[81] En 1455, y no en 1504 como se encuentra en la traducción latina del viaje de Cadamosto, publicada por Grynæus, Nov. Orbis (1555, pág. 2). Este error, que tiene alguna importancia por lo que interesa la historia del volcán de Tenerife, ha sido copiado en mi Rélation historique, t. I, pág. 174, y en otras obras. En esta misma edición Grynæus hormiguean los errores de cifras; al Baobal Adansonia digitata, medido por Cadamosto, sólo le da 17 pies de circunferencia, en vez de diez y siete brazas. El primer viaje de Cadamosto, que se unió en las desembocadura del Senegal con Antoniotto Usodimare, y del cual no hace Barros mención alguna en sus Décadas, comenzó en 1454, y el segundo en 1456. Cadamosto no volvió de Portugal á Venecia hasta 1463. La relación de sus expediciones apareció en 1507 en la primera de todas las colecciones de viajes, que fué impresa en 1507 en Vicenza, y en 1508 en Milán con el título de Mondo Novo, opera di Francazio di Monte Alboddo. Cadamosto no descubrió ni las islas de Cabo Verde ni el Cabo de este nombre. El primero de estos descubrimientos se hizo en 1441 y corresponde á dos genoveses, Antonio y Bartolomé Nolle; el segundo es de Dionisio Fernández (Tiraboschi, t. VI, parte I, pág. 169). Cuando Cadamosto visitó en Abril de 1455 las islas Canarias, no pudo desembarcar sino en Gomera (Gienera) y en Ferro. En la bahía de Palma no se atrevió á salir del barco, y nos dice que las tres islas de Gran Canaria, Tenerife y Palma, continuaban en posesión de los Guanches, pero que Madera, colonizada desde hacía veinticuatro años, estaba ya bien cultivada y había recibido cepas de viña de Candía.

[82] «Is lapis jugiter flagrat instar Ætnæ montis: id affirmant nostri Christiani, qui capti aliquando hæc animadvertere.» (Gryn., pág. 6.)

[83] Vieron salir gran fuego de la sierra de la isla de Tenerife, que es muy alta en gran manera (Diario de Colón de 9 de Agosto de 1492). Conviene advertir aquí que con esta fecha refiere todo lo acaecido desde el 8 de Agosto al 6 de Septiembre.

[84] Collecçâo de noticias para a historia é geografía das naçoes ultramarinas, publ. pe la Acad. Real de Sciencias (Lisboa, 1812), pág. 13.

[85] Siete bocas se abrieron para arrojar corrientes de lava en el mar. Viaje al Estrecho de Magallanes por el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa (Madrid, 1768, pág. 367).

[86] Sorprendió á los compañeros de Colón la vigorosa vegetación de los trópicos en un suelo pedregoso y apenas cubierto de tierra vegetal. No pudiendo conocer la respiración aérea de los vegetales y la abundante nutrición que presta el sistema apendicular (el gran desarrollo del follaje), atribuían lo que llamaban ausencia de raíces al calor de la tierra. La reina Isabel se complacía en aludir á árboles tan poco arraigados cuando censuraba la ligereza de carácter y la movilidad de los naturales de Haïti (Oviedo, en Ramusio, Viaggi, t. III, pág. 87).

[87] Ya he dicho antes las tradiciones que había en Haïti de la llegada allí de hombres blancos y negros, antes de Colón.

[88] Colón recogió y trajo en su primer viaje objetos de historia natural. Sin embargo, la reina Isabel le recomendó de nuevo, en carta fechada en Segovia el 16 de Agosto de 1494, que le enviara de las islas nuevamente descubiertas cuantas aves de río y de bosque encontrara allí, y que pudiera procurarse, porque quería verlas todas, y le era sumamente satisfactorio saber lo que hay en tierras donde hasta las mismas estaciones son tan diferentes de las nuestras.

La costumbre de recoger las producciones de países lejanos, no por el precio que tengan, sino como curiosas, es antiquísima. De las mismas costas africanas de donde Hannón trajo pieles «de mujeres salvajes», ó más bien de monos gorillas, para colgarlas en un templo, trajo también Cadamosto pelos negros de elefantes, que como los pelos de elefante antediluviano de la desembocadura del Lena, tenían palmo y medio de largos, y los presentó al infante D. Enrique (Ramusio, t. I, pág. 109; Gryn. página 33, cap. XLIII).

[89] No sólo aludo á la ingeniosa observación de Colón sobre la forma paralelipípeda de las Grandes Antillas, cuyas dimensiones mayores son debidas á la dirección de la corriente ecuatorial, sino también á la antigua tradición de los naturales, discutida por Colón y por Anghiera, de que todas las islas Lucayas (Bahamas), Cuba y Boriquen ó Burequen (Puerto Rico ó, según Colón, isla de San Juan Bautista), formaron antes un continente (Horn, De Orig. Amer., pág. 158). Estas tradiciones se encuentran en todas las zonas, lo mismo en el Archipiélago de la India, que en el Mediterráneo y en América, y probablemente en ninguna parte son históricas; nacen del aspecto de las islas diversamente agrupadas, ó en hileras, ó alrededor de un islote central. El sentido de los mitos geológicos, que pertenecen á todos los grados de la escala de la civilización recorridos por los pueblos, y la idea de una ruptura de las tierras, preséntanse más pronto y con más frecuencia que la idea de un levantamiento volcánico del seno de las aguas.

[90] Eratósthenes y Polibio atribuyen la frescura del clima en la región ecuatorial, no sólo al paso más rápido del sol por el Ecuador (Geminus, Elem. astron., cap. XIII), sino también y muy especialmente á la gran altura del suelo en las regiones ecuatoriales (Strabón, lib. II, pág. 97). Este concepto no se fundaba en ninguna observación directa: era resultado de especulaciones teóricas. Herodoto dudaba de la posibilidad de montañas nevadas más allá del trópico de Cáncer; pero estas dudas las disiparon en parte los compañeros de Alejandro cuando su victorioso ejército pasó al Oeste de la Pentapotamida en el país de los Paropamisadas, donde durante el verano nevaba en las mesetas habitadas (Aristobulo en Strabón, libro XV, pág. 691). La cordillera del Himalaya, aunque situada en una zona donde las llanuras tienen un clima muy cálido, no pertenece á la región equinoccial propiamente dicha. La indicación, si no de verdaderos nevados (ἀλάννιφοι) análogos por su posición en latitud á las montañas cubiertas de nieves perpetuas de Quito, de Popayán y de la parte equinoccial de Méjico, al menos de nieves de Abisinia «en las que se hundían hasta las rodillas», encuéntrase en la inscripción de Adulis (Monum. Adulitanum Ptolemæi Evergetis, en Chishull, Antiq. asiat., 1728, pág. 80). Strabón expone ideas muy exactas acerca del decrecimiento de la temperatura á medida que el suelo se eleva. En los países meridionales, dice, todas las partes elevadas, aunque sean llanas (mesetas, table-lands), son frías (lib. I, pág. 73). La diferencia de clima del Ponto y de la Capadocia, más meridional y más fría, cree que es efecto de la altura del suelo (libro XII, pág. 539).

[91] Plutarco, Vida de Alejandro.

[92] Bancroft, t. I, págs. 336 y 507. «New England was a religious plantation, not a plantation for trade.»

[93] Es uno de los oficiales enviados con D. Cosme Churruca, para hacer las cartas de las pequeñas Antillas y de la parte oriental de la costa de Venezuela.

[94] Considerado el viernes en la cristiandad como día de mal agüero para comenzar una empresa, los historiadores del siglo XVII, doliéndose ya de los males que en su opinión afligían á Europa por el descubrimiento de América, hicieron observar que Colón salió para su primera expedición el viernes 3 de Agosto de 1492 de la barra de Saltes y que la primera tierra de América fué descubierta el viernes 12 de Octubre del mismo año. La reforma del calendario aplicada al Diario de Colón, que siempre indica á la vez los días de la semana y la fecha del mes, haría desaparecer el pronóstico del día fatal.

[95] En el pleito (Probanzas contra Colón, pregunta 18) háblase también de un libro, por el cual se dirigía el Almirante. El piloto Pero Alonso Niño dijo también al Almirante: «Señor, no hagamos esta noche por andar, porque, según vuestro libro dice, yo me hallo diez y seis leguas de la tierra ó veinte á más tardar»; de lo cual hubo gran placer el dicho Almirante.

[96] Navarrete (Documento núm. 69), t. III, páginas 565-571. «Habló el dicho Almirante D. Cristóbal con todos los capitanes é con el dicho Martín Alonso é les dijo: ¿Qué haremos? Lo cual fué en 6 días del mes de Octubre del año de 92, é dijo: Capitanes, ¿qué haremos que mi gente mal me aqueja? ¿Qué vos parece, señores, que hagamos? E que entonces dijo Vicente Yañez: Andemos hasta dos mil leguas, é si aquí no hallaremos lo que vamos á buscar, de allí podremos dar vuelta. Y entonces respondió Martín Alonso Pinzón: ¿Cómo, señor? ¿Agora partimos de la villa de Palos y ya vuesa merced se va enojando? Avante, señor, que Dios nos dará victoria que descubramos tierra, que nunca Dios quiera que con tal vergüenza volvamos. Entonces respondió el dicho Almirante D. Cristóbal Colón, Bienaventurados seáis, é así por el dicho Martín Alonso Pinzón anduvieron adelante, e esto sabe Francisco García Vallejo.

»El mismo dijo que sabe é vido que dijo Martín Alonso Pinzón (al Almirante): Señor, mi parecer es y el corazon me da que si descargamos sobre el sudueste que hallaremos mas aina tierra; y que entonces le respondió el Almirante: Pues sea así, Martín Alonso, hagamos así: y que luego, por lo que dijo Martín Alonso, mudaron la cuarta al sudueste; é que sabe que por industria é parecer del dicho Martín Alonso se tomó el dicho acuerdo.» Esta declaración es de las más importantes en que fundaba el fiscal la aseveración de que á Martín Alonso Pinzón se le debía la mayor parte del mérito del descubrimiento, y que sin él se hubiera vuelto á España Colón, porque Pinzón le dijo: «Que si vos, Señor, quisieredes tornaros, yo determino de andar fasta hallar la tierra ó nunca volver á España.» Quizá la persuasión de Alonso de encontrar tierra consistía en que en la biblioteca del Vaticano vió en un mapa antiguo una isla figurada al Oeste de Canarias.

Creo, además, como Mr. Washington Irving, que los testimonios que acusaban á Colón de debilidad de carácter en el momento en que debía triunfar de sus enemigos, no merecen ningún crédito; sin embargo, el Diario de Colón no niega el consejo dado por Pinzón en la noche del 6 de Octubre («esta noche dijo Martín Alonso que sería bien navegar á la cuarta del oueste, á la parte del sudueste: y al Almirante pareció que no decía esto Martín Alonso por la isla de Cipango»). Según el mismo Diario, la determinación de cambiar de rumbo el día 7 de Octubre fué efectivamente tomada á causa de los pájaros que pasaban del N. al SO., pero se añade que esta determinación fué solamente del Almirante. No habla éste ni del proyecto de algunos marineros amotinados que querían echarle al mar cuando estuviera embebido en mirar las estrellas, ni del plazo de tres días que él pidió para continuar navegando. Esta fábula de los tres días parece inventada por Oviedo (libro II, cap. 5.º), y fúndase en la relación del marinero Pedro Mateos, natural de la villa de Higuey, á quien encuentro nombrado en el Pleito (Probanzas del Almirante, pregunta 91), donde se dice que Colón «le quitó un libro de las notas que el tal Mateos había tomado de la posición de las montañas y los ríos de la costa de Veragua. Aun el testigo Pedro de Bilbao habla «de dos ó tres días» sólo para indicar una promesa del Almirante, no como condición impuesta por los tripulantes; y, según el Diario de Colón, éste acordó dejar el camino del oueste y poner la proa hacia OSO., con determinación de andar dos días por aquella vía»; es decir, que Colón cedió (á las instancias de Alonso Pinzón) prometiendo seguir la nueva dirección durante dos días. Ya había negado Muñoz el cuento de los tres días, pero sin indicar el fundamento de sus dudas.

[97] Acaso Guanahanín, según la carta de Colón al tesorero Rafael Sánchez, si la terminación no es una flexión gramatical. «Insulam Divi Salvatoris Indi Guanahanyn vocant.»

[98] «En esto aquel jueves en la noche aclaró la luna é un marinero de dicho navío de Martín Alonso Pinzón que se decía Juan Rodríguez Bermejo, vecino de Molinos, de tierra de Sevilla, como la luna aclaró vido una cabeza blanca de arena é alzó los ojos é vido la tierra, e luego arremetió con una lombarda, é dió un trueno, tierra, tierra, é se tuvieron los navíos fasta que vino el dia viernes 12 de Octubre; que el dicho Martín Alonso descubrió á Guanahaní la isla primera, é que esto lo sabe porque lo vido (Francisco García Vallejo).» Este notable párrafo se encuentra en las Probanzas del Pleito, pregunta 18.

[99] Este pasaje, inadvertido hasta ahora, lo discutiré más adelante. «El Almirante se vió precisado á volver á la Isabela, que los indios llaman Saometo, al Puerto del Príncipe, que está casi al norte-sur, 25 leguas de distancia uno de otro» (Vida, cap. 29). En el Diario de su padre (martes 20 de Noviembre de 1492) indícase también una distancia de 25 leguas, pero es á contar del punto donde se encontraba entonces la carabela («el Puerto del Príncipe, de donde el Almirante había salido, le quedaba 25 leguas y la Isabela le estaba 12 leguas, siendo distante 8 leguas de Guanahaní, que llamó San Salvador.») La dirección es menos clara; parece SO.-NE.; en el cálculo menos probable la supondríamos OE.; y aun en tal caso tendríamos de Puerto Príncipe á Guanahaní 25 + 12 + 8, ó sean 45 leguas.

[100] La segunda pregunta de las probanzas del Almirante, dice, en efecto: si es cierto «que el Almirante D. Cristóbal Colón en el primer viaje que fué á descobrir con tres carabelas, falló é descubrió muchas islas que están á la parte del Norte de la isla Española, é luego en el mismo viaje descubrió á Cuba é á la dicha Española.» Esta serie de descubrimientos indica que el que preguntaba creyó situadas al norte de Haïti, Guanahaní, Santa María de la Concepción, la Fernandina y la Isabela; pero la primera pregunta dice al contrario: «Si saben que el Almirante D. Cristóbal Colón, ya difunto, descubrió las Indias primero que por otra persona alguna fuesen descubiertas, en especial descubrió ciertas islas, que están á la parte del Norte de la isla de Cuba, así como es Guanahaní; é otras muchas islas que por allí cerca hay, algunas de las cuales se llaman los Yucayos.» La única vez que se nombra á la isla Guanahaní en el pleito se la sitúa al norte de Cuba. Probablemente á causa de las contradictorias inexactitudes que se notan en la redacción de las preguntas, no cita Navarrete estas piezas del famoso pleito, ni apela al fiscal en favor de su opinión acerca del lugar del primer desembarco.

[101] En el fragmento de la carta del Arte de navegar de Pedro de Medina, publicado por primera vez en 1545, la isla de Guanabán, una de las Bahamas, sin duda Guanahaní, está puesta en un meridiano que pasa casi junto al cabo más oriental de la isla de Haïti; pero en la misma carta hay otros nombres, puestos como al azar. Si en el bosquejo de una carta de 1493, publicado por Bossi (Vita di Colombo, páginas 169, 175, 177 y 179), conforme á la edición de la carta dirigida al tesorero D. Rafael Sánchez, la palabra «Hyspana» indica Haïti (Hispaniola), lo alto de la carta sería el Mediodía, y en tal caso, Isabela estaría al NO. de la Fernandina, mientras Colón dice que está al SE. Conceptois Mariæ (según la ortografía del manuscrito) estaría al Norte de Fernandina, cuando, ateniéndonos al Diario de Colón, debería estar al E. Si se quiere que, en esta absurda invención, las torrecillas (la città con muraglie) designen la fortaleza de Navidad, construída á fines de Diciembre de 1492, y que Hyspana sea la península Española, la orientación es todavía más confusa, y en tal caso, Guanahaní estará al Sur de Haïti y de Isabela.

Estas incertidumbres acerca de la posición de Guanahaní, una de las islas Yucayas ó Lucayas al norte de Cuba ó de Haïti, pueden provenir en parte de la costumbre, bastante antigua, de prolongar las Lucayas hasta junto al Abre los ojos y las islas Turcas. Martín Fernández de Enciso, alguacil mayor de la Tierra firme de las Indias occidentales, no conocía aún esta extensión hacia el Este. Dice terminantemente en su obra, que ha llegado á ser rarísima (Suma de Geographia, impresa en Sevilla en 1519 por el alemán Jacob Kronberger, p. h. 3): «Esta isla de Cuba tiene á la parte del Norte á las islas de los Yucayos, que son más de 200»; y añade que los indios yucayos, de color moreno, tan habituados están al alimento de pescado y vegetales, que mueren si se les lleva á país donde coman mucha carne; observación que confirma lo que en otra parte dije acerca de la falta de flexibilidad de la constitución física en el hombre no civilizado.

El obispo Bartolomé de las Casas, en su tratado, publicado en 1552 (Obras del obispo Casas, ed. de Sevilla, 1646, y Narratio regnorum indicorum per Hispanos quosdam devastatorum, 1614, pág. 28), no sigue á Enciso: habla de las «islas de los Lucayos, comarcanas á la Española y á Cuba.» Esta extensión del nombre de las Lucayas hacia el Este «más allá de los Caicos», ha pasado en la Descripción de las Antillas de Herrera (Décadas, t. IV, pág. 13).

[102] Para los testimonios en el pleito, véase el núm. 19 de las Probanzas del fiscal (Navarrete, t. III, pág. 573). Martín Alonso Pinzón, que mandaba la Pinta, se separó de Colón el 21 de Noviembre en las costas de Cuba, cerca del Puerto del Príncipe (Puerto de las Nuevitas en mi mapa de Cuba de 1826). El 6 de Diciembre llegó Colón á Haïti, cerca del cabo de San Nicolás, al cual dió el nombre de cabo de la Estrella, nombre que no se encuentra en el mapa de Rivero, pero sí en el de Juan de la Cosa, que también contiene los antiguos nombres de Punta de Cuba por Punta de Maysi, Cabo Lindo por Punta del Fraile, Cabo de Pico y el Cabo de Cuba por Punta de Mulas, según Navarrete y según Irving, por la isla Guajaba, con una configuración bastante exacta de las costas. Designo particularmente estos nombres, porque el precioso documento antes citado, el mapamundi de La Cosa, es el único que las pone.

Cuando Martín Alonso Pinzón se unió á la expedición de Colón el 6 de Enero en las inmediaciones del promontorio Monte Cristi, aseguró no haber llegado á las costas de Haïtísino desde hacía tres semanas, porque desde su separación de Colón (el 21 de Noviembre) estuvo en la isla de Baneque, donde no encontró la riqueza de oro que los indígenas, los Lucayos, le habían prometido. Conforme á dicha explicación, que el Almirante asegura haber oído al mismo Martín Alonso Pinzón, éste debió desembarcar en las costas de Haïti hacia el 16 de Diciembre, y por tanto, diez días después que Colón. Resulta, por tanto, falso lo dicho en el pleito por muchos testigos: que la Pinta se apartara de las otras dos carabelas cerca de la isla Guanahaní, y que Colón descubrió Haïtí por los informes que Martín Alonso le envió á las islas Yucayos, valiéndose de canoas de indios.

El interrogatorio del fiscal (véase el testimonio de Francisco García Vallejo) nos enseña además lo que era esta isla de Baneque, que tanto preocupaba á Colón y á Martín Alonso Pinzón, y que en el Diario del primero encuentro más de quince veces, nombrada indistintamente Babeque ó Baneque. El testigo dice que las siete islas de bajos de la Babulca, que, según el fiscal, descubrió Martín Alonso antes que la costa de Haïtí, no eran otra cosa sino la isla de Babueca. Éste es el nombre que conocemos por el mapamundi de Rivero y el viaje de Ponce de León, nombre de un Ophir imaginario que, según parece, dieron primitivamente á todos los islotes situados al Norte de Haïti.

Más adelante me ocuparé de la posición de esta Babeque; por ahora basta hacer constar que el descubrimiento de Santo Domingo por Martín Alonso, proclamado por el fiscal en 1513, no está probado, á menos que se llame descubrimiento el ver una costa elevadísima. Muy probable es que la Pinta haya costeado esta isla, buscando la tierra de Babeque, antes de que Colón saliera de Punta de Maysi, cabo oriental de Cuba; pero no hay prueba alguna de que Martín Alonso haya desembarcado antes del 6 de Diciembre y comenzado su rica recolección de pepitas de oro de Haïtí, objeto de los celos de Colón. Cuenta en el pleito uno de los testigos, Diego Fernández Colmenero, que el Almirante cometió la mezquindad de cambiar el nombre de Río de Martín Alonso, hoy Río Chuzona Chico, por el de Río de Gracia, aunque Pinzón estuvo anclado allí diez y seis días antes que él. En efecto; el Diario, en la parte escrita en la desembocadura de este río (días 9 y 10 de Enero de 1493) expresa bien un odio largo tiempo disimulado contra el jefe de aquella poderosa familia de Palos á la cual debía el Almirante muchas obligaciones; malquerencia que transmitió á sus herederos. He creído importante precisar en esta nota los hechos relativos al descubrimiento de Santo Domingo.

[103] El autor proyectaba hacerlo en una continuación de esta obra, que no ha sido publicada, ni probablemente escrita.—(N. del T.)

[104] Para no estar repitiendo continuamente los mismos nombres, las letras C., R. y P. puestas después de una posición indican, como en la analogía de los sinónimos botánicos, que el nombre corresponde á los mapas de La Cosa ó al de Rivero, ó al Diario de navegación de Ponce de León. La letra M. designa los nombres usados ahora. Como para la identidad de los nombres es preciso recurrir sin cesar á los Diarios de ruta de Colón, al pleito entre su hijo y el Fisco, y á otros documentos oficiales, las cifras (I, 79 ó III, 579) puestas entre paréntesis, indican los tomos y las páginas de la grande obra de Navarrete. De este modo facilito al corto número de personas que desean conocer el detalle de las posiciones, la forma de comprobar los resultados que expongo.

[105] Es el Viejo cabo Francés (longitud 72° 17′), que no debe confundirse con el cabo Francés actual, situado hacia el NO. de la isla (longitud 74° 38′).

[106] Según los recientes trabajos hidrográficos de Ricardo Owen, esta diferencia es de 4° 20′, y por los cálculos de Oltmanns del año 1810, es de 4° 16′. Tomando la distancia indicada por escala en el mapa de La Cosa, la misma carta da de distancia (diferencia de longitud) del cabo Tiburón (cabo de San Miguel, de La Cosa y de Colón; Herrera I, 2, 15) al cabo más oriental (cabo del Higuey, R., cabo del Engaño, M.), 6°. Los mapas modernos dan 6° 2′. Esta comparación sólo prueba que la forma general de Haïti es bastante exacta. Aplicando la misma escala á la isla de Cuba, se la encuentra exacta hasta más allá del cabo de Cuba, C., pero, por lo extraordinariamente estrecha que es la parte occidental de la isla, el largo completo desde la isla de Pinos al cabo Maysi es falso en 1° ¾ de 8° ¼. Más adelante volveré á hablar de la desigualdad de las escalas por las cuales se ha trazado en longitud y latitud el mapamundi, aun en los trópicos.

[107] Podría creerse que es el banco de Abre los Ojos; pero los Bajos de la Plata debían llamar mayormente la atención por su tamaño y forma más regular de cuadrilátero.

[108] Baracoa está demasiado al Occidente en el mapa de Rivero. En el que yo publiqué de la isla de Cuba en 1826, este puerto se encuentra á 21′, y según el mapa de Owen á 23′ al Oeste del cabo Maysi. Como mi obra debe contener cuanto se relaciona con los antiguos nombres dados por Colón á las posiciones en el mar de las Antillas, debo advertir aquí que el cabo Maysi, llamado por Cosa Punta de Cuba, no recibió nombre alguno en el primer viaje de Colón (Nav. I, 78); vió este cabo muy hermoso á distancia de siete leguas, sin querer reconocerlo de cerca á causa del vivo deseo que tenía de llegar á la isla Babeque. En el segundo viaje, 4 de Diciembre de 1493, le dió el raro nombre de cabo de Alpha y Omega, porque, en la firme persuasión de que Cuba formaba parte del continente de Asia, el cabo Maysi era á la vez principio de la India para los que iban del Oeste y fin de la India para los que venían de Oriente. (Vida del Almirante, cap. 30.) El amigo de Colón, Pedro Mártir de Anghiera, da extensas explicaciones acerca de esta denominación alfabética que expresa todo el sistema del Almirante de buscar el Oriente por Occidente. «Joannæ initium vocavit (Colonus), α et ω eo quod ibi finem esse nostri orientis, cum in ea sol occidat, occidentis autem cum oriatur arbitretur. Constat enim esse ab occidente principium Indiæ ultra Gangem: ab oriente vero, terminum ipsius ultimum.» Oceánica, Dec. I, lib. III, pág. 34, ed. Colón, 1574.

[109] La vuelta á España por el canal de Bahama (Herrera, Dec. I, lib. IX, cap. 12).

[110] Este nombre indígena (Hetera ó Etera) ha sido convertido por corrupción en Eleuthera.

[111] Anghiera, Oceánica, Dec. II, lib. X, pág. 202, llama á la isla Bimini, Bojuca ó Aguaneo, y ruega también al Papa que no tome la cosa por jocose aut leviter dicta.

[112] Mapa del golfo de Méjico.

[113] Confieso, sin embargo, no comprender bien lo que Colón añade al fin, hablando de un promontorio pedregoso (isleo), perteneciente á la Isabela: «quedaba el dicho isleo en derrota de la isla Fernandina, de adonde yo había partido Leste oueste.» Fernando Colón sólo habla de los secretos de la isla Samoet que tenía al Almirante enamorado de su belleza; nada dice de la dirección de la ruta, ni de la distancia que no podía ser muy considerable, puesto que la recorrió en una mañana.

[114] Klaproth. Memorias relativas á Asia, pág. 200.

[115] El 104 dairio (Go-tsutsi Mikado-no-in), que reinó desde 1465 á 1500.—Titsingh. Annales des empereurs du Japon, 1834, pág. 363.

[116] En una nota del primer tomo hemos expuesto la conversión de las leguas en millas y en grados, según Gómara. También Pigafetta dice claramente en el Tratado de navegación (pág. 216), hablando de la línea de demarcación pontificia: «Cada grado de los 360 grados de la circunferencia terrestre equivale á 17 ½ leghe. Las leghe de tierra tienen 3 millas, las de mar 4. Medina, que escribió en el año de 1545, hace la misma valuación (Tratado de navegación, pág. 54). Ahora bien; Colón emplea en su Diario, según su propio dicho, la legua (italiana) de 4 millas. Es, por tanto, preciso computar los datos de su Diario por 17 ½ leguas al grado, puesto que la unidad es la milla (Nav. t. I, pág. 3). Cuando en la cita de Alfragán valúa Fernando Colón el grado en 56 y 23 millas, refiérese á otro módulo de una milla más grande, casi en la relación de 3 á 4. Es pura y sencillamente un rasgo de erudición.

Hacia el año de 1495 había la tendencia, al menos en Cataluña, de aumentar el número de leguas por grado. Mosen Jaime Ferrer, cuenta para un grado de longitud, en el paralelo de las islas de Cabo Verde, 20 58 leguas, lo cual se aproxima á las leguas legales de 5.000 varas, mientras las leguas de 17 ½ al grado son casi las leguas comunes de España de 7.500 varas. (Docum. 68; Nav. t. I, pág. 99.)

[117] Es, por decirlo así, el puerto de la ciudad Santa María del Príncipe, situada en el interior de las tierras y cuya posición he discutido en el análisis de un mapa de la isla de Cuba (Rel. Hist., t. III, pág. 586). Este mapa presenta también, conforme á un manuscrito de D. Francisco María Celi que poseo, la indicación de un lugar antiguamente habitado al Este de Puerto Curiana, llamado Embarcadero del Príncipe. La relación de posición de este lugar con el de Cayo Romano, explica acaso las dudas ocasionadas por el Diario de Colón del 15 al 18 de Noviembre. (Wash. Irving, t. IV, pág. 261.)

[118] Las pequeñas diferencias de mis resultados, comparados á los del marino americano (Irving, t. IV, pág. 263), provienen de la reducción de las medidas itinerarias de Colón, que considero indispensables, y del yacimiento relativo de Puerto Príncipe, Isla Larga y Guanahaní, según los mapas más recientes. La comparación del cap. 29 de la Vida del Almirante y del Diario de Colón (I, 61), prueba que el hijo se engaña cuando dice que Saometro ó Isabela está situada casi á 25 leguas de distancia Norte-Sur de Puerto Príncipe. La distancia es falsa, como la dirección: el hijo confunde la distancia de Isabela con la del punto de estima en la mañana del 20 de Noviembre. No fijándose en este error de rumbo, creeríase que Guanahaní estaba 2° más al Occidente de donde la supone Colón y en realidad se encuentra.

[119] Este nombre indígena consérvase aún en la denominación de Punta Bruquen, cabo NO. de la isla de San Juan de Puerto Rico, llamada también por los caribes Ubucmoin, y por Colón, en su Diario algunas veces, Isla de Carib.

[120] «Fuente que volvía á los hombres de viejos en mozos.» Los indígenas de Cuba que transmitieron este mito á los españoles, fueron antes que éstos en busca de Bimini y de un río igualmente milagroso de la Florida. Con este motivo hasta llegaron á fundar un establecimiento permanente en las costas de la Florida, considerada como gran isla frontera á la de Bimini (Herrera, Déc. I, lib. IX, cap. 12). Dábase todavía tanta importancia en 1514 á la posesión del islote de Bimini, difícil de encontrar en nuestros mapas, que Ponce de León recibió el pomposo título de Adelantado de Bimini y de la Florida. (Herrera, Déc. I, lib. X, cap. 16.)

[121] De la desembocadura de Río Guanabo, llamado entonces la Aguada; pero la expedición fué preparada en la Bahía de San Germán el Viejo, que no debe confundirse con la ciudad de San Germán el Nuevo en la costa occidental.

[122] Posible es quedar indeciso entre el Bajo de Plata y Abre los Ojos, porque la latitud sobradamente septentrional que da Ponce de León (de 22° ½) no sirve para la elección; pero la distancia de 50 leguas que cuenta Oviedo desde Puerto Rico á los Bajos de Babueca hacia el NO. (Hist. gen. de las Indias, tomo I, lib. XIX, cap. 15), corresponde mejor á los Cayos de Plata que á Mouchoir-Carré, distante de Puerto Rico más de 80 leguas marinas. Debo advertir, sin embargo, que la Isla del Viejo, que Ponce sitúa entre los Bajos de Babueca (tomados quizá en una extensión más general), y los Caicos, podrían muy bien ser la Grande ó Pequeña Salina de las islas Turcas, es decir, el Guanahaní de Navarrete; porque nada hay en los Caicos de Plata y Mouchoir-Carré que merezca el nombre de isla.

[123] Al echar una ojeada á la serie de islotes y bajos al Norte de las grandes Antillas, vense los bajos rodeados al Este, sobre todo del lado opuesto á la fuerza de las corrientes, de bandas de tierra largas y estrechísimas. Tal es la forma de las islas Caicos, de las Acklins y Crooked, que pertenecen al mismo sistema de bajos de la Isla Larga, la Exuma, San Salvador y Eleuthera en el gran Banco de Bahama, como muros originados por masas de corales rotos y hacinados por el choque de las olas. En otra obra (Rélation Historique, t. III, pág. 470) he tenido ocasión de describir las rocas fragmentarias, que puede decirse se forman á nuestra vista en los Jardines ó Jardinillos, al Sur de la isla de Cuba. La posición de estas lenguas de tierra que rodean los bajos en las islas Lucayas es notabilísima, y sería de desear que un geólogo distinguiera sobre el terreno lo que pertenece al levantamiento general de los bancos por las fuerzas que han obrado desde el interior del globo, empujando la corteza, y lo que es sencillamente efecto de las corrientes y del choque de las olas. Las formaciones terciarias y secundarias de la isla de Cuba ¿son la base sobre la cual han construído los corales sus grandes edificios en los bajos de las Lucayas, ó esta base es una roca piroxena como en las pequeñas Antillas y en el mar del Sur? Sorprende ver que en la Indias Occidentales no existen esos bancos de corales circulares crateriformes, rodeando un lago salado (lagoon) con una ó varias salidas, acerca de los cuales los Sres. Chamisso y Beechey han llamado la atención de los físicos, y que existen en el Océano Pacífico y en el mar de la India, mientras en estos dos Océanos no se encuentran las formas alargadas semejantes á las lenguas de tierra del borde oriental (windward side) del Banco de Bahama.

[124] Anghiera diserta acerca de la significación de la sílaba inicial gua, tan frecuente en los nombres geográficos y en los nombres propios de los Haïtianos, cuyo idioma no difería mucho del de los Yucayos (habitantes de las islas Bahamas), y por ello el joven yucayo, natural de Guanahaní y bautizado en Barcelona con el nombre de Diego Colón, pudo servir de intérprete. (Déc. I, lib. III, pág. 43; Déc. III, lib. VII, pág. 285; Muñoz, lib. IV, § 39; lib. V,§ 273.) Probablemente el nombre entero de Guanahaní era significativo, como lo son todos los nombres geográficos vascos (ibéricos). Lo encuentro casi incluído en el nombre de la bella reina (ó mejor dicho, mujer de un jefe haïtiano de la provincia de Xaragua) Guanahattabenechena, que, á pesar de las instancias de los monjes de San Francisco, se hizo enterrar con el cuerpo de su esposo. (Déc. III, libro IX, pág. 304.)

[125] La descrittione di tutto il Peru, mapa que comprende la América entera, desde la Florida hasta el estrecho de Magallanes, y en el que la ciudad de Quito está situada al Este del meridiano de Puerto Rico. El veronés Forlani sitúa como Rivero una isla Guanima al NO. de Guanahaní. Este nombre también aparece en el itinerario de Juan Ponce de León. (Herr. Déc. I, lib. IX, cap. 11.) ¿Será Eleuthera?

[126] La ignorancia de las lenguas, los errores que esta ignorancia debía necesariamente producir, y acaso también el malicioso deseo de engañar á los extranjeros (deseo que es muy común, según he podido ver, en los indígenas del Orinoco cuando se les abruma á preguntas), infundieron probablemente en el ánimo de Colón la idea de que al norte de la Tortuga había una isla riquísima en oro llamada Babeque ó Baneque. En el Diario del Almirante está nombrado este Ophir catorce veces. La isla de Babeque es de considerable extensión, con grandes montañas, valles y ríos, y se llega á ella yendo más allá de la Tortuga al NE. Buscase en ella el oro durante la noche con antorchas en la playa. Los indios dicen que hay más oro en la Tortuga que en la Española, porque aquélla está más cerca de Babeque, y hasta llegó á suponer Colón (el 17 de Diciembre de 1493) que no había minerales de oro ni en la Española ni en la Tortuga, sino que los llevaban á ellas de Babeque á donde se podía llegar en un día. Todo esto prueba, contra lo dicho por Las Casas, que Babeque no es Jamaica, ni la Española ó Boio, como creía D. Fernando Colón, ni finalmente la tierra firme del Sur ó Caritaba, como supone Herrera. (Déc. I, lib. I, cap. 15.)

Recordaré de nuevo que comparando el Diario del Almirante (Nav., 63, 126) cuando habla de la deserción de Martín Alonso Pinzón por el propósito de llegar á la isla de Babeque ó Baneque, con las piezas del pleito entre D. Diego Colón y el fisco, donde la isla que Pinzón buscaba se la nombra Babueca ó las siete islas de Babulca, queda la persuasión de que Babeque ó las islas Babeque es un nombre colectivo aplicable á las islas y cayos al norte de Haïti, una extensión de la denominación Bajos de Babucco hacia el Oeste, en la dirección de la Grande y la Pequeña Iguana.

[127] Colón habla de una isla Goanín (Nav., t. I, pág. 134), y goanín ó guanín es el nombre de una curiosa aleación de oro, plata y cobre que los primeros navegantes encontraron en manos de los indígenas, y con la cual hacían placas y armas. Oceánica, Déc. I, lib. VII, pág. 104; (Herrera, Déc. I, lib. III, cap. 9.) Las letras que Colón dice haber visto grabadas en una placa de oro en la isla Fernandina (Nav., t. I, pág. 32), acaso fueran trazos hechos, como adorno, sobre guanín. Las Casas refiere (y el hecho es muy notable) que el oro bajo ó guanín de estas islas lo buscaban los indígenas por el olor; también se observó en Haïti y en Paria que el del latón ó cobre amarillo les parecía delicioso. (Herrera, Déc. I, lib. III, cap. 11.) Una raza de hombres de color obscuro, llamados también hombres negros, que procedían del Suroeste y asoló algunas veces la isla de Haïti, poseía especialmente este oro guanín, en el que había 0,14 de plata y 0,19 de cobre. (Rélation historique, t. III, página 400.) Ya hemos dicho que en el mapa de Rivero hay también una isla Guanima ó Guanina entre las Lucayas, isla que menciona Ponce de León en su itinerario.