[394] Edrisi (Interpr. Gabriele Sionita), 1619, pág. 64; Hartmann, páginas 317 y 319. Bianco tiene también entre las Azores una Isola di Colombi, que no debe ser confundida con la de Edrisi, pág. 85.

[395] De Guignes, en los Extraits des Manuscrits du Roi, tomo II, pág. 56.

[396] Zurla, Viaggi, t. II, pág. 324.

[397] Bianco aplica el nombre de Brasile sólo á la isla Terceira ó á un promontorio al Oeste de la bahía de Angra, que aun lleva el nombre de Punta del Brasil (Fleuriew, Voyage fait per ordre du roi en 1768 y 1769, vol. I, pág. 548).

[398] L. c., pág. 27. M. Sprengel cree que la isla Terceira no tiene nombre de origen portugués, aunque parezca indicar la tercera isla descubierta por orden del infante D. Enrique (Descript. de la carte de Rivero dans Muñoz Gesch., t. I, página 443). Á veces hay afición de latinizar palabras pertenecientes á lenguas bárbaras, suponiéndolas una significación sacada del latín ó de las palabras que de él se derivan. De esta suerte los zoólogos, olvidando que manatí es una palabra de los indígenas de Haïti, la explican por el nombre de las aletas de este anfibio, suponiendo que le sirven de manecitas (Cuvier, Regne animal, t. I, pág. 238).

[399] Extraits, t. II, pág. 55. En esta isla de Tinnin ó Mostaschin se figura una serpiente muerta por Alejandro, quien, según los orientales, había recorrido una parte del Atlántico. El mismo geógrafo árabe cita en estos parajes la isla de Laca ó Aca, infestada de prodigiosas serpientes.

[400] Acerca de la isola dei Dragoni del mapamundi de Fra Mauro, situada al Oeste de África, véase Zurla, pág. 143.

[401] Se lee también Darmar, habitación de las serpientes, por Danmar. Tal es el espíritu conservador de los geógrafos que temen olvidar que el mapamundi de Ortelio, trazado en 1587, presenta, no sólo las tres islas de San Brandón, las Siete Ciudades y el Brasil, sino también, al Norte de las Azores, la isla Demar.

[402] Ptolomeo, lib. IV, cap. 8, pág. 114.

[403] Tales son también las explicaciones dadas por Ménage y Bluteau. Este último dice, en su gran Diccionario portugués: «ilhas oppostas ou frontrairas as grandes ilhas da America». Formaleoni (pág. 28) considera arriesgadísima esta etimología. Véase también Giovanni Andres, en las Memorias de la Academia Ercolanese Archeologica, 1822, pág. 132, y Tiraboschi, Storia della litteratura italiana, t. VI, p. I, pág. 189.

[404] Tomo I, pág. 127, Aristóteles, De Mundo, cap. 3, páginas 392, 20; Bekk, Proclus in Tim., pág. 54; Felipe Cluvier ha visto en ella «Americam y Magellamcam». Animadv. in Apul., pág. 414.

[405] Appuleii, Opp. ed. Geverk. Elmenhorst, 1621, pág. 59.

[406] Véase, en el pasaje sobre los volcanes: Vesuvius noster; y la intercalación de una observación curiosa respecto á una caverna llena de ácido carbónico en Hiérapolis, en Frigia, «gas que por su peso (específico) permanece en los sitios bajos». (Compárese Apuleyo, páginas 64 y 65, con Aristóteles, De Mundo, cap. 4, páginas 395, 20 y 30.) Se refiere al Plutonium ó cueva Charoniena de Hiérapolis, descrita por Strabón, XIII, página 629, Cas., y por Dion Cassio, lib. LXVIII, cap. 27.

[407] En Pizigano (Zurla, Viaggi, t. II, pág. 323). Mr. Buache creyó leer en su calco Bracir.

[408] En el Portulano Mediceo de 1351, y en el notable mapa de la Biblioteca Pinelli que posee Mr. Walckenaer, cuya redacción según el almanaque que contiene, se hizo entre los años de 1384 y 1434 (Baldelli, t. I, pág. XXX; Walckenaer, en la traducción de la Geographie de Pinkerton, t. VI).

[409] En Bianco (Zurla, t. II, pág. 334) y en Fra-Mauro, cuyo planisferio es de 1459. No se encuentra isla de este nombre, ni en el mapa de Marino Sanuto, que parece ser, al menos, cuarenta y cinco años anterior á Pizigano, y que no omite las 358 Isolle beate et fortunate, próximas á Irlanda, y muchas otras bonæ insulæ del Atlántico; ni en el globo de Behaim (1492). Sin embargo, siglo y medio después de la colonización de las Azores por los portugueses siguióse poniendo una isla del Brasil al oeste ó noroeste de Corvo. Jobst Ruchamer, en la colección de Viajes publicada en Nuremberg en 1508 (Sammlung von Reisen, cap. 76), llama á la isla Berzil, isla Brisilge.

[410] Rel. hist., t. II, páginas 676 y 703. Ralegh convierte en la Guayana el Guarapo ó Río Europa; y Malte Brun, á pesar de ser tan juicioso, hace de las palabras españolas se ignora el origen la frase «río Oregán ú Origán».

[411] Antiquit. ital., t. II, déc. XXX, páginas 894-899. En la tarifa de los Ferrareses de 1193, la frase grana de Brasill, puesta delante de pipere, zucaro y zafrano, podría engendrar alguna duda; pero en la tarifa de los Modeneses de 1376 la palabra grana no existe, estando en cambio la de carga (soma) di Braxilis. La palabra grana, aplicada después á la cochinilla de América, designaba en la Edad Media el Coccus polonicus y el Coccus lacca de la India, mezclado al producto del Croton lacciferum (en sanscrito, lakcha). Ignoro el origen de la denominación de grana de Brasile, de rojo ó laca de Brasile.

[412] Memorias sobre la antigua marina, comercio y artes de Barcelona, t. II, páginas 4, 17 y 20. En la tarifa de Collioure, en el Rosellón de 1252 encuentro canquas de brazil, laca y grana, como tres objetos distintos.

[413] Renaudot, Anciennes relations des Indes, pág. 5; Edrisi, pág. 33. Alrami es probablemente una corrupción de Ramani (Ramni, Lamery), que designa la isla de Sumatra (Sprengel, pág. 176). Edrisi describe el carcaddan ó rinoceronte de la isla Alrami, pero le atribuye un cuerno solo, lo mismo que hace Marco Polo al hablar del rinoceronte ó Leoncorni de la Gavia Minore (lib. III, cap. 12; Bald., t. I, pág. 240; tomo II, pág. 393). Seguramente el rinoceronte de Sumatra es bicornio como el de África, del cual, por lo demás, difiere mucho; mientras el rinoceronte javanés es unicornio, como el rinoceronte del continente de la India.

Este dato de geografía zoológica no debe, sin embargo, obligarnos á admitir que los nombres de Alrami, Ramani ó Java Minor designan más bien la isla holandesa de Java que la de Sumatra, porque se oponen á ello otras muchas razones discutidas por Mr. Marsden. Los marinos árabes observaron muy poco, sin duda alguna, el animal vivo y, conociendo más á fondo el rinoceronte del continente de Asia, ó, por mejor decir, su gran cuerno, que se usaba como vaso apropiado para descubrir el veneno en un licor, sus descripciones no pueden ser minuciosamente exactas. El mismo Mr. Marsden, en su excelente obra relativa á Sumatra, publicada en 1783, habla también (página 140) del único cuerno del rinoceronte de Java, y en la tercera edición (pág. 116) supone que en Sumatra hay dos rinocerontes, uno unicornio y otro bicornio. Por lo demás, los elefantes que faltan en la isla de Java, y que el viajero árabe, traducido por Renaudot encontró el año 851 en Ramni, son un dato zoológico más incontestable aún de la identidad de Ramni y de Sumatra (Samantara).

[414] Encuentro el nombre bakkam (lignum rubrum), cuya raiz probablemente no es semítica (porque bakama, morbum contraxit, no tiene sentido), en el geógrafo Yakuti, que pertenece al siglo XV y que habla de la madera del bresil de Ceylán, ya mencionada por el viajero árabe que tradujo Renaudot (De Guignes, en Notice et Extr. des man., t. II, pág. 411).

[415] Il Milione, lib. III, capítulos 8, 14 y 35 (Baldelli, tomo I, pág. 164; t. II, páginas 384, 398 y 454). Marco Polo, ed. de Marsden, pág. 612.

[416] Sumatra, pág. 95. Ainslie, pág. 196. El sapang es muy buscado en el archipiélago de la India para el tinte rojo.

[417] L. c., pág. 42. García, ab Horto (Aromatum hist., 1590, libro I, cap. 17, pág. 69), conocía ya el nombre sanscrito chandana, y lo distingue de la madera de bresil (sin duda el de las Indias occidentales), del Lignum santali rubri. Al chandana Cæsalpinia sapan se le llama también en la India (Roxb. Flor. Corom., t. I, pág. 18) Bukkan-Chitto de los Telingas.

[418] Véase acerca de este Portulano veneciano, muy raro, á Morelli, Lettera rarissima de Christoforo Colombo, pág. 63. La isla Colombo de Pedro Coppo da Isola, terra dell’Istria, es la ixola di Colombi de Bianco; según Buache, Fayal. En cuanto á la isla Ventura, que el Portulano de los Médicis considera también como sinónima de su isola di Colombis, véase Baldelli, páginas XXX y CLXX.

[419] Quizá provenga de brand y brennen (alemán), y de βράζω, hervir con violencia. En el latín de la Edad Media empléase braza por pruna, carbón encendido.

[420] La raíz sanscrita bhrâdsch (bhrâg), dice Mr. Boppo, significa lucir, resplandecer, y la rakta, rojo; randsch, colorear, teñir. Como anita, viento, procede del verbo an, soplar, brâdchita, será el adjetivo de bradsch, indicando lo que es reluciente. Wilson, sin embargo, no acepta esta última derivación.

[421] Navarrete, t. III, pág. 288: «In eo portu, dit Americ Vespuce, bresilico puppes nostras onustas efficiendo, quinque persistimus mensibus.» De igual suerte encontramos en Anghiera (Ocean., déc. III, lib. 10, pág. 66), hablando del viaje de Solís á la desembocadura del Río de la Plata en 1515: «Navigia coccineis truncis onerat: diximus vocari ab Hispanis brasilum, lignigenus id ad lanas fucandas aptum.»

[422] Ordenanzas hechas en 15 de Julio de 1516 (Navarrete, Doc. diplom., t. II, pág. 339). Es muy posible que algunas especies idénticas á la Cæsalpinia brasiliensis produjeran en tan gran extensión de costas la madera tintórea roja. Yo he cogido con Mr. Bompland en la América del Sur la Culteria tinctoria, que es la Cæsalpinia pectinata de Cavanilles, empleada por los indígenas como materia colorante.

[423] Déc. I, lib. V, cap. 3.

[424] Recuerdo que la Punta del Brasil de la isla Tercera, cuyo nombre ha subsistido hasta nuestros días, está señalada en la carta de Ortelio de 1578. El nombre que en el siglo XIV tenía toda la isla, lo conservó un solo punto de ella.

[425] Edición de Anveres de 1730, pág. 258. El párrafo empieza así: «En la cumbre de un monte que llaman del Cuervo fué hallada una estatua de un hombre puesta á caballo en pelo.» Este monte del Cuervo es la misma isla de Corvo.

[426] Confundiendo las palabras losa y loza, se ha dicho erróneamente que la estatua era de una especie de tierra cocida. (Mem. de l’Inst., t. VI, pág. 26.)

[427] Freyre (Vida do Infante Dom Henrique, páginas 319-338) dice «antes de 1447»; Boid (Description of the Azores, 1835, pág. 317) «hacia 1460».

[428] Boid, l.c., páginas 316-318. Antes hemos dicho que ya en 1436 el mapa de Andrés Bianco presenta la isla de Corvos marinos, nombre debido, sin duda, á las muchísimas aves que vuelan alrededor de la isla y no al aspecto sombrío de una montaña. No se tiene noticia de erupción volcánica reciente en Corvo, pero en la isla Flores hay un pico con crater.

[429] Mapa de Tofino, corregido con arreglo á las observaciones cronométricas de Mr. Degenes: Corvo, 33° 31′ 4″. Flores, 33° 36′ 34″.

[430] Eust., Comm., 64, 10 (Bernhardy, Geogr. græci min., tomo I, pág. 96). Estas estatuas del Hércules Tirio no estaban en el interior del templo de Gades, según dice Philostrato, quien, no reconociendo los caracteres púnicos de las columnas metálicas del templo, añade (y la observación me parece muy notable) que estos caracteres no eran ni indios, ni egipcios. Phil., in Vita Apoll. Tyan., V, 5. (Opp. ed. Olear., pág. 190.)

[431] Memorant autem in qualibet ex dictis insulis (Perennibus) cerni statuam lapidibus constructam et unamquamque statuam esse longitudinis centum cubiterum, et super quamlibet statuam haberi simulacrum æneum retro manu innuens. Hæ statuæ sunt sex: et una illarum, uti fertur, est idolum Cades quæ est ad occidentalem partem Andalusiæ, et nemo novit ullam habitationem ultra illas.» Edrisi, pág. 6.—«Ab insula Majed orientem versus, ad insulam Saha est iter trium brevium dierum. In hac autem insula conspiciuntur simulacra aliquot at litus maris, erectæ dexteræ, quasi innuant aspicienti, ac dicant: Revertere illuc unde venisti, quoniam nulla est a tergo nostro tellus quam adire possis.» Edrisi, pág. 37. El Sionita traduce estas islas Khalidât por Insulæ perennes, pero el derivado Khuld, aplicado á Paraíso (jardín de la eternidad), prueba bien que se debería traducir como lo hace Mr. Freitag, Insulæ fortunatæ. El primer pasaje de Edrisi me inspira alguna duda acerca del simulacrum de bronce que sirve de base á una estatua. He consultado á mi colega de la Academia de Berlín, el sabio orientalista Mr. Wilken, y examinando el texto original, opina que debe traducirse de este modo: Además del ídolo (sanam) de cien codos, hay en estas islas una figura de bronce.» Fauka, no significa sólo encima, sino también pretær. Malte Brun (Precis. de la Geogr., t. I, pág. 531) ha confundido las Canarias y las Azores. Las comunicaciones con las primeras nunca quedaron interrumpidas en los siglos XIII y XIV. (Albertus Magnus, De nat. locor., lib. II, cap. 5; Bocage, Coment. de la Divina Comedia, II, 331.)

[432] L. c., pág. 55. Véase Edrisi, pág, 71, donde habla de los compañeros de Dhulcarnaïn, muertos por los habitantes del mar Tenebroso.

[433] M. Buache ha creído descifrar lo siguiente, en latín bárbaro y en parte ininteligible: «Hæ sunt statuæ quæ stant ad ripas Antilliæ; quarum quæ in fundo ad securandos homines navigantes, quaræ est fusum ad ista maria quosque possint navigare et foras porrecta statua est mare sorde quo non possunt intrare nautæ.....» Zurla rechaza lo impreso en cursiva, no lee el nombre Antillia y cree reconocer en las últimas líneas: «est mare sotile (paréceme mejor subtile, para aqua tenuis ó mare breve) quo no poxit tenebant naves.» El exterior del medallón, tras del cual se ve de medio cuerpo la persona, presenta dos figuritas que están, al parecer, dentro del mar con agua hasta las rodillas.

Digno es de llamar la atención que los geógrafos árabes, consecuentes con el principio de determinar los límites de la navegación, admitieran también hacia el Norte de Europa estatuas parecidas á las de Canarias. En Bakui (Extr. des Man., tomo II, pág. 529) encuentro lo siguiente: «En una isla próxima á Bardmila hay una elevada montaña, y sobre ella una estatua anunciando que no se puede ir más lejos en la mar.» Bardmila, país de los Francos (cristianos), lo sitúa Bakui entre Irlanda y el país de Khozar, bañado por el Athel (Volga). «El árbol mauca, que se cría en la isla de Bardmila, y cuya sustancia encerrada entre el centro del tronco y la corteza, es comestible», me parece ser el pino, cuya parte blanca comen por necesidad, y á guisa de pan, algunas veces los escandinavos.

[434] Precis. de Geogr., t. I, pág. 596. En el siglo XVI hablóse también mucho de una moneda con la efigie de Julio César, encontrada, según se decía, en una mina de América, y que Juan Rufo, obispo de Cosenza, envió al Papa (Horn., De Orig. Americanorum, pág. 23). Ya el grave Ortelio dijo satíricamente que «la moneda la había perdido el mismo que la encontró».

Respecto á las monedas púnicas de la isla de Corvo que Mr. Podolyn cree fueron dejadas allí por cartagineses náufragos, puestos después en comunicación con la Metrópoli, es sensible que se ignore en absoluto cuál era la época y el estilo de la construcción del edificio de piedra donde estuvo la vasija que contenía las monedas, porque al destruir este edificio las olas embravecidas fué descubierta la vasija en 1749. Creo la verdad del hecho por la sinceridad con que lo refiere el padre Flores, de Madrid.

[435] He aquí el curioso pasaje de la Cosmografía de Thevet, libro XXIII, cap. 7 (edic. de 1575, pág. 1.022): «Estas islas del Atlántico han sido llamadas Essores; también essorer es palabra francesa que significa lo mismo que enjugar ó secar ó poner al aire alguna cosa. Son nueve islas. En la de San Miguel, hacia la parte del Septentrión y en la orilla del mar, registrando entre las rocas los primeros que la descubrieron hallaron un agujero de diez pies de alto y otro tanto de ancho; después de llegar hasta él, atreviéronse algunos á entrar dentro con hachones, creyendo encontrar grandes tesoros; pero vieron tan sólo dos monumentos de piedra; cada uno tenía lo menos doce pies y medio de largo y cuatro y medio de ancho. Los que han visto estos monumentos, trabajados bastante toscamente, me aseguraron no tener rastros de inscripciones, ni otra señal de antigüedad sino el retrato de dos grandes culebras que rodeaban los dichos monumentos y con ellas algunas letras hebraicas de tamaño de cuatro dedos, y tan antiguas que apenas se podían leer; pero un moro, natural de España, hijo de judío, hombre versado en las lenguas, las pinta tales y como aquí las presento, dejando la interpretación de las mismas á los que profesan la lengua de los hebreos. Y por esto puede juzgarse que dicho pueblo hebreo habitó, no sólo en el país de Judea, sino en todo el universo.»

Á esta relación sigue la de la muerte de muchas personas que «por filosofar y visitar las cosas más raras de la isla, entraron en esta profunda gruta y no salieron de ella, de modo que, por miedo á accidentes idénticos, fué cerrada con un muro la entrada».

[436] Las inscripciones de Thevet que me mandáis, me escribe el sabio orientalista, no carecen de interés, y parece que hasta ahora han llamado poco la atención. Sensible es que no tengamos una copia exacta de los caracteres para juzgar su antigüedad y su origen. No resulta claro si la inscripción estaba en hebreo puro, lo que es poco probable, ó si el moro, hijo de judío, la hizo pasar de una escritura á otra. La frase de Thevet, «los caracteres eran tan antiguos que apenas se podían leer», es muy vaga. Aunque algunas letras del alfabeto fenicio tienen semejanza con el hebreo puro, por ejemplo, en la leyenda Karat khadaschath d’Ekhel (Doctr. nummorum, vet. p. CLV, t. II, número 5), no debe suponerse que el moro pudo descifrar la frase entera. Si la inscripción era árabe, en caracteres cúficos, debía ser fácil á un hombre de sangre africana trasladar éstos á caracteres hebraicos. Lo mismo en fenicio que en árabe se encuentra Makhtsal, que por la terminación en sal recuerda los nombres propios numídicos, por ejemplo, el de Hiempsal. Lo mismo podría leerse Taal ó Baal ben; Martharbaal ó Mathtadbaal, nombres púnicos bien conocidos (Tito Livio, XXI, 12, 45; Polybio, III, 84; Appiano, Bellum Annibal, cap. 10); pero convengo en que, dada la escasa confianza que inspira la exactitud de la copia inserta en la Cosmografía de Thevet, cualquier interpretación es arriesgada. Añadiré á estas observaciones que en las piedras esculpidas de origen oriental, las inscripciones fenicias se encuentran á veces escritas con letras griegas, y que el famoso pasaje púnico de la comedia de Plauto (el Pænulus), aunque constantemente escrito con caracteres latinos en todos los manuscritos de Plauto, sin embargo, lo imprimieron á principios del siglo XVII en letras hebraicas Felipe Parens y Samuel Petit. La transformación de un carácter en otro es sin duda fácil, pero convengo con Mr. Wilken en que es muy poco verosímil que el moro pudiera leer toda la inscripción púnica.

[437] Benedicto Bordone (Isolario, 1533, pág. 18) pone muchas islas Asmeïdes y Lorenzo Anania (Fábrica del Mundo, pág. 303); sitúa Granozzo y Maïda un poco al Oriente de Terranova, casi en el punto donde en el mapa de Juan de la Cosa está la Isla Verde, porque la gran isla de Trinidad de Cosa, no parece idéntica á Terranova. Hacia estas regiones boreales hicieron los geógrafos del siglo XVI avanzar progresivamente la fabulosa isla de los Demonios, situada al principio frente á las costas de África. Andrés Thevet ha dado «el retrato» de esta isla, donde fué desterrada una señorita bretona, Margarita de Roberval, y donde, según parece, tuvo desagradables aventuras (Cosm. univ., pág. 1019). Á fines del siglo XVI considerábase la isla de Terranova dividida en dos partes por un brazo de mar. Comparando la isla de los Bacalaos del mapa de la Nueva Francia de Wytfliet (Descr. Ptolm. Augm., pág. 158) con el mapa «de un gran capitán de Dieppe» (Ramusio, t. II, pág. 353), se ve que, á la parte septentrional, le llama este capitán isla de los Demonios. La opinión de Malte Brun, de que la isla de la Mano de Satán (el Satanaxio de Andrés Bianco, Sarastagio de Bedrazio) es esta isla de los Demonios de los mapas españoles y franceses, no me parece probable (Precis. de Geogr., t. I, pág. 531). La aparición de islotes volcánicos, tan frecuente en 1638 y 1811 alrededor de las islas de San Miguel y de San Jorge en las Azores, pudo muy bien originar aquel nombre.

[438] Es el libro primero (pág. 17, Mercat) donde Ptolomeo habla de la región de los Seres, más allá de los Sines, donde los pantanos están llenos de grandes cañaverales por medio de los cuales los habitantes pueden pasar algunos ríos. Es un pasaje que está casi imitado de Plinio (VII, 2): «In India hæc facit ubertas soli, temperies cœli, aquarum abundantia, ut sub una ficu (Banian tree, en sanscrito nyakrôdha. Ficus religiosa. Linn.), turmæ condantur equitum. Arundines vero tantæ proceritatis, ut singula internodia alveo navigabili ternos interdum homines ferant.»

[439] Sin duda un cabo de las islas Azores, porque Herrera dice «que estas almadías con casa movediza que nunca se hunden, venían á parar á las islas Azores».

[440] Empleo la nomenclatura de Rennell, y echando una ojeada al mapa general anejo á la Investigation of the Currents of the Atlantic Ocean, se comprende lo que digo en el texto acerca de la mezcla de las aguas de distintas corrientes.

[441] En Noviembre de 1834 llegó á las playas de Southport una botella arrojada al mar, al E S E. del cabo Codd á los 40½° de latitud y á los 70° 20′ de longitud, en Marzo de 1833. La falsa persuasión, muy generalizada entre los pilotos, de que el Gulf Stream no ejerce acción al este de las Azores, ocasiona muchos naufragios en las costas occidentales de Irlanda. Los barcos que no se valen de cronómetros, ó de distancias lunares, llegan á tierra, por error de estima, más pronto de lo que esperaban. (Mechanic’s Mag., 1834, pág. 208).

[442] Véase el testimonio reciente de M. Boid (Descrip. of the Azores, 1835 pág. 96).

[443] «Colon, dice Las Casas en el extracto del Diario del primer viaje (domingo 25 de Noviembre de 1492), vido pinales tan grandes y maravillosos, que no podia encarecer su altura y derechura como husos gordos y delgados, donde conosció que se podian hacer navios é infinita tablazon y masteles para las mayores naos de España.» He manifestado ya en otro sitio que los primeros conquistadores designaban también con el nombre genérico de pino el Podocarpus. Herrera (déc. I, lib. II, cap. 12) lo dice claramente, describiendo el fruto de los pinos del Cibao de Santo Domingo, que parezen azeytunos del Axarafe de Sevilla. Si el verdadero pino de la isla de Santo Domingo y de la Isla de Pinos al Sur de Cuba, donde se hallan reunidos, como dice Anghiera, pineta y palmeta, es el Pinus occidentalis y de la misma especie que el pino de Méjico, es extraordinario que este último no descienda, según mis medidas barométricas, entre Méjico y Veracruz más que á 935 tæesas, y entre Méjico y Acapulco á 580 tæesas sobre el nivel del mar. (Relat. hist., t. III, páginas 376 y 470.) Conviene que los viajeros fijen la atención en estos hechos para resolver un problema que por igual interesa á la geografía botánica y á la climatología.

[444] No carece de interés para la historia de la geografía física recordar la sagacidad con que los marinos del siglo XVI reconocieron ya las relaciones de determinados movimientos del Atlántico desde el cabo de Buena Esperanza hasta las islas Azores. Colón no había navegado al Norte de la isla de Cuba, al Oeste del meridiano de la Providencia de la Grande Abaco; pero conocía la corriente ecuatorial, á la cual atribuía los utensilios «de nuestras costas de España» arrojados á la costa de Guadalupe (Vida del Almirante, cap 46; Anghiera, Ocean., pág. 27); había experimentado también la fuerza de las corrientes de Honduras y del canal Viejo, sin haber pasado nunca por el canal de Bahama ó de la Florida. La impetuosidad del movimiento de las aguas que salen del golfo de Méjico no fué reconocida hasta 1512, cuando la expedición de Juan Ponce de León (Herrera, déc. I, lib. IX, cap. 10); y como hasta principios del siglo XVII, época del viaje de Bartolomé Gosnold, que fué directamente (1603) desde Falmouth al cabo Cod, los buques destinados á la América del Norte pasaron constantemente por el canal de Bahama, se advirtió pronto la conexidad de los movimientos pelásgicos en las costas de Méjico y de la Florida con los de las costas de Terranova y del golfo de San Lorenzo, visitados desde 1497 y 1500 por Sebastián Cabot y por Cortereal. El historiador de Felipe II, Herrera, cuyas cuatro primeras Décadas se publicaron en 1601, describe el Gulf Stream tal y como lo conocemos (déc. I, lib. IX, cap. 12). «Las aguas de los mares de África y del Atlántico, dice, corren perpetuamente hacia la América meridional, y, no encontrando salida, pasan furiosamente, primero entre el Yucatán y Cuba, después entre Cuba, la Florida y las islas Lucayas, hasta que, saliendo de un paso tan estrecho como lo es el canal de Bahama, pueden ocupar un espacio más extenso.» Hay más; el punto de vista expuesto en la reciente obra del mayor Rennell, de que el Gulf Stream recibe su primer impulso en la punta meridional de África, en el banco de las Agujas (Agulhas banc), dirigiéndose hacia el golfo de Guinea al Norte, y después, con la corriente equinoccial del Este al Oeste hacia el cabo de San Roque y las costas de la Guayana (Investig. of the currents of the Atl. Ocean., 1832, pág. 20), encuéntrase claramente indicado en la sabia Memoria de Sir Humphrey Gilbert «sobre la posibilidad de un paso por el NO. al Cathay y las Indias orientales», Memoria que, por mencionar el mapamundi de Ortelio, debe haber sido redactada en 1567 y 1576. «Como las aguas del mar corren circularmente de Este á Oeste, obedeciendo al movimiento diurno del primum movile (el sol), los portugueses encontraron muchas dificultades para avanzar hacia el Este en su trayecto desde el cabo de Buena Esperanza á Calicut: también, á causa de la poca anchura del estrecho de Magallanes, las aguas (que vienen del mar de las Indias al Sur de África) vense obligadas á subir á lo largo de las costas orientales de América hasta el cabo Freddo, distancia de más de 4.800 leguas.» (Hakluyt, Voyages, t. III, pág. 14).

El nombre de este cabo data sin duda de la expedición de Sebastián Cabot, hecha en 1517, en cuya expedición llegó hasta los 67½° de latitud y descubrió la bahía de Hudson (Mem. of Seb. Cabot, páginas 29 y 118); P. Fraser Tyler (Disc. of the Northen Coasts of Am., pág. 41). Sir Humphrey Gilbert nombra por segunda vez este Cabo Frío, y le coloca en latitud de 62° opuesto á Groenlandia. (Hakluyt, t. III, pág. 23).

Al citar este notable pasaje, es casi inútil la observación de que la corriente, «que sube por las costas orientales de América», no abarca todo el espacio desde el estrecho de Magallanes hasta el paralelo 62° Norte. La corriente del Brasil, entre Bahía y Río de la Plata, se dirige al Sur, y esta misma dirección de las aguas se encuentra al Norte de Terranova, en las costas de Labrador.

En la travesía que en 1526 hizo Diego García desde las islas de Cabo Verde al cabo de San Agustín, atribuyóse la corriente dirigida al NO. (el North West equatorial Stream de Rennell) entre los 5° de latitud meridional y los 10° de latitud boreal, al impulso de inmensos ríos de la costa de Guinea (Herrera, déc. III, lib. 10, cap. 1.º); explicación errónea que en nuestros días ha sido aplicada á las corrientes próximas á la desembocadura de los ríos de la Plata, Amazonas y Orinoco, porque las causas son más lejanas y más generales.

[445] Glas, Hist. of the disc. and conquest of the Canary Islands, p. V; Viera, Historia general de las islas Canarias, tomo II, pág. 167.

[446] Gumilla, Orinoco ilustrado, cap. 31.

[447] El historiógrafo de Canarias, Viera (t. I, parte III), refiere que en muchas ocasiones ha arrojado el mar á las costas de las islas de Hierro y Gomera frutos y semillas procedentes de árboles indígenas de América. Antes del descubrimiento del Nuevo Continente, suponían los Canarios que estos frutos eran procedentes de la isla de San Brandón. La mejor prueba de las ramificaciones temporales de los ríos pelásgicos es el fenómeno de transporte de producciones vegetales de las Antillas á las costas de Noruega, de las Hébridas, de Irlanda y de las Canarias.

[448] Wallace dice que los esquimales llegaban en canoas de cuero; pero Mr. Giseke, que ha vivido largo tiempo en Groenlandia, me asegura que estas canoas se reblandecen cuando están muchos días en agua del mar. Asegura, además, que los esquimales del Labrador jamás atraviesan el canal entre el Labrador y Groenlandia.

[449] «Non me piget inter hæc ejusdem temporis rem dignam propter novitatem, quæ legentibus nota sit, scribere. Navis gallica dum in Oceano iter non longe à Britannia faceret, naviculam ex mediis abscissis viminibus arborum que libro solido contectis ædificatam cepit; in qua homines erant septem mediocri statura, colore subobscuro, lato è patente vultu, cicatriceque una violacea signato: hi vestem habetant è piscium corio, maculis eam variantibus. Coronam è culmo pictam septem quasi auriculis intextam gerebant. Carne vescebantur cruda, sanguinemque, uti non vinum, bibebant. Eorum sermo intelligi non poterat: ex iis sex mortem obierunt, unus adolescens in Aulercos, ubi rex (Galliæ) erat, vivus est perductus.» Bembo, Hist. Ven., lib. VII, pág. 257 (edic. 1718). En este cuadro, un poco recargado, fácil es conocer la raza de los esquimales, más extendida acaso hacia el Sur que en nuestros días. Á medida que la población indígena ha ido disminuyendo en el litoral, la navegación costera, ocasionada á aventuras extraordinarias, fué menos frecuente. En la narración de Bembo nada se dice de barcas de cuero.

[450] Gumilla (edic. franc.), t. II, pág. 211.

[451] Bosius, In Corn. Nep. Fragm., t. II, pág. 356; Plinio, II, 67: «Idem Nepos de septentrionali circuitu tradit, Quinto Metello Celeri, L. Afranii (sic Iul. Sillig. C. Afranii, Salmant) in consultatu collegæ, sed tum Galliæ proconsuli, Indos à rege Suevorum (ita omnes Plinii Codd) dono datos, qui ex India commercii causa navigantes tempestatibus essent in Germaniam abrepti.» (Consúltese también Car. Ferd. Rankii de Corn. Nepotis vita et scriptis Coment., 1827, pág. 27); Pomponio Mela, lib. III, cap. V, § 8.º: «Ultra Caspium sinum quidnam esset, ambiguum aliquandiu fuit: idemne Occeanus, an Tellus infesta frigoribus, sine ambitu ac sine fine proiecta. Sed præter Physicos Homerumque, qui universum orben mari circumfusum ese dixerunt, Cornelius Nepos, ut recentior, ita auctoritate certior; testem autem rei Q. Metellum Celerem adjicit, eumque ita retulise commemorat: Cum Galliæ pro consule præesset, Indos quosdam à rege Boiorum (Botorum, Bætorum, Getorum, inepte Lydorum, Codd) dono sibi datos; unde in eas terras devenissens, requirendo cogosse, vi tempestatum ex Indicis æquoribus abreptos, emensosque, quæ intererant, tandem in Germaniæ litora exiisse.» (Véase Eneas Sylvio, De Asia, 1551, pág. 283; Acosta, lib. I, cap. 19.)