LA HAMBRE SE APODERA DE ERESICTON.

No tenia menos poder y eficacia, prosiguió Aqueloo, para transformarse en varias figuras la hija de Eresicton,[60] muger de Autólico. Su padre era uno de aquellos impíos que desprecian á los Dioses, y que jamas les ofrecen sacrificios. Dicen de él que tuvo la temeridad de cortar con una segur una encina, y de destruir un bosque antiguo,[61] dedicados á Céres. Estaba aquella en medio del tal bosque, y casi le ocupaba ella sola; de cuyas ramas pendian cintas, guirnaldas y pinturas ofrecidas por votos, y promesas conseguidas de la divinidad de este lugar. Muchas veces habian danzado las Dríadas debajo de esta encina; y otras, asiéndose de las manos, rodearon lo grueso de su tronco, que tenia quince codos de circunferencia, y que excedia á los demas árboles en la misma proporcion que ellos exceden á la yerba. Mas nada de todo eso sirvió de estorbo á Eresicton para mandar á sus criados que cortasen aquel privilegiado árbol; y como viese que no se atrevian á obedecerle, quitando á uno de ellos el hacha: „No le valdrá, dijo, á este tronco para dejar de caer á tierra el estar dedicado á Céres, ni el que fuera la misma Diosa la que habitase en él.” Dichas estas palabras, empezó á darle los primeros golpes; pero apenas fue herido el árbol cuando se le vió temblar, y demostrar su sentimiento;[62] las hojas, las ramas y bellota de que estaba cubierto mudaron de color. Cortada la corteza, empezó á correr sangre en lugar de humor con tanta abundancia, como la de un grueso toro cuando se inmola como víctima al pie de los altares. Á la vista de este prodigio todos los circunstantes se pasmaron; y uno de ellos, despues de haber abominado la maldad que su amo iba á cometer, quiso quitarle la hacha; pero mirándole Eresicton con indignacion: „Recibe, le dijo, cortándole la cabeza con la misma hacha, el premio de tu piadoso corazon,” y continuó repitiendo los golpes en la encina. De lo interior del árbol salió una voz que articulaba estas palabras: „Yo soy una Ninfa querida de Céres, que habito este árbol; has cortado el hilo de mi vida, y en el momento de mi muerte pronostico las penas que estarán bien presto sobre tí por este hecho, y es el único consuelo con que rindo mi vida.” El impío Eresicton, poco asustado de la amenaza, continúa hiriendo el árbol; y viendo que ya se movia á fuerza de tantos golpes, tirado de un lazo cayó, y derribó muchos árboles con el peso. Atónitas las Dríadas con el daño del bosque y suyo, se visten de luto, y tristes se presentan á Céres, pidiéndola castigue una accion tan cruel. Manifestando la bellísima Céres por un movimiento de cabeza, que hizo temblar todos los campos y mieses de que estaban cubiertos, que les otorgaba su demanda, le traza un desgraciado castigo, si él fuera digno de que alguno le tuviera lástima por sus acciones, que era el despedazarlo por medio de una cruel hambre; la cual, porque no conviene á la Diosa (pues los hados no permiten que se junte Céres y la hambre),[63] habló á una de las Ninfas que habian ido á implorar su socorro en estos términos:

„En la extremidad de la helada Escitia hay un lugar triste y tenebroso, donde no se encuentran sembrados ni árboles.[64] Este horroroso clima, en que reina un frio eterno, es la mansion de la amarillez, del temblor y de la hambre. Parte y dile á esta de mi órden que se introduzca hasta el interior de las perversas entrañas del sacrílego Eresicton; que haga de modo que nada pueda saciarla, y que sean inútiles por su obstinacion en atormentarle todos los socorros que yo proporciono contra la hambre. Y porque no te amedrente lo largo del camino, he aqui te presento mi carro, y estos dragones[65] que te conducirán por medio de los aires.” Subiendo la Ninfa á él, llegó en poco tiempo á la Escitia sobre la cumbre del monte Cáucaso, donde encontró á la hambre en medio de un campo cubierto de piedras, que arrancaba algunas escasas yerbas con las uñas y dientes. Tenia el cabello erizado y desgreñado, los ojos hundidos y cárdenos, el rostro amarillo, los labios denegridos, los dientes podridos con el sarro, su piel acartonada y transparente, por la cual se le podian ver las entrañas, y los huesos sobresalian á las escasas carnes de sus lomos. Su pecho parecia que pendia, y que se sostenia de la textura del espinazo, y por vientre solo se veia el lugar donde debia estar colocado. Su gran flaqueza descubria sus músculos y nervios; y los huesos de sus rodillas y tobillos presentaban el aspecto de unos globos. Luego que la vió la Ninfa de lejos (porque no se atrevió á acercar), la intimó la órden de la Diosa. Á pesar de esta precaucion en el poco tiempo que tardó, y en el lugar distante en que se hallaba, se sintió penetrada de la hambre; y volviendo las riendas á los dragones de su carro, se restituyó por los aires á Tesalia.

La hambre, aunque muy contraria á Céres, cumplió sus órdenes. Conducida por los vientos llegó á la casa de Eresicton. Era de noche, y en medio del profundo sueño que tenia embargados sus sentidos todos, le estrecha entre sus brazos. Introduciéndose despues en sus entrañas la horrible Diosa, derramó su veneno en su boca, garganta y pecho, haciéndole circular por sus venas. Despues que cumplió la órden de Céres abandonó una tierra donde reinaba la abundancia, y se volvió al clima estéril que es su mansion ordinaria. Eresicton estaba todavía entregado á la dulzura del reposo, bien que ya remiso, cuando empezó á sentir los rigores de la hambre. En las fantasmas del sueño creia comer, y movia la boca y dientes como si verdaderamente hubiese comido, fatigando de este modo su garganta por la vana representacion de un manjar imaginario. Luego que despertó sintió devorar por la hambre mas cruel asi su famélica garganta como los senos de sus entrañas, y mandó buscar sin la menor dilacion los alimentos que producen el mar, la tierra y el aire. Cuando su mesa estaba cubierta con profusion, se quejaba de que no tenia con que saciarse, y en medio de la abundancia buscaba codiciosamente con que satisfacer la hambre que le devoraba. Lo que podia ser bastante para alimentar á ciudades y pueblos enteros no le era suficiente: cuanto mas comia tanto mas deseaba comer: asi como el mar, que recibe en su vasto seno todos los rios de la tierra sin que sus aguas rebosen; ó como el fuego, que devora toda la leña que se le arroja, y lejos de entibiar su ardor por la cantidad de las materias que consume, cobra nuevas fuerzas á proporcion de la cantidad.”