NOTAS DEL CAPÍTULO V


[182] Ésta es la expresion de Márcos, VI, 3. Cf. Math., XIII, 55. Márcos no conoce á José; por el contrario, Juan y Lúcas prefieren la expresion «hijo de José.» (Luc., III, 23; IV, 22; Juan, I, 45; IV, 42.)

[183] Juan, II, 1; IV, 46. Sobre este punto sólo Juan tiene algunas noticias.

[184] Admito como probable la idea de identificar á Caná de Galilea con Kana el-Djelil. Sin embargo, pueden aducirse argumentos en favor de Kefr-Kenna, distante de Nazareth cosa de una hora ú hora y media, al N.-N.-E.

[185] Ahora el-Buttauf.

[186] Juan, II, 11; IV, 46. Uno ó dos discípulos eran de Caná. Juan, XXI, 2; Math., X, 4; Marc., III, 18.

[187] Marc., VI, 3; Justino, Dial. cum Tryph., 88.

[188] Por ejemplo, «Rabbi Johanan el zapatero, Rabbi Isaac el herrero.»

[189] Hech., XVIII, 3.

[190] Cap. IX de la obra.

[191] Luc., VII, 37 y sig.; Juan, IV, 7 y sig.; VIII, 3 y sig.

[192] Los discursos atribuidos á Jesús en el cuarto evangelio contienen ya un gérmen de teología. Pero hallándose estos discursos enteramente en contradiccion con los de los evangelios sinópticos, los cuales representan sin duda las Logia primitivas, deben figurar como documentos de la historia apostólica, y no como elementos de la vida de Jesús.

[193] Math., IX, 9, y las otras narraciones análogas.

[194] Juan, XXI, 15 y sig.

[195] El alma sublime de Filon se encontró aquí, como en otros muchos puntos, de acuerdo con la de Jesús (De confus. ling., § 14; De mig. Abr., § 1; De somniis, II, § 41, etc.).

[196] San Pablo, ad Galatas, IV, 6.

[197] La palabra «cielo», en la lengua rabínica de aquel tiempo, es sinónima del nombre de «Dios», cuya pronunciacion se evitaba. (Comp. Math., XXI, 25; Luc., XX, 4.)

[198] Aparece esta expresion en cada página de los evangelios sinópticos, de los Hechos de los apóstoles, de San Pablo. Si no aparece más que una vez en San Juan (III, 3 y 5) es porque los discursos que se relatan en el cuarto evangelio están muy léjos de representar la verdadera palabra de Jesús.

[199] Dan., II, 44; VII, 13, 14, 22, 27.

[200] Mischna, Berakoth, II, 1, 3; Talmud de Jerusalen, Berakoth, II, 2; Kidduschin, I, 2; Talmud de Babil. Berakoth, 15 a; Mekilta, 42 b; Siphra, 170 b; la expresion aparece frecuentemente en los Midraschim.

[201] Math., VI, 33; XII, 28; XIX, 12; Marc., XII, 34; Luc., XII, 31.

[202] Luc., XVII, 20-21.

[203] La grande teoría del apocalípsis del Hijo del hombre está en efecto reservada, en los sinópticos, para los capítulos que preceden la narracion de la pasion. En Matheo, las primeras predicaciones son enteramente morales.

[204] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 2 y sig.; Juan, VI, 42.

[205] La tradicion sobre la fealdad de Jesús (Justino, Dial. cum Tryph., 85, 88, 100) procede del deseo de ver realizado en él un pretendido rasgo mesiánico (Is., LIII, 2).

[206] Las Logia de San Matheo reunen varios de aquellos axiomas para despues formar con ellos largos discursos. Pero á traves de la forma fragmentaria deja conocer las suturas.

[207] Pirké Aboth es el librito en el cual están coleccionadas las sentencias de los doctores judíos de aquel tiempo.

[208] Indicarémos las semejanzas á medida que se vayan presentando. Por ser la redaccion del Talmud posterior á la de los Evangelios, se ha supuesto que los compiladores judíos plagiaron la moral cristiana. Pero esto no puede admitirse; existia un abismo de separacion entre la iglesia y la sinagoga. Ántes del siglo décimo tercero la literatura cristiana y la literatura judía tuvieron muy poca influencia una sobre otra.

[209] Math., VII, 12; Luc., VI, 31. Se encuentra ya este axioma en el libro de Tobías, V, 16. Hillel usaba de él repetidas veces (Talm. de Babil., Schabbath, 31 a), y como Jesús, decia que él era el compendio de la Ley.

[210] Math., V, 39 y sig.; Luc., VI, 29. Comp. Jeremías, Lament., III, 30.

[211] Math., V, 29-30; XVIII, 9; Marc., IX, 46.

[212] Math., V, 44; Luc., VI, 27. Comp. Talm. de Babil., Schabbath, 88 b; Joma, 23 a.

[213] Math., VII, 1; Luc., VI, 37. Comp. Talm. de Babil., Kethuboth, 105 b.

[214] Luc., VI, 37. Comp. Levit., XIX, 18; Prov., XX, 22; Eccles., XXVIII, 1 y sig.

[215] Luc., VI, 36; Siphré, 51 b (Sultzbach, 1802).

[216] Hech., XX, 35.

[217] Math., XXIII, 12; Luc., XIV, 11; XVIII, 14. Las sentencias referidas por San Jerónimo con arreglo al «Evangelio segun los Hebreos» respiran la misma moral (Comment. in Epist. ad Ephes., V, 4; in Ezech., XVIII; Dial. adv. Pelag., III, 2).

[218] Deuter., XXIV, XXV, XXVI, etc.; Is., LVIII, 7; Prov., XIX, 17; Pirké Aboth, 1; Talm. de Jerus., Peah, I, 1; Talm. de Babil., Schabbath, 63 a.

[219] Math., V, 20 y sig.

[220] Math., V, 22.

[221] Math., V, 31 y sig. Comp. Talm. de Babil., Sanhedrin, 22 a.

[222] Math., V, 33 y sig.

[223] Math., V, 38 y sig.

[224] Math., V, 42. La prohibia la Ley, mas de un modo ménos formal, y la autorizaba el uso (Deut., XV, 7-8; Luc., VII, 41 y sig.).

[225] Math., XXVII, 28. Comp. Talmud, Masseket Kalla (ed. Fürth, 1793), fol. 34 b.

[226] Math., V, 23 y sig.

[227] Math., V, 45 y sig. Comp. Levit., XI, 44; XIX, 2.

[228] Comp. Filon, De mig. Abr., § 23 y 24; De vita contemplativa, entero.

[229] Math., XV, 11 y sig.; Marc., VII, 6 y sig.

[230] Marc., VII, 6 y sig.

[231] Math., VI, 1 y sig. Comp. Eccles., XVII, 18; XXIX, 15; Talm. de Babil., Chagiga, 5 a; Baba Bathra, 9 b.

[232] Math., VI, 5-8.

[233] Math., XIV, 23; Luc., IV, 42; V, 16; VI, 12.

[234] Math., VI, 9 y sig.; Luc., XI, 2 y sig.

[235] Luc., XI, 5 y sig.

[236] Math., V, 23-24.

[237] Isa., I, 11 y sig.; LVIII, entero; Oseas, VI, 6; Malaquías, I, 10 y sig.

[238] Pirké Aboth, I, 2.

[239] Eccles., XXXV y sig.

[240] Talm. de Jerus., Pesachim, VI, 1; Talm. de Babil., Pesachim, 66 a; Schabbath, 31 a.

[241] Quod Deus immut., § 1 et 2; De Abrahamo, § 22; Quis rerum divin. hæres, § 13 y sig.; 55, 58 y sig.; De profugis, § 7 y 8; Quod omnis probus liber, entero. De vita contemplativa, entero.

[242] Talm. de Bab., Pesachim, 67 b.

[243] Talm. de Jerus., Peah, I, 1.

[244] Math., VII, 4-5. Comp. Talm. de Babil., Baba Bathra, 15 b; Erachin, 16 b.

[245] El Talmud, resúmen de aquel gran movimiento de escuelas, no se empezó á escribir sino en el siglo segundo de nuestra era.