[329] No nos admiremos de nuestra ignorancia en las cosas antiguas, pues no sabemos quién, de poco acá, halló las Indias, que tan señalada y nueva cosa es (Gomara, fol. X). Esta duda se funda en la historia obscurísima del piloto que, después de haber visto las tierras al Oeste, murió en casa de Colón, historia que no figuró en el pleito del fiscal y que Oviedo (lib. II, capítulo 3) recuerda por primera vez en 1535. Garcilaso de la Vega, en 1609, da nombre á este piloto (Alonso Sánchez de Huelva), y fija una fecha, 1484 (el año en que Colón se ausentó de Portugal), al acontecimiento cuya importancia procuran exagerar los enemigos de la gloria de Italia.

Termino esta nota recordando que Gomara confirma, del modo más explícito, lo que hemos expuesto antes acerca de la idea correctísima que Colón se había formado (Vida del Almirante, cap. IV) de la posición de la Thylé de Solino. «Algunos piensan, dice Gomara, que Islandia es la Thilé, isla final de lo que los romanos supieron hacia el Norte; mas no es, que Islandia ha poco tiempo que se descubrió, y es mayor y más septentrional.» (La coloca, como Cristóbal Colón, á los 73° de latitud.) Thilé, propiamente es una isleta que cae entre las Orcades (Orkney Islands) y las Far (Færoer, Far Isles), algo salida al Occidente y en 67°, bien que Tolomeo no la sitúa tan alto. Está Islandia 40 leguas de las islas Fare, 60 de Thylé y más de 100 de las Orcadesa» (Gomara, p. VII, b).

Como Gomara cuenta el grado de latitud de 17½ leguas castellanas (fol. VI), este cálculo de distancias parciales está tan embrollado como el de latitudes; pero resulta claro que Gomara, largo tiempo antes que Camden (Tzschucke, ad Melam, vol. III, p. 3, pág. 227), antes que d’Anville (Mem. de la Acad. des Inscr., t. XXXVII, pág. 438) colocó la Thylé habitada la de Solino y de Tácito (Agricola, cap. X) entre las Færoë y las Orcades; por tanto, en el grupo de las islas Shetland. Ésta es la Thylé donde los Hérulos, saliendo de Dinamarca, arribaron, según Procopio (De Bello Gothico, II, 15). Adán de Brema (De situ Daniæ, Helmst., 1670, pág. 158) fué el primero que aplicó el nombre de Thylé á la Islandia descubierta por los escandinavos.—Antes del comentario de Tszchucke, que acabo de citar, la compilación más completa sobre la Thylé de los antiguos encuéntrase en Pontano, Rerum Danicarum hist., 1631, páginas 741 y 755.

[330] Camden, Brit., pág. 813; Zurla, Viaggi, t. II, pág. 307. En el mapa célebre de Fra Mauro (1457) encuéntranse también las «insule de Hibernia dite Fortunate». Gracioso Beníncasa (1471) presenta á la vez, y por doble empleo del mismo nombre, las islas Afortunadas al Oeste de África y al Oeste de Irlanda, de la Insula Sacra de Avieno.

[331] De esta suerte, en el siglo IX se imaginaba que la Grande Irlanda del normando Gudlekur estaba situada al Oeste de nuestra Irlanda (Thorkelin, Fragm. of Engl. and Irish hist., página 80). En tiempo de Procopio se situaba una isla Brittia entre la verdadera Britannia y Thulé.

[332] No se olvide que esta obra está publicada en 1834.

[333] El autor de la obra De Mensura Orbis terræ, probablemente Dichullus, abate de Pahlacht (Letronne, páginas 25 y 139).

[334] De situ Daniæ, pág. 159. El Lebersee, Kleber-Meer, el mar viscoso es una de las maravillas de las regiones boreales celebradas en el Titurel de Eschenbach y por todos los poetas del ciclo de los Minnesinger (Von der Hagen, Mus. der altdeutschen Litter, t. I, páginas 294-300). Es el reflejo del pulmón marino de Pythéas, «á través del cual no se podía ni navegar ni andar (Strabón, II, pág. 104, Cas.), una reminiscencia del Mare Morimarusa de Philemón» (Plinio, IV, 13).

[335] Horn, Orig. Amer., pág. 26.

[336] Plinio, VI, 31.

[337] Esta identidad la ha supuesto también en nuestros días el conde Carli (Opere, t. XII, pág. 188).

[338] Isidoro Hisp., Orig., pág. 172.

[339] Mapamundi de Juan Purdy, 1834.

[340] Varían mucho los nombres con que se designan este santo personaje y su isla. En las lenguas de la Europa latina se escribe Brandón, Brandano, Blandín (cambiando la r en l), Borondón y Brandamis.

[341] Tradiciones recogidas por M. de Murr en su Diplom. Gesch. von Martin Behaim, pág. 33.

[342] Acerca del pasaje de los muertos y de las islas Afortunadas, véanse Procopio, De Bello Goth., IV, 20; Tzetz, ad Lycophr., V, 1204. Consúltese también la Memoria sobre los Argonautas en Ukert, Geogr. der Griechen, t. II, I, pág. 343, á Welker’s, Homerische Phæaken und Inseln der Seligen, ya Khein, Mus. für Philol., B. I, páginas 237-241.

[343] «Peregratis Orcadibus cæterisque aquilonensibus insulis ad patriam redeunt» (Bosco, Bibl. Floriac., pág. 602). «Insula S. Brandani e regione Terræ Cortereali sive Novæ Franciæ Americæ septentrionalis sita, in Oceano boreali» (Honor. Philiponi, Navig. Patrum Ord. S. Bened., 1621, pág. 14).

[344] Este hecho está, al parecer, en contradicción con la época que Murray asigna á la primera población de las Shetland; pero Mr. Letronne lo hace probable por la interpretación de un pasaje de Solino, favorable á que dicho grupo de islas estuvo habitado desde el tiempo de los romanos (Dicuil, página 134, y en las Adiciones, pág. 90). Es extraordinario que Æneas Silvio Piccolomini, en su Geografía del NO. de Europa, nada diga de los viajes de San Brandón y de su isla. El sabio italiano estuvo, sin embargo, en Escocia, y describió con gracejo su primera impresión al ver alguna distribución de hulla hecha á los mendigos escoceses. «In Scotia pauperes pæne nudos ad templa meridicantes aceptis lapidibus eleemosyne gratia datis lætos abiise conspeximus. Id genus lapidis sive sulphurea, sive pingui materia præditum pro ligno, quo regio nuda est, comburitur.» Æn. Syll., Op. geogr. et hist., 1691 (Europa, capítulo 47, pág. 319).

[345] Plutarco, in Sert., cap. 8.

[346] Tomo IV, Dist. X, § 10.

[347] Es la expresión que emplea Barros, déc. I, lib. I, cap. (Vida de D. Enrique, pág. 156). Madera la encontraron despoblada, y también las Azores. Si en el texto empleo la palabra descubierta, es para indicar la época en que los portugueses llegaron por primera vez á estas islas. Instruído el infante D. Enrique por mapas antiguos, anunció de antemano á Velho Cabral, en 1432, que «cerca del escollo de las Hormigas encontraría pronto otra isla» (loc. cit., pág. 320).

[348] Navarrete, t. I, pág. 5. Este testimonio no se encuentra ni en la Vida del Almirante ni en Las Décadas de Herrera.

[349] García, Origen de los Indios, lib. I, cap. 9; Wulfer, De major. Oceani Ins., 1691, pág. 120; Muñoz, lib. II, § 9; Baldelli, Mil., pág. LX; Washington Irving, t. IV, páginas 316-332.

[350] Voss, ad Mel., pág. 604; Tzschucke, ad Mel., t. III, parte III, pág. 412. El descubrimiento de la isla de Madera, cuya existencia sospecharon Gonzálves y Tristán Vaz, porque desde Porto Santo aparecía como una sombra en el horizonte, contribuyó, sin duda, á la convicción de la realidad de estas apariciones. «Tinhaõ por vezes observado no mar huma como sombra, que a distancia naõ deixava distinguir o que fosse» (Vida do Inf., pág. 161).

[351] El nombre de Meropis aplicado á un continente no designa, por cierto, una tierra de mortales (de voz articulada). Theopompo le da un sentido especial, porque dice que los hombres de esta tierra se llaman Méropes.—Ælian, Var. Hist., III, 18 (edic. Kühn, t. I, pág. 187).

[352] M. Buache ha omitido las palabras que siguen sancti Brandani é isole Ponzele. Su isola Capricia es la Caprazia de Pizigano, la más meridional de las tres. El nombre de Isola dello Legname del Portulano Mediceo, que es anterior en diez y seis años al mapa de Pizigano, falta en éste. Sin embargo, dicho nombre sirvió de origen al de Madeira, cuando medio siglo después se verificó el supuesto descubrimiento de Tristán Vaz.

[353] Zurla, Viaggi, t. II, pág. 322.

[354] Tal es la tradición de Behaim, en cuyo globo se dice, Insula Antilia genaunt Septe citade. Fija la emigración del «arzobispo de Porto Portigal» á la Antillia en el año 734 (Murr., página 30), pero Fernando Colón indica el año 714 (Vida del Alm., cap. 8). La última de estas fechas es la de la victoria ganada por Muza en las orillas del Guadalete. Los historiadores portugueses refieren que la emigración se efectuó después de la toma de Mérida, con el propósito de ir al archipiélago de las Canarias, donde los emigrantes no llegaron (Faria y Sousa., Hist. del Reyno de Port., p. II, cap. 7, pág. 138).

[355] En la biografía de Toscanelli, hecha por el abate Ximénez (Del Gnome. Fior., 1757, páginas LXXIX y XCIV), publícase la carta del astrónomo florentino conforme á la primera traducción veneciana de la Vida del Almirante, hecha en 1571 por Alfonso de Ulloa. He aquí sus palabras: «Dall’Isola di Antilia, che voi chiamate di Sette Città, della quale havete notitia, fino á Cipango, sono dicci spatii.» Lo dicho en italiano falta en la traducción española de Navarrete (t. II, pág. 3) y también en la que González Barcia (Historiadores primitivos de las Indias occidentales, t. I, pág. 6) debió hacer del texto italiano de Ulloa. Ya hemos observado antes que el verdadero original latino, del que Fernando Colón hizo la primera traducción española de la carta de Toscanelli, no ha parecido hasta ahora. Por el conocimiento íntimo de la lengua española pueden adivinarse con facilidad los errores de la traducción italiana, que equivocadamente he atribuído en la nota 17 del capítulo V, al abate Ximénez.

[356] Buache, Mem. de l’Inst., t. VI, páginas 22 y 25; Zurla, Viaggi, t. II, pág. 324.

[357] Primero en la traducción italiana de la colección de los viajes de La Harpe (Compendio della Storia de’ Viaggi, tomos VI y XX); después en el Saggio sulla Nautica antica d’ Veneziani con una illustr. d’alcune carte della Bibl. di San Marco, parte II, páginas 11-33.

[358] Hassel, Erdb. des Brittischen und Russ. Amerika’s, 1822, pág. 6.

[359] Deseo llamar la atención de los viajeros acerca de los cinco monumentos de la geografía de los siglos XV y XVI que contiene esta rica colección, llamada vulgarmente Biblioteca militar:

1.º La carta marina de 1424, notable por el nombre de Antillia. Está trazada en pergamino y pegada en tabla, teniendo 34 pulgadas y 6 líneas de larga, por 21 pulgadas y 9 líneas de ancha. Se extiende en latitud desde 26¾° hasta 62°, y en longitud desde el meridiano de Mingrelia y de Colcos (Cólchida), esto es, á 2° al Este de la orilla más oriental del mar Negro hasta el meridiano, que atraviesa el Atlántico 5° al Oeste del cabo Bojador (Bucedor). Como el mapa no tiene escala graduada, valúo la distancia por la que existe desde el cabo San Vicente hasta el cabo Finisterre. No tiene más título que una estrecha banda dirigida de Sur á Norte, que separa la Antilia de las islas Azores, donde apenas se advierten las palabras: Contest..... compa..... ancon MCCCCXXIV; lo demás, borrado por la vetustez, está ilegible. La cifra 1424 se encuentra repetida al margen del mapa hacia el Este, pero con tinta menos antigua. Como adorno en el interior de las tierras, donde la indicación de las ciudades es bastante rara, se ven el Rex Rossiæ, el Soldano di Babillonia, el convento de Santa Catalina del Monte Sinaí y las armas de las repúblicas de Génova y Venecia.

Estas figuras de príncipes, sentados en sus tronos, encuéntranse también en mapas más recientes; en el de Fra Mauro y en el planisferio de Andrés Bianco. La bandera de los caballelleros de San Juan flota sobre la isla de Rodas. En memoria de la cruzada de San Luis, el punto de embarque (25 de Agosto de 1248) está indicado en Aquæmorto (Aguas Muertas), señalando el sitio con un inmenso brazo de río (sin duda el de Arlés) que sale del Ródano. En el Asia menor, «quæ nunc vero dicitur Turchia», está sentado el Sultán Baixit, que sin duda es el gran Bayaceto Ildirim. Como este príncipe murió en 1403, después de caer prisionero de Timour en la batalla de Ancyra, la imagen de Baixit debe haber sido copiada de un mapa anterior á 1424, porque en esta época el sultán de los otomanos era Amurates II.

La imagen del Soldano di Babillonia (con un loro en el brazo izquierdo) está puesta al Oeste del Nilo, y no debe sorprender dicha posición de la figura, porque la antigua Memphis, á causa de su proximidad á la fortaleza de Βαβυλών, acantonamiento de las legiones romanas en tiempo de Strabón (Geogr., libro XVII, pág. 807 Cas), llevaba en la Edad Media el nombre de Babylonia (Wilken, Gesch. der Krenzzüge, t. I, pág. 28), y desde el tiempo de Saladino hasta la conquista de Egipto por Selim I en 1517, á los sultanes de Egipto se les llamaba Soldani di Babyloniæ (Véase Marini Sanuti, Secreta fidelium Crucis, en Bongars, Gesta Dei per Francos, t. II, páginas 23, 25 y 91).

Es, sobre todo, notable en este mapa de 1424 que (por simple reminiscencia) está en él trazado el canal de comunicación entre el Nilo y el mar Rojo, abierto por Ptolomeo Philadelphio, restablecido después por Adriano, después por los árabes y usado hasta el año de 767, según lo demostró M. Letronne, discutiendo la época del viaje á Tierra Santa del monje Fidelis y un pasaje de Gregorio de Tours (Dicuil, 1814, páginas 14-22). El canal del Nilo está representado en el mapa de Weimar en comunicación con un río que nace en Armenia, y corre primero de Norte á Sur, al Este del Líbano, volviendo después al Oeste en el paralelo de Babylon Ægypti. Este mismo río tiene un brazo que desemboca en el Mediterráneo, cerca de Alejandretta. Difícil es adivinar la hipótesis geográfica á que da lugar un concepto tan extraordinario. ¿Es el Eufrates, cuyos afluentes se aproximan á los del Oronte, cerca de Alejandretta? ¿Cómo creer que en el siglo XV se ignoraba que el Eufrates desemboca en el golfo Pérsico? No es una prolongación del Jordán por el valle que une el mar Muerto al golfo de Acaba, porque el Jordán está figurado separadamente y con bastante precisión, mientras el río anónimo que comunica con el canal de Ptolomeo en el mismo istmo de Suez nace en las montañas de Erzerum, montañas donde, según el mismo mapa, tiene sus fuentes un río (el Turak ó Boas de la antigüedad) que corre al NNO. hacia el mar Negro, y otro (el Tigris?) que se dirige al SE.

Doy estos detalles para facilitar el examen de las analogías ó de las diferencias que presenta este monumento curioso de la geografía de la Edad Media con otros mapas sepultados en los archivos de las bibliotecas de Italia. Toda la cuenca del Mediterráneo, las costas de Grecia y del mar Negro están representadas con un detalle topográfico notabilísimo, pero el yacimiento relativo ó la orientación de las costas es muy erróneo. Si se trazan meridianos al Oeste de la península Ibérica, al Este de Sicilia y al Oeste del Asia Menor, encuéntrase el Atica algunos grados al Norte de la desembocadura del Ebro, y la dirección media de la costa meridional del mar Negro coincidiendo, no con el paralelo de Oporto, sino con el de Lorient en Bretaña. Las partes orientales están colocadas demasiado al Norte, como en las cartas marinas de los genoveses (por ejemplo, la de Pedro Visconti, conservada en la Biblioteca Imperial de Viena), que remontan hasta principios del siglo XIV (Spotorno, Storia litt. della Liguria, t. I, pág. 313) y han proporcionado excelentes materiales á los portulanos del gran siglo, del infante D. Enrique, de Colón y de Gama.

2.º Un mapa que se asemeja bastante al célebre de Diego Rivero, pero anterior en dos años. Titúlase Carta universal en que se contiene todo lo que del Mundo se ha descubierto fasta aora; hizola un cosmographo de Su Magestad; anno MDXXVII en Sevilla. Está trazada en pergamino, y tiene 6 pies y 8 pulgadas de larga por 2 pies y 8 pulgadas de ancha. Perteneció á la biblioteca del sabio Ebner, en Nuremberg, y de allí pasó sucesivamente á Gotha á la biblioteca de M. Becker, y por fin á Weimar, á la colección del Gran Duque. Cítala Murr. en las Memorabilia, Bib. Norimb., t. II, pág. 97, y la ha discutido con mucho discernimiento M. de Lindenau (Zach., Mon. Corresp., October 1810). Es probable que este mapa y el de Rivero fueran traídos á Alemania con motivo de los frecuentes viajes del emperador Carlos V desde España á las orillas del Rhin y del Danubio. En Nuremberg se creyó que había pertenecido á la Biblioteca Colombina legada por Fernando Colón al Municipio de Sevilla. M. Sprengel (Muñoz Gesch. der Neuen Welt., t. I, página 429) lo confunde con el mapamundi de Diego Rivero; pero difiere de él completamente, según demostraremos en el curso de esta obra. Basta observar aquí que el mapa de Rivero presenta la costa occidental de América al Sur desde Panamá, hasta los 10° de latitud austral; en el mapa de 1527 no se ven más costas del Océano Pacífico que la meridional del istmo; nada del Choco y del litoral de Quito.

No entraré aquí en pormenores acerca de la configuración de Africa para mostrar cómo, según los portulanos portugueses, extremadamente detallados, está representado este continente en dos mapas de 1527 y 1529. Nada tan notable, por ejemplo, como el detalle de las costas de Madagascar (Isola de San Lorenzo).

Los mapas de la América del Sur, por ejemplo los de Cruz Olmedilla, Faden, Arrowsmith y Brué, parecen á primera vista copiados unos de otros; pero con atento examen se han descubierto las diferencias. Lo mismo sucede con dos mapas de África que se han querido confundir. En los dos se ven figurados buques con la inscripción: Vengo de Maluco (vengo de las Molucas). Jerusalén está situada á NO. de Suez, y la diferencia de meridianos del Cairo y Suez es de 20°, cuando en el mapa de 1424 sólo es de 2°. Este ensanche del Egipto oriental es tanto más inconcebible, cuanto que el resto del África septentrional está bastante bien figurado. Á la Etiopía de Rivero se la llama en el mapamundi de 1527 Arabia sub Ægypto. En estos mapas graduados al margen, Alejandría y toda la costa septentrional de África, hasta la Pequeña Syrte, está de 3 á 4° más al Sur de su verdadera situación.

3.º El mapamundi de Diego Rivero de 1529, del cual sólo publicó Sprengel la parte americana.

4.º Un globo, probablemente del siglo XVI, que señala el istmo de Panamá atravesado por un estrecho.

5.º Un globo de 1534.

Yo ofreceré á M. Walckenaer, para su rica colección geográfica, calcos de África de 1527 y 1529, de igual suerte que el calco del mapa de 1424.

[360] Giornale di Padora, 1806, Febrero, pág. 138.

[361] Viaggi, t. II, pág. 333.

[362] Sprengel, pág. 54. El célebre mapa de Fra Mauro no tiene la Antillia, aunque Bianco contribuyó á ejecutarlo.

[363] Compárese Formaleoni, páginas 43 y 45, con Zurla, Mappamondo di Fra Mauro, pág. 102, y Viaggi, t. II, pag. 353. El nombre de Stochfis aparece, sin embargo, también en el mapa de Bianco (1436) cerca de una isla al NO. de Irlanda; pero en la segunda mitad del siglo XV era el bacalao objeto de la pesca en las Orcades y en Islandia. También se figuran islas al O. de las Azores en una carta marina del mallorquín Pedro Roselli (1466), que poseyó hace tiempo la familia Mörl en Nuremberg, y que se ha supuesto fuera un mapamundi del siglo XIV (Muñoz, I, pág. 428).

[364] Es inútil discutir la longitud, dependiente de las confusas ideas que se habían formado de la distancia de Quinsaï y de Cipango á las costas de Portugal. Ya hemos hecho ver antes, al analizar la carta de Toscanelli, que el astrónomo florentino sitúa la Antillia á un cuarto de la distancia total. Beahim (tomando á Zipangut ó Cipango por término extremo), á 12,7.

[365] Viaggi, t. II, pág. 334.

[366] Critias, páginas 113 y 118 Steph.

[367] Timæns, pág. 25 Steph.

[368] Lyell, Principles of Geology., t. III, pág. 284.

[369] La ciudadela (el Fuerte Koyal de la Atlántida) está situada en una llanura cuadrada, á 50 estadios de la costa meridional; rodéanla tres anillos de agua salobre separados del Océano, y alternando con dos anillos ó lenguas de tierra circulares. Un canal, abierto detrás del anillo exterior, lo pone en comunicación con el mar. Este sistema hidráulico, que recuerda los siete mares circulares rodeando el disco terrestre indio (más acá del Lôkâlôkâ), completa la ordenación regular que preside las ficciones geográfico-políticas de Platón, ficciones que sólo pueden entretener, dice irrespetuosamente el padre Acosta (lib. I. cap. XXII), á niños y viejas.

[370] Déc., lib. I, pág. 11 (edic. Bas., 1583). Esta Década, dedicada al cardenal Ascanio Sforza, tiene una fecha cierta. Fué terminada en Noviembre de 1493, dos meses después de la vuelta de Colón de su primer viaje.

[371] Navarrete, t. III, pág. 261. Cito con preferencia el texto latino, conforme á la Cosmographiæ Introductio de Martín Ylacomylus, cuya edición de 1507 tengo á la vista, si bien respecto al idioma en que escribió Vespucci hay casi tanta incertidumbre como al que usó Marco Polo, siendo muy probable que las dos primeras cartas fueran redactadas en español y las dos últimas en portugués. Navarrete, t. III, pág. 185. El texto original de las cartas de Vespucci no ha llegado á nosotros, y la edición latina de 1507 es, como en ella se dice, en el cap. V (folio 9 de la edición que empleo) ex italico sermone in gallicum et ex gallico in latinum versa.

[372] «Vidimus ibidem quem maximum gentis acervum, qui insulam illam Ites nuncuparent.» Ilacomyl., fol. 36. (La edición de 1507 no está paginada.) Canovai, Elogio del Vespucci, página 80; Franc. Bartolozzi, Ricerche circa alle scop. di Vesp., pág. 98.

[373] Hist. gen. de las Indias, lib. I, cap. 164 (Navarrete, tomo III, pág. 333).

[374] Opusculum geogr., 1533, Pars. 11, cap. 9. «De regionibus extra Ptolomæum (es decir, que Ptolomeo no menciona), Bachalaos dicta á novo genere piscium; desertum Lop; Tangut, et Mexico regio in qua urbs permaxima in magno lacu sita Temistita, sed apud vetustiores Quinsay erat vocata.» Sin duda á causa de la proximidad de un gran lago y de la multitud de canales indicados en la descripción de Quisaï, «Citá del Cielo» de Marco Polo (cap. LXVIII), se confundieron dos ciudades, una de Asia y otra de América.

[375] Historia de las Indias, 1553, fol. 119. Guillermo Postel intentó cambiar las denominaciones de los continentes, llamando atrevidamente á América Atlantis, á Africa Chamesia, etc. Véase Cosmographicæ disciplinæ Compend. (Bas. 1561, páginas 13 y 57).

[376] Gomara, fol. 20.

[377] Acosta, lib. I, cap. 14; lib. III, cap. 4. Roberto Regnauld (Cauxois), en su ingenua traducción dedicada al gran Enrique en 1597, llama «la Guadalupe, la Martinica y Marigalante, los faubourgs de l’Inde

[378] Vida del Almirante, capítulos 45 y 77.

[379] Isolario nel qual si ragiona di tutte l’Isole del Mondo. Venegia, per Nicolo d’Aristotile (alias de Ristotele) detto Zapino, 1533.

[380] Tomaso Porcacchi da Castiglione, Arretino, Delle Isole più famose del Mondo. Venecia, 1576.

[381] La Cosmographie universelle, 1575.

[382] Cap. 7 (edic. de 1728, t. IV, p. 12).

[383] Maurile de Saint-Michel, religioso carmelita, Voyage des iles Camerçanes en l’Amerique, París, 1652. Dícese en él, pág. 41: «La Guadalupe es une des moindres des iles qu’on apelle Camerçanes.» En Bertii, Breviarium totius orbis, 1624, pág. 13, encuentro el nombre de Insulæ Camercanæ vel Antilliæ aut Caribes. (¿Será acaso un nombre caribe?) Entre los nombres caribes de las Pequeñas Antillas, coleccionados por el padre Raymond Bretón (Dict. caribe-français, Auxerre, 1665, pág. 409), ninguno hay análogo al de Camercana. Las islas Santas llamáronse Caárucaera, la Granada, Camalogue; pero Lorenzo de Anania (Fabrica del Mondo, pág. 319) sitúa cerca de Cuba y lejos de las regiones habitadas por los Caribes á fines del siglo XV la isla Camarco. García (Origen de los Indios, pág. 234) supone que caracteriza los nombres geográficos caribes la sílaba inicial car, como en Caripe, Carupano, Caroni, Cariaco, y en la denominación del pueblo entero Carina ó Carinago. ¿Es preciso entender por Antillas, Islas Camerianas? (Relat. hist., t. I, pág. 692). Mi hermano, que conoce fundamentalmente la estructura de las lenguas americanas, encuentra que en Carinago, ó mejor, Callinago, según el lenguaje de los hombres, y Calliponam, según el lenguaje de las mujeres, Cali ó Cal contiene todo el nombre del pueblo. Calina (Dic. Galibi., París, 1763, pág. 84) es tan sólo una abreviación de Callinago. He buscado inútilmente las islas Camercanas en las detalladas cartas de ruta del siglo XVI de las Pequeñas Antillas, que presenta Hakluyt (t. III, páginas 603-627, edición de 1600).

[384] Con el nombre de Antillas figuran las islas Caribes en el mapa de América de 1587; pero el texto de Ortelio no cita el nombre de Antillas ni siquiera en la edición de 1601, que es treinta y un años posterior á la edición princeps (Wytfliet, Descr. Ptol. augmentum, 1597, pág. 96).

[385] Mem. de l’Instituto, 1806, t. VI, páginas 13, 17 y 21. Sprengel decía en 1792 (Gesch. der Entd., pág. 373), hablando de las Azores, que «se las creyó primero (en el siglo XV) las Antillas de la India, célebres por el viaje de Marco Polo», M. Boyd, en su interesante obra Description of the Azores, 1835, pág. 192, hace la observación siguiente: «En 1445 formóse un pequeño lago en la isla de San Miguel, por impedir una corriente de lava la salida de las aguas; este lago lleva aún hoy el nombre de Algoa da Sete Citades. En sus inmediaciones hay algunas cabañas á las cuales se las llama, sin saber por qué, las Sete Citades

[386] Historia de las Indias, fol. 29. Herrera (déc. II, lib. III, capítulo 1) relaciona la adoración de estas cruces, que se encuentran en Palenque y en el Chiapa, con la profecía de un santón mejicano llamado Chilam Cambal.

[387] Gomara, folios 115 y 117; Ramusio, t. I, páginas 298-302; Herrera, déc. IV, lib. VII, cap. 7. Yo he relacionado además (Rel. hist., t. III, pág. 159, y Essai politique, t. II, página 153) las huellas de antigua civilización que el P. Garcés encontró en 1773 en el Moqui, con las tradiciones de 1539, y á la vez he discutido la posición de Quivira y Cibola (Civora) que Wytfliet sitúa al Sur de su fabuloso reino de Anián, en la región inmediata al estrecho de Berhing.

[388] Behaim, que habitó en distintas ocasiones en la isla de Fayal, no sólo sitúa la Antillia lejos del archipiélago de las Azores, que llama Insulen der Habiche, sino también asegura que un barco procedente de España fué arrojado á las costas de Antillia en 1414 (Murr., pág. 32).

[389] Sigo la cronología de la Vida do Infante D. Henrique, escrita per Cándido Lusitano, el historiador portugués José Freire, Padre del Oratorio, que (páginas 319 y 338) toma los datos de documentos oficiales. La fecha de la primera tentativa hecha por Gonzalo Velho Cabral en 1431, está confirmada por una nota escrita en el globo de Behaim (Murr., página 29). La isla de Jesu, señalada en este globo y cuyo nombre no se encuentra en el mapamundi de Rivero, singularmente exacto para el archipiélago entero, ¿era idéntica á la isla de San Jorge?

El infante D. Enrique cedió en 1460 las islas de Jesu y Graciosa á su sobrino Fernando, hermano del rey Alfonso V (Barros, déc. I, lib. II, cap. 1). En el Asia de Barros nada se dice del descubrimiento sucesivo de las islas Azores, sin duda porque este gran historiador trató el asunto en una geografía universal, que cita con frecuencia en las Décadas y que nunca ha parecido.

[390] M. Buache, en una Memoria, que por otros conceptos es muy digna de elogio, ha sido inducido á error por la Relación del segundo viaje de Cook, cuando supone «el descubrimiento de las Azores (de las Hormigas?) en 1439 y el de la isla de Santa María en 1447.» (Loc. cit., pág. 14.)

[391] Esta es la verdadera acepción, según las investigaciones de Formaleoni y de Zurla. Buache leyó Bentusia para convertirla en Venusta, y la isla Graciosa (pág. 21), Tufla, puede derivarse de la raíz árabe Tefele, crepúsculos de la tarde. Tefel significa también, según Golio, la obscuridad, y Bentufla designa acaso un hijo de las tinieblas, denominación que conviene bastante á un islote del Mare Tenebrosum de Edrisi. Quanden, en el Enchiridion cosmographicum (Col. 1599), sitúa entre las Azores, además de la isla de las Siete Ciudades, la de Satap. Véase Joan. Myritius, Opusc. geogr., 1590, pág. 123.

[392] No quiero detenerme más en esta investigación, ni discutir aquí el origen de las monedas cartaginesas y cirenaicas que se asegura haber sido encontradas en 1449 en la isla de Corvo. Véase Götheborgske Wetenskaps og Witterhets Samlingar, 1778, St. I, pág. 106.

[393] Murr., pág. 55.