Grabado

Intiman el llamamiento a los más dignos por su clase...

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Así en innumerable muchedumbre revoloteaban bajo la bóveda del infierno.

Pero ¡oh maravilla! los que antes semejaban superar en altura a los gigantes, hijos de la Tierra, son ahora menores que los enanos más pequeños, amontonándose innumerables en un reducido espacio, parecidos a los pigmeos que se encuentran allende las montañas de la India, o a los duendes que el rezagado campesino ve o imagina ver en sus conciliábulos de media noche, junto al lindero de un bosque o a la orilla de una fuente, mientras sobre su cabeza sigue tranquila la luna su pálido curso, acercándose más a la tierra, y los locuaces espíritus, entregados a sus danzas y juegos, halagan el oído del aldeano, cuyo corazón late a la vez de regocijo y miedo[48].

De este modo aquellos espíritus incorpóreos redujeron su inmensa estatura a las más diminutas formas, y casi todos se hallaron, aunque seguían siendo innumerables, en el salón de aquella corte infernal. Pero más allá, interiormente, en sus verdaderas proporciones, y entre sí muy semejantes, hallábanse reunidos en un sitio retirado los grandes señores seráficos y los querubines; y mil semidioses, sentados en sillas de oro, constituían en secreto cónclave un consejo pleno, en que después de breve silencio, y leída la convocatoria, comenzó la solemne deliberación.

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Sobre un trono de excelsa majestad, muy superior en esplendidez...