[63] L. C. Mapa Mundi, sección VIII, de quantitate terræ.

La prueba de que Colón medía la distancia recorrida en millas italianas encuéntrase en el diario de su primer viaje, viernes 3 de Agosto de 1492, donde dice «sesenta millas que son quince leguas». Las leguas marinas españolas son de tres millas. Tomás Parcacchi (Isole più famose del Mundo), cuya segunda edición es de 1576 recuerda que diez y siete y media leguas ó 70 millas de Italia forman un grado. No se usaban por tanto en los siglos XV y XVI las antiguas millas romanas que en número de 75 formaban un grado ecuatorial.

[64] «Memoria ó anotación que hizo el Almirante, mostrando ser habitables todas las cinco zonas con la experiencia de la navegación.» Barcia, Historiadores primitivos de Indias, tomo I, páginas 4, 6.

[65] «Estando el Almirante en Portugal, empezó á conjeturar que del mismo modo que los portugueses navegaron tan lejos al Mediodía, podría navegarse la vuelta de Occidente y hallar tierra en aquel viaje; y para confirmarse más en este dictamen, empezó de nuevo á ver los autores cosmógrafos que había leído antes, y á considerar las razones astrológicas que podían corroborar su intento, y consiguientemente notaba todos los indicios de que oía hablar á algunas personas y marineros por si en alguna manera podría ayudarse de ellos. De todas estas cosas supo también valerse el Almirante, que vino á creer por sin duda que al Occidente de Canarias y de las islas de Cabo Verde había muchas islas, que era posible navegar á ellas y descubrirlas; y para que se vea de cuán débiles argumentos llegó á fabricarse ó salir á luz una máquina tan grande, y para satisfacer á muchos que desean saber distintamente los motivos que tuvo para venir en conocimiento de estas tierras y tomar á su cargo esta empresa, referiré lo que he hallado en sus escritos sobre esta materia.»

[66] ¿Por qué medios? Sin duda comparando las altitudes obtenidas á los resultados de la estima, y considerando los rumbos en los cuales se singlaba. Inútil es recordar aquí de cuántos elementos inciertos dependía este cálculo, sobre todo añadiendo á estas incertidumbres la imperfección de la medida del surco por la corredera ó cadena de la popa, y el efecto de la influencia de las corrientes y de la declinación variable de la brújula. En la carta á los Monarcas Católicos donde hace la relación del tercer viaje de descubrimiento, vemos al Almirante practicar la valuación del valor de un grado equinoccial, según Alfragan. Aplica esta valuación aunque confusamente á la longitud del Golfo de las Perlas (Golfo de Paria) y á la distancia de este golfo á las islas Canarias. Navarrete, t. I, página 258.

[67] Dos páginas extraordinariamente raras que publicó por primera vez Muratori conforme á un manuscrito conservado en Génova (Rerum Italicarum Scriptores, 1733, t. XXIII, página 302). El mismo Antonio Gallo ha escrito De Rebus Genuensium, 1466-1478. Se vanagloria de haber redactado el breve comentario De Navigatione Columbi conforme á las cartas firmadas por el Almirante (epistolas quas vidimus manu propria Columbis subscriptas).

[68] El verso 5.º, que contiene las siguientes palabras: Et in omnem terram exibit senus eorum et in fines orbis terræ verba eorum, dió ocasión á este raro episodio, que no se esperaba por cierto encontrar en un salterio.

[69] Vida de D. Cristóbal Colón, cap. X. Al fin de este capítulo se trata del mapamundi que Bartolomé Colón dibujó en Londres en 1488 para el rey Enrique VII, y de los versos exámetros que el dibujante se atribuye haber compuesto:

Pingitur hic etiam nuper sulcata carinis

Hispanis, zona illa, prius incognita genti,

Torrida, quæ tandem nunc est ab nottisima multis.

La exactitud histórica exigiría en estos versos el elogio de los portugueses, quienes visitaban entonces más que los españoles las costas tropicales de África.

[70] Vida de D. Cristóbal Colón, cap. II. Aunque D. Fernando muestra generalmente altivez de sentimientos y declara que el hijo de Cristóbal Colón no necesita más gloria hereditaria que la que puede legar un grande hombre, su ira contra el obispo Giustiniano la exitó, según parece, un motivo poco filosófico. El Obispo había dicho en el salterio «que la familia del Almirante ejercía pobremente un oficio manual».

[71] Navarrete. Viajes y descubrimientos de los españoles, tomo III. Colección diplomática, págs. 539, 583, 586 y 587. «Estándo cerca de Paria, el Almirante demandó á los pilotos el punto de viaje que llevaban, é unos decian que estaban en la mar de España, é otros en la mar de Escocia» (sin duda á causa del mar alto y agitado que se encuentra en las inmediaciones de la isla de la Trinidad). «El Almirante (dice el testigo Bernardo de Ibarra) envió á España en una carta de de marear los rumbos y vientos por donde había llegado á Paria. Por aquella carta se habian hecho otras é por ellas habian venido Pedro Alonso Merino (Niño) e Ojeda.» Era más que la pintura de la tierra firme; era una carta de navegar. De igual suerte creo que lo dicho en una carta de la reina Isabel, recibida por Colón en Septiembre de 1493 en el Puerto de Santa María, respecto á la carta de marear que el Almirante había prometido á la Reina, y cuyo envío exige ésta con tantas instancias, no era más que el trazado de los descubrimientos del primer viaje. (Navarrete, t. II, pág. 107, núm. LXX.) Sería muy interesante encontrar estos diseños de mano de Colón, sobre todo los correspondientes á las tierras vistas el viernes 12 de Octubre de 1492.

[72] Plinio II, 68. Es el elocuente párrafo sobre la extrema pequeñez de los continentes que termina con estas palabras: «Hæc est materia gloriæ nostræ, hæc sedes; hic tumultuatur humanum genus, hic instauramus bella civilia mutuisque cadibus laxiorem facimus terram.»

[73] Colón, en la carta de 7 de Julio de 1503; Navarrete, tomo I, pág. 300; Barcia, t. I, pág. 6. La lectura de ciertos libros de filósofos (dice también su hijo D. Fernando) enseñó al Almirante que la mayor parte de nuestro globo estaba en seco.

[74] Es muy difícil clasificar, según sus épocas, los acontecimientos de la vida de Colón antes de que llegara á España. Con pocas excepciones, acepto el resultado de las investigaciones de Muñoz y de Navarrete. Fernando Colón, en la Vida del Almirante, cap. XIII, dice que el viaje á Thulé lo hizo en Febrero de 1477, citando una anotación de puño y letra de su padre; y Spotorno fija la fecha de una expedición á Túnez en 1478. (Códice diplomático Colombo-Americano, 1823, página XIII.) Si estos datos no son dudosos, porque Spotorno quiere también que el nacimiento de Cristóbal Colón fuera en 1447 en vez de 1436, los viajes á Thulé y á Tunez, como también los que hizo á la costa de Guinea, se habrían verificado después de la llegada del Almirante á Lisboa. Discutiremos en otro sitio la cuestión de si la isla que Colón llama Thyle ó Tile, cuyas costas meridionales se encuentran á 73 grados de latitud, y donde «tantos negociantes de Brístol llevan sus mercancías», puede ser la Islandia. No cito entre las aventuras de Colón la más extraordinaria, la que, fiando en la autoridad de Fernando Colón, repiten tantos biógrafos modernos, como si ignoraran las observaciones críticas del abate Ximénez y del historiógrafo D. Juan Bautista Muñoz. Preténdese que Colón, después de navegar largo tiempo con su pariente, el famoso corsario genovés llamado Colombo el Mozo, para no confundirle con su abuelo el Almirante que había vencido á los musulmanes, arrojóse al mar cuando el incendio de dos barcos sujetos con garfios de abordaje en un combate contra las galeras venecianas, verificado entre Lisboa y el Cabo de San Vicente. Fernando Colón dice que este suceso fué causa de que su padre fijase la residencia en Portugal, y que se refiere en la décima década del Tito Livio de su época, Marco Antonio Sabellico, bibliotecario de San Marcos. Pero Cristóbal Colón llegó á Lisboa en 1470, y Sabellico (Rhapsod. hist. en., dec. X, lib. 8; é Hist. ver. Venet., dec. IV, lib. 3) dice que el suceso ocurrió en 1485. (León Ximénez, Del Gnomone fiorentino, 1756, página XLVII; Muñoz, Intr., pág. VI.) Ahora bien: en 1485 encontrábase Colón hacía más de un año en España ganándose la vida con dibujos de cartas de marear y la venta de libros de estampas; probablemente habitaba en el Puerto de Santa María, en casa de su protector el Duque de Medinaceli.

Paréceme que esta última circunstancia resulta probada por una carta del Duque de Medinaceli, fechada el 19 de Marzo de 1493, en la que reclama de la corte algún privilegio de comercio, «por ser el primero que dió á conocer al Gobierno español este Colomo (El Duque transforma el apellido Colón casi en el de uno de los hombres más influyentes en aquella época, Juan de Coloma) (Códice diplomático Colombo-Americano, página 55) que ha hallado tan grande cosa». En 20 de Enero de 1486 encontramos ya al Almirante al servicio de los Reyes Católicos. (Navarrete, t. I, pág. XLII, t. II, Documentos dipl., núm. 14, pág. 20.)

En cuanto á los estudios, parece que Colón los continuó celosamente, viviendo en intimidad durante su permanencia en España con algunos religiosos muy instruídos como el franciscano Juan Pérez, guardián del convento de la Rábida, cerca de Palos, convento en el que Colón pidió un pedazo de pan para su hijo, durante la para él triste época en que, al exponer sus proyectos, se le respondía que todo era un poco de aire. Consultó también al padre dominico Diego Deza, profesor de Teología de la Universidad de Salamanca, que tenía á su cargo la educación del infante D. Juan, y fué después arzobispo de Sevilla; y finalmente, al cartujo Fr. Gaspar Gorricio, que trabajó con el Almirante en el libro de las Profecías. (Manipulus de auctoritaribus, dictis ac sententiis et prophetiis circa materiam recuperandæ Sanctæ Civitatis et montis Dei Sion; ad Ferd. et Helisab. reges nostros).

Estos religiosos ayudaron á Colón á aplicar las citas de los profetas á su empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo. Colón dice, al principio de la relación de su tercer viaje, que cuando todos se burlaban de él, sólo dos frailes fueron constantes amigos suyos. Las Casas en su Historia cree que el Almirante alude á Diego de Deza y á Fr. Antonio de Marchena, que acaso sea el guardián del convento de la Rábida Juan Pérez. El Almirante debió nombrar también al médico García Hernández (de Palos), que asistió á las primeras conferencias de la Rábida, y que, como testigo en el pleito con el fiscal del Rey, prestó tan señalados servicios á D. Diego Colón y á sus herederos. (Navarrete, t. III; Colección dipl., páginas 561, 596 y 604.)

[75] Las versiones latinas de los libros de Aristóteles De Cœlo, De Meteorología y De Animalibus, hechas sobre las de Averroës, se publicaron en 1473, 1474 y 1476. Circulaban además en la Edad Media muchas traducciones manuscritas de los libros de física de Aristóteles, entre ellas la versión de Miguel Scott. Strabón no fué publicado en griego hasta diez años después de la muerte de Colón, pero pudo éste aprovechar las traducciones latinas de Roma (1467) y de Venecia (1472). Los clásicos latinos eran los de más circulación, especialmente Séneca, que tanto animaba al paso desde España á la India, cuyas obras fueron impresas en 1475; Solino, que vió la luz en 1473; Pomponio Mela en 1471, y Plinio desde 1469.

[76] Encuéntrase en Joannis Schoneri Carolostad, Opusculum Geographicum, 1533, parte II, cap. I, gran número de citas falsas de autores clásicos aplicadas «á la América que no es una parte de la India superior.» Esta «India superior», denominación de la Edad Media, designaba las tierras al Nordeste de la India, extra Gangem; y como de muy antiguo y hasta los tiempos de Cosmas, por la confusión homérica de la Etiopía y de la India, la India exterior abarcaba al Oeste la Arabia y la Troglodítica (Letronne, Christ. de Nub., 1832, páginas 33 y 130), de igual manera en tiempos posteriores fué aplicado el nombre de India á las tierras más orientales. Esta extensión del mismo nombre influyó en las denominaciones dadas á América. De las tres Indias de Marco Polo (II, 77; III, 39 y 43; Africa, Edrisi, pág. 81, Hartm.), la segunda ó media (la Albisinia) era la India interior de Philostorgo y de muchos escritores eclesiásticos; pero no de Cosmas, cuya otra India ó India interior es el país de la seda, es decir, la India superior de los geógrafos de los siglos XV y XVI. El conocimiento de estas diferencias es indispensable para el estudio de los escritos geográficos é históricos de la Edad Media.

[77] Los resultados de esta misión más allá de Méroë pueden verse en Plinio, VI, 29.

[78] Navarrete, t. II, páginas 264 y 272. El Almirante añade: «Seneca in VII tragetide Medeæ in Choro audax nimium.» Es el final del acto segundo.

[79] Navarrete, t. I, páginas 303, 309 y 312.

[80] Historia de las Indias Occidentales, Dec. I, lib. I, capítulo I, pág. 2.

[81] En muchos manuscritos de Pomponio Mela se le llama Tile y Tyle.

[82] Vida del Almirante, cap. IV. Más adelante trataré este asunto.

[83] Fray Hernando de Talavera, que después fué primer Arzobispo de Granada, y que no debe ser confundido con el Arzobispo de Sevilla, antes Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, dominicano, sin el cual (carta del Almirante á su hijo D. Diego fechada el 21 de Diciembre) «Sus Altezas no hubieran adquirido las Indias». En efecto, después del franciscano Fr. Juan Pérez de Marchena, guardián del convento de la Rábida, Deza fué el amigo más fiel é íntimo de Colón.

Se cree con fundamento que la disputa de Salamanca ocurrió durante el invierno de 1487, porque el sitio de Málaga terminó el 18 de Agosto de 1487, y la época de la disputa está indicada, por la estancia de los Monarcas en Salamanca durante el invierno, después del sitio citado. Según asegura el historiógrafo Muñoz, Colón, favorecido por los dominicos, habitaba en Salamanca en el convento mismo de San Esteban con el citado profesor de Teología Fr. Diego de Deza. Vemos también que las primeras remuneraciones concedidas á Colón son de 1487 y 1488 por cédula del Obispo de Palencia; sin embargo, el favor singular, pero comodísimo para un viajero, de alojarse gratis él y los suyos en todos los dominios de España, procede del decreto de Córdoba de 12 de Mayo de 1489.

Al hablar de estos hechos anteriores al primer viaje, debo recordar uno curioso que Navarrete, relacionando fechas con sagacidad, ha puesto en claro, á saber, que no fueron tanto las persuasiones y buena amistad del Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, las que impidieron á Cristóbal Colón volver á Lisboa y aceptar los nuevos ofrecimientos del Rey de Portugal, contenidos en una carta de 20 de Marzo de 1488, como los amores y el avanzado estado de preñez de una bella dama cordobesa, doña Beatriz Enríquez, madre de D. Fernando Colón, hijo natural del Almirante, nacido el 15 de Agosto de 1488. Esta dama sobrevivió á Colón, quien en el testamento puso una cláusula en su favor, añadiendo ingenuamente: «la razon dello non es licito de la escrebir aqui.» Los biógrafos del grande hombre, como de costumbre, no han mostrado tan virtuosa discrección.

[84] «En fin, esta isla Atlántica podría ser la isla de que Séneca hace mención en el sexto libro de Las Cosas Naturales (el pasaje Quæstiones Nat., VI, 24) dice, según el pensamiento de Tucídides, que, pendiente la guerra de Morea, fué sumergida enteramente ó en parte una isla llamada Atlántica, de que habla Platón en el Timeo.»

[85] Estacio y Seboso que dicen..... En cuanto á las islas Hespérides de Seboso, «el Almirante tuvo por cierto que fuesen las de las Indias». Yo ignoro lo que sea un Tratado Cosmográfico de los lugares habitables del (historiador?) Julio Capitolino, que cita Fernando Colón, cap. VII.

[86] De este error participan casi todos los hombres instruídos del siglo XVI. Anghiera dice también (epíst. 769): «In Cassiteridibus insulis quas Portugalensis, earum possessor, Azorum insulas nuncupat, quæ acciderunt, audito.»

[87] Prueba esta influencia la rapidez con que se repitieron las ediciones de la Enciclopedia de Reisch en los primeros veinte años. Me he valido de la edición de 1503, que Panzer y Ebert consideran la más antigua; pero después demostraré que esta obra fué escrita antes de 1496.

[88] Tertuliano, De Pallio, cap. II. «Viderit Anaximander si plures (mundos) putat: viderit si quis uspiam alius ad Meropas, ut Silenus penes aures Midæ blatit, aptas sane grandioribus fabulis, &c. (Véase también Tertuliano, adversus Hermog. cap. XXV). «Silenum illum de alio orbe abseverantem.»

[89] Según Theopompo, el mismo Saturno es entre los occidentales una encarnación del invierno.

[90] «Quod si est alter orbis suntque opositi nobis á meridie Antichthones; ne illud quidem á vero nimium abscesserit, in illis terris ortum amnen (Nilum) ubi subter maria cæco alveo penetraverit, in nostris rursus emergere et hac re solstitio accrescere, quod tunc hiems sit unde oritur.» (Tzschucke, ad Mel., vol. II, p. I, páginas 226 y 334). Lo de la oposición de la estación de las lluvias en el trópico de Cáncer y en el de Capricornio, es la teoría de los sacerdotes egipcios expuesta por Eudoxio (Plutarco, De plac. phil., IV, I). La hipótesis del Océano llenando la región ecuatorial, hacía indispensable el subterfugio del paso submarino del Nilo. Esta idea, adoptada por Philostorges en el siglo V para unirla á las ilusiones teológicas, no era opuesta á la física de los antiguos, que con el mayor atrevimiento suponían comunicaciones fluviales entre el Peloponeso y Sicilia; y Cosmas Indicopleustes hace también que nazcan los cuatro ríos del Paraíso en su continente transoceánico, y lleguen por canales subterráneos á nuestra tierra habitada.

[91] «Duo (cinguli) sunt habitabiles; quorum australis ille, in quo qui insistunt, adversa nobis urgent vestigia, nihil ad vestrum genus. Hic autem alter subjectus Aquiloni, quem in colitis-parva quædam est insula, circumfusa illo mari quod Oceanum appelatis.» (Cicer., Opp. edit. Schutz. t. XVI, p. II, página 98.)

[92] «Antichtones alteram (terræ partem) non alteram incolimus.» (Mela, I, 1, 2). Ya hemos visto antes que estos Antichtones de Mela, habitantes del hemisferio austral, están separados de nuestra masa continental por el Océano, que cubre el centro de la zona tórrida.

[93] La cita de Hipparco resulta dudosa (Tzschucke, ad Mela, vol. II, parte III, pág. 251) cuando se recuerda que más de ciento ciencuenta años antes de Hipparco, en la expedición macedónica, Onesicrito y Megasthenes habían reconocido Trabobana como isla (Strabón, XV, pág. 1.011; Alm. pág. 689 Cas.); opinión expresada hasta en el pseudo Aristóteles (De Mundo, cap. III), donde Trabobana, como isla, es comparada á Albión y á Jerne. El texto de Mela (III, 7, 7), está probablemente corrompido, como lo prueban las siguientes palabras: Sed quia habitatur.....

[94] Joannis Schoneri Carolostadii. Opusculum Geographicum (40 páginas en 4.º) Noricæ, anno XXXIII (sic), lib. II, cap. 20. En cuanto á Plisæus (Plisacus) Sinus de Juan Ruysch, en el cual desemboca el Policacus fluvius, parece á primera vista reconocer en él algún rastro de geografía antigua; pero estos nombres son sencillamente alteraciones viciosas de Pouli Sagam, de Marco Polo, puente del río Sagan (el Sangkanho de los chinos), cerca de la ciudad de Khanbalon ó Tatu (Klaproth, Tableaux historiques n.º 22). Latinizando se ha convertido Pulisangam en Pulisica, y Pulisica en Polisacus. Mas adelante hablaré de los nombres de las ciudades comerciales de China, tal y como los altera Colón.

[95] Mannert, Einleit. in die Geogr. der Alten., 1829, página 79.

[96] Lud Ideler, Proleg., 1832, pág. 6. El pasaje de Strabón, I, pág. 115 Alm., páginas 64 y 65 Cas, presenta, en efecto, una opinión de Eratósthenes y no de Pythéas, como pretende Mr. Mannert. Véase también Ruhkopf ad Senecam, t. V, pág. 11.

[97] Strabón, II, pág. 161 Alm., pág. 102 Cas.

[98] Cito conforme á la traducción de Léander de Cozco, por haberse perdido para nosotros el original español, á excepción de algunos fragmentos que Muñoz encontró en los manuscritos de Bernáldez, el cura de Los Palacios.

[99] «Ese gran corazón que se muestra en las grandes cosas». (Hermosa frase contenida en la misma carta de 1498.)

[100] Habiéndose perdido el texto original, solo conocemos la traducción española. Vida del Almirante, cap. VII; Leonardo Ximénez Del vecchio e nuovo gnomone fiorentino, 1757, LXXIX y XCVII (Las investigaciones de este sabio jesuíta sirvieron de fundamento al excelente artículo Toscanelli, redactado por M. de Angelis en el vol. XLVI de la Biographie universelle); Journal des Savans, Enero 1758. Navarrete, t. II, páginas 1 y 4. (Véanse tambien Bossi, Vita di Christ. Colombo, páginas 105 y 153; Canovaí, Viaggi di Amer. Vespucci, páginas 355 y 370; Baldelli, Il Milione, t. I, páginas 60 y 62).

[101] Humboldt traduce la palabra físico por médico, y da la siguiente explicación. Aunque Toscanelli fuese sin duda uno de los astrónomos y de los físicos más célebres de su época, y aunque en Italia se le llamaba con frecuencia Pablo el físico (Paulus phisicus), traduzco la palabra española físico por médico. Dicha palabra en los siglos XV y XVI se tomaba exclusivamente en este sentido, y fué aplicada por ejemplo á Maestro Bernal, físico de la carabela Capitana en 1502; al amigo de Colón, García Hernández, físico de Palos, etc. Podría sorprender también el encontrar en la Vida del Almirante donde no se pone el apellido Toscanelli, la extraña adición, «Maestro Paulo, físico del Maestro Domingo florentin»; pero esta es la manera casi helénica y árabe de indicar la filiación. Pablo era hijo de Domingo, y en el testamento de Nicolás Nicoli, hecho en 1428, encuéntrase también nombrado entre los conservadores de la célebre biblioteca del convento degli Angeli de Monaci Camaldolesi: Magister Paulus Magistri Domenici medicus. Leonardo Ximénez, pág. LXXIV.

[102] «El gran obstáculo para el comercio de la India por el interior de Asia, dice un escritor del siglo XVI, consiste en la barbarie de los pueblos tártaros que, no pudiendo atacar la India por mar, hacen invasiones por tierra y la saquean y arruinan, como sucede á la pobre Italia, convertida en presa de alemanes, franceses y españoles.» (Ramusio, t. I, pág. 338.)

[103] Georgicon ed. (Londinus, Venet., 1520, pág. 48).

[104] La mejor prueba de la impresión profunda que esta correspondencia con Toscanelli hizo en el ánimo de Colón, es la introducción del Diario de ruta de su primer viaje, donde casi repite las palabras empleadas por el geómetra florentino.

COLÓN.   TOSCANELLI.
«La información que yo había dado á VV. AA. de las tierras de India y de un príncipe que es llamado Gran Can, que quiere decir en nuestro romance Rey de los reyes, como muchas veces él y sus antecesores habían enviado á Roma á pedir doctores en nuestra santa fe, porque les enseñasen en ella.»   «Las partes de Indias donde se podrá ir el dominio de un príncipe llamado Gran Can, que es lo mismo que Rey de los reyes; sus predecesores enviaron embajadores al Papa pidiéndole maestros que les instruyesen en nuestra fe.»

Pudo sin duda Colón tomar estas nociones del Millione de Marco Polo, á quien no nombra, como tampoco á Toscanelli; pero la serie de las ideas y las palabras paréceme que indican una reminiscencia de la carta de Toscanelli al canónigo Martínez.

[105] No ignoro que todos los comentadores de las cartas de Toscanelli creen poder citar los capítulos del viaje de Marco Polo, donde el astrónomo florentino aprendió las nociones sobre el comercio de pimienta de Zaithun (lib. II, cap. 77), y la magnificencia de la gran ciudad de Quisai (lib. II, capitulo 68); pero aquí debo observar que existen dudas acerca de lo que con preferencia pudo saber por Nicolás de Conti ó por las conversaciones con viajeros recientemente llegados del Asia Oriental, ó por el manuscrito de Poggio. No encuentro la traducción de Gran Can (Rey de los reyes); (Conti traduce Emperador) y de Quinsay (Ciudad del cielo), más que en Marco Polo; pero los 12.000 puentes de Quisay en la relación de Marco Polo, los reduce Toscanelli (y esto me llama mucho la atención) á diez, y el circuito de Quisay es casi igual al que refiere Nicolás de Conti. (Ramusio, t. I, pág. 340 b.)

[106] Nicolás de Conti tuvo que renegar de la fe para salvar la vida. Ramusio, según la edición de Venecia de 1613, dice que esta absolución fué en 1449; pero el papa Eugenio IV murió dos años antes. La redacción latina del viaje de Conti, hecha por ese mismo Poggio á quien se debe el descubrimiento de tantos preciosos manuscritos de clásicos latinos en Suiza y en Alemania, no ha llegado hasta nosotros. Lo que poseemos en italiano del viaje de Conti es una traducción hecha de la versión portuguesa de Valentín Fernández, y desgraciadamente no pasa de ser un fragmento incorrectísimo. En la Giava maggiore (Borneo?) Conti vió pájaros del paraíso, ucelli senza piedi (Ram., t. I, pág. 341 b). Son los mismos pájaros del sol (passares da sol), de los primeros navegantes portugueses. (Reinh Forster, Zool. ind., 1795, pág. 30). He aquí las palabras de Conti, que sin duda no vió más que los pájaros preparados por los indígenas y transportados de isla en isla como objetos de adorno: «Nella Giava maggiore trovansi uccelli molte volte che sono senza piedi, grandi come colombi, di penne molto sottili e con la coda lunga, i quali sempre si posano sopra gli arbori; le carne di quali non si mangiano, ma la pelle e la coda sono in grande stima perche s’usano per ornamento del capo» (Nicolás de Conti en Ramusio, t. I, pág. 345). Este pasaje, muy notable, no ha llamado la atención de los zoólogos modernos. Pigafetta cree también que se refiere á aves muertas y disecadas, pero que afortunadamente tienen patas. «Il re di Tidore mandó duoi uccelli bellisimi della grandezza d’una tortola, la testa piccola col becco lungo é lunghe le gambe uno palmo e sottili: non hanno ali, ma, in luogo di quelle, penne lunghe di diversi colori.» Pigafetta observó bien que no son las plumas de las alas, sino las de los costados las que se prolongan formando penachos más largos que el cuerpo. No vió las alas, cuya existencia niega, porque generalmente los indígenas, al disecar el ave para el comercio, le arrancan las patas y las alas. «Hanno opinione i Mori, añade el historiador del viaje de Magallanes, che questo ucello venga del Paradiso terrestre é chiamanlo manucodiata, cio é, ucello di Dio.» (Ramusio, t. I, página 367 b.) Esta palabra, repetida en la relación del viaje de Magallanes, hecha por un secretario del emperador Carlos V en una carta al Cardenal-Obispo de Salzburgo (l.c., pág. 351 b), es, según observación de mi hermano, que consta en su gran obra sobre la lengua Kavi ó Javanesa, una alteración de la palabra malaya manuk-devata formada de manu, en malayo pájaro, y devata, en malayo y sanscrito divino. La palabra manuk-devata convirtióla el viajero italiano en manuco-diata.

[107] Acaso la misma obra de Marco Polo inspiró al papa Eugenio IV tanta desconfianza en la veracidad de los viajeros. Sabemos por el testimonio de F. Jacopo di Aqui que se burlaron de Marco Polo hasta el punto de haber siempre, en las mascaradas en Venecia, largo tiempo después de su muerte, algunos que tomaban su nombre y le imitaban para divertir al pueblo, refiriéndole cosas extraordinarias. Lo mismo se hizo después con Pigafetta. Amoretti, Voyage de Maldonado, pág. 67.

[108] Khogatal se separó de los viajeros á 20 jornadas del camino de Bokhara «Il Barone s’ammaló gravemente per volontà del quale e per consiglio di molti lasciandolo, seguitorno il loro viaggio (dell Armenia Minore al porto di Giazza)» Traducción de Ramusio (t. II, pág. 3, a.) Nicolai y Maffeo Poli volvieron á Venecia en 1271, porque la noticia de la muerte del papa Clemente IV les detuvo largo tiempo en Acre. Ahora bien; como la carta de Toscanelli es de 25 de Junio de 1474, la expresión ha doscientos años es suficientemente exacta.

[109] Título que podía aplicárseles con tanta más razón, cuanto que ellos mismos se lo dieron, según la relación de Marco, y traían una carta para el Papa: «Il Grand Can proponendo nell’animo suo di volerli (idetti due fratelli) mandar ambasciatori al Papa, volle haver prima il consiglio de’suoi baroni».

[110] El jesuíta Ximénez, en su comentario á las cartas de Toscanelli, encuentra alguna obscuridad en esta designación del tiempo, algunos días ha, y la frase que le sigue inmediatamente, antes de las guerras de Castilla. Opino que, por ligero error de puntuación, se ha separado con una coma esta última frase de la palabra doméstico. La carta anuncia sencillamente que el canónigo estaba al servicio de Portugal largo tiempo antes de las perturbaciones del reino de Castilla, suscitadas por el destronamiento del rey Enrique IV en 1465, y su reposición en el trono en 1468. Otro error de mayor importancia, por referirse al descubrimiento del cabo de Buena Esperanza, se deslizó en el comentario de Ximénez. Toscanelli escribió al canónigo Martínez que el camino que propone para llegar por el Océano Occidental al país de las especias, es cortísimo, más corto que el que necesitaban hacer los portugueses para ir á la costa de Guinea (el camino por la vía del mar es brevísimo: lo tengo por más corto que el que hacéis á Guinea). El abate Ximénez dice il camino que voi fate per Guinea, lo que tiene muy distinto sentido, pues permitiría preguntar si los negociantes atravesaban la Guinea. Gnom. Fior., páginas LXXXII y LXXXIV.

[111] Garcilaso. Coment. Reales, lib. I, cap. 3; Gomara, Historia de las Indias, cap. 13; Acosta, lib. I, cap. 19.

[112] Navarrete, t. I, pág. 2. La frase saber de cierta fe es notable por lo modesta.

[113] Aunque al escribir estos párrafos (Febrero de 1834) no ha desembocado ningún buque por el canal de Barrow en el mar de Kamtchatka, ó costeado América desde la península de Melville y el Príncipe Regent-Inlet hasta la bahía de Kotzebue, los brillantes descubrimientos de Parry, Franklin y Beechey no dejan, al parecer, duda acerca de la comunicación entre el mar de Baffin y el estrecho de Behring.

[114] Pedreio de Covilham y Alonso de Payva se embarcaron en Barcelona en 1487 para saber noticias del Preste Juan. Los dos judíos se unieron á Covilham en el Cairo á su vuelta de Sofala y de Adem.

[115] Según d’Herbelot, la isla Seranda de Edrisi (Hartmann rechaza este sinónimo, Africa, pág. 115); Magastar ó Madaigascar (corrupción de la palabra Madagache) de Marco Polo, llamada después, á principios del siglo XVI, isla de San Lorenzo de los Portugueses. Con esta última denominación encuentro la isla de Madagascar en un mapa-mundi dibujado en Sevilla en 1527, y por tanto, anterior en dos años al célebre mapa de Diego Rivero, conservado también en la Biblioteca de Weimar Ambos mapas presentan ya también la posición de las islas de Francia y de Borbón con los nombres de Mascarhenas y de Santa Apollonia.

[116] Gama partió de Portugal el 8 de Julio de 1497, y llegó á la bahía de Santa Elena en Noviembre de 1497 á la desembocadura del Río de Buenos Señalis, donde tuvo la primera noticia de la proximidad de hombres blancos y de barcos de construcción europea, el 25 de Enero de 1498; á Calicut el 18 de Mayo de 1498, y volvió á Portugal el 19 de Julio de 1499. Duró esta expedición memorable, según datos exactos, dos años y nueve días; el viaje de Portugal á las Indias á (Calicut) 314 días, mientras hoy (en 1834) la duración media de esta travesía en los buques de Liverpool es de 95 días.

[117] Dec. I, lib. III, cap. 4, pág. 190. Como Toscanelli aconsejó á los portugueses buscar el camino de la India, no por la ruta de Guinea, sino por la del Oeste, es muy extraño error atribuir á este astrónomo el conocimiento del Cabo de Buena Esperanza desde 1474 y la creencia de que pudo comunicarlo á los venecianos. Le Bret. Gesch. von Venedig, t. II, pág. 226; Sprengel Gegch. der geogr. Eutd., 1792, pág. 390.