega al palacio, VII, 1 á 2; encamínase Ulises á la ciudad, se le hace encontradiza Minerva, transfigurada en una joven, le da noticias del país y lo lleva al palacio de Alcínoo, VII, 14 á 49; Ulises admira el palacio, entra en el mismo, póstrase á los pies de Arete y le suplica que lo conduzcan á la patria, VII, 81 á 83, 133 á 152; Alcínoo levanta á Ulises, lo hace sentar en la silla de Laodamante y manda que le den de comer, VII, 167 á 178; Ulises, contestando á Alcínoo, dice que no es un dios, sino el más desgraciado de los hombres y pide que lo lleven á su patria, VII, 207 á 225; Ulises se queda en el palacio y, respondiendo á las preguntas de Arete, cuenta cómo llegó desde la isla Ogigia al país de los feacios y cómo se presentó á Nausícaa, VII, 230 á 297; suplica á Alcínoo que no reprendan á ésta por no haberle llevado consigo, VII, 302 á 307; al oir que Alcínoo promete llevarlo á la patria, invoca á Júpiter para que dé gloria al rey y éste cumpla su promesa, VII, 329 á 333; las criadas invitan á Ulises á acostarse en la cama, y el héroe duerme debajo del pórtico del palacio de Alcínoo, VII, 340 á 345; levántase Ulises al día siguiente y, juntamente con el rey, se encamina al ágora, VIII, 3 á 6; Minerva, pensando en la vuelta de Ulises, exhorta á los feacios para que vayan al ágora, VIII, 7 á 14; Minerva difunde la gracia por la cabeza y los hombros de Ulises á fin de que les sea agradable á los feacios, VIII, 18 á 23; canta Demódoco la disputa de Ulises y Aquiles, y Ulises, al oirle, llora, VIII, 73 á 92; Laodamante invita á Ulises á probarse en los juegos y el héroe se excusa; pero, al reprochárselo Euríalo, toma el disco, lo tira más lejos que nadie y desafía á los feacios á probarse con él en toda clase de juegos, sin exceptuar más que á Laodamante, VIII, 143 á 233; contempla Ulises con admiración las mudanzas que hacen con los pies los danzadores feacios, VIII, 264 y 265; huélgase Ulises de oir cantar á Demódoco, que refiere los amores de Marte y Venus, VIII, 367 y 368; expresa Ulises á Alcínoo el asombro con que contempla á los danzadores feacios, VIII, 381 á 384; Ulises saluda y desea felicidades á Euríalo, que le regala una espada de bronce, VIII, 412 á 415; Ulises, por indicación de Arete, encaja la tapa y echa un nudo al arca en que le han puesto los regalos de los feacios, VIII, 446 á 448; Nausícaa se admira, al clavar los ojos en Ulises, saluda al héroe, y éste promete invocarla en su casa como á una diosa, VIII, 457 á 468; Ulises corta una tajada del espinazo de un puerco asado, se la envía como obsequio á Demódoco y le pide que cante el episodio del caballo de madera, VIII, 474 á 498; refiere el aedo cómo los caudillos griegos se hallaban con Ulises dentro del caballo de madera, cómo fué destruída la ciudad y cómo, yendo Ulises y Menelao á la casa de Deífobo, sostuvieron un terrible combate, VIII, 502 á 520; Ulises llora y se consume al escucharlo, y Alcínoo le pregunta quién es, por qué llora y á dónde ha ido en sus peregrinaciones, VIII, 521 á 586; responde Ulises dándose á conocer y ensalzando su patria, y empieza á referir sus aventuras desde que salió de Troya, IX, 1 á 38; relata sucesivamente lo que le ocurrió: