[278] A historia dos cavalleiros da Mesa Redonda e da demanda do Santo Graal, ed. R. von Reinhardstoettner (Berlín, 1887).

[279] Varnahagen, Cancioneirinho de Trovas antigas, Viena, 1870, pp. 165-167.

[280] Historia del rey Vespesiano (Al fin). Esta istoria hordenaron Yacop e Josep Abarimatia que a todas estas cosas fueron presentes, e Jafet que de su mano la escribió... Este libro fue emprimido en la muy noble e muy leal cibdad de Sevilla por Pedro Brun, savoyano, anno del Señor de mill. CCCC. XC. VIII. a XXV dias de Agosto.

[281] Vid. Floresta de varios romances colligidos por Th. Braga. Porto, 1869, pp. 36-38.

[282] España Sagrada, t. XXII, p. 381.

[283] «En la Grande et General Estoria se extractan de la crónica de Monmouth, á la que da el rey el título de Estoria de las Bretañas, todas las proezas atribuidas al hijo de Silvio, no olvidadas tampoco las historias de Corineo y Locrino, de doña Guendolonea y Mandon, Porex y Flerex, Belmo y Brenio, etc.».—Amador de los Ríos, Historia Critica, V, p. 29.

[284] Ed. de Baist, p. 42.

[285] Crónica de Don Pedro Niño, conde de Buelna, por Gutierre Diez de Games, su alférez. La publica D. Eugenio de Llaguno Amírola... Madrid, Sancha, 1782, pp. 29-30.

[286] Para esta sucinta indicación de una de las partes inéditas de la llamada crónica de D. Pedro Niño me valgo de un códice del siglo XVI que poseo. (Este libro ha nombre el Victorial, y fabla en él de los quatro Principes que fueron mayores en el mundo, quién fueron, y de algunos otros breuemente por enxiemplo a los buenos caualleros y fidalgos que han de usar officio de armas y arte de caualleria, trayendo a concordia de fablar de un noble caballero, al qual fin este libro fice.) La traducción francesa de los condes de Circourt y de Puymagre (La Victorial, París, Palmé 1867) está completa, conforme al manuscrito de la Academia de la Historia. Mengua es que el original castellano de tan ameno é interesante libro no haya sido impreso en su integridad todavía. Esperamos que en alguno de los tomos sucesivos de la presente Biblioteca ha de subsanarse la falta.

[287] Vid. t. XXX de la Histoire littéraire de la France, pp. 113-118.

[288] Clemencín, Elogio de la Reina Católica, en el tomo VI de Memorias de la Academia de la Historia, p. 458.

[289] Libro rarísimo, del cual no se conoce más ejemplar que el que perteneció á D. Pedro José Pidal y conservan sus herederos. Al fin dice: «Fue impresa la presente obra en la muy noble e más leal cibdad de Burgos, cabeça de Castilla, por Juan de Burgos. A diez dias del mes de febrero del año de nuestra saluacion de mill e quatrocientos e noventa e ocho años». Los preliminares, la tabla de capítulos y el final de este Baladro se hallan reproducidos en la publicación de Gastón París, de que doy cuenta en la nota que sigue.

[290] Merlin, roman en prose du XIIIe siècle, publié avec la mise en prose du Poème de Merlin, de Robert de Boron... par Gaston Paris et Jacob Ulrich. París, Didot, 1886. Publicado por la Société des anciens textes français. Pp. LXXIII-XCI.

[291] «Aquí se acaba el primero y el segundo libro de la Demanda del Sancto Grial con el Baladro del famosísimo poeta e nigromante Merlin con sus profecias. Ay, por consiguiente, todo el libro de la Demanda del Sancto Grial, en el qual se contiene el principio e fin de la Mesa Redonda, e acabamiento e vidas de ciento e cinquenta caballeros compañeros della. El qual fue impreso en la muy noble y leal ciudad de Seuilla, y acabose en el año de la Encarnación de Nuestro Redemptor Jesu Christo de mil e quinientos e treynta e cinco años. A doce días del mes de octubre.» (Biblioteca Nacional). En el Museo Británico existe otra edición anterior, de Toledo, por Juan de Villaquirán, 1515.

[292] No hemos manejado más edición que la de Sevilla, 1534, por Dominico de Robertis, con el título de Crónica nuevamente emendada y añadida del buen caballero don Tristan de Leonís y del rey don Tristan de Leonís, el joven, su hijo. Contiene, en efecto, una segunda parte, de autor español desconocido, que comienza en la corte del rey Artús, pero que tiene á España por teatro de la mayor parte de las aventuras. Los nombres geográficos de Pamplona, Logroño, Burgos, Nájera y la Coruña; los apellidos de Velasco, Guzmán, Mendoza y Torrente; la intervención del Miramamolín de África, enamorado de la hermosura de la infanta Doña María, no dejan duda sobre el carácter indígena de esta ficción, que, por lo demás, vale poco y no sale de los lugares comunes propios de la decadencia del género caballeresco.

[293] La más antigua edición parece ser la de Toledo, por Juan Varela de Salamanca, á 27 días de julio de 1513. En algunas ediciones del siglo XVII (Alcalá, 1604; Sevilla, 1629) se da por autor de ella á Nuño de Garay, que á lo sumo sería refundidor.

[294] En el tomo I de su Lexique Roman, con el título de Roman de Jaufre (pp. 48-173).

[295] Histoire Littéraire de la France, t. XXII, pp. 224-234.

[296] Histoire Littéraire de la France, t. XXX, pp. 215-217.

[297] Voyage au Purgatoire de St. Patrice. Visions de Tundal et de St. Paul. Textes languedociens du quinzième siècle, publiés par A. Jeanroy et A. Vignaux. Toulouse, 1903. La traducción latina se halla en el raro libro del irlandés O'Sullivan, Historiæ Catholicæ Iberniæ Compendium (Lisboa, 1621), fols. 15-31.

[298] La primera de estas versiones fué publicada por D. Próspero Bofarull en el tomo XIII de la Colección de Documentos inéditos del Archivo de la Corona de Aragón (pp. 81-105); la segunda por Baist (Zeitschrift für romanische Philol., IV, pp. 318-229).

[299] Estoria d'hun cavaleyro a que chamavā Tungulu, ao qual forom mostradas visibilmente e nō per outra revelaçāo todas as penas do inferno e do purgatorio. E outrosi todos os bēēs e glorias que ha no sancto parayso, andando sempre hu angeo cō el. Esto lhe foy demonstrado por tal que se ouvesse de correger e emendar dos seus peccados e de suas maldades (Ms. de la Biblioteca Nacional de Lisboa, procedente del monasterio de Alcobaza). En otro de la misma procedencia, existente en el Archivo de la Torre do Tombo, se lee una versión distinta de la misma leyenda. La primera se atribuye á Fr. Hilario de Lourinham; la segunda á Fr. Hermenegildo de Payopelle.

[300] Historia del virtuoso cavallero dō Tungano: y de las grādes cosas y espātosas que vido en el infierno: y en el purgatorio: y en el Parayso... Fue impressa la presente obra en la Imperial ciudad d' Toledo por Ramon de Petras. A tres dias del mes de Julio. Año de mil y quinientos y veynte y seys Años (N.º 1682 del Catálogo de Salvá). Sobre la Visión de Tundal véase el estudio de A. Mussafia (Sitzungsberichte der Kais. Akad. der Wissench. Viena, 1871, pp. 157-206).

[301] La vida del bienauenturado sant Amaro, y de los peligros que passó hasta que llegó al Parayso terrenal. (Al fin) Fue impressa la presente vida del bienauēturado sant Amaro en la muy noble y mas leal ciudad de Burgos. En casa de Juan de Junta a veynte dias del mes de febrero mil quinientos y LII años (Reproducido fotolitográficamente por el Sr. Sancho Rayón). Continúa reimprimiéndose como libro popular. La tradición del purgatorio de S. Patricio, juntamente con la leyenda italiana del paraíso de la Reina Sibila, se encuentra también en la célebre novela italiana Guerino il Meschino, compuesta por Andrea da Barberino en 1391 y que continúa siendo popular hoy mismo. Existe de ella una traducción castellana sumamente rara: «Cronica d'l noble cauallero Guarino mesquino. En la qual trata de las Hazañas y auenturas que le acontecieron por todas las ptes. del mundo y en el purgatorio de Sant patricio, en 'l monte de Norça donde está la Sibila. (Al fin) Acabose la famosa historia d'l valiēte y muy virtuoso cauallero Guarino llamado Mesquino la qual se imprimio en la muy noble y muy leal cibdad de Seuilla en casa de Andres de Burgos. En el año de nro. Señor jesu Xpo d' mil y quinētos e XLVIII a diez dias de mayo». El traductor fué, según en la dedicatoria se declara, Alonso Hernández Alemán, vecino de Sevilla. La primera edición es la de Sevilla, 1512, citada en el Registrum de D. Fernando Colón. Sobre la leyenda del Paraíso de la Reina Sibila vid. Gastón París, Légendes du Moyen Age, París, 1903, pp. 66-111.

[302] Propiamente lo que dice Cervantes es que fué el primero que se imprimió, y esto todavía parece más dudoso, porque del Amadís no se conoce edición anterior á 1508. Los dos libros de caballerías más antiguos que hasta ahora conocen los bibliógrafos son el Tirant lo Blanch, de Valencia (1490), y el Baladro del sabio Merlín, de Burgos (1498).

[303] Cronica del muy esforçado y esclarescido cavallero Cifar nuevamente impresa. En la qual se cuentan sus famosos fechos de caualleria. Por los quales e por sus muchas e buenas virtudes vino a ser rey del reyno de Menton. Assi mesmo en esta hystoria se contienen muchas e catholicas doctrinas e buenos enxemplos: assi para caualleros como para las otras personas de cualquier estado. Y esso mesmo se cuentan los señalados fechos en caualleria de Garfín, e Roboán hijos del cauallero Cifar. En especial se cuenta la historia de Roboán, el qual fue tal cauallero que vino a ser emperador del imperio de Tigrida. (Al fin): «Fue impressa esta presente historia en Seuilla por Jacobo Cromberger, aleman. E acabosse a IX dias del mes de Junio año de mill. d. e xii años. Fol., 100 hojas á dos columnas, letra de Tortis. Valiéndose del ejemplar probablemente único que de esta novela posee la Biblioteca Nacional de París, la reimprimió Enrique Michelant, en Tubinga, 1872 (tomo 112 de la Bibliothek des Litterarischen Vereíns de Stuttgart)». Pero esta reimpresión salió incorrectísima, en tal grado que parece que el editor ignoraba la lengua castellana y ni siquiera sabía disolver las abreviaturas. Á cada paso se tropieza con formas tan monstruosas como muchón por mucho, fechón por fecho y otros desatinos semejantes. Esperamos que el Sr. Wagner publique pronto una edición crítica y esmerada de tan importante texto.

[304] Véase la descripción del primero en el Catalogue des Manuscrits espagnols de la Bibliothèque Nationale de Paris de A. Morel-Fatio (n.º 615). El de nuestra Biblioteca Nacional procede de la de Osuna. Sobre la relación entre los tres textos véase á Wagner en la memoria que citaré inmediatamente.

[305] The Sources of el Cavallero Cifar (Revue Hispanique, tomo X, 1903).

[306] Á las obras allí citadas sobre este argumento debe añadirse un curioso poema del siglo XVIII: «El Eustaquio ó la Religión Laureada. Poema Épico por el P. Fr. Antonio Montiel, Lector jubilado en su provincia de Menores Observantes de Granada». Málaga, 1796. 2 tomos.

[307] En su precioso estudio sobre la leyenda del marido de dos mujeres no menciona Gastón París (La Poésie du Moyen Age, 2.ª ser., 1885, pp. 109 y ss.) la versión del Cifar.

[308] Vid. Knust, Dos obras didácticas y dos leyendas, p. 109.

[309] Omnes praefatas urbes, quaedam scilicet sine pugna, quasdam vero cum magno bello et maxima arte, Karolus tunc acquisivit, praeter praefatam Lucernam, urbem munitam, quæ est in valle viridi, quam capere usque ad ultimum nequivit. Novissime vero venit ad eam et obsedit eam, et sedit circa eam quatuor mensium spatio, et facta prece Deo et Sancto Jacobo ceciderunt muri eius, et est deserta usque in hodiernum diem. (Véase el comentario geográfico que sobre este pasaje hace Dozy en la tercera edición de sus Recherches, II, 384-385).

[310] Sobre las diferencias entre ambas versiones vide G. París, Le Lai de l'Oiselet (Légendes du Moyen-Âge, p. 225).

[311] En su reseña de la literatura española, publicada en la colección de Gröber (Grundriss der romanischen Philologie, II, pp. 416 y 439, Strasburgo, 1898), Baist es el primer crítico que ha hecho plena justicia al Cifar, aunque algo había dicho el Conde de Puymaigre en La Cour Littéraire de Don Juan II (Paris, 1873, tomo I, p. 81),

[312] Los quatro libros del virtuoso cauallero Amadis de Gaula: Complidos. Colofón: «Acabanse los quatro libros... Fueron emprimidos en la muy noble y muy leal ciudad de Çaragoça: por George Coci, Aleman... mil y quinientos y ocho años». Fol. gót. El ejemplar que pasa por único de esta edición, desconocida hasta que en 1872 fué descubierta en Ferrara y adquirida por el barón Seillière en 10.000 francos, fué anunciado por el librero de Londres Quaritch, en su Catálogo de Febrero de 1895, en 200 libras esterlinas. Ignoro quién sea su poseedor actual. La edición de Salamanca, de 1510, es hipotética. No así la de Sevilla, 1511, citada en el Registrum de D. Fernando Colón. Para las restantes, véase el catálogo de Gayangos, tal como lo reimprimió adicionado en el tomo I del Ensayo de Gallardo. La más estimada por la corrección del texto es la de Venecia: Los quatro libros de Amadis de Gaula nueuamēte impressos e hystoriados. 1533. (Al fin). «Acabanse aqui los quatro libros del esforçado e muy virtuoso cauallero Amadis de Gaula, fijo del rey Perion y de la reyna Elisena: en los quales se fallan muy por estenso las grādes aventuras y terribles batallas que en sus tiēpos por el se acabaron e vencieron, e por otros muchos caualleros assi de su linaje como amigos suyos. El qual fue impresso en la muy ínclita y singular ciudad de Venecia por maestro Juan Antonio de Sabia, impressor de libros a las espensas de M. Juā Batista Pedrezano e cōpañō, mercadante de libros. Está al pie del puēte de Rialto, e tiene por enseña una torre. Acabose en el año de MDXXXIII, a dias siete del mes de Setiembre... Fue reuisto, corrigiēdolo de las letras que trocadas de los impressores erā por el Vicario del ualle de Cabeçuela Frācisco Delicado, natural de la peña de Martos». Las últimas ediciones antiguas del Amadís que citan los bibliógrafos son la de Sevilla, 1586, y la de Burgos, 1587. Modernamente ha sido reimpreso tres veces (Madrid, 1838; Barcelona, 1847-1848, en el Tesoro de Autores ilustres, de Oliveres; Madrid, 1857, en la colección de Rivadeneyra, siguiendo el texto de la edición veneciana).

[313] Los que niegan á Montalvo la paternidad del libro cuarto entienden que esta declaración se refiere sólo al Espandián; pero la gramática no lo tolera, puesto que visto concierta con libro y no con Sergas.

[314] Basta leer estos versos (Cancionero de Baena, edición de Leipzig, t. II, p. 320) para convencerse de que se refieren á Enrique II y no á Enrique III, como han supuesto algunos; Enrique II es el que guerreó treinta años continuos, el que murió de cincuenta y cinco años, el que estuvo casado con la reina doña Juana, el que dejó á su hijo casado con una infanta de Aragón. Nada de esto cuadra á D. Enrique el Doliente.

[315] En la novela catalana de Curial y Güelfa,que pertenece probablemente á la segunda mitad del siglo XV, se cita (pág. 498) á Amadís y Oriana entre los famosos amadores, juntamente con Píramo y Tisbe, Flores y Blanca Flor, Tristán é Isolda, Lanzarote y Ginebra, Frondino y Brissona, Fedra é Hipólito, Aquiles y Pirro, Troilo y Briseyda, Paris y Viana.

Los primeros trovadores portugueses que citan el Amadís son Nuño Pereira y Francisco de Silveira, que en 1482 sostuvieron con otros poetas en los palacios de Santarem el certamen de Cuidar y suspirar, con que empieza el Cancionero de Resende (tomo I de la edición de Stuttgart, pp. 7-14):

Se o disesse Oryana
E Iseu allegar posso...
Alegays-me vos Iseu
E Oriana com ella,
E falays no cuidar seu,
Como que nunca ly eu
Sospirar Tristán por ella...

[316] En la Crónica del rey Don Rodrigo, que Pedro del Corral compuso por los años de 1443, hay evidentes imitaciones del Amadís.

[317] Amador de los Ríos, Sevilla Pintoresca, 1844, p. 236.

[318] Diccionario histórico de los profesores de las Bellas Artes en España, por D. Juan Agustín Cean Bermúdez, Madrid, 1800, t. V, p. 299.

El mismo Cean Bermúdez, en su Carta sobre la pintura de la escuela sevillana (Cádiz, 1806. p. 19), da esta definición de la palabra sargas: «Llamaban sargas á unos lienzos crudos, en los que, sin aparejo alguno, usaban de colores bien molidos con agua, y que después de secos mezclaban con agua, cola ó con agua de engrudo, sirviéndoles de blanco el yeso muerto».

[319] «Estas cousas diz o Commentador, que primeiramente esta Istoria ajunton e escreveo, vāo assy escriptas pela mais chā maneira... jaa seja que muitos auctores cubiçosos de alargar suas obras, forneciam seus livros recontando tempos, que os Principes passavam em convites, e assy de festas e jogos, e tempos alegres, de que se nem seguia outra cousa se nom a deleitaçam d'elles mesmos, assi como som os primeiros feitos de Ingraterra, que se chamava Gram Bretanha, e assi o Liuro d'Amadis, como que somente este fosse feito a prazer de um homem, que se chamava Vasco de Lobeira, em tempo d' el Rei Dom Fernando, sendo todas las cousas do dito livro fingidas do autor». (Cap. LXIII).

(Collecçāo de livres ineditos de historia portugueza... publicados de ordem da Academia Real das Sciencias de Lisboa, por José Correa da Serra, t. II, Lisboa, 1792, p. 422).

[320] Kritischer Versuch über den Roman Amadis von Gallien, von Dr. Ludwig Braunfels, Leipzig, 1876. Sobre esta obra publicó un elegante artículo D. Juan Valera en La Academia (1877), el cual fué reproducido en sus Disertaciones y juicios literarios (Madrid, 1878), pp. 319-347.

Entre los trabajos anteriores al de Braunfels merece especial consideración la tesis doctoral de Eugenio Baret: De l'Amadis de Gaule et de son influence sur les mœurs et la littérature au XVIe et au XVIIe siècle, d'après la version espagnole de García Ordóñez de Montalvo, avec une notice bibliographique, la seule complète, de la suite des «Amadis». (Paris, 1853. Cf. la recensión de Teodoro Müller en los Götting. gelehrt. Anzeigen, 1854).

Wolf cita con grande elogio las observaciones bibliográficas de Adalberto de Keller en su esmerada edición del primer libro del Amadis alemán (Stuttgardt, 1857, 8.º). No la conozco.

[321] Ms. A-6-2 de la Biblioteca Pública de Lisboa, citado por Teófilo Braga, Amadis de Gaula, página 203.

[322] El diplomático brasileño F. A. de Varnhagen, en su insustancial ensayo Da litteratura dos livros de cavallarias, estudo breve e consciencioso (Viena, 1872), todavía tuvo valor para atribuir al infante don Alfonso y á Vasco de Lobeira estos sonetos, enmendando la plana al hijo de Ferreira y mostrando desconocer de todo punto la historia de las formas métricas en el Parnaso peninsular (p. 62).

[323] «Os dous sonetos que vāo no fol. 24 fez meu pay na linguagem que se costumava neste Reyno en tempo del Rey Don Dinis, que he a mesma em que foi composta a historia de Amadis de Gaula por Vasco de Lobeira, natural da cidade do Porto, cujo original anda na casa de Aveiro. Divulgarāōse em nome do Inffante Don Affonso, filho primogenito del Rey Don Dinis, por quā mal este princepe recebera (como se vê da mesma historia) ser a fermosa Briolanja em seus amores maltratada». (Poemas Lusitanos, hoja 4.ª sin numerar).

[324] Historia das Novellas Portuguesas de Cavalleria, por Theophilo Braga. Formaçāo do Amadis de Gaula. Porto, 1873, p. 227. Hay del mismo autor otros tres escritos sobre el origen portugués del Amadis, coleccionados en sus Questōes de litteratura e arte portugueza (Lisboa, sin año, pp. 98-122). En el segundo replica á la impugnación de Braunfels; en el tercero estudia la canción de Leonoreta, sobre la cual le llamó la atención Ernesto Monaci.

[325] La traducción latina de los Diálogos de Medallas es de Andrés Scotto. En el original castellano dice Antonio Agustín: «A los quales doy yo en esto tanto crédito como á Amadis de Gaula, el qual dizen los portugueses que lo compiló Vasco Lobera». Y replica el otro interlocutor: «Esse es otro secreto que pocos lo saben». (Antonii Augustini Archiepiscopi Tarraconensis, Opera Omnia, Luca, 1774, t. VIII, pp. 23-24).

[326] «Y Don Hernando, segundo duque de Berganza (nieto del rey D. Alonso de Portugal, de donde aquella Real Casa salió, y rebisabuelo del gran Príncipe, duque Don Teodosio II, que hoy es), también como los demás fué escritor, que escribió á Amadis de Gaula, como lo supe yo de aquella Real Casa y de su Alteza la señora doña Catalina su biznieta; y bien creo yo que tan alta y generosa composición había de ser de buena casta, que hombre rudo no pudo hacerla; y así me alegré de lo saber, como fabulosamente el mismo Doncel del Mar de se hallar hijo del Rey». (Memorial Histórico Español, t. XI, Madrid, 1859, p. 141).

[327] Acaso Lope recordaba confusamente que el Palmerín de Oliva y el Primaleón habían sido escritos por una dama, aunque no era portuguesa, sino de Ciudad-Rodrigo.

[328] «E por seu mandado trasladou de francés em a nossa lingua Pero Lobeiro (sic), Tabaliáo d'Elvas, o livro de Amadis que (a parecer de varōes doctos) he o melhor que saiu a luz de fabulosas historias». (Agiolog. Lusit., t. I, p. 410, Lisboa, 1652). Apud T. Braga, Amadis de Gaula, 189.

[329] En un artículo de la Quarterly Review citado por Baret, De l'Amadis, p. 35, y por Gayangos en su Discurso preliminar sobre los libros de Caballerías (p. XXIV).

[330] Lais de Bretanha, p. 27.

[331] Grundriss, de Gröber, II b, pp. 416-438-441.

[332] Studien zur Geschichte der Spanischen und Portugiesischen Nationalliteratur, Berlín, 1859, p. 174 y ss. En la traducción castellana de Unamuno, t. I, p. 197 y ss.

[333] Baret quiere derivar este nombre del bretón Lych-warch.

[334] Aun en esta parte no le abandona la graciosa castidad de su estilo. Pero es evidente que aquel célebre pasaje del lib. I, cap. XXXV: «Assi que se puede bien decir que en aquella verde yerba, encima de aquel manto, más por gracia y comedimiento de Oriana que por la desenvoltura ni osadía de Amadis, fue fecha dueña la más fermosa doncella del mundo», procede en línea recta de estas palabras del Tristán: «Fit sa volonté de la belle Iseult et lui tolut le dous nom de pucelle».

[335] Más adelante tendremos ocasión de apuntar otras. Convendría un estudio minucioso del Amadís en comparación con las novelas bretonas, especialmente con el Lanzarote, y un índice de personajes y lugares que facilitara el cotejo.

[336] «Il est tant certain, qu'il fut (el Amadís) premier dans nostre langue françoise, estant Amadis Gaulois et non espagnol; et qu'ainsi soit, j'en ai trouvé encore quelques restes de un vieil livre escrit à la main en langage picard, sur lequel j'estime que les espagnols ont fait leur traduction».

[337] Tomo XXIV de la Histoire Littéraire de la France, p. 540.

[338] «Aurodonna et filii quartam partem ecclesiae de Sozello Monasterio S. Joanni de Perdorada donant». (Monumenta Portugalliæ historica. Diplomata et chartae, p. 315).

[339] Histoire Littéraire de la France, t. XXII, pp. 758-765.

[340] Introducción al poema de Flores y Blanca-Flor, p. CCIV.

[341] Flórez, España Sagrada, t. XIV, 1758, p. 136.

[342] Por parecerme demasiado absurdas no he hecho mención de algunas opiniones acerca del origen del Amadís. Así el abate Quadrio (Della Storia e Ragione d'ogni Poesia, IV, 520) menciona la de Luis Lollino, Obispo de Belluno, el cual sostenía «che fosse quest'Opera lavoro d'un incantatore di Mauritania, che sotto falso nome di christiano, essendo mahometano, e pieno di vanità magiche, lo componesse in lingua antica di Spagna».

El P. Sarmiento, en una disertación todavía inédita, que cita Gayangos, «unas veces quiero que Lobeira sea gallego y no portugués (en esto no andaba del todo descaminado, puesto que de la provincia de Orense procedía), otras que el Amadís sea la narración verídica de las amorosas aventuras de un caballero natural de la Coruña, llamado Juan Fernández de Andeiro (el que mató á puñaladas al Maestre de Avis en la corte del Rey Don Fernando); cuándo se le atribuye á Vasco Perez de Camoens, poeta del siglo XIV; cuándo al Canciller Ayala, y aun al Obispo de Burgos, D. Alonso de Cartagena». Esta última opinión apuntó D. Bartolomé Gallardo varias veces, persuadido de que el Cartagena del Cancionero General era el Obispo de Burgos y Oriana su dama. Para eludir el texto del Canciller Ayala, se empeñaba, con fútiles razones, en leer Tristán, donde los dos códices del Rimado dicen uniformemente Amadis.

Pero entre todas las conjeturas no puede negarse la palma del desatino á la de cierto abate Jacquin en unos Entretiens sur les romans, citados por Pellicer (Discurso preliminar, en su edición del Quijote, 1797, p. 44), donde se atribuye el Amadís á ¡Santa Teresa de Jesús! (nacida en 1515). Sin duda el abate francés había oído campanas y no sabía dónde, pues consta, por testimonio del P. Francisco de Ribera, biógrafo de la Santa (ampliando lo que ella misma dice en su Vida), que «se dio á estos libros con gran gusto, y gastaba en ellos mucho tiempo, y como su ingenio era tan excelente, ansí bebió aquel lenguaje y estilo, que dentro de pocos meses ella y su hermano Rodrigo Cepeda compusieron un libro de caballerías con sus aventuras y ficciones, y salió tal, que había harto que decir despues dél» (Lib. I, cap. V). No hay especie tan disparatada que no haya nacido de algo y no tenga algunas sombras y lejos de verdad.

No han faltado interpretaciones alegóricas del Amadís, para que aun en esta desgracia fuese parecido al Quijote. Un erudito de Oporto, D. José Gomes Monteiro, citado por T. Braga (Amadís de Gaula, p. 256), veía en el famoso libro una especie de poema simbólico de las Cruzadas. Amadís, Galaor y el Endriago eran Ricardo Corazón de León, Saladino y Santo Tomás de Canterbery.

El mismo Braga, que al principio patrocinaba estas fantasías, echó á volar en 1869 otra todavía más estupenda, de la cual afortunadamente ha prescindido después. En una nota á los Cantos populares do Archipelago Açoriano (p. 405), dice, al parecer en serio: «La novela de Amadís de Gaula es la historia de la persecución de los Albigenses ó del partido democrático del siglo XII».

[343] La mención de la artillería en el Amadís («en señal de alegría fueron tirados muchos tiros de lombardas») no prueba, como creyó Clemencín, que la obra sea posterior á 1342, en que, con ocasión del cerco de Algeciras, hablan por primera vez nuestras crónicas de «pellas de fierro lanzadas con los truenos», porque este detalle pudo añadirle Garci Ordóñez de Montalvo en su refundición.

[344] El Amadís y el Esplandián, como obras de larga composición, debieron de ocupar á Montalvo muchos años, según conjeturó Clemencín (Quijote, I, 107). Este pasaje del capítulo LII del libro IV no cuadra al tiempo de los Reyes Católicos, pero se ajusta maravillosamente al de Enrique IV:

«Pero ¡mal pecado! los tiempos de agora mucho al contrario son de los pasados, segun el poco amor e menos verdad que en las gentes contra sus Reyes se halla; y esto debe causar la costelacion del mundo ser mas envejecida, que perdida la mayor parte de la virtud, no puede llevar el fruto que debia, asi como la cansada tierra, que ni el mucho labrar ni la escogida simiente pueden defender los cardos y las espinas con las otras yerbas de poco provecho que en ella nacen. Pues roguemos a aquel Señor poderoso que ponga en ello remedio; e si a nosotros como indinos oir no le place, que oya aquellos que aun dentro en las fraguas sin dellas haber salido se fallan, que los faga nacer con tanto encendimiento de caridad e amor, como en aquestos pasados habia; e a los Reyes que, apartadas sus iras e sus pasiones, con justa mano e piadosa los traten y sostengan».

Ni en el Amadís ni en las Sergas se menciona acontecimiento ninguno posterior á la conquista de Granada y á la expulsión de los judíos, que está expresamente recordada en la exclamación con que finaliza el cap. CII del Esplandián: «No retiniendo sus tesoros, echaron del otro cabo de las mares aquellos infieles que tantos años el reino de Granada tomado y usurpado contra toda ley y justicia tuvieron; y no contentos con esto, limpiaron de aquella sucia lepra, de aquella malvada herejia que en sus reinos sembrada por muchos años estaba».

No es inverosímil, por consiguiente, que ambas novelas fuesen impresas dentro del siglo XV, aunque hasta ahora no hayan sido descubiertas tales ediciones.

[345] No se ha de perder de vista, sin embargo, que el Amadís se escribió dos siglos antes de que el Concilio de Trento declarase nulos los matrimonios clandestinos. De este género es el de Amadís y Oriana, en que faltan los testigos, pero no la forma esencial del sacramento, que es el mutuo consenso por palabras de presente. El autor prefirió sin duda el matrimonio secreto por ser más novelesco, pero procede con toda la corrección canónica que su tiempo permitía, haciendo que el santo ermitaño Nasciano imponga á Oriana una penitencia por el pecado de clandestinidad, aunque reconociendo la validez del matrimonio. «Mas ella le dijo llorando cómo al tiempo que Amadís la quitara de Arcalaus el encantador, donde primero la conoció, tenia dél palabra como de marido se podia e debia alcanzar. Desto fue el ermitaño muy ledo, e fue causa de mucho bien para muchas gentes... Entonces la absolvió, e le dio penitencia cual convenía» (lib. III, cap. IX). Y en el libro IV, capítulo XXXII, vuelve á confirmarlo el mismo ermitaño hablando con el rey Lisuarte: «Cuando esto fue oido por el Rey, mucho fue maravillado e dijo: ¡Oh padre Nasciano! ¿es verdad que mi hija es casada con Amadis?—Por cierto, verdad es (dijo él) que él es marido de vuestra fija, y el doncel Esplandian es vuestro nieto». Si esta doctrina no hubiese sido enteramente ortodoxa, la Inquisición no la hubiese dejado pasar, tratándose de materia tan delicada.

[346] Dice el cínico Brantôme en su libro, demasiado conocido, Les dames galantes, que «quisiera tener tantos centenares de escudos en la bolsa como mujeres, así seglares como religiosas, había pervertido la lectura del Amadis». Aunque Brantôme no sea autoridad muy abonada en estas materias, su testimonio es curioso porque concuerda con el de nuestros moralistas del siglo XVI. Y, en efecto, la experiencia enseña que los libros más peligrosos para la gente moza é inexperta suelen ser los que no lo parecen. La licencia brutal tiene atractivo para muy pocos; el idealismo que pudiéramos llamar sensual, con aparente paradoja, es mayor escollo para las almas delicadas.

[347] Por lo general, Montalvo pasa como sobre ascuas por esta clase de escenas, y da á entender que los detalles le repugnaban; por ejemplo, en el cap. XII del primer libro: «Galaor holgó con la doncella aquella noche a su placer, e sin que más aqui os sea recontado, porque en los autos semejantes, que a virtud de honestad no son conformes, con razon debe hombre por ellos ligeramente pasar, teniendolos en aquel pequeño grado que merecen ser tenidos». ¿Podrá indicar esta salvedad que suprimió algo del texto primitivo?

[348] Esta tesis sostuvo el malogrado profesor D. Francisco de Paula Canalejas en su tratadito sobre Los Poemas Caballerescos y los libros de caballerías (Madrid, 1878), p. 196 y ss.

Sobre la psicología del amor en el Amadís formularon algunas ingeniosas observaciones St. Marc Girardin en el tomo III de su Cours de Littérature Dramatique, cap. XXXIX, y un crítico belga menos conocido de lo que merece, León de Monge, en el segundo tomo de sus Etudes Morales et Littéraires. Epopées et romans chevaleresques (Bruselas, 1889), pp. 256-275.

[349] Dice don Cuadragante, en nombre de los parciales de Amadís, al rey Lisuarte: «Qué mal os acordais de cuando vos sacó de las manos de Madanfabul, de donde otro ninguno os sacar pudiera, y del vencimiento que os hizo haber en la batalla del rey Cildadan, y de cuanta sangre él y sus hermanos é parientes allí perdieron, e cómo quitó a mí de vuestro estorbo... y que todo esto se olvidase de vuestra memoria, habiendo mal galardon; pues si estos que digo contra vos en aquella batalla fuéramos, e no fuera Amadis de vuestra parte, mirad lo que dende vos pudiera venir». (Lib. II, cap. XX).

Me parece indudable que el autor del Amadís se inspiró aquí en las palabras que á Bernardo atribuye la primera Crónica General, recordando él mismo sus servicios en ocasión idéntica, es decir, cuando va á dejar el servicio del rey Alfonso el Casto: «Et dixol Bernaldo: Sennor, por quantos servicios vos yo fis, me devedes dar mio padre, ca bien sabedes vos de cómo yo vos acorri con el mio cavallo en Venavente, quando vos mataron el vuestro, e la batalla que ovistes con el moro Ores... Otrossi quando fuistes desa ves lidiar con el moro Alchaman que yasie sobre Zamora, bien sabedes lo que yo y fiz por vuestro amor, etc.».

Es la única derivación de la epopeya castellana que he creído notar en el Amadís.

[350] Paréceme evidente que el autor del Amadís se inspiró para este retrato en la descripción que hace la Gran Conquista de Ultramar (libro II, cap. CCXLII) de la sierpe que mató Baldovín, hermano de Godofredo de Bullón. «Habia una muy gran sierpe... en aquella tierra del monte Tigris en una peña muy alta. E esta era una bestia fiera, muy grande e muy espantosa ademas, que estaba en una cueva. E tenia en el cuerpo treinta pies de largo e en la cola, que habia muy gorda, doce palmos, con que daba tan grande herida que no habia cosa viva que alcanzase que no la matase de un golpe; las uñas... de cuatro palmos, e cortaban como navajas, e eran tan agudas como alesnas... El su cuerpo era como concha, e tan duro que ninguna arma no gelo podría falsar... E avia cabellos luengos cuanto un palmo, e duros... la cabeza grande e ancha... e las orejas mayores que una adarga... E daba tan grandes voces que se podrian oir grandes dos leguas; e traia en la frente una piedra que relumbraba tanto, que podria hombre ver de noche la su claridad a dos leguas e media; e no pasaba ninguno por aquel camino que della pudiese escapar a vida. E habia destruido esa tierra yerma aderredor tres jornadas».

Si tuviéramos seguridad de que la historia del Endriago estaba ya en el Amadís primitivo, y no fué una de las interpolaciones de Montalvo, tendríamos una fecha importante para circunscribir la época de la composición del libro, puesto que sabemos con certeza que la Gran Conquista de Ultramar se tradujo entre 1284 y 1295, principio y fin del reinado de D. Sancho IV.