[217] Hopalandas, propiamente vestiduras largas.
[218] Jalbegar y jalbiego dícese en Extremadura, de enjalbegar, de ex-albicare, encalar las paredes.
[219] Aloja, bebida de agua, miel y especias.
[220] Cerilla, unto, como cera, para afeite (Celestina, mi edic.), así como sals-er-illa.
[221] Del achaque de martirizar su rostro las dueñas con mil suertes de menjurges y mudas se burló varias veces el autor del Quijote. En la comedia La Casa de los celos dirige a Angélica estas razones la Dueña:
“¿Cuándo, señora, veremos
El fin de nuestros caminos?
¿Cuándo de estos desatinos
A buen acuerdo saldremos?
¿Cuándo me veré ¡ay de mí!
Con mi almohadilla sentada
En estrado y descansada,
Como algún tiempo me vi?
¿Cuándo de mis redomillas
Veré los blancos afeites,
Las unturas, los aceites,
Las adobadas pasillas?
¿Cuándo me daré un buen rato
En reposo y sin sospecha,
Que traigo esta cara hecha
Una suela de zapato?”
[222] Sobre sus chapines, para dar a entender lo altos que eran, y de tantos corchos.
[223] Costillas de borrenas, almohadillas, como en los borrenes de la silla de cabalgar; lana-plenar, como terraplenar. Borrenas se decía, como borrenes. P. Espin., Elog. retr.: “Con silla de borrenas”. Eug. Salaz., Cart., p. 32, 37.
[224] Así dice el manuscrito de Frías, y así debía decir. En la primera edición de Zaragoza imprimieron aplanase, y de aquí todas.
[225] “la frente, y encajándose”. (Los impresos.) Y es mejor lección.
[226] Juego de muchachos, pesado y poco limpio, que aún se conserva en algunos pueblos.
[227] Visión, fantasmón, por lo fea y risible.
[228] Andularios, vestidura larga. Quev., C. de c.: “Asiéndole de los andularios”.
[229] “la muerte en las manos”. (Edic. de Zaragoza y siguientes).
[230] Pantasma se dice todavía por fantasma.
[231] Persil., 1, 2: “Cuando revistiéndosele a Transila el mismo espíritu que tuvo al tiempo que se vió en el mismo acto y ocasión que su padre contaba”.
[232] Porque ya no tenían. Todo esto lo pintó Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache, 2, 3, 7.
[233] “coméis los ladrones”. (Edic. de Zaragoza y posteriores).
[234] Herrería, dícese del repiquetear de broqueles y espadas y de cualquier estruendosa batahola. Amante lib.: “Por ver en qué paraba aquella grande herrería que sonaba”. Señ. Cornel.: “Estuvo atento y no sintió palabra alguna: la herrería era a la sorda”.
[235] Se tomaban ya de los años, como se toma de herrumbre o moho una cosa.
[236] Gorjearse, hablar de gorja, haciendo ostentación y regodeándose. Zamora, Monarq., 3 Visit.: “Se estaba en la cama gorjeando con su alma”.
[237] “desvaneciéndose de ponleví y naguas”. (Edic. de Zaragoza y posteriores.) Ponleví, del fr. pont levis, puente levadizo, por la curva de la suela y el hueco entre la punta del calzado y el tacón, forma francesa que se daba al calzado, tacón de madera muy alto, derribado hacia adelante y disminuyendo por su parte semicircular desde el arranque hasta abajo.
[238] Palabra compuesta por Quevedo del adverbio de tiempo muy remoto antaño.
[239] “Otras en palanquillas tocadas de adentro y recatadas de afuera, eclipsaban el ojo para ser eclipsadas y eclipsar, que los eclipses son su fuerte”. (Ms. de Lista).
[240] Gorgoritas son los quiebros que, especialmente en el canto, se hacen con la voz en la garganta.
[241] “vestidos de noli me tangere” (Ms. de Frías.) Nolimetangere, llagas del rostro propiamente, que, tocadas, se empeoran: alude a la frase de Cristo resucitado a la Magdalena.
[242] Romanar, pesar con romana, aquí llevadas en peso de manera parecida en la litera.
[243] Escarpines, paño o tela debajo del calzado, que recoge el sudor.
[244] Fregenal, olor a cuero y tenería, por los famosos que en Fregenal de la Sierra se curtían, y por lo mismo dice Quevedo (jác. 5): “Del cardo de Fregenal | mucha penca se pregona | y le gastan las espaldas | más que ensaladas y ollas”. El rebenque y azote se hacía de dos tiras pespuntadas de cuero duro, y por parecerse a la penca del cardo y estar hecho del cuero de Fregenal, dice esto Quevedo.
[245] Reciennaciéndose, desantañándose, dándose por muy niñas.
[246] Niña postiza, la muñeca con que las niñas juegan.
[247] “perspectiva o arismética”. (Los impresos.) Quiere decir que las que se hacían niñas con juguetes y muñecas, callaban la muerte, que esto es la vieja, como callan las niñas la caca y hacían que los ojos que las miraban calculasen y contasen por cunas (haciendo pasar) los que eran ataúdes, esto es, las literas en que iban; a los que miraban a las niñas viejas de dentro, parecían cunas, siendo ataúdes.
[248] Estoflerino, latinizado el nombre Juan Stoffler o Stoeffler, célebre astrónomo suavo, que nació en Justingen por los años de 1452. Continuó las efemérides de Regiomontano (Muller) desde 1482. En 1499 presentó unas nuevas, calculadas para los veinte años siguientes, al Senado de Ulma, que le dieron grande reputación. Publicó otras para 1524, anunciando que, por efecto de la conjunción de los grandes planetas, habría el 20 de febrero una inundación tan grande que trastornaría la superficie del globo. Grande terror produjo esto y pusilanimidad en las gentes, que buscaron asilo en las altas montañas y prepararon barcas para salvarse con su familia. El mes de febrero llegó y fué, a pesar de la conjunción, muy seco: Stoffler se apresuró a explicar las causas que desconcertaron sus predicciones y sus cálculos continuaron siendo muy buscados. Murió en Viena el año de 1531.
Magino. Maxino dice el original manuscrito. Máximo la edición de Zaragoza y todas las posteriores, hasta la de Sancha, en que se lee Maximio. Obras de este célebre astrónomo: Ephemerides coelestium motuum Io. Antonii Magini, patavini, ab anno 1598 usque ad annum 1610, secundum Copernici observationes accuratissime supputatae et correctae; ad longitudinem inclitae Venetiarum urbis. Venetiis, apud Damianum Zenarium, 1599.—Tabulae secundorum mobilium coelestium. Authore Io. Antonio Magino, patavino, philosophiae, ac mathematicarum professore. Cum privilegiis. Venetiis, M.D.LXXXV. Ex officina Damiani Zenari. El afamado matemático paduano Juan Antonio Magín murió el año de 1617.
De Origano: Annorum priorum 30 incipientium ab anno Christi 1595, et desinentium in annum 1624, Ephemerides Brandenburgicae coelestium motuum et temporum; summa diligentia in luminaribus calculo duplici Tychonico et Prutenico, in reliquis planetis Prutenico seu Copernicaeo elaboratae, a Davide Origano glacense germano, mathematico in Academia electorali Brandenburgica profesore publico et ordinario. Typis exscripsit Joannes Eichorn. Anno 1609. Apud Davidem Reichardum bibliopolam stetinensem.
Andrés Argoli nació en el reino de Nápoles en 1570. Dedicado a la Filosofía y a la Medicina con aprovechamiento singular, no se libró de caer en los sueños de los astrólogos. Perseguido por sus émulos, se retrajo a Venecia. El Senado le acogió favorablemente, le proveyó de instrumentos para sus observaciones y le nombró matemático de la Universidad de Padua, y en 1640, caballero de San Marcos. Murió en 1653. Escribió: De diebus criticis, Primi movilis tabulae, Observaciones sobre el cometa de 1653, y, por último, las Efemérides:
Andreae Argoli à Talliacozzo. Novae coelestium motuum Ephemerides. Ad longitudinem Almae Urbis. Ab anno 1620 ad 1640 ex ejusdem Auctoris tabulis supputatae, quae congruunt Danicis, Rodulphinis, et Tychonis Brahae è Coelo deductis observationibus. Romae. Ex Typographia Guillelmi Facciotti. M.DC.XXIX.—Andreae Argoli Medici, Philosophi, ac in celeberrimo Patavino Gymnasia mathematicas profitentis, Ephemerides annorum L iuxta Tychonis hypotheses, et accurate è Coelo deductas observationes. Ab anno 1630 ad annum 1680. Cum privilegiis. Venetiis, 1638.
Hemos puesto Argolo en el texto, en vez de Argolio, que dicen los ejemplares de La Hora de todos, manuscritos e impresos.
[249] Zurr-ido, posverbal participal de zurrir, el sonar bronco. Ávil., Ep., 34: “Mirando como ya es todo pasado y los que ve están ya olvidados y todo se haya pasado así como agua que corría con zurrido”. También zurrí-o. Laso Orop., Lucano, p. 108: “No es aún apagada la tempestad, sino anda debajo las aguas con sordo zurrío”.
[250] Dejó de primera intención el amanuense de Quevedo la fecha en blanco, y la llenó después con tinta más negra, fijando el año que corresponde al en que se pensaba publicar el libro, propósito que desbarató la prolija enfermedad y muerte de don Francisco. Esta pequeña circunstancia del manuscrito es de gran momento para fijar la cronología.
[251] “Escribió Quevedo este libro año de 1645”. (Nota absurda de la edición de Bruselas).
[252] Sobre raigones no salen los dientes.
[253] “bestiales del sitio de sus criados. Oíase”. (Ms. de Frías.) Arpadas, lisonjas quebradas, cortadas, como los gorjeos y quiebros de aves.
[254] Galopín, mozo de cocina.
[255] El coram vobis, la cara, iluminada de simplicidades.
[256] Pujar, subir como en almoneda.
[257] En-cant-usar, engañar como con encant-os. L. Rueda, 1, 110: “Creo que algún bellaco y embaidor me la’ncantusado”.
[258] Zollipo, o sollipo o zolipo, de sollar e hipo, es el hipo (Rosal). Lag. Diosc., 2, 117: “Sana los sollipos y torcijones de vientre”. Zollipar es bostezar. Horozco, Canc., p. 157: “¿Qué zollipas?—Tengo temor que las tripas | se me sequen de vacías”.
[259] Se afilaron de embeleco, sutilizaron y aguzaron su mentira o embeleco.
[260] Cuadro copiado del natural con verdad prodigiosa. La real cámara de Felipe IV, el Conde-Duque, en 1635 y en 1640, y todos los suyos, no pueden estar retratados con pincel más valiente.
[261] Gañar díjose como ganar, de donde gañ-án, el obrero que gaña o gana con su trabajo. Bibl. Ferr. Gen., 47, 32: “Que varones de gañado son”. En Aragón, guañar por ganar (Blancas, Com. comitiis). S. Badaj., 2, p. 74: “No espera, soltá el gañado”.
[262] “por hacerle creer había estornudado, le saludaron con la frase acostumbrada. Pues cógele la hora”. (Edic. de Zaragoza y siguientes).
[263] Dios le ayude, o ¡Jesús!, fórmula al ver estornudar a otro, por haberse creído que podría escapársele el alma, cuando ésta no era más que el aliento (Cejador, Tesoro, N, 17).
[264] Encreyentes dicen las ediciones. L. Rueda, 1, 20: “Pues le he hecho encreyente a este animalazo qu’esta caratula es el rostro de Diego Sánchez”. Torr., Fil. mor., 24, 6: “Queriendo hacer encreyentes a los ojos, como si aquello fuese verdadero”. Nótese, con todo, que puede ser adverbial la forma plural, o rutinaria, por el en justos y en creyentes, pues encreyentes se repite en Quevedo. Rom. 69: “No me has de hacer encreyentes | que pueden volar mis zancas”. C. de c: “No me lo harán encreyentes cuantos aran y cavan”.
[265] Mosqueándose de, librarse de, zafarse de, como sacudiendo las moscas. J. Sal., c. 7: “Y el mismo Papa al mismo P. Méndez le mosqueó de Roma... ofendido de sus extravagancias”. Queved., Entret.: “Empezó a mosquearse de él”.
[266] El acatarrado pierde bastante el olfato, y el oler su regüeldo le valió.
[267] Chocando, metáfora del tocar las cadenas, etc., en la piedra de toque, para aquilatarlas.
[268] Migajas de, pedacillos de vidrio.
[269] Claveque, piedra semejante al diamante, pero de poco valor.
[270] A. Pérez, Viern. 2 cuar., f. 480: “¿Por qué no les hablábades claro, pan por pan y vino por vino?”
[271] Pegar la boca a la pared, resolverse a callar la necesidad que se padece, por grande que sea.
[272] Corr., 547: “La cara descubierta. (Que puede parecer sin correrse de nada feo: puede parecer la cara descubierta, puedo ir la cara descubierta)”.
[273] Cácer., ps. 17: “Buen trato, liso y con mucha llaneza, sí por sí, no por no”.
[274] Cardas, propias de la carda u oficio de ladrón. De medio a medio, enteramente.
[275] Contraste, platero que tiene el oficio de contrastar el oro y plata. Zabal., Día f., 1, 18: “Que valen mucho más, como consta por la fe del contraste”.
[276] Enviarle noramala, con cajas destempladas, despedir malamente.
[277] Letra entre piernas, de la frase rabo entre piernas, avergonzado y como perro huído.
[278] Pegársela, engañarle, darle una pega, darle la pega, de la pega de la bota.
[279] “con inmensa marbolla”. (Edic. de Zaragoza y todas las posteriores.) En vez de marbolla quisieron tal vez decir barbulla.
[280] Cosetada, propiamente carrera en el cos-o, luego empujón. En este segundo sentido úsase en Extremadura. Cuent. d. c.: “Fuese tras él dando cosetadas”. De aquí coset-ear. L. Ariz, Hist. Ávila, f. 38: “Coseteando por el coso”.
[281] “Empelotáronse”. (Desde la edición de Zaragoza, todas.) Autos s. xvi, 3, 335: “Ansí por nuesos pecados | al osario de Sigüenza | hemos d’ir empelazgados”. De pelazga, contienda, de pelaza, pelea, pelo. Trag. Polic., 7: “Y esta pelazga nos tienen agora guardada”.
[282] Maul-ero, el que anda en maulas o engaños. Solís, El amor, j. 2: “Aquí hay maula”.
[283] “los gatos, unos con otros, con grande séquito”. (Edic. de Zaragoza, y de allí todas).
[284] Al verdugo, que es guardajoyas, de como en el traidor de Galalón (Quij.), para hacer resaltar más el calificativo.
[285] Asurarse, abrasarse, aquí perturbarse, echarse a perder. Torr., Fil. mor., 25, 4: “Se asuran los niños como las ollas, con el calor demasiado”.
[286] Taita, voz de niños llamando al padre. J. Pin., Agr., 21, 8: “Lo primero que los niños aprenden decir para con los padres es taita, y lo que primero saben decir a las madres es mama”. Véase Cejador, Tesoro, A, 43.
[287] Andar a daca y toma, en dares y tomares. Corr., 505: “A daca y toma. (Andar a trocar; trueco de muchachos, que no se fían, y truecan dando y tomando; dícese de los interesados y desconfiados en tratar siempre con resguardo.)” Tomarse del vino, emborracharse.
[288] “patio de palacio.” (Edic. de Zaragoza, y de allí todas).
[289] “con otros sobre cuál llegaría primero, nevaron”. (Edic. de Zaragoza, y de allí todas).
[290] Cartapel, escrito largo para fijar bandos y edictos y cualquier papel grande de mucha letra muy metida.
[291] Recuérdense los impertinentes advertimientos al Príncipe que de aquellas calendas se ven impresos; téngase en cuenta el fin principal y de importancia suma a que tiraba el castellano Lipsio; no se pierda jamás de vista que le era forzoso remedar y traducir aquí los desatinos de los áulicos y curanderos políticos, y entonces no nos parecerán menos ridículos e ingeniosos que los que había dejado por modelos el rey de los escritores españoles: los arbitristas de Dinamarca. Por lo bien dibujados, rivalizan con don Quijote, deseando aconsejen al Monarca junte en la Corte, y en un día señalado, a cuantos caballeros andantes vayan por la Península, que tal podría venir entre ellos que sólo bastase a destruir toda la potestad del turco. En lo extravagante se igualan casi al arbitrista del Hospital de la Resurrección, en Valladolid, proponiendo se mande a todos los vasallos de Su Majestad ayunar una vez en el mes a pan y agua, reduciendo a dinero el gasto de aquel día para que, con provecho de sus cuerpos y de sus almas, tuviesen el lauro de desempeñar en veinte años las cargas del Tesoro: ocurrencias felicísimas y muy difíciles de superar. El autor de El Diablo cojuelo queda muy inferior a Cervantes y Quevedo burlándose de estos abejarucos políticos. Los arbitristas no fueron una plaga del reinado de los Felipes: abundaron en todos los siglos.
[292] Corr., 510: “Alza, Dios, tu ira. (Dícese de una persona, cuando se refiere que se enojó mucho; dando a entender que se arrebató demasiado.)” Sobre em-borr-ull-arse, en Cejador, Tesoro, B.
[293] Barbulla, posv. de barbull-ar, bullicio, parloteo. Guevara, Men. Corte, 12: “Son tantas las barbullas, tráfagos y mentiras”.
[294] “como hideputas”. (Las impresiones de Zaragoza y siguientes).
[295] “1634, miércoles 29 de noviembre.—Por descuido de unos mozos se encendió el fuego en lo accesorio de las caballerizas del Rey, y, sin poderlo remediar, se quemaron cuarenta y dos caballos de coches, con la casa en que estaban, que es distante de la principal de los caballos regalados.
“1640.—Por Carnestolendas se prendió fuego en el cuarto principal del Retiro, que cae hacia San Jerónimo, y, sin poderlo remediar, se quemó mucho, con dos torres principales y la mayor parte del cuarto que mira a Madrid, y por librar las alhajas, que eran entonces muy ricas, se quebraron y maltrataron muchas y de mucho precio. Volvióse a reformar todo con diligencia. El pueblo, que de accidentes saca conjeturas, juntó los tres de estos años, diciendo que en el uno había dado en agua; en el otro, en aire, y en éste, en fuego; que sólo faltaba que diese en tierra, y que así dió con la caída del Conde-Duque, que presto sucedió. Fué el daño de medio millón. Reparóse tan presto, que por pascua de Resurrección estaba acabado”. (León Pinelo, Historia de Madrid, Ms.).
Retocada La Hora de todos en 1645, pudo muy bien aludir Quevedo a ambos acontecimientos. Los que Pinelo refiere en agua y en aire son el de haberse roto la noche de San Juan de 1639 un estanque del Retiro, más alto que la cámara real, que pudo poner al Monarca en grave riesgo, y haber al año siguiente un furioso torbellino de viento desbaratado el teatro, maravilloso en luces, toldos, máquinas y tramoyas, levantado sobre barcas en el estanque grande de aquel sitio.
[296] “ha de quemar”. (Desde la impresión de Zaragoza, todas).
[297] Roerle los zancajos, hablar de él mal por detrás, como gozquejo que ladra y a los zancajos se tira. Cácer., ps. 100: “Aquéllos que andaban royendo los zancajos: 'Detrahentem secreto proximo suo'”.
[298] Tablet-ear, hacer ruido como con tabletas.
[299] Corr., 522: “En un tris. (Denota suma brevedad, como la de un golpe; tómase del sonido de una cosa que se quiebra, como de vidrio o barro, y significa también el punto de peligro en que estuvo algo para caerse o quebrarse: estuvo en un tris, no faltó un tris, no faltó sino un tris.)”
[300] La vuelta y demasía que se pagaba en los cambios, según se hacían éstos en oro, plata o calderilla, por la baja que sufrió en aquellos tiempos la moneda de cobre.
[301] Quevedo, en El Chitón de las taravillas, escribió que al comenzar el año de 1630 se hablaba del doblón y del real de a ocho como de los difuntos y se decía: “El oro que pudre, la plata que Dios tenga”. Aquí, en 1636, se acuerda de ellos como Jorge Manrique se acordaba de los sucesos de su juventud en la copla XVI:
“¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los Infantes de Aragón,
¿Qué se hicieron?”
De modo que, habiendo tocado a gloria nuestro escritor en el primer discurso, abrigando la esperanza de que habían desaparecido para siempre los males ocasionados al reino por las desacertadas leyes del trueco de la plata, tuvo que refrenar su gozo cuando vió, transcurridos seis años, que el Gobierno era impotente para restaurar la Hacienda de España, cancerada desde los tiempos de Felipe II.
[302] Mataperros, la bola y morcilla y zarazas con que se les mata.
[303] “No fiéis la tajada al gato, que os ha de pagar con arañazos. Y si gustan del pescado, se les indigesta después el bolso y se van de hartadizos, echando ventosas”. (Ms. de Lista).
[304] “viejos y muertos”. (Los impresos todos).
[305] Pantasma, la figura, la persona del viejo podrido, pero que tenga dinero, por lo que luego los llama estantiguas, y carroños, de carroña o esqueleto mondo, comido de grajos.
[306] Mejicanos, doblones de oro mejicano, unto mejicano.
[307] “una parte moderada”. (Los impresos).
[308] “Y no lo hago de codicia, sino de generosa, que, por haberlo sido, desportillé mi honra a golpe de dragón y a son de calderilla: no la abolléis vosotras tan pobremente, que alhaja mal apreciada deja de serlo”. (Ms. de Lista).
[309] Mam-ullar, pronunciar como mam-ando, por falta de dientes.
[310] “tomasas”. (Constantemente se ha impreso.) Ambas voces pueden subsistir como formadas del verbo tomar por el genio suelto y desenfadado del autor de La Hora de todos.