[202] «Parece que estas tierras de Ciguare, que son á diez jornadas de Río Gangues, están con Veragua como Tortosa con Fuenterrabía.» Estas palabras, bien expresivas para pintar dos mares opuestos uno á otro, sólo se encuentran en la carta rarísima de 7 de Julio de 1503 (Morelli, páginas 11 y 30; Navarrete, t. I, páginas 299 y 309), y no en la biografía escrita por el hijo de Colón.

[203] Déc. II, lib. I, cap. 7. En los despachos diplomáticos del embajador de Portugal Juan Méndez de Vasconcelos, correspondientes á los meses de Agosto y Septiembre de 1512, encontrados en los archivos de Lisboa (en la Torre do Tombo), las islas de las especias (Melucos) reconocidas desde 1511 por Antonio de Abreu, se confunden siempre con la península de Malaca. Háblase en ellos de la herejía de Solís, «que mostrara que Malaca está no demarcaçao de Castela».

[204] Reales cédulas de 28 de Julio de 1500 y de 8 de Junio de 1501 (Navarrete, t. III, páginas 41, 86, 88, 543 y 590). Parece probado que los ingleses, que llamaban la atención de la corte de España, no formaron parte de una expedición á Maracaybo que se cree realizada en 1499 y que se atribuye á Sebastián Cabot (Mem. Seb. Cabot, 1831, pág. 91-96 y 307-310). La península de Chichivacoa, que en el pleito con los herederos de Colón nómbrase generalmente Coquibacoa, y aun Quinquibacoa, está frente á la península de San Román, á la entrada del golfo (y no del lago) de Maracaibo. Es hoy un terreno casi completamente despoblado que, por su posición, gozaba de alguna celebridad política al principio del siglo XVI. El obispo Fonseca recomienda especialmente á Ojeda que le traiga «en cuanto pueda» piedras verdes, de las cuales tenía ya el prelado algunas muestras. Como sé por propia experiencia la gran distancia á que los indios del Orinoco y del Amazonas hacen pasar los productos que estiman de mucho precio, no me atrevo á resolver si estas piedras verdes eran esmeraldas de Muzo (de la meseta de Nueva Granada) ó las sassuritas (piedras del Amazonas), que Diego de Ordaz llama «esmeraldas gruesas como el puño» (Rel. hist., t. II, páginas 481-485, 571 y 689).

[205] Navarrete, t. III, páginas 24, 320.

[206] Docum. dipl. núm. 139; Navarrete, t. II, pág. 257.

[207] Informes del 20 de Enero de 1513 y del 16 de Octubre de 1515 (Navarrete, páginas 367, 379 y 380).

[208] Vida del Almirante, cap. 88, pág. 101; Herrera, t. I, página 104.

[209] (Navarrete, t. I, pág. 285.) Colón alude al primer viaje que realizó Ojeda con el sabio piloto Juan de la Cosa y con Vespucci (20 de Mayo de 1499; Junio de 1500) desde el río Essequivo hasta el cabo de la Vela, recorriendo, por tanto, toda la costa de Venezuela, más acá del meridiano del lago Maracaybo. La expedición de Rodrigo de Bastidas y de Juan de la Cosa fué la que continuó estos descubrimientos hacia el Oeste hasta el Puerto del Retrete. Ambos marinos salieron del puerto de Cádiz en Octubre de 1500. La expedición volvió á Haïti á fines de 1501 ó á principios de 1502, y á Cádiz (después de muchas peripecias) en Septiembre de 1502, cuatro meses después que Colón emprendió su cuarto viaje (Navarrete, t. III, páginas 26, 28 y 592).

[210] Herrera (déc. I, lib. 4, cap. 11.) y después de él Muñoz, se han equivocado en un año en la época del segundo viaje de Ojeda, el que hizo con Vergara, sin Juan de la Cosa y sin Vespucci, y que se verificó de Enero á Mayo de 1502 (Navarrete, t. III, páginas 29-37, 68, 170 y 593). Antes del primer viaje, en el que Ojeda mandaba sólo (1499-1500), sirvió en unión de Juan de la Cosa en la segunda expedición de Colón (1493 y 1496), y por tanto, á las órdenes del Almirante.

[211] Segunda pregunta del Fiscal. Colón había escrito á los Reyes Católicos en 1498: «Enviaré á Vuestras Altezas la pintura de la tierra (de Paria), y tengo asentado en el ánima que allí es el Paraíso terrenal.» Según Colón, á la extremidad del Este es donde el mapa y la cosmografía cristiana de Cosmas sitúan, en un continente separado del nuestro por el Océano, el origen del género humano.

[212] Véase mi Relation hist., t. II, pág. 706.

[213] La fecha de la edición es cierta, y posterior sólo en dos años á la muerte de Colón. Reidel, en su Coment. crítico-litteraria de Claudii Ptolomæi geographia ejusque codicibus (Norimb, 1737, pág. 52) pretende que sea de 1507, á causa «de una indicación in calce Planisphærii», que no he encontrado en ninguno de los ejemplares que he visto en Francia y Alemania. El privilegio del papa Julio II, de la edición de 1508, es de 1506; pero se encuentra literalmente repetido de la edición de 1507, notable por las primeras cartas modernas que presenta junto á los mapas de Agathodæmon.

[214] El monje Celestino de Benevento, sin nombrar á Vespucci, atribuye, al parecer, más bien á los portugueses que á los españoles el descubrimiento de la América meridional. En el antes citado cap. 14 escribe: «De tellure quam tum Lusitani, tum Columbus observavere, et Mundum appellant Novum vel terram Sanctæ Crucis.»

[215] Zurla, páginas 61, 62, 137 y 139.

[216] Á este célebre geógrafo preocupa la idea de que el estrecho fué descubierto antes de Magallanes. «Per fretum Magellanis fertur mare ab oriente in occidentem motu incitatissimo ut inde Magellanes (vel qui ante Magellanem id detexit, ut volunt) conjecerit fretum, per quod ex Atlantico in Pacificum Occanum pervenitur (Geogr. gen., Cant., 1681, pág. 119). Fretum Magellanes primus invenit et navigavit, 1520, etsi Vascus Nunnius de Valboa prius, nempe anno 1513, illud animadvertisse dicitur, cum ad australem regionem lustrandam isthic navigaret» (pág. 85). Sorprende encontrar en un autor instruído esta confusión de ideas y sucesos; el descubrimiento del istmo de Panamá, que es un estrecho terrestre, mezclado al descubrimiento de un estrecho oceánico.

[217] Nota del mapa original de Cruz Olmedilla, cuyos ejemplares han llegado á ser tan raros porque el Gobierno español ordenó en tiempo de Carlos III romper las planchas.

[218] El capitán Sarmiento de Gamboa (Viaje al estrecho de Magallanes, 1768, páginas VI y LXIII) es el primero que en 1579 entró en este archipiélago. Compárese tambien Agueros (Descripción hist. de la Prov. y del Archip. de Chiloe, 1791, página 128). Más al Sur, hacia el cabo Victoria, al archipiélago que limita la parte Noroeste del estrecho de Magallanes, ha dado recientemente el capitán King el nombre de Queen Adelaide’s Archipelago.

[219] Véase mi Essai politique (edic. de 1825, t. I, pág. 239).

[220] Herrera, déc. I, lib. X, cap. 3. Entre las cartas marinas conservadas en Hudson’s Bay House, hay un dibujo de las costas desde la bahía de Hudson hasta el Copperine River trazado rudamente por los indios (Barrow, Voyages into the Polar Regions, 1818, pág. 376).

[221] Por ejemplo, un marinero de la expedición de Bastidas á la costa de Santa Marta permaneció trece meses entre los indios, y fué recogido por Ojeda en 1502.

[222] Magallanes fondeó muy cerca de Port Desiré, en la isla de los Pinguinos, ó más bien de los Mancos (Aptenodytes, Forster), que los españoles llaman Pájaros Niños, porque andan vacilantes como los niños pequeños (Pigafetta, pág. 23; Sarmiento, pág. LIV). En el mismo pasaje de Pigafetta encuentro la primera descripción de un otario (foca de orejas exteriores); dice: «Lupi marini grossi come vitelli con orechie piccole é ronde.» El manco lo describió por primera vez Vasco de Gama, que le vió en una ensenada llamada Mossel-bay, 4° al E. del cabo de Buena Esperanza (Lichtenstein, en Vaterl. Mus., tomo I, pág. 394). Yo no he visto en las costas americanas del mar del Sur ni otarios ni mancos al norte de la isla de San Lorenzo, frente al Callao de Lima (latitud 12° 3′). Allí existen dos nuevas especies, que M. Meyen ha figurado recientemente en la parte zoológica de su Viaje alrededor del mundo, pl. 14 y 31. Á mayor distancia al O., los otarios se acercan mucho más al Ecuador, por ejemplo, en Nueva Guinea.

[223] No se ha explorado el río Santa Cruz más que hasta Weddels Bluff.

[224] La anchura de la América meridional, por los 52° 22′ de altitud austral, entre el cabo Pilares y el cabo de las Vírgenes, es, de O. á E., de 80 leguas marinas, mientras el desarrollo de las sinuosidades del estrecho de Magallanes, cuya mitad oriental tiene la dirección de SSO.-NNO., y la occidental ESE.-ONO., es de 108 leguas marinas de 20 al grado ecuatorial. La forma triangular de la extremidad austral de la América meridional es tan poco regular al S. de los 40° de latitud, que por dos veces, en el paralelo del golfo de San Jorge (latitud 45½°) y en el de la bahía de los Nodales hasta río Gallegos (latitud 51° 40′), la anchura del continente es menor que en el estrecho de Magallanes. Esta configuración de las costas, tan distinta de la que tienen en la extremidad del África, merecería ser fijada con más precisión por medio de buenas observaciones de longitud.

En la latitud del cabo de Buena Esperanza, la extremidad del continente africano presenta una costa de 150 leguas, casi enteramente dirigida de E. á O. Esta forma truncada desaparecería si el banco de las Agujas (Agulhas banc) se uniera al continente por un levantamiento submarino; entonces África terminaría en punta á los 36° 47′ de latitud austral, es decir, á 2° 52′ al S. de la ciudad del Cabo y 2° al S. del cabo Agulhas, que es hoy el punto más meridional de África. Estas extremidades meridionales de los continentes tienen especial interés geológico, y de esperar es que algún día se descubrirá si en la opuesta dirección de las partes orientales y occidentales del estrecho de Magallanes influye la dirección de las corrientes pelásgicas ó el yacimiento de las aristas de las rocas. Mr. King ha hecho ya la interesante observación que las islas sólo abundan en el estrecho, donde los grüstein son más frecuentes (Journ. of the Royal Geogr. Soc., 1832 vol. I, pág. 166). Además, esta nueva expedición inglesa, más aún que las de Córdova, Churruca y Galiano, ha probado la gran exactitud de la opinión de un navegante del siglo XVI, D. Ricardo Aquines (Herrera, descr. de las Ind. occ. pág. 49), según la cual, hasta los 56° de latitud (la del cabo de Hornos es efectivamente 55° 58′ 41″), toda la banda del Sur del estrecho, es decir, la Tierra de los Fuegos, como entonces se decía, «es un grupo de islas de distintos tamaños».

Según las investigaciones del capitán King, comandante del Acenture y del Beagle durante los años 1826 y 1830, la Tierra del Fuego la forman tres grandes islas, King Charles South Land (rodeada al Este por el estrecho de Le Maire), Clarence Island y South Desolation, cuya punta occidental es el cabo Pilares. El cabo de Hornos forma un islote de roca anfibolítica al SE. de la isla La Hermite, que en pequeño tiene la forma de Sicilia, y se encuentra, como las islas de Wollaston y Navarino, un poco al O. del meridíano del volcán de Basil Hall. En un viaje hacia el O., rasando el cabo de Hornos, se pasa entre las rocas de Diego Ramírez (latitud 56° 26′ 35″) y de San Ildefonso. Estos dos grupos de escollos están separados uno de otro más de 32 millas.

[225] Viaje al estr., p. IV. El mismo Magallanes llamó al estrecho por él descubierto Estrecho Patagónico, nombre que pronto cambió por el de Estrecho de la (nave) Victoria (Pigafetta, pág. 40).

[226] Herrera, déc. II, lib. 9, cap. 11. En las hermosas cartas que acompañan á la obra del mayor Rennell sobre las corrientes á la vasta bahía (latitud 41° 8′-42° 2′), que termina al Sur por la Península de San José, y que tiene una configuración tan extraordinaria, se la llama bahía de San Matías. Las cartas de la expedición de Malaspina, publicadas por el Depósito hidrográfico de Madrid, la dejan sin nombre. Comparando las latitudes de Magallanes y de su hábil compañero de fortuna Andrés de San Martín, á las latitudes determinadas en nuestros días, se ve que la suposición de un error de 1½° no puede admitirse, y que el nombre de San Matías conviene mejor á la bahía de Todos los Santos (latitud 39° 52′-40° 40′), entre el río Colorado y el río Negro de la costa patagónica. Tal es, al menos, el resultado de mis investigaciones.

[227] Primo viaggio, pág. 40.

[228] Aquí fué donde Serrano creyó observar, el 11 de Octubre de 1502, un eclipse de sol, «que en el meridiano debía verificarse á 10 h. 8 m. de la mañana»; pero según el extracto que Herrera (déc. II, lib. 9, cap. 14) nos da del Diario de Serrano, «el disco del sol no se obscureció ni totalmente ni en parte, y sólo se vió que al empezar el eclipse, estando el astro á 42½° de altura, cambió su color en rojo obscuro, tal como se ve en Castilla al través del humo de rastrojos ardiendo». Cesó este fenómeno cuando estuvo el sol á 44½° de altura. Esta observación, que Pigafetta no menciona y de que habla Herrera por manera tan ininteligible, no está hecha, ciertamente, para dar un resultado de longitud; sin embargo, Castañada (Hist. delle Indie, lib. VI, pág. 103) pretende que Magallanes determinó, «por el eclipse de sol de 17 de Abril de 1520, y conforme á las reglas que le había dado Faleiro, que había 61° de diferencia de longitud entre Sevilla y el río de Santa Cruz». Esta valuación sólo tiene el error de 1½° de menos, exactitud muy notable para el año de 1520 si se recuerda que Barros (déc. III, libro 5.º, cap. 9) presenta resultados extraordinariamente contradictorios que se obtenían conforme á las mismas reglas de Faleiro. Además, ni Magallanes ni Serrano fueron en Abril á la desembocadura del río Santa Cruz, y Castañada confunde probablemente el eclipse de sol de 11 de Octubre con uno de los ensayos de observaciones de conjunción que hizo el cosmógrafo Andrés de San Martín, durante la estancia de la expedición en Río San Julián, «según la industria de Ruy Faleiro», como dicen los documentos reunidos por Herrera. Magallanes partió de Sanlúcar el 21 de Septiembre de 1519, tocó en el Río de la Plata á principios de Enero de 1520, en la bahía de San Matías el 15 de Febrero, en Río San Julián el 2 de Abril, en río Santa Cruz el 14 de Septiembre, y en el cabo de las Vírgenes el 21 de Octubre de 1520.

[229] El globo de Behaim, construído en Nuremberg en 1492, no presenta más que la isla de San Brandán, que, como se sabe, ya figuraba en los mapas del siglo XIV. La absoluta ignorancia de Behaim en 1492 sobre la existencia de los Bacalaos (Terranova), confirma los argumentos con que el autor del Memoir of Sebastián Cabot (1831, páginas 286-289) combate la existencia de un viaje de descubrimientos á la costa Noroeste de América, hecho en 1484 por Juan Vas Cortereal. Sabemos, por la historia de las islas portuguesas de Cordeyro, que este personaje era gobernador de Tercera, y sería raro que viviendo Behaim en las Azores no hubiera tenido conocimiento de tierras occidentales vistas por Juan Vas Cortereal.

[230] Murr, pág. 47; Mannert, Einl. in die Geogr. der Alten, pág. 173. Cuando Schoner, natural de Carlstadt, en Franconia, fué llamado por Melanchthon de Bamberg á Nuremberg para desempeñar la cátedra de matemáticas, llevó consigo el globo. Este globo, de 2 pies, 10 pulgadas y 6 líneas de diámetro, encuéntrase colocado en la biblioteca de la Municipalidad (Stadtbibliothek). El tratado de Circulis Sphæræ (Tiguri, 1546), que también contiene una carta con el istmo de Panamá atravesado por un estrecho, no es, sin embargo, de Schoner, porque se ve en su obra Optisculum Geographicum ex diversorum libris et cartis collectum que en 1533 conocía (capítulo XX) la expedición de Magallanes («ducis navium invictissimi Cæsaris divi Caroli»). El paso del Noroeste, buscado recientemente por Parry y Ross, figura como abierto al Norte de un vasto continente llamado Terra Baccalearum en el mapamundi del Opusculum Geographicum Joannis Myritii Melitensis (Ingolstadt, 1590), pág. 60.

[231] Klaproth, Notice d’une Mappemonde et d’une Cosmographie chinoises, 1833, pág. 85. Véase también Nov. Journ. Asiat., t. XI, pág. 66.

[232] M. Letronne, en su edición de Dicuil, página 12. De igual manera κέρας significa geográficamente, ó un promontorio, ó, en sentido negativo, la desembocadura de un río ó de un golfo (Strabón, lib. X, pág. 458 Cas.; Hesiodo, Theog., 789, y los Fragmentos de Hannon).

[233] Véase en los dos primeros capítulos de esta obra la influencia que en el ánimo de Colón ejerció la erudición clásica.

[234] Malpaghino, propiamente Juan Malpighi de Ravena (Heeren, Gesh. der Classiker. Einl., pár. 162).

[235] Estas denominaciones, tomadas de una ciencia que aun no existía, la geografía de las plantas, las aplica ya Ptolomeo á Africa y Asia á la vez. La Myrrhifera regio está situada (Geogr., lib. IV, cap. 9, pág. 114) cerca del Coloë Palus, en las fuentes del Astapus, y (lib. VI, cap. 7, pág. 154) junto al golfo Sachalites, al E. del Hadramaüt, en un país montañoso, fértil en smyrna y en libanotos. Confundiéronse durante largo tiempo las comarcas que producían los aromas y las especias, con las en que se hacía el comercio de almacenaje de estas mercancías; y aunque Herodoto ya oyó decir que el cinamomum nacía en el país donde fué criado Baco, aludiendo sin duda á la India (Heeren, II, 1, pág. 101), y no á Arabia (Herodoto, III, 107), costaba trabajo, aun en los tiempos modernos de la escuela de Alejandría, no buscar la cinnamomifera regio en África, más allá de la costa de los Trogloditas. El rey Juba, único autor que reunió el conocimiento de la literatura de Cartago (Amm. Marcell, XXXII, 15) al de la literatura romana, esclareció mucho, en la época de Augusto, todo lo relativo al comercio de los aromas de Oriente y á los caminos de las caravanas (Plinio, VI, 28, 29; XII, 14) que conducían estos preciosos productos; pero una antigua preocupación influía siempre para confundir la India con las costas á donde se podía llegar yendo por el estrecho de Bab el Mandeb al mar Erythreo.

[236] Dión, Perieg, V, 589; Mela, III, cap. 7, pár. 70, el cual añade ingeniosamente: «Aurei soli (ita veteres tradidere) aut ex re nomen aut ex vocabulo fabula»; Plinio, VI, 21; Ptolomeo, Geogr., VII, cap. 2, pág. 176 (no está nombrado Argyré). Peudo-Arriano, maris Erythr., compuesto, según Letronne (Christianisne d’Abyssinie, pág. 47), en tiempo de Séptimo Severo ó de Caracalla.

[237] Véase mi Essai politique sur la Nouvelle Espagne, t. III, página 457, segunda edición.

[238] Este delicado procedimiento está descrito en la carta fechada en Jamaica el 7 de Julio de 1503. Recuerda casi involuntariamente un rasgo de franqueza de otro grande hombre de la misma época, Hernán Cortes, que no habiendo recibido todavía á los embajadores de Moctezuma, asegura á su soberano, en carta escrita en la Rica villa de la Frontera, «que este rico y poderoso señor» (mejicano) preso ó muerto, debe caer en sus manos. Cartas publicadas por el Arzobispo de Mexico (después cardenal) Lorenzana, pág. 39.

[239] Carta del tercer viaje, de letra de Fray Bartolomé de las Casas, conservada en los archivos del Duque del Infantado (Navarrete, t. I, pág. 244). El nombre de Sophira que los Setenta dan al Ophir, recuerda, en Ptolomeo, más aún que la metrópoli Sappara de Arabia (lib VI, cap. 7, pág. 156) el Soupara de la India (lib. VII, cap. 1, pág. 168), en el golfo de Cambaye (Barygazenus Sinus), que Hésychio llama «región célebre en oro». Es el Upara (mal expresado) del Periplo del mar Erythreo (Geogr. minor., t. I, pág. 30). Véase también Gosselin, Rech., t. III, pág. 208 y las nuevas y curiosas disertaciones de M. Federico Keil, Ueber die Hiram Salomonische Schiffahrt, Dorpat, 1834, páginas 40-455.

[240] Behaim pone á continuación de estas tierras (desde los 40° de latitud austral á los 38 de latitud boreal), Java minor, Angama (Angaman de Marco Polo, sin duda una corrupción de Andaman, los Maniola de Ptolomeo), Java minor, Insula Candyn, Argyré, Crisis, Thilis y Zipangut en el Oceanus Indiæ superioris; finalmente, las islas Cathai en el Oceanus Indiæ orientalis, que se extiende al Norte hasta los 50°.

[241] Barros (déc. I, lib. III, cap. 11) llama á Colón «eloquente e bon latino, o qual decia que venha de l’isla Cypango e trazia muito ouro». En la Vida del Almirante, publicada por su hijo (cap. 40), háblase largamente de la visita que hizo á la Corte en el palacio de Valdeparaíso, cerca de Lisboa, y en el Diario de la primera navegación, conservado por Las Casas, se menciona la vuelta de la India y los Indios que mostraba. Muñoz se inclina á creer (lib. IV, § 12), que el Almirante citaba engañosamente á Zipangu, para desvanecer toda sospecha de que venía de una tierra comprendida en la capitulación ajustada entre Portugal y España, por ejemplo de las costas de África, ó, como se decía entonces, de la Mina de Portugal y de Guinea. Pero examinando atentamente el Diario de Colón y los escritos de su hijo, comprendo que el supuesto engaño era íntima persuasión. Comprometido el Almirante á decir dónde había estado, optaba por la isla de Zipangu (Cipango), que le había dado á conocer el itinerario proyectado por Toscanelli en 1574 y que preocupaba tanto su imaginación, que cinco días antes del descubrimiento de Guanahaní declaró á Martín Alonso Pinzón deseaba más ir primero á tierra firme (al Asia) y después á las islas, entre las cuales se encontraba Cipango (Navarrete, t. I, pág. 17).

El hijo de Colón (cap. 20) dice positivamente «que su padre esperaba ver tierra á 750 leguas al Oeste de Canarias; y que hubiera hallado la Española, llamada entonces Cipango, de no saber que se decía estar á lo largo de Tramontana á medio día, y por eso quedaba á la izquierda».

Después del descubrimiento de Guanahaní el 13 de Octubre, aun expresa Colón en su Diario el deseo «de topar á la isla de Cipango»; pero antes de llegar á ella, costea por el NO. la isla de Cuba, cree que es un continente y que se encuentra á más de cien leguas de distancia de las grandes ciudades del Cathay (Zaitum y Quinsai), que por las narraciones de Marco Polo le había ponderado Toscanelli. «Y es cierto, dice el Almirante, questa es la tierra firme, y que estoy ante Zayto y Guinsay»; Diario, 1.º de Noviembre de 1492.

Posteriormente, según veremos en una carta al contador Santángel (á bordo de la carabela, cerca de las islas Canarias, el 15 de Febrero de 1493), llama de nuevo á Cuba una isla, pero extraordinariamente atento á la analogía de las denominaciones geográficas, consigna con interés en su Diario que el Rey de la Española, llamada por los indígenas la isla Bohio, aseguraba que muy cerca de allí, en Cipango, á que ellos llamaban Civao (era una comarca de la Española que aun se llama así), había mucho oro. Una semejanza accidental de sonido favoreció, pues, tal idea en la viva imaginación del Almirante.

El secretario del Senado de Bruselas, Wytfliet, en una Geografía americana aneja á la edición de la Geografía de Ptolomeo de 1597, nos recuerda que los habitantes (caribes) de Matitina tenían en su isla montañas llamadas Cipangi y que por analogía designaban con el mismo nombre los países montañosos de la Hispaniola (Descriptionis Ptolemaicæ argumentum sive occidentis notitia, studio Cornelli Wytfliet. Lovaina, 1597, páginas 146 y 166).

Como complemento de las opiniones sistemáticas que guiaban á Colón, observaré al terminar esta nota que, según su hijo (capítulos 7 y 29), tomaba las Azores por la Atlántida, las islas de Cabo Verde por las Gorgonas, y el Este de la India, á cuarenta días de navegación, por las Hespérides.

[242] Strabón (lib. II, pág. 127). En el admirable pasaje acerca de las ventajas de Europa.

[243] En la expedición que hice por orden del emperador Nicolás á la Rusia asiática, cuando dos de mis compañeros de viaje, el Sr. Schmidt y el Conde de Polier, descubrieron en la pendiente occidental del Ural, casi á los 60 grados de latitud Norte, los primeros diamantes hallados en Europa, dudóse al pronto de la realidad del descubrimiento, «porque los verdaderos diamantes corresponden al clima de las Indias».

[244] Al País del Oro, Chavilán, el antiguo Dorado del Phase se le daba, á causa de su misma riqueza y á pesar de su posición boreal, el nombre de India Póntica (Rosenmuller, Bibl. de Alterh, t. I, pág. 204).

[245] «Americus Vespucius maritima loca Indiæ superioris perlustrans cam partem quæ superioris Indæ est, credidit esse insulam: alii vero nunc recentiores hydographi (V. C. Magellanus, 1519) cam terram ulterius ex ulla parte invenerunt esse continentem Asiæ.» Tal es la opinión emitida en 1533 por Schoner, Op. geogr., p. II, cap. 1 y 20.

[246] Dirección casi paralela á las costas occidentales del antiguo continente (SSN.-NE.), desde los cabos Blanco y Bojador al cabo Norte en Noruega.

[247] Á quien objetara acerca de la incertidumbre de esta posición, recordaría que el capitán Sabine, en su animoso viaje para la determinación de la figura de la tierra por la observación del pendulo, llegó en 1823 en esta costa hasta los 76° de latitud, al Norte de Roseneath-Inlet, estando ya á 1½° de la tierra de Edam, en la longitud de 21° 23′. Mapas anteriores avanzan la Groenlandia más al Este, de suerte que la parte más oriental caía bajo el meridiano de Edimburgo.

[248] Desde la extremidad septentrional de Escocia á Islandia hay 162 leguas marinas; desde Islandia á la extremidad suroeste de la Groenlandia, 240; desde esta extremidad á las costas del Labrador, 140; á la embocadura del San Lorenzo, 260, Desde Islandia directamente al Labrador, 380 leguas. Desde Portugal (desembocadura del Tajo) á las Azores (San Miguel), 247 leguas; desde las Azores (Corvo) á Nueva Escocia, 412; desde Canarias (Tenerife) al continente de la América meridional (á la desembocadura del Oyapok, en la Guayana francesa, suponiendo el fuerte de Cayena, como lo determina M. Givry, á 3° 38′ 35″), 320 leguas marinas.

[249] La diferencia de longitud de 148½° arroja unos 59½° menos que el máximum de anchura del antiguo continente entre los meridianos del cabo Oriental (estrecho de Behring) y el cabo Verde de África. Esta diferencia se funda en las observaciones de los Sres. Beechey y Sabine. Si se limita la masa verdaderamente continental, desde el cabo del Príncipe de Gales (estrecho de Behring) hasta el cabo de San Luis (Labrador), se obtendrán 112° 35′.

[250] Conforme á las observaciones hechas durante la expedición del Blossom (Beechey, t. II, pág. 673), la anchura del estrecho de Behring esta determinada por la posición del cabo Est (de Asia), latitud 66° 3′ 10″; longitud de París, 172° 4′ 14″, y por la del cabo (de América) del Príncipe de Gales, latitud 65° 33′ 30″; longitud 170° 19′ 34″. La distancia entre los dos cabos es, por tanto, haciendo el cálculo en la suposición de ser la tierra perfectamente esférica, de 52° 9′ 2″. Cook creía que el estrecho sólo tenía de ancho 44 millas. Casi en medio del canal se encuentran las islas de San Diomedes (islas de Krusenstern, Ratmanoff y Fairway-Rock).

[251] Adelbert von Chamisso, Bemerkungen auf der Entdeckungs Reise des Rurik, 1821, páginas 166 y 177. La altura á que llegan los pinos, agrupados en pequeños bosques en la bahía de Norton, frente al promontorio pedregoso Tchukotzkoy-Noss y del golfo de Anadyr, prueba especialmente esta diferencia de temperatura entre las dos costas, oriental y occidental.

[252] Empleo la nomenclatura hidrográfica de M. de Fleurieu.

[253] Humboldt, Tableaux de la Nature (2.ª edición), t. I, página 169.

[254] Al fervoroso celo de estos religiosos viajeros débense los más preciados conocimientos del estado del Asia central desde el siglo V hasta el VII. Baste nombrar aquí al viajero budhista Fahian, que partió de Tchhangan para ir á las montañas Tsungling el año 399, y cuyo libro, titulado Foe Koué Ki, Relación de los reinos Búdhicos, traducido por Abel Remusat y comentado por este sabio y por Klaproth, es una relación circunstanciada del viaje. Otro descubrimiento reciente hecho por este célebre sinólogo, el viaje de Hiuan-Thsang, en la Transoxiana, los alrededores del lago Temurtu, el Candahar, el valle de Pamilo (Pamir) y la India (desde Palibothra ó Pataliputra á Ceylan), hacia los años 630 á 650, ofrecerá mucho mayor interés.

[255] Recherches sur le pays de Fusang mentionné dans les livres chinois et pris mal à propos pour una partie de l’Amérique (Nouv. Anales des voyages, t. XXI, 2.ª serie).

[256] Es una analogía curiosa que presenta el país de las viñas de Fusang (la América china de Deguignes) con el Vinland de los primeros descubrimientos scandinavos en las costas orientales de América.

[257] He aquí cómo M. Klaproth explica este error geográfico, propagado con obstinación en los mapas más modernos. Cuando los mapas formados por orden de Khang-hi se publicaron en Pekín, los jesuítas enviaron á Francia un ejemplar, acompañado de calcos, en los que solamente se habían transcrito algunos nombres chinos en caracteres romanos. En estos calcos, que d’Anville redujo para la obra del P. Duhalde, y que se conservan en París, había cerca de la desembocadura del río Amur ó Sakhalian-ula (río negro) estas palabras, escritas en mandchu: Sakhalian angga khada, que significan «Rocas de la desembocadura negra». Esta designación de algunos peñascos situados en el cauce del Amur, la tomó d’Anville por el nombre de la grande isla que los indígenas llaman Taaïkaï y los japoneses Karafto, del nombre de uno de los cabos que avanzan en el mar hacia la parte septentrional del Yeso. El nombre de Tchoka, que La Perouse da á Taraïkaï, pertenece á la costa occidental. Los sucesores de d’Anville han abreviado el Sakhalian angga khada en Sakhalien ó Saghalien. Véase Notice des travaux executés en Chine pour dreser la carte de cet empire, pág. 26.

[258] Nouvelle Journal asiatique, 1832, pág. 335.

[259] El Wenchin es la punta meridional de la isla de Yeso, ocupada por los Aïnos (velludos), que todavía tienen en nuestros días la costumbre de pintarse en el rostro y cuerpo diferentes figuras (Klaproth, Sur le Fousang, pág. 10, y Annales des Empereurs du Japon, 1834, p. VIII).

[260] Historia general de las Indias, pág. 117.

[261] Historical Researches on the conquest of Peru, Mexico, and Bogotá in the thirteenth century by the Mongols, 1827, páginas 34-45. Esta obra está íntimamente relacionada con otra que lleva por titulo Researches on the wars and sports of the Mongols and Romans, 1826.

[262] El espacio de 20° de longitud entre la isla de Pascuas y las islas de San Félix, San Ambrosio y Juan Fernández está ocupado por las Sporadas de Salas y Gómez, de Pilgrín, de Warehams Rocks y de Masafuera. Desde la isla de Pascuas conducen á las islas de la Sociedad (á través de un espacio de 40° de longitud) las Sporadas de Ducies, Elisabeth, Pitcairn (donde reside la familia anglo-polinesia del viejo marinero Adams, de la insurrección del Bounty), Crescent, Gambier y Hood. La gran serie de islas que con más continuidad se extiende desde Nueva Holanda á la América del Sur, encuéntrase casi completamente encerrada entre los 15° y 28° de latitud austral. Se desvía en dirección SE. de la isla de Pascuas á la Juan Fernández y se une al O. con un sistema de islas completamente distinto (dirigido S. N.) por medio de las islas Scarboroug y Radak en las Carolinas, como por éstas y las islas Pelew al gran archipiélago de las Filipinas.

[263] Carte du mouvement des eaux á la surface de la mer dans le Grand Ocean austral, par le capitaine Duperrey, 1831. La corriente que se dirige hacia las costas de Concepción y de Valdivia divídese, siguiendo las costas de Chile hacia el Sur y hacia el Norte á la vez. Es un punto de partida análogo á los conocidos en la costa occidental de África entre la bahía de Biafra y el cabo López, y en las costas del Brasil al Sur del cabo San Roque. (Rennell, Invest. of the Currents of the Atlant. Ocean, 1832, páginas 136 y 228.) El brazo septentrional de la corriente de Chile es el que he dado á conocer por su baja temperatura. El termómetro centígrado marca en la corriente 15°, 7 y fuera de la corriente 26°,4 á 29°, 7. (Relat. hist., t. III, página 508). Como el movimiento parcial de las aguas ha ejercido una influencia notable en la distribución de una misma raza de hombres y en la filiación de los idiomas (dialectos), debo también recordar aquí la existencia de corrientes hacia el NE., observadas algunas veces en la región tropical, aun dentro del límite de los vientos alisios del SE. y del NE. (Beechey, t. II, página 676; Meyen, Reise um die Erde auf der Prinzessin Luise, 1835, t. II, páginas 84-88).