NOTAS DEL CAPÍTULO III
[102] Juan, VIII, 6.
[103] Testam. de los doce Patr., Leví, 6.
[104] Math. XXVII, 46; Marc. XV, 34.
[105] Traducciones y comentarios judíos, de la época talmúdica.
[106] Mischna, Schabbath, I, 3.
[107] Math., XIII, 54 y sig.; Juan, VII, 15.
[108] Mischna, Schekalim, III, 2; Talmud de Jerusalen, Megilla, halaca XI, Sota, VII, 1; Talmud de Babilonia, Baba Kama, 83 a; Megilla, 8 b y sig.
[109] Math. XXVII, 46; Marc. III, 17; V, 41; VII, 34; XIV, 36; XV, 34. La expresion ἡ πάτριος φωνή, en los escritores de aquel tiempo, designa siempre el dialecto semítico que se usaba en Palestina (II Macab., VII, 21, 27; XII, 37; Hech., XXI, 37, 40; XXII, 2; XXVI, 14; Josefo, Ant., XVIII, VI, 10; XX, sub. fin., etc.). Luégo demostrarémos que algunos de los documentos que sirvieron de base á los evangelios sinópticos fueron escritos en ese dialecto semítico. Lo mismo sucedió respecto á algunos apócrifos (libro IV de los Macab., XVI, ad calcem, etc.). Por último, la cristiandad directamente nacida del primer movimiento galileo (Nazarenos, Ebionim, etc.), que se continuó por mucho tiempo en la Batanea y en el Hauran, hablaba un dialecto semítico. (Euseb., De situ et nomin. loc. heb. á la voz Χωβά; Epif., Adv. hær., XXIX, 7, 9; XXX, 3; San Jerónimo, in Matth., VII, 13; Dial. adv. Pelag., III, 2).
[110] Mischna, Sanhedrin, XI, 1; Talmud de Babilonia, Baba Kama, 82 b y 83 a; Sota, 49 a y b; Menachoth, 64 b; Comp. II, Macab. IV, 10 y sig.
[111] Jos., Ant., XX, XI, 2.
[112] Talmud de Jerusalen, Peah, I, 1.
[113] Jos., Ant., loc. cit.; Oríg., Contra Celsum, II, 34.
[114] Talmud de Jerusalen, Peah, I, 1; Talmud de Babilonia, Menachoth, 99 b.
[115] Los Terapeutas de Filon son una rama de los Esenios. Ese nombre parece ser la traduccion griega de Esenios (Ἐσσαῖοι, asaya, médicos). Filon, De vita contempl., init.
[116] Véanse sobre todo los tratados Quis rerum divinarum hæres sit y De Philanthropia, de Filon.
[117] Pirké Aboth, cap. I y II; Talmud de Jerusalen, Pesachim, VI, 1; Talmud de Babilonia, Pesachim, 66 a; Schabbath, 30 b y 31 a; Joma, 35 b.
[118] La leyenda de Daniel estaba ya formada en el siglo séptimo ántes de J. C. (Ezequiel, XIV, 14 y sig.; XXVII, 3). Para satisfacer las exigencias de la leyenda, se supuso que vivió en el tiempo de la cautividad de Babilonia.
[119] Epist. Judæ, 14 y sig., II Petri, II, 4, 11; Testam. de los doce Patr., Simeon, 5; Leví, 14; Judá, 18; Zab., 3; Dan, 5; Nephtali, 4. El «Libro de Henoch» forma aún una parte integrante de la Biblia etiópica. Tal como le conocemos por la version etiópica, está compuesto con trozos de várias fechas, de los cuales los más antiguos son del año 130 ó 150 ántes de J. C. Algunos de esos trozos tienen analogía con los discursos de Jesús. Compárense los cap. XCVI-XCIX con Lúcas, VI, 24 y sig.
[120] Math., XI, 8.
[121] Math., XXII, 2 y sig.
[122] Math., VI, 13.
[123] Luc., II, 42 y sig. Los evangelios apócrifos están llenos de semejantes historias extravagantes.
[124] Math., XIII, 57; Marc., VI, 4; Juan, VII, 3 y sig.
[125] Math., XII, 48; Marc., III, 33; Luc., VIII, 21; Juan, II, 4; Evangelio segun los Hebreos, en San Jerónimo, Dial. adv. Pelag., III, 2.
[126] Luc., XI, 27 y sig.