Tales sentencias dice el viejo honrado
en alta voz, al tiempo que tendimos
las velas al sereno y sosegado
viento, y del puerto amado nos partimos;
y como ya en el mar es muy usado,
al desplegar la vela voces dimos
diciendo: «¡Buen viaje!» Luego el viento
en el mástil mostró su movimiento.
»Era tiempo en el cual el Sol la lumbre
entraba en el Nemeo truculento,
y el mundo, declinando de su cumbre,
estaba en sexta edad cargado y lento:
en ella ve, como es vieja costumbre,
cursos del Sol catorce veces ciento
con más noventa y siete en que corría
cuando la flota al mar largo se hacía.
»La vista poco a poco se destierra
de aquellos patrios montes que quedaban:
quedaba el caro Tajo y fresca sierra
de Cintra, do los ojos se alejaban;
quedábanos el alma allá en la tierra,
que lástimas y amor nos la arrancaban,
y en alta mar metidos con tal duelo,
no vimos más, al fin, que mar y cielo.
»Así fuimos rompiendo aquellos mares
que nunca en tiempo alguno proa rompiera,
viendo las nuevas islas y lugares
que el generoso Enrique descubriera:
los africanos montes y casares,
tierra que Anteón rey la poseyera,
a la izquierda se queda; a la derecha
no hay certeza de tierra, mas sospecha.
»Pasamos juntamente la famosa
isla, de su madera así llamada,
conocida por fama provechosa
después que por nosotros fué poblada,
y no por ser postrera Venus osa
llamar a cualquier otra más preciada,
que a ella, siendo suya, le rindiera
a Cipro, Gnido, Pafos y Citera.
»De Masilia la costa atrás dejamos,
do apastan aceniegues su ganado,
donde las frescas aguas no gustamos
ni hay hierba que les baste en campo y prado;
ser la tierra infructífera hallamos,
con aves que digieren hierro helado,
padeciendo de todo extrema inopia,
aparta a Berbería de Etiopia.
»El límite pasamos donde llega
el Sol que para el Norte el carro guía,
donde yacen los pueblos a quien niega
el Climeneo la color del día;
aquí gentes extrañas lava y riega
el negro Sanagá con su agua fría,
donde el cabo Arsinario el nombre pierde,
llamándole los nuestros cabo Verde.
»Habíamos pasado las Canarias,
que de Fortuna el nombre recibieron;
las hijas navegamos ordinarias
que de Hesperio Hesperias se dijeron,
y las tierras do nuevas cosas varias
en otro tiempo nuestras gentes vieron,
a do tomamos puerto con buen viento
por tomar de la tierra algún sustento.
»A aquella isla aportamos que tomara
el nombre del guerrero Santiago,
santo que al español siempre ayudara
a hacer en los moros bravo estrago;
de aquí, luego que Bóreas nos soplara,
tornamos a cortar el ancho lago
de la salada mar, y así dejamos
la tierra do el refresco dulce hallamos.
»Por aquí rodeando aquella parte
de África que quedaba hacia el Oriente,
la provincia Jalofo, que reparte
por diversas naciones negra gente;
la muy grande Mandinga, por cuya arte
gozamos el metal rico y luciente,
que cerca del Gambea famoso vive,
cuya agua el mar Atlántico recibe.
»Las Dórcadas pasamos, que pobladas
de hermanas otro tiempo se vivían,
que de vista total siendo privadas
las tres de un ojo solo se servían:
tú sola, cuyas trenzas encrespadas
a Neptuno en las aguas encendían,
sintiendo ya por ellas grave pena,
de víboras henchiste aquesta arena.
»Siempre, en fin, para el Austro va la proa
y en el inmenso golfo nos metimos,
dejando la sierra áspera Lioa,
y el cabo a quien de Palmas nombre dimos,
y el grande río, que, como en Lisboa
el Tajo, da en las playas que allí dimos;
quedóse la isla ilustre que tomara
el nombre del que el lado a Dios tocara.
»Allí de Congo el reino está excelente,
que por nosotros cree la fe de Cristo,
donde el Zaire reparte su corriente,
río por los antiguos nunca visto;
por este largo mar huye la gente
del conocido Polo de Calisto,
siendo el término ardiente ya pasado,
donde el medio del mundo es limitado.
»Ya descubierto habíamos delante
en el nuevo hemisferio nueva estrella
no vista de otra gente, que ignorante
estuvo tiempo alguno incierta de ella;
vemos la parte menos rutilante,
y por falta de estrellas no tan bella,
del polo fijo, donde aun no se sabe
si otra tierra comience o mar acabe.
»Así pasando aquellos pueblos sanos
por adonde dos veces pasa Apolo,
dos inviernos haciendo y dos veranos
en cuanto corre de uno al otro polo;
por calmas, por tormentas, vientos vanos
que en la alterada mar levanta Eolo,
vimos las Ursas, a pesar de Juno,
en las aguas bañarse de Neptuno.
»Contarte, grande rey, las milagrosas
cosas del mar que los hombres no entienden,
súbitas tempestades peligrosas,
relámpagos que el aire en fuego encienden,
negras lluvias y noches tenebrosas,
rayos que en su caer al mundo hienden,
no menos es trabajo que gran yerro,
aunque mi voz, señor, fuera de hierro.
»Los casos vi que rudos marineros,
que tienen por maestra la experiencia,
cuentan por ciertos siempre y verdaderos,
juzgándolos por sola la apariencia;
mas los que tienen juicios más enteros,
que sólo por ingenio puro y ciencia
ven del mundo secretos escondidos,
entienden no ser veros ni entendidos.
»Fué claramente visto el fuego vivo
que la gente del mar tiene por santo
en tiempo de tormenta y viento esquivo,
de tempestad obscura y triste planto:
no menos les fué a todos excesivo
milagro, y causa grande de harto espanto,
ver las nubes del mar con caño largo
las aguas recoger del mar amargo.
»Yo lo vi ciertamente (y no presumo
que la vista me engaña) levantarse
en el aire un vapor de sutil humo
y, movido del viento, rodearse:
alzarse de aquí un caño al polo sumo
se veía, tan delgado, que mirarse
del ojo fácilmente no podía:
la materia de nubes parecía.
»Íbase poco a poco acrecentando,
y más que un grueso mástil se engrosaba:
aquí se estrecha, allí se alarga, cuando
los golpes grandes de agua en sí chupaba:
estábase en las aguas ondeando
y encima una gran nube se espesaba,
haciéndose mayor y más cargada
con la carga del agua en sí tomada.
»Cual roja sanguijuela que pegada
en labios de la bestia que imprudente
en el agua la coge, aunque delgada,
con la sangre se vuelve más potente,
chupando el cuerpo engruesa, y alargada,
se rellena y se hincha extrañamente,
tal la larga columna hinchiendo aumenta
a sí y la negra nube que sustenta.
»Mas después que del todo se hartara,
el pie que está en la mar en sí recoge,
y en el cielo lloviendo, al fin volara
porque con agua el agua aumente y moje:
las ondas da a las ondas que tomara;
mas como del sabor de sal despoje
al agua, los que saben de escritura
díganme estos secretos de natura.