[264] Calculando en la hipótesis de la tierra esférica, hay desde el cabo San Roque (lat. aust., 5° 28′ 17″; long. 37° 37′ 26″) al cabo Roxo (lat. bor., 12° 20′, long. 19° 14′), 1.531,2 millas marinas. Desde el cabo San Roque á Sierra Leona (lat. 8° 29′ 55″, long. 15° 39′ 24″), 1.558,7 millas.

[265] Del promontorio de Irlanda al Sur de Tralee (lat. 52° 20′, long. 12° 40′) al cabo Charles de Labrador (lat. 52° 11′, longitud 57° 40′), 1625,7 millas.

[266] Cabo Wrath (extremidad NO. de Escocia), lat. 58° 39′, long. 7° 18′. Cabo Barclay (al Sur de la bahía Scoresby) latitud 69° 10′, long. 26° 4′, distancia 807 millas marinas.

[267] Los brezos, que se creía faltaban en toda América como al NE. de Siberia, se han encontrado recientemente en el interior de la isla de Terranova.

[268] Humboldt, De dist. geogr. plant. secundum cœli temperiem et alt. montium, 1817, páginas 61-67.

[269] Como las Avicennia tomentosa, Suriana maritima, Jassiena erecta, etc., etc.

[270] Otros ejemplos de dicotiledóneas comunes á las costas equinocciales de África y de América, son Sida juncea, Pterocarpus lunatus, Æschinomene sensiviva, Scoparia dulcis y el Dodonœa viscosa, que yo he recogido en Méjico en la meseta de Guanajuato y en las colinas de lavas aglomeradas cerca de Río Mayo, en el camino de Popayán á Pasto, mientras el Sr. Perrottet la ha encontrado en el Senegal (Robert Brown, Rem. on the botany of the Congo River, pág. 57. Perrottet, Guillemin y Richard, Flore de la Senegambie, 1831, páginas 18, 41 y 73).

[271] Forma ó derivación notable de las palabras Calina y Callinago (que es el nombre que se daba á sí mismo el pueblo caribe), del cual los eruditos (propter rabiem caninam anthropophagorum gentis) han hecho canibales para latinizarlos más. García en sus fantasías semíticas (Origen de los Americanos, pág. 68), deriva la palabra canibal de Anníbal y de la lengua fenicia (Relat. hist., t. II, pág. 503; t. III, páginas 10 y 537).

[272] Déc. I, lib. III, cap. 9.

[273] Pedro Mártir, Ocean., páginas 22 y 65. Acaso el indígena á que se refiere lo que conocía eran los libros de jeroglificos de los pueblos mejicanos y del alto Perú.

[274] Las traquitas sólo asoman al través de las rocas en Islandia, donde el centro de la isla está cortado por un valle longitudinal traquítico en dirección del SO. al NE., valle descrito recientemente, sobre el terreno, en una interesante memoria geognóstica de M. Krug de Nidda (Karsten, Archiv. der Mineralogie, t. I, VII, páginas 425 y 455). Mr. Leopoldo de Buch había señalado ya la conformidad de esta dirección con la de la costa oriental de la Groenlandia (Canar. Inseln, pág. 335).

Acerca de los runos en el León de Venecia véase Grimm, Deutsche Runen, p. 209.

[275] Herrera no ha tenido para nada en cuenta las piezas del pleito que el fisco promovió contra D. Diego Colón, hijo del Almirante (déc. II, lib. I, cap. 7). Sólo las conocemos desde hace cuatro años por los extractos de Muñoz y de Navarrete (tomo III, páginas 559, 560 y 595). Entre las veinticuatro preguntas interrogatorias de la información fiscal, terminada en 1515, la once y doce refiérense á dicho libro ó escrito misterioso que permitió á Martín Alonso Pinzón «dar noticia á Colón de la existencia de tierras al Oeste». Este Pinzón es el mismo que mandaba la Pinta en el primer viaje y que murió pocas semanas después de su vuelta á España, mortificado porque la reina Isabel no quiso recibirle solo y antes que al Almirante en Barcelona. Arias Pérez, hijo de Martín Alonso Pinzón, acompañó á su padre á Roma para asuntos comerciales, y vió las escrituras que un bibliotecario «gran cosmógrafo» les enseñó y cuya vista tan viva impresión dejó en el ánimo de su padre que, desde su vuelta á Palos, sin conocer aún los proyectos de Colón, «resolvió armar dos carabelas para descubrir las cosas que vió en Roma en el mapamundo. El fiscal añade á este cargo un cuento verdaderamente fabuloso, cual es, que Martín Alonso Pinzón comunicó á Colón una fórmula atribuida al rey Salomón, y que consistía en la indicación del camino á la tierra de Campanso, la cual decía así: «Navegarás por el mar Mediterráneo hasta el fin Despaña, é allí al poniente del sol, entre el norte é el medio día por vía temperada fasta 95 grados del camino, é fallarás una tierra de Campanso, la cual es tan fértil y abundosa, é con su grandeza sojuzgarás á África é á Uropa.» No entiendo lo que quiere decir ese «camino de 95 grados», que sin duda no son grados de longitud, ni ese Ophir del Occidente llamado Campanso (Cipango?); pero creo muy probable que la anécdota del bibliotecario cosmógrafo sea en el fondo verdadera. Natural es que se apresuraran á mostrar á un marino tan grande é intrépido como Alonso Pinzón algunas cartas ó mapamundi que los bibliotecarios de Italia poseían entonces en gran número. La vista de la isla de Brazir en un mapa de Picigano (1367), ó de la Antilia, de Andrés Bianco (1436), podía muy bien excitar la imaginación del marino español. No fué ciertamente él quien ocasionó la expedición de Colón, que mucho antes de su correspondencia con Toscanelli, el año de 1474, cuando vivía en Portugal, alimentaba ya el proyecto de ir á la India por Occidente; pero la relación de lo que Alonso pretendía haber sabido en Roma, pudo muy bien influir para que el Almirante se relacionara con esta familia rica y poderosa de los Pinzones, que facilitó la primera empresa. Arias Pérez Pinzón heredó, al parecer, el odio que su padre Alonso había concebido contra el Almirante á la vuelta del primer viaje, y amplificaría sin duda el relato, pretendiendo (para perjudicar los intereses de don Diego Colón) que el célebre marino de Palos hubiera podido hacer el descubrimiento del Nuevo Mundo sin más que los indicios que el manuscrito de Roma le había proporcionado.

[276] Recherches geogr. et crit. sur le livre de Mens. Orbis terræ, 1814, páginas 129-146.

[277] Véase la historia de Islandia en el Islendenga Sögur, y la historia de las islas Færoes en el Færcyinga Saga.

[278] Letronne, Additions, páginas 90-93.

[279] Olafsen y Povelsen afirman (Reise durch. Island, tomo II, pág. 124) que el Bygde Papyle, en el Hornefiord, se llama así por haber habitado allí los Papar, primeros sacerdotes irlandeses.

[280] Olafsen, t. I, pág. 40; t. II, pág. 132. En el intervalo entre Naddoc é Ingulf se realizan las expediciones pasajeras de Gardar, Suaffarson y de Flocco.

[281] Véase Undersögelses Reise til Ostkysten of Grönland, 1832. El yacimiento de la costa oriental de Groenlandia no está reconocido entre los paralelos de 65°¾ y 69¼. Éste es el intervalo entre los límites boreales y australes de los estudios de las costas hechos por Mr. Graah y por Scoresby. La distancia de las costas opuestas sólo está indicada por aproximación.

[282] Véase el excelente informe de M. Magnus Stephenson en Hooker’s Tour in Iceland, pág. 423. La suposición de una distancia de 156 millas daría á este fenómeno luminoso, situada la vista en el horizonte, una elevación de 20.000 pies. En la Groenlandia, recorrida por M. Giseke y otros naturalistas, se han encontrado basaltos y doleritas, pero no traquitas y volcanes en actividad. Acaso la erupción luminosa fué en el mar, y, por tanto, más cerca de Islandia; sin embargo, los fuegos que se elevaron en tres inmensas columnas el 11 de Junio de 1783, cerca de los ríos Skapta y Hwerfisfliôt, fueron también vistos, según M. Magnus Stephenson, á distancia de 56 leguas marinas (Hooker’s Tour, pág. 409).

[283] Mem. de la Société Econom. de Copenhague, t. IV, página 239.

[284] La desgraciada Misión de Uppernavik fué quemada, en las últimas guerras, por los balleneros ingleses.

[285] Mr. Graah marca la dirección de las corrientes entre los paralelos de 64½° y del cabo Farewell, hacia el ONO., y á lo largo de la costa occidental desde el cabo Farewell hasta la isla Disco, hacia el NNE., lo que está en contradicción completa con el mapa general de las corrientes del mayor Rennell.

[286] Vudersög Reise, páginas 3, 169, 185, 188 y 190.

[287] Antigvariske Annaler, t. V (1827), páginas 309, 324, 368 y 377.

[288] Los caracteres rúnicos de la famosa piedra de la Isla de las Mujeres, en la parte oriental del mar de Baffin, en una latitud donde no se esperaba ver estos restos de cultura europea, han sido grabados muchas veces en Dinamarca y Alemania. He creído que debía dar la interpretación, por decirlo así, oficial, publicada por la Sociedad de Anticuarios de Copenhague, que tan grandes servicios ha prestado á la historia y á la geografía de las regiones boreales. Esta interpretación difiere algo de las versiones publicadas anteriormente. La primera noticia de la piedra del misionero Kragh me la dió el capitán Sabine. Mr. de la Roquette, cónsul de Francia en Dinamarca, procuró desde el año de 1832 proporcionarme un dibujo. Ocupándome de los signos numéricos de los diferentes pueblos, y creyendo reconocer, por la igualdad de algunos runos, en el grupo entero, á la vez el valor de posición y el de agregación, sometí á M. Rafn, de Copenhague, y á M. Mohnike, de Stralsund, las dudas que á M. Klaproth le inspiraba la interpretación de la fecha. He sabido por este último, á quien debemos la traducción alemana del Saga de Fridthjof, que Rask y el sabio Finn Magnusen han declarado espontáneamente que la interpretación de la fecha (1135) sólo era verosímil, pero que el valor numérico de los caracteres rúnicos empleados en el monumento de Kingiktorsoak no está suficientemente confirmado por los ejemplos sacados de otras inscripciones análogas. M. Rafn añade que los diez y seis runos del calendario, que son á la vez letras y cifras, no bastan para interpretar con alguna seguridad grandes cifras. Finalmente, y para decirlo todo, los Sres. Brynjulfsen y Mohnike se muestran inclinados á considerar el grupo de los seis runos que terminan la inscripción, no como una indicación de año, sino simplemente como un adorno. La piedra con caracteres rúnicos más antigua que hay en Islandia está en Borg en el Myre-Syssel; es la tumba de Kartan Olafsen, á quien durante su permanencia en Noruega, convirtió al cristianismo el rey Oluf Tryggesen y fué asesinado en 1004 por orden de una bella dama islandesa cuyo amor desdeñaba (Olafsen, t. I, pág. 137).

[289] Thormod Torfæus, Hist. Vinlandiæ antiquæ, 1705, página 5. Con la viña había también una gran gramínea de granos gruesos, que se ha creído fuese el maíz. Véase Schröder, Om Skandinavernes, Fordna upptacktsresor till Nordamerika en Swea (1818). H. I., pág. 211.

[290] Pontanus, Hist. Dan., lib. VII, pág. 476. Aunque la serie de los obispos groenlandeses no llega más que hasta 1406, parece, sin embargo, que el papa Eugenio IV nombró alguno en 1433. Se ha encontrado también una carta de Nicolás V á un obispo groenlandés, fechada en el año de 1448. (Véase Graah, páginas 5 y 7.)

[291] Relazione dello scoprimento dell’isole Frislanda, Eslanda, Engroveland, Estotilanda é Scaria, fatto da due fratelli Zeni, M. Niccolo il cavaliere e M. Antonio. Venecia, 1558 (edición de Franc. Marcolini).

[292] El sabio D. Fernando Colón, nacido en 1488, hízose sacerdote pocos años antes de su muerte, ocurrida en 1540, y legó su excelente biblioteca, que aun lleva el nombre de Colombina á la ciudad de Sevilla. Su obra (Historia del Almirante D. Cristóbal Colón) publicóse por primera vez en 1571 en Venecia; por tanto, trece años después de la edición de los viajes de los Zeni, por Marcolini; pero esta edición de 1571 es la traducción italiana, hecha por Alfonso de Ulloa, del manuscrito español que Luis Colón, hijo de D. Diego y persona mal reputada, llevó en 1568 á Génova (Códice Colombo-Americano, p. LXIII). Laméntase con razón Muñoz de que el original español no se haya encontrado hasta ahora, porque Ulloa hizo la traducción valiéndose, al parecer, de una copia muy incorrecta.

[293] Igual incertidumbre existe en el mapa de Fra Mauro, aunque es veintitrés años posterior. Zurla, Viaggi, t. II, páginas 48 y 335.

[294] Spotorno, autor del Códice diplomático Colombo-Americano (p. XXII), sostiene que la negativa de la República Serenísima fué á fines de 1477. Muñoz la pone en 1485, poco antes de la llegada de Colón á España (lib. II, § 21). Los ofrecimientos que el Almirante tuvo intención de hacer á Francia están probados por una carta del duque de Medinaceli (19 de Marzo de 1493), dirigida al gran Cardenal de España, «Ignoro si sabéis, dice, que he tenido á ese Cristóbal Colomo en mi casa cuando vino de Portugal, con intencion de ir al Rey de Francia, para buscar apoyo.» El Duque se alaba de haber impedido el viaje.

[295] Vida del Almirante, cap. V: «Para decir la verdad, yo no sé si, durante el matrimonio, fué el Almirante á la Mina.»

[296] Navarrete, t. I, p. LXXXII. Si, al contrario, se admite la opinión de Muñoz, de que Colón nació en 1446 (lib. II, § 12), debe suponerse que hasta 1483 estuvo de continuo en el mar, lo cual es contrario á hechos bien comprobados, á no ser que, no habiendo navegado desde 1484 á 1492, el párrafo citado en el texto fuera escrito muy posteriormente al primer viaje á América. Además, los recuerdos de épocas de la vida de Colón son con frecuencia muy erróneos. En la famosa carta dirigida á los monarcas, fechada en Jamaica el 7 de Julio de 1503, se dice: «Yo vine á servir (á España) de veintiocho años, y agora no tengo cabello en mi persona que no sea cano, y el cuerpo enfermo y gastado cuanto me quedó.» Como es indudable que Colón vino á España en 1484 ó 1485, debió nacer, según este dato, en 1456 ó 1457, lo cual no es cierto, y prueba que en la carta de Jamaica debe leerse, en vez de veintiocho años, treinta y ocho ó cuarenta y ocho. Hubo, sin duda, error de cifra en el documento impreso en 1505, ó Colón se equivocó.

[297] Cod. Col. Amer., p. XIII.

[298] Evidentemente hay error en la fecha, y debe decir 1494. Es la carta que Antonio Torres trajo á España, y fué expedida en el puerto de Navidad de Haïti el 2 de Febrero de 1494. De esta carta sólo conocemos el fragmento copiado en la Vida del Almirante. El Dr. Chanca, que escribió por el mismo conducto, fecha su carta en 1493 (Navarrete, t. I, pág. 224). Señalo estos errores tan frecuentes de cifras, nacidos en parte del uso simultáneo de números romanos y árabes (indios), porque las equivocaciones de esta índole tienen alguna importancia en los debates á que dan ocasión las fechas problemáticas de las primeras cartas de Amerigo Vespucci.

[299] Cod. Col., loc. cit.

[300] Hist. del Nuevo Mundo (lib. II, § 12); Barrow (Voy. into the Arct. Regions, páginas 23 y 26), cree que en la Vida del Almirante, cap. IV, debe leerse 1467, en vez de 1477.

[301] Spotorno, Códice Col. Amer., p. XV.

[302] Véanse los ejemplos reunidos en el Dicuil de M. Letronne, páginas 37 y 38. La traducción latina de Ptolomeo, de Θούλη, en Thyle, fué la que indudablemente guió á los geógrafos de la Edad Media. Es singular que Colón no emplee el nombre de Islandia, que debía haber oído en el Norte, y que se cree encontrar ya en Edrisi, pág. 275.

[303] Gosselin, t. IV, páginas 171 y 174. Al nombrar la isla de Mainland, sigo la opinión de d’Anville, de Gosselin y de Mannert (Einl. in die Geogr. der Alten, pág. 157). Malte Brun cree que la Thulé de Pytheas es la extremidad de Jutlandia, y se funda en los antiguos nombres escandinavos de Thy ó Thyland (Geogr. Univ., t. I, pág. 120); y mucho antes que él, Rudbeck (Atlantica, t. I, pág. 514), muy afecto á interpretaciones etimológicas, encontró solamente en las palabras Tiel y Tiulé la significación general de límite ó extremidad de una tierra. Ya Ortelio, en 1570, tomó el Thyle de Pytheas por la península de Escandinavia (Theatr. Orbis, p. 103). Las mismas ideas se han expresado en distintas épocas.

[304] De situ Daniæ, c. 224 (Torf, Hist. Univ., cap. 15). La muerte de Adam de Misnie, canónigo del cabildo de Brema, es algo posterior al año de 1076. El curioso fragmento del antiguo poema alemán del siglo XI, descubierto en la biblioteca del príncipe de Fürstenberg, en Praga, demuestra también de qué modo la propagación del cristianismo en las regiones boreales dió celebridad al nombre de Islandia. Este poema (que es una especie de cosmografía calcada en la enciclopedia de Isidoro de Sevilla) menciona el viaje de un obispo, Reginprecht, hacia la isla recientemente visitada por los misioneros sajones (Hoffmann, Von Fallersben, Merigarto, 1834, páginas 5, 12 y 18). La geografía árabe de Edrisi (Liber Relax., pág. 274), compuesta en el año de 1153, cita la Islandia en la cuarta parte del séptimo Clima, según la traducción latina de Gabriel Sionita; pero el texto original dice primero Lislandeh, después Itshlandeh, que también puede pronunciarse Esthlandeh. Llamado este país una tierra como Magog, y no una isla, queda la duda de si las ciudades problemáticas Deghvateh y Belouri pertenecen á Islandia ó á una parte del continente escandinavo. En los extractos de Ebn-al-Uardi y de Bakoui, que debemos á M. de Guignes, padre (Not. et Extr. des man., t. II, páginas 19 y 389), y que son posteriores en muchos siglos al geógrafo de Nubia, nada encuentro acerca de la última Thulè, más allá de Youra, en el mar de las Tinieblas.

[305] Las Casas murió á la edad de noventa y dos años en Madrid, en Julio de 1566.

[306] Theatr. Orbis terr. (edic. de 1601), páginas 5 y 6.

[307] La publicación de los Zeni por Marcolini (Venecia, 1558) excitó tan vivo interés, que la carta marina de esta expedición fué repetida en 1561 en la Geographia di Tolomeo, de Ruscelli, y en la Geographia Ptolomei, de Josephus Moletti. Sebastián Münster y Ramusio murieron antes de que apareciera la edición de Marcolini; Ramusio en Padua en 1152, y Sebastián Münster, uno de los hombres más eminentes de su siglo, en Basilea en 1552, á causa de la peste. Sólo el segundo volumen de la Raccolta de Ramusio, publicada en 1583, presenta el extracto del viaje de los Zeni, viaje que no nombran las cosmografías de Münster de 1544 y 1550. La minuciosa comparación de estos datos tiene alguna importancia, porque prueban que, á pesar de la indicación del nombre de Frieslanda ó Thulé meridional en la biografía de Cristóbal Colón, en 1558 nada se sabía acerca de estos descubrimientos de los venecianos en el Norte. Advierto que la isla de Frislanda falta también en el mapa de Rivero (1529), que prolonga la Groenlandia (Engrolant) al Oeste y al Este para unirla á Suecia, y falta en Grynæus (1532) y en el Opusculum Geographicum de Juan Schoner (1533).

[308] Zurla, Diss. intorno ai viaggi e scoperte settentr. di Nicolo e d’Antonio fratelli Zeni, en el segundo volumen de la obra di Marco Polo e di altri viaggiatore Veneziani, 1809, páginas 6-94; Malte Brun, Ann. des Voyages, t. X, pág. 69; y Precis de la geogr., edic. de 1831, páginas 489-499; Dezos de la Roquette, en la Biogr. Univ., t. LII, pág. 236, donde se encuentra indicada, aunque como simple recurso de investigaciones, la hipótesis de M. Walckenaer de que la Frislanda es el norte Drogeo (Drogio, Droceo); el sur de Irlanda, Estotiland, que Ortelius llama Novi Orbis pars y Malte Brun la isla de Tierra Nueva, el norte de Escocia y el Engroveland (Grolandia del mapa de los Zeni) el mediodía de Islandia. Un marino muy instruído, el capitán dinamarqués M. Zahrtmann, que, ocupado en trabajos astronómicos, ha vivido en París largo tiempo, acaba de publicar también en las Memorias de la Sociedad de Anticuarios del Norte en Copenhague, una disertación acerca de los supuestos viajes de los Zeni, que aun no he estudiado.

[309] No ignoro que Zurla creyó ver en la isla Ixilandia de Fra Mauro, la Frislanda de los Zeni (Il Mappamondo di Fra Mauro, § 74, di Marco Polo e degli altre viaggiatori veneziani, t. II. pág. 29); pero esta interpretación es menos probable que la que convierte el Vinland en la parte más austral de la Groenlandia. La colonización de esta península no avanzó de Norte á Sur (Bancroft, Hist. of the United States, 1834. t. I, página 6: Leslie, Discov. in the Pol. Reg., pág. 87).

[310] Eric Christ Werlant, Symb., ad Geogr. me dii ævi ex monum Island., 1821, pág. 28. El testimonio de Lorenzo de Anania (Fabrica del Mondo, 1576, pág. 154), que habla de Frislanda, «molto ricca di pescagio e assai frecuentata da Scozzesi», no lo creo fehaciente por fundarse en una relación muy vaga de un sobrino de Jacobo Cartier y estar escrito diez y ocho años después de publicados los manuscritos de los Zeni por Marcolini; por tanto, bajo la influencia de ideas tomadas de esta publicación. Las mismas dudas han sido expresadas, y con sobrada razón, por M. de Hoff, respecto á los testimonios de Juan Scolvo, de Frobisher y de Maldonado, posteriores todos á Marcolini (Gesch. der nat. Ver., des Erdbod, t. I, pág. 184).

[311] Tal es la configuración de la Groenlandia en el mapa de los Zeni, que en la costa Sureste está situado el famoso convento de Santo Tomás, cuyas habitaciones calentaba una fuente de agua hirviendo que salía de la tierra al pie de un volcán (Zurla, Viaggiatori Venez., t. II, páginas 63-69). Actualmente no se conocen en la Groenlandia occidental otras fuentes termales que las de la isla de Onartok (Egede, Tagebuch, p. LXIV, y Gieseke, Brewster’s Encyclop., vol. X, p. II, pág. 489). Su temperatura no pasa de 47° centígrados; pero en la Groenlandia, como en la parte de Siberia que acabo de recorrer, las aguas á esta temperatura parecen muy calientes comparadas con otros manantiales, cuyo calor medio es inferior á 2°. Más al Norte, entre los 69 y 76° de latitud, la Groenlandia occidental es casi completamente basáltica, pero tan desprovista de aguas termales como toda la Escandinavia ó la inmensa cordillera del Ural. Ese monasterio de Santo Tomás, calentado por medio de fuentes termales; esos jardines, libres de nieve y de hielos por la influencia de las aguas subterráneas, al parecer corresponden mejor á Islandia, tan abundante en fuentes termales, que á Groenlandia. Podría decirse que el convento, tan minuciosamente descrito por los hermanos Zeni, ha servido de tipo á los grandes establecimientos de calefacción ejecutados en el pueblo de Chaudes Aigues, en el departamento de Cantal, donde la fuente del Par (de 80° centígrados) distribuye el calor en muchos centenares de casas á la vez y sirve para las necesidades de la vida doméstica. En los baños de Tœplitz, en Bohemia, la jardinería comienza también á aprovechar la influencia de las aguas subterráneas, que tienen de 40° á 47° de calor.

[312] Vues des Cordilleres y Monumens des peuples indigenes, tomo I, pág. 40.

[313] Relat. hist., t. II, páginas 155-161; Hakluyt, t. III, páginas 363-397; Juarros, Compendio de la historia de Guatemala, acerca de Utatlán, t. I, pág. 66; t. II, pág. 11; acerca de Petén del Yucatan (Maya), t. I, pág. 33; t. II, páginas 142 y 146; acerca de Palenques de la antigua provincia de los Tzendales, t. I, pág. 14; t. II, pág. 55. También acaso pertenecen al centro de la antigua civilización del reino de Quiche (civilización probablemente anterior á la llegada de los aztecas al Anahuac) los monumentos de la república de Honduras, donde aun se ve, cerca de Copan, un gran circo, los hypogeos de Tibulco y estatuas cuyos paños tienen un carácter rarísimo (Torquemada, lib. IV, cap. 4; Juarros, t. I, pág. 43; t. II, pág. 153).

[314] «Homines colore rufi cum quadam cutis albitudine», traduce Hartmann, corrigiendo á menudo la versión de Gabriel Sionita. Ebn-al-Uardi dice, según Guignes, «hombres rojos». Notices et Extr. du manuscrits de la Bibl. du Roi, t. II, página 25.

[315] El mismo sabio sospecha, y no á causa de su denominación, que las islas Raka y Laka de Edrisi pueden ser muy bien las islas Azores (Insulæ Accipitrum), que conocieron los árabes (Africa Edr., páginas 317-319). Acerca de la isla Mostachiin, véase Buache, en las Mem. de l’Inst., t. VI, pág. 27.

[316] Voyages and Nuv., t. III, pág. 1. (Véase también el artículo del sabio é ingenioso geógrafo M. Eyries en la Biogr. univ., t. XXVI, pág. 95.)

[317] La isla de Cozumel, descubierta por Grijalva en 1518.

[318] Dict. de sciences nat., t. XXI, pág. 392; Revue encyclop. número 4, pág. 162.

[319] Leidenfrost, Hist. biogr. Wörterb., t. III, pág. 553. El candor y la buena fe de Ricardo Hakluyt ha tenido recientemente un hábil y juicioso defensor en el historiador escocés Mr. Patrick Fraser y Tytler. Véase su Vindication of Hakluyt en Progress of Discovery of the Northern coast of America, 1832, páginas 417-444.

[320] Digo las dos Américas, porque once años después de la expedición que Ralegh envió á Roanoke, cerca de Albemarle, en Virginia, ocupáronle desde 1595 á 1617 sus proyectos quiméricos de el Dorado y la restauración de los Incas en el Perú. «I further remember, dice, that Berreo confessed (refiérese al gobernador español de Trinidad, Antonio de Berreo, que cayó en manos de Ralegh) to me and others that there was found among the prophecies in Peru, that from Inglatierra those Ingas should be again in time to come restored.» (Véase la excelente biografía de Ralegh, por Mr. Cayley, paginas 7, 17, 51 y 100.) Los medios de restauración eran sumamente sencillos, á saber: 1.º, poner guarniciones de tres á cuatro mil ingleses en las poblaciones del Inca, con pretexto de defender el territorio contra los enemigos exteriores; 2.º, que el príncipe restaurado pagara anualmente á la reina Isabel una contribución de 300.000 libras esterlinas. «It seemed to me, ajoute Ralegh, that this Empyre of Guiana is reserved for the english nation.»

[321] Colón y Oviedo en su Historia natural y general de las Indias, lib. II, cap. 3 (Ramusio, edic. de 1606, t. III, pág. 65, 6), fúndanse uno y otro en el pasaje de Plinio, VI, 31, en donde las palabras præ navigatione Atlantis (á lo largo del Atlas), tienen, al parecer, un sentido muy distinto del que se ha creído encontrar en ellas. (Véase Gossellín, Geogr., t. I, pág. 148.) D. Fernando Colón no se atreve á negar que su padre hubiera tomado las Hespérides por el Nuevo Continente. Sin duda fué éste uno de los argumentos de erudición que empleó el grande hombre en las disputas académicas de Salamanca. Su hijo dice terminantemente (cap. 7), al citar á Plinio y á Solino, «que las islas Hespérides las tuvo por cierto el Almirante que fuesen las de las Indias»; pero él mismo no considera probable esta opinión de Seboso, y se burla en otro sitio (cap. 9) de los Cartagineses que encontraron á Cuba y Haïtí inhabitadas y de ese rey Hesperus, en cuyo reinado dominaron los españoles las Indias. Observo que Dicuil no copia el pasaje de Plinio, y limítase á decir que las Hespérides están más lejos de la costa de África que las Gorgonias (Gorgodes).

[322] «Nel viaggio di Madoc tutto si riduce ad una diceria non so quando inventata, ma senza dubio non molto anticamente, perché per poco que si volese andar avanti ne secoli si troverebbero i Gallesi, con tutta la loro antica genealogia celtica, non solo senza muse, ma senza alfabeto» (Formaleoni, Illustr. di duc carte ant., 1783, pág. 47). Por lo menos la censura senza muse es injustísima.

[323] Precis de Geogr. (2.ª edic.), pág. 521.

[324] Antoniotto dice: «Las caravelas perdidas hace 170 años»; lo que supone que los hermanos Vivaldi hicieron en 1285 su expedición, mencionada ya por el místico Pedro d’Abano, que murió en 1312 (Spotorno, t. II, pág. 305; Tiraboschi, tomo V, lib. I, cap. 5, § 15; Jacobo Graberg, Annali di Geogr. e di Statist., t. II, pág. 285; t. VI, pág. 170; Zurla, Viaggi, t. I, páginas 155-158; Baldelli, t. I, páginas XL, y CLXVII). Usodimare no es un nombre propio, sino palabra que indica un oficio, como aun se dice en la marina francesa capitán buen praticien, ó práctico de la costa de Guinea; por esto en el Novus Orbis de Grinæus encuéntranse estas palabras: Navis Antonieti cujusdam Liguris, qui maria sulcare probe noverat.

[325] Véase el Atlas catalán de la Biblioteca del Rey. M. Buchon fija la fecha en el año de 1374. El documento publicado por M. Graberg (Baldelli, pág. CLXV) llama, según parece, á D. Jaime Ferrer «Joannem Ferne Catalanum», que partió el día de San Lorenzo de 1346 para Rujaura (Río de Oro). No creo dudosa la identidad de la persona.

[326] Joachima Lelewela, Pisma pomiejsze geogr. historyzne, 1814, p. 58.

[327] Georgí Horni, Ulyssea, 1671, pág. 279; Zurla, Viaggi, tomo II, pág. 26; Malte Brun, pág. 532; Wytfliet, Descript. Ptol. augmentum, 1597, pág. 188, y Pontano (De situ Daniæ, 1631, pág. 763), escriben por error Scolvus.

[328] Historia de las Indias, fol. XX. El nombre de Tierra de Labrador fué inventado, según la juiciosa observación del autor de Memoir of Seb. Cabot (pág. 246), por Cortereal y los portugueses comerciantes de esclavos, como indicación que en esta costa septentrional hombres eran singularmente á propósito para el trabajo (la labor). Gomara dice, efectivamente (folio XX), que los habitantes son «hombres dispuestos, aunque morenos, y trabajadores» (el embajador de Venecia en Lisboa, Pedro Pasqueligi, escribía once días después de la vuelta de Cortereal, y de ver los indios, comparando á éstos, por el color de la piel, con los bohemios ó cingani). La corta estatura de los esquimales de la verdadera Tierra del Labrador no justifica mucho este elogio; pero se lee en el mismo capítulo de Gomara que Cortereal tomó estos indios en las islas del golfo cuadrado, es decir, en el golfo del río San Lorenzo. Acaso el nombre de Tierra de los Labradores se tomaba en un sentido más general y vago, comprendiendo las raza indígenas no esquimales, casi como Newfundlans ó Tierras Nuevas designan á veces en el siglo XV otras costas que las de la grande isla frontera á Anticosti. (Mem. of Cabot, pág. 57.)