Capitular de cabecera de capítulo

CANTO OCTAVO

En aquella figura se detiene

el Catual, al vivo dibujada,

que en la mano en divisa el ramo tiene,

con barba blanca, larga y bien peinada:

quién era, y por qué causa le conviene

el ramo, preguntó; mas fuéle dada

por Paulo la respuesta muy discreta,

que el arábigo sabio la interpreta.

«Estas figuras todas que parecen

en vista bravas fieras, en aspectos

más bravas y más fieras, resplandecen

con fama de sus ínclitos efectos:

antiguos son, mas nunca desfallecen

sus nombres entre ingenios más perfectos:

aqueste viejo es Luso, por quien fama

a nuestra tierra Lusitania llama.

»Fué hijo o compañero del Tebano

que el mundo conquistó con maña y arte,

y viniendo a parar al nido hispano,

siguiendo su conquista y duro Marte,

viendo el campo con Duero tan ufano,

llamado Elisio, quiso en esta parte

dar sepulcro a sus huesos tan cansados,

y que los nuestros fuesen de él llamados.

»El ramo que le ves para divisa,

el verde tirso, fué de Baco usado,

el cual a nuestra edad muestra y avisa

que o fué su compañero, o hijo amado.

¿Esotro que de Tajo el campo pisa,

después de haber el largo mar pasado,

y allí muros perpetuos edifica

y templo a Palas, con memoria rica?

»Ulises es que hizo aquella casa,

a la que le otorgó lengua fecunda,

que si en Asia la Troya insigne abrasa,

en Europa la gran Lisboa funda.»

«¿Quién será estotro acá, que el campo arrasa

de muertos con presencia furibunda?

Tiene batallas mil desbaratadas,

de banderas con águilas pintadas.»

Preguntó Catual. Responde el Gama:

«Este que ves, pastor fué de ganado,

Viriato sabemos que se llama,

más diestro por la lanza que cayado.

Corrida está de Roma la gran fama

con este vencedor tan señalado:

no tuvieron romanos, ni pudieron,

el primor que con Pirro ya tuvieron.

»No con fuerza, mas maña vergonzosa,

cortan la vida que a la Roma espanta,

que en aprieto la gente valerosa

las leyes del valor pasa y quebranta.

Otro está aquí que contra su enojosa

tierra con nuestra gente se levanta:

escogió bien con quien se levantase

para que eternamente se ilustrase.

»Ved cómo también vence las banderas

de esas aves de Júpiter validas,

que las vieron en breve las guerreras

gentes, a nuestra gente ser rendidas:

ve las sutiles artes y maneras

para adquirir las tierras tan fingidas;

la fatídica cierva que lo avisa:

Sertorio es él, y es ella su divisa.

»Mira estotra bandera do estampado

está el progenitor de los primeros

reyes, que húngaro hizo el dulce hado

y Lotaringo hacen extranjeros:

después de haber los moros sujetado,

gallegos y leoneses caballeros,

pasa a la santa Casa el santo Enrique

porque el tronco real se santifique.»

«Dime, ¿quién es estotro que me espanta,

pregunta el malabar maravillado,

que tantos escuadrones, gente tanta,

con tan poca, la ha roto y destrozado;

tantos muros aspérrimos quebranta,

tantas batallas da sin ser cansado,

tantas coronas tiene en tantas partes

a sus pies derribadas, y estandartes?»

«El primer rey Alfonso, dijo el Gama,

que todo Portugal al moro toma,

por quien juró, y lo cumple bien la fama,

de más no celebrar hombre de Roma:

éste es aquel celoso a quien Dios ama,

con cuyo brazo al moro vence y doma,

abate de su reino el fuerte muro,

no reservando nada a lo futuro.

»Si César, si Alejandro rey tuvieran

tan pequeño poder, tan poca gente,

contra tantos contrarios cuantos eran

los que desbarataba este excelente,

no creáis que sus nombres se supieran

con gloria, voz y fama tan potente:

mas sus hechos dejemos no explicables,

que los de sus vasallos son notables.

»Este que ves mirar con gesto airado

para el rompido alumno, mal sufrido

diciéndole que el campo destrozado

recoja y torne al puesto defendido:

vuelve el mozo del viejo acompañado,

que vencedor lo hace de vencido:

Egas Muñiz se llama el fuerte viejo,

de vasallos leales claro espejo.

»Veslo acá: con sus hijos va a entregarse,

la soga al cuello y la espada en la mano,

porque no quiso el mozo sujetarse

como él lo aprometiera al castellano:

con la promesa hizo el cerco alzarse

que en aprieto tenía al rey Lozano:

los hijos y mujer lleva a la pena,

que a todos, por salvar su rey, condena.

»No hizo el cónsul tanto, que cercado

fué en las horcas caudinas de ignorante,

cuando pasar por bajo fué forzado

del samnítico yugo triunfante:

él solo por su pueblo injuriado,

a sí se entrega firme y muy constante:

estotro a sí, mujer, hijos entrega:

mirad el fiel amor dónde más llega.

»¿Ves este que, dejada la celada,

da sobre el rey que cerca a Villafuerte,

al cual ya tiene preso, y descercada

la villa con un hecho de alta suerte?

Míralo acá pintado en esta armada

del mar, dando a los moros cruda muerte,

ganándoles galeras con la gloria

de la primer marítima victoria.

»Es don Fuas Ropiño, que en la tierra

y en el mar resplandece juntamente

con fuego que encendió en Abila sierra

en las galeras de la mora gente:

mira cómo en tan justa y santa guerra

el morir peleando no lo siente,

y de entre moras manos vuela el alma

a los cielos, llevando justa palma.

»¿Ves el ayuntamiento, de extranjero

traje salir de aquella armada nueva,

que ayuda a combatir al rey primero,

a Lisboa haciendo de sí prueba?

Mira a Enrique, famoso caballero,

la palma que nació junto a su cueva:

por ella muestra Dios milagro visto:

germanos son los mártires de Cristo.

»El sacerdote ve blandir la espada

contra Arronches, que toma por venganza

de Leiria, que antes fué tomada

del que con falsa secta enristra lanza.

Es el prior Teutonio; mas cercada

verás a Santarén, y la esperanza

de gente que en el muro la primera

levantó de las quinas la bandera.

»Ves acá donde Sancho desbarata

los moros de Vandalia en dura guerra,

rompiendo el campo, al diestro alférez mata

y el pendón sevillano arrastra en tierra:

Men Moñiz, que el valor en sí retrata,

que el paterno sepulcro cubre y cierra,

digno de estas banderas, pues sin falta

la adversa abate, mas la suya exalta.

»Mira el que va bajando por la lanza

con las cabezas dos de centinelas,

do la emboscada esconde, con que alcanza

la ciudad por sus mañas y cautelas,

cuya figura con tan gran pujanza

por armas le sirvió (no de novelas)

a la ciudad: ¡oh hecho nunca hecho,

digno del gran Giraldo y de su pecho!

»¿No ves el caballero que agraviado

del nono Alfonso, siendo a Lara amigo,

por odio con los moros se ha juntado,

de Portugal haciéndose enemigo?

Abrantes gana, yendo acompañado

de moros que a la guerra trae consigo;

y cómo un Portugués, con poca gente,

lo desbarata y prende osadamente.

»Martín López se llama el caballero

que al castellano causa eterno lloro;

mas ve un eclesiástico guerrero,

que trueca en lanza el báculo que es de oro,

estar entre dudosos más entero,

no negando batalla al bravo moro;

qué señal en el cielo le aparece,

con que a sus pocos la virtud les crece.

»Mira cuál van de Córdoba y Sevilla

los reyes y otros dos huyendo el lazo,

rotos, vencidos, muertos: maravilla

hecha de Dios, que no de humano brazo.

¿Alcacere no ves cómo se humilla,

sin valerle defensa ni embarazo,

a don Mateo de Lisboa, prelado

de mitra, mirto y lauro coronado?

»Ve venir de Castilla rica y bella

el Maestre portugués a la conquista

de la tierra de Algarbes, sin que en ella

pueda hallar varón que le resista:

con maña, esfuerzo y con benigna estrella,

villas, castillos entra a escala vista:

ganó a Tavila de sus moradores,

en venganza de siete cazadores.

»Del moro gana con astucia y saña

a Silves, que él ganó con fuerza urgente,

el buen Payo Correa, cuya maña

y grande esfuerzo envidia mucha gente;

y no dejes los tres que en Francia, España,

se hacen conocer públicamente

en desafíos, justas y torneos,

dejando en ellas puestos sus trofeos.

»Con títulos venían de ventureros

a Castilla, do el prez solos llevaron

en juegos de Belona verdaderos

que allí por mal de algunos se inventaron:

ve muertos los soberbios caballeros

que al mayor de los tres desafiaron:

Gonzalo de Ribeiro se llamaba,

a quien la misma muerte respetaba.

»Mira uno que la fama así lo extiende,

que de ningún pasado se contenta,

la patria que de un hilo flaco pende

como sobre sus hombros la sustenta.

¿No lo ves enojado, que reprende

la vil desconfianza, floja y lenta,

del pueblo a quien sujeta al dulce freno

de su rey natural, no del ajeno?

»Mira: por su consejo y osadía,

guiada de la fuerza soberana,

pudo, lo que imposible parecía,

vencer la mucha gente castellana:

veis por su industria, esfuerzo y valentía

otro estrago y victoria más que humana,

en gente así feroz como infinita

que entre el Tarteso y Guadiana habita.

»¿Mas no ves el poder desbaratado

de nuestra gente por la dura ausencia

del capitán devoto que apartado

orando está a la trina y una Esencia?

Mira cómo de algunos fué hallado,

que le dicen faltar ya resistencia

contra tanto poder que se viniese

y esfuerzo con su vista al pueblo diese.

»Mas mira con qué santa confianza

que aun no era tiempo de eso respondía,

como quien tiene en Dios cierta esperanza

que a su tiempo victoria les daría:

así Pompilio oyendo la pujanza

de gente que su tierra le corría,

a quien la triste nueva le está dando:

«Pues yo, responde, estoy sacrificando.»

»Si el que con tanto esfuerzo a Dios se atreve

saber quisieres cuál su nombre sea,

Portugués capitán llamarse debe,

aunque de don Nuño Álvarez se arrea:

gloria la patria con tal hijo lleve,

mas padre, pues que en cuanto el Sol rodea

este globo de Ceres y Neptuno

siempre suspirará por tal aluno.

»Mira qué presas gana en esta guerra

esotro capitán de poca gente:

comendadores vence, y les encierra

el robado ganado osadamente:

otra vez baña en sangre lanza y tierra

de éstos, por libertar con pecho ardiente

un preso amigo; preso, y por leal,

Pedro Rodríguez es de Landroal.

»Al falsario verás cómo le paga

el perjurio que hizo y vil engaño:

Gil Fernández es de Elvas quien lo estraga

y trujo a pagadero de su daño:

de Jerez roba el campo y no se apaga

el fuego con la sangre del rebaño:

Rui Pereira del rostro hace escudo

a las galeras y al furor más crudo.

»Mira qué diecisiete lusitanos

en un monte subidos se defienden

de más de cuatrocientos castellanos

que al derredor por los coger se extienden:

retiráronse presto y no muy sanos,

que más que se defienden los ofenden,

digno hecho de ser al mundo eterno,

grande al antiguo tiempo y al moderno.

»Sábese antiguamente que trescientos

bien contra mil romanos pelearon,

en tiempo que el valor y atrevimientos

de Viriato tanto se ilustraron;

y de ellos alcanzando vencimientos

notables, por herencia nos dejaron

que a los muchos por pocos no temamos,

lo que después acá siempre probamos.

»Mira a Pedro y Enrique, dos infantes,

del rey don Juan progenie generosa;

aquél dejó con hechos muy pujantes

en Germania su fama milagrosa:

estotro rompió el mar, do ninguno antes

llegara con empresa muy famosa:

a Ceuta hace caer de su esperanza

abriéndole sus puertas con la lanza.

»¿Ves el conde don Pedro, que sustenta

dos cercos contra toda Berbería?

Otro conde allí está, que representa

a Marte con esfuerzo y osadía:

de poder defenderse no contenta

Alcacere de tanta compañía,

defiende de su rey la cara vida,

siendo muro la suya hasta perdida.