[118] «Os envío otra carta de marear, semejante á la que yo le envié al Canónigo.» Me ha parecido extraordinario que en la frase que indica la distancia de Lisboa á Quisai, diga Toscanelli «hallaréis en un mapa», en vez de «en mi mapa ó carta de marear».
[119] El mapa de Martín Behaim, que expresa las creencias geográficas del siglo XV, da una diferencia de longitud de 13 grados.
[120] Diario de 1492: «Viernes 5 de Agosto. Anduvimos (desde la barra de Saltes) con fuerte virazón 60 millas, que son 15 leguas (Navarrete, t. I, pág. 13).
[121] Comparando atentamente la carta que publica el abate Ximénez en su Gnomone Fiorentino, con la que Fernando Colón encontró entre los papeles de su padre, y era conocida de Las Casas, encuentro muchas adiciones y alteraciones del texto. Sabemos por la Vida del Almirante, que la célebre carta de Toscanelli estaba escrita en latín, conforme á la costumbre que prevalecía entonces entre los sabios. Puede esto causar sorpresa al recordar que se trata de un italiano de Florencia, el cual escribe cartas á un italiano de Génova, que habitaba en Lisboa desde 1470, y que esta correspondencia pasaba por manos de Lorenzo Giraldo, indudablemente de la familia de los Giraldi, originaria de Florencia (Barcia, t. I, págs. 5-6); pero Toscanelli recordaba tan poco la nacionalidad italiana de Colón, que á juzgar por la frase con que termina su segunda carta pudiera presumirse que en Florencia se tenía á Colón por portugués. «Estad seguro de ver (en el Cathay) reinos poderosos, cantidad de ciudades pobladas y ricas provincias que abundan de toda suerte de pedrerías, y causará grande alegría al Rey (el Gran Can) y á los Príncipes que reinan en estas tierras lejanas, abrirles el camino para comunicar con los cristianos á fin de hacerse instruir en la Religión Católica y en todas las ciencias que tenemos. Por lo cual, y otras muchas cosas que podrían decirse, no me admiro tengáis tan gran corazón como toda la nación portuguesa, en que siempre ha habido hombres señalados en todas empresas.» No teniendo á la vista en este momento la traducción italiana de la Vida del Almirante, publicada en Venecia, en 1571, por Alfonso de Ulloa con el título de Istoria del Sr. D. Fernando Colombo nelle quali si ha particolare e vera relazione della vita de’fatti dell’Ammiraglio, no puedo comprobar si las alteraciones del texto en la carta italiana que presenta el Gnomone de Ximénez, son efecto de la negligencia del Abate ó de la de Ulloa. Se ha hecho decir al astrónomo florentino, que los 26 espacios de distancia que hay desde Lisboa á Quinsay tienen cada uno 250 (en vez de 150) millas; se han añadido palabras sin sentido, por ejemplo, los 10 espacios de distancia de Cipango á Antilia hacen «2.500 millas», ó 225 leguas. Más adelante (y en contradicción notoria con las cifras que preceden) la gran ciudad de Quinsay tiene «100 millas» ó 35 leguas de ámbito. En fin, y como glosa puesta por acaso en medio de la descripción de Quinsay, «este espacio es casi la tercera parte de la esfera.» Las frases puestas entre comillas son variantes lectiones, ó mejor dicho, falsificaciones del texto. Conforme á estos datos falsos, la longitud de una legua sería unas veces de once y un décimo millas, y otras de dos y ocho décimas. El abate Ximénez deduce del modo más arbitrario (páginas 92-94) que un espacio equivale á cinco grados de longitud; que cincuenta millas ó veintidós y media leguas de Toscanelli forman un grado, y que la distancia desde Lisboa á Quinsay es de 130 grados. Fúndanse estas conclusiones, en parte, en la analogía de las proyecciones de Ptolomeo (Geogr., I, 23), que dividía el cuarto de la circunferencia ecuatorial en 18 partes, como Eudoxio dividía (Geminus, Elem. Astr., capítulo 15) toda la circunferencia polar en 60 partes iguales, lo cual da diferencias de cinco grados de longitud y seis de latitud. Pero aunque Toscanelli valúa «un espacio de su mapa en veintidós y media leguas», la suposición de cinco grados de longitud daría, para el paralelo de 38 grados y 42 minutos al que se refiere este cálculo, tres y media leguas por grado de longitud, resultado absurdo, porque no concuerda con ninguna extension que en cualquier tiempo se haya llamado legua. Termino esta larga disertación numérica haciendo observar que si Toscanelli tomó la descripción de Quisai (Kinsai) de Marco Polo (lib. II, cap. 68), encontró el circuito de los muros valuado solamente en 100 li chinos, y que estos 100 li, llamados millas chinas en los manuscritos del viajero veneciano, los tradujo vagamente por 35 leguas, ignorando que 192 li forman un grado ecuatorial.
[122] Digo en el texto: tres días después que Colón creyó haber observado por primera vez la declinación magnética, porque Peregrini había observado ya esta declinación en Europa en 1269.
[123] Este suceso es extraordinario, y lo refiere el Diario con una ingenuidad que no deja lugar á duda. El barco se encontraba entonces en medio del Océano Atlántico, á 290 leguas marinas (de 20 al grado) de distancia de la tierra más próxima, la isla de Flores, y los pájaros cantores no habían sido arrastrados por las tormentas. En su segundo viaje, el 24 de Octubre de 1493, vió Colón golondrinas cuando su punto de estima le situaba á 340 leguas al ONO. de las islas del Cabo Verde. (Vida del Almirante, pág. 43). Comparando Navarrete los puntos de estima tomados, los rumbos y las distancias, cree que desde el 19 al 22 de Septiembre, época en que el Almirante observó tantas señales de proximidad de tierra, se aproximaba á las rompientes que los marinos españoles aseguran haber descubierto hacia el gran banco de fuco ó algas flotantes el año de 1802.
El teniente de navío D. Manuel Moreno, que acompañó á Churruca en su expedición cronométrica en las Antillas, sitúa estas rompientes en la latitud 28° 0′ longitud, 43° 22′ al Occidente de París. En la noche del 21 de Septiembre, Colón se encontraba, pues, á cuatro millas marinas al NE. de este peligro que hubiese podido retardar el descubrimiento del Nuevo Mundo hasta el 22 de Abril de 1500, día en que Pedro Alvarez Cabral, en su viaje á la India, fué llevado por las corrientes á las costas del Brasil. No encuentro estas rompientes en los mapas ingleses recién publicados, y su existencia merece ser comprobada, tanto á causa de la seguridad de la navegación, como por el interés histórico que inspira.
[124] Navarrete, t. I, páginas 9, 11, 13, 16 y 17. Dice así literalmente, conservando la irregularidad de las frases, por la costumbre de Las Casas de embrollar el estilo de Colón copiando á veces sus palabras y extractando otras el texto. El pasaje relativo á Cipango paréceme ininteligible tal como lo escribe («Esta noche dijo Martín Alonso que sería bien navegar á la parte del Sudueste: y al Almirante pareció que no decía esto Martín Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante via que si la erraban que no pudieran tan presto tomar tierra»), si no se cambia la puntuación y se pone un punto entre las palabras no y decía.
Examinando en el Diario de Colón los días en que Oviedo y Herrera señalan grandes indicios de motín en las tripulaciones, sorprende no encontrar rastros de estos sucesos. Como á los historiadores gustan los efectos dramáticos que resultan de la oposición de los caracteres, han creído engrandecer al marino genovés exagerando los peligros á que sucesivamente le exponían la malicia, el miedo ó la ignorancia de sus marineros. Olvídase que los marinos españoles, especialmente los catalanes, los vascos y los andaluces de Palos, desde hacía siglo y medio frecuentaban las costas de Guinea y de Escocia; que la vista de una erupción en el Pico de Tenerife no podía dar espanto, como pretende Fernando Colón, á hombres habituados á visitar las Canarias, Nápoles y Mesina. (Navarrete, t. III, páginas 605 y 607); y que la travesía del Golfo de las Damas, favorecida por el tiempo más bonancible y un mar generalmente tranquilo, no podía consternar por modo tan extravagante á hombres avezados al mar. Entre el 22 y el 25 de Septiembre los compañeros de Colón, según testimonio de su hijo y de Herrera (Vida del Almirante, cap. 19; Herrera, dec. I, lib. I, cap. 10), querían arrojar al mar á su capitán mientras estuviese embebido en el estudio de las estrellas. En el Diario no se pinta el descontento con tan vivos colores; dice únicamente Colón que el viento contrario ONO. que sopló el 22 de Septiembre, «mucho me fué necesario, porque mi gente andaba muy estimulados, que pensaba que no ventaban estos mares vientos para volver á España».
El 23 de Septiembre dice: «Y como la mar estuviese mansa y llana, murmuraba la gente, diciendo: que pues por allí no había mar grande, que nunca ventaría para volver á España.»
El cuento de Oviedo, sobre los tres días que concedieron á Colón para continuar avanzando hacia el Oeste, copiado por todos los biógrafos y poetas modernos, ya lo ha refutado Muñoz (lib. III, § 7). D. Fernando Colón, que quería tan mal á Alonso Pinzón, como Las Casas á D. Fernando, no refiere el hecho mencionado, y se limita á decir «que la gente estuvo para amotinarse, perseverando en las murmuraciones y conjuraciones» (Vida del Almirante, cap. 20). Además, el día 7 de Octubre el único suceso apuntado en el Diario es un cambio de ruta. Desde el 30 de Septiembre había seguido el Almirante el camino directamente hacia el Oeste en una extensión de 250 leguas marinas, siguiendo el paralelo de 25 grados y medio; el 7 de Octubre (en la mañana siguiente á la conferencia con Martín Alonso Pinzón sobre la proximidad de Cipango) en la Niña creyeron ver tierra. Al ponerse el sol se reconoció que no era verdad; pero como las bandadas de aves dirigíanse al SO., «sin duda para dormir en tierra, el Almirante, siguiendo la experiencia de los portugueses que habían descubierto la mayoría de las islas que poseen (las Azores?), siguiendo el vuelo de las aves, permitió abandonar la ruta hacia el Oeste, y dirigirse al OSO. con el propósito de continuar en esta dirección durante dos días. No se habla ni una palabra de revuelta ni sublevación: la frase, acordó dejar el camino del Oueste, es la única que parece indicar que Colón cedió á las instancias. Esta nueva dirección le fué provechosa. Por lo demás, sin que pueda sospecharse motivo alguno que le obligara á ello, el Almirante había ya cambiado el rumbo de igual manera el 24 de Septiembre. Después de haber seguido escrupulosamente el paralelo de Gomera (latitud 28 grados) durante 390 leguas marinas, gobernó de pronto al SO. para seguir el paralelo de 25 grados y medio. El 8 de Octubre, que debía ser el día tan peligroso por la sedición, según Oviedo, está señalado en el Diario de Colón como día muy favorable para el progreso de la navegación. «La mar, dice el Almirante, está como el río de Sevilla, gracias á Dios; los aires muy dulces, como en Abril en Sevilla, que es placer estar en ellos, tan olorosos son.» Estas líneas escritas bajo la impresión de aquellos momentos no anuncian ciertamente los terrores de un espíritu alarmado.
[125] Sin embargo, en el Diario de la primera navegación (jueves 9 de Agosto de 1492) habla Colón de estas islas que, parecidas á las ilusiones del espejismo, se creía ver todos los años al Oeste de las Azores, de las Canarias y de Madera. En su carta al papa Alejandro VI (Febrero de 1502) no da el nombre de Antillas á ningún grupo de las 1.400 islas que se vanagloria, no sin alguna exageración, haber descubierto. (Navarrete, Documentos dipl., t. I, pág. 5; t. II, pág. 280). No fué, pues, Cristóbal Colón quien introdujo el nombre de Antillas en la geografía moderna. En su sistema Haïtí (la Española) era Ophir ó Cipango. «Les había dicho muchas veces, dice su hijo, que no esperaba ver tierra hasta haber navegado 750 leguas hacia el Occidente de Canarias, en cuyo término había también dicho que hallaría la Española, llamada entonces Cipango» (Vida del Alm., cap. 20). La primera aplicación del nombre Antiliæ insulæ á las islas de América, es un rasgo de erudición de Pedro Mártir de Anghiera. Volvió Cristóbal Colón de su primer viaje el 15 de Marzo de 1493, y en la primera década de la Oceanica, dedicada al cardenal Ascanio Sforza en Noviembre de 1493, encuentro ya: «In Hispaniola Ophiram Insulam sese reperise refert (Colunus), sed cosmographicorum tractu diligenter considerato, Antiliæ insulæ illæ et adjacentes aliæ.....» Dec. I, lib. I, pág. 1. Posteriormente Vespucci en su pretendida segunda navegación de 1499, llama Antiglia «la isla que Colón ha descubierto pocos años há», es decir, Haïtí. En el siglo XVI, las islas Caribes, al SE. de Puerto Rico (Borrinquen), tenían en los cuadros de posiciones geográficas que se procuraba añadir á los tratados de geografía la denominación de Antigliæ insulæ. Uno de los ejemplos más antiguos que conozzo de estos cuadros de posiciones está en una obra de Juan Schoner (Opusculum geogr. ex diversorum libris et cartis collectum), publicado en 1533. Véanse los curiosos capítulos (sect. II, capítulos 20 y 21) De regionibus extra Ptolomæum deque insulis circa Asiam et Indiam et novas regiones hujus tertiæ ortos partis.
[126] Relación de 1504. (Navarrete, t. I., pág. 282; Vida del Alm., cap. 100.)
[127] «Los hombres de esta isla tienen los cabellos no crespos, salvo corredíos y gruesos, como sedas de caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha, más que otra generacion que fasta aqui haya visto, y los ojos muy fermosos y no pequeños, y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues está deste oueste con la isla del Hierro en Canarias so una línea.» (En el mismo paralelo.) (Diario de Colón en 13 de Octubre de 1492.)
[128] Oviedo, Hist. nat. y gen. de las Indias, cap. 3.
[129] Barcia, pág. 7, a; Herrera, t. I, pág. 4.
[130] Academia dei Dubbiosi, anterior á la de los Stabili y de los Gelosi.
[131] El historiador Herrera no conoció el nombre de Toscanelli, ni tampoco el sabio autor del Commerce and Navigation of the Ancients, M. Vincent, que en su Dissertation sur les Seres (t. II, págs. 613-618) discute con gran sagacidad las diferentes causas de la empresa de Colón.
[132] Wagenseil, Sacra parentalia B. Georgio Frid. Behaimo dicata, pág. 16. Postel dice ya terminantemente en la página 22 de su Cosmografía: «Ad 54 grad. (lat. mer.) ubi est Martini Bohemi fretum á Magaglianeso alias nuncupatum.»
[133] «Y cuanto más se extienda la parte oriental de la India al Oriente hacia las islas del cabo Verde, más fácil será llegar á ella en pocos días: esta opinión se la confirmó á Colón su amigo Martin de Bohemia, portugués, natural de la isla de Fayal, gran cosmógrafo» (Herrera, déc. I, lib. I, cap. 2). Sorprende que Robertson (Hist. of Amer., 1777, t. II, pág. 434), á pesar de las luminosas disertaciones de un profesor de Gottinga, M. Tozen, publicadas en 1761 (Der wahre und erite Entdecker deruen Welt gegen die ungegründeten Ansprüche von Vespucci und Behaim, págs. 87, 113), y la obra aun más antigua de Doppelmayr (Hist. Nachr. von Nürnberger Mathem, und Künstlern, pág. 30), haya caído en el mismo error de creer portugués á Martín Behaim. El título de gran cosmógrafo que le da Herrera prueba que no le confundía con el canónigo portugués Martínez, encargado por su Gobierno de la correspondencia con Toscanelli sobre el camino más corto para ir á las Indias.
[134] Es la semilla del Amomum Granum Paradisi de Afzelius, objeto de muy importante comercio (sobre todo para la ciudad de Amberes) antes de la expedición de Gama. Esta semilla de una Drymirhisea, poco conocida hasta hoy, llegaba entonces á las costas septentrionales de Berbería por medio de las caravanas de Guinea que atravesaban el desierto de Sahara. La malagueta rivalizaba con la verdadera pimienta (Piper nigrum et Piper longum) que Dioscórides conocía ya (capítulo 189) con el nombre indio πέπερι (del sanscrito pippali), que Edrisi describe (Geogr. Nub., 1619, pág. 61) con notable exactitud, y que por su largo transporte á través del Asia se encarecía mucho en los mercados de Italia.
Como las producciones vegetales análogas y que se reemplazan mutuamente en el comercio toman siempre el mismo nombre, el de malagueta, tan célebre en el siglo XV, y que nuestros farmacéuticos han transformado en meleguetta, maniguette y cardamonum piperatum, paréceme que se deriva de la palabra india pimiento, tal y como se usa en la lengua de Sumatra. Encuentro en la Cosmografía de Sebastian Münster (edición de 1550, pág. 1.093): «lingua patria Sumatrenses piper, molaga dicunt.» El sabio autor de la Materia médica of Hindoostan, M. Ainslie, da también (edición de Madrás, 1813, pág. 34) al Piper nigrum en tamul la denominación de mellaghoo. En sanscrito, mallaja y maricha son sinónimos de pippali; la primera palabra designa, según Wilson, más especialmente el Piper nigrum, la segunda el Piper longum. Creo que el nombre de Molucas (las Malucos) se deriva de Molaga ó Mallaja, nombre de la pimienta.
El gran mérito «de haber llegado hasta las regiones de África donde se cría la planta de la malagueta», ha sido negado á Behaim y á Diego Cam y atribuído á Alfonso de Aveiro (Sprengel, Gesch. der geogr. Entd., págs. 376, 386). Pero Aveiro llegó al reino de Benin en 1486, dos años después de la expedición de Cam (Barros, dec. I, lib. 3, cap. 3, pág. 178, edición de Lisboa, 1778); Navarrete, t. I, páginas XXXIX y XL. Examinando las notas que Martín Behaim añadió á su globo al lado de las tierras cuyas costas delineó, encuentro que distingue los granos del paraíso, la verdadera pimienta y la canela. «La primera de estas especias (Paradieskörner) se cría en el reino de Gambia; la segunda en el Furfur, á 1.200 leguas de distancia de Portugal; la tercera á 2.300 leguas, desde donde regresamos para volver al lado de nuestro Rey, después de diez y nueve meses de ausencia.» Por tanto, en 1485 da Behaim en el mismo globo preciosas nociones acerca del transporte de las especias de Java y de Ceylan (Seilan) á Venecia y á Francfort, nociones debidas en parte á maese (mister) Bartoloméi, florentino, que refirió en Venecia al papa Eugenio IV lo que durante veinticuatro años (hasta 1424) había visto en Oriente (Murr., Dipl. Gesch., páginas 25 y 36). Véase, pues, de nuevo á este papa Eugenio IV, que Toscanelli cita en su primera carta á Colón y que llegó al Pontificado en 1431, en relaciones con los viajeros de Asia Finalmente, recuerdo también que Cristóbal Colón llama á toda la costa de Guinea Costa de Maneguetta (costa del grano del paraíso), cerca de la cual vió «algunas sirenas, aunque no eran tan semejantes á las mujeres como las pintan» (Vida del Alm., cap. IV). Hoy se da este nombre especialmente á la costa situada en dirección del NO. al SE., entre el cabo Mesurado y el cabo Palma, de 6° 26′ á 4° 3′ de latitud boreal.
[135] Diss. de vero Novi Orbis inventore. Francfort, 1714.
[136] Trans. of the Amer. Phil. soc. held at Philadelphia, t. II (1786), pág. 120. La Noticia histórica, de Doppelmayr, sobre los matemáticos y los artistas de Nuremberg, contiene preciosos detalles acerca de la vida de Behaim y del primer grabado del globo conservado en la familia del cosmógrafo; mientras la Disertación de Stüven, y sobre todo la Memoria de Mr. Otto, prueban profunda ignorancia de la geografía del siglo XV.
[137] Der whar und erste Entdecker der neuen Welt, Christoph Colón, Gott., 1761. Pero antes de Tozen, el autor de una excelente historia de Portugal, M. Gebauer, había refutado ya á Stüven (Port. Gesch., t. I, pág. 124). Compárese también al sabio bibliógrafo Francisco Cancellieri. Notizie di Colombo di Cuccaro. Roma, 1809, pág. 39.
[138] Opusculi scelti di Milano, t. XV, pág. 72.
[139] Dip. Gesch. des Portug. berühmten. Ritters Martin Behaim; dos ediciones, la primera de 1778, la segunda de 1801. De las obras relativas á Behaim, que acabo de citar, sólo esta última ha sido traducida al francés y por un traductor habilísimo, M. Jansen.
[140] En una época en que la geografía se estudiaba en Francia con menos celo que en la actualidad, el inventor de una bomba pneumática, Otton de Gericke, que frecuentemente firmaba Consul Magdeburgensis y publicaba sus Experimenta Magdeburgica, fué citado con el nombre de Señor Magdeburgo.
[141] En una de las inscripciones puestas en memoria de Behaim («Miles auratus qui Africanos Mauros fortiter debellavit et ultra finem orbis terræ uxoravit») háblase también de su esposa (Martini Bohemi uxor), hija del gobernador de las Azores ó Catherides por Cassiterides; es una falsa erudición copiada del globo de Behaim.
[142] La primera traducción alemana de la Biblia, que quedó manuscrita y conservada en la biblioteca Paulina de Leipzig, fué hecha en 1343 por Mathias Behaim, y en 1421 Miguel Behaim de Weinsberg estaba reputado como uno de los más célebres poetas del ciclo de los Meistersänger.
[143] Déc. I, lib. I, cap. 2. Déc. II, lib. II, cap. 19. El segundo párrafo está copiado del Diario italiano de Pigafetta, donde se encuentra la expresión «Martino di Boemia, uomo eccellentissimo», sin añadir nacido en Fayal. Este diario, del cual dió Ramusio un extracto, ha sido publicado por N. Amoretti con el título de Primo viaggio intorno al globo terracqueo en 1800, según el manuscrito conservado en la biblioteca Ambrosiana. Pero la compilación de Herrera es mucho más completa, sobre todo en lo que se refiere á la astronomía (véase, por ejemplo), el cálculo de las diferencias de altura de la luna y de Júpiter, observados el 17 de Diciembre de 1519. (Herrera, Déc. II, lib. IV, cap. 10). El historiador español, no sólo ha tomado datos en Castañeda, Barros y Antonio Pigafetta, sino también en otros documentos manuscritos que desconocemos.
[144] Barros, Asia, Déc. I, lib. 4. cap. 2.
[145] Edrisi, pág. 147. En la Vida do Infante D. Henrique, por el padre Freire (Lisboa, 1758, pág. 335), Hürter es llamado Jorge de Utra. Barros escribe Jos Dutra (Dec. I, lib. III, capítulo 11). Por una permutación de consonantes igualmente viciosa, los escritores de la conquista llaman al guerrero Felipe de Huten, célebre por su expedición al Dorado, de la que dí un comentario geográfico en la Relación de mi viaje (t. II, capítulo 33, pág. 454), Felipe de Uten, Urre y hasta Utre. Por esta última transformación, los nombres de dos ilustres familias, los Hürter y Huten, se transforman en portugués y en español, casi á su terminación, en el mismo grupo de letras Utra y Utre.
[146] Nacimiento de Behaim hacia el año de 1430, (probablemente en 1436) Navarrete cree lo más probable que Colón naciera también en este año de 1436. Viajes de Behaim comerciando en paños en 1457 á Venecia, desde 1477 á 1479 á Malinas, Amberes y Viena (Regiomontanus permaneció en Nuremberg desde 1471 á 1475, y partió en 1475 para Italia. Ya en un viaje anterior, en 1461, había descubierto en Venecia el manuscrito de los seis primeros libros de Diophantes). Permanencia de Behaim en Portugal desde 1480 á 1484. (Colón habitó en la misma nación desde 1470 á 1484, á menos que no interrumpieran su estancia algunas navegaciones entre 1471 y 1481). Behaim se casa en Fayal en 1486 con la hija del gobernador Iobst de Hürter, enviado con una colonia flamenca á Fayal y á Pico á causa de la donación que hizo el rey Alfonso V de Portugal en 1466 de la primera de estas islas á su tía Isabel de Borgoña, madre de Carlos el Temerario. En el globo de Behaim contienen un error estas palabras: «La isla ha sido dada en 1466 por el Rey de Portugal á su hermana madama Isabel, duquesa de Borgoña.» (El rey hermano de Isabel era Eduardo, muerto en 1438). Permanencia de Behaim en Fayal desde 1486 á 1490; en Nuremberg desde 1491 á 1493; en Flandes y en Francia en 1494; de nuevo en Fayal desde 1494 á 1506. Vuelve á Lisboa y muere el 29 de Julio de 1506, según opinión de M. de Murr. (Muerte de Colón en Valladolid el 20 de Mayo de 1506.)
La fecha de la muerte de Martín Behaim no carece de importancia para el examen de los conocimientos adquiridos en esta época relativamente á la configuración de la América del Sur, y sobre la posibilidad de que el cosmógrafo de Nuremberg haya podido entrever la existencia de un paso del Océano Atlántico al mar del Sur.
Sabemos que el Rey Católico, desde su vuelta de Nápoles, en 1506 ocupóse de una gran expedición destinada á las Indias Orientales y al descubrimiento de un estrecho en el continente americano, y que sobre este asunto fué consultado Vespucci (Navarrete, t. II, Cód. dipl., núm. 160, pág. 317; t. III, páginas 47 y 294). Dos años después (1508) se verificó la expedición de Solís y de Yáñez Pinzón, en la cual estos intrépidos marinos llegaron hasta cerca del grado 40 de latitud meridional, sin reconocer, no obstante, la desembocadura del Río de la Plata.
Se ve, pues, que el principio del siglo XVI, es decir, en la vejez de Behaim, era una época extraordinariamente fértil en proyectos de grandes descubrimientos. Me he ocupado recientemente en determinar la fecha de la muerte de nuestro cosmógrafo, y los datos que á ruego mío ha tomado una persona digna de la mayor confianza en casa del barón Segismundo Federico Carlos de Behaim, jefe actual de la familia y propietario del globo de 1492, no son favorables al cálculo de M. de Murr. Este sabio estimó como prueba decisiva la carta de un primo de Martín Behaim, fechada en 30 de Enero de 1507, que manifiesta deseo de saber «lo que ha sido de la esposa, el hijo y los parientes de Martín, dónde están y qué hacen». M. de Murr cree, por tanto, errónea la fecha de 29 de Julio de 1507, indicada en un monumento funerario (Scutum trifolinum) en la iglesia de Santa Catalina de Nuremberg, y supone que el retrato del cosmógrafo existente en los archivos de la familia Behaim tiene la fecha de 1506. (Dipl. Gesch., páginas 117, 127 y 136). Como el monumento funerario fué construído en 1519 á costa de su hijo, parece extraño que se hayan equivocado en la fecha de la inscripción.
Un vandalismo muy común en la época en que vivimos ha destruído todas las inscripciones y todos los monumentos de la iglesia de Santa Catalina, transformada en 1806 en almacén de heno y de leña; pero en la parte superior del gran retrato que se conserva en la casa donde está el globo se lee: Obiit a MDVII, Lisabonæ, y no 1506 como dice M. de Murr. Además, un álbum genealógico que data de 1732, pero que contiene la descendencia de los Behaim de Schawarzbach desde 1207 contiene figuradas las armas del caballero Martín Behaim, y una noticia biográfica que termina en alemán con estas palabras: Murió el 29 de Julio de 1507.
[147] «Yo estuve en la fortaleza de San Jorge de la Mina (Vida del Alm., cap. IV). Lo terminante de la afirmación no deja lugar á duda. Según la crónica de Ruy de Pina, el fortín de Mina ó d’Elmina fué construído en 1481; por consiguiente, el viaje de Colón á la costa de Africa no pudo ser anterior á este año.»
[148] Barros, Asia, Déc. I, lib. III, cap. 2; Vida del Almirante, cap. X; Herrera, Déc. I, lib. I, cap. 7. El Obispo de Ceuta, que los historiadores de aquel tiempo llaman doctor Calcadilla, porque había nacido en Calcadilla, en Galicia, aconsejó al rey Juan II aprovecharse secretamente del proyecto de Colón que los médicos calificaron de negocio fabuloso.
[149] Amoretti, en la introducción al Trattato de Navigazione del Cav. Antonio Pigafetta. (Véase Primo Viaggio intorno al globo, 1800, pág. 208). No he encontrado en las cartas de Vespucci la conjunción de Marte y la Luna que este marino debe haber observado en 1499.
[150] Barros, Da Asia, nova ediçao, Lisboa, 1778; Déc. I, libro IV, cap. 2, pág. 282; M. de Murr (Dipl. Gesch., pág. 94), pretende, sin embargo, que ningún escritor portugués, á excepción de Manuel Téllez de Sylva, conoció el nombre de Martín Behaim. Véanse las sabias y juiciosas investigaciones de M. Lichtenstein acerca de los primeros descubrimientos portugueses en el Vaterländische Museum, 1810, B. I, páginas 376 y 387.
[151] Barrow, Voyages intho de Artic Regions, 1818, página 28. De los dos médicos portugueses que estaban con Behaim en la «Junta del Astrolabio», no se indica como de origen judío más que maese Josepe (Joseph). El otro, maese Rodrigo, ¿sería acaso el mismo personaje que aparece después, en 1517, como astrónomo á quien consultaba Magallanes? Me refiero al bachiller Ruy, ó Rodrigo Faleiro, «que decían los portugueses, era un gran cosmógrafo porque tenía un demonio familiar, pues él nada sabia»; Herrera, Década II, lib. II, cap. 19; t. I, pág. 293. Este Faleiro ó Falero enseñaba á Magallanes métodos de longitudes; pero no quiso embarcarse con él, por haber leído en los astros que el astrónomo moriría durante la expedición (Amoretti, página 28), lo que efectivamente sucedió en la persona del astrónomo y célebre piloto mayor de Sevilla, Andrés de San Martín, que le reemplazó y fué asesinado en la isla de Cebú (Ramusio, t. I, página 361 b).
[152] Navarrete, Disc. histórica sobre las Cruzadas, 1816, página 100; M. Vicent cometió el extraño error de confundir el astrolabio de Behaim con una carta marina.
[153] Londres, 1831, páginas 56, 78 y 288 (the Londe). En la célebre patente Real de 3 de Febrero de 1498 encontrada en Rolls Chapel, se distingue la tierra firme y las islas descubiertas por John Cabot. El autor del Memoir of Seb. Cabot procura demostrar que Prima Vista, Terra primum visa, First sight. Terra Nova ó Newland de John Cabot no designa la isla que llamamos hoy Terranova; son denominaciones generales que comprenden gran extensión del continente.
[154] Descubrimiento continental, anterior sin duda al de la costa de Paria por Colón, pero no al de los normandos-escandinavos. Parece que Las Casas, al referir en su Historia de las Indias la tradición que existía entre los naturales de la isla de Haïtí, «de una aparición súbita (pero anterior á Colón) de hombres blancos y barbudos, tenía tambien noticia de un antiguo descubrimiento de la tierra de los Bacallaos, vista por un marino de Galicia en una travesía á las costas de Irlanda.» (Navarrete, t. I, pág. XLVIII.)
[155] Déc. I, lib. III, cap. 3, pág. 173.
[156] Murr, Dipl., Gesch., páginas 23, 25, 26 y 78; Tozen, Erste Entd., pág. 99.
[157] Cristóbal Cladera, Investigaciones históricas sobre los principales descubrimientos de los españoles, 1794, pág. X.
[158] Salazar, Discurso sobre los progresos de la Hydrografia.
[159] Según las sabias y curiosas investigaciones inéditas de M. Buchon en un Atlas catalán de 1374, conservado en la Biblioteca Real de París, y dibujado treinta y un años antes de la fundación de la Academia náutica de Sagres (Malte Brun, Geogr. Univ., ed. de M. Huot, t. I, pág. 524).
[160] Estancelin, Recherches sur les voyages des navigateurs normands en Afrique, aux Indes Orientales et en Amerique, 1832, pág. 72. Cada Mosto, como ha observado M. de Rossel, no encuentra señales del establecimiento francés. Juan de Betancourt navegó también por la costa africana desde Cabo Cantín á Río do Ouro, mucho tiempo antes que los portugueses (Viera, Historia de Canarias, lib. III, párrafo 30; libro IV, § 4).
[161] «Ilhas de Papuas quer dizer Negros, á que muitos por esta ida de D. Jorge (de Menezes) en 1526, chamam Ilhas de D. Jorge, que estam á leste das Ilhas de Maluco distancia de 200 leguas.» (Barros, Da Asia, Déc. IV, lib. I, cap. 16, ed. Lisboa, 1777; t. IV, párrafo 1, páginas 101 y 104.) Menos certidumbre hay respecto á la expedición tan citada de Antonio Abreu y de Francisco Serrano «en outro Novo Mundo», t. III, p. 1, pág. 600 (Diego de Conto, lib. VII, cap. 3). Las dos Islas Infortunadas, Isole Sfortunate (lat. austr. 9° y 15° y alejadas una de otra 200 leguas), descubiertas al Este de las islas de la Sociedad por Magallanes en Enero de 1521, y no olvidadas por Ortelius en el Atlas de 1570 (Pigafetta, Primo Viaggio intorno al globo, ed. de Carlos Amoretti, 1800, pág. 45), parecen ser «las isletas pequeñas deshabitadas,» llamadas por Magallanes Islas desventuradas (Herrera, Déc. II, lib. IX, capítulo 15; t. I, pág. 453). Gaetano descubrió en 1542 las islas Sandwich; Quirós y Mendaña en 1595 y 1605 el Archipiélago del Espíritu Santo (las Nuevas Hébridas de Cook), Malicolo y probablemente Otahiti (la Sagitaria de Quirós), Humboldt, Essai politique sur la Nouvelle Espagne, t. IV, páginas 111 y 113.
Acerca de los primeros descubrimientos de las costas de Nueva Holanda, reconocidas por los portugueses desde 1530 á 1542, véanse los mapas del Museo Británico núm. 5413: la hidrografía del Atlas de Juan Rotz ó Roty, dedicada al rey de Inglaterra Enrique VIII; el Atlas de Guillermo le Testu, piloto provenzal, y el de Juan Valard de Dieppe (1552), examinado por M. Coquebet Mombret. Cuando la gloria del capitán Cook, llegada á su mayor esplendor, cansó á las medianías y excitó la envidia de los que habían cesado de navegar, se hizo tardía justicia á los portugueses, á Gómez de Sequeira, á Mendaña, á Luis Váez de Torres y á Saavedra Cedrón. Otros motivos menos personales y más nobles han obligado á seguir el mismo camino y conducido á ingeniosas y sabias investigaciones.
[162] Epist. 769 (edic. Par, 1670, pág. 447). Las Catherides del globo de Behaim (Murr., Dipl. Gesch., 1801, pág. 27, y Binnet, Verhandeling over de Nederld. Ontd., 1829, pág. 17), Las Azores figuran con el nombre de islas de Bracir desde 1367 en el célebre mapamundi de Picigano.
[163] Un mapa de Portulano Mediceo de 1351, otro de la antigua biblioteca Pinelli, dibujado en 1384 y conservado hoy en la preciosa colección geográfica de M. Walckenaer, en París, y Baldelli (Marco Polo, t. I, pág. CLXVIII), indican ya con el nombre igualmente significativo de Isola di Legname, medio siglo antes de la expedición y colonización de Juan González Zarco, de Tristán Vas y de ese Bartolomé Muñiz Perestrelo (Barros, déc. I, lib. I, cap. 2), que Fernando Colón llama Pedro Moñes Perestrelo y que Spotorno cree italiano, como el célebre almirante de la familia Palastrello, de Plasencia (Storia letter. de la Liguria, t. II, pág. 246).