NOTAS.


[1] Aragó, Eloge de Volta (Mém. de la Acad. des Sciences, tomo XII, pág. 96).

[2] Carta de Colón fechada en Jamaica el 7 de Julio de 1503, diez y seis meses antes de su vuelta á España. Desde su regreso hasta su muerte (20 de Mayo de 1506) Colón no volvió á navegar, y nada ocurrió que pudiera inducirle á cambiar de opinión sobre la naturaleza de su descubrimiento.

[3] Fernán Pérez de Oliva, escribano público de la ciudad de Isabela (de Haïti), recibió orden del Almirante, el 12 de Julio de 1494, de trasladarse á bordo de cada una de las tres carabelas del segundo viaje del descubrimiento, «é requiriese al Maestre é compaña, é toda otra gente que en ellas son públicamente, que dijesen si tenían dubda alguna que esta tierra (de Juana ó Cuba) no fuese la tierra firme, al comienzo de las Indias y fin á quien en estas partes quisiere venir de España por tierra; é que si alguna dubda ó sabiduría dello toviesen que les rogaba que lo dijesen, porque luego les quitaría la dubda y les faría ver que esto es cierto y qués la tierra firme.» Este párrafo notabilísimo, de que hablaré más adelante, está en un documento conservado en los archivos de Sevilla (Navarrete, Docum. núm. 76, t. II, pág. 145).

[4] Vespuccio era elocuente y latino (Casas, Historia general de las Indias, lib. I. cap. 140). Esta sinonimia de latinidad y de saber se ha conservado tanto desde la Edad Media en la lengua española, que en las misiones del Orinoco he oído con frecuencia: es Indio muy latino, para designar un indígena algo civilizado.

[5] Cujus opinionis (mare esse vacuum et sine hominibus) ipse Dantes, poeta noster, fuit, ubi duodevigesimo capite de inferis loquens, Ulyssis mortem confingit. (Quatuor navigationum, Introd. in fine.)

[6] Bossi, Vita di Colombo, pág. 73.

[7] Véase el principio de la carta de Colón al tesorero Sánchez (Navarrete, t. I, páginas 181-183); el Diario del primer viaje, correspondiente á los días 3, 14, 19, 25 y 27 de Noviembre, 13, 20 y 21 de Diciembre; mis Tableaux de la nature (segunda edición), t. I, pág. 217, y la Rélation historique, t. III, página 473.

[8] Carta de D. Jaime Ferrer, fechada el 28 de Febrero de 1495.

[9] Tercer viaje de Colón (Navarrete, t. I, pág. 255); Vida del Almirante, capítulos 19 y 66; en Barcia, Hist., t. I, páginas 17 y 76, y Rélation historique, t. I, pág. 506. «Yo siempre leí que el mundo, tierra y agua era esférico, y las autoridades y experiencias que Tolomeo y todos los otros escribieron de este sitio, daban é amostraban para ello, así que eclipses de la luna y otras demostraciones (determinantes de la figura) que hacen en Oriente fasta Occidente, como de la elevación del polo de Septentrión en Austro. Agora (al llegar á cien leguas al Oeste de las Azores), vi tanta disformidad, como ya dije, y por esto me puse á tener esto del mundo, y fallé que no era redondo en la forma que escriben, salvo que es de la forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezón que allí tiene más alto, ó como quien tiene una pelota muy redonda y en un lugar de ella fuese como una teta de mujer allí puesta, y que esta parte de este pezón sea la más alta y más propinca al cielo (á la bóveda celeste), y sea debajo la línea equinocial y en esta mar océana en fin del Oriente; llamo yo fin de Oriente á donde acaba (el Este de Asia) toda la tierra é islas, é para esto allego todas las razones (astronómicas) sobreescriptas de la raya (el meridiano) que pasa al Occidente de las islas de los Azores, cien leguas del Septentrion en Austro, que en pasando de allí al Poniente ya van los navíos alzándose hacia el cielo suavemente, y entonces se goza de más suave temperancia y se muda el aguja del marear, por causa de la suavidad desa cuarta de viento, y cuanto más va adelante (al Oeste) é alzándose más, nuruestea, y esta altura causa el desvariar del círculo que escribe la estrella del Norte con las guardas (las estrellas β y γ de la Osa menor), y cuanto más pasase junto con la línea equinocial, más se subirán en alto y más diferencia habrá en las dichas estrellas y en los círculos dellas (alrededor del polo). Ptolomeo y los otros sabios que escribieron de este mundo, creyeron que era esférico, creyendo que este emisferio que fuese redondo como aquel de allá donde ellos estaban, el cual tiene el centro en la isla de Arin, que es debajo de la línea equinocial, entre el sino Arábico y aquel de Persia, y el círculo pasa sobre el cabo de San Vicente en Portugal por el Poniente y pasa en Oriente por Cangara (¿Catigara?) y por las Seras, en el cual emisferio no hago yo que hay ninguna díficultad, salvo que sea esférico redondo como ellos dicen; mas este otro digo que es como sería la mitad de la pera bien redonda, la cual toviese el pezón alto como yo dije, é como una teta de muger......» Al reproducir literalmente una parte de esta verbosa disertación del Almirante, he puesto entre paréntesis lo que puede facilitar la inteligencia del texto. Como los razonamientos científicos en la Edad Media debían fundarse siempre en algún texto del Stagirita, Colón añade que éste creyó las tierras que están vecinas del Polo antártico, «la más alta parte del mundo y más propincua al cielo; pero la hinchazón del mundo no está más que enesta parte debajo de la línea equinocial; y ayuda mucho esto que sea así porque el Sol, cuando nuestro Señor lo hizo, fué en el primer punto de Oriente, ó la primera luz fué aquí en Oriente.» No necesito añadir que este primer punto del Oriente, sitio del Paraíso terrenal, donde nacen los grandes ríos, es, según Colón, la extremidad oriental de Asia, y era la costa de Paria próxima al delta del Orinoco.

[10] Sorprenderá sin duda saber que á uno de los competidores de la gloria de Cristóbal Colón, Sebastián Cabot, el primero que descubrió la parte continental de América y que penetró audazmente en los mares del Norte, se le acusó de ser más bien gran cosmógrafo (teórico) que hábil marino. (Herrera, Dec. I, lib. X, cap. I.)

[11] «Ofresco lo mismo de ruibarbo y de infinitos géneros de aromas, que estoy ya persuadido han hallado y hallarán todavía los que dejé en la fortaleza» (la población de Natividad en Haïti). Colón en su carta al tesorero Sánchez, 14 de Marzo de 1493 (Navarrete, t. I, pág. 193). «Creo haber encontrado almasiga como en Grecia, ruibarbo y canela.» Colón en su carta á Luis de Santángel, del 4 de Marzo de 1493 (Navarrete, t. I, página 173). El error no fué de Colón, sino de Vicente Yáñez Pinzón, que creyó reconocer el ruibarbo de Asia en la isla Amiga, hoy Isla de las Ratas (Colón, Diario del primer viaje, 30 de Diciembre de 1492 y 1.º de Enero de 1493), y se envió una barca á la costa para coger el «que sirviera de muestra (en Barcelona) á los Reyes».

Rubriquis fué el primero que dió en Occidente las primeras nociones del uso del ruibarbo en el Cathaï. Marco Polo encontró esta raíz en la montañosa provincia de Succuir (So-tcheu), de donde el ruibarbo en el siglo XIII se distribuyó por el mundo entero. Se ve en el cuadro de las mercancías exportadas por las caravanas del interior del Asia, cuadro que publicó Balducci en 1335, que era entonces el ruibarbo un objeto importante del comercio del Caspio y de Alejandría. Como Colón creía estar en las tierras del gran Khan, buscaba con empeño las drogas que las factorías de los pisanos y de los genoveses en Crimea, Siria y Egipto enviaban con abundancia al Oeste de Europa. Especies de Rheum, muy distintas entre sí, producen en Asia el verdadero ruibarbo de las farmacias. El Himalaya y las mesetas del Nepaul tienen el Rheum Emodi, Wall y el Rheum spiciforme, Royle; la Mogolia, el Rheum palmatum; el Altaï, el Rheum leucorhizum, y Persia, el Rheum Ribes. Los médicos árabes emplearon el ruibarbo antes que los médicos cristianos de Italia y de España; pero imbuídos en los escritos de Dioscórides y de Plinio, confundieron siempre el Rha ó Rheon de Dioscórides, que es el Rhacoma de Plinio (XXVII, 12) ó Rhaponticum, planta astringente, con el ruibarbo de la Mogolia (Salmos Exerc. Plin., ed. 1619, pág. 796). Habiendo recorrido á mi vuelta de Siberia la Rusia meridional, pude convencerme de que no existe ninguna especie de Rheum entre el Samara, el Wolga y el Don, en el sistema hidrográfico del Rha; porque el gran río (Rha), es decir, el Wolga, dió el nombre al Rhacoma de Plinio, que Isidoro de Sevilla llama ya Rheon (Rheum) barbaricum. Un pasaje de Edrisi sobre las cualidades medicinales del za-ravand de Bégiaia (el Bugia de los marinos franceses), dió ocasión al error de creer que en las vertientes del Atlas había ruibarbo parecido al de Persia (Hartmann. África, página 220). El género Rheum falta completamente, según parece, en América.

[12] Véase mi Rélation historique, t. III, pág. 376. Los verdaderos pinos (sin duda el Pinus occidentalis), á propósito para palos de buques y «tan elevados que apenas se veían las cimas», los halló Colón en la costa occidental de la isla de Cuba, cerca de las sierras de Moa. También vió el espectáculo que con frecuencia me llamó la atención en Méjico de la mezcla de pinos y de palmeras, cerca de Baracoa (Diario del primer viaje, correspondiente á los días 25 y 27 de Noviembre de 1492); pero en la isla de Haïti, en las montañas de Cibao, descubrió Colón con sorpresa pinos sin piñas. «Abunda la tierra áspera del Cibao (de Civa, piedra) de pinos muy altos que no llevan piñas, por tal orden compuestos por naturaleza, que parecen azeytunos del Axarafe de Sevilla» (Herrera, Déc. I, lib. II, cap. 4, página 35). Los botánicos reconocen que no es posible caracterizar con más precisión las Coníferas sin piñas, la sección de las Coníferas de frutos solitarios ó simples, el grupo de las Taxineas de Richard (Mem. sur les Cycadées et les Coniferes, 1826, pág. 6, 105 y 124).

[13] «Vide muchos árboles que tienen un ramito de una manera y otro de otra, y tan disforme, que es la mayor maravilla del mundo, verbigracia: un ramo tenía las fojas á manera de cañas y otros á manera de lentisco; y así un solo árbol de cinco ó seis maneras; ni éstos son enjeridos, porque se pueda decir que el enjerto lo hace, antes son por los montes, ni cura dellos esta gente» (Diario, 16 de Octubre de 1492). Nada pinta mejor el entretejido de las plantas parásitas como el cándido trabajo que emplea el observador para probar que la mezcla y la salvaje abundancia de las hojas y de las flores no son producto de injertos (Tableaux de la Nat., t. II, pág. 51).

[14] Probablemente el cuarto de los ocho vientos de la brújula ú 11º ¼.

[15] La descripción de Colón no designa el Fucus abies marina, Gmelin, que es una Cystoseira (Agardh). Á causa de la localidad, tiene que referirse al Fucus natans (Linneo), mientras en la descripción de Scylax de Caryande (Huds. Geogr. min., t. I, páginas 53 y 54) creo que claramente se trata del Fucus saculeatus (Linneo) ó Sporochnus aculeatus (Agardh), que es un fucus litoral. Los supuestos frutos de lentisco son las vejigas llenas de aire y de mucílago que contribuyen á que sobrenade el fucus.

[16] Este nombre de Leoa está escrito dos veces del mismo modo y otra tercera Lioa, en la carta de Colón. Sin duda es Sierra Leona, situada en la latitud de 8° 29′ 55ʺ. Don Fernando dice que su padre retrocedió desde el 5° de latitud, navegando hacia el NO. en el paralelo del 7°. En el trazado de los cuatro viajes de Colón hecho por el Sr. Moreno, los rumbos y las distancias le hacen fijar como el punto más austral del tercero el 8° de latitud.

[17] «La aguja noruesteaba desde prima noche media cuarta, y al amanecer, poco más de otra cuarta.» Estas palabras, de su hijo, no deben, sin embargo, hacer creer que Cristóbal Colón observó desde entonces los cambios de la variación horaria. Los medios que empleaba eran muy poco precisos para justificar esta conclusión.

[18] No ignoro que en gran número de obras muy estimadas (Tomás Young, Lect. on Nat. Phil., t. I, pág. 746; Hansteen, Magnet. der Erde, pág. 175) se cita una supuesta observación «de Pedro Adsiger», hecha en 1269, y de la cual habló Thévenot refiriéndose á un fragmento de carta que posee la biblioteca del Rey en París. Mi colega en el instituto M. Libri, que ha hecho un profundo estudio de la historia de las ciencias físicas, observa: 1.º, que hay error de nombre; la carta tiene la inscripción de: Epistola Petri Peregrini de Maricourt ad Sigermum de Foucoucourt (las palabras ad Sigermum han sido convertidas en Adsiger); 2.º, que el pasaje de la declinación magnética está intercalado y no se encuentra en el manuscrito de Leiden. No se debe, pues, atribuir la observación ni á Pedro Peregrini (Barlow, en las Trans. phil. de 1833, tomo II, pág. 670), ni á quien recibió la carta. Gilbert en su célebre Phisiologia de Magnete, 1633, lib. I, cap. I, asegura que en un tratado de Magnetismo terrestre fúndase Peregrini en las ideas de Roger Bacon.

[19] Livio Sanuto, Geografía distinta in XII libri ne quali otra l’esplicatione di molti luoghi di Tolomeo é della bussola e dell’Agugua, si dichiarano le provincie, popoli e costumi dell’ Africa (Venecia, 1588). El autor de este curioso libro supo por su amigo Guido Gianetto di Fano que Cabot había explicado en su presencia al rey de Inglaterra Eduardo VI (no se sabe en qué año) la variación de la aguja, y el meridiano en que señalaba el verdadero Norte (situaba la línea sin declinación á 110 millas italianas al Oeste de Flores). Guil. Gilbert, Phisiol. nova de Magnete, 1633, pág. 5. M. Biddle, autor de la sabia Memoir of Sebastian Cabot, publicada en 1831, dice acertadamente (cap. 26, páginas 177 y 180) que una nota puesta en el Mapamundi de Ptolomeo, añadido á la edición romana de 1508, nota según la cual «cerca de Terranova y de la isla Bacalaurus», la brújula no gobierna nec naves quæ ferrum tenent revertere valent, parece fundada en las ideas de Cabot relativas á la posición y á la proximidad del polo magnético boreal. Si se debiera conceder á Sebastián Cabot el mérito de haber observado la variación de la aguja antes que Colón, lo cual es imposible teniendo en cuenta la fecha del primer viaje del Almirante, este mérito no dataría del año 1549, como supone Fontenelle (Mem. de la Acad., 1712, pág. 18), sino ascendería al año de 1497, en que Cabot llegó antes que otro alguno á la tierra firme de la América septentrional.

El ingenioso historiador de la Academia reclama también á favor de un piloto de Dieppe, llamado Crignon, el haber indicado la declinación de la aguja el año 1534 en un manuscrito, que poseía el geógrafo Delisle. Pero estas reclamaciones no tienen valor alguno supuesto que con tanta precisión fija el Diario de Colón la fecha del 13 de Septiembre de 1492, correspondiente al día en que, por primera vez, se observó la declinación magnética. ¿Será acaso Crignon el piloto francés de Dieppe que vió pasar la línea sin declinación por las islas de Cabo Verde, y á quien cita Miguel Coignet en una obra notabilísima impresa en Amberes en 1581 con el título de Instruction nouvelle des points plus excellens et necessaires de l’art de navigues, cap. 3, página 12?

[20] Esta brújula acuática de los chinos, semejante al pez imantado de los antiguos pilotos indios y al lagarto de los birmanes, la emplearon también los marinos franceses en tiempo de San Luis, y de aquí proviene acaso el nombre de calamita ó rana verde dado á la aguja imantada, denominación que se encuentra en Plinio, XXX, 42, pero aplicada al reptil llamado rubeta.

[21] Según las observaciones magnéticas hechas en Pekín por M. Kovanko en la casa magnética que á ruego mío ha hecho construir el Emperador de Rusia en la capital de la China, la declinación era de nuevo en 1831 de 2° 3′ hacia el Oeste (Kupfer, en los Anales de Poggendorf, 1835, núm. 1, pág. 54). El padre Amiot, en los años de 1780-1782, veía ya oscilar la declinación magnética en Pekín de 2° á 4° ½ hacia el Oeste (Mémoires concernant les Chinois, vol. IX, pág. 2; vol. X, pág. 142); pero en un espacio de 670 años la línea sin declinación puede haber pasado muchas veces por Pekín. La propiedad directriz de la aguja imantada, es decir, la propiedad de colocarse en un plano que sólo forme determinado ángulo con el meridiano del sitio, fué conocida en China 1.100 años antes de Jesucristo. El historiador Szumathsian, cuyo Szuki, ó Memorias históricas, fué escrito en la primera mitad del siglo II de nuestra era, dice que el emperador Tchhingwang regaló en el año 1100 antes de nuestra Era, á los embajadores del Tonkín y de Cochinchina, que temían no encontrar su camino, cinco carros magnéticos (tchinankiu), carros que indican el Sur por medio del brazo móvil de una figurita cubierta con traje de plumas. Á estos carros se añadía un hodometro, es decir, otra figurilla que daba golpes en un tambor ó una campana cuando el carro había recorrido uno ó dos li. El célebre diccionario Chuenen, que terminó su autor Hiutchin en tiempo de la dinastía de los Han, año 121 de Jesucristo, describe la manera de recibir una aguja la propiedad de indicar la dirección del Sur por el imán. También conocían los chinos que el calor disminuye esta fuerza directriz. En tiempo de la dinastía de los Tsin, y por tanto en el siglo iii de nuestra era, gobernaban los chinos sus barcos con arreglo á las indicaciones magnéticas. En el Tchinlafungthuki, ó descripción del país de Cambodja, obra publicada recientemente en París, pero escrita en 1297 en el reinado del Khan Timur, las rutas ó direcciones de la navegación están siempre indicadas con arreglo á los rumbos de la brújula.

El uso de la aguja imantada lo introdujeron en Europa los árabes, como lo prueban las denominaciones de zohron y aphron (Sur y Norte), dadas en el Speculum naturale de Vicente de Beauvais á los dos polos del imán. (El Libro de las piedras, que los árabes atribuyeron á Aristóteles y cita Alberto el Grande «como prueba del uso del imán en la marina», es apócrifo y acaso de la misma época que el tratado árabe de las piedras de Teïfachi y Beilak Kiptchaki.) Los primeros que en Europa hablaron de la brújula, pero en el sentido de ser su uso conocido, como instrumento necesario á los marinos, fueron Guyot de Provins en un poema político satírico titulado La Biblia, compuesto en 1190, y el obispo de Ptolemaïs, Jacobo de Vitry, en su Descripción de Palestina, escrita entre 1204 y 1215.

La prueba que ha querido M. Hansteen deducir del Landnamebok para suponer que los noruegos usaron la brújula en el siglo XI, queda anulada por las investigaciones de M. Kämtz (Klapr., páginas 41, 45, 50, 66, 90 y 97).

Las obras del célebre mallorquín Raimundo Lulio (por ejemplo, su tratado De contemplatione, escrito en 1272, cap. CXXIX, § 19, y cap. CCXCI, § 17) y el texto de antiguas leyes españolas prueban que á mediados del siglo XIII los marinos catalanes y vascos usaban comunmente la brújula (Capmany, Cuestiones críticas, 1807, Cuestión 2.ª, pág. 38; y Comercio antiguo de Barcelona, t. III, páginas 72-74).

En el desarrollo progresivo de los conocimientos sobre el imán, preciso es distinguir: 1.º, la observación de los fenómenos simples de atracción ó de repulsión; 2.º, la dirección de una aguja móvil como efecto del magnetismo terrestre; 3.º, la variación ó la observación de la diferencia entre el meridiano magnético y el meridiano del sitio en que se opera; 4.º, el cambio de variación en diferentes sitios de la tierra; 5.º, los cambios de variación horaria; 6.º, la observación de la inclinación y de la intensidad magnética.

[22] Podía añadirse, según creo, desde nuestra salida de Guadalupe.

[23] Así dice la edición de Barcia; el sentido exige acaso nordesteaban, como, al parecer, prueba el fragmento de la carta de 1498 antes publicado. Colón dice allí claramente: «Antes de pasar la raya de 100 leguas al Occidente de los Azores, por consecuencia entre esta banda y España, las agujas (fasta entonces) nordesteaban.»

[24] Biddle, Mem. of Seb. Cabot, pág. 222. No se sabe con exactitud ni el año de la muerte ni el sitio de la sepultura de este gran marino, «que dió á su patria casi un continente, y sin el cual acaso no se hablara la lengua inglesa en América por tantos millones de habitantes».

[25] Mem. de la Acad., 1712, pág. 19.

[26] Tractatus sive Physiologia nova de Magnete, magneticis corporibus et magno Magnete tellure, ed. Wolfg. Lochmans; Sedini, 1633 (la primera edición es de 1600), lib. IV, capítulo IX, pág. 164.

[27] L.c., lib. V, cap. VIII, pág. 195. Este empleo de la inclinación, que Gilbert llama siempre (lib. V, capítulos I-XII) declinatio magnetica, y cuya existencia negaron D. Pedro de Medina (Arte de navegar, Sevilla, 1545, páginas 212-221) y Sanuto (Geographia, lib. I, pág. 6), es tanto más notable, cuanto que la brújula de inclinación no la inventó Roberto Normann hasta 1576. La posición del ecuador magnético, en el cual la inclinación es nula, no la conoció Gilbert, quien, como Hauy, llama polo Sur á la punta de la aguja que se dirige hacia el polo Norte (lib. I, cap. IV, pág. 16). Creía que el ecuador magnético coincide con el ecuador terrestre (lib. V, cap. I, pág. 182).

[28] Al volver de mi viaje á América he demostrado cómo la inclinación puede indicar en el Mar de Sur, en las brumosas costas del Perú, la latitud con precisión bastante para las necesidades del pilotaje. Véase la Memoria que, en unión de M. Biot, publiqué sobre las variaciones del magnetismo terrestre en diferentes latitudes, en el Journal de Physique, t. LIX, páginas 448-450.

[29] Hay cuatro causas de error: la de la estima de la dirección del barco, la de la observación magnética y la de los instrumentos y efemérides, tan imperfectos. En el texto me he atenido á las longitudes determinadas por Moreno y Navarrete en el trazado de los viajes de Colón. Según este trazado, lejos de encontrar el Almirante, como pretende, el 13 de Septiembre de 1492 la línea sin declinación á 100 leguas de distancia del meridiano de Corvo y de Flores, no llegó á esas 100 leguas hasta el 17 ó 18 de Septiembre. Además, la situación del barco en 21 de Mayo de 1496 debió ser, según las investigaciones del Sr. Moreno acerca de los rumbos de Colón, no al Oeste del meridiano de Flores, sino en el meridiano de la isla de Pico. Los puntos de estima del Almirante, visto el impulso de las corrientes hacia el Sureste, debían estar delante de sus verdaderas posiciones. No puede esperarse conseguir mucha precisión en resultados que dependen de tantos datos inciertos (del rumbo, de la distancia recorrida, de la desviación que producen las corrientes, de la lentitud del cambio de la declinación magnética, etc.); pero hay una circunstancia que, al parecer, autoriza á dar una posición más occidental á la línea sin declinación en 1492 y 1496. Colón insiste muchas veces en el hecho físico de la coincidencia de esta línea con el borde del Mar de Sargazo, es decir, con la gran banda de fucus que se extiende casi de Norte á Sur entre los 22° y 41° de latitud. «Cuando las agujas comienzan á dirigirse al NO., dice, comienzo á entrar en las yerbas» (la zona de fucus). Ahora bien; es indudable que el límite oriental de los fucus está al Oeste de Corvo, por encima de los 44° de latitud, y que generalmente se mantiene entre los 37° ¼ y 40° de longitud, esto es, á 80 ó 140 leguas marinas de distancia al Oeste de Corvo.

[30] Untersuch. über den Magnetismus der Erde, 1819. Atlas, tab. I. En la Geografía física del P. Acosta (su Historia natural de las Indias merece bien este nombre) hay una prueba también convincente de la dirección de la línea sin declinación de las Azores del NE. al SO. Acosta (lib. I, cap. XVII, pág. 64) dice que en su tiempo, 1589, se encuentra la variación hacia el Oeste cuando, desde el meridiano de Corvo, se va á más altura (en latitud), y que la variación es más oriental cuando se baja de latitud, aproximándose al ecuador en el mismo meridiano.

[31] He dado numerosos ejemplos de estos cambios por la comparación de mis propias observaciones de inclinación, hechas en épocas lejanas unas de otras, en Poggendorf, Journ. der Physik, 1829, t. XV, páginas 321-327. Véase también una excelente Memoria de Mr. Hansteen sobre la traslación de la curva sin declinación en el Oeste de Siberia, de 1769 á 1829, de Este á Oeste desde Orsk á Uralsk, y sobre las variaciones seculares de la inclinación, en Poggend., t. XXI, páginas 414-430 y tab. V.

[32] Cuando me encontraba en la costa de Paria y en las tierras costeadas por los barcos de Colón en 1498, creí durante algún tiempo que el cabo designado por Colón con el nombre de Punta de la Aguja (Navarrete, t. I, pág. 250), como sucede con la Punta de las Agujas en la extremidad meridional de África era un antiguo punto sin variación magnética. Pero la Punta de la Aguja de Colón es el cabo que los españoles llaman hoy la Punta de Alcatraces, y está, por tanto, 3° 25′ al Este de la curva sin declinación que con Colón hemos fijado, para el año de 1498, á los 68° 15′ en el paralelo de 12° 45′.

[33] Creyendo Gilbert (Tractat. de Magnete, 1633, páginas 42, 98, 152 y 155) que la forma de las curvas de variación dependía también de la configuración de los continentes y de la interposición de valles oceánicos profundísimos, admitía necesariamente la fijeza de las curvas, y hacía pasar en 1600 la línea de declinación por el mismo sitio donde la encontró Colón en 1492 (Variatio uniuscujusque loci constans est). Búrlase de los polos magnéticos de Frascatoro, el célebre contemporáneo de Colón (Rejicienda est vulgaris opinio de montibus magneticis aut rupe aliqua magnetica aut polo phantastico á polo mundi distante. Magnus magnes ipse est terrestris globus). Las agujas, en su opinión, se dirigen hacia las regiones donde aparece sobre el nivel del agua mayor cantidad de masa sólida y donde la superficie del núcleo terrestre (cor terræ, inæqualitas globi magnetici sub continentibus et in marium profunditate) se acerca más á la capa exterior.

[34] Es verdaderamente notable que en los archivos de Simancas haya una Bula de concesión de las Indias de 3 de Mayo de 1493 (quinto Nonas Maias), encontrada por mi ilustre amigo Muñoz, y semejante á la de 4 de Mayo (quarto Nonas Maias), conservada en los archivas de Sevilla (Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, lib. IV, § 29; Navarrete, Docum. diplomático, t. II, páginas 23-35), con algunas diferencias que apuntaré aquí. En la de 3 de Mayo nada se dice de la línea de demarcación designada en la bula del día siguiente; únicamente expresa que se hace donación á perpetuidad de las islas y tierra firme recientemente descubiertas per dilectum filium Christophorum Colon á los Reyes de Castilla y de León, y que estos reyes poseerán dichas tierras con los mismos privilegios y derechos que los Papas habían concedido (en 1438 y 1459, desde el cabo Bojador hasta las Indias orientales, según Barros, Déc. I, libro I, capítulos 8 al 15) á los Reyes de Portugal.

Las dos bulas de 3 y 4 de Mayo son literalmente iguales en su primera mitad hasta las palabras «ac de Apostolicæ Potestatis plenitudine omnes et singulas terras et insulas præedictas et per Nuntios vestros repertas per mare ubi hactenus navigatum non fuerat, per partes occidentales, ut dicitur, versus Indiam.....» Después de este párrafo se inserta en la bula de 4 de Mayo la cláusula de que España poseerá «omnes insulas et terras firmas inventas et inveniendas, detectas et detegendas versus occidentem et meridiem, fabricando et constituendo unam lineam á polo artico ad polum antarcticum quæ linea distet á qualibet insularum quæ vulgariter nuncupantur de los Azores et cabo Verde centum leucis versus occidentem et meridiem». Preciso es convenir en que esta determinación á qualibet insularum es muy vaga, tratándose de dos archipiélagos que ocupan gran extensión en longitud.

La extraña frase, muchas veces repetida, versus occidentem et meridiem, se explica por la Capitulación de la partición del Mar Océano, ajustada, por influencia de la Santa Sede, en 7 de Junio de 1494, durante el segundo viaje de Colón, la cual fija la línea de demarcación «por términos de vientos y grados de Norte á Sur».

En otro sitio de este documento se dice «que el Rey de Portugal debe poseer cuanto está al Este ó al Norte ó al Sur de la raya». Es un circunloquio que debiera haberse sustituído con la frase «al Este del meridiano, en cualquier paralelo».

La capitulación, tan mal redactada como la bula, fué durante tres siglos causa de interminables hostilidades entre Portugal y España.

Fija además la bula la época de la legítima posesión de las tierras por el Oeste de las Azores en la Pascua de Natividad de 1493, «como época en que los capitanes castellanos hicieron los descubrimientos». Pero en este día de Pascua de Natividad fué cuando ocurrió el naufragio de Colón en las costas de Haïti, cerca de la bahía de Acul, llamada entonces Mar de Santo Tomás (Vida del Almirante, cap. 32), y hacía ya dos meses y medio que Colón estaba en esta isla, en Cuba y en Guanahaní. Dichas inexactitudes son menos chocantes que los cambios sufridos por la bula del 3 de Mayo, en el intervalo de veinticuatro horas (Herrera, Déc. I, lib. II, cap. 4). La causa de estas variaciones podría averiguarse en los archivos romanos. En la bula de 25 de Septiembre de 1493, llamada Bula de extensión y donación apostólica de las Indias (Navarrete, tomo II, pág. 404), tampoco se dice nada, como en la de 3 de Mayo, de línea de demarcación.

[35] Vida del Almirante, cap. 66. Conviene, sin embargo, advertir que cuando D. Fernando no cita las mismas palabras de los Diarios de su padre, los absurdos que se notan en la explicación de los fenómenos físicos pueden nacer de los escasos conocimientos náuticos y astronómicos del hijo. La propiedad de los cuatro vientos, atribuída á la estrella, es menos sorprendente que el supuesto procedimiento de imantación. Las notas del Almirante en su Diario del primer viaje, correspondientes á los días del 17 al 30 de Septiembre de 1491, prueban que conocía el movimiento diurno de la polar alrededor del polo, pero que este conocimiento era en él muy reciente. «Por la noche las agujas norduesteaban un cuarto de viento, y por la mañana estaban dirigidas hacia la estrella»; por lo cual parece que la estrella (polar) hace movimiento como las otras estrellas y las agujas piden siempre la verdad (quedan inmóviles en su dirección, porque la variación horaria no podía observarla Colón).

El 17 de Septiembre aprovechó Colón este movimiento diurno de la estrella polar alrededor del polo para engañar á los pilotos, alarmados porque, durante la noche, las agujas no señalaban al Norte, sino al Noroeste. Al amanecer hizo Colón á los pilotos marcar el Norte, sin duda cuando la estrella, por su movimiento diurno, estaba al Oeste del polo. «Los pilotos reconocieron que las agujas eran todavía buenas, y la razón era que la estrella se movía y no las agujas.» Tranquilizáronse los pilotos, ignorando á la vez la variación de la brújula y movilidad de la estrella polar. Creo que esta explicación que doy del párrafo es la única posible; pero Colón dice además, «porque la estrella parece que hace movimiento y no las agujas».

[36] Sabemos por la famosa carta de Rafael al papa León X, sobre la conservación de los monumentos antiguos, carta que parece escrita por el elocuente é ingenioso Castiglione, que trece años después de la muerte de Colón aun se conocía apenas el empleo de la brújula para tomar las alturas en tierra.

Rafael describe extensamente (Opere di B. Castiglione, 1733, pág. 162) «un método nuevo desconocido en la antigüedad para medir un edificio (debiera haber dicho levantar el plano de un edificio) por medio de la aguja imantada.» En 1522, Pigafetta, en su memorable Tratado de Navegación, enseña cómo se debe corregir la medición de alturas por la declinación; lo que obliga á decir confusamente á Sarmiento en 1579 que, «estando en las cartas marinas diseñadas las costas con arreglo á malas brújulas (por agujas de marear que tienen trocados los aceros quasi una cuarta del punto de la flor de lys), no se podían tomar dichas cartas por buenas.» (Viaje al estrecho de Magallanes, por el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa, 1668, página 52.) Navarrete asegura en su Discurso sobre los progresos de la navegación en España, que las primeras cartas de variación magnética las trazó en 1539 Alonso de Santa Cruz, que había dado al emperador Carlos V lecciones de astronomía y de cosmografía; pero, en mi opinión, debe creerse que las cartas que Sebastián Cabot dejó á Guillermo Worthington, y que, por desgracia, han desaparecido, presentaban con mucha anterioridad numerosas indicaciones de variación.

Uno de los objetos del viaje de Gali al Mar del Sur en 1582, fué observar con precisión las declinaciones magnéticas con un nuevo aparato inventado por Juan Jaime (Viaje al estrecho de Fuca, pág. XLVI). Mientras Pedro de Medina (Arte de navegar, Sevilla, 1545, lib. VI, cap. 3-6) expresa muchas dudas acerca de la existencia de la declinación, su contemporáneo Martín Cortés (Breve compendio de la Sphera, impreso en 1556, pero escrito en 1545) explica la distribución de las fuerzas, ó mejor dicho, la dirección de las líneas magnéticas en la superficie del globo por los puntos de atracción, situados cerca de los polos de la tierra. En 1588 Livio Sanuto, que adquirió sus conocimientos de magnetismo terrestre en las relaciones que le hacían de los descubrimientos de Sebastián Cabot, sitúa el polo magnético del N. «en 66° 9′ de latitud y 155° de longitud, según Ptolomeo, es decir, 36° al O. del meridiano de Toledo» (Cosmographia, páginas 11 y 12). En otra parte de su obra, dice Sanuto que Venecia, donde en su tiempo la declinación era de 10° al NE., está alejada 59° ½ de la línea sin declinación que él creía erróneamente dirigida de N. á S. y estar en el meridiano del polo magnético. Se ve, pues, que entonces se suponía este polo demasiado al S. y al E., fijándole en los 42° ó 49° ½ de longitud al O. de París, mientras Mercator lo adelantaba hacia el N. y el O. hasta la latitud de 74° y longitud de 154° E. (Mercator dice 180° al O. de las islas de Cabo Verde), longitud que correspondía al estrecho de Aniam, según creencia de entonces.

Las observaciones del capitán Ross dan para el polo magnético la latitud de 70° 5′ 17ʺ y la longitud de 99° 7′ 9ʺ. Sanuto habla de este polo casi con el mismo entusiasmo que el célebre navegante inglés. «Vería alcum miracoloso stupendo effeto quien tuviera la dicha de llegar al polo magnético», que él llama calamitico, para nombrar así el imán de la tierra.

El P. Acosta, cuyas obras son las que más han contribuído al progreso de una geografía física fundada en observaciones, supo ya en 1589, por un piloto portugués muy hábil, que hay cuatro líneas sin declinación (Hist. nat. de las Indias, lib. I, capítulo 17). De esta idea, y á causa de las discusiones de Enrique Bond (Longitude found, 1676) con Beckborrow, dedujo Halley la teoría de los cuatro polos magnéticos.

[37] «En derecho de Sierra Leoa, donde se me alzaba la estrella del Norte, en anocheciendo, cinco grados.» Navarrete, I, página 256.

[38] De Bahraïn ha podido hacer Colón Bahrin, Ahrin. Es la Arados de Ptolomeo (VI, 7), que este geógrafo sitúa efectivamente á 91° 40′ de longitud de su primer meridiano; por tanto casi á mitad del paralelo de Cattigara y del cabo Sagrado. Colón añade «isla Arin, que es debajo la línea equinocial entre el sino Arábico y aquel de Persia, y el círculo pasa sobre el cabo de San Vicente en Portugal por el Poniente, y pasa en Oriente por Cangara y por las Seras.» Sin embargo, también pudo aludir Colón á una idea sistemática de los geógrafos árabes; á un pasaje de Abulfeda que dice: «que el país de Lanka (Ceylán), donde está situada la Cúpula de la tierra ó Aryn, encuéntrase bajo el Ecuador, en medio, de las dos extremidades, oriental y occidental, del mundo» (Sedillot, Traité des Instruments astr. des Arabes, t. II, Prefacio). Aryn significa en árabe el punto medio, el justo medio (Silvestre de Sacy, Not. et Extraits des Manuscrits de la Bibl. du Roi, t. X, pág. 39). Abul-Hasan-Ali, de Marruecos, cuenta un poco confusamente sus longitudes, comenzando por un meridiano 90° al O. de Aryn (Sedillot, t. I, páginas 312-318).

[39] Navarrete, t. I, páginas 9 y 18. Colón predijo que el trigo y la viña podrían dar en Haïti abundantes cosechas como en Andalucía y en Sicilia. Véanse las notas entregadas en 1464 á Antonio Torres (Navarrete, t. I, página 229).