Despues que Arsileo se partio, quedó Felismena con Amarilida la pastora que con él estaua, pidiendose vna a otra cuenta de sus vidas, cosa muy natural de las que en semejantes partes se hallan. Y estando Felismena contando a la pastora la causa de su venida, llegó a la choça vn pastor de muy gentil disposiçion y arte: aunque la tristeza paresçia que le traya encubierta gran parte della. Quando Amarilida le vio, con la mayor presteza que pudo se leuantó para yrse, mas Felismena la trauó de la saya, sospechando lo que podia ser, y le dixo: No sería justo (hermosa pastora) que esse agrauio reçebiesse de ti, quien tanto desseo tiene de seruirte, como yo. Mas como ella porfiasse de yrse de alli, el pastor con muchas lagrimas dezia: Amarilida, no quiero que teniendo respecto a lo que me haze suffrir, te duelas deste desuenturado pastor, sino que tengas cuenta con tu gran valor y hermosura, y con que no ay cosa en la uida que peor esté a una pastora de tu qualidad, que tratar mal a quien tanto la[1266] quiere. Mira, Amarilida mia, estos cansados ojos, que tantas lagrimas han derramado, y uerás la razon que los tuyos tienen de no mostrarse ayrados contra este sin uentura pastor. ¡Ay que me huyes por no uer la razon que tienes de aguardarme! Espera, Amarilida, oyeme lo que digo, y siquiera no me respondas. ¿Qué te cuesta oyr a quien tanto le ha costado uerte? Y boluiendose a Felismena con muchas lagrimas le pedia que no le dexasse yr: la qual importunaua con muy blandas palabras a la pastora, que no tratasse tan mal a quien mostraua quererla más que a sí: y que le escuchasse pues en ello auenturaua tan poco. Mas Amarilida respondio: Hermosa pastora, no me mandeys oyr a quien dé más credito a sus pensamientos que a mis palabras. Cata que este que delante de ti está, es uno de los desconfiados pastores, que se sabe, y de los que mayor trabajo dan a las pastoras que quieren bien. Filemon dixo contra Felismena: Yo quiero (hermosa pastora) que seas el juez entre mi y Amarilida, y si yo tengo culpa del enojo que comigo tiene, quiero perder la vida. E si ella la tuuiera, no quiero otra cosa, sino que en paga desto, conozca lo que me deue. De perder tú la vida (dixo Amarilida) yo estoy bien segura, porque ni a ti te quieres tanto mal, que lo hagas, ni a mí tanto bien, que por mi causa te pongas en auentura de perder la vida. Mas yo agora quiero, que esta hermosa pastora juzgue, vista mi razon y la tuya, quál es más digno de culpa entre los dos. Sea assi (diso Felismena) y sentemonos al pie desta verde haya, junto al prado florido que delante los ojos tenemos, porque quiero ver la razon, que cada vno tiene, de quexarse del otro. Despues que todos se vuieron assentado sobre la uerde yerua, Filemon començo a hablar desta manera: Hermosa pastora, confiado estoy, que si acaso has sido tocada de amores, conoçeras la poca razon que Amarilida tiene de quexarse de mí y de sentir tan mal de la fe que le tengo, que venga a ymaginar lo que nadie de su pastor imaginó. Has de saber, hermosa pastora, que quando yo nasçi, y aun ante mucho que nasçiesse, los hados me destinaron para que amasse esta hermosa pastora que delante mis tristes y tus hermosos ojos está, y a esta causa he respondido con el effecto de tal manera, que no creo que ay amor como el mio, ni ingratitud como la suya. Sucçedio, pues, que seruiendola desde mi niñez, lo mejor que yo he sabido, aurá como çinco o seis meses, que mi desuentura aportó por aqui a vn pastor llamado Arsileo, el qual buscaua vna pastora, que se llama Belisa, que por çierto mal suçesso, anda por estos bosques desterrada. Y como fuesse tanta su tristeza, sucçedio que esta cruel pastora que aqui veys, o por mançilla que tuuo dél, o por la poca que tiene de mí, o por lo que ella se sabe, jamas la he podido apartar de su compañia. Y si acaso le hablaua en ello paresçia que me queria matar, porque aquellos ojos que alli veys, no causan menos espanto, quando miran, estando ayrados, que alegria, quando estan serenos. Pues como yo estuuiesse tan occupado, el coraçon de grandissimo amor, el alma de vna affeçion[1267] jamas oyda, el entendimiento de los mayores çelos, que nunca nadie tuuo, quexauame a Arsileo con sospiros, y a la tierra con amargo llanto: mostrando la sin razon que Amarilida me hazia. Ha le causado tan grande aborresçimiento auer yo imaginado cosa contra su honestidad que por vengarse de mi, ha perseuerado en ello hasta aora, y no tan solamente haze esto, mas en viendome delante sus ojos, se va huyendo como la medrosa çierua de los hambrientos lebreles. Ansi que por lo que deues a ti misma, te pido que juzgues, si es bastante la causa que tiene de aborresçerme y si mi culpa es tan graue, que merezca por ella ser aborresçido. Acabado Filemon de dar cuenta de su mal, y de la sin razon que su Amarilida le hazia, la pastora Amarilida començo a hablar desta manera: Hermosa pastora, auerme Filemon, que ahi está, querido bien (a lo menos auerlo mostrado) sus seruicios an sido tales, que me sería mal contado dezir otra cosa; pero si yo tambien he desechado, por causa suya, el seruiçio de otros muchos pastores, que por estos valles repastan sus ganados, y zagales a quien naturaleza no ha dotado de menos graçia que a otros, el mismo puede dezillo. Porque las muchas uezes que yo he sido requestada, y las que he tenido la firmeza que a su fe deuia, no creo que ha sido muy lexos de su presençia, mas no auia de ser esto parte para que él me tuuiesse tan en poco que ymaginasse de mí cosa contra lo que a mí misma soy obligada; porque si es ansi, y él lo sabe, que a muchos que por mí se perdian, yo he desechado por amor dél, ¿cómo auia yo de desechar a él por otro? ¿O pensaua en él, o en mis amores? Cien mil uezes me ha Filemon açechado, no perdiendo pisada, de las que el pastor Arsileo y yo dauamos por este hermoso ualle, mas él mismo diga si algun dia oyó que Arsileo me dixesse cosa que supiesse a amores, o si yo le respondia alguna que lo paresçiesse ¿Qué dia me vio hablar Filemon con Arsileo, que entendiesse de mis palabras otra cosa, que consolalle de tan graue mal como padesçia? Pues si esto auia de ser causa que sospechasse mal de su pastora, ¿quién mejor puede juzgarlo que él mismo? Mira, hermosa Nimpha, quan entregado estaua a sospechas falsas y dudosas ymaginaçiones, que jamas mis palabras pudieron satisfazelle, ni acabar con él que dexasse de ausentarse deste ualle, pensando él que con ausençia daria fin a mis dias, y engañose, porque antes me paresçe que lo dio al contentamiento de los suyos. Y lo bueno es que aun no se contentaua Filemon de tener çelos de mí, que tan libre estaua como tú, hermosa pastora, aurás entendido, más aun lo publicaua en todas las fiestas, bayles, luchas, que entre los pastores desta sierra se hazian. Y esto ya tú conosçes, si uenia en mayor daño de mi honra que de su contentamiento. En fin, él se ausentó de mi presençia, y pues tomó por mediçina de su mal cosa que más se lo ha acresçentado, no me culpe si me he sabido mejor aprouechar del remedio de lo que él ha sabido tomalle. Y pues tú, hermosa pastora, as uisto el contento que yo reçebi, en que dixesses al desconsolado Arsileo nueuas de su pastora, y que yo misma fuy la que le importuné que luego fuesse a buscalla, claro está que no podia auer entre los dos cosa de que pudiessemos ser tan mal juzgados, como este pastor inconsideradamente nos ha juzgado. Ansi que esta es la causa de yo me auer resfriado del amor que a Filemon tenía, y de no me querer más poner a peligro de sus falsas sospechas, pues me ha traydo mi buena dicha a tiempo, que sin forçarme a mí misma, pudiesse muy bien hazello. Despues que Amarilida vuo mostrado la poca razon que el pastor auia tenido de dar credito a sus ymaginaçiones y la libertad en que el tienpo le auia puesto (cosa muy natural de coraçones essentos), el pastor le respondio desta manera: No niego yo (Amarilida) que tu bondad y discreçion no basta para desculparte de qualquiera sospecha. ¿Mas quieres tú por uentura hazer nouedades en amores, y ser inuentora de otros nueuos effectos de los que hasta agora auemos uisto? ¿Quándo quiso bien vn amador, que qualquiera occasion de çelos, por pequeña que fuesse, no le atormentasse el alma, quanto más siendo tan grande como la que tú con larga conuersaçion y amistad de Arsileo me ha dado? ¿Piensas tú, Amarilida, que para los çelos son menester çertidumbres? Pues engañaste, que las sospechas son las prinçipales causas de tenellos. Creer yo que querias bien a Arsileo por via de amores, no era mucho, pues el publicallo yo, tan poco era de manera que tu honra quedasse offendida: quanto más que la fuerça de amor era tan grande, que me hazia publicar el mal de que me temia. Y puesto caso que tu bondad me assegurasse, quando a hurto de mis sospechas la consideraua, todavia tenía temor de lo que me podia suçeder, si la conuersaçion yua delante. Quanto a lo que dizes que yo me ausenté, no lo hize por darte pena, sino por uer si en la mia podria auer algun remedio, no uiendo delante mis ojos a quien tan grande me la daua, y tambien porque mis importunidades no te la causassen. Pues si en buscar remedio para tan graue mal, fuy contra lo que te deuia: ¿qué más pena que la que tu ausençia me hizo sentir? ¿O qué más muestra de amor que no ser ella causa de oluidarte? ¿Y qué mayor señal del poco que comigo tenias, que auelle tú perdido de todo punto con mi ausençia? Si dizes que jamas quisiste bien a Arsileo, aun esso me da a mi mayor causa de quexarme, pues por cosa en que tan poco te yua, dexauas a quien tanto te desseaua seruir. Ansi que tanto mayor quexa tengo de ti, quanto menos fue el amor que a Arsileo has tenido. Estas son (Amarilida) las razones, y otras muchas que no digo, que en mi fauor puedo traer: las quales no quiero que me ualgan, pues en caso de amores suelen ualer tan poco. Solamente te pido que tu çlemençia y la fe que sienpre te he tenido, esten, pastora, de mi parte, porque si ésta me falta, ni en mis males podra auer fin, ni medio en tu condiçion. Y con esto el pastor dio fin a sus palabras, y prinçipio a tantas lagrimas, que bastaron juntamente con los ruegos, y sentençia que en este caso Felismena dio, para que el duro coraçon de Amarilida se ablandasse, y el enamorado pastor boluiesse en graçia de su pastora: de lo qual quedó tan contento, como nunca jamas lo estuuo, y aun Amarilida no poco gozosa de auer mostrado quán engañado estaua Filemon en las sospechas que della tenía. Y despues de auer passado alli aquel dia con muy gran contentamiento de los dos confederados amadores, y con mayor desassosiego de la hermosa Felismena, ella otro dia por la mañana se partio dellos, despues de muy grandes abraços, y prometimientos de procurar siempre la una de saber del buen sucçesso de la otra.
Pues Sireno muy libre del amor, y Seluagia y Syluano muy más enamorados que nunca, la hermosa Diana muy descontenta del triste sucçesso de su camino, passaua la uida apasçentando su ganado por la ribera del caudaloso Ezla: adonde muchas uezes, topandose unos a otros, hablauan en lo que mayor contento les daua. Y estando un dia la discreta Seluagia con el su Syluano junto a la fuente de los alisos, llegó acaso la pastora Diana, que uenia en busca de un cordero que de la manada se le auia huydo, el qual Syluano tenía atado a un myrtho, porque quando alli llegaron, le halló beuiendo en la clara fuente, y por la marca conosçio ser de la hermosa Diana. Pues siendo, como digo, llegada y resçebida de los dos nueuos amantes, con gran cortesia se assento entre la uerde yerua, arrimada a uno de los alisos que la fuente rodeauan, y despues de auer hablado en muchas cosas, le dixo Syluano: ¿Cómo (hermosa Diana) no nos preguntas por Sireno? Diana entonces le respondio: Como no querria tratar de cosas passadas, por lo mucho que me fatigan las presentes: tienpo fue que preguntar yo por él le diera más contento, y aun a mí el hablalle, de lo que a ninguno de los dos aora nos dara, mas el tienpo cura infinitas cosas que a la persona le paresçen sin remedio. Y si esto assi no entendiesse, ya no auria Diana en el mundo, segun los desgustos y pesadumbres que cada dia se me offreçen. No querra Dios tanto mal al mundo (respondio Seluagia), que le quite tan grande hermosura como la tuya. Essa no le faltará en quanto tú biuieres (dixo Diana) y adonde está tu graçia y gentileza muy poco se perderia en mí. Sino miralo por el tu Syluano, que jamas pensé yo que él me oluidara por otra pastora alguna, y en fin me ha dado de mano por amor de ti. Esto dezia Diana, con una risa muy graçiosa, aunque no se reya destas cosas tanto, ni tan de gana, como ellos pensauan. Que puesto caso que ella uuiesse querido a Sireno más que a su uida, y a Syluano le uuiesse aborresçido, más le pesaua del oluido de Syluano, por ser causado de otra, de cuya vista estaua cada dia gozando con gran contentamiento de sus amores, que del oluido de Sireno, a quien no mouia ningun pensamiento nueuo. Quando Syluano oyó lo que Diana auia dicho, le respondio: Oluidarte yo, Diana, seria escusado, porque no es tu hermosura y ualor de los que oluidarse pueden. Verdad es que yo soy de la mi Seluagia: porque de más de auer en ella muchas partes, que hazello me obligan, no tuuo en menos su suerte, por ser amada de aquél a quien tú en tan poco tuuiste. Dexemos esso (dixo Diana) que tú estás muy bien empleado, y yo no lo miré bien, en no quererte como tu amor me lo meresçia. Si algun contento en algun tienpo desseaste darme, ruegote todo quanto puedo que tú y la hermosa Seluagia canteys alguna cançion por entretener la fiesta: que me paresçe que comiença de manera que será forçado passalla debaxo de estos alisos, gustando del ruydo de la clara fuente, el qual no ayudará poco a la suavidad de vuestro canto. No se hizieron de rogar los nueuos amadores, aunque la hermosa Seluagia no gustó mucho de la platica que Diana con Syluano auia tenido. Mas porque en la cançion pensó satisfazer al son de la çampoña que Diana tañía, començaron los dos a cantar desta manera:
Zagal alegre te ueo,
y tu fe firme y segura.
—Cortome amor la uentura
a medida del desseo.
¿Qué desseaste alcançar,
que tal contento te diesse?
—Querer a quien me quisiesse,
que no hay más que dessear.
Essa gloria en que te ueo,
tienes la por muy segura.
—No me la ha dado uentura
para burlar al desseo.
¿En quanto estuuiese firme[1268],
moririas sospirando?
—De oyllo dezir burlando
estoy ya para morirme.
¿Mudarias (aunque feo)
viendo mayor hermosura?
—No porque sería locura
pedirme más el desseo.
¿Tienesme tan grande amor,
como en tus palabras siento?
—Esso a tu meresçimiento
lo preguntarás mejor.
Algunas uezes lo creo,
y otras no estoy muy segura.
—Solo en eso la uentura
haze offensa a mi desseo.
Finge que de otra zagala
te enamoras más hermosa.
—No me mandes hazer cosa,
que aun para fingida es mala.
Muy más firmeza te ueo,
pastor, que a mi hermosura.
—Y a mí muy mayor uentura
que jamas cupo en desseo.
A este tiempo baxaua Sireno del aldea, á la fuente de los alisos, con grandissimo desseo de topar a Seluagia, o a Syluano. Porque ninguna cosa por entonçes le daua más contento que la conuersaçion de los dos nueuos enamorados. Y paseando por la memoria los amores de Diana, no dexaua de causalle soledad el tiempo que la auia querido, no porque entonçes le diesse pena su amor, mas porque en todo tienpo la memoria de un buen estado causa soledad al que le ha perdido. Y antes que llegasse a la fuente, en medio del uerde prado, que de myrthos y laureles rodeado estaua, halló las ouejas de Diana, que solas por entre los arboles andauan pasçiendo, so el amparo de los brauos mastines. Y como el pastor se parasse a mirallas, ymaginando el tienpo en que le auian dado más en que entender que las suyas proprias; los mastines con gran furia se uinieron a él, mas como llegassen y dellos fuesse conosçido, meneando las colas y baxando los pescueços que de agudas puntas de azero estauan rodeados, se le echaron a los pies, y otros se empinauan con el mayor regozijo del mundo. Pues las ouejas no menos sentimiento hizieron, porque la borrega mayor, con su rustico çençerro, se uino al pastor, y todas las otras guiadas por ella, o por el conosçimiento de Sireno, le çercaron alrededor, cosa que él no pudo uer sin lagrimas, acordandosele que en compañía de la hermosa pastora Diana auia repastado aquel rebaño. Y uiendo que en los animales sobraua el conosçimiento que en su señora auia faltado, cosa fue ésta, que si la fuerça del agua que la sabia Feliçia le auia dado, no le uuiera hecho oluidar los amores, quiça no uuiera cosa en el mundo que le estoruara boluer a ellos. Mas uiendose çercado de las ouejas de Diana, y de los pensamientos que la memoria della ante los ojos le ponia, començo a cantar esta cançion al son de su loçano rabel.
Passados contentamientos
¿qué quereys?
dexadme, no me canseys.
Memoria, ¿quereys oyrme?
los dias, las noches buenas,
paguelos con las setenas,
no teneys más que pedirme,
todo se acabó en partirme,
como ueys,
dexadme, no me canseys.
Campo uerde, ualle vmbroso,
donde algun tiempo gozé,
ved lo que despues passé,
y dexadme en mi reposo:
si estoy con razon medroso,
ya lo ueys,
dexadme, no me canseys.
Vi mudado un coraçon,
cansado de assegurarme,
fue forçado aprouecharme,
del tiempo, y de la occasion;
memoria do no ay passion,
¿qué quereys?
dexadme, no me canseys.
Corderos y ouejas mias,
pues algun tiempo lo fuistes,
las horas lentas o tristes
passaronse con los dias,
no hagays las alegrias
que soleys,
pues ya no me engañareys.
Si uenis por me turbar,
si uenis por consolar,
ya no hay mal que consolar:
si uenis por me matar,
bien podeys,
matadme y acabareys.
Despues que Sireno vuo cantado, en la boz fue conosçido de la hermosa pastora Diana y de los dos enamorados, Seluagia y Syluano. Ellos le dieron bozes, diziendo que si pensaua passar la fiesta en el campo, que alli estaua la sabrosa fuente de los alisos, y la hermosa pastora Diana, que no seria mal entretenimiento para passalla. Sireno le respondio que por fuerça auia de esperar todo el dia en el campo, hasta que fuesse hora de boluer con el ganado a su aldea, y viniendose adonde el pastor y pastoras estauan, se sentaron en torno de la clara fuente, como otras uezes solian. Diana, cuya uida era tan triste qual puede ymaginar quien uiesse una pastora la más hermosa y discreta que entonces se sabia, tan fuera de su gusto casada, siempre andaua buscando entretenimientos para passar la uida hurtando el cuerpo a sus imaginaçiones. Pues estando los dos pastores hablando en algunas cosas tocantes al pasto de los ganados y al aprouechamiento dellos, Diana les rompio el hilo de su platica, diziendo contra Syluano: Buena cosa es, pastor, que estando delante la hermosa Seluagia trates de otra cosa, sino de encaresçer su hermosura y el gran amor que te tiene: dexa el campo, y los corderos, los malos, o buenos sucçessos del tiempo y fortuna, y goza, pastor, de la buena que has tenido, en ser amado de tan hermosa pastora, que adonde el contentamiento del spirito es razon que sea tan grande, poco al caso hazen los bienes de fortuna. Siluano entonces le respondio: Lo mucho que yo, Diana, te deuo, nadie lo sabría encaresçer, como ello es, sino quien huuiese entendido la razon que tengo de conoçer esta deuda, pues no tan solo me enseñaste a querer bien, mas aun aora me guyas y muestras vsar del contentamiento que mis amores me dan. Infinita es la razon que tienes de mandarme que no trate de otra cosa, estando mi señora delante, sino del contento que su vista me causa, y assi prometo de hacello, en quanto el alma no se despidiere destos cansados miembros. Mas de una cosa estoy espantado, y es de ver como el tu Sireno buelue a otra parte los ojos, quando hablas; paresçe, que no le agradan tus palabras, ni se satisfaçe de lo que respondes. No le pongas culpa (dixo Diana) que hombres descuydados y enemigos de lo que a si mismos deuen, esso y más harán. ¿Enemigo de lo que a mí mismo deuo? (respondia Sireno). Si yo jamas lo fuy, la muerte me dé la pena de mi yerro. Buena manera es essa de desculparte. ¡Desculparme yo, Sireno (dixo Diana) si la primera culpa contra ti no tengo por cometer, jamas me vea con más contento, que el que agora tengo! Bueno es que me pongas tú culpa por auerme casado, teniendo padres. Mas bueno es (dixo Sireno) que casasses teniendo amor. ¿Y qué parte (dixo Diana) era el amor, adonde estaua la obediencia que a los padres se deuia? ¿Mas qué parte (respondio Sireno) eran los padres, la obediençia, los tiempos, ni los malos ó fauorables sucçessos de la fortuna, para sobrepujar vn amor tan verdadero, como antes de mi partida me mostraste? Ah Diana, Diana, que nunca yo pense que vuiera cosa en la uida que vna fe tan grande pudiera quebrar: quanto más, Diana, que bien te pudieras casar, y no olvidar a quien tanto te queria. Mas mirandolo desapassionadamente, muy mejor fue para mí ya que te casauas, el oluidarme. ¿Por qué razon (dixo Diana?) Porque no ay (respondio Sireno) peor estado que es querer vn pastor á una pastora casada: ni cosa que más haga perder el seso, al que uerdadero amor le tiene. Y la razon dello es, que como todos sabemos, la principal passion, que a un amador atormenta, despues del desseo de su dama son los çelos. Pues qué te paresçe, que será para un desdichado que quiere bien, saber que su pastora está en braços de su uelado, y él llorando en la calle su desuentura: Y no para aqui el trabajo, mas en ser un mal que no os podeys quexar dél, porque en la hora que os quexaredes, os ternan por loco, o desatinado. Cosa la más contraria al descanso que puede ser: que ya cuando los çelos son de otro pastor que la sirua, en quexar de los fauores que le haze y en oyr desculpas, passays la vida, mas este otro mal es de manera que en un punto la perdereys, sino teneys cuenta con uuestro desseo. Diana entonçes respondio: Dexa essas razones, Sireno, que ninguna neçesidad tienes de querer, ni ser querido. A trueque de no tenella de querer (dixo Sireno) me alegro en no tenella de ser querido. Estraña libertad es la tuya (dixo Diana). Mas lo fue tu oluido (respondio Sireno), si miras bien en las palabras que a la partida me dixiste, mas como dizes, dexemos de hablar en cosas passadas, y agradezcamos al tiempo y a la sábia Feliçia las presentes, y tú, Syluano, toma tu flauta y templemos mi rabel con ella, y cantaremos algunos versos: aunque coraçon tan libre como el mio, ¿qué podra cantar, que dé contento a quien no le tiene? Para esto yo te dare buen remedio, dixo Syluano. Hagamos cuenta que estamos los dos de la manera que esta pastora nos traya al tiempo que por este prado esparzimos nuestras quexas. A todos paresçio bien lo que Syluano dezia, aunque Seluagia no estaua muy bien en ello, mas por no dar a entender çelos donde tan gran amor amor conosçia, calló por entonçes y los pastores començaron a cantar desta manera:
SYLUANO Y SIRENO
Si lagrimas no pueden ablandarte,
(cruel pastora) ¿qué hara mi canto,
pues nunca cosa mia vi agradarte?
¿Qué coraçon aurá que suffra tanto,
que vengas a tomar en burla y risa,
vn mal que al mundo admira y causa espanto?
¡Ay çiego entendimiento, que te auisa
amor, el tiempo y tantos desengaños,
y siempre el pensamiento de una guisa!
Ah pastora cruel, ¿en tantos daños,
en tantas cuytas, tantas sin razones
me quieres ver gastar mis tristes años?
De vn coraçon que es tuyo, ¿ansi dispones?
vn alma que te di, ¿ansi la tratas,
que sea el menor mal suffrir passiones?
SIRENO
Vn ñudo ataste amor, que no desatas,
es çiego, y çiego tú, y yo más çiego,
y çiega aquella por quien tú me matas.
Ni yo me vi perder vida y sossiego:
ni ella vee que muero a causa suya,
ni tú, que estó abrasado en biuo fuego.
¿Qué quieres crudo amor, que me destruya
Diana con ausençia? pues concluye
con que la vida y suerte se concluya.
El alegria tarda, el tiempo huye,
muere esperança, biue el pensamiento,
amor lo abreuia, alarga y lo destruye.
Verguença me es hablar en un tormento
que aunque me aflija, canse y duela tanto,
ya no podria sin él biuir contento.
SYLUANO
O alma, no dexeys el triste llanto,
y vos cansados ojos,
no os canse derramar lagrimas tristes:
llorad pues uer supistes
la causa prinçipal de mis enojos.
SIRENO
La causa prinçipal de mis enojos,
cruel pastora mia,
algun tiempo lo fue de mi contento:
ay triste pensamiento,
quan poco tiempo dura vna alegria.
SYLUANO
Quan poco tiempo dura vna alegria
y aquella dulce risa,
con que fortuna acaso os ha mirado:
todo es bien empleado
en quien auisa el tiempo y no se auisa.
SIRENO
En quien auisa el tiempo y no se auisa,
haze el amor su hecho,
mas ¿quién podra en sus casos auisarse,
o quién desengañarse?
ay pastora cruel, ay duro pecho.
SYLUANO
Ay pastora cruel, ay duro pecho,
cuya dureza estraña
no es menos que la graçia y hermosura,
y que mi desuentura,
¡quán a mi costa el mal me desengaña!
SYLUANO
Pastora mia, más blanca y colorada
que blancas[1269] rosas por abril cogidas,
y más resplandesçiente,
que el sol, que de oriente
por la mañana assoma a tu majada
¿cómo podré biuir si tú me oluidas?
no seas mi pastora rigurosa,
que no está bien crueldad a vna hermosa.
SIRENO
Diana mia, más resplandesçiente,
que esmeralda, y diamante a la vislumbre,
cuyos hermosos ojos
son fin de mis enojos,
si a dicha los rebuelues mansamente,
assi con tu ganado llegues a la cumbre
de mi majada gordo y mejorado,
que no trates tan mal a vn desdichado.
SYLUANO
Pastora mia, quando tus cabellos
a los rayos del sol estás peynando,
no vees que lo escuresçes,
y a mi me ensoberuesçes
que desde acá me estoy mirando en ellos,
perdiendo ora esperança, ora ganando?
assi gozes, pastora, esa hermosura,
que des vn medio en tanta desuentura.
SIRENO
Diana cuyo nombre en esta sierra
los fieros animales trae domados,
y cuya hermosura,
sojuzga a la ventura,
y al crudo amor no teme y haze guerra
sin temor de occasiones, tiempo, hados,
assi gozes tú tu hato y tu majada,
que de mi mal no biuas descuydada.
SYLUANO
La fiesta, mi Sireno, es ya passada,
los pastores se uan a su manida,
y la cigarra calla de cansada.
No tardará la noche, que escondida
está, mientra que Phebo en nuestro cielo
su lumbre acá y allá trae esparzida.
Pues antes que tendida por el suelo
veas la escura sombra, y que cantando
de ençima deste aliso está el mochuelo,
Nuestro ganado vamos allegando,
y todo junto alli lo lleuaremos,
a do Diana nos está esperando.
SIRENO
Syluano mio, vn poco aqui esperemos,
pues aun del todo el sol no es acabado
y todo el dia por nuestro le tenemos.
Tiempo ay para nosotros, y el ganado
tiempo ay para lleualle al claro rio,
pues oy ha de dormir por este prado;
y aqui cesse, pastor, el cantar mio.
En quanto los pastores cantauan, estaua la pastora Diana con el rostro sobre la mano, cuya manga cayendose un poco, descubria la blancura de un braço, que a la de la nieue escuresçia, tenía los ojos inclinados hacia el suelo, derramando por ellos vnas espaçiosas lagrimas, las quales dauan a entender de su pena más de lo que ella quisiera dezir: y en acabando los pastores de cantar con vn sospiro, en compañia del qual paresçia auersele salido el alma se leuantó, y sin despedirse dellos, se fue por el valle abaxo, entrançando sus dorados cabellos, cuyo tocado se le quedó preso en vn ramo al tiempo que se leuantó. Y si con la poca manzilla que Diana de los pastores auia tenido, ellos no templaran la mucha que della tuuieron, no bastara el coraçon de ninguno de los dos a podello suffrir. Y ansi, unos con otros, se fueron a recoger sus ouejas, que desmandadas andauan, saltando por el verde prado.
Fin del sexto libro.