Deseando la clase militar, como ella misma lo decia en su programa, coadyuvar á las funciones con que esta poblacion celebraba las fiestas de su Patron San Juan Bautista; y queriendo todos participar de la espansiva alegría de aquellos dias, no solo dió el baile que antes dejo descrito, sino que tomó un dia tanto para el aumento de las diversiones, cuanto para manifestar sus afectuosas simpatías por los habitantes de esta Capital.
Ese dia fué el 26 de Junio y además se habian preparado muchos y variados fuegos artificiales para la noche del 25, pero desgraciadamente un descuido involuntario hizo que ardieran todos instantáneamente á las tres de la tarde del dia anterior, en la casa del pirotécnico que los confeccionaba, quitando la diversion al vecindario y ocasionando no pequeño susto por la fuerte detonacion que se sintió en todos los ámbitos de la Ciudad y que en el primer momento hizo temer á muchas personas que se repitieran los pasados conflictos. El temor, sin embargo, desapareció bien pronto porque, como de costumbre, un numeroso concurso se reunió inmediatamente en el punto de la catástrofe y á los pocos instantes habia cesado el fuego sin tener que lamentarse desgracia alguna ni otras pérdidas que las de los fuegos que representaban un valor de quinientos duros próximamente y las averías sufridas por la casa en que se hallaban.
La alborada del dia siguiente fué anunciada á la poblacion por las bandas de música y tambores de todos los cuerpos de la guarnicion, que con sus armoniosos sonidos recordaron á los habitantes, que medio dormidos se refocilaban en el lecho, que aun no habia terminado el alegre mes de Junio; y pronto los gratos ecos de la diana llevaron á todas partes el anuncio de un nuevo dia de fiestas y regocijo públicos. El sol al levantarse sobre nuestro horizonte iluminó otra vez la ciudad engalanada con sus mil banderas de vívidos colores, y los alegres habitantes se dispusieron á gozar por última vez de los festejos del Patron.
A las tres de la tarde, segun lo anunciaba el programa, diferentes comparsas representando distintos provinciales de la Madre patria, salieron á recorrer las calles, ofreciendo un espectáculo, sinó nuevo, poco comun en nuestro pueblo y que siempre es visto con gusto, así por aquellos en quienes despierta el recuerdo del suelo natal, como por los demás que miran como propio todo lo de aquellos con quienes los une el dulce lazo de una misma nacionalidad. Habia Catalanes, Salamanquinos, Montañeses, Valencianos, Aragoneses y Gallegos; y todos ellos llevaban la música propia de sus bailes provinciales que ejecutaban con la propiedad del que nada tiene que copiar y el gozo del que trae á su memoria los alegres dias de la juventud, pasados en los atractivos placeres del hogar doméstico.
La noche anterior los cuerpos sacaron una gran alborada, en la que se cantó el himno cuya letra encontrarán los lectores en el apéndice; dando esto motivo á que hubiera extraordinaria concurrencia en la plaza principal y grande animacion en las calles que aquella recorrió. En esta fiesta fué de notarse, además de la espansiva alegría que en todas las otras reinó, la franca cordialidad con que se vieron unidos el pueblo y el ejército, dando así una nueva prueba de que son comunes sus pensamientos, como es comun en ambos el amor de la patria que ambos reconocen.
Con las fiestas de los militares que proporcionaron dos dias de regocijo al pueblo y terminaron con el baile que antes queda descrito, concluyeron las fiestas del Patron; pero creo justo decir dos palabras sobre el concierto dado en las Salas de la Sociedad Económica por algunos jóvenes artistas; pues aunque no entrara en el programa de aquellas, contribuyó á su mayor lucimiento y ofreció uno de esos espectáculos puramente artísticos, tan poco comunes por desgracia entre nosotros.
El salon en que se dió el concierto era el mismo en que se hallaba la exposicion de pinturas del Sr. Oller, cuya circunstancia daba mayor realce á la fiesta y ofrecia un enlace entre la música, la poesía y la pintura que decia al corazon mas que todo lo que hubieran podido expresar los artistas que llevaron á cabo el espectáculo. Eran dichos artistas los jóvenes D. Manuel Tavarez, D. Francisco Oller y don Ignacio Marti, ventajosamente conocidos en nuestro país y fuera de él, el primero como un notable pianista, el segundo como pintor que revela el genio en sus obras y el tercero como requinto que no solo brilla por su maestria en la ejecucion sino por el sentimiento con que ejecuta. Unióse á ellos además el jóven D. Lorenzo Puente que leyó una bonita composicion escrita por él mismo y la señorita doña Josefa Gautier y Benitez que, con voz de timbre mas dulce y puro que las tiernísimas notas arrancadas por Tavarez al piano para acompañarla, leyó una melópea escrita por el mismo Puente Acosta. Oller que, como buen artista, rinde tambien culto á Euterpe, nos hizo gustar, con su simpática y segura voz de barítono, distintas piezas de diversas óperas y algunas canciones de muy buen gusto. Tavarez entusiasmó, como de costumbre, á la concurrencia que, cualquiera que sea, admirará siempre su genio músico no contenido ni aun por los obstáculos que ha querido oponerle su naturaleza física, víctima de una terrible enfermedad; y Marti dió á comprender una vez mas lo que puede el arte sabiendo arrancar dulcísimas melodías aun al mas ingrato instrumento.
La fiesta de los jóvenes artistas no pudo menos de dejar agradabilísimas impresiones en todos los que á ella concurrieron; y cerró de una manera cumplida y digna el largo cortejo de fiestas que, en obsequio del Santo Patron, se habian sucedido, casi sin intermision, durante todo el mes de Junio.