CAPÍTULO XXVII

ORIGEN DEL CAPITALISTA INDUSTRIAL

La acumulación primitiva se ha efectuado por la fuerza. — Régimen colonial, deudas públicas, sistema proteccionista.

La acumulación primitiva se ha efectuado por la fuerza.

No es dudoso que muchos jefes de gremios, artesanos independientes, y aun obreros asalariados, se hayan hecho desde luego capitalistas en pequeño y que, poco a poco, merced a una explotación siempre creciente de trabajo asalariado seguida de una acumulación correspondiente, hayan por fin salido de su concha transformados en capitalistas de la cabeza hasta los pies.

Sin embargo, esta transformación lenta del capital no respondía en manera alguna a las necesidades comerciales del nuevo mercado universal, creado por los grandes descubrimientos del siglo XV.

Pero la Edad Media había legado dos especies de capital que prosperan bajo los más diversos regímenes de economía social, y que, antes de la época moderna, ocupan por sí solos la categoría de capital. Tales son el capital usurario y el capital comercial. Ahora bien, la constitución feudal de los campos y la organización corporativa de las ciudades, barreras que impedían al capital-dinero, formado por el doble camino de la usura y del comercio, transformarse en capital industrial, concluyeron por desaparecer.

El descubrimiento de las minas de oro y plata de América, la sepultura en ellas de sus habitantes reducidos a la esclavitud o al exterminio, los amagos de conquista y de saqueo en las Indias orientales, la transformación de África en territorio de caza para la captura de negros, tales fueron los procedimientos suaves de acumulación primitiva con que se señaló en su aurora la era capitalista. Inmediatamente después estalla la guerra mercantil, que llega a tener el mundo entero por teatro. Empezando por la rebelión de Holanda contra España, adquiere proporciones gigantescas en la cruzada de Inglaterra contra la Revolución francesa, y se prolonga hasta nuestros días en expediciones de piratas como las famosas guerras de opio contra China.

Algunos de los diferentes métodos de acumulación primitiva, como régimen colonial, deudas públicas, hacienda moderna, sistema proteccionista, etc., descansan en el empleo de la fuerza; pero todos, sin excepción, explotan el poder del Estado, la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, a fin de precipitar violentamente el paso del orden económico feudal al orden económico capitalista, y abreviar los periodos de transición. En efecto, la fuerza es la partera de toda sociedad en vías de alumbramiento; la fuerza es un agente económico.

Régimen colonial, deudas públicas, sistema proteccionista.

El régimen colonial dio un gran impulso a la navegación y al comercio, y produjo las sociedades mercantiles, a las que los gobiernos concedieron monopolios y privilegios, medios poderosos para efectuar la concentración de los capitales. Dicho régimen proporcionaba mercados a las nacientes manufacturas, cuya facilidad de acumulación se duplicó merced al monopolio del mercado en las colonias. Los tesoros directamente usurpados, fuera de Europa, por el trabajo forzoso de los indígenas reducidos a la esclavitud por el robo y el asesinato, volvían a la madre patria para funcionar allí como capitales. En nuestros días, la superioridad industrial indica la superioridad comercial; pero, en la época manufacturera propiamente dicha, la superioridad comercial es la que da la superioridad industrial. De aquí proviene el importante papel que desempeñó en aquella época el régimen colonial.

El sistema de las deudas públicas, cuya aplicación iniciaron en la Edad Media Venecia y Génova, invadió definitivamente a Europa durante la época manufacturera. La deuda pública, o, en otros términos, la enajenación del Estado, ya sea este despótico, constitucional o republicano, es la que da carácter a la era capitalista. La única parte de la llamada riqueza nacional que entra efectivamente en la posesión colectiva de los pueblos modernos, es su deuda pública.

La deuda pública obra como uno de los agentes más enérgicos de la acumulación primitiva. Con facilidad mágica dota al dinero improductivo de la virtud procreadora, transformándolo así en capital, y sin que por esto se halle expuesto a sufrir los riesgos inseparables de su empleo industrial y aun de la usura privada.

A decir verdad, los que prestan al Estado no dan nada, pues su capital, transformado en efectos públicos de fácil circulación, continúa funcionando entre sus manos como si fuese numerario. Mas, dejando a un lado la clase de rentistas ociosos así creada y la fortuna improvisada de los hacendistas intermediarios entre el gobierno y la nación, la deuda pública ha dado impulso a las sociedades por acciones, al comercio de toda clase de papeles negociables, a las operaciones dudosas, al agiotaje, en suma, a los juegos de Bolsa y a la soberanía moderna de la banca.

Desde su creación, los grandes bancos engalanados de títulos nacionales, no son más que asociaciones de especuladores privados que se establecen al lado de los gobiernos y que, merced a los privilegios que estos les conceden, llegan a prestarle aun el dinero del público.

Como la deuda pública está basada sobre la renta pública, la cual tiene que satisfacer los intereses anuales de aquella, el sistema moderno de las contribuciones era la consecuencia obligada de los empréstitos nacionales. Los empréstitos, que permiten a los gobiernos atender a los gastos extraordinarios sin que los contribuyentes se resientan de ellos inmediatamente, producen al cabo una elevación en las contribuciones; por otra parte, el recargo de impuestos, causado por la acumulación de las deudas sucesivamente contraídas, obliga a los gobiernos, en caso de nuevos gastos extraordinarios, a recurrir a nuevos empréstitos. El sistema fiscal moderno, que descansa ante todo sobre la contribución de los artículos de primera necesidad, y produce, por consecuencia, la elevación de su precio, se ve arrastrado por su propio mecanismo a hacerse cada vez más pesado e insoportable. El recargo excesivo de las cuotas es el principio, no un incidente de dicho sistema, el cual ejerce una acción expropiadora sobre el labrador, el artesano y demás elementos de la clase media.

La gran parte que toca a la deuda pública y al sistema fiscal correspondiente en la capitalización de la riqueza y en la expropiación de las masas, ha llevado a multitud de escritores a ver en este hecho la causa primordial de la miseria de los pueblos modernos.

El sistema proteccionista, con ayuda de los derechos protectores, de las primas de exportación, de los monopolios de venta en el interior, etc., fue un medio artificial de crear fabricantes, de expropiar trabajadores independientes, de transformar en capital los instrumentos y condiciones materiales del trabajo, de abreviar a viva fuerza el paso del antiguo sistema de producción al sistema moderno. El procedimiento de fabricación de fabricantes se simplificó aún en ciertos países donde Colbert había formado escuela: la fuente misteriosa de donde el capital primitivo llegaba directamente a los especuladores, en forma de adelanto y aun de donativo, fue a menudo el tesoro público.

Régimen colonial, deudas públicas, dilapidaciones fiscales, protección industrial, guerras comerciales, etc., adquirieron un desarrollo gigantesco durante la primera juventud de la grande industria.

En resumen, así es como el trabajador se ha divorciado de las condiciones del trabajo, y como estas se han transformado en capital y la masa del pueblo en asalariados. El capital viene al mundo sudando sangre y cieno por todos sus poros.