[452] Las nociones adquiridas por Herodoto en las comarcas próximas á la extremidad boreal del mar Caspio, y confirmadas por los Scytas y otros pueblos nómadas que erraban entre la cordillera meridional del Ural y la desembocadura del Volga, eran más exactas que las ilusiones sistemáticas que prevalecían al Sur y Sureste del Caspio entre los compañeros de Alejandro y de Patroclo, el almirante de Seleuco Nicator y el gobernador de los Cadusienos en tiempo de Antioco. El mismo Aristóteles conserva la idea (Met. I. c. 14, 29; II, c. 1, 10) del aislamiento del Caspio, y este opinión viene en apoyo, como ha observado muy bien M. de Sante Croix, de las razones que se tienen para creer que Aristóteles escribió la Meteorología en Atenas, antes de ir á la corte de Filipo (Examen crit. des historiens d’Alexandre, pág. 703, y Jul. Lud. Ideler, in Arist. Met., IX). El pasaje del Pseudo Aristóteles. De Mundo, c. 3, no puede ser citado en contradicción de lo dicho, á causa de la compilación tardía de este tratado, posterior á la expedición de Alejandro á la India.

[453] Juxta vero ab ortu ex Indico mari, sub eodem sidere pars tota vergens in Caspium mare, pernavigata est Macedonum armis, Seleuco et Anthioco regnantibus, qui et Seleucida atque Antiochida ab ipsis appellari voluere. Circa Caspium quoque multa Oceani litora explorata, parvoque brevius, quam totus, hic aut illine septentrio eremigatus (Plinio, II, 67). En este mismo capítulo, que contiene el cuento de los indios arrojados en la costa de Germania, se hace á Cornelio Nepote contemporáneo de Eudoxio de Cyzico, célebre por una supuesta circunnavegación de África, en la cual conoció, como Pigafetta, nombres de lenguas bárbaras (Strabón, II, pág. 99). Ahora bien; Cornelio Nepote nació hacia el año 690 de la fundación de Roma, y el rey Lathuro, á quien Plinio nombra, murió en el año 673 (Ranke, pág. 15). Strabón, según Posidonio, supone el suceso en el reinado de Evergetes II ó Physcon, muerto el año 637 de la fundación de Roma (Posidonii Rhodii, Rel. collegit Bake, 1810, pág. 102).

[454] Hist. du Commerce des Anciens, pág. 352.

[455] Plinio, II, 69; Strabón, XI, pág. 509 Cas. En el curioso manuscrito de: los viajeros árabes de los siglo IX y X, publicado primero por el abate Renaudot y examinado después por M. de Guignes, padre, háblase también «de un buque de Siraph en el golfo Pérsico, que la fuerza de las corrientes lo llevó, dando la vuelta al Asia oriental ó septentrional, al mar Caspio (mar de Khozar) y desde allí, por un canal, á las costas de Siria» (Notice des Manuser. du Roi, t. I, pág. 161). Este mito geográfico recuerda el extraordinario suceso de la punta de una proa que Eudoxio de Cyzico (Strabón, II, pág. 99) encontró en la costa de los Etiopes, y que se decía llegó, por la fuerza de las corrientes, desde el río Lixus ó de Gades.

[456] Descriptionis Ptolemaicæ Augmentum sive Occidentis Notitia. Lovan, 1597, pág. 190. «Indos quondam tempestatibus in Suevorum et Germaniæ litora ejectos et Quinto Metello Celeri dono datos, non ex ultimis Orientis et Occidentis partibus, uti quibusdam visum est, sed ex hac Laboratoris et Estolandiæ aut vicinis terris venise constanter teneo, mecumque sentient quicumque climatis rationem expenderit.» Este pasaje alude también á otra vaga suposición indicada por Wytfliet en el artículo Quivira y Anián, según la cual los Indios de Metelo Celer pudieron ser acaso verdaderos Indios, que llegaron á Europa por el Noroeste, pasando por los estrechos de Anián y del Labrador (pág. 170). Conviene recordar, con tal motivo, que estos dos nombres se aplicaban á dos distintos estrechos, creyéndose que había comunicación entre ellos; uno es nuestro estrecho de Behring, y el otro un canal que se suponía á lo largo de las costas septentrionales de América, desde los estrechos de Davis y de Frobisher hasta Bergi Regio y Aniani Regnum, según la nomenclatura del siglo XVI. Más aún; en la célebre y problemática Memoria de Lorenzo Ferrer Maldonado, de 1588, dícese que el estrecho de Labrador no termina hasta los 75° de latitud, y «que hay 790 leguas desde el estrecho del Labrador al de Anián.» El nombre de este último estrecho encuéntrase por primera vez en un mapa del atlas de Ortelio de 1570, y aunque Rivero no le conoce en 1529 (Sprengel, en las Adiciones á la traducción alemana de Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, pág. 493), no prueba esto de ningún modo que haya sido inventado en el intervalo de 1529 á 1570. Por otra parte, su posición occidental hace improbable que Cortereal, en su viaje á la embocadura del San Lorenzo y al Labrador, le diera en 1500 el nombre de Anián en honor de dos hermanos que le acompañaban, como supone Forter (Nord. Entd. B. III, capítulo 5, § 1). Hasta hoy nada se ha encontrado que explique la denominación de Anián. El nombre de Fretum trium fratrum que emplea Gemma Frisius (Hakluyt, t. III, página 16), indica vagamente una comunicación del Atlántico con el mar del Sur, al Norte de América, y si Ani (Barrow, Voyages into the Polar Regions, pág. 45) significa en japonés hermanos, no causaría extrañeza ver aplicado al estrecho de Behring un nombre asiático, á pesar de las dudas que tan gran distancia de navegación para los japoneses pueda engendrar. ¿Qué crédito merece, en tal caso, la explicación de Fretum trium fratrum, fundada en las desgracias de Gaspar y Miguel Cortereal en las costas orientales del Nuevo Continente?

[457] Pontano (Rerum Danicarum Historia, 1631, pág. 764) discutió esta opinión.

[458] Gomara, fol. VII. Horn., (De orig. Amer., pág. 24) repite el hecho, pero diciendo llegaron por sí mismos á Lubeck. «Similis casus in temporibus Frederici Barbarossæ narratur, Indos scapha Lubecam appulise.»

[459] En la Memoria acerca de la posibidad de un viaje al Cathay por el Noroeste (Hakluyt, t. III, pág. 17), estaba en el interés del autor probar que los Indios de Metelo Céler vinieron por el Norte de América rodeando el Promontorium Corterealis, que está inmediato al Polissacus fiuvius (pág. 19). Este mismo razonamiento fué, al parecer, empleado para motivar el proyecto de Sebastián Cabot, que, según Gomara (fol. XX), «prometió al rey Enrique VII ir por el Norte al Cathay y al país de las especias», en 1498 (Mem. of. Seb. Cabot., pág. 87). «Il primo motivo, dice el cardenal Zurla (Viaggi, t. II, página 284) deducevano dal Cornelio Nepote é parimente del sapersi che á tempi di Ottone, imperatore fu trasportatata daventi nel Mare Germanico una nave de Levante.»

Ocasión tendré más adelante, al hablar del mapa de una edición de Ptolomeo de 1508, de discutir la denominación del río Polisacus (el Pulisangha) ó río de Cambalu en China.

Á causa de la cita de los Othones y de Federico Barbarroja he examinado cuidadosamente, pero sin fruto, la célebre crónica de Ditmar, conde de Walembek (Cronogr. Ditmari, episcopi Merspurgensis, libri VIII, Helmst, 1667, páginas 17-88) y la Crónica de Othón de Freising, continuada por Othón de San Blaise y el canónigo Radevicus (Murat, Script Rerum Ital., tomo VI, páginas 610-736 y 742-758). Á ruego mío ha examinado Mr. Deecke en Lubeck, y también infructuosamente, la rarísima edición de Othón de Freising, impresa conforme á los manuscritos de la Biblioteca de Viena en 1515. ¿Quiso hablar acaso Eneas Silvio de una Crónica de Austria del obispo Freising, que no ha llegado á nosotros?

[460] Grantoff. Chron. des Franciscaner-Lesemeisters Ditmar, 1829, t. I, p. XXIX, 4 y 413. Ditmar alcanza en su Crónica hasta 1101; Alberto de Bandervik solamente á 1298. La fundación de la ciudad antigua de Lubeck, situada á orillas del riachuelo de Schwartow (Helmoldi Chronica Slavorum, Lubeck, 1139, lib. I, cap. 20 y 57, p. 61 y 137), corresponde á la época que media entre los años 795 y 823. Los Rugienos la incendiaron y destruyeron en 1139, y este suceso ocasionó la fundación de la nueva ciudad de Lubeck en 1140. No habían transcurrido veinte años desde su reedificación en la época en que, según dice Gomara, llevaron allí los indios. Como esta ciudad nueva fué también destruída completamente por un incendio en 1157 (Grantoff, t. II, p. 581), la suposición de que fueran conducidos á esta ciudad comercial para mostrarlos al pueblo, náufragos llegados de las costas de Escocia ó Noruega, no me parece probable, porque hasta repugna á las costumbres de aquellos tiempos. El silencio de Helmod, que era cura de una aldea á orillas del lago de Plœn en el Holstein, es tanto más importante cuanto que en 1164 vivía aún, como su propia Crónica lo indica claramente (cap. 94, p. 213).

Consulté á un sabio, profundamente versado en la historia de estas comarcas y que habita en el mismo Lubeck, Mr. Deecke, y he recibido confirmación de las dudas que acabo de exponer. «Examinando de nuevo todas nuestras Crónicas, me escribió Mr. Deecke en Enero de 1835, nada encuentro, absolutamente nada, que permita adivinar lo que ha dado motivo á las extrañas noticias adquiridas por Eneas Silvio, Gomara y Sir Humphrey Gilbert, cuyas investigaciones sobre el paso del Noroeste nos ha conservado Hakluyt. Debo, sin embargo, deciros que en la casa donde se reunía el gremio de los marinos (Schiffergesellschaft de Lubeck), se conserva una canoa groenlandesa con una figura de madera, representando un esquimal, figura que estuvo antes cubierta con el traje propio de los esquimales. La canoa ha sido recompuesta muchas veces, y su inscripción más antigua es de 1607, pero según una tradición muy vaga, debió capturar un barco de Lubeck á este pescador esquimal en los mares del Oeste hace trescientos años. Las relaciones comerciales de Lubeck con las regiones del Oeste y del Noroeste datan de mediados del siglo XIII. Acaso Gilbert quiso decir en el reinado de Federico III. No entiendo, como vos no entendéis, lo que significan las palabras del papa Eneas Silvio: Nos apud Othonem legimus; ni la cita de Gilbert: Othon in the storie of the Gothes affirmeth. No ha existido ningún Othón que escribiera una historia de los Godos, y entre los historiadores de este pueblo, que por largo tiempo y cuidadosamente he estudiado, no hay rastro de ningún suceso parecido.»

En muchas ciudades marítimas se conservan canoas groenlandesas, y esta conservación no prueba nada por sí misma, como sucede con el cocodrilo que me enseñaron colgado en una capilla de los alrededores de Verona, y que, según la tradición popular, vino derechamente al Brenta desde la desembocadura del Nilo.» La historia de la canoa de Lubeck, según los indicios dados por los autores que acabo de citar, podría referirse muy bien á la captura de un pescador esquimal arrastrado por alguna tempestad lejos de las costas de su patria.

[461] Navarrete, Documentos diplom., t. II, páginas 262-269.