NOTAS:

[103] “Caigo de vez en cuando en una gran melancolía, como sucede a los que están lejos de su hogar”. (Carta del 19 de agosto de 1497. Roma).

[104] Pensaba en sí mismo cuando hacía decir a su amigo Cecchino dei Bracci, uno de los desterrados florentinos que vivían en Roma: “La muerte me es grata, porque le debo la dicha de volver a mi patria que, viviendo, me estaba prohibida”. (Poesías de Miguel Ángel, edición Carl Frey, LXXIII, 24).

[105] Los Buonarroti Simoni, originarios de Settignano, son mencionados en las crónicas florentinas desde el siglo XII. Miguel Ángel no lo ignoraba; conocía su genealogía. “Somos burgueses de la más noble raza”. (Carta a su sobrino Lionardo, en diciembre 1546).—Le indignaba que su sobrino pensara en ennoblecerse: “Esto no es respetarse; todos saben que somos de la antigua burguesía florentina y tan nobles como el que más”. (Febrero 1549). Trató de rehabilitar a su raza, haciendo que sus gentes volvieran a tomar el antiguo nombre de los Simoni, y fundando en Florencia una casa patricia; pero chocó siempre con la mediocridad de sus hermanos: se avergonzaba al pensar que uno de ellos (Gismondo) era carrero y vivía como campesino. En 1520, el Conde Alejandro de Canossa le escribió que había encontrado en sus archivos de familia, una prueba de que eran parientes. La información era falsa; pero Miguel Ángel la creyó; quiso adquirir el Castillo de Canossa, pretendida cuna de su raza. Su biógrafo Condivi, de acuerdo con sus indicaciones, inscribió entre sus antepasados a Beatriz, hermana de Enrique II, y a la gran Condesa Matilde.

[106] “Nunca he sido, continúa, un pintor, ni un escultor que hace comercio del arte. Yo siempre me he guardado de ello por el honor de mi raza”. (Carta a Lionardo, mayo 2, 1548).

[107] Condivi.

[108] Carta a su padre, el 19 de agosto de 1497. No fué “emancipado” por su padre sino hasta el 13 de marzo de 1508, a los 33 años. (Acta oficial, registrada el 28 de marzo siguiente).

[109] Cartas, 1507, 1509, 1512, 1513, 1525, 1547.

[110] Se encontraron después de su muerte, en su casa de Roma, de 7 a 8,000 ducados de oro con un valor de 4 a 500,000 francos de ahora. Además, Vasari dice que ya había dado dos veces a su sobrino 7,000 escudos y 2,000 a su servidor Urbino. Tenía grandes sumas invertidas en Florencia. La Denunzia de’ beni de 1534 muestra que poseía entonces seis casas y siete terrenos en Florencia, Settignano, Rovezzano, Stradello, San Stefano de Pozzolatico, etc. Tenía pasión por la tierra, y compraba constantemente: en 1505, 1506, 1512, 1515, 1517, 1518, 1519, 1520, etc. Era en él una herencia de campesino. Por lo demás, si ahorraba no era para él; gastaba para los otros y se privaba de todo.

[111] Siguen algunos consejos de higiene que demuestran la barbarie del tiempo: “Antes que todo cuida tu cabeza, consérvate moderadamente caliente y no te laves nunca: puedes hacer que te limpien, pero no te laves nunca”. Cartas: 19 de diciembre de 1500.

[112] Cartas, 1506.

[113] En septiembre de 1517, en la época de la fachada de San Lorenzo y del Cristo de la Minerva, “enfermó de muerte”. En septiembre de 1518, en las canteras de Seravezza, cae enfermo de fatiga y disgustos. Nueva enfermedad en 1520, en la época de la muerte de Rafael. A fines de 1521 un amigo, Lionardo el sillero, lo felicita por haberse curado de una enfermedad “de la que muy pocos escapan”. En junio de 1531, después de la toma de Florencia, ya ni duerme ni come, está enfermo de la cabeza, del corazón; este estado se prolonga hasta el fin del año; sus amigos lo creen perdido; en 1539 cae de sus andamios en la Sixtina y se rompe una pierna. En junio de 1544, tiene una fiebre muy grave; lo cuida en la casa Strozzi, en Florencia, su amigo Luis del Riccio. En diciembre de 1545 y enero de 1546, tiene una peligrosa recaída de esta fiebre, que lo deja muy debilitado; lo cuida otra vez Riccio en la casa de los Strozzi. En marzo de 1549, sufre cruelmente del mal de la piedra. En julio de 1555, lo tortura la gota; en julio de 1559 sufre de nuevo por la piedra y dolores de todo género; está muy debilitado. En agosto de 1561, tiene un ataque, “cae sin conciencia, con movimientos convulsivos”.

[114]Febbre, fianchi dolor, morbi occhi e denti”. Poesías, LXXXII.

[115] Julio, 1517. Carta escrita de Carrara a Domenico Buoninsegni.

[116] Julio, 1523. Carta a Bart. Angiolini.

[117] Constantemente en las cartas a su padre: “No se atormente usted” (primavera de 1509). “Me apena que usted viva en semejante angustia, no piense usted en esto, se lo suplico”. (27 de enero de 1509). “No se asuste usted, no tenga ni una onza de tristeza”. (15 de septiembre de 1509).—El viejo Buonarroti parece haber tenido, como su hijo, crisis de terror pánico. En 1521, como se verá más adelante, huyó bruscamente de su propia casa gritando que su hijo lo había arrojado.

[118] “En la dulzura de una perfecta amistad se oculta con frecuencia un agravio al honor y a la vida...”. (Soneto LXXIV, a su amigo Luis del Riccio, que acababa de salvarlo de una enfermedad grave en 1546).—Véase la hermosa carta de justificación que le escribió, en 15 de noviembre de 1561, su fiel amigo Tommaso de Cavalieri, de quien sospechaba injustamente: “Estoy más que seguro de no haberos ofendido jamás; pero creéis demasiado fácilmente a los que menos deberíais creer...”.

[119] “Vivo en continua desconfianza... No tengáis confianza en nadie, dormid con los ojos abiertos”.

[120] Cartas de septiembre y octubre de 1515 a su hermano Buonarroto: “No te burles de lo que te escribo... No debe uno burlarse de nadie; y en estos tiempos, vivir en el temor y la inquietud no perjudica ni al cuerpo ni al alma... En cualquier tiempo es bueno inquietarse...”.

[121] Con frecuencia en sus cartas se llama “melancólico y loco”, “viejo y loco”, “loco y malvado”. Por lo demás, se defiende de esta locura que se le reprocha, alegando que nunca ha hecho daño más que a sí mismo.

[122] Poesías, XLII.

[123]

Ché degli amanti è men felice stato
Quello, ove’l gran desir gran copia affrena,
C’una miseria di speranza piena.

“Es menor felicidad para el que ama,
la plenitud del goce que extingue el deseo,
que la miseria llena de esperanza”.

(Soneto CIX, 48).

[124] “Todo me entristece, escribía... El bien mismo, a causa de su duración demasiado corta, aflije y oprime mi alma tanto como el mal”.

[125] Poesías, LXXXI.

[126] Poesías, LXXIV.

[127] Deben recordarse los años que pasó en las canteras de Seravezza, para la fachada de San Lorenzo.

[128] Por ejemplo, aceptó el encargo del Cristo de la Minerva en 1514, y en 1518 exclamaba desolado por no haber podido ni empezar: “muero de dolor... me parece que soy un ladrón”. Lo mismo por lo que se refiere a la Capilla Piccolomini, de Siena, para la cual había firmado un contrato, en 1501, estipulando que entregaría la obra en tres años. Sesenta años más tarde, en 1561, todavía se atormentaba por el compromiso no cumplido.

[129]Facte paura a ognuno insino a’papi”, le escribía Sebastián del Piombo, el 27 de octubre de 1520.

[130] Conversación con Vasari.

[131] Así en 1534, cuando quiere huir de Pablo III y acaba por dejarse encadenar a la tarea.

[132] Por ejemplo, la carta humillante del Cardenal Julio de Médicis, el futuro Clemente VII, del 2 de febrero de 1518, sospechando que Miguel Ángel se hubiera dejado comprar por los Carraras. Miguel Ángel se inclina, acepta y escribe “que sólo le importa en el mundo complacerlo”.

[133] Véanse sus cartas y las que hizo que Sebastián del Piombo le escribiera después de la toma de Florencia. Se inquieta por su salud, por sus sufrimientos. En 1531 publica un breve para defenderlo contra las impertinencias de los que abusaban de su complacencia.

[134] Compárese la humilde carta de Miguel Ángel a Febo en diciembre de 1533, con la respuesta de Febo en enero de 1534, pedigüeña y vulgar.

[135] “...Si yo no poseo el arte de navegar sobre el océano de vuestro poderoso genio, éste me excusará y no me despreciará, porque no puedo compararme a él. Quien es único en todo no puede nunca ser igualado”. (Miguel Ángel a Tommaso de Cavalieri, 1.º de enero de 1533).

[136] “Hasta ahora me he cuidado de hablar con los desterrados y de tener trato con ellos y me cuidaré todavía más en lo futuro. No hablo con nadie; especialmente, no hablo con los florentinos. Si se me saluda en la calle tengo que responder amistosamente, pero no me detengo. Si yo supiera quiénes son los desterrados florentinos, no respondería de ninguna manera”. (Carta de Roma, en 1548, a su sobrino Lionardo, quien lo ha advertido de que en Florencia se le acusa de tener relaciones con los desterrados, contra los cuales Cosme II acababa de promulgar un edicto muy severo).

Hace más todavía. Reniega de la hospitalidad que recibió estando enfermo, en la casa de los Strozzi:

“En cuanto al reproche que se me hace de haber sido recibido y cuidado, durante mi enfermedad, en la casa de los Strozzi, considero que no estaba en su casa, sino en el cuarto de Luis del Riccio, quien me era muy adicto”.(Luis del Riccio estaba al servicio de los Strozzi). Hay tan pocas dudas de que Miguel Ángel hubiera sido huésped de los Strozzi y no de Riccio, que él mismo, dos años antes, había enviado los Dos Esclavos (ahora en el Louvre) a Roberto Strozzi, para darle las gracias por su hospitalidad.

[137] En 1531, después de la toma de Florencia, después de su sumisión a Clemente VII y de sus cortejos a Valori.

[138] Poesías, XLIX. Probablemente por el año de 1532.

[139] Ibid., VI. Entre 1504 y 1511.

[140]

Né tem’or più cangiar vita né voglia,
Che quasi senza invidia non lo scrivo...
L’ore distinte a voi non fanno forza,
Caso o necessità non vi conduce...

(Poesías, LVIII. Sobre la muerte de su padre; 1534).

[141] Ibid., CXXXV.

[142] La descripción que sigue se inspira en diversos retratos de Miguel Ángel: principalmente en el de Jacobo del Conte (1544-1545) que está en los Uffizi, y del cual Marcelo Venusti hizo una copia atenuada (Museo del Capitolio); en el grabado de Francisco de Holanda, que data de 1538-1539; en el de Julio Bonasoni que es de 1546, y en la descripción de Condivi, hecha en 1553. Su discípulo y amigo Daniel de Volterra hizo después de su muerte varios bustos de él. Leone Leoni grabó en 1561 una medalla con su efigie.

[143] Así lo vieron todavía los que mandaron abrir su ataúd en 1564, cuando fué llevado su cuerpo de Roma a Florencia. Parecía dormido, con su sombrero de fieltro en la cabeza y en los pies sus botas con espuelas.

[144] Condivi. El retrato de Venusti los representa bastante grandes.

[145] Hacia 1490-1492.

[146]

L’affectuosa fantasia,
che l’arte mi fece idol’e monarca...

“La fantasía apasionada
que me hizo del arte un ídolo y un monarca”.

(Poesías, CXLVII. Entre 1555 y 1556).

[147] Se llamaba a sí mismo escultor y no pintor. “Ahora, escribe el 10 de marzo de 1508, yo, Miguel Ángel, escultor, he comenzado las pinturas de la Capilla (Sixtina)”. “Ése no es mi oficio, escribía un año después... pierdo mi tiempo sin utilidad”. (27 de enero de 1509).

Nunca cambió de opinión sobre este punto.

[148] Poesías, CXLVII.

[149] Dante. Paraíso, XXIX, 91.