NOTAS:
[525] La fecha de la Crónica puede determinarse con exactitud cabal, puesto que el último de los reyes que menciona es D. Enrique III, que subió al trono en 1390 y murió en 1407; además, en la Crónica se habla, como de persona viva, del almirante D. Diego Hurtado de Mendoza, que falleció en julio de 1404.
[526] D. Aureliano Fernández, que hizo un detallado estudio de la Crónica de Don Rodrigo en el precioso libro que lleva por título Caída y ruina del imperio visigótico español (Madrid, 1883), tuvo presentes tres antiguos manuscritos de El Escorial, que ofrecen grandes variantes respecto del impreso. Dos de ellos contienen sólo la Parte segunda. Otro, voluminosísimo, que abraza las dos partes, aunque no completa la segunda, lleva al fin de la primera una nota en que se especifica que J. de Hugo la acabó de trasladar á 17 de junio de 1485.
El de la Biblioteca Nacional (F. 89) lleva este epígrafe: «Este libro es la ystoria del rrey don Rodrigo con la genealogia de los rreyes godos et de su comienço, de dónde vinieron et assy mesmo desde el comienço de la primera poblacion d'Espanna, segunt lo cuenta el arzobispo don Rrodrigo desde la edificacion de la torre de Babilonia fasta dar en la Cronica del rrey don Rodrigo. Et aqui se cuentan en el principio parte de los trabajos de Ercoles et de como veno en Espanna».
La edición que tengo y sigo es la de Sevilla, 1527. Anteriores á ésta hay las de 1511 y 1522, también sevillanas; y posteriores las de Valladolid, 1527; Toledo, 1549; Alcalá de Henares, 1587; Sevilla, del mismo año, y seguramente otras, porque fué uno de los libros más leídos de su género. No me detengo en esta bibliografía porque ya la incluyeron Gayangos y Salvá en la de los libros de caballerías.
En un tratado moral de autor anónimo, llamado Confectio Catoniana (ms. 9.208 de la Biblioteca Nacional), hermoso códice en vitela, de letra del siglo XV, dedicado al conde de Haro, D. Pedro Fernández de Velasco, se lee este curiosísimo pasaje contra los libros de caballerías, y especialmente contra la Crónica de Don Rodrigo, cuya composición debía de ser muy reciente:
«Quid igitur expedit illa ut ystoriabilia legere quæ nedum non fuerint, sed forsan nec esse potuerunt. Sicuti sunt Tristani ac Lanceloti, Amadisiive ingentia volumina quæ absque aliqua edificationis spe animos legentiuns oblectant, illiusque torneamenti narratio quæ apud Toletum Roderici Regis temporibus factum fuisse deponitur quam audivi nudius tercius compositam esse. Hujuscemodi enim scripturæ, etsi nocivæ nimium non siut, infructuosæ tamen et nullæ utilitatis esse videntur».
La descripción del torneo de Toledo, á que aquí se alude, es uno de los episodios más largos de la Crónica de Don Rodrigo.
[527] Tratado de los romances viejos (tomo XI de la Antología de Poetas Líricos Castellanos, Madrid, 1890), pp. 133-175.
[528] Saavedra (D. Eduardo), Estudio sobre la invasión de los árabes en España... (Madrid, 1892).
Menéndez Pidal (D. J.), Leyendas del último rey godo. (Estudio que comenzó á publicarse en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos en diciembre de 1901, y no ha terminado aún)
Codera (D. Francisco), Estudios Críticos de Historia Árabe Española, Zaragoza, 1903 (págs. 45-96, «El llamado conde D. Julián»).
[529] Memoria sobre la autenticidad de la Crónica denominada del moro Rasis (en el tomo VIII de Memorias de la Real Academia de la Historia, 1850).
[530] Catálogo de la Real Biblioteca. Manuscritos. Crónicas generales de España, descritas por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 1898. Hállase impreso el texto de Rasis desde la página 26 á la 49.
[531] «E él sin ninguna detenencia fue a las puertas de la casa e fizo las quebrantar, mas esto fue por muy gran afan, e tantas eran las llaves e los canados que era maravilla. E despues que fue abierto, entró el dentro... e fallaron un palacio en quadra tanto de una parte como de la otra, tan maravilloso que non ha ombre que lo puediese dezir: que la una parte del palacio era tan blanca como es hoy la nieve, que non puede mas ser; e la otra parte del palacio era tan verde como es el limon o como de una cosa que de su natura fuese muy verde; e de la otra parte era tan bermejo como una sangre. E todo el palacio era tan claro como un cristal, nin viera en el mundo cosa tan clara, e semejaba que en cada una de aquellas partes del palacio non avia mas de sendas puertas, e de quantos entraron que lo vieron non ovo ay atal que sopiese dezir que piedra con piedra hi avia juntada, nin que lo podiese partir, e todos tovieron aquel palacio por el más maravilloso que nunca vieron... E en el palacio non avia madero nin clavo nenguno... e avia hi finestras por do entraba toda la lumbre, por do podian veer quanto hy avia; e despues cataron como el palacio era fecho, e tovieron mientes, e nunca pudieron veer nin asmar sino lo mejor que vieron: ester un esteo (poste ó pilar) non muy grueso, e era todo rredondo e era tan alto como un ombre; e avia hy en él una puerta muy sotilmente fecha e asaz pequeña, e encima della letras gruesas que dezian en esta guisa: «quando Ercoles fizo esta casa andava la era de Adam en quatro mill e seis años». E despues que la puerta abrieron, fallaron dentro letras abiertas que dezian: «esta casa una de las maravillas de Ercoles». E despues que estas letras leyeron, vieron en el esteo una casa fecha en que estaba una arca de plata, e esta era muy bien fecha e labrada de oro e de plata e con piedras preciosas e tenia un canado de aljofar tan noble que maravilla es, e avia en él letras griegas que dezian: «ó rrey en tu tiempo esta arca fuere abierta, non puede ser que no verá maravillas antes que muera». E ese Yercoles, señor de Grecia, supo alguna cosa de lo que avia de venir».
[532] Fué inventor de esta etimología el falsario Miguel de Luna, en la supuesta Crónica de Abentarique. «Esta dama Florinda, así llamada por propio nombre, nombraron los árabes la Cava, es decir, la mala mujer». Existe, en efecto, la palabra cahba en el sentido de manceba ó prostituta, pero sólo cuadraría á la liviana heroína del Anseis de Cartago, de ningún modo á la desdichada hija de Julián, tal como aparece en las leyendas musulmanas.
[533] «Avia en Cepta un conde que era señor de los puertos de allen mar e de aquen mar e avia nombre don Juliano, e avia una fija muy fermosa e muy buena donzella e que avia muy gran sabor de seer muy buena muger; e tanto que esto supo el rey Rrodrigo, mando dezir al conde don Juliano que le mandase traer su fija a Toledo, quel non queria que la donzella de que tanto bien dezian estuviese sino con su muger, e que de alli le daria mejor casamiento que otro ombre en el mundo. E quando al conde le vino este mandado fue muy ledo e pagado, e mandó luego llevar su fija, e mandole dezir quél que le agradescia, mucho quanto bien e quanta merçed hazia a él e a su hija».
En boca del mismo D. Julián, enumerando sus servicios, se ponen estas palabras: «e mis amigos e mis parientes muchos que avia en España, dellos por lo mio, e dellos por lo de mi mujer, que es pariente dellos».
Uno de sus consejeros y clientes le dice, para apartarle de sus proyectos de venganza: «el rey Don Rodrigo es tu señor e as le hecho homenaje, como quier que dél no tengas tierra».
[534] Esta carta comienza así:
«Al honrrado, sesudo e presciado e temido señor padre, conde don Julliano e señor de Cebta, yo la Taba vuestra desonrrada fija, me enbio encomendar»...
En esta carta está calcada la de Pedro del Corral, que luego fué parafraseada y amplificada de mil modos.
El detalle de haber comenzado á perder la Cava su hermosura inmediatamente después de la deshonra es también común á los dos autores.
[535] «Et ¿que vos contaremos del Rey de cómo venia para la batalla, y de las vestiduras que trahia, y que eran las noblezas que traia, y non creo que ha home que las pudiese contar; ca él iba vestido de una arfolla que en esse tiempo dezian purpura que entonces trayan los Reyes por costumbre, et segun asinamiento de los que la vieron, que bien valia mil marcos de oro, y las piedras y los adobos en esto non ha home que lo pudiese decir qué tales eran, ca él venia en un carro de oro que tiraban dos mulas; éstas eran las más fermosas y las mejores que nunca ome vio, et el carro era tan noblemente fecho que non havia en él fuste ni fierro, mas non era otra cosa si non oro y plata y piedras preciosas, et era tan sotilmente labrado que maravilla era, y encima del carro habia un paño de oro tendido, y este paño non ha home en el mundo que le pudiese poner precio, et dentro, so este paño estaba una silla tan rica que nunca ome vio otra tal que le semejase; et aquella silla era tan noble y tan alta que el menor home que havia en la puerta la podia bien veer; et ¿qué vos podia home dezir que desde que Hispan, el primero poblador que vino a España, fasta en aquel tiempo que el rey don Rodrigo vino a aquella batalla, nunca fallamos de rey ninguno nin de otro home, que saliese tan bien guisado nin con tanta gente como éste salio contra Tarife?»
[536] Estas lamentaciones, en Rasis, se ponen, no después de la catástrofe del lago de la Janda, sino después de la muerte de D. Sancho, sobrino del rey.
[537] Otros códices dicen de la Sigonera (Sangonera, en el Poema de Fernán González). Es la batalla que Saavedra llama de Segoyuela, cerca de Tamames, en tierra de Salamanca. Andando el tiempo esta batalla se confundió con la del río Barbate, erróneamente llamada de Guadalete.
[538] Véase qué valiente es la descripción en la Crónica de Don Rodrigo:
«Y desta guisa salieron fuera de la casa... et non eran bien acabadas de cerrar (las puertas) quando vieron un aguila caer de suso del ayre que parescia que descendia del cielo, e traya un tizon de fuego ardiendo, e pusolo de suso de la casa e comenzo de alear con las alas, y el tizon con el aire quel aguila fazia con sus alas comenzo de arder, y la casa se encendio de tal manera como si fuera hecha de resina, asi vivas llamas y tan altas que esto era gran maravilla, e tanto quemó que en toda ella no quedó señal de piedra, y toda fue fecha cenizas. E a poca de hora llegaron unas avecillas negras, e anduvieron por suso de la ceniza: e tantas eran que davan tan grande viento de su vuelo, que se levantó toda la ceniza y esparziose por España toda quanta el su señorio era, et muy muchas gentes sobre quien cayó los tornava tales como si los untasen con sangre... y este fue el primero signo de la destruycion de España».
[539] «A la qual dezian la Caba, e era fija del Conde e de su mujer doña Frandina, que era hermana del Arzobispo don Opas (Orpas en Corral) e fija del rey Vitiza» (Crónica del rey Don Pedro, año segundo, cap. XVIII). Sigo el texto de Llaguno.
[540] Un pasaje de Ausias March, citado muy á cuento por D. Manuel Milá, alude á esta escena de la Crónica y prueba su rápida difusión fuera de Castilla:
Per lo garró—que lo rey veu de Cava
Se mostra Amor—que tot quant voll acaba.
[541] Los autores de romances encontraron más pulcro y galante que fuese D. Rodrigo el que «sacase los aradores» á la Cava, y no al contrario:
Ella hincada de rodillas,—él la estaba enamorando:
Sacándole está aradores—de su odorífera mano...
.................................................................
Sacándole está aradores—en sus haldas reclinado...
Ayer era Rey de España—y hoy no lo soy de una villa,
Ayer villas y castillos,—hoy ninguno poseía,
Ayer tenía criados,—hoy ninguno me servía,
Hoy no tengo una almena—que pueda decir que es mía.
[543] Es el germen más remoto de la tradición que, pasando por el poema de Southey, llega hasta El Puñal del Godo. El falso conde don Julián saca su propia espada y se la entrega al Rey para que por su mano tome venganza de su traición. «E el falso conde, como llegó a él, fizo su reverencia, y el Rey como lo vido fue muy espantado, ca lo conocio bien: empero estuvo quedo. Y el falso conde se llegó a él; e provole de le besar la mano, y el Rey no se la quiso dar, ni se levantó de su oratorio, y el falso conde, las rodillas fincadas en el suelo ante el Rey, dixole: «Señor, como yo sea aquel que te haya errado de aquella manera que hombre traydor a su señor erró... e como nuestro Señor Dios es poderoso ovo piedad de la mi ánima e no quiso que yo me perdiesse, ni que España fuesse destruyda: ni tú, Señor, abaxado de la tu grand honra y estado ni del tu gran señorio que en España tienes, hame mostrado por revelacion cómo estavas aqui en esta hermita faziendo tan gran penitencia de tus pecados. Porque te digo que fagas justicia de mí, e tomes de mí venganza a tu voluntad como de aquel que te lo merece, ca yo te conozco que eres mi Señor»... E sacó entonces el conde don Julian su espada e davala al Rey, e dixole: «Señor, toma esta mi espada, e con tu mano misma faz de mí justicia, e toma de mí la tu venganza qual quisieres: ca yo la sufrire con mucha paciencia pues que te erré». Y el Rey fue muy turbado de la su vista, e assimismo de las sus palabras... Y el falso conde don Julian le dixo: «Señor, ¿no tornas sobre la sancta fe de Jesu-Christo, que del todo se va a perder? levantate y defiendela: que muy gran poder te traygo, y servirás a Dios e cobrarás la honra que tenias perdida: levantate e anda acá, e da duelo de la mezquina de España que se va a perder, e adolecete de tantas gentes como perescen por mengua de no tener señor que las defienda». Y el conde don Julian le dezia todas estas palabras por lo engañar: el diablo que avia tomado la su forma era, que no el conde. Mas el Rey no se pudo detener que le non dixesse: «Conde, id vos y defender la tierra con essa gente que tenedes, assi como lo fuistes a perder por la vuestra tan grandissima traycion que a Dios et a mí fezistes. E assi como traxistes los moros enemigos de Dios e de su sancta fe, e los metistes por España, assi los lanzad fuera della y la defended: que yo no vos mataré ni vos ayudaré a ello, y dexadme a mí ca yo no soy para el mundo; que aqui quiero facer penitencia de mis pecados: e no me movades más con estas razones». Y el falso del conde don Julian se levantó y se fue a la gran compaña que avia traydo; e traxolos todos antel Rey. Y el Rey como vido aquella gran compaña de cavalleros vido entrellos algunos que él bien pensava que eran muertos en la batalla. E dixeronle todos a muy altas vozes: «Señor, ¿a quien nos mandas que tomemos por Rey nuestro señor e por señor que nos ampare y nos defienda, pues que tú no quieres defender la tierra ni yrte con nosotros?... Cata, señor, que no es servicio de Dios que dexes perecer tanta christiandad como de cada dia se pierde por tú estar aqui solo y apartado como estás»... Y el Rey cuando oyo estas palabras, fue movido a piedad, e vinieronle las lagrimas a los ojos, que las non podia tener: y estava de tal manera tornado, que el seso se le avia fallecido, et callava, et non respondia cosa ninguna que le dixessen. E todas estas compañas que lo veyan quexavanse muy mucho, e da van muy grandes vozes, e fazian muy grandes ruydos e clamores... Y el Rey en todo esto no fazia sino llorar, e nunca les fabló cosa ninguna». (Cap. CCL de la segunda parte).
[544] No para aquí el epistolario de la Cava, que se convirtió en un tema retórico:
Cartas escribe la Cava,
La Cava las escribía
es principio de un romance antiguo. Miguel de Luna hilvanó otra carta; otra distinta de todas las anteriores trae Saavedra Fajardo en su Corona Gótica, y finalmente, hay una en verso del coronel D. José Cadalso, en el estilo de las Heroidas de Ovidio.
[545] Vid. Godoy Alcántara, Historia Critica de los falsos cronicones (Madrid, 1867), pág, 97 y ss. El libro de Miguel de Luna está allí perfectamente caracterizado.
Los Plomos de Granada, escritos en lengua arábiga, son composiciones fantásticas análogas en gran manera á los libros apócrifos de los primeros siglos cristianos; pero forjados con un fin de proselitismo religioso, y no con miras literarias, salen fuera del cuadro que voy bosquejando, y por otra parte nada podría añadir yo al admirable estudio que de ellos hizo el malogrado Godoy Alcántara en su obra citada.
[546] La verdadera hystoria del rey Don Rodrigo, en la qual se trata la causa principal de la pérdida de España y la conquista que della hizo Miramamolin Almanzor, Rey que fue del Africa y de las Arabias. Compuesta por el sabio Alcayde Abulcacim Tarif Abentarique, de nacion arabe, y natural de la Arabia Petrea. Nuevamente traduzida de la lengua arabiga por Miguel de Luna, vezino de Granada, e interprete del rey don Phelippe nuestro señor. Impresa por René Rabut: año de 1592. 4.º.
Hay, por lo menos, nueve ediciones de este libro, que todavía es muy vulgar en España. Casi todos los catálogos de libros antiguos empiezan por él.
[547] Roderick, the last of the goths. By Robert Southey, Esq. Poet Laureate and Member of the Royal Spanish Academie... London, 1815, printed for Longman, Hurst, Rees, Orme and Brown, 1815. 2 vols.
[548] Nuestro Zorrilla concentró enérgicamente algunos de los mejores rasgos del poema de Southey en sus dos tan populares cuadros dramáticos El puñal del Godo y La Calentura.
[549] Al mismo género puede reducirse una obra muy rara, original y de asunto clásico: La fundacion y destruycion de la cibdad de Monuedro antiguamente llamada Sagunto. Cō la vida y hystoria del fuerte cauallero Anibal, emperador de Africa. Ay mas la fundacion de Roma y la fundacion de Cartago llamado Tunez, y la fundacion de la torre de Babilonia. (Colofón): Fue empremida la presente obra en la metropolitana Cibdad de Valēcia por Jorje Costilla īpressor de libros acabose a xiij Dias del mes de deziembre. Año de Mill y Quinientos y veinte años.
Posee un ejemplar de este rarísimo libro mi amigo D. José E. Serrano Morales en su selecta biblioteca de Valencia.
[550] Tuvo, por lo menos, tres ediciones: Sevilla, por Juan Cromberger, 1531; Burgos, por Felipe de Junta, 1557; Burgos, 1562, todas en 4.º, y de letra de tortis. El difunto conde de Puymaigre escribió un artículo sobre las fuentes de esta Crónica, pero no puedo encontrarle en este momento, ni siquiera recordar el título de la revista ó colección en que se publicó.
[551] Cy fine le liure intitulé le triumphe des neuf preux, ouquel sont contenus tous les fais et proesses quilz ont acheuez durant leurs vies, avec lystoire de bertran de guesclin. Et a esté imprimé en la ville dabbeuille par Pierre gerard, et finy le penultieme iour de may lan mil quatre cēs quatre vingt et sept (Brunet).
Es libro raro y precioso, y no menos la primera edición castellana, impresa en Lisboa, por Germán Gallarde, a costa de Luis Rodriguez, librero del rey... acabóse a XXVj de junio del año de la saluacion de mil quinientos y treynta años.
Fué reimpreso en Valencia, por Juan Navarro, 1552; en Alcalá de Henares, 1585 (corregido por el maestre López de Hoyos), y en Barcelona, por Pedro Malo, á costa de Ricardo Simón, 1586.
[552] La cita expresamente y con gran encarecimiento en el prólogo general del Relox de Principes.
[553] Cicerón lo dice expresamente: «Cyrus ille a Xenophonte non ad historiæ fidem scriptus, sed ad effigiem justi imperii, cuius summa gravitas ab illo philosopho cum singulari comitate conjungitur (Epistolar, ad Quintum fratrem, I, I, 8).
[554] Libro llamado Relox de Principes en el qual va encorporado el muy famosa libro de Marco Aurelio: auctor del un libro y del otro que es el muy reverendo padre fray Antonio de Guevara predicador y cronista de su magestad: y agora nueuamente electo en obispo de Guadix; el auctor avisa al lector q lea primero los plogos si qere entender los libros. Cō preuilegio imperial pā los reynos de Castilla y otro pvilegio pā la corona de aragon.
(Al fin): Aqui se acaba el libro llamado relox de principes y marco aurelio: libro ciertamente muy prouechoso: y por muy alto estilo escripto: y que salva pace en la lengua castellana podemos con verdad dezir que es unico: bien paresce el auctor aver en él consumido mucho tiēpo pues nos le dio tan corregido: roguemos a dios todos por su vida: pues es de nuestra nacion española: para que siempre vaya adelante con su doctrina. Acabose en la muy noble villa de Valladolid: por maestre Nicolas tierri impsor de libros. A ocho dias de abril de mil y quinientos y veynte y nueve años.
Fol. gót. 6 hs. prels. sin foliar, 14 de prólogo, 309 de texto y una en blanco.
La edición de 1532, Barcelona, por Carlos Amorós, lleva añadidos «nueve cartas y siete capítulos, no de menor estilo y altas sentencias que todo lo en él contenido». Los capítulos añadidos (entre los cuales figuran las epístolas amatorias de Marco Aurelio) son los que van del 58 al 73 del libro III.
Es de presumir que contenga las mismas adiciones el Libro Aureo de Marco Aurelio Emperador, eloquentissimo orador, impreso en Venecia por Juan Bautista Pedrezano, en 1532 (según creemos, con asistencia del corrector Francisco Delicado) «por importunacion de muy muchos señores a quien la obra y estilo y lengua romāce castellana muy mucho aplaze: correcto de las letras que trocadas estavan». Á lo menos, en el frontis se dice que contiene «muchas cosas hasta aqui en ningun otro impresas».
Son muy numerosas las ediciones posteriores á éstas, pero no tienen estimación bibliográfica.
[555] «Yo comencé a entender en esta obra el año de mil y quinientos y diez y ocho, y hasta el año de veynte y quatro ninguno alcançó en qué yo esta va ocupado: luego el siguiente año de veynte y quatro, como el libro que tenia yo muy secreto estuviesse divulgado, estando su Magestad (Carlos V) malo de la quartana, me le pidio para pasar tiempo y aliviar su calentura. Yo serví a su Magestad estonces con Marco Aurelio: el qual aun no le tenia acabado ni corregido, y supliquéle humildemente que no pidia otra merced en pago de mi trabajo, sino que a ninguno diesse lugar que en su real camara trasladasse el libro, porque en tanto que yo yva adelante con la obra, y que no era mi fin de publicarla de la manera que estonces estava, si otra cosa fuesse, su Magestad sería muy deservido y yo perjudicado. Mis pecados que lo uvieron de hacer: el libro fue hurtado y por manos de diversas personas traydo y trasladado, y como unos a otros le hurtavan y por manos de pajes le escrevian, como cada dia crescian en él más la faltas, y no avia más de un original por do corregirlas. Es verdad que me trugeron algunos a corregir: que si supieran hablar, ellos se quexasen más de los que los escrivieron, que no yo de los que le hurtaron. Añadiendo herror sobre herror, ya que yo andava al cabo de mi obra y queria publicarla, remanesce Marco Aurelio impresso en Seuilla, y en este caso yo pongo por juezes a los lectores entre mí y los impresores, para que vean si cabia en ley ni justicia un libro que estaba a la imperial majestad dedicado, era el auctor niño, estava imperfecto, no venia corregido, que osase ninguno imprimirlo ni publicarlo. No parando en esto el negocio imprimieronse otra vez en Portugal y luego en los reynos de Aragon, y si fue viciosa la imprission primera no por cierto lo fueron menos la segunda y tercera; por manera que lo que se escrive para el bien comun de la republica, cada uno lo quiere aplicar en provecho de su casa. Otra cosa acontesció con Marco Aurelio, la qual he verguença de la dezir, pero más la habrán de tener los que la osaron hazer, y es que algunos se hazian auctores de la obra toda, otros en sus escripturas enxerian parte della como suya propria: lo qual paresce en un libro impresso do el auctor puso la plática del villano, y en otro libro tanbien impresso puso otro la habla que hizo Marco Aurelio a Faustina, quando le pidio la llave. Pues estos ladrones han venido a mi noticia, bien pienso yo que se deve aver hurtado más hazienda de mi casa. En esto veran que Marco Aurelio no estava corregido, pues agora se le damos muy castigado. En esto veran que no estava acabado, pues agora sale perfecto. En esto veran que le faltava mucho, pues agora le veran añadido...». (Fol. XIIII de la edición de Valladolid).
[556] La patria de Guevara consta de una manera explícita en su letra al abad de San Pedro de Cardeña, que es la XXXIV de la primera serie de las Epístolas Familiares: «Que como naci en Asturias de Santillana y no en el potro de Cordoba, ninguna cosa pudiera enviarme a mí más acepta que aquella carne salada» (alude á unas cecinas que le había regalado el abad).
Los que creen salir del paso con decir que ésta es una frase proverbial y metafórica, harían bien en presentar algún ejemplo de ella. Entretanto séanos permitido tomarla en su sentido recto, mucho más cuando, sin salir de la misma carta, la corroboran otras palabras del mismo Guevara, tan terminantes como éstas: «A los que somos montañeses no nos pueden negar los castellanos que cuando España se perdió, no se hayan salvado en solas las montañas todos los hombres buenos, y que despues acá no hayan salido de alli todos los nobles. Decia el buen Iñigo López de Santillana que en esta nuestra España, que era muy peregrino o muy nuevo el linaje que en la Montaña no tenia solar conocido». Y en la epístola XV de la segunda serie á D. Alonso Espinel, corregidor de Oviedo: «Verdad es que los viejos de mi tierra, la Montaña, más cuenta tienen con la taberna que no con la botica».
Contra afirmaciones tan terminantes nada prueba el epitafio de Guevara donde se le llama patria alavensis, aunque se le suponga compuesto por él mismo. La voz patria admite varias acepciones, entre ellas la de origen. No hay duda que el linaje de Guevara procede de Álava, y en este sentido, Fr. Antonio pudo llamarse alavés. Pero en el verbo nacer no cabe anfibología alguna. Nació, pues, Fr. Antonio de Guevara en la merindad de Asturias de Santillana, nombre que antiguamente se daba á la parte mayor de lo que hoy es provincia de Santander, denominada también montañas de Burgos, ó simplemente la Montaña, como todavía la llaman, por antonomasia, castellanos y andaluces. En cuanto al lugar de su nacimiento, apenas puede dudarse que lo fue Treceño (en el actual ayuntamiento de Valdáliga), donde persevera la torre de los de su apellido y donde consta que pasó su infancia: «Acuerdome que siendo muy niño, en Treceño, lugar de nuestro mayorazgo de Guevara, vi a D. Ladron, mi tio, y a D. Beltrán, mi padre, traer luto por vuestro padre». (Letra al obispo de Zamora, D. Alonso de Acuña). Pudiéramos añadir otras pruebas genealógicas, pero serían superfluas después de lo dicho.
[557] M. Antonini Imperatoris Romani, et Philosophi de seipso seu vita sua Libri XII. Graecè et Latinè nunc primum editi, Gulielmo Xylandro Augustano interprete: qui etiam Annotationes adjacit Tigvri apvd Andream Gesnerum, 1559.
[558] En la epístola 60 de las familiares á D. Fadrique de Portugal, arzobispo de Zaragoza y virrey de Cataluña, se muestra pesaroso de haber traducido (como él dice) estas cartas que, por lo demás, aunque profanas, nada tienen de licenciosas «Para deciros, señor, verdad, á mí me quedaron pocas cartas de Marco Aurelio, digo de las que son morales y de buenas dotrinas; que de las otras que escribio siendo mozo a sus enamoradas, aun tengo razonable cantidad dellas, las cuales son más sabrosas para leer que no provechosas para imitar. Muchas veces he sido importunado, rogado, persuadido y aun sobornado para que publicase estas cartas, y a ley de bueno le juro que no ha faltado caballero que me daba una muy generosa mula porque le diese una carta de alguna enamorada, diciendome que se la habia pedido una dama y le iba la vida en complacerla. Mil veces me he arrepentido de haber romanceado aquellas cartas de amores, sino que el conde de Nasao, y el principe de Orange, y D. Pedro de Guevara mi primo, me sacaron de seso y me hicieron hacer lo que yo no queria ni debia. Siendo como yo era en sangre limpio, en profesion teologo, en hábito religioso y en condicion cortesano, bien excusado fuera a mí tomar oficio de enamorado, es á saber, en pararme á escribir aquellas vanidades o aquellas liviandades; por lo cual, yo pecador, digo mi culpa, y mi gravisima culpa, pues ofendia a mi gravedad y aun a mi honestidad. Muchos señores y aun señoras se paran a lisongearme y alabarme del alto estilo en que traduje aquellas cartas, y de las razones tan delicadas y enamoradas que puse en ellas; y mejor salud les dé Dios, que yo tome dello gloria ni aun vanagloria; porque asi me afrento cuando me hablan en aquella materia, como si me echasen una pulla. Si por traducir yo aquellas cartas amatorias, y haber puesto en ellas razones tan vivas y requebradas, algun enamorado o alguna enamorada han pecado, cogitatione, delectatione, conseneu, visu, verbo et opere, otra y otras mil veces pido a Dios perdon de lo en que le ofendi y del mal ejemplo que de mí di».
[559] El Villano del Danubio de D. Juan de la Hoz y Mota. Pone en verso, abreviándole mucho, el discurso del rústico en el Senado.
[560] Mélanges tirées d'une petite bibliothéque, p. 162.
A. Chassang (Histoire du roman dans l'antiquité grecque et latine, p. 464) aventura la temeraria conjetura de que el Marco Aurelio de Guevara puede ser la última refundición de alguna novela filosófica de la antigüedad, en el género de la Vida de Apolonio de Tyana.
[561] Extractos bien escogidos del Relox de Principes hay en el tomo II del Teatro de la elocuencia castellana de Capmany. También D. Adolfo de Castro, en el tomo de Filósofos de la biblioteca de Rivadeneyra, donde no tenia para qué figurar Guevara, que es un moralista práctico sin filosofía de ningún género, pone algunos de los mejores trozos del Marco Aurelio, entre ellos la arenga del villano del Danubio y el largo razonamiento del emperador á su mujer Faustina, que le pedía la llave de su estudio.
[562] La bibliografía, aun incompleta, de sus traducciones ocuparía sin provecho largo espacio en estas páginas. Indicaremos sólo las principales y más antiguas en cada lengua:
—Livre doré de Marc Aurele, empereur et eloquent orateur, traduict du vulgaire castillan en francoys par R. B. (René Bertaut). París, Galliot du Pre, 1531.
—L'orloge des princes... París, 1540. (Es la traducción del señor de la Grise, pero revisada y completada por Antonio du Moulin, con presencia del original español).
—L'horloge des princes... traduit en partie de castillan en francois par feu Nicolas d'Herberay (sieur des Essars) et en partie reueu et corrigé nouvellement entre les precedentes editions, París, por Guillermo le Noir, 1555. La parte traducida por Herberay des Essars es el libro primero; los otros dos están tomados de las traducciones anteriores.
Todas ellas se reimprimieron muchas veces, como puede verse en Brunet.
—Vita di M. Aurelio Imperadore, con le alte et profonde sue sentenze, noteuoli documenti, ammirabili essempli, et lodevole norma di vivere. Novamente tradotta di Spagnuolo in lingua Toscana per Mambrino Roseo da Fabriano, 1543.
—Vita, gesti, costumi, discorsi, lettere di M. Aurelio Imperatore, sapientissimo Filosofo et Oratore eloquentissimo. Con la giunta di moltissime cose, che ne lo Spagnuolo non erano, e de le cose spagnuole, che mancavano in la tradottione italiana... In Vinegia, appresso Vicenzo Vaugris... 1544. Firma la dedicatoria Fausto da Longiano.
Hasta veintidós ediciones más en italiano se citan en el Lexicon Bibliographicum de Hoffmann (t. I, pág. 193).
—The Golden Boke of Marcus Aurelius Emperour and eloquent oratour. (Al fin): Thus endeth the volume of Marke Aurelie Emperour, otherwise called the golden boke, translated out of Frenche into Englishe by John Bourchier Knight lorde Barners, deputie generall of the kynges town of Caleis and marches of the same at the instaunt desire of his neuewe sir Francis Bryan knighte, ended at Caleis y tenth daie of Marche, in the yere of the reigne of our soueraygne lorde kyng Henry the VIII, the XXIIII.
Fué reimpreso catorce veces por lo menos en el siglo XVI.
—Traducción alemana de Egidio Albertino, impresa en Münich, 1599 (Vid. Schneider, pp. 89 y ss.). Fué de las más tardías, pero alcanzó siete reimpresiones; la última en Francfort 1661.
—Traducción holandesa, impresa en 1612 (Vid. Hoffmann).
—Horologii Principum sive de vita M. Aur. Imperatoris libri 3, de lingua castellana in latinam linguam traducti operâ et studio Joannis Wanckelii. Torgae, 1606. Hay, por lo menos, otra edición.
—Horologium principum ad normam vitæ M. Aurelii Severi concinnatum per Johannem Wanckelium de lingua castellana in latinam linguam translatum (Francfort, 1664).
—Traducción armenia por Kapriel Hamuzasbian, Venecia, 1738.
[563] Libro Avreo de Marco Avrelio, emperador y elocuentissimo orador. Nueuamente impresso. En la triumphante villa de Paris, por Galleot de Prado, librero, MDXXIX. Un ejemplar de esta rarísima edición, que á juzgar por su título y por su fecha debe de reproducir, no el texto del Relox de Principes, sino el primitivo de las ediciones fraudulentas de Sevilla, Portugal y Aragón á que alude Guevara en su prólogo, apareció en las ventas de Seillière y de Heredia (n. 356).
[564] Fueron, según Brunet, Pedro Sorel, Chartrain, Nicolás Clément y Gabriel Fourmenois.
Taine, en su ingeniosa tesis La Fontaine et ses fables (pp. 273-286), hace un detenido y brillante análisis de la fábula del villano del Danubio, que Lafontaine parece haber tomado de los Paralelos históricos de Cassandre, uno de los muchos compiladores que explotaron el libro de Guevara.
[565] Shakespeare and Euphuism (en las Transactions of the New Shakespeare society, 1884).—Der Euphuismus (Giessen, 1881), y en su edición del Euphues (Heillbronn, 1887).
[566] Le Roman au tempe de Shakespeare (París, 1887), págs. 45 y ss.
[567] Spanish Literature in the England of Tudors, pp. 65-84, y por incidencia en otras partes.
[568] Vid. Sales Españolas... recogidas por D. A. Paz y Meliá, págs. 229 y ss.
[569] Digo casi únicas, porque la historia de Osmin y Daraja, que Mateo Alemán insertó como episodio en su Guzmán de Alfarache, pertenece al mismo género. Ya hablaremos de ella á su tiempo.
[570] En su Nobleza de Andalucía, 1588, fol. 296.
[571] Historia de la dominación de los árabes en España, sacada de varios manuscritos y memorias arábigas, por el doctor D. José Antonio Conde... Tomo III (Madrid, 1821), pp. 262-265.
[572] Tomo II (edición de París, Baudry, 1852), pp 42-45.
[573] Inventario de Antonio de Villegas, dirigido a la Magestad Real del Rey Don Phelippe nuestro Señor... En Medina del Campo, impresso por Francisco del Canto. Año de 1565. Con previlegio. 4.º.
—Inventario de Antonio de Villegas... Va agora de nuevo añadido un breve retrato del Excelentissimo Duque de Alua... Impresso en Medina del Cāpo por Francisco del Canto, 1577, A costa de Hieronymo de Millis, mercader de libros. 8.º.
Amplios extractos de este libro, y entre ellos la novela del Abencerraje, reproducida con entera sujeción á la ortografía y puntuación del original, se hallan en el libro de D. Cristóbal Pérez Pastor La Imprenta en Medina del Campo (Madrid, 1895), pp. 199-218.
El mérito de haber renovado en nuestro siglo la memoria, ya casi perdida, de este sabroso cuento, corresponde al bibliófilo D. Benito Maestre, que llegó á reunir una colección muy selecta y numerosa de antiguas novelas españolas, incorporada hoy á la Biblioteca Nacional. Maestre fué quien en 1845 hizo imprimir en uno de los periódicos ilustrados de entonces, El Siglo Pintoresco (tomo I, pp. 8-16), la historia de Jarifa y el Abencerraje, que todavía se popularizó más cuando fué incluida por Aribau en el tomo de Novelistas anteriores á Cervantes. Desde entonces se ha reimpreso varias veces, mereciendo especial recuerdo la linda reproducción fotolitográfica de la segunda edición de Medina, hecha por el difunto bibliófilo D. José Sancho Rayón.
[574] Téngase en cuenta lo que más adelante diremos sobre las primeras ediciones de la Diana.
[575] Encontró Gallardo este desconocido opúsculo en la biblioteca de Medinaceli, encuadernado con una Diana, edición de Cuenca, por Juan de Canova, 1561. Nos hemos valido del extracto que formó aquel incomparable bibliógrafo, y que se conserva entre el grandísimo número de papeles suyos recientemente descubiertos, y que, Dios mediante, se han de publicar como quinto tomo de su Ensayo.
Otro libro se cita con el título de El moro Abindarráez y la bella Xarifa, novela. Toledo, por Miguel Ferrer, 1562, 12.º.
[576] Los romances relativos á Abindarráez figuran en la colección de Durán con los números 1.089 á 1.094, pero hay que añadir los de Padilla, que sólo se encuentran en su Romancero, reimpreso por la Sociedad de Bibliófilos españoles en 1880 (pp. 220-241), el de Jerónimo de Covarrubias (fol. 245 de La Enamorada Elisea) y quizá algún otro que no recuerdo.
[577] Historia de los amores del valeroso moro Abinde-Arraez y de la hermosa Xarifa Abencerases. Y la battalla que hubo con la gente de Rodrigo de Narvaez a la sazon Alcayde de Antequera y de Alora, y con el mismo Rodrigo. Vueltos en verso por Francisco Balbi de Correggio... En Milan, por Pacifico Poncio, 1593.
[578] Inserta en la parte XIII de su teatro (1620) y reimpresa en el tomo XI de las Obras de Lope, edición de la Academia Española, con un breve estudio de quien esto escribe.
[579] «Algunas cosas de aquestas no llegaron a noticia de Hernando del Pulgar, coronista de los Catolicos Reyes, y asi no las escribio, ni la batalla que los cuatro caballeros cristianos hizieron por la reina, perque dello se guardó el secreto... Nuestro moro coronista supo de la sultana debajo de secreto todo lo que pasó. Visto por el coronista perdido el reino de Granada, se fue a Africa y a Tremecen, llevando todos los papeles consigo; alli murio y dexó hijos y un nieto suyo, no menos habil que él, llamado Argutarfa, el cual recogio todos los papeles de su abuelo, y en ellos halló este pequeño libro, que no estimó en poco, por tratar la materia de Granada, y por grande amistad se lo presentó a un judio llamado Saba Santo, quien le sacó en hebreo por su contento, y el original arabigo le presentó a D. Rodrigo Ponce de Leon, conde de Bailen. Y por saber lo que contenia y por haberse hallado su abuelo y bisabuelo en las dichas conquistas, le rogó al judio que le tradujese al castellano, y despues el conde me hizo merced de darmelo». (Cap. XVII).
Cervantes parodió todo este cuento al referirnos el hallazgo de los cartapacios arábigos que compró en el Alcaná de Toledo, y que un morisco le tradujo por dos arrobas de pasas y dos hanegas de trigo.
[580] Relaciones de algunos sucesos de los últimos tiempos del reino de Granada, que publica la Sociedad de Bibliófilos Españoles. Madrid, 1868, pp. 69-143.
[581] Prolegómenos de Aben-Jaldún, en el tomo XVI, pág. 267, de las Notices et extraits des manuscrits de la Bibliothèque Imperiale de France.
[582] El libro de Pérez de Hita fué leído entre los moriscos, y uno de ellos le tradujo al árabe ó más bien le compendió en un manuscrito que Gayangos poseía, adquirido en Londres; en la venta de los libros de Conde. Éste es el pretenso original de que algunos han hablado.
[583] Son muy escasos los datos que poseemos acerca de Ginés Pérez de Hita. Fueron recogidos, no con el mejor orden, por el difunto magistrado D. Nicolás Acero y Abad, en su libro Ginés Pérez de Hita, estudio biográfico y bibliográfico (tomo I, único publicado), Madrid, imprenta de Hernández, 1889.
No es seguro que pertenezca á nuestro Hita la partida bautismal de un Ginés Pérez, hallada por el Sr. Acero en la parroquia de San Miguel de la villa de Mula, pero todo induce á creer, que nació en aquella villa, que tan expresivamente elogia en la segunda parte de las Guerras Civiles (cap. IV):
Francisco de Melgarejo
De Mula salió alistado,
Fuerte villa del Marqués
Y la mejor del reinado.
En la portada de sus libros se titula «vecino de la ciudad de Murcia», y de aquella capital le supone hijo el P. Morote, en su Antigüedad y blasones de la ciudad de Lorca (pp. 340 y 358). Según las noticias genealógicas sacadas por el Sr. Acero del Archivo municipal de Mula, la familia de los Hitas se encuentra sin interrupción en aquella villa y procede de uno de los primeros pobladores de ella.
Además de las Guerras Civiles de Granada se conocen dos obras de Ginés Pérez de Hita, compuestas, por desgracia, no en su apacible prosa, sino en pésimos metros. La una es cierto poema ó más bien crónica rimada que en 1572 escribió en octavas reales y en diez y seis cantos con el título de Libro de la población y hazañas de la muy noble y muy leal ciudad de Lorca, y que, sin gran menoscabo de las letras patrias, ha permanecido inédita hasta nuestros días, estragándose más y más en las repetidas copias, después de haber servido de fondo principal á la narración en prosa del P. Morote. Le ha publicado íntegro el Sr. Acero en su libro ya citado (pp. 341-368). La otra, que ya hemos tenido ocasión de mencionar, es una versión de la Crónica Troyana en verso suelto, con algunos trozos rimados. En la Biblioteca Nacional se conserva el manuscrito, al parecer autógrafo, rubricado en todas las planas para la impresión y encabezado así: Los diez y siete libros de Daris del Belo troyano, agora nuevamente sacado de las antiguas y verdaderas ystorias, en verso, por guines perez de hita, vecino de la ciudad de Murcia. Año 1596.
Había militado á las órdenes de D. Luis Fajardo, marqués de los Vélez, en la guerra contra los moriscos (1569-1571), y la relación de estas campañas forma el principal asunto de la segunda parte de las Guerras Civiles de Granada, donde quedan muchas pruebas de la nobleza de su corazón, de su humanidad con los vencidos y del horror y lástima que le causaban los desmanes de sus compañeros de armas. Al fin condena en términos expresos el destierro de los moriscos: «Finalmente, los moriscos fueron sacados de sus tierras, y fuera mejor que no se les sacara por lo mucho que han perdido dello su Majestad y todos sus reinos». Se precia de haber salvado, en el horrible estrago que en el pueblo de Felix hizo el endiablado escuadrón de Lorca, á veinte mujeres y un niño de pecho (Parte II, cap. VIII).
[584] «Estas y otras lastimosas cosas decia la afligida Sultana con intento de romper sus transparentes venas para desangrarse; y resuelta en darse este genero de muerte, llamó a Celima y a una doncella cristiana llamada Esperanza de Hita, que la servía, la cual era natural de la villa de Mula, y llevandola su padre y cuatro hermanos a Lorca a desposarla, fueron salteados de moros de Tirieza y Xiquena, y defendiendose los cristianos mataron más de diez y seis moros; y siendo mortalmente heridos los cristianos, cayeron muertos los caballeros». (Parte I, cap. XIV).
[585] Eguilaz (D. Leopoldo), Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental (Granada, 1886), p. 10.
[586] Relaciones de los últimos tiempos del reino de Granada, p. 9.
[587] Pág. 5 de las Relaciones.
[588] Como tradiciones análogas á la del degüello de los Abencerrajes recuerda Schack (Poesía y arte de los árabes en España, traducción de D. Juan Valera, tomo II, 1868, pp. 236-238), la leyenda oriental del exterminio de la tribu de Teccin por un rey de Persia, y la famosa noche toledana del tiempo de Alhaken II (siglo IX). Pudo haber imitación en los pormenores del relato, pero la leyenda granadina no es una mera trasplantación, puesto que tiene un fondo histórico.
[589] «Hubo en Granada un linaje de caballeros, que llamaban los Abencerrajes, que eran la flor de todo aquel reino, porque en gentileza de sus personas, buena gracia, disposicion y gran esfuerzo hacían ventaja a todos los demas; eran muy estimados del rey y de todos los caballeros, y muy amados y quistos de la gente comun. En todas las escaramuzas que entraban salian vencedores, y en todos los regocijos de caballería se señalaban. Ellos inventaban las galas y los trajes, de manera que se podia bien decir que en ejercicio de paz y guerra eran ley de todo el reino. Dicese que nunca hubo Abencerraje escaso ni cobarde, ni de mala disposicion; no se tenia por Abencerraje el que no tenia dama, ni se tenia por dama la que no tenia Abencerraje por servidor. Quiso la fortuna, enemiga de su bien, que desta escelencia cayesen de la que oiras. El rey de Granada hizo a dos destos caballeros, los que más valian, un notable e injusto agravio, movido de falsa informacion que contra ellos tuvo, y quisose decir, aunque yo no lo creo, que estos dos, y a su instancia otros diez, se conjuraron de matar al rey y dividir el reino entre sí, vengando su injuria. Esta conjuracion, siendo verdadera o falsa, fue descubierta, y por no escandalizar el rey al reino, que tanto los amaba, los hizo a todos en una noche degollar; porque a dilatar la injusticia, no fuera poderoso de hacella. Ofrecieronse al rey grandes rescates por sus vidas, mas él aun escuchallo no quiso. Cuando la gente se vio sin esperanza de sus vidas, comenzó de nuevo a llorarlos: lloranbanlos los padres que los engendraron y las madres que los parieron; llorabanlos las damas a quien servian y los caballeros con quien se acompañaban, y toda la gente comun alzaba un tan grande y continuo alarido, como si la ciudad se entrara de enemigos... Sus casas fueron derribadas, sus heredades enajenadas y su nombre dado en el reino por traidor».
[590] Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada (Málaga, por Juan René, 1600), lib. I, cap. XII.
[591] En esto de la hermosura no parece que anduvo muy bien informado Mármol, porque Hernando de Baeza que la conoció, aunque ya vieja, dice que le pareció que «no habia sido mujer de buen gesto».
[592] The history of the Mohammedan dynasties in Spain... by Ahmed ibn Mohamed Al-Makkari... translated by Pascual de Gayangos... London, 1843, t. II, pp. 370 y 371.
[593] Siguiendo fielmente la prosa de Hita se compusieron luego dos romances vulgares de La gran Sultana, que todavía venden los ciegos (ns. 1.208 y 1.209 del Romancero de Durán).
[594] Histoire des Mores Mudejares et des Morisques ou des Arabes d'Espagne sous la domination des chrétiens, por M. le Comte Albert de Circourt. París, 1846, t. III, p. 325.
[595] También el romance endecasílabo de su hijo D. Leandro sobre La toma de Granada, presentado á un concurso de la Academia Española en 1779, debe toda su erudición morisca á las Guerras Civiles, que el clásico Inarco leía con fruición cuando niño. «Libro deliciosisimo para mí», dice en unos apuntes autobiográficos.
[596] Y de Mad. de Villedieu en sus Aventures et galanteries grenadines, divisées en cinq parties (Lyon, 1711), que es en parte traducción y en parte imitación del libro de Pérez de Hita. Otras varias novelas del género granadino, compuestas por autores más ó menos conocidos de los siglos XVII y XVIII, pueden verse extractadas en la Bibliothèque universelle des romans, que es el panteón de toda la novelística olvidada.
[597] No cabe duda que manejó las Guerras Civiles, puesto que de ellas imitó con bastante gracia el romance de Abenámar, Abenámar-moro de la morería.
[598] A Chronicle of the Conquest of Granada. From the ms. of Fray Antonio Agapida. By Washington Irving. Paris, Didot, 1829. 2 vols. Irving remedó á Pérez de Hita hasta en atribuir su crónica á un historiador fabuloso, como lo es el llamado Fr. Antonio Agapida.
De Walter-Scott se refiere que leyó en sus últimos años las Guerras Civiles, y que lamentaba no haberlas conocido antes para haber puesto en España la escena de alguna de sus novelas. El gran maestro de la novela histórica no podía menos de estimar á uno de sus predecesores más ilustres. Vid. Ferd. Denis, Chroniques chevaleresques (París, 1839), t. I, p. 323.
[599] En la advertencia que precede á Moraima, dice Martínez de la Rosa: «Compuse esta tragedia seis años después de La viuda de Padilla, y como menos mozo y más avisado, procuré escoger un argumento que ofreciese menos inconvenientes y que se brindase de mejor grado á una composición dramática. La casualidad también me favoreció en la elección: acababa de caer en mis manos, no sé cómo, un libro muy vulgar en España, pero que yo no había leído hasta entonces, la Historia de las Guerras Civiles de Granada, y bien fuera por lo extraño y curioso de la obra, bien por el interés que debía excitar en mí, ausente á la sazón de mi patria y con pocas esperanzas de volverla á ver, lo cierto es que la lectura de tal libro me cautivó mucho, y que tuve por buena dicha poder sacar de él un argumento, alusivo cabalmente á mi país natal y á propósito para presentarse en el teatro».
[600] Bulletin Hispanique, enero á mayo de 1903.
[601] Fué también menos imitada que la primera; pero además del espléndido drama de El Tuzani que inspiró á Calderón, todavía se encuentra su rastro en Aben-Humeya, excelente drama histórico de Martínez de la Rosa; en La Alpujarra, de Alarcón, y aun en Los Monfies de la Alpujarra, tremebunda novela de D. Manuel Fernández y González.
[602] Hay que exceptuar dos ó tres únicamente: el que comienza
Las tremolantes banderas
Del grande Fajardo parten
Para las nevadas sierras
Y van camino de Ohánez,
¡Ay de Ohánez!... (cap. X),
que tiene mucho ímpetu bélico y produce cierto efecto de tañido fúnebre con la repetición de las palabras finales, y el de la toma de Galera (cap. XXII), que no es de Pérez de Hita, sino de un amigo suyo, y conserva algunos felices rasgos del bellísimo romance popular de El Conde Arnaldos. Pero la joya poética de esta segunda parte son las proféticas y sombrías endechas que canta una mora delante de Aben Humeya, «haciendo un sonido sordo y melancólico con un plato de estaño» y cayendo muerta al terminar su lúgubre canción:
La sangre vertida
De mi triste padre
Causó que mi madre
Perdiese la vida.
Perdí mis hermanos
En batalla dura,
Porque la ventura
Fue de los cristianos.
Sola quedé, sola,
En la tierra ajena;
¡Ved si con tal pena
Me lleva la ola!
La ola del mal
Es la que me lleva
Y hace la prueba
De dolor mortal.
Dejadme llorar
La gran desventura
Desta guerra dura
Que os dará pesar.
De las blancas sierras
Y ríos y fuentes,
No verán sus gentes
Bien de aquestas guerras;
Menos en Granada
Se verá la zambra
En la ilustre Alhambra
Tanto deseada;
Ni á los Alijares
Hechos á lo moro,
Ni á su río de oro,
Menos á Comares.
Ni tú, don Fernando,
Verás tus banderas
Tremolar ligeras
Con glorioso bando;
Antes destrozadas,
Presas y abatidas
Y muy doloridas,
Tus gentes llevadas
A tierras ajenas;
Metidas en hierros
Por sus grandes yerros
Pasarán mil penas.
No verán los hijos
Dónde están sus padres,
Y andarán las madres
Llenas de letijos,
Con eternos llantos
Muy descarriados
En sierras, collados,
Hallarán quebranto.
Y tú, don Fernando,
No verás los males
De los naturales
Que te están mirando;
Porque tus amigos
Quiere el triste hado
Te habrán acabado
Siéndote enemigos.
Otro rey habrá
También desdichado,
Que amenaza el hado
Como se sabrá.
Y tú, Habaquí,
Por cierto concierto
También serás muerto
¡Mezquino de ti!
El cristiano bando
Viene poderoso;
Volverá glorioso
Despojos llevando;
Y yo estoy llorando
Mi gran desventura,
Y la sepultura
Ya me está aguardando (Cap. XIV).
[603] Sin proponernos apurar aquí la extensa bibliografía de la obra de Ginés Pérez, apuntaremos sólo las ediciones más notables:
Historia de los vandos de los Zegries y Abencerrages, Caualleros moros de Granada, de las Civiles guerras que huuo en ella, y batallas particulares que huuo en la Vega entre Moros y Christianos, hasta que el Rey D. Fernando Quinto la gano. Agora nvevamente sacado de un libro Arauigo, cuyo autor de vista fue un Moro llamado Aben-Amin, natural de Granada. Tratando desde su fundacion. Traduzido en Castellano por Gines Perez de Hita, vezino de la ciudad de Murcia. En Çaragoça. Impreso en casa de Miguel Ximeno Sanchez. M.D.LXXXXV. A costa de Angelo Tabano. 8.º 8 hs. pres. y 307 de texto.
Esta rarísima edición se halla en la Biblioteca Nacional de París, y por ella publicó varios capítulos el Sr. Acero en su curioso centón sobre Pérez de Hita, ya mencionado. Hasta ahora no se conoce otra más antigua, y el editor Angelo Tavano dice rotundamente que era libro nunca hasta ahora impresso. Cítase vagamente una de Alcalá, 1588, pero Brunet duda de su existencia.
Esta primera parte fué reimpresa en Valencia, 1597; Alcalá de Henares, 1598; Lisboa, 1598; Alcalá, 1601; Lisboa, 1603; Barcelona, 1604; Alcalá, 1604; Valencia, 1604; Málaga, 1606; París, 1606 (con dedicatoria de un tal Fortan á la Marquesa de Vernoil; el mismo Fortan aclara al margen varias palabras para inteligencia de los franceses); Barcelona, 1610; Sevilla, 1613; Valencia, 1613; Lisboa, 1616; Barcelona, 1619; Alcalá, 1619; Cuenca, 1619, Valencia, 1613; Sevilla, 1625; Madrid, 1631. Suprimo todas las ediciones posteriores á esta fecha. Hay, por lo menos, doce en todo lo restante del siglo XVII, y aunque vulgares y de surtido, todas son raras, lo cual prueba el gran consumo que se hacia del libro como lectura popular. En el extranjero también servía para texto de lengua; la edición de Fortan fué reimpresa varias veces, una de ellas en 1660.
Seis ediciones, por lo menos, de la primera parte suelta salieron en el siglo XVIII.
La segunda parte, como al fin de ella se declara, fué «sacada en limpio y acabada» por su autor «en 25 de noviembre de 1597», é impresa en Alcalá de Henares, por Juan Gracián, en 1604; pero de esta primera edición no se conserva (que yo sepa) ejemplar alguno, y su existencia consta sólo por los preliminares de las siguientes. Las dos más antiguas que se conocen son la de Barcelona, 1619, por Esteban Liberós, y la de Cuenca, 1619, por Domingo de la Iglesia, una y otra con este título: Segunda parte de las guerras civiles de Granada y de los crueles bandos entre los convertidos moros y vecinos cristianos con el levantamiento de todo el reino y ultima rebelion sucedida en el año de mil quinientos sesenta y ocho. Y assimismo se pone su total ruina y destierro de los moros por toda Castilla; con el fin de las granadinas guerras por el rey nuestro señor don Felipe II de este nombre, por Gines Perez, vecino de la ciudad de Murcia, dirigida al Excmo. Sr. Duque del Infantado, Mayordomo mayor del Rey Nuestro Señor Don Felipe III deste nombre.
Fué reimpresa en Barcelona, 1631; Madrid, 1696, por Juan García Infanzón, y tres veces más en el siglo XVIII, siendo la edición más conocida la que hizo en 1731 el famoso librero Padilla.
Las ediciones de ambas partes juntas, hechas, en Madrid, por D. León Amarita, 1833; en París, por Baudry, 1847, y en el tomo III de Rivadeneyra, están adulteradas del modo que se indica en el texto. Creo que no lo estará todavía la de Gotha, por Steudel y Keil, 1805-1811, que ocupa los tres primeros tomos de la Bibliotheca Española de aquellos editores.
De la primera parte existen traducciones y arreglos en varios idiomas. En francés hay dos por lo menos: una de autor anónimo, con el título de Histoire des guerres civiles de Grénade (París, 1608), y otra de A. M. Sané, con el de Histoire chevaleresque des Maures de Grénade (1809). Esto sin contar con las imitaciones, de las cuales ya hemos mencionado algunas, y todavía pueden añadirse la Histoire des guerres civiles de Grénade de Mademoiselle de la Roche Guilhen (París, 1683), y la Histoire de la conquête de Grénade, de Mad. Gómez.
En lengua alemana fué traducida por Carlos Augusto Spalding (Geschichte der Bürgerlichen Kriege in Granada), Berlín, 1821. En inglés, por Tomás Rodd (Las Guerras Civiles, and the history of the factions of the Zegries and Abencerrages, to the final conquest by Ferdinand and Isabella... Londres, 1801).
[604] Primera parte de los Comentarios reales que tratan del origen de los Incas, reyes que fueron del Perú; de su idolatria, leyes y gobierno en paz y en guerra, de sus vidas y conquistas, y de todo lo que fue aquel imperio y su República antes que los españoles pasaran a él. Escritos por el Inca Garcilaso de la Vega, natural del Cuzco... Lisboa, Pedro Crasbeck, 1609.—Reimpreso en Madrid, 1723.
[605] «El hijo tercero de Alonso Hinestrosa de Vargas y de D.ª Blanca de Sotomayor fue Garcilaso de la Vega, mi señor y padre. El qual empleó treynta años de su vida hasta que se le acabó en ayudar a conquistar y poblar el Nuevo Mundo, principalmente los grandes reynos y provincias del Peru, donde con la palabra y el exemplo enseñó y doctrinó a aquellos gentiles nuestra santa Fee catholica, y aumentó y magnificó la corona de España, tan larga, rica y poderosamente que por sólo aquel imperio que entre otros posee, le teme hoy todo lo restante del mundo. Huvome en una india llamada doña Isabel Chimpu Oello: son dos nombres, el cristiano y el gentil, porque las indias e indios en comun, principalmente los de la sangre real, han hecho costumbre de tomar por sobrenombre, después del bautismo, el nombre propio o apelativo que antes de él tenian. Y estales muy bien por la representacion y memoria de los nombres y sobrenombres reales que en sus magestades antiguas solían tener. Doña Isabel Chimpu Oello fue hija de Hualipa Tupac Inca, hijo legitimo de Inca Yupanqui y de la Coya Mama Oello, su legitima muger, y hermano de Huayna Capac Inca, ultimo rey que fue en aquel imperio llamado Peru».
Así Garcilaso, en su Genealogía de Garci Perez de Vargas, escrita en Granada á 5 de mayo de 1596 (apud Gayangos, notas á Ticknor, III, p, 555).
[606] Vid. Historia critica de los falsos cronicones, por D. José Godoy Alcántara. Madrid, 1868.
[607] Centvria o Historia de los famosos hechos del Gran Conde de Barcelona don Bernardo Barcino, y de don Zinofre su hijo, y otros Caualleros de la Prouincia de Cathaluña. Sacada a luz por el Reverendo Padre Fray Esteuan Barellas, predicador de la Ordē del Seraphico Padre san Francisco de la misma Prouincia. Dirigida al illustre Senado de los Señores Diputados de Cathaluña... En Barcelona en casa Sebastian de Cormellas, Año M.DC. (1600). Fol.
Torres Amat, en sus Memorias para un diccionario de escritores catalanes (p. 94), dice, pero no es muy verosímil, que la palabra catalana barrellada, en significación de fábulas ó disparates, está tomada del apellido de este falso historiador Barellas. Esa voz debe de ser mucho más antigua, y tiene etimología bien obvia. Ni Barellas (ó Barrellas, como T. Amat escribe) fué nunca escritor de tal notoriedad que de su apellido pudieran formarse derivados.
[608] Vid. Milá y Fontanals, Obras completas, tomo VI (Barcelona, 1895), pp. 84-86.
[609] Historia de las Grandezas de la Ciudad de Auila. Por el Padre Fray Luis Ariz. Monge Benito, Dirigida a la Ciudad de Auila, y sus dos Quadrillas. En la Primera Parte trata quál de los quarenta y tres Hercules fue el mayor, y cómo siendo Rey de España tuuo amores con una Africana, en quien tuuo un hijo, que fundó a Avila. Tratase qué naciones la poseyeron, hasta que la conuirtio el glorioso san Segundo, compañero de los seys obispos que embiaron san Pedro y san Pablo dende Roma, y adónde estan los seys. Prosigue el Autor los demas obispos que ha tenido Auila, y los cuerpos santos que tiene, y cómo fue hallado san Segundo, y su traslacion, con las fundaciones de sus Iglesias. Con preuilegio, En Alcala de Henares, Por Luys Martinez Grande. Año de 1607. Además del frontis, tiene una portada grabada, que representa, á estilo de libros de caballerías, los principales episodios de la historia de Ávila.
Segunda Parte de las Grandezas de Auila. Prosigue el Autor las vezes que fue perdida y ganada, hasta el año 992. Su poblacion por el Conde don Ramon. Quiénes y de dónde fueron los pobladores. Qué calidades han de tener los candileros, y la estimación de la honrra, y cómo pende dellos el bien de la República. Cómo fue defendido en Auila el Emperador don Alonso Ramon contra su Padrastro el Rey de Aragon. La respuesta que Auila le imbió, y cómo vino contra ella, y mató los infantes que le dieron en rehenes. Cómo fue nombrado Blasco Ximeno para reptarle, y la muerte aleuosa que le dieron, y la sentencia sobre si pudo ser reptado el Rey. Cómo fueron los Adalides de Auila a defender a Toledo, en la muerte del Rey don Alonso 6.º contra los Moros que auian alçado por Rey a Iezmin, y Aya de Talauera, con quien auia de ser casada Aja Galiana, mujer de Naluillos Blazquez, Prima hermana de Santa Casilda y del infante Petran. Por cuya conuersion y Bautismo entró por Castilla el Infante contra el Rey don Fernando I. Y cómo el Infante fue Bautizado, por mano de la Reyna de los Angeles, y fue fundador del Real Monasterio de nuestra Señora de Sopetran. Cómo Ximena Blazquez, Tia de Naluillos Blazquez, en ausencia de su marido el Alcayde, Hernan Lopez Trillo, y de los Adalides y gente de guerra de Auila, defendio la Ciudad con sus hijas y nueras, vistiendose de hombres, contra el poder del Rey Abdalla Alhaçen. Continuase la historia en el lenguaje Antiguo que la escriuio y conto el obispo don Pelayo de Obiedo, a los que yban a poblar a Auila, en Arebalo. El año mil y ochenta y siete.
Copio íntegras estas pesadísimas portadas, porque bastan para dar idea de la insensatez de la obra. Las partes tercera y cuarta son más propiamente históricas, y, como otros muchos libros de su clase, contienen noticias curiosas y útiles.
Las cuatro partes están reunidas en un volumen en folio, pero cada una de ellas tiene paginación diversa.
[610] Todavía el Sr. D. Juan Martín Carramolino, en su Historia de Ávila en tres volúmenes, impresa en 1873, prohija muchas de las fábulas del P. Ariz, por lo cual su obra ha de ser caute legenda.
[611] El ejemplar, acaso único, que del Epílogo se conoce perteneció en Londres al canónigo Riego, de cuyos herederos le adquirió D. Pascual de Gayangos. El colofón dice así: «La presente obra fue impresa en Salamanca por el muy honrrado varon Lorenço de Lion de Dei, mercader e impresor de libros. Acabose a veynte y dos dias del mes de abril, año de mill e quinientos e dezinueve años, a pedimento de Juan Gallego, vecino de Avila, para el señor Gonçalo de Ayora, capitan e coronista de sus Altezas...».
Hay una reimpresión de Madrid, 1851, con un breve prólogo de Gayangos.
[612] Sobre las sucesivas falsificaciones de la historia de Ávila discurrió D. Vicente de la Fuente en su opúsculo Las Hervencias de Avila (1867), reimpreso en parte en el tomo I (pp. 236-279) de sus Estudios críticos sobre la Historia y el Derecho de Aragón.
[613] Los nueve libros de las Hauidas de Hieronymo Arbolanche, Poeta Tudelano. Dirigidos a la Illustre Señora Doña Adriana de Egues y de Biamonte. En Çaragoça, en casa de Iuan Millan. Vēdense en casa de Miguel de Suelues Infançon. 8.º.
Es libro de la mayor rareza, del cual sólo he manejado dos ejemplares.
Gayangos, en las notas al Ticknor castellano (III, 536-539), y Gallardo y Salvá, en sus respectivas bibliografías, presentan algunas muestras bien escogidas de la versificación de Arbolanche.
[614] Citado la primera vez por Fr. Antonio Brandāo en su Monarchia Lusitana, 3.ª parte, 1652, libro X, cap. XLV: «Hum romance tenho que trata da batalla do Salado, composto por Alfonso Giraldes, autor daquelle tempo, em o principio do qual, entre outras guerras antigas que se apontāo, se faz mençāo desta que o Abbade Joāo teve com os mouros e com seu capitāo Almanzor, etc.». (Jorge Cardoso, Agiologio Lusitano, 1652, t. I, pág. 328).
[615] Poseo un manuscrito de este Compendio, en tres volúmenes, letra del siglo XVI. La leyenda del abad Juan se encuentra en el segundo, págs. 400-408. El Sr. Menéndez Pidal cita, además de éste, tres manuscritos de la Biblioteca Nacional y uno de la Escurialense, advirtiendo que el P—1 de la Biblioteca Nacional, letra de la segunda mitad del siglo XV, corresponde á una primera redacción de Almela.
[616] Gayangos, en su Catálogo de Libros de Caballerías, cita un fragmento que poseía D. Mariano Aguiló, con el siguiente encabezamiento: «Comiença el libro de Juan Abad, señor de Montemayor: en el qual se escrive todo lo que le acontecio con don Garcia su criado». Estaba impreso al parecer en el primer tercio del siglo XVI.
—Historia de el abbad dō Juan. Al fin: «Fue impresso el presente Libro en casa de Francisco Fernandez de Cordova, impresor. Año de mil y quinientos y sesenta y dos». Es edición sin duda de Valladolid, donde Francisco Fernández de Córdoba tuvo famosa imprenta. El único ejemplar conocido de este cuaderno fue comunicado por su dueño, D. Aníbal Fernández Thomas, á la señora doña Carolina Michaëlis de Vasconcellos, que hizo sacar copia de él para el Sr. Menéndez Pidal.
Cítase otra edición de Sevilla, 1584. Una de las últimas fué sin duda la que se describe en el Ensayo de Gallardo (núm. 807):
«Comiença la historia del Abad Juan, señor de Montemayor, compuesta por Juan de Flores». Colofón: «Impresso en Cordoba en las callejas del alhondiga por Diego de Valverde y Leiva, Acisclo Cortés de Ribera, año 1693». (4.º, sin foliar).
El encabezamiento debe de estar tomado de alguna edición antigua. Juan de Flores es, como sabemos, autor ó refundidor de varias novelas cortas publicadas á principios del siglo XVI (alguna acaso á fines del XV), tales como Grisel y Mirabella, Grimalte y Gradissa, etc.
[617] Gessellschaft für romanische literatur, Band 2. La leyenda del Abad D. Juan de Montemayor, publicada por Ramón Menéndez Pidal. Dresden, 1893.
[618] El pueblo de la Mancha llamado La Torre de Juan Abad, tan conocido por el señorío que en él tuvo Quevedo, ¿deberá su nombre á esta leyenda? Según las relaciones topográficas del tiempo de Felipe II, utilizadas por D. Aureliano Fernández-Guerra (Obras de Quevedo, ed. Rivadeneyra, tomo II, pág. 657). todavía en el siglo XVI persistían allí «los vestigios de una torre con sus dos cavas y foso, cuyo fundador, dueño ó alcaide, el buen Johan Abbad, defendiéndola contra muchedumbre de enemigos, hubo de dar nombre á la villa».
[619] Publicado é ilustrado por D. Marcos Jiménez de la Espada (Madrid, 1877).
[620] Esta versión ha sido modernamente impresa conforme á la copia que sacó el benemérito erudito H. Knust del Códice de la Biblioteca Nacional.
El Libro de Marco Polo. Aus dem Vermächtnis des Dr. Hermann Knust nach der Madrider Handschrift herausgegeben von Dr. Stuebe. Leipzig, 1902.
[621] Libro del famoso Marco Polo, Veneciano, de las cosas maravillosas que vido en las partes orientales; conviene saber en las Indias, Armenia, Arabia, Persia y Tartaria; e del poderio del Gran Can y otros Reyes. Con otro Tratado de Micer Pogio Florentino e trata de las mismas islas y tierras. Logroño, por Miguel de Eguía, 1529.
Hay otra edición de Salamanca con el título de Cosmografia introductoria en el libro de Marco Paulo Veneto, de las cosas maravillosas de las partes orientales y tratado de Micer Pogio, Florentino (Sevilla, por Juan Varela, de Salamanca, 1518).
[622] Barcia, en sus adiciones á León Pinelo, cita dos ediciones de 1515 y 1540, entrambas de Valencia. Pero no he visto más que la de 1521, que es la misma que tuvo Salvá:
Libro d' las marauillas del mūdo y d'l viaje de la Tierra Sancta de jerl'm y de todas las prouincias y cibdades de las Indias y d' todos los ōbres mostruos q ay por el mūdo Cō muchas otras admirables cosas.
Colofón... Fue ympremida la presente obra en la metropolitana Ciudad de Ualencia. Por arte e yndustria de Jorje Costilla. Acabose en el Año de las discordias de Mill y Quinientos y XXj. A quinze de Julio.
Fol. let. gótica á dos columnas.
[623] Estas comparaciones fueron ya hechas por E. Montégut en un ameno é ingenioso estudio sobre el Viaje de Mandeville (Vid. Heures de lecture d'un critique, París, 1891), pp. 233-337.
[624] En las Settanta Novelle Porretane, del boloñés Sabadino degli Arienti, se halla una que tiene por héroe á un «hijo del rey de Portugal», que seguramente es el infante D. Pedro por la alusión que se hace á sus viajes:
«El filiol del Re di Portogallo fingendo andare per voto in Ierosolima ne va in Anglia; et mena via la figliola del Re sua amante: ambe doi in diuersi lochi rapiti sono in Servitu posti: in la quale dimorati vn tempo in Portogallo inopinatamēte se trouano: done cō grāde festa et leticia se mariteno»...
Fol. XIX de la edición de Venecia, 1510.
[625] Europa Portuguesa, 2.ª edición, Lisboa, 1679, t. II, p. 325.
[626] La edición castellana de 1547 (Salamanca, por Juan de Junta, «a veinte e cinco dias de enero») existe en la Biblioteca Nacional de París. En la de Madrid, otra edición gótica, de Burgos, por Felipe de Junta, 1563, procedente de la librería de D. Pascual Gayangos.
De las dos relaciones de cordel que actualmente se expenden en castellano y portugués ha hecho una curiosa reproducción comparativa D. Cesáreo Fernández Duro (Viajes del infante D. Pedro de Portugal en el siglo XV... Madrid, 1903).
[627] Lisboa, Imprenta Nacional, 1891; pp. 83-135 y 369-378.
Siento no conocer el trabajo del Sr. Sousa Viterbo O infante D. Pedro o das sete partidas, Lisboa, 1902.
[628] Véase el precioso estudio ya citado: Una obra inedita do Condestavel D. Pedro de Portugal (en el Homenaje á Menéndez y Pelayo, t. I, pp. 637-732).
[629] La versión del aragonés Martín Martínez de Ampiés fué bellamente estampada en Zaragoza por el alemán Paulo Hurus, en 1498, con muchas curiosas estampas en madera, que representan ya animales exóticos, ya trajes de diversas naciones peregrinas (griegos, surianos ó sirios, abisinios, etc.) y muestras de los alfabetos árabe, caldeo, armenio, etc., todo lo cual acrecienta el valor bibliográfico de este rarísimo libro. El traductor pone de su cosecha al principio un breve Tratado de Roma, ó sea compendiosa descripción é historia de esta ciudad, y suele añadir algunas notas muy curiosas, especialmente la que se refiere á los gitanos, que él llama bohemianos ó egipcianos.
De los viajes españoles á Jerusalén del marqués de Tarifa y de Juan del Encina es inútil decir nada, por ser tan conocidos.