FILEMON Y BAUCIS.
Despues de esta narracion calló Aqueloo, y todos se quedaron admirados de una cosa tan portentosa; pero Piritoo, hijo de Ixion, que no tenia respeto á los Dioses, y que era de ánimo feroz, se burló de la credulidad de sus compañeros. „Tú nos cuentas, dijo á Aqueloo, unas patrañas, y juzgas que los Dioses son todopoderosos, y quitan y ponen á las cosas sus figuras.” Todos se quedaron espantados, y ninguno aprobó semejantes blasfemias; y tomando la mano Lelex, grave ya en edad y prudencia, dijo asi: „Es inmenso y no tiene fin el poder del cielo, y los Dioses hacen todo lo que quieren; y para que menos lo dudes has de saber que en los montes de Frigia hay una encina inmediata á un tilo, cercada con un pequeño muro; yo mismo ví el parage cuando Piteo me envió á este pais, en que reinaba en otro tiempo su padre. Bien cerca hay un estanque, que antes fue tierra habitable, y ahora es una laguna frecuentada de cuervos marinos y cercetas. Júpiter en figura de hombre mortal vino al tal sitio, acompañado de su hijo Mercurio sin alas ni caduceo.
(88) Júpiter y Mercurio hallan hospitalidad
en casa de Filemon y Baucis.
„Despues que en muchas casas pidieron hospedage, y les fue negado, llegaron por último á una pequeña cabaña, cubierta de paja y cañas palustres, en la que los recibieron con mucho agasajo Filemon y Baucis su muger, anciana llena de piedad, como tambien su marido. Los dos de igual edad se habian casado muy jóvenes, y envejecido en aquella pobre choza. Pobres y sin bienes habian sabido con su virtud disminuir los riesgos de la indigencia. Ellos solos en esta cabaña eran los señores y criados, y componian toda la familia; ellos mismos daban las órdenes, y ellos las egecutaban. Luego que Júpiter y Mercurio entraron bajando la cabeza, porque la puerta era muy baja, Filemon les rogó que descansaran, presentándoles unos asientos, sobre los cuales Baucis puso un poco de paja para que estuviesen con mas comodidad: despues desenvolvió la caliente ceniza, y buscó entre ella algunas pequeñas brasas que habian quedado del dia anterior, y poniendo sobre ellas hojas y virutas secas, á fuerza de soplar con fatigado aliento estas concibieron llamas; y para cebarlas arrancó del techo de la choza algunos manojos y ramos menudos, y partiéndolos en trozos, los aplicó á un pequeño caldero que habia puesto con agua á la lumbre, y al mismo tiempo cortó y preparó unas verduras que su marido habia cogido en un pequeño huerto: él entre tanto alcanzó con una horquilla una espaldilla de tocino que estaba colgada en una negra viga, y cortando de ella una pequeña parte, la puso á cocer en el agua hirviendo del caldero. Para que á los Dioses no se les hiciese largo el tiempo que gastaban en disponer la comida, les entretuvieron con varias conversaciones. En un rincon pendia de una asa encorvada un barreño de haya, que Filemon llenó de agua para que se lavasen los pies.[55] Habia tambien en medio de la choza un tarimon ó lecho de madera de sauce con los pies de lo mismo, sobre el cual estaba un jergon rehenchido de suaves ovas, en el cual extendió la vieja Baucis una manta que solia servirles para los dias de fiesta, bien que vil y despreciable, y acomodada á la armadura de sauce. Sentáronse en él los Dioses, y Baucis arregazada y temblando de vejez puso la mesa; pero por desgracia tenia desigual un pie, y lo remedió poniendo debajo un pedazo de teja. Despues que la enderezó, limpió y cubrió con hierba buena, sirvió y puso sobre ella aceitunas aderezadas, cerezas, otras hierbas y raices conservadas y adobadas en vino, queso y algunos huevos asados en el rescoldo,[56] y todo servido en platos de barro. Un jarro de la misma materia, con unos vasos de haya bien encerados por dentro, componian toda la bajilla. Despues de esto sirvieron la comida condimentada,[57] y vino, que no era muy añejo, y por postres[58] nueces, higos pasos, sazonados dátiles, ciruelas, manzanas olorosas y uvas recien cogidas, todo en un canastillo, y en medio de todo ello un blanco panal. La comida era á la verdad frugal; pero dada con buen semblante, y lo que vale mas que todo con una sincera voluntad. Entre tanto las dos buenas personas advirtieron que el jarro se llenaba por sí cuando quedaba vacío, y que el vino se aumentaba en vez de disminuirse. Atónitos á la vista de este prodigio, se pasman, y levantan sus manos trémulas al cielo, pidiendo perdon á sus huéspedes de la comida y del poco aparato de ella. Quedábales aun un ganso que guardaba la cabaña, é iban á matarlo; pero como tenia alas, cansa á Baucis y Filemon, pesados con la edad, y los burla por mucho rato, y al fin huyendo de ellos se acogió á los mismos Dioses, quienes, despues que impidieron le matasen, se dieron á conocer, anunciándoles al mismo tiempo la justa venganza que querian tomar de toda aquella impía poblacion. „Vosotros, les dijeron, quedareis libres del castigo; abandonad al punto vuestra cabaña, y seguidnos: venid con nosotros á la cumbre del monte.” Filemon y Baucis obedecen la órden; y sostenidos en sus báculos, hacen esfuerzos para subir á la cima. No estaban ya de ella tan distante cuanto alcanza el tiro de una saeta, cuando vuelven la vista, y ven todo el pais anegado, excepto su casa. Pasmándose de ver este prodigio, y llorando la triste suerte de sus vecinos, advierten que su reducida cabaña se habia convertido en templo. Las rústicas vigas que la sostenian antes se volvieron columnas magníficas; la paja que la cubria se convirtió en oro, y el suelo estaba enlosado con riquísimos mármores, y la puerta adornada de escultura y bajos relieves; en una palabra, toda la mansion brillaba con el oro. Admirados estaban aun cuando Júpiter les habló en estos términos: „Justo anciano, y tú, digna esposa de un marido tan virtuoso, decidme lo que deseais, y podeis pedirlo con seguridad.” „Todos nuestros deseos, le respondió Filemon con Baucis, despues de haber consultado por un breve espacio con su muger, se limitan á ser los sacerdotes de este nuevo templo; y porque siempre hemos vivido en una perfecta union, quisiéramos tambien morir en un mismo dia: concédeme la gracia de no ver el sepulcro de mi esposa, ni que ella sobreviva á mi funeral.” Júpiter vino bien en otorgarles su peticion, y ellos sirvieron en el templo el resto de su vida. Luego que llegaron á una extrema vejez, un dia que se hallaban sentados en las gradas del templo, y que hablaban de sus extraños acaecimientos, Baucis advirtió de repente que el cuerpo de Filemon se cubria de hojas, y él observó que lo mismo sucedia á su muger. Viendo en seguida ambos que la corteza empezaba á llegar hasta la cabeza, prorumpieron mientras pudieron en estas mutuas expresiones: „Á Dios, querida esposa,” le dijo tiernamente Filemon; „Á Dios, querido esposo,” le respondió Baucis. Apenas pronunciaron estas palabras cuando sus bocas se cerraron para siempre. Un morador de Tiana muestra aun alli los troncos de estos dos árboles, el uno cerca del otro. Esta es, añadió Lelex, la historia que me han contado unos viejos dignos de que se les dé crédito, y que no tenian ningun interes en engañarme. Yo mismo he visto las ramas de estos árboles adornadas de ramilletes y guirnaldas, y aun algunas puse yo diciendo: „De este modo recompensan los Dioses la piedad, y honran despues de su muerte á los que les han dado culto durante su vida.”
Este discurso, pronunciado por un hombre tan sabio como Lelex, habia hecho mella en los ánimos, y especialmente en el de Teseo, quien manifestaba muchos deseos de saber los maravillosos hechos de los Dioses. Aqueloo, que lo notó, apoyado sobre su brazo le habló asi: „Hay muchos que han sido transformados conservando siempre su nueva forma, y hay otros que no la han conservado, sino que han ido transformándose en otras muchas figuras, como tú, ó famoso Proteo,[59] habitador del mar, que te has dejado ver algunas veces bajo la forma de un jóven, otras bajo la de un leon, de un furioso jabalí, de una culebra que causaba espanto, de un toro, de una piedra y de un árbol. Unas veces tomabas toda la fluidez del agua, y se hacia un rio, y otras se convertia en fuego, elemento contrario al agua.”