[164] Barros, déc. I, lib. I, capítulos 2 y 16 (t. I, p. I, páginas 21 y 133). El cabo Non, más temido que lo fué en el siglo pasado el de Hornos, encuéntrase, sin embargo, 23′ al Norte del paralelo de Tenerife á pocos días de navegación de Cádiz. El proverbio portugués, Quem passa ó cabo de Nam, ou tornara ou náo, debía desacreditarlo fácilmente la voluntad de un príncipe que, como el infante D. Enrique, había adoptado la bella divisa francesa: Talent de bien faire. Barros, déc. I, libro I, capítulos 2, 4 y 16; lib. II, cap. 2 (t. I, p. I, págs. 19, 36, 134, 148).

Acerca del cabo Buzedor, véase Formaleoni, páginas 20 y 24. Paréceme, además, bastante dudoso que el nombre de cabo de Non sea de origen portugués. Ptolomeo, lib. IV, capítulo VI, indica ya en esta costa el río Nuius, y la traducción latina de la frase griega dice Nunii ostia. Es probablemente el Bambotum de Polibio (Plinio, V. I). Véase, sobre la latitud de este punto, Gossellin, Rech., t. I, pág. 132.

Edrisi conocía también, un poco más al Sur, á tres jornadas en el interior, la población de Nul ó Wada Nun, lo que recuerda la costa de Nul ó Belad de Non de Leo el Africano (Edrisi, edición de Hartmann, pág. 131). La geografía de ambos continentes está llena de estas tentativas de pueblos de la Europa latina para adoptar las denominaciones indígenas y suponerlas una etimología sacada de las lenguas romanas. Estos esfuerzos y alardes de ingenio datan de los griegos y los romanos.

[165] Parece que los portugueses, antes que Gilianez hubiese doblado los cabos Non y Bojador (Barros, déc. I, lib. I, capítulos 4 y 5, t. I, p. I, páginas 42 y 43), habían realizado afortunadas tentativas en el mismo sentido en 1418, 1419 y 1423 (Navarrete, t. I, pág. XXVII. Vincent, Periple of the Erythr. sea, p. I, pág. 192).

[166] Parece que los portugueses, antes que Gilianez hubiese doblado los cabos Non y Bojador (Barros, déc. I, lib. I, capítulos 4 y 5, t. I, p. I, páginas 42 y 43), habían realizado afortunadas tentativas en el mismo sentido en 1418, 1419 y 1423 (Navarrete, t. I, pág. XXVII. Vincent, Periple of the Erythr. sea, p. I, pág. 192).

[167] No es en manera alguna probable que en el mapamundi circular, que se atribuye generalmente á Andres Bianco y que acaso contiene á la vez (Formaleoni, pág. 55) nociones del siglo XIII y de otros que datan, como las cartas costeñas de Bianco, del año de 1436, el inmenso golfo designado con el nombre fantástico de Nidus Abimalson ó Abimalion (Abimelek?) sea el golfo de Guinea (Chinoia de Vivaldi en 1281; Ganuya del Portulano Mediceo, atribuído á un piloto genovés; Guinauha, según Barros, en la lengua de los indígenas). Como antes del Portulam de Benincasa las cartas más antiguas catalanas é italianas no presentaban graduación en latitud, sería muy aventurado decir cuáles fueron los límites de este golfo; pero la orientación del mapamundi de Bianco más bien prueba que el Nidus Abimalson representa la extremidad austral de África.

Una carta árabe conservada en Oxford, que data del año 906 de la Hegira y que acompaña la geografía de Edrisi (del siglo XII de nuestra era), presenta en el Belad Mufrada y Al Lamlam, el Senegal, comunicando á la vez con el Níger y el Nilo. Pero estos conocimientos del África occidental fueron adquiridos por informaciones del comercio terrestre, no por viajes marítimos (Vincent, Periple of the Erythr. sea, pár. I. App., página. 86). En el texto de Edrisi, las nociones sobre el litoral de la Senegambia son casi nulas (Hartmann, África, páginas 4, 35, 37 y 114). El golfo de Guinea, con el nombre de Sinus Æthiopicus, y el Senegal comunicando con el Nilo, como en el mapa ó carta de Edrisi, se encuentran en el mapamundi de Fra Mauro de 1457 y 1459. Barros conocía también Tungubutu (Tombuctu), el río y la ciudad de Genna ó Janni (Djenne, Jinnie), no el Dafur de Fra Mauro, pero sí la hipótesis de la unión del Senegal (Çanaga ó Senhaga de Edrisi) con el Nilo (tomo I, p. I, pág. 221).

[168] Barros, déc. I, lib. II, cap. 2 (t. I, p. I, páginas 143, 145 y 146), según un pasaje del mismo autor, que desgraciadamente no une la cronología á los acontecimientos como Herrera, podría creerse el descubrimiento de la isla Formosa más próximo al año de 1484 (déc. I, lib. III, cap. 3, t. I, p. I, página 178).

[169] Padrâo de pedra. Hasta la expedición de Cam, las señales de los portugueses eran cruces de madera, y esta denominación de Padrâo, dada algunas veces á los cabos y desembocaduras de los ríos, sin añadir alguna indicación particular del sitio, ha causado mucha confusión en la geografía del Africa occidental. El cabo de Santa Catalina, donde comenzaron los descubrimientos de Cam, era el último punto á que se había llegado antes de la muerte del rey Alfonso V; por consecuencia, antes de 1480 (Barros, t. I, p. I, pág. 172).

[170] Barros, déc. I, lib. III, capítulos 3 y 4 (t. I, páginas 171, 173, 175, 176, 178, 185 y 192).

[171] Murr, páginas 4, 23, 24, 26, 80, 82, 104, 106, 108 y 111.

[172] Murr, pág. 110; Barros, t. I, p. I, pág. 178.

[173] Behaim le llama Organ, (pág. 112); denominación que podría relacionarse con la de la provincia de Organón de Rubriquis; pero el verdadero nombre del santón, según Barros (t. I, p. 1, pág. 181), es Ogan, acaso O-Khan, como reminiscencia del Ung ó Un-Khan, de Marco Polo (cap. 42. Baldelli, tomo II, pág. 100). Es el nieto del Preste Juan, Nestoriano Kéraïte, muerto por Gengiskhan en 1203, transportado en el siglo XV del Este al Oeste á Caracorum, en Abisinia, según los informes dados por Covilham y Juan Alfonso de Aveiro. No debe confundirse con Ogan (Vang-khan) de África, otro personaje misterioso cuyas costumbres asiáticas, según Marco Polo (lib. I, cap. 21; Baldelli, t. II, páginas 62 y 65), eran mucho menos severas, y que como Viejo de la Montaña (Alaudin ó Veglio de la Montagna) figura también en el Mediodía de África en el mapamundi de Bianco.

M. Lichtenstein, en un trabajo que se distingue por la excelente crítica histórica, ha demostrado que hay error de fecha en el globo de Nuremberg, cuando Behaim sitúa cerca del cabo de Buena Esperanza, que llama Terra Fragosa, la siguiente nota: «Aquí las columnas (señales) del Rey de Portugal fueron colocadas el 18 de Enero de 1485» (Murr, páginas 24 y 110). Cam no llegó al Sur del Padrâo de Manga de Areas, á los 22 grados de latitud austral; fué Bartolomé Díaz quien descubrió, probablemente en Mayo de 1487, el cabo de Buena Esperanza (cabo tormentoso), viniendo del Este, de la señal de la isla de Santa Cruz en la bahía de Algoa (latitud austral 33° 50′; longitud, 7° 15′ al E. del cabo de Buena Esperanza), y que puso la señal de San Felipe en la bahía de la Tabla (Lichtenstein, en Vaterl. Museum. Hamburgo, 1810, páginas 372-389; Vincent, Periple of the Erythr. sea, p. I, pág. 208; Barros, t. I, p. I, páginas 188, 190, 192 y 288). Confundiendo Behaim, sea la fecha, sea el sitio, sea los viajes de Cam y de Bartolomé Díaz, no dice «pusimos», sino «las columnas fueron puestas», lo cual deja su veracidad en menos peligro. No era el célebre Bartolomé Díaz, que había doblado el cabo de Buena Esperanza y costeado la extremidad austral de África, dirigida de Este á Oeste, sino su hermano Diego Díaz, que fué en la expedición de Gama. Bartolomé pereció en un naufragio en 1500, cuando con Cabral vino del Brasil al cabo de Buena Esperanza, y murió muy cerca de esa señal (Padrâo) de la isla de Santa Cruz, en la bahía de Algoa, de la cual se despidió en 1487 (como se leixara hum filho desterrado pera sempre). No debe sorprender que este naufragio fuera atribuído á un gran cometa que se vió entonces en el hemisferio austral durante once días, desde el 12 al 23 de Mayo de 1500, sin que cambiara de posición». (Barros, t. I, p. I, páginas 382 y 392.)

[174] Pedro Mártir, lib. XXXV, ep. 767 (ed. Par. 1670, página 446). La carta al Arzobispo está fechada en Valladolid, III cal. Sept. MDXXII, y hay un error de cifra en esta indicación. El buque Victoria no tocó en parte alguna desde las islas de Cabo Verde, y la fecha de la llegada á la bahía de Sanlúcar, el 6 de Septiembre, es exacta. Pigafetta, Primo viaggio interno al globo, pág. 183; Herrera, Déc. III, lib. IV, capítulo I (ed. de Amberes, 1728, t. II, pág. 95). No debe sorprender el corto número de compañeros de Magallanes (18) que cuenta Pigafetta, mientras Herrera habla de «los 30 marinos que á las órdenes de Juan Sebastián Elcano (natural de Guetaria, en la provincia de Guipúzcoa, embarcado en 1519 como patrón de la nave la Concepción, hombre intrépido cuyo nombre no debe ser olvidado, y á quien ni la antigüedad ni la Edad Media pueden oponer rival alguno) volvieron en la nao Victoria». Herrera, Déc. II, lib. IV, cap. IX (t. I, pág. 339); Década III, lib. IV, capítulos 2 y 4 (t. II, páginas 98 y 100). El historiógrafo de la India no comprende á Pigafetta, que, siendo caballero de Rodas y agregado á la legación apostólica de monseñor Francisco Chiericato en España, sólo se embarcó como voluntario y curioso, en el número de los 30 «que fueron vestidos á costa de la corte», y los 18 de que habla Pigafetta forman con los 13 que retuvieron prisioneros los portugueses en la isla de Cabo Verde, y fueron reclamados con insistencia desde la llegada de Juan Sebastián Elcano á la bahía de Sanlúcar «las 30 personas» salvadas en el buque Victoria, excluyendo á Pigafetta.

[175] Pigafetta Primo viaggio, pág. 182. Los marineros del Victoria advirtieron con espanto «que durante el viaje alrededor del globo habían comido de carne el viernes y celebrado las Pascuas el lunes». (Herrera, t. II, pág. 95.) Anghiera, que era algo inclinado á burlarse, da á entender en su correspondencia que el problema de el día perdido, como con más razón se le llama, mortificó largo tiempo á los compañeros de Magallanes «quonam vero pacto classicula, de qua puto vos non ignorare, parallellum circuerit integrum, proras ad Occidentem solem vertens semper, donec ad Orientem illarum una, garyophyllis onusta, redierit et in eo discursu unum sibi defuisse repererit, quæ stomachis exilibus impossibilia videbuntur, per ejus rei ad unguem discussam narrationem in Decade mea quarta videbitis». (Pedro Mártir, ep. 770, pág. 448.)

[176] «La longitudine s’argomenta de la latitudine de la Luna.» Pigafetta, Trasunto del Trattato di Navigazione, página 219.

[177] Herrera presenta el tipo de este cálculo, déc. II, libro IV, cap. 10 (t. I, pág. 338). Comparando atentamente Herrera y Pigafetta, me he convencido de que no eran idénticos los materiales que cada uno empleaba. Citaré sólo el 13 y el 17 de Diciembre de 1519, el 7 de Febrero y el 11 de Octubre de 1520, el de la trágica historia de la traición en el Río de San Julián. Pigafetta atribuye al Cabo de las Vírgenes la latitud de 52° 3′, mientras los elementos numéricos de la observación de 28 de Octubre de 1520, referida por Herrera, arrojan 52° 56′ (véase Pigafetta, páginas 16, 24, 33, 35, y Herrera, t. I, páginas 339, 447, 449 y 451). Acerca de la coincidencia de la llegada de la Victoria y de Contarini, véase Ranke, Päpste, t. I, página 153.

[178] Barros, déc. III, lib. V, cap. 10 (t. III, párrafo 1.º, página 657). El historiógrafo portugués no cita, como Herrera, los elementos numéricos; pero con amargas quejas, y bien injustas por cierto, contra las Efemérides de Regiomontanus, da las fechas de cuatro observaciones de longitud, sacadas de un libro que Duarte de Rezende (Feitor de Maluco) se procuró furtivamente en la India y le envió á Lisboa. De igual procedencia poseía también Barros el cuarto capítulo de los treinta que forman un tratado de longitudes («vulgarmente llamadas distancia de meridiano fijadas por la altura de leste oeste»), compuesto por Ruy Faleiro para el uso particular de Magallanes (t. III, p. 1.ª, páginas 660 y 661). Barros, que nació en 1496, encontrábase en África, en el fortín de la Mina, cuando llegaron á España los restos de la expedición de Magallanes, en 1522 (t. III, p. 1.ª, pág. 235).

[179] Déc. II, lib. II, capítulos 20 y 21; lib. IV, cap. 10 (t. I, páginas 103, 195 y 338).

[180] «Hombre hablador y de poca sustancia.» Parece que la diplomacia fué más activa cuando vino un embajador á Zaragoza á negociar el matrimonio de la hermana de Carlos V (doña Leonor) con el rey D. Manuel. «Se avisó á Magallanes que él y su amigo, el astrónomo Ruy Falero, serían asesinados (diplomáticamente), lo cual obligó al obispo de Burgos á ocultarles todas las noches en su palacio.

[181] Primo viaggio, pág. 36, y la Introduzione del señor Amoretti, páginas XX-XXVI.

[182] Antes hemos visto que estos testimonios contemporáneos nada nos enseñan acerca del lugar donde se encontraba el mapa. Pigafetta cita solamente los archivos (el tesoro) del Rey de Portugal. Gozaba de tan grande reputación un mapa veneciano, traído de Italia en 1428 por el infante D. Pedro, duque de Coimbra, hermano del famoso infante D. Enrique, duque de Viseo, y colocado en el convento de Alcobaça, que Francisco de Souza Tavares suponía haber visto indicado en él, como cola del dragón occidental de las Hespérides, el estrecho de Magallanes. (Antonio Galvano, Trat. dos descubr., página XV; Manuel di Faria y Sousa, Europa Portuguesa, tomo III, cap. I, pág. 554; Zurla, il Mappamondo di Fra Mauro, páginas 7, 86, 87 y 143; Vincent, Periplus of the Erythr., páginas 197 y 199.) Además, se creyó que era en el convento de Alcobaça donde Magallanes debió haber visto un mapa de Behaim. (Stuven, De vero Nov. Orbis inv., pág. 41; Tosen, Der wahre Entd., pág. 14). Aunque Behaim nació en 1430 y hasta 1479 ocupóse en comerciar en Alemania, no se temió atribuirle, sea el mapa veneciano de 1428, sea la copia del gran mapamundi del convento de los Camaldulenses de San Miguel de Murano, que el rey Alfonso V había hecho dibujar en 1459 en el taller de mapas de Fra Mauro y de Andrés Bianco (Zurla, pág. 85).

[183] Cosmographica disciplina, cap. II, pág. 22; De Universitate liber, pág. 37. Este hombre raro, perseguido por los teólogos, nació en 1510 y murió en 1581. Es uno de los pocos que antes de Bochart se ocuparon de la lingüística comparada, ciencia que, gracias á la filosofía y á los conocimientos más extensos en nuestro siglo, ha llegado á ser tan importante para la historia de los pueblos y su mutua filiación.

[184] Los cambios que ha sufrido la nomenclatura de los diferentes cabos de la isla de la Trinidad y la supuesta identidad de las partes del continente americano que Colón, en su tercer viaje, designó con el nombre de Isla Santa y de Tierra ó Isla de Gracia, han hecho dudosa la cuestión de saber si fué la parte de tierra firme vista por primera vez. He discutido este problema antes de la publicación de los documentos de Navarrete en la Relation historique, t. II, pág. 72, nota 3.ª La costa primeramente descubierta fué la oriental de la provincia de Cumaná, al este de Caño Macareo, cerca de Punta Redonda, parte baja llamada Isla Santa, y no la parte montañosa de la costa de Paria, que forma la costa NO. del golfo de las Perlas ó de la Ballena, paraje que Colón designaba con el nombre de Isla de Gracia. Cuando su primer viaje, en Noviembre de 1492, á las costas de Cuba, estaba persuadido el Almirante de que se encontraba en un continente («es cierto, dice, que ésta es la tierra firme», Diario, 1.º de Noviembre). Esta opinión, confirmada en el segundo viaje y solemnizada por el juramento de toda la tripulación el 12 de Junio de 1494, la conservó Colón hasta su vuelta de Paria á Haïti en 1498. Dice terminantemente: «En el viaje que yo fuí á descubrir la tierra firme estuve treinta y tres días sin concebir sueño, pero no se me dañaron los ojos ni se me rompieron de sangre y con tantos dolores como agora.» (Carta á los Reyes Católicos, conservada en el archivo del Infantado.) (Navarrete, t. I, páginas 46 y 252.)

Este convencimiento de Colón de no haber descubierto en 1498 sino un punto más meridional y más oriental del continente de Asia visto en 1492 y 1494, ha contribuído quizá á privarnos de una relación más detallada escrita por el mismo Almirante.

El martes 31 de Julio de 1498, un marinero de Huelva, Alonso Pérez, descubrió desde lo alto de un mástil una tierra de tres mogotes. Era el cabo SE. de la isla de la Trinidad, hoy Punta Galeota, llamada entonces Punta Galea según la carta del Almirante, y Punta Galera según su hijo D. Fernando. La Punta Galera de los hidrógrafos modernos, el cabo NE. de la Trinidad, nunca llegó á verla el Almirante.

El miércoles 1.º de Agosto, después de haber hecho aguada en la Punta de la Playa, en la costa meridional de la isla de la Trinidad, al este de la Punta del Arenal (cabo SE. de la isla, acaso en la embocadura de los arroyos Erin y Moruga) «vieron sobre la mano izquierda (la proa al oeste) la Tierra Firme á 25 leguas de distancia (esta valuación, como las siguientes, están aumentadas en la mitad), aunque pensaron que era otra isla, y creyéndolo así el Almirante, la puso por nombre Isla Santa.» Así lo dice el hijo de Colón (Vida del Almirante, cap. 67. Herrera, déc. I, lib. III, cap. 10, t. I, pág. 67. Véanse también los testimonios en el pleito del Fisco contra los herederos de Colón, Navarrete, doc. LXIX, t. III, págs. 539-551 y 579-583, entre los cuales se descubre la existencia de un manuscrito, en el que un marinero, Pedro Mateos, de la villa de Higuey, marcó en 1498 todas las montañas y los ríos, y se lo quitó Cristóbal Colón.)

No habla Colón en su carta á los Reyes Católicos de esta vista de Tierra Firme hacia el Sur, ni siquiera se encuentra en ella nombrada la Isla Santa, sin duda porque en el viaje desde la Margarita á Haïti había tenido tiempo de reflexionar acerca de la semejanza y probable unión de las costas continentales de la tierra baja más meridional de la Isla Santa y de la tierra montañosa y más septentrional de la Isla de Gracia. «Creyendo que era otra isla (dice Herrera siguiendo á Las Casas) distinta de Isla Santa, le puso nombre de Gracia, y le pareció altísima tierra.»

El 2 de Agosto se pasó por la Boca de la Sierpe hoy Canal del Soldado, por cuya abertura comunica el pequeño golfo de Paria ó de la Ballena, al Sur, con la mar. El día 5 de Agosto fué cuando por primera vez se puso el pie en el continente de América, á 5 leguas de distancia de cabo de Lapa, donde Pedro de Terreros hizo la risible ceremonia, tan repetida en nuestros dias, de una toma de posesión. La oftalmía impidió al Almirante desembarcar, pero no el hacer la «pintura de la tierra», que envió á los Monarcas, y que después guió á Alonso de Ojeda cuando, desde las costas de Surinam, vino al golfo de Paria (Segunda pregunta del Pleyto del fiscal, 1513-1515, Navarrete, t. III, páginas 5 y 359). Cabe sospechar que la circunstancia de no haber desembarcado indujo al piloto de la expedición, Pedro de Ledesma, quince años después, á decir en el pleito malignamente, y contra todos los demás testimonios, «que Colón descubrió la Punta de la Galea de la Trinidad, pero no la Tierra Firme que se dice ser Asia».

La expedición salió el 15 de Agosto por la abertura septentrional del golfo de Paria, y á ésta es á la que únicamente llama el Almirante Boca del Dragón. He juzgado conveniente poner en claro estos hechos, por el conocimiento detallado que adquirí de las localidades durante mi estancia en las montañas de Paria y en las misiones de Caribe.

[185] Los historiadores contemporáneos describen en los siguientes términos el carácter de este hombre valeroso: «Tenía favor por ser gran cortesano y de buenos dichos, hombre hijodalgo, modesto y de blanda condicion, hombre de á cavallo, tañedor de vihuela y trinchante á Don Enrique Enriquez, tio del Rey Católico.» Herrera, déc. I lib. VII, capítulos 7 y 16.

[186] Doy aquí los verdaderos límites de la Castilla del Oro en la época en que la Tierra Firme estaba explotada como en arrendamiento en provecho de los conquistadores que la habían descubierto (Navarrete, t. III, docs. núms. 1, 2 y 28, páginas 116, 170, 337 y 343; Humbolt, Relat. hist., t. III, página 538). En el mapamundi de Ribero, de 1529, la denominación de Castilla de Oro, que sólo corresponde á Uraba y al Darien, se aplica á toda la parte septentrional de Tierra Firme, mientras hasta 1508, como antes he demostrado, la denominada Nueva Andalucía (provincia de Cumaná) comprendía desde el cabo de la Vela al golfo de Uraba. Cuando el rey Fernando encargó en 1513 á su embajador en Roma, Mosen Jerónimo de Vich, negociar con el Papa la creación de un nuevo obispado en Nuestra Señora de Antigua (de la provincia de Darien), la Castilla de Oro fué llamada, en la jerarquía eclesiástica, Bætica aurea.

[187] Véase mi Relation historique, t. I, páginas 699-713, y tomo II, pág. 224.

[188] Geogr., lib. IV, cap. 9; lib. II, cap. 5, donde á «la tierra desconocida» que rodea el mar de la India al Mediodía se la nombra dos veces, mientras á mitad del mismo cap. 5 al mismo mar de la India se le compara, como mar cerrado, al Caspio. M. Gossellin (Rech., t. I, pág. 45), atribuye á Hipparco esta hipótesis de una división del Océano en muchas cuencas y la prolongación oriental del África. Hasta ha publicado dos mapas del sistema de Hipparco, presentando la tierra desconocida que une África y Asia. El único pasaje que se puede alegar en justificación de esta identidad de la geografía sistemática de Ptolomeo y de Hipparco (la era del primero de estos geógrafos está separada de la del segundo por Strabón y Posidonio, que, como Eratosthenes, eran de opinión contraria), encuéntrase en Strabón, lib. I, pág. 10. Alm., pág. 5, Cas. Trátase en este sitio de la división del Océano en muchas cuencas separadas por istmos y de la influencia probable de estos istmos en la desigualdad de los fenómenos de las mareas. No se nombra á Hipparco sino por haber combatido, conforme al testimonio de Seleuco el Babilonio, la identidad general de los fenómenos de flujo y reflujo; y aunque por inducción, estas opiniones ponen á Hipparco en oposición con Cratés, que admite la posibilidad de una circunnavegación, confieso, sin embargo, que el pasaje citado no me convence completamente de la desigualdad de configuración que, á la extensión en latitud, deben haber dado al África Ptolomeo é Hipparco, cerca del mar Erythreo.

[189] Antes dije la poderosa influencia que en la dirección de las ideas de Cristóbal Colón ejercieron los pasajes de Strabón, repetidos por el cardenal d’Ailly. He aquí un pasaje de Solino que, por sus afirmaciones positivas, produjo grande efecto en la Edad Media. «Omne illud mare ab India ad usque Gades voluit (Juba) intelligi navigabile, cori tantum flatibus.» Llámase también fastuosamente «loca stationum et spatiorum modum» (Solino, Ex. Plin., págs. 874-879). San Isidoro era de la misma opinión de Cratés, de Eratosthenes y de Solino (Orígenes, libro XIV, cap. V). El pasaje de Solino está tomado de Plinio (VI, 29), que comienza el Atlántico en el cabo Mosylon de Etiopía y reune en un mismo capítulo (II, 67) cuanto podía excitar el ardimiento de los marinos portugueses del siglo XV. El viento NO. (caurus ó argestes de los griegos) no está acertadamente elegido para explicar una navegación desde la India ó del mar Rojo á Cádiz; es, sin duda, una reminiscencia de la expedición de Eudoxio, en la cual Posidonio (Strabón, lib. II, página 157 Alm., pág. 99 Cas.) hace intervenir «continuos vientos del Oeste»; pero también Eudoxio procuraba dar la vuelta al África del Oeste al Este.

[190] Gesta Dei per francos, ed. 1611, t. II, páginas 281, 296; Marino Sanuto, á quien no se debe confundir con Livio Sanuto, geógrafo del siglo XVI, y que se llama á sí mismo en un manuscrito de la Biblioteca Laurentina de 1321 «Marinus Sanuto dictus Torxellus, de Venecciis», predicó acertadamente una cruzada en interés del comercio, deseando destruir la prosperidad de Egipto y dirigir todas las mercancías de la India por Bagdad, Bassora y Tauris (Tebriz) á Kaffa, Tana (Azov) y á las costas asiáticas del Mediterráneo. Nacido en 1260, compatriota y contemporáneo de Marco Polo, el viajero de Oriente, Sanuto no conoció el Milione, pero sí, probablemente, la geografía de Abu Rihan (Albiruni), de la que tomó datos Abulfeda. De carácter elevado, expone grandes miras de política comercial. (Antonio de Capmany, Memorias históricas sobre la marina de Barcelona, 1779, t. I, pág 40.) Es el Raynal de la Edad Media, sin la incredulidad de un abate filósofo del siglo XVIII.

[191] Il Milione, 1827, t. I, pág. CLV.

[192] Dissert., t. II, pág. 397.

[193] Il Mappamondo di Fra Mauro Camaldolese, descritto de lacido Zurla, 1806, párrafo 54.

[194] Zurla, párrafos 38, 39, 116-118.

[195] Ed. de Marco Polo, nota 1.419. Behaim ha figurado también estos islotes en el globo de Nuremberg, y pretende que no empezaron á ser habitados hasta 1285. (Murr, pág. 34.) La situación cerca del cabo de Guardafui no conviene en manera alguna con el dicho de Polo «verso mezzodi di Chesmacoran», que es la parte más occidental de l’India maggiore, á 500 millas de distancia.

[196] Diario del primer viaje, 13 y 15 de Enero (Navarrete, t. I, páginas 134 y 138); y cuarto viaje ( Nav., t. I, página 282). Matinino es Santa Lucía; Borodoni, Isolario, edición de 1547, pág. 15. La isla Matitina de Procacchi, Isole più famose, 1576, pág. 106, y del mapa de las Antillas de Wytfliet en las Descriptionis Ptolemaicæ argumentum sive Occidentis notitia (1597), paréceme que coincide mejor con la posición de la Martinica.

[197] Este archipiélago contiene Socotra (Socotora), Serendiv (Ceylán) y Kemr (Madagascar), situada al E. de Ceylán, según el mapa árabe que acompaña al hermoso manuscrito de Edrisi, de la Biblioteca Bodleyana, en Oxford. Por esta configuración extraordinaria dada al África oriental, á la costa de Zengis y á la de Sofala, Asia y África formaban un golfo inmenso (mar de Sind ó Hind), que en dirección, como el archipiélago, de O. al E. se extendía desde la desembocadura del mar Rojo hasta las extremidades orientales del mundo desconocido.

El globo de Behaim presenta la parte de esta serie de islas que traspasa el meridiano de Cathay, de Gog y de Magog, siendo la más próxima á las costas de España. Socotora y Zipangu son los puntos extremos de este archipiélago por el lado de la India. Antes de 1492 creíase que continuaba hacia el Este por medio de jalones apartados que formaban la Antilia, San Borondón y las Azores. Tal era la opinión de Toscanelli y de Colón, y puede formarse exacta idea de la esperanza de dichos grandes hombres de entrar por el Atlántico en esta zona continua de islas, cuando se conoce el tipo imaginario de la geografía árabe é italiana del siglo XV.

En el mapa de Edrisi queda abierto el mar de Hind hacia el Este; pero como reminiscencia del sistema de Ptolomeo, se prolonga la costa de Sofala hasta el meridiano de Cathay. Es verdaderamente extraordinario que, en oposición directa con el mapa del manuscrito de Oxford y de muchos textos de Edrisi, el sabio maronita Gabriel Sionita, en su comentario marginal del geógrafo nubiano, haya atribuído á éste la misma opinión de Ptolomeo, según la cual el mar de la India sería una cuenca cerrada (Edrisi, ed. de 1619, pág. 3, nota b). Esta falsa interpretación á que ha podido contribuir un pasaje algo obscuro de Edrisi (pág. 37) acerca de una tierra que está unida á la costa de Zengis (¿ó cercana?), ha sido copiada en otras obras, por lo demás, muy estimables (Sprengel, Gesch. der geogr. Entd., página 156). Hay siete mares, dice el Nubiano, de los cuales seis son como golfos del Océano Homerico (mare ambiens), y uno completamente separado, nulli parti prædictorum marium juncta. Ahora bien; como este solo mar, separado de los otros (Edrisi, pág. 243, repite las mismas palabras) es el Caspio ó mar de Tabarestán, y que, comparado al antiguo estado del Mediterráneo, es el mismo al cual llama (pág. 147) Stagnum undique clausum, no puede quedar duda alguna de que Edrisi creía el mar de la India abierto hacia el Este y en comunicación libre con el Océano. Lo dice claramente en la pág. 36, donde habla del enlace del mare piceum, la parte más oriental del mar de la India, con el mar de las Tinieblas, ó sea el Océano Atlántico, que baña (páginas 6, 39) las costas occidentales de África, la extremidad oriental (Vac-Vac) de dicho continente y las tierras septentrionales de Gog y de Magog.

[198] Baldelli, Milione, t. I, pág. 33. La sospecha de las adiciones fúndase en datos, al parecer, debidos á un monje, Talián, que recorrió la Etiopía. La conjetura de Ramusio y de tantos geógrafos modernos, de que Fra Mauro había copiado un mapa traído por Marco Polo del Catay, ha sido, en mi opinión, victoriosamente refutada por el cardenal Zurla (párrafos 136-143). La orientación del mapamundi de Mauro, en el cual el Mediodía, como en el planisferio de Velefri (del siglo XV), publicado por el sobrino del cardenal Borgia, está situado en la parte superior del mapa (cayendo, por tanto, el Oriente á la izquierda), choca, sin duda, cuando se recuerda que en China, donde, según las nuevas é ingeniosas investigaciones de M. Kalproth, los marinos se guiaban por medio de la brújula desde el siglo III de nuestra era, la aguja imantada lleva el nombre de aguja que muestra el Sur, Tchinantchin.

La dirección del comercio del Norte al Sur y al Suroeste daba especial importancia á la región meridional; pero las orientaciones de los mapas fueron, al parecer, por largo tiempo bastante arbitrarias. En el mapamundi circular de Andrés Bianco, mucho más antiguo que su Portulán de 1436, y hasta quizá copiado de un mapa del siglo XIII, el Sud está á la derecha, como también en el mapamundi de la Biblioteca de Turín, anejo á un comentario del Apocalipsis compuesto en el año 787 y transcrito en el siglo XII (Cod. manuscripti. Bibl. Taurín, 1749, t. II, página 29, Col. XCIII). El mapa fragmentario del monje Cosmas Indicopleustes, lo mismo que el mapa general de Edrisi, de la Biblioteca Boldeyana, que con frecuencia he citado, están orientados como acostumbramos á orientar nuestros mapas, el Oriente á la derecha. La antigüedad siguió generalmente el ejemplo de Homero (Iliada, XXII, 239; Strabón, lib. I, página 34 Cas.), que hace volar el águila á la derecha hacia la aurora y á la izquierda hacía la estancia de la noche (el Poniente). Sólo Empedocles trastorna, por decirlo así, los puntos cardinales en sentido diametralmente opuesto al método de Bianco, nombrando «la derecha del mundo el Norte y la izquierda el Sur (Plutarco, Plac. phil., II, 10; Stob., Ecl. phys., XVI, pág. 358). Esto es, como observa M. Lommatzsch, un reflejo de la doctrina egipcia (Plutarco, de Isid., c. 32), que considera el Oriente como «la cara del mundo»; lo cual, no para quien mira al Oriente, sino para quien vuelve el rostro al Occidente, sitúa (como dice Empedocles) el trópico del invierno, ó sea el Sur, á la izquierda. (Lomm., Weisch. des Emp., 1830, página 200.)

[199] Rennel, Inv. on Current., páginas 98, 138.

[200] Vies de personnages célebres, t. I, pág. 336. Recordaré, que en la punta austral de África abunda una especie particular de lobo, el chacal mesomelas; pero no es probable que el Junco de la India tocara en el cabo Diab.

[201] Dvipa (contraído en dip y div) es en sanscrito, según M. Bopp, hablando con propiedad, un compuesto posesivo, teniendo dos aguas, rodeado de agua por dos lados. Dvis pierde fácilmente la v, como lo prueba el adverbio numeral griego δὶς, en el cual el epiceno vau queda suprimido. En la explicación del nombre griego de Socotora (Dioscoridis Insula) fué donde Bochard procuró por primera vez, hace doscientos años, encontrar las palabras sanscritas Diu Socotra, impulsado quizá á ello por la palabra Iabadiu (isla de la Cebada) de Ptolomeo (VII, 2). No insistiré en la transformación de Diu Socotra en Dioscoridis Insula, conforme en rigor á la tendencia de los Helenos de formar mitos históricos por la alteración de nombres geográficos; pero cuéstame trabajo participar de la opinión de un sabio ilustre, cuyas opiniones causan generalmente profunda convicción en el ánimo del lector, de que Socotra sea una corrupción del apócope de Dioscórides. (Letronne, Materiaux pour l’histoire du Christianisme en Abyssinie, 1832, pág. 138.)

La isla de Socotora, habitada desde antiguos tiempos por colonos árabes é indios, era, no sólo por su posición á la entrada del mar Erythreo, importante para el comercio, sino también porque se la creía fértil en aloes, cuya especie, muy buscada en la antigüedad, se la llama aún en las farmacias Socotrina, adjetivo de Socotra, como se ve claramente en García, ab Horto Aromata, t. I, 2, pág. 14, ed. de 1567. «Insula Socotra (dice el geógrafo de la Nubia, pág. 23) nitida tellure, ferax arborum et pleraque ipsius germina sunt arbores aloës. Atque hæc aloë superat bonitate reliquas omnes, ut illam quæ colligitur in Hadhramut terræ Yemen.» Esta descripción recuerda la fábula árabe de que Aristóteles indujo á Alejandro á descubrir la isla de los Aloes, y el consejo de que, cuando el rey macedonio fuera personalmente á Socotora «telluris præstantia et aëris temperiem approbans», expulsara á los antiguos colonos y les reemplazara con griegos que cuidarían las plantaciones de aloes.

Creo que una isla que tanta celebridad gozó durante largo tiempo, muy bien podía merecer el nombre (sanscrito) de Sukhadhara, sitio de la felicidad ó isla felicísima, dvipa Sukhatara, que los Sres. Bopp y Bohlden reconocen casi sin ninguna alteración en Socotora. (Das alte Indien, t. II, pág. 139; Patt., Etym. Forsch. aus dem Gebiete der Indo German. Sprachen, 1833, pág. 80.) Al aloe, al jugo purgante, llámasele en sanscrito tarani. (Wilson, Lex., y Ainslie, Mat. med. Indica, t. I, pág. 10.) Creo encontrar esta palabra en el tarum de Plinio (XII, 20), sustancia aromática que se recibía por medio del comercio con los Nabatheos (García, ab Horto, lib. I, capítulo 16), sin haber conocido esta analogía con un nombre sanscrito, conjetura ya que el tarum de Plinio es la madera odorífica del aloes, el agallochon de Dioscórides, que el botánico de Anazarbe no confunde con ἀλόη. Mi sabio amigo M. Letronne recuerda que cerca de Suaken, en Abisinia, hay una montaña, Dyab, y ha hecho derivar este nombre como el de la isla Diabus y el de Dibus (probablemente la isla Dahlak), patria de Teófilo el Ariano, según Philostorgos, de una raíz árabe que significa oro (Christ. d’Abyssinie, pág. 139). Esta raíz es dseheb.