[260] I Cor., X, 16; Justino, Apol. I, 65-67.

[261] Συνδεῖπνα. Jos., Antiq., XIV, X, 8, 12.

[262] Luc., XXII, 19; I Cor., XI, 24 y sig.; Justino, loc. cit.

[263] En el año 57 la eucaristía era ya una institucion llena de abusos (I Cor., XI, 17 y sig.) y por lo tanto antigua.

[264] Act., XX, 7; Plinio, Epist. X, 97; Justino, Apol. I, 67.

[265] Act., XX, 7, 11.

[266] Plinio, Epist. X, 97.

[267] Juan, XX, 26, no basta para probar lo contrario: los ebionitas hacian siempre fiesta el sábado. San Gerónimo, In Matth., XII, inicio.

[268] Act., I, 15-26.

[269] Véase Vida de Jesús, p. 437 y sig.

[270] Compárese Eusebio, H. E., III, 39 (segun Papias.)

[271] Justino, Apol I, 39, 50.

[272] Pseudo-Abdias, etc.

[273] Compárese I Cor., XV, 10 y Rom., XV, 19.

[274] Gal., I, 17-19.

[275] Act., VI, 4.

[276] Comp. Mat., X, 2-4; Marc., III, 16-19; Luc., VI, 14-16; Act., I, 13.

[277] Act., I, 14; Gal., I, 19; I Cor., IX, 5.

[278] Gal., II, 9.

[279] Véase Vida de Jesús, pág. 307.

[280] Véase Vida de Jesús, pág. 150. Cf. Papias, en Eusebio, H. E., III, 39; Polícrates, ibid., V, 24; Clemente de Alej., Strom., III, 6; VII, 11.

[281] Por ejemplo, ἐπίσκοπος, quizá κλῆρος. Véase Wescher, en la Revue archéol., abril 1866, y más abajo p. 352-353.

[282] Act., I, 26. Véase más abajo, p. 353.

[283] Act., XIII, 1 y sig.; Clem. de Alej., en Eusebio, H. E., III, 23.

[284] Act., V, 1-11.

[285] I Cor., V, 1 y sig.

[286] I Tim., I, 20.

[287] Gen., XVII, 14 y otros pasajes numerosos del código mosaico; Mischna, Kerithouth, I, 1; Talmud de Bab., Moëd katon, 28 a. Comp. Tertuliano, De anima, 57.

[288] Véase, en los diccionarios hebreos y rabínicos, la voz כרת. Compárese la palabra exterminare.

[289] Mischna, Sanhedrin, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., B. J.; VII, VIII, 1; III Macab. (apocr.), VII, 8, 12-13.

[290] Luc., VI, 15; Act., I, 13. Comp. Mat., X, 4; Marc., III, 18.

[291] Act., V, 1-11. Comp. Act., XIII, 9-11.

[292] Act., I, 15; II, 14, 37; V, 3, 29; Gal., I, 18; II, 8.

[293] Act., III, 1 y sig.; VIII, 14; Gal., II, 9. Comp. Juan, XX, 2 y sig.; XXI, 20 y sig.

[294] Segun Mat., XXVIII, 1 y sig., los guardias fueron testigos de la bajada del ángel que levantó la piedra. Este relato, bastante confuso, quiere dar á entender tambien que las mujeres presenciaron el hecho; pero no se indica terminantemente. En todo caso, lo que los guardias y las mujeres verian, segun el mismo relato, no seria á Jesús resucitando, sino al ángel. La redaccion de tal escrito, aislada é inconsistente, es á no dudarlo la más moderna de todas.

[295] Luc., XXIV, 48; Act., I, 22; II, 32; III, 15; IV, 33; V, 32; X, 41; XIII, 30-31.

[296] Véase más arriba, pág. 59, nota 62.

[297] Véase Vida de Jesús, p. 275 y sig.

[298] I Cor., XVI, 22. Estas dos palabras son siro-caldaicas.

[299] Mat., X, 23.

[300] Act., II, 33 y sig.; X, 42.

[301] Luc., XXIV, 19.

[302] Act., II, 22.

[303] Las enfermedades se consideraban en general como obras del demonio.

[304] Act., X, 38.

[305] Ibid., II, 36; VIII, 37; IX, 22; XVII, 3, etc.

[306] Ibid., II, 14 y sig.; III, 12 y sig.; IV, 8 y sig., 25 y sig.; VII, 2 y sig.; X, 43, y la epístola atribuida á San Bernabé, entera.

[307] Jac., I, 26-27.

[308] Más tarde la llamaron λειτουργεῖν. Act., XIII, 2.

[309] Hebr., V, 6; VI, 20; VIII, 4; X, 11.

[310] Apoc., I, 6; V, 10; XX, 6.

[311] Act., XIII, 2; Luc., II, 37.

[312] Rom., VI, 4 y sig.

[313] Act., VIII, 12, 16; X, 48.

[314] Act., VIII, 16; X, 47.

[315] Mat., IX, 18; XIX, 13, 15; Marc., V, 23; VI, 5; VII, 32; VIII, 23, 25; X, 16; Luc., IV, 40; XIII, 13.

[316] Act., VI, 6; VIII, 17, 19; IX, 12, 17; XIII, 3; XIV, 6; XXVIII, 8; I Tim., IV, 14; V, 22; II Tim., I, 6; Hebr., VI, 2; Jac., V, 13.

[317] Mat., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; Act., I, 5; XI, 16; XIX, 4.

[318] Mat., XXVIII, 19.

[319] Véase el Cholasté (Manuscritos Sabianos de la Biblioteca imperial, núms. 8, 10, 11, 13).

[320] Vendidad-Sadé, VIII, 296 y sig.; IX, 1-145; XVI, 18-19; Spiegel, Avesta, II, p., LXXXIII y sig.

[321] I Cor., XII, 9, 28, 30.

[322] Mat., IX, 2; Marc., II, 5; Juan, V, 14, IX, 2; Jac., V, 15; Mischna, Schabbath, II, 6; Talm. de Bab., Nedarim, fol. 41 a.

[323] Mat., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16-24; Luc., XI, 14; Act., XIX, 12. Tertuliano, Apol., 22; Adv. Marc., IV, 8.

[324] Act., V, 16; XIX, 12-16.

[325] Jac., V, 14-15; Marc., VI, 13.

[326] Luc., X, 34.

[327] Marc., XVI, 18; Act., XXVIII, 8.

[328] I Tes., IV, 13 y sig.; I Cor., XV, 12 y sig.

[329] Fil., I, 23, parece ofrecer un ligero matiz algo distinto. Esto no obstante, compárese I Tes., IV, 14-17. Véase sobre todo Apoc., XX, 4-6.

[330] Pablo, obras ya citadas y Fil., III, 11; Apoc., XX entero; Papias en Eusebio, H. E., III, 39. Véase despuntar algunas veces la creencia contraria, sobre todo en Lucas (Evang., XVI, 22 y sig.; XXIII 43, 46). Empero es de poco peso su autoridad, tratándose de un punto de filosofía judía. Véase lo que precede, Introd., pág. XIX-XX. Los esenios habian adoptado ya el dogma griego de la inmortalidad del alma.

[331] Compárese Act., XXIV, 15 á I Tes., IV, 13 y sig.; Fil., III, 11. Cf. Apoc., XX, 5. Véase Leblant, Inscr. chrét. de la Gaule, II, pág. 81 y sig.

[332] Act., XI, 27 y sig.; XIII, 1; XV, 32; XXI, 9, 10 y sig.; I Cor., XII, 28 y sig.; XIV, 29-37. Efes., III, 5; IV, 11; Apoc., I, 3; XVI, 6; XVIII, 20, 24; XXII, 9.

[333] Luc., I, 46 y sig.; 68 y sig.; II, 29 y sig.

[334] Act., XVI, 25; I Cor., XIV, 15; Col., III, 16; Efes., V, 19; Jac., V, 13.

[335] La identidad de este canto entre comunidades religiosas separadas desde los primeros siglos, acredita que es muy antiguo.

[336] Num., V, 22; Deuter., XXVII, 15 y sig.; Salmo CVI, 48; I Paral., XVI, 36; Nehem., V, 13; VIII, 6.

[337] I Cor., XIV, 16; Justino, Apol. I, 65, 67.

[338] I Cor., XIV, 7, 8, no lo demuestra. El uso del verbo ψάλλω no lo prueba tampoco. Este verbo implicaba originariamente el uso de un instrumento de cuerdas, pero con el tiempo vino á ser sinónimo de «cantar salmos.»

[339] Col., III, 16; Efes., V, 19.

[340] Véase Du Cange, en la voz Lollardi (edic. Didot). Compárense las cantinelas de Cevenols. Avertissemens prophétiques d’Elie Marion (Lóndres 1707), págs. 10, 12, 14, etc.

[341] Jac., V, 13.

[342] Mat., XVI, 28; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; XIII, 30; Luc., IX, 27; XXI, 32.

[343] Act., primeros capítulos.

[344] Act., V, 42.

[345] Véase, por ejemplo, Act., II, 34 y sig., y en general todos los discursos de los primeros capítulos.

[346] I Cor., I, 22; II, 4-5; II Cor., XII, 12; I Tes., I, 5; II Tes., II, 9; Gal., III, 5; Rom., XV, 18-19.

[347] Rom., XV, 19; II Cor., XII, 12; I Thess, I, 5.

[348] Act., V, 12-16. Las Act. abundan en milagros. El de Eutico (Act., XX, 7-12) lo cuenta con toda seguridad un testigo ocular. Lo mismo sucede en cuanto á Act., XXVIII. Comp. Papias, en Eusebio, H. E., III, 39.

[349] Los exorcismos judíos y cristianos fueron considerados como los más eficaces, aun por los mismos paganos. Damascio, Vida de Isidoro, 56.

[350] Act., V, 15.

[351] I Cor., XII, 9 y sig., 28 y sig.; Constit. apost., VIII, I.

[352] Ireneo, Adv. hær., II, XXXII, 4; V, VI, 1; Tertuliano, Apol., 23, 43; Ad Scapulam, 2; De corona, 11; De spectaculis, 24; De anima, 57; Constit. apost., capítulo citado, el cual parece sacado de la obra de san Hipólito sobre los Charismata.

[353] En cuanto á los Mormones, los milagros son cosa cotidiana; cada cual tiene los suyos. Jules Remy, Voy. au pays des Mormons, I, p. 140, 192, 259-260; II, 53 y sig.

[354] Act., IV, 36-37. Cf. ibid., XV, 32.

[355] Ibid., XIII, 1.

[356] Ibid., XXI, 16.

[357] Jos., Ant., XIII, X, 4; XVII, XII, 1, 2; Philon, Leg. ad Caium, párrafo 36.

[358] Esto resulta en cuanto á Bernabé de su nombre Hallévi y de Col., IV, 10-11. Mnason parece ser la traduccion de algun nombre hebreo en el que entraba la raíz zacar, como Zacarías.

[359] Col., IV, 10-11.

[360] Act., XII, 12.

[361] I Petri, V, 13; Act., XII, 12; Papias, en Eusebio, H. E., III, 39.

[362] Act., XII, 12-14. Todo este capítulo en que se cuentan tan íntimamente cuanto guarda relacion con Pedro, parece haber sido redactado por Juan Márcos ó segun sus informes.

[363] No siendo comun el nombre de Marcus entre los judíos de aquel tiempo, no parece que deban referirse á individuos distintos los pasajes en que se trata de un personaje de este nombre.

[364] Compárese Act., VIII, 2 con Act., II, 5.

[365] Act., VI, 5.

[366] Ibid.

[367] Compárese Act., XXI, 8-9 con Papias, en Eusebio, Hist. eccl. III, 39.

[368] Rom., XVI, 7. Es dudoso si Ἰουνίαν proviene de Ἰουνία ó de Ἰουνίας = Junianus.

[369] Pablo los llama sus συγγενεῖς; pero seria difícil decir si esto significa que eran judíos, ó de la tribu de Benjamin, ó de Tarso, ó realmente parientes de Pablo. La primera interpretacion parece con mucho la más probable. Comp. Rom., IX, 3; XI, 14. En todo caso esta palabra implica que eran judíos.

[370] Act., VI, 1, 5; II Cor., XI, 22; Fil., III, 5.

[371] Act., II, 9-11; VI, 9.

[372] El Talmud de Jerusalem, Megilla, fol. 73 d, hace subir el número á cuatrocientos ochenta. Comp. Midrasch Eka, 52 b, 70 d. Esta cifra no debe extrañar á los que han visto esas pequeñas mezquitas de familia que se encuentran á cada paso en las ciudades musulmanas; pero los datos talmúdicos sobre Jerusalem no merecen mucho crédito.

[373] Act., VI, 1.

[374] La epístola de Jacobo está escrita en griego bastante puro; aunque es cierto que la autenticidad de esta epístola no es segura.

[375] Los sabios escribian en hebreo antiguo, un poco modificado: trozos como se encuentran en el Talmud de Babilonia Kidduschin fol. 66 a, acaso se hayan escrito hácia aquella época.

[376] Jos., Ant., último párrafo.

[377] Esto es lo que prueban las transcripciones del griego en siriaco; yo lo he desarrollado en mis Éclaircissements tirés des langues sémitiques sur quelques points de la prononciation grecque. (París, 1849.) La lengua de las inscripciones griegas de Siria es muy mala.

[378] Jos., Ant., loc. cit.

[379] Sat., I, V, 105.

[380] Véanse los textos reunidos traducidos por Eugenio Burnouf. Introd. à l’hist. du buddhisme indien, I, p. 137 y sig. y sobre todo p. 198-199.

[381] Véase Vida de Jesús, p. 181 y 211.

[382] Act., II, 45; IV, 34, 37; V, 1.

[383] Act., V, 1 y sig.

[384] Ibid., II, 45; IV, 35.

[385] Act., VI, 1 y sig.

[386] Véase más arriba, p. 148.

[387] Act., XXI, 8.

[388] Fil., I, 1; I Tim., III, 8 y sig.

[389] Rom., XVI, 1, 12; I Tim. III, 11; V, 9 y sig.; Plinio, Epist., X, 97. Las epístolas á Timoteo no son probablemente de San Pablo; pero tienen mucha antigüedad.

[390] Rom., XVI, 1; I Cor, IX, 5; Filem., 2.

[391] I Tim., V, 9 y sig.

[392] Constit. apost., VI, 17.

[393] Sap., II, 10; Eccli., XXXVII, 17; Mat., XXIII, 14; Marc., XII, 40; Luc., XX, 47; Jac., I, 27.

[394] Mischna, Sota, III, 4.

[395] Talm. de Bab., Sota, 22 a; comp. I Tim., V, 13; Buxtorf, Lex chald. talm. rabb., en las voces צלינית y שובבית.

[396] Act., VI, 1.

[397] Ibid., XII, 12.

[398] I Tim., V, 9 y sig. Comp. Act., IX, 39, 41.

[399] I Tim., V, 3 y sig.

[400] Eclesiastés, VII, 27; Eclesiástico, VII, 26 y sig.; IX, 1 y sig.; XXV, 22 y sig.; XXVI, 1 y sig.; XLII, 9 y sig.

[401] Véase el manuscrito griego n.º 64 de la Biblioteca imperial (fondo antiguo), fol. 11, donde se habla de los trajes de las viudas en la Iglesia oriental. El traje de las calogrías es hoy dia poco más ó menos el mismo; el tipo de la religiosa oriental es el de la viuda, mientras que el de la monja latina es el de la vírgen.

[402] Comp. el Pastor de Hermas, vis. II, ch. 4.

[403] Καλογρία, nombre de las religiosas en la Iglesia oriental. Καλός reune aquí los dos sentidos de «bello» y «bueno».