Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella.
Decidme, lúgubres aves, ¿qué dia fué aquel en que no me augurásteis sino amores desgraciados? ¿Qué astro supondré sea hostil á mis deseos? ¿Qué dioses debo acusar de hacerme la guerra? Aquella que no há mucho se llamaba toda mia; aquella de quien fuí el primero y solo amante, temo no poseerla sino con mil rivales.
¿Me engañé? ¿O es que mis escritos no la han hecho demasiado conocer? Ella era toda mia; mi genio poético ha hecho de ella una cortesana. Y yo lo he merecido: ¿tenia yo necesidad, en efecto, de preconizar su belleza? si ella se vende hoy, la falta es mia. Por mi mediacion ella agrada: soy yo quien le trae amantes; mis propias manos le abren la puerta. ¿Son útiles los versos? esta es una cuestion: ciertamente ellos me han sido siempre funestos; son los que han atraido sobre mi tesoro las miradas de la envidia.
Cuando yo podia cantar á Thebas, Troya ó los altos hechos de César, solo Corina encendió mi genio. ¡Ojalá las Musas hubiesen sido rebeldes á mis primeros esfuerzos, y Febo me hubiese abandonado en medio de mi carrera! Y sin embargo, como es costumbre tomar por testigos á los poetas, que hubiese preferido que la medida hubiera faltado á mis versos.
Nosotros somos los que hemos mostrado á Scyla, arrancando á su anciano padre el cabello fatal, condenada á ver salir de sus entrañas perros furiosos. Somos nosotros quienes hemos puesto alas á los piés, y dado serpientes á la cabellera. A nosotros debe el victorioso pequeño hijo de Abas el hendir los aires sobre un caballo alado. Nosotros hemos dado á Tityo su prodigiosa grandeza, y á Cerbero sus tres bocas y su crin de serpientes. Encélada ha recibido de nosotros mil brazos para lanzar sus dardos, y por nosotros un jóven májico somete los héroes á sus encantamientos. Nosotros hemos cerrado los vientos eólicos en los odres del rey de Itaca; gracias á nosotros el indiscreto Tántalo padece sed en el seno mismo de las aguas; Nicole se cámbia en peñasco, y una jóven vírgen en osa; gracias á nosotros el ave de Cécrops canta el Odrysio Itys; Júpiter se transforma en ave ó en oro; ó, convertido en toro, hiende las ondas, llevando sobre su espinazo una vírgen tímida. ¿A qué recordar no solo á Protea, sino aquellos dientes de donde nacieron los Tebanos? ¿Diré que fué de los toros que vomitaban llamas? ¿ó que lágrimas de ámbar corrieron de los ojos de tus hermanas, desgraciado Faeton? ¿que embarcaciones han sido cambiadas en diosas del mar? ¿que el sol retrocedió de horror, por miedo de alumbrar el horrible festín de Atrea? ¿que los más duros peñascos fueron sensibles á los acordes de una lira?
El vuelo del fecundo genio de los poetas no conoce límites; no se sujeta á la fidelidad de la historia. Tambien se hubieran debido mirar como falsas las alabanzas que daba á mi señora: vuestra credulidad es hoy dia la causa de mi desdicha.